To Be or Not to Be- that is the question

Aunque el paisaje que asoma a mi ventana es plácido y florido, comienza el verano con numerosos desafíos, demasiados inconvenientes como para esperar que todo se solucione sin infranqueables fracturas. Si contemplo nuestro panorama colindante, no veo el futuro inmediato que esperaba hace solo unos meses, que auguraba posibles y deseados cambios de rumbo en este país llamado España.

Si miro un poco más lejos, las imágenes que llegan son tTo be or not to beodavía más desalentadoras: los refugiados sirios siguen muriéndose ahogados o peregrinan por fronteras cerradas y campos de refugiados, ante la ya muy desvergonzada indiferencia de los gobiernos europeos, más preocupados por afianzar sus propios intereses que por paliar un grave problema humanitario. Turquía que, a cambio de algunos beneficios, se ofrecía como válvula de escape para muchos de esos emigrantes, ha sufrido recientemente el grave atentado yihadista de Estambul, con el resultado terrible de 44 muertos y más de 200 heridos.

Si intento enfocar mi objetivo hacia el Norte, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda nos acaba de sorprender con su Brexit (o Britain-exit), ante el estupor de los gobiernos de los países de la Unión Europea y la sonrisa de algunos líderes que se frotan las manos y arriman el ascua a su sardina.  

Hoy mismo, sin ser tan sombrío el asunto, la compañía Vueling, que hace unos meses nos dejó tirados en Fiumicino a más de cien viajeros, yo entre ellos, con sus cancelaciones y retrasos está arrebatando sus vacaciones a miles de personas, con la consiguiente crispación e impotencia que ello provoca.

Si para la mayoría ya es difícil juntar dinero para  permitirse unas vacaciones, si ya es complicado elegir el lugar al que ir, porque viajar siempre es un riesgo y porque hoy todo el mundo está bajo la amenaza de los yihadistas, si las expectativas de un cambio político, que hubieran podido darnos un poco de alegría, se ven truncadas por causas que no sabría explicar en las pocas líneas que me permite este artículo, si no solo nuestros convecinos nos dan disgustos con sus votos sino también los ricos y educados vecinos del Norte… ¿Cómo hacer para mantener la calma y no dejarse vencer por el desaliento?

Yo no me plantearé como Hamlet: “Ser o no ser, ésa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia?” Entre otras cosas porque no sé escribir como Shakespeare.

Yo debatiré con los amigos, estaré con la familia, gritaré ante determinadas afirmaciones de los políticos en televisión, iré a la playa, leeré varios buenos libros, colaboraré con mis ONG, visitaré museos y asistiré a conciertos, como el de hace unos días en Viveros cuando tuve el gustazo de ver en directo a uno de mis ídolos juveniles, nada menos que Alan Parsons, que con su formidable banda por unos instantes nos llevó a Siria y nos puso nuestros “Eyes in the Sky”.

María Valeska, Mareny, julio 2016

ESTACIÓN ESPACIAL INCONFORMISTA

Artículo publicado en El Inconformista nº 31 de julio de 2014

 Los años se cierran el 31 de diciembre, pero El Inconformista, por lo menos para mí, se cierra con el parón veraniego. El verano es un buen momento, no sólo para descansar y reflexionar; las vacaciones te permiten rebobinar, tienes un tiempo extra que puedes dedicar a no hacer nada, a realizar el balance del año, y por supuesto, hacer un viaje. Este año mi viaje es espacial/virtual, invitando a todos los participantes de esta locura de periódico, a subir conmigo a la nave espacial Karuk que tan bien pilota nuestra amada Roberta Taro. Será un viaje apasionante y muy entretenido. Tiene reseTodo sigue igual 1rva confirmada nuestra querida madre, Mambrina, que se preocupará de que todo funcione según las normas, que intentará que “El xiquet del pis de dalt” se comporte, que Viriato y María Valeska tengan un punto de encuentro dentro de su disparidad de opiniones, que Sin Disculpa nos susurre a todos al oído, que Fatum y El Pichilín Inquieto puedan reír juntos bajo la mirada de Futurpunk, nuestro filósofo particular. El Sacapuntas, con sus diferentes personalidades, haría buenas migas con Simbiótica, ahora en su México natal, o con Caliope, nuestra simpática historiadora.

En algún artículo ya he hablado de lo difícil que es hacer un viaje con amigos sin que la amistad quede tocada. Meter en la misma nave espacial a Rebelde sin Causa (nuestra compañera más veterana) con Monumento 2 y Ana (las más jóvenes de todos nosotros) puede parecer una osadía, pero aún resulta más difícil sentar juntos a nuestros ilustradores. Observar en un banco corrido a G. Alonso, La Cosa (ahora Cosilla), AmonRa (el más perfeccionista), S.G (con su sensibilidad argentina) y Samu (recién aterrizado) es algo que yo no pienso perderme. Por no hablar de todos los que pasaron por aquí y ahora no están, y permanecen en nuestra memoria; Patossa, Nadia… que en este banco o en este viaje serían el complemento perfecto.

Haría una invitación especial y espacial para todos los que llevan o han llevado una sección. Nuestro deportícrata, Carlos G, podría charlar con Ann Ónima y sus Cartas a la Abuela, arbitrados por Orlando de Irisca y su sección de poesía, que tanto echamos de menos y por Moska, redactor del Libro Indignócrata, en este momento en stand by. Y si no llegan a un acuerdo, nuestro Barólogo, Julio García, tiene argumentos de sobra para convencer a todo el mundo:  a BB y su gracioso de Facebook al cielo que tanto éxito tiene y a Los Miopes con su Hipermetropía Urbana que tan buenos momentos nos hicieron pasar. A los recién llegados, los pondremos en un espacio privilegiado, hablo de los chicos de sábado cine, o de Mar, o Salva, o Lkstro; compañeros recién aterrizados que nos ayudan a los veteranos a recuperar o recordar nuestros primeros pasos y esa energía que proporciona la juventud y los nuevos retos.

Contando con la pericia de Roberta en el manejo de los mandos de la nave, tenemos previsto hacer alguna escala para recoger a Valero de Luna, en Barcelona, a Monumento 1, en Pereira, a Delbou, donde quiera que esté, a Myxica, a Kriss en Niza. Pararemos en la Malvarrosa donde nos esperan Sigrid (Permanente Absoluta) y su peculiar sentido del humor, la pequeña Minerva, nuestra querida Mayca, La Alegría de la huerta y sus dudas permanentes, nuestro Inadaptado particular y a Jorge Corrales con su cálido acento cubano.

La última parada será Torrente, para recoger al Llumero y a Ann Ónima, nuestros representantes de la sucursal torrentina. No me olvido de las personas del departamento de logística, sin ellos La voz de la Indignocracia no sería posible: Juan (Fum Fum Foc) que ha maquetado los 33 Inconformistas publicados hasta ahora, Paca y Óscar, que corrigen todos los textos, Limousine que adorna nuestros artículos con sus estupendas fotografías, David que nos diseñó nuestra página web y nos la mantiene cada mes, y a todos aquellos que hayan podido quedarse en el tintero por mi falta de memoria.

La hoja de ruta a seguir es salir del planeta, mantenernos en la órbita terrestre, (sorteando la basura espacial que las superpotencias abandonan cada año), el tiempo suficiente para, con la perspectiva de la distancia, entender que nos está pasado a los terrícolas. Si las conclusiones finales demuestran que no hay solución, construiremos una Estación Espacial Inconformista, para lanzar la Voz de la Indignocracia al espacio sideral, con la esperanza que algún grupo extraterrestre nos preste la atención que los de nuestra especie nos niegan.

Los Inconformistas

El “peligro” de la comodidad laboral

Puede que el título que encabeza este texto sorprenda a más de uno, y también que la palabra “comodidad”, como aquí, no vaya entrecomillada, pero tampoco pretendía abusar. El motivo es que ni se trata de un peligro ni de una comodidad, no en el estricto sentido de la palabra al menos, pero encierra más significado del que pueda parecer.

No sería descabellado asegurar que con los tiempos que corren el trabajo sea una de las cosas más importantes en la vida y más difíciles de conseguir para algunos. Es lo que nos ha tocado vivir. La situación laboral no deja de estar jodida, y muchos al encontrar empleo lo comparan con un milagro; quizá no sea para menos. Pero sabiendo todo esto no dejo de sorprenderme al escuchar algunos comentarios, y lo que más despierta mi curiosidad es que no se trata de quejas. Puede que como en otras ocasiones, la duda que planteo en el texto radique en la frase: trabajar para vivir o vivir para trabajar.

Muchos de esos comentarios vienen de mis compañeros de trabajo. Este, básicamente, se resume en estar toda la noche –las ocho horas correspondientes– cargando cajas que no pesan precisamente poco, y por regla, seis días a la semana. ¿Lo bueno? Se cobra más de la media –al incluir en la nomina la paliza física y la nocturnidad, claro–, pero el sueldo es algo que me parece normal, por lo que no daré las gracias, pues aseguro a cada uno que lea estas líneas que por mínimamente jugoso que pueda parecer, uno se gana hasta el último céntimo, y aun así no sé hasta qué punto está pagado –como tantísimos otros trabajos, por desgracia–, pero los comentarios no giran en torno a esto. Suelen dar gracias por él, pero bueno. Lo que me suscita interés es escuchar a los novatos de veintipocos años recién entrados al curro diciendo que ojalá después del contrato de tres meses consigan que los hagan fijos, pues así tienen ya trabajo para toda la vida. Tampoco es muy descabellado, no es un mal trabajo, pero al verlos y darse uno cuenta de que tienen pinta de haber salido de una de las universidades o institutos más pijos de la ciudad, pues hombre, uno se sorprende. 

Algunos otros tienen claro que solo se trata de un trabajo temporal para ahorrar y seguir intentando alcanzar aquello que realmente ansían, como es mi caso, pero lo cierto es que somos la minoría. La inmensa mayoría querrían jubilarse ya allí, por lo que parece. Muy respetable, por supuesto, pero esto me ha llevado a escoger el título del que hablaba al principio. Dada la complicada situación actual en nuestro país creo que son esa “suerte” y esa “comodidad” el mayor “peligro” para que uno no vea sus sueños alcanzados, para que se rinda, para que deje de luchar. No son pocas las personalidades famosas que dijeron que, antes de hacer otra cosa distinta a lo que realmente querían hacer, preferían morir de hambre. Bien es cierto también que solo conocemos la historia de los que lo han logrado, y quizá muchos se rindieran o por orgullo acabaran muriendo de hambre –hay gente muy tozuda, o valiente, o loca, ya no sé cómo calificarlos–. Pero a donde quiero ir es que por pesado que sea un trabajo, cuando uno lo tiene bien agarrado ya no lo quiere soltar –y tampoco me extraña demasiado–, pero esa condición se erige como el mayor aniquilador de los sueños, el que impide que uno siga arriesgando yendo en pos de la meta que siempre ha querido alcanzar. Algo jodido, sí, aunque no lo parezca.

Como ya he dicho todo es respetable, y más el tema que trato en este texto, pero quien quiera que me llame loco, pues por poco riesgo que implique el continuar, mi idea no es perderme la mayoría de las noches por asegurarme una comodidad laboral y con ella renunciar a la mayoría de mis planes de futuro. Quién sabe que durará esta etapa, unos meses, un año, pero no más. Después, con un buen colchón y la libertad que comporta, lo seguiré intentando, volveré a caminar dejando atrás este alto en el camino. Unos me llamarán insensato, otros quizá hasta vago, pero después de invertir tiempo y dinero –que no era mío, y duele aún más– estudiando una carrera durante cuatro años y habiendo dedicado mucho esfuerzo a ciertos proyectos personales en los que me volqué en cuerpo y alma, no estoy dispuesto a renunciar a ellos por tener una seguridad económica que me dejará la espalda partida a largo plazo y me mantendrá encerrado realizando una tarea cíclica y repetitiva hasta la saciedad durante cuarenta años, que se dice pronto. Los principios son lo más duro, está claro, y rara vez se empieza haciendo lo que se quiere, pero quedarse para siempre en esa etapa es otra cosa a voluntad de cada uno.

Tal vez acabe muriendo de hambre, pero cuando esté agonizando no podré decir que no lo habré intentado, porque la vida se basa en eso, en intentar, intentar y volver a intentar, que uno consigue más por pesado y persistente que por azar del destino y golpe de suerte.

Salva Alberola

VACACIONES

Dicen que las vacaciones son para descansar, para viajar, para ociar. Yo les recomiendo a todos que reserven unos días para sentir. Aislarse, aunque estén rodeados de gente, dejar que la vida les cale, que la música les haga temblar, mirar el mar como si fuera la primera vez, sentir la brisa en sus rostros como si nunca les hubiera rozado.

Cuando se escribe sobre sentimientos es muy fácil caer en la cursilería más impropia; pero si uno no es poeta, cómo puede expresar con palabras esos momentos tan especiales en que, los sentimientos, las emociones te hacen vibrar; cuando pierdes el control y tus ojos se escarchan entre lagrimas vitales; cuando tu piel reacciona ante tus pensamientos; cuando por un momento lo más importante es esa sensación que te encoje el estomago y altera la respiración, y hace que el resto del mundo  se diluya.

Los que como yo son ateos, no creen en el alma. Pero alguna vez me he tropezado con alguien que vive en mí; que durante muchos meses no se muestra, que parece que no existe, pero cuando se hace notar, su vitalidad me embarga, me eriza la piel y eleva mis pensamientos hacia un mundo diferente de sentimientos y pasiones que sólo controla él; en el que me hace partícipe a su antojo de una intensidad tan dulce que duele, tan fuerte que asfixia, deseando que no termine, pero deseando que acabe por el temor de que no vuelva.

Creo que es una parte de nuestra vida que no utilizamos, que socialmente no está bien vista, que no tenemos tiempo para dedicarnos un rato a ella. Las vacaciones son un buen momento para vivir, disfrutar de un buen llanto, una risa nerviosa o infantil, de una música empalagosa que nos devuelva a tiempos remotos en que la vida se nos mostraba más humana, más vital; gritar sin necesidad de tener un motivo, sólo para que esa hipotética alma salga de su encierro y vuele a nuestro alrededor en un canto a la libertad perdida durante el ultimo año.

Cuando terminen las vacaciones ya volveremos al corsé que durante todo el año nos oprime y mantiene en el camino correcto y trazado por nuestras obligaciones y deberes. Esconderemos en el lugar más recóndito de nosotros a ese personaje vital que todos llevamos dentro y procuraremos recordar la clave para ponerlo en marcha en cuanto lo necesitemos o en cuanto él decida que no puede esperar más y salga en una explosión de vida que la mayoría de nosotros no recordamos.

Mambrina

Y Torquemada relamiéndose (Una de toros).

 

Quizás siempre hemos sido así, en unos momentos más que en otros, debe de ser cosa de esta crisis enloquecedora, lo cierto es que se ve, se nota, se huele, se palpa, que mucha gente, quizás todos un poco, quieren o queremos fuego, añoramos una buena fogata en la plaza, el bello espectáculo del fuego purificador. Mientras las viejas religiones se marchitan, surgen otras nuevas dispuestas no solo a coger el relevo sino a arrasar contra infieles y paganos. No me estoy refiriendo a los terroristas clásicos, sino a honrados usuarios de las redes sociales, buenas gentes, incluso de izquierda. En los últimos pongamos que 50 años, la intolerancia, las imposiciones en la moral, y en general el prohibicionismo era patrimonio de la derecha, ahora ya no tanto. Prohibido prohibir, decían en el mayo del 68, ahora la intolerancia y el fanatismo se propaga en todos los campos.

En mi caso a Dios gracias soy ateo, sin embargo me emocionan las procesiones de Semana Santa, pero aunque me repugnasen, el día que las prohíban me uniré a las protestas. No penséis que exagero en lo de prohibir las procesiones (no sería la primera vez), pues en Cataluña sin ir más lejos, que según dicen estamos tan avanzados, hay un par de procesiones de estilo andaluz que si bien no están prohibidas, están digamos que exclaustradas por la Iglesia, no le gustan Torquemadaal clero, las hacen los seglares por su cuenta.

Hay quienes no acepta transfusiones, los hay  que piensan que tras la muerte  resucitarás para ser juzgado, otros creen que los animales son personas reencarnadas, y procuran no pisar ni una hormiguita no vaya a ser un antepasado, otros no comen carne de cerdo, los hay que no comen ni carne, ni pescado, ni leche, ni miel, ni utilizan el cuero y las pieles, etc porque dicen que no quieren explotar a los animales, confinarlos en campos de concentración, asesinarlos en masa, y zamparlos a dos carrillos, los hay que proclaman que los animales tienen derechos, como si fueran personas, o los que reclaman incluso la amnistía para todas las criaturas de Dios.  Allá cada cual.

En sociedades complejas y globalizadas la paz civil y la garantía de las libertades de todos requieren grandes dosis de tolerantes, estableciendo normas prudentes y tacañas en prohibiciones referidas a las aficiones, las sensibilidades, las identidades, las creencias, etc de las gentes, las leyes a su vez deben de proteger también el derecho a la diferencia. El estado debe de ser laico en un sentido radical, salvo respecto de aquellas practicas que lesionen la vida, la libertad, el honor o los derechos de las personas. Sin duda se debe prohibir la ablación del clítoris, pongamos por caso, por mucho que sea una tradición arraigada en las culturas de algunos, pero no la lidia de toros bravos, repito “toros bravos”.

Entiendo que haya gente que le repugne la tauromaquia, que lo consideren un espectáculo sanguinario y propio de pueblos salvajes, incluso admito que pudiera opinar así la mayoría de mis conciudadanos (que no es el caso, pues a la gente sencillamente no les gustan los toros, o no han ido nunca a una corrida o les aburren soberanamente, como a mi me ocurre con el fútbol). Acepto que haya quienes equiparen a los animales con las personas o considerar la tauromaquia tortura y asesinato, pero me permitiré señalar que en mi opinión se trata una idea religiosa, legítima como todas, pero religiosa. A muchos otros, no sé cuántos, pero muchos, nos parece otra cosa diferente, igualmente legítima.

Puede que seamos solo unos pocos, pero la democracia es mucho más que el gobierno de las mayorías (también podrían serlo las dictaduras), el mejor indicador de la calidad de una democracia estriba en el trato que se les da a las minorías.

Aunque yo pensara que tratar a los animales como a bebes humanos fuera algo repugnante, el que los confinen en los pisos, sacándolos solo para que defequen en las aceras por donde camino o para que ladren a mi paso; también el que los vistan como monos de feria, los lleven a la peluquería, les hagan mimitos, les den besitos en el morro, los metan a su cama para que no se resfríen, celebren su cumpleaños y los entierren en cementerios; aunque pensara que es un pecado contra natura, no propondría prohibirlo, ni tan siquiera propondría que paguen tasas especiales, pensaría que es la prueba de que nos estamos volviendo majaras. También pensaría que con esos bebés sustitutivos se compensan otras cosas, y que a mucha gente les hace bien. No intentaría que mis fobias, filias, manías o creencias fueran ley para otros. Lo que es opinable y no daña a los demás no debe de ser ni obligado, ni prohibido, ocurre con el aborto y con otras muchas cosas.

Va para 6 años que prohibieron los toros en Cataluña, perece mentira, pero ocurrió sin que se echara la gente a la calle en defensa de las libertades. No estoy diciendo que cerraron las plazas porque ya no iba la gente, sino que el Parlament, se supone que la sede de la democracia, votó una ley prohibiendo los toros para siempre jamás (porque podían hacerlo, porque tenían la mayoría, 68 votos contra 55, y 9 abstenciones, por menos otros hubieran quemado la ciudad). Algunos lo celebraron como si se hubiera abolido la pena de muerte. No me parece que fuera porque les dieran penita los bóvidos en cuestión francamente, sino para promover un ideal diferencial del “ser catalán”, lo que llaman sin sonrojo la “construcción nacional”, los fieros animalistas no fueron sino un pretexto.

Así que nos toca expiar nuestros pecados, y quien se lo pueda permitir tendrá que viajar al resto de España o al sur de Francia (donde, por cierto, han logrado que la Asamblea Nacional blinde la Fiesta, no fuera a ser que los animalistas lindos colaran alguna ley regional). Estamos a la espera de una sentencia del Constitucional formulada en términos de que el Parlament no tenía competencias para ello, pero me temo que será negativa, o que en el caso de que se nos dé la razón, los futuros cambios constitucionales les blindará la competencia y el consiguiente derecho a crucificarnos.

Se empezó en Cataluña, ya se sabe que somos más modernos, y ya se relamen por toda España, sobretodo nacionalistas y gentes que se las dan de izquierdas. La prohibición de la tauromaquia realmente no es sino un chivo expiatorio, o mejor dicho un toro sacrificial. En medio de las tensiones sociales que vivimos ¿es el momento de abrir otro frente de confrontación?, de hecho, ya se está empezando a llegar a las manos. Deben de andar escasos de madera para los autos de fe.

El tema no es toros si o toros no, sino prohibicionismo si o no. No voy a defender de la Fiesta, no pretendo que os guste, solamente que no permitáis que impongan su religión, sus miedos, o sus manías, o simplemente que impongan sus ganas de imponer, de someter y homogeneizar, pretendo que no suméis vuestra antorcha a su hoguera.

Me temo que esto no acaba aquí, le seguirán otros linchamientos en nombre de “valores éticos”. La intolerancia, el integrismo, el nacionalismo, lo políticamente correcto, el puritanismo, y el populismo tanto el de derechas como el de izquierdas tienen mucho futuro, algún día pueden ir a por ti.

(Insisto, sigue mi consejo de amigo: si tienes unos ahorrillos, compra Torquemadadas, son un valor seguro.)

MARIANO PUIGDEVALL i FORMIGOSA (El vaquillas)

Distopía española

En el taller propusimos distopías: llevar al límite con la imaginación una situación actual hasta crear un mundo propio, futurista, un mundo basado en el nuestro, pero que ya nada tiene que ver con él, un mundo construido a partir de la exageración, de la radicalidad. Es decir, lo que viene haciendo cualquier relato literario.

Me divierte mucho, mis alumnos escriben cosas estupendas como que Europa vive un desastre nuclear sin precedentes y tiene que emigrar en masa a África, el único continente habitable, no contaminado por la mano del hombre. ¿Cómo nos reciben los africanos, cierran a cal y canto sus fronteras mientras los europeos morimos tratando de alcanzar la costa? distopia 2

O esos  estudiantes que despiertan tras el larguísimo sueño de la criogenización, para descubrir que son los últimos especímenes con capacidad artística que alguien decidió poner a salvo justo antes de que desaparecieran las humanidades del planeta, justo antes de que se extinguiera el arte por considerar que no servía para nada.

O los robots que cuidan encomiablemente de nosotros, que vigilan nuestra tensión, nuestra diabetes, que previenen infartos, que eliminan células cancerosas y además nos hacen las tareas domésticas, nos cocinan, y hasta nos dan masajes eróticos. A cambio de todo esto, nos vigilan. Nos vigilan por nuestro bien. Y lo hace una empresa comercial.

Una, que tiene problemas con la ficción y sus límites, como quien tiene problemas con las drogas, que considera el flequillo de Trump una distopía, lee sin demasiada distancia ni extrañamiento estas fantásticas historias y se le antojan reales, verosímiles, tal vez porque vive con un pie en la realidad y el otro no ya en la ficción, sino en la ciencia ficción.

Pongamos que España, un país republicano, es tomado, tras una cruenta guerra, por una facción de hombres bajitos, con bigote y camisa de manga corta, en alianza galáctica con la facción de los faldones negros y la papada blanca, cuyo jefe supremo habita el espacio exterior. Tienen un oscuro plan y, para llevarlo a cabo, imponen un sacramental  y férreo orden, usando técnicas de lobotomía, más o menos explícitas, rayos paralizantes, gases invisibles que inducen el miedo. Consiguen así que la población viva de forma pacíficamente robótica durante casi 40 años. Cuando el hombre de orejas puntiagudas anuncia a través de la pantalla interestelar que el líder bajito ha muerto, parece que la pesadilla ha terminado. Pero no, años después, se descubre que unos clones de los invasores originales, con aspecto perfectamente humano, han sido infiltrados en la sociedad actual para seguir con el oscuro plan.  

En fin, un derroche de imaginación, una ensoñación fantástica. Despierto, y vuelvo a la realidad. Cuando despierto de nuevo,  hay otra realidad, distinta, no sé si más trágica o más cómica. Y cuando vuelvo a hacerlo, otra. Y así cada día.

Dicen que tragedia es igual a comedia más tiempo. Cuarenta años parecen tiempo suficiente para amasar una tragedia de proporciones griegas pero ¿y si le añadimos más tiempo aún, qué sucede?  Que todo se vuelve delirante, extremo, se añade un toque de comedia absurda a la tragedia necesaria, se obtiene una distopía en toda regla, ni más ni menos que el lugar exacto donde vivimos.

Bárbara Blasco

 

La susurradora irresistible. Diversas, diversos.

La mujer pelirroja apoya ambas manos en el balcón del Ayuntamiento, justo en el lugar donde se sujeta la bandera arcoíris que saluda seductora como una lengua colorista. La susurradora sonríe, melena al viento, al lanzar su mensaje:

“Junio es vuestro. Esta tela os llama a la fiesta, al encuentro, a la diversidad, al goce, al aprendizaje. El sábado 18 saltad a la calle, mezclaos, miraos a los ojos y disfrutad de la diferencia. La diferencia os hace únicxs. Unid vuestras voces, vuestra alegría, vuestra reivindicación, vuesLa Susurradora de junio 2016tro valor, vuestra moderación, vuestra exaltación. En resumidas cuentas, sacad del armario vuestra personalidad, vuestras ganas de ser distintxs. Que hasta el aire se entere de que nada importa que os guste el cine, el teatro, el fútbol, la música, el pollo, los hombres o las mujeres, o los hombres y las mujeres. Vuestro corazón late, reís a carcajadas, lloráis a espuertas, vuestra piel es sensible, las heridas sangran, los insultos duelen, las caricias curan. Eso es lo único cierto. Sois seres humanos: distintos, diversos, parecidos, opuestos, extrovertidos, tímidos, dulces, ariscos, valientes, asustadizos; con falda, sin falda, con pechos, sin pechos, con los labios pintados, con la cara lavada, con peluca estrambótica, con un brillante cráneo rasurado. Seres únicos. Sois solo, y por encima de todo, seres humanos. Celebradlo juntxs.

Ah, y el 26, votad.”

Sin disculpa (Valencia)

LA CASA

 

El pensamiento mágico trasciende la realidad y la sublima. En cierta forma puede ser una alienación, o un sentimiento para “poetizar” la realidad. En el aburrimiento de la literatura actual, estoy encaracolado en lecturas pasadas. Puede ser síntoma de senectud pero también la propia realidad de tener un pasado.

En todo caso, sin disculpas, como sabiamente recomienda Mila, vuelvo a mis libros imperfectos y por desgracia atemporales. Pocos me han emocionado tanto y siguen haciéndolo, como “Ocnos” de Cernuda. Cuando la poesía se convierte en artificio, el género, o lo que sea,  “la prosa poética” o simplemente la prosa, me hacen  entrar en el mundo de la reflexión del exilio, que transciLa casaende el propio exilio, para entrar en las emociones de la soledad.

 Editado en México, tres años antes de que naciera, parece pegado a la descripción de mi realidad, como si  una proteína se adhiriera al cromosoma que pasaba por ahí. Una bella, inteligente amiga y librera, tres categorías difícilmente superables, me regaló el librito editado por Taurus, allá por los finales de los ochenta. Comencé a leerlo, sus recomendaciones eran ley, y al llegar al texto “La Casa” encontré una dedicatoria, el texto no les interesa.

 Lo trascendente es que marcaba el propio texto poético, algo así como, “tontolaba tú que presumes de leer a Bukowski deja la pos y reflexiona sobre tu vida”. Es la primera vez, que reconocí mi estatus de fuera de juego. Mi amigo Salvador, psiquiatra él, quizás la persona que me conoce durante más tiempo y desde luego abominando del psicologismo a la moda, no dudaría a achacarlo a mi timidez. Lo cual sorprendería a muchos, sin dejar de ser cierto.

La lectura, treinta y tantos años después ha servido para comprobar que la proteína es parte del cromosoma, y sigue emocionando. Que la realidad está ahí, como la Alhambra al lado del Darro.

Julio García

Igualdad: La implicación del hombre en los cuidados es básica para la sostenibilidad económica y demográfica.

El reparto de tiempos está influido por los papeles de género y se convierte en un hándicap continuo para el empleo de las mujeres. A ellas se les asocia la etiqueta de menos disponibles y la consideración de Igualdadmayor riesgo relacionado tanto con la maternidad como con las actividades de maternaje. La mayor dedicación de las mujeres al cuidado infantil durante los primeros años tras el nacimiento de un/a hijo/a (sobre todo mientras no se da la escolarización) y la falta de políticas públicas eficientes para atender la responsabilidad social de los tiempos y necesidades de cuidado son factores explicativos de la penalización sobre el empleo de las mujeres. El efecto de los estereotipos asociados a la maternidad –patriarcal– se traslada directamente a las tasas de empleo femenino, en forma de reducción de horas de trabajo remunerado, lo cual origina una penalización que se inicia con la pérdida de ingresos durante el período de interrupción laboral, así como la profundización de la brecha salarial durante toda la vida laboral, la consiguiente merma de derechos económicos futuros (menores prestaciones económicas contributivas, como revela la brecha de género de las pensiones –34% en España en 2014–) y la mayor incidencia del riesgo de pobreza –monetaria y de tiempo– sobre las mujeres. Esta secuencia está contrastada estadísticamente, por lo que resulta sospechoso que, en los últimos años, se haya reactivado el enfoque maternalista de las políticas públicas, alentando a una mayor ausencia de las mujeres del mercado de trabajo para el cuidado de su bebé. 

El empleo de las mujeres puede actuar como elemento facilitador del desarrollo demográfico, sobre todo cuando se dan otros factores que inciden en la igualdad de género. De todos ellos, algunos tienen una especial relevancia: 1) Efecto sustitución del salario de las mujeres; es decir, que la decisión de ser o no ser madre no suponga tener que asumir una pérdida monetaria que acentúe el riesgo de pobreza relativa o las subsuma en una involución de dependencia económica. 2) Existencia de servicios para el cuidado y atención infantil (childcare) suficientes y accesibles, teniendo en cuenta que a mayor precio de los servicios de cuidado, menor acceso y participación, y menor es también la probabilidad de que influya positivamente alentando nuevos nacimientos. 3) Disponibilidad de tiempos para el cuidado, la crianza, el desarrollo profesional y emocional. 4) Implicación de los hombres en las responsabilidades del cuidado. 

Según cuál sea la combinación de los cuatro factores mencionados, se posibilitarán unos efectos determinados u otros; lo que parece evidente es que a mayor igualdad de género, mejor comportamiento de la fecundidad y, por lo tanto, de la sostenibilidad económica y demográfica. 

DESEQUILIBRIOS

El análisis comparado del sistema de permisos por nacimiento –maternidad, paternidad y parental– en 27 países europeos (25 países de la UE, Islandia y Noruega) permite profundizar en la potencialidad para transformar los desequilibrios de género. A través de esta pieza de políticas públicas se regulan aspectos básicos que inciden en la conciliación de las responsabilidades derivadas del trabajo remunerado y de las responsabilidades familiares, focalizadas en el cuidado infantil; por ello sus implicaciones y efectos se trasladan a la economía y a la sociedad en su conjunto.

Numerosos estudios revelan ya que cuanto más equitativa es la distribución del permiso parental en una familia biparental, más igualdad de género existe en la toma de decisiones; y a mayor implicación de los hombres-padres en el cuidado infantil, menor es el tiempo semanal que pasan en su puesto de trabajo, lo cual, en cierto sentido, diluye parcialmente el efecto penalizador sobre el empleo de las mujeres. 

Esta potencialidad género-transformativa de los permisos por nacimiento tiene su máximo nivel en los permisos iguales, intransferibles y bien remunerados –100% del salario–; algo que se sigue resistiendo en el ámbito europeo, en donde la mayoría de los países continúan desarrollando un enfoque maternalista, con escasa capacidad transformadora de las normas sociales de género implícita en la configuración actual de los sistemas de permisos por nacimiento. Sólo tres países presentan una orientación favorable a la igualdad de género: Islandia, Noruega y Portugal.

 

Hipermetropía urbana: Menos mal

No es la primera vez que vemos un grafiti en una estación de tren, ni la última espero…

¿Quién ha escrito con una caligrafía tan mala un mensaje tan genial y discutible?

La forma desprecia al fondo, sobre todo en una estación del antiguo “Trenet”, tan bonita como la de La Cañadhipermetropia urbanaa, club residencial de clásicas familias adineradas, o como mínimo de “clase media alta” (¿qué significa eso hoy día?).

El grafitero podía haberse esmerado un poco más en hacer más bonita la reflexión que pretende fijarnos. De otra forma, pensaremos que habrá que gastar de nuevo dinero de todos para limpiar lo que se le ocurrió escribir una noche de botellón a un niño pijo de la zona, de esos con rastas y VISA. Su padre, el del barco, también tendrá que abonar su parte. Menos mal.

Los Miopes, (Valencia)

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