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PENSAMIENTOS DE UN INSOMNE

De nuevo son las cuatro de la mañana y yo ya estoy sentado en el sofá sin poder dormir. Dicen que el índice de suicidios más alto se producen siempre a la salida del sol. No es el caso, aún no ha salido, faltan unas cuantas horas. Como siempre cuento, a estas horas solo se puede poner la televisión o comer algo. Me decanto por la comida y eso me recuerda que ayer estuve en el supermercado comprando, lo odio, y como mi economía está maltrecha me dedique a leer todos los precios de lo que necesitaba. Sin ninguna duda ser pobre es agotador, sobre todo para personas como yo que nunca han necesitado mirar el precio de lo que compraban.

Además de controlar el gasto tengo que controlar mi mente cuando voy a comprar. Me gusta mucho la cerveza que, no solo es cara sino que entra en el grupo de “lujo prescindible”. Entre las marcas de cerveza que ofrece el super, cercano a mi domicilio, existe una que se llama ÁGUILA NEGRA. Su precio es la mitad de las otras marcas más conocidas y no puedo decir si es buena o no, nunca la he probado, pero el nombre y mis melindres políticas no me lo permiten. Recuerdo que, ya hace muchos años, la cerveza El Águila cambió su nombre por Amstel, aún hay gente que pide una cerveza Águila por costumbre, y ellos saben de márquetin mucho más que yo. Asociar el águila con el fascismo es poco menos que ridículo, pero no lo puedo evitar.pensamientos de un insomne 1

Superado el tema político continuo con mi compra de pobretón y consigo llenar el carro por menos de veintidós euros. Me permito el lujo de comprar cebolletas en vinagre, están de oferta, y aceitunas de bolsa que son más económicas que las de tarro, incluso como termino de cobrar mi paupérrima nómina, meto en el carro unas galletas rellenas de chocolate de marca blanca por menos de dos euros, paquete gigante, que me darán para por lo menos diez desayunos y que estoy degustando en este momento.

Continuará…

 

PENSAMIENTOS DE UNA INSOMNE

Estaba en el primer sueño cuando un wasap me ha despertado. ¡Olvide poner el móvil en silencio!, craso error, no de la envergadura del que cometió Marco Licinio Craso, al que debemos esta expresión, pero casi.

Después de unos intentos fallidos por volver a dormir, decido levantarme. Pongo la televisión, como no, repaso la oferta de programas y me aterrorizo al comprobar que el Bertín tiene como invitado al Josemari, lo que no despierta mi interés y me viene a la memoria esa época en que quedaba hipnotizada con la imagen y declaraciones de nuestro antiguo presidente, su expresión corporal no tenía precio, era la persona que más estaba encantada de conocerse que yo había visto en mi vida, intentando aparentar ser un listo incompetente que supongo es lo que le hubiera gustado ser.

Descarto la tele, descarto la lectura del libro que tengo sobre la mesa, a estas horas no puedo concentrarme, descarto comer algo, no tengo apetito y por fin enciendo el ordenador y comienzo a escribir el artículo para El Inconformista de este mes. Está resultando poco fluido y difícil de completar… siempre puedo guardar el archivo y termínalo en otro momento, aún tengo tiempo.

Ya estoy totalmente despejada y para evitar entrar en el desficio (palabra no muy utilizada en el argot actual, de uso más frecuente en la zona de la Comunidad Valenciana. Es un estado de ánimo que aúna aburrimiento, intranquilidad, nervios, ansiedad…) habitual, decido salir a la terraza y ejercer de jardinera autosuficiente. La oscuridad no me permite el ejercicio de uno de mis hobbies, pero si observar el trozo de ciudad que mi ubicación me ofrece. Un ciudadano camina por la acera de enfrente en dirección al cajero de Bankia, ¿Quién necesita un cajero a estas horas? Unos metros más allá un grupo de inmigrantes, pertrechados con gorra de béisbol (innecesario sin el sol en el cielo), hablan animadamente mientras esperan no sé qué. Un ruido de motor rompe el apreciado silencio, es el camión de la basura, dos individuos uniformados como manda el reglamento empujan los contenedores de residuos.

Empiezo a notar el frio y abandono el exterior para refugiarme en el cómodo sofá para echar un cigarro. Es el momento de planificar el día, a priori no parece que la jornada se presente complicada… empiezo a tener sueño… siempre me sucede lo mismo, quiero dormir cuando ya no hay tiempo…

Continuará…