Quizás siempre hemos sido así, en unos momentos más que en otros, debe de ser cosa de esta crisis enloquecedora, lo cierto es que se ve, se nota, se huele, se palpa, que mucha gente, quizás todos un poco, quieren o queremos fuego, añoramos una buena fogata en la plaza, el bello espectáculo del fuego purificador. Mientras las viejas religiones se marchitan, surgen otras nuevas dispuestas no solo a coger el relevo sino a arrasar contra infieles y paganos. No me estoy refiriendo a los terroristas clásicos, sino a honrados usuarios de las redes sociales, buenas gentes, incluso de izquierda. En los últimos pongamos que 50 años, la intolerancia, las imposiciones en la moral, y en general el prohibicionismo era patrimonio de la derecha, ahora ya no tanto. Prohibido prohibir, decían en el mayo del 68, ahora la intolerancia y el fanatismo se propaga en todos los campos.
En mi caso a Dios gracias soy ateo, sin embargo me emocionan las procesiones de Semana Santa, pero aunque me repugnasen, el día que las prohíban me uniré a las protestas. No penséis que exagero en lo de prohibir las procesiones (no sería la primera vez), pues en Cataluña sin ir más lejos, que según dicen estamos tan avanzados, hay un par de procesiones de estilo andaluz que si bien no están prohibidas, están digamos que exclaustradas por la Iglesia, no le gustan
al clero, las hacen los seglares por su cuenta.
Hay quienes no acepta transfusiones, los hay que piensan que tras la muerte resucitarás para ser juzgado, otros creen que los animales son personas reencarnadas, y procuran no pisar ni una hormiguita no vaya a ser un antepasado, otros no comen carne de cerdo, los hay que no comen ni carne, ni pescado, ni leche, ni miel, ni utilizan el cuero y las pieles, etc porque dicen que no quieren explotar a los animales, confinarlos en campos de concentración, asesinarlos en masa, y zamparlos a dos carrillos, los hay que proclaman que los animales tienen derechos, como si fueran personas, o los que reclaman incluso la amnistía para todas las criaturas de Dios. Allá cada cual.
En sociedades complejas y globalizadas la paz civil y la garantía de las libertades de todos requieren grandes dosis de tolerantes, estableciendo normas prudentes y tacañas en prohibiciones referidas a las aficiones, las sensibilidades, las identidades, las creencias, etc de las gentes, las leyes a su vez deben de proteger también el derecho a la diferencia. El estado debe de ser laico en un sentido radical, salvo respecto de aquellas practicas que lesionen la vida, la libertad, el honor o los derechos de las personas. Sin duda se debe prohibir la ablación del clítoris, pongamos por caso, por mucho que sea una tradición arraigada en las culturas de algunos, pero no la lidia de toros bravos, repito “toros bravos”.
Entiendo que haya gente que le repugne la tauromaquia, que lo consideren un espectáculo sanguinario y propio de pueblos salvajes, incluso admito que pudiera opinar así la mayoría de mis conciudadanos (que no es el caso, pues a la gente sencillamente no les gustan los toros, o no han ido nunca a una corrida o les aburren soberanamente, como a mi me ocurre con el fútbol). Acepto que haya quienes equiparen a los animales con las personas o considerar la tauromaquia tortura y asesinato, pero me permitiré señalar que en mi opinión se trata una idea religiosa, legítima como todas, pero religiosa. A muchos otros, no sé cuántos, pero muchos, nos parece otra cosa diferente, igualmente legítima.
Puede que seamos solo unos pocos, pero la democracia es mucho más que el gobierno de las mayorías (también podrían serlo las dictaduras), el mejor indicador de la calidad de una democracia estriba en el trato que se les da a las minorías.
Aunque yo pensara que tratar a los animales como a bebes humanos fuera algo repugnante, el que los confinen en los pisos, sacándolos solo para que defequen en las aceras por donde camino o para que ladren a mi paso; también el que los vistan como monos de feria, los lleven a la peluquería, les hagan mimitos, les den besitos en el morro, los metan a su cama para que no se resfríen, celebren su cumpleaños y los entierren en cementerios; aunque pensara que es un pecado contra natura, no propondría prohibirlo, ni tan siquiera propondría que paguen tasas especiales, pensaría que es la prueba de que nos estamos volviendo majaras. También pensaría que con esos bebés sustitutivos se compensan otras cosas, y que a mucha gente les hace bien. No intentaría que mis fobias, filias, manías o creencias fueran ley para otros. Lo que es opinable y no daña a los demás no debe de ser ni obligado, ni prohibido, ocurre con el aborto y con otras muchas cosas.
Va para 6 años que prohibieron los toros en Cataluña, perece mentira, pero ocurrió sin que se echara la gente a la calle en defensa de las libertades. No estoy diciendo que cerraron las plazas porque ya no iba la gente, sino que el Parlament, se supone que la sede de la democracia, votó una ley prohibiendo los toros para siempre jamás (porque podían hacerlo, porque tenían la mayoría, 68 votos contra 55, y 9 abstenciones, por menos otros hubieran quemado la ciudad). Algunos lo celebraron como si se hubiera abolido la pena de muerte. No me parece que fuera porque les dieran penita los bóvidos en cuestión francamente, sino para promover un ideal diferencial del “ser catalán”, lo que llaman sin sonrojo la “construcción nacional”, los fieros animalistas no fueron sino un pretexto.
Así que nos toca expiar nuestros pecados, y quien se lo pueda permitir tendrá que viajar al resto de España o al sur de Francia (donde, por cierto, han logrado que la Asamblea Nacional blinde la Fiesta, no fuera a ser que los animalistas lindos colaran alguna ley regional). Estamos a la espera de una sentencia del Constitucional formulada en términos de que el Parlament no tenía competencias para ello, pero me temo que será negativa, o que en el caso de que se nos dé la razón, los futuros cambios constitucionales les blindará la competencia y el consiguiente derecho a crucificarnos.
Se empezó en Cataluña, ya se sabe que somos más modernos, y ya se relamen por toda España, sobretodo nacionalistas y gentes que se las dan de izquierdas. La prohibición de la tauromaquia realmente no es sino un chivo expiatorio, o mejor dicho un toro sacrificial. En medio de las tensiones sociales que vivimos ¿es el momento de abrir otro frente de confrontación?, de hecho, ya se está empezando a llegar a las manos. Deben de andar escasos de madera para los autos de fe.
El tema no es toros si o toros no, sino prohibicionismo si o no. No voy a defender de la Fiesta, no pretendo que os guste, solamente que no permitáis que impongan su religión, sus miedos, o sus manías, o simplemente que impongan sus ganas de imponer, de someter y homogeneizar, pretendo que no suméis vuestra antorcha a su hoguera.
Me temo que esto no acaba aquí, le seguirán otros linchamientos en nombre de “valores éticos”. La intolerancia, el integrismo, el nacionalismo, lo políticamente correcto, el puritanismo, y el populismo tanto el de derechas como el de izquierdas tienen mucho futuro, algún día pueden ir a por ti.
(Insisto, sigue mi consejo de amigo: si tienes unos ahorrillos, compra Torquemadadas, son un valor seguro.)
MARIANO PUIGDEVALL i FORMIGOSA (El vaquillas)