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ACLARANDO CONCEPTOS

Como saben, hace unos días se produjeron dos atentados en Barcelona y Cambrils, respectivamente. Y, casi de inmediato, comenzó una serie de sucesos contra la comunidad musulmana, tales como pintadas, insultos y agresiones. Por ello creo necesario exponer algunos términos y sus definiciones para evitar en lo posible ciertos comportamientos de alguna gentuza que nunca debería haber salido de su caverna. Así:

  • Musulmán.- Aquella persona que acepta las creencias islámicas; por lo tanto cree en un solo Dios y en su profeta Mahoma, sometiéndose a su voluntad.
  • Islam.- Religión monoteísta abrahámica cuyo dogma se basa en el Corán y que tiene como premisa que no hay más Dios que Alá y Mahoma es su último mensajero. En este sentido los islamistas son contrarios a la tradición y partidarios de la pérdida de autoridad de los ulemas; a su vez, pretenden democratizar y descentralizar el Islam sin negar, entre otras cuestiones, la participación de la mujer en la vida pública, aunque ateniéndose a los cánones islámicos (p. e., el hiyab). Rechazan las monarquías pues consideran que sus gobernantes han de ser elegidos y, en su caso, cesados cuando haya motivo para ello.
  • Fundamentalismo islámico.- Al contrario que el islamismo, no es un movimiento político sino una corriente ortodoxa dentro del Islam que defiende la Sharia en su interpretación más tradicional. Trasposición del fundamentalismo cristiano, surgió en el siglo XIX como corriente rigorista protestante y no pretende tomar el poder o sustituirlo, más bien velar porque éste cumpla fielmente con la tradición.
  • Wahabismo (salafismo).- Corriente político-religiosa de la rama mayoritaria del sunismo creada por el extremista religioso Muhammad ibn ´Abd al-Wahhab en el siglo XVIII y caracterizada por su pronta y estrecha relación con la Casa de Saúd. Gracias al petróleo y los gases fósiles, a finales del siglo pasado esta corriente experimentó un gran auge pues permitió a la Casa Saudí financiar la construcción por todo el mundo de mezquitas y centros culturales y de estudio para imponer unas ideas que destacan por su rigor en la aplicación de la Ley Islámica y es la base de la ideario de grupos armados.
  • Yihad.- `Esfuerzo´, `Lucha en el camino de Dios´; se define como “el poder extremo o la capacidad en contienda con un objeto de desaprobación”. Puede ser de dos clases:
  1. Yihad menor: defensa ante un ataque del enemigo, de caracter militar o Guerra Santa.
  2. Yihad mayor: la lucha en contra de nuestro ego, defectos y bajas pasiones.
  3. Por lo tanto, el yihadismo como doctrina política es una ideología teocrática totalitaria, de corte antiliberal y antidemocrático que desprecia la vida humana.
  • Neofundamentalismo.- Conjuga los planteamientos originales del islamismo con la tradición fundamentalista. Es un movimiento político que tiene su origen en el ala más radical de aquel y cuya militancia se caracteriza por proceder de áreas periféricas, paupérrimas y desestructuradas. Sus integrantes suelen tener un muy bajo nivel cultural debido a su educación extremadamente tradicional. Practican el anatema o “takfir”, es decir, si una persona no piensa como ellos no es musulmana, es enemiga del Islam y por tanto se puede ejercer cualquier tipo de violencia contra ella. A esta corriente pertenecen grupos como los Talibán, Al-Qaeda, Boko Haram o Estado Islámico.aclarando conceeptos

Sirvan estas definiciones para aclarar las dudas que puedan surgir; para diferenciar a un musulmán que profesa la religión islàmica de un terrorista islamista o yihadista que retuerce e interpreta el Corán en su beneficio o interés. Aunque esta situación no es nueva, no debería sorprendernos; ya se vivió algo parecido con la Santa Inquisición y su interpretación de las Sagradas Escrituras y, más recientemente, pudimos observar este comportamiento con el nazismo y la forma en que interpretó el mito del superhombre de Nietzsche.

En fin, invito a islamófobos, xénofobos, racistas y otros descerebrados a que lean, se instruyan antes de sacar conclusiones erróneas, de sacar su odio a pasear y culpar a todos los musulmanes de lo que han hecho unos pocos, pues esta actitud no es más que su caldo de cultivo.

Moska

MÁS SOBRE ORWELL, TOTALITARISMOS Y CLIMA

Este artículo es una puntualización hacia la persona que se cita al comienzo del mismo y que escribí el mes pasado para el Inconformista. Por cuestiones de plazos no dio tiempo a salir en el anterior número. Sí salió publicado de forma resumida en el diario Levante. Disculpe el lector mi falta de previsión.

En respuesta a la carta de Romnique Kaur quisiera añadir algo: 1) Efectivamente, Orwell luchó en las filas del POUM, pero este, antes que comunista era de tendencia anarquista. 2) Aún a pesar del acrónimo, el autor denunciaba los totalitarismos; todos. 3) Desgraciadamente el cambio climático sí es una realidad: el nivel de los mares crece cada año 3 mm; se han descongelado 4 mill. de km2 del Ártico en los últimos años; el número de personas que sufre problemas de asma, bronquitis, cáncer o infartos debido al CO2, ha crecido exponencialmente -y no es magia-; y tal vez el “Ministerio de la Verdad” se equivoque cuando vemos la frecuencia y virulencia con las que se están produciendo catástrofes naturales como sequías severas o la casi desaparición de islas o archipiélagos como Vanuatu o Maldivas; amén de que el 95% de los climatólogos coincide en que detrás de este grave problema está la acción antrópica. 4) Decir que los fascismos surgen de la izquierda es, siendo suave, un atrevimiento porque son antagónicos a ésta. La idea de socialismo pretende el control, por parte de la sociedad, de los medios de producción y la distribución de los bienes; basado en el contrato social como organización de las sociedades humanas, surge al albur de la Revolución Francesa -y su lema “Libertad, Igualdad, Fraternidad”- y la Revolución Industrial con la miseria que creó; y proponía esa igualdad para todos; esto es, también era, y es, internacionalista. Buscaba el bien común y la igualdad social, estableciendo un orden socioeconómico por y para la clase trabajadora sin un orden económico propio y creando uno público mediante la revolución, la evolución social o las reformas institucionales para construir una sociedad sin clases estratificadas; en definitiva, una economía para toda la población en lugar de para unos pocos. El comunismo, a diferencia del socialismo, y surgido 10 años después, defendía la igualdad real con reformas no sólo políticas sino apelando a la lucha de clases y la revolución y, así, cambiar el régimen económico y social donde la producción era libre, no planificada y el consumo se vivía en común. Mientras, el anarquismo ha ido desfigurándose en la historia, pues proponía la exaltación del individuo y la abolición del Estado y de toda autoridad. Todo lo contrario que el fascismo; surgido a finales del s. XIX a partir de una asociación llamada Acción Francesa -y dirigida por Maurras-, que se caracterizaba por ser ultranacionalista, reaccionaria, fundamentalista católica y antisemita, es corporativista, defiende la nación frente al individuo con obediencia de éste hacia un líder carismático y dictatorial (y un partido único) identificado con el nacionalismo exacerbado de “Tierra, Pueblo y Estado”. Propone la igualdad sólo para los suyos, es decir, es elitista y niega la lucha de clases; trabajadores y empresarios obedecen las directrices del gobierno a través de un único sindicato o sindicato vertical y, en todos los casos, está apoyado precisamente por las élites económicas y la alta burguesía, sector este, que “resulta ser el elegido por la historia para dirigir las vidas del resto de la población y al que le está permitido vulnerar el principio de igualdad” (von Mises) como oposición a los movimientos obreros. De hecho Mussolini y Hitler apelaban a ello con un discurso descalificatorio hacia todos los que no fueran italianos o alemanes por considerarlos inferiores y culpables de sus problemas. El propio término `nacionalsocialista´ es en sí mismo contradictorio: no se puede ser al tiempo, nacional (igualdad para los míos) y socialista (igualdad para todos). Un saludo.

MOSKA

 

PODEMIZACIÓN

He buscado en varios diccionarios el verbo podemizar (no confundir con polemizar) y debo reconocer que no lo he encontrado. Sin embargo, podemos sí lo he encontrado: como 1ª persona del plural del presente de indicativo del verbo poder.

También he visto –y es más preocupante- cómo la derecha de este país (Pp y C´s), ha salido en tromba contra el Psoe después de la reelección de Pedro Sanchez como su secretario general a cuenta de la abstención sobre el CETA o el acercamiento a Podemos en temas tan importantes como la plurinacionalidad de España, aunque con grandes matices (el referéndum, por ejemplo).

A este respecto, se me ocurre otra lectura; lo que está haciendo el Psoe es, sencillamente, volver a la izquierda ya que en la última etapa de Zapatero, después con Rubalcaba y, sobretodo, con la gestora, este partido había cogido el camino del centro-derecha, cuando no, directamente de la derecha. Lo que creo que está haciendo Sánchez es volver al lugar del que su partido nunca debió irse: la izquierda moderada o socialdemocracia. Esa socialdemocracia cuyos padres fueron Willy Brandt, Olof Pälme y Helmutt Schmitt.

El problema llegó cuando las viejas glorias del partido, estómagos agradecidos, quisieron imponer sus criterios por encima de las directrices de la ejecutiva y, por ende, del Psoe. Personajes como Guerra, Leguina, Alberdi, Ibarra, González, Rubalcaba, Bono o Corcuera han hecho lo indecible para cargarse, no sólo a Sánchez, sino al partido. Claramente escorados a la derecha, estos diplodocus parecen haber olvidado sus orígenes, cuando se declaraban abiertamente marxistas. Marxismo al que tuvieron que renunciar para abrazar la socialdemocracia si alguna vez querían gobernar. Afortunadamente la militancia no ha caído en ese error y ha votado por volver a la izquierda –que no podemización-.

Por cierto, término éste que la derecha española relaciona directamente con ser radical, populista y antisistema. Para ésta, Podemos es radical porque supuestamente se relaciona con regímenes totalitarios como Venezuela o Irán; sin embargo, España incrementó la venta de armas al primero en un 22% en la anterior legislatura (2015, si mal no recuerdo); ¿e Irán? Efectivamente es un país totalitario que no respeta los derechos humanos. Pero ¿por qué España firma acuerdos comerciales con Arabia Saudí, país que tampoco respeta esos derechos y además financia el terrorismo yihadista?

En segundo lugar, Podemos también es populista porque, según esta derecha, dice lo que queremos oír pero luego hace lo contrario; un mantra harto repetido, pero ¿hay algo más populista que anunciar una bajada de impuestos en año electoral? Por último, son antisistema; disculpe el lector mi sorpresa pero hasta donde yo sé, los de Pablo Iglesias están en las instituciones porque han sido elegidos democráticamente; ergo están dentro del sistema, ¿o no? No hay nada más antisistema que arruinarlo en beneficio propio y utilizando los mecanismos que el propio sistema facilita como lo ha hecho el Pp de forma sistemática en los últimos veinte años.

Por lo tanto hay que tener prudencia cuando se hable de podemización, no vaya a ser que a alguien le salga “el tiro por la culata”. De hecho, y a la vista de los últimos acontecimientos (caso Lezo, caso 1% de los hospitales de Aguirre…) sería más exacto –a la hora de hablar de C´s y de los votantes de la derecha- hablar de “peperización”. ¿Encontraré este término en el diccionario? ¿Uds. que creen?

                                                                                                                                      Moska

EUFEMISMOS Y OTRAS SUTILEZAS

   Hubo una época en que a las cosas se las llamaba por su nombre -al pan, pan y al vino, vino-. La gente no se andaba con zarandajas ni subterfugios para expresar una idea o analizar una determinada situación; aquello se acabó. De hecho, de un tiempo a esta parte, hemos podido comprobar que vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto y nos hemos convertido en auténticos perversores del lenguaje hasta el punto de arrebatar el sentido real a esa palabra o a aquella expresión que queríamos utilizar; esto es, hemos sustituido, en algunos casos, las crudas verdades por otras “más digeribles”.  

   Cierto es que esta situación viene de atrás; porque a lo largo de los años nuestra sociedad, más inocentemente que ahora, ha ido cambiando ciertos vocablos, intuyo que para adaptarse a los cambios que se iban produciendo. En ese sentido hubo un tiempo en que el que vendía libros (por comenzar con algo que conozco) de puerta en puerta, de pueblo en pueblo, era el ´vendedor ambulante´. Más adelante, esta persona consiguió establecerse en un local donde, además de libros, vendía prensa diaria y revistas. Comenzamos a llamarlo quiosquero. Pero éste amplió su fondo de libros y, con él, el local; y desde entonces pasó a llamarse ´librero´. Ya no; ahora los libreros son, ¡ay!, “agentes culturales”. ¿Cómo agentes? ¿Acaso deben vigilar y castigar a quien no compre libros o no los lea? ¿Qué significa `agente´? ¿Te aconseja o desaprueba según qué lecturas? 

   Pero la cosa no queda ahí, no; toda la vida hemos ido a cortarnos el pelo al barbero de la esquina -o del pueblo- ya fuera el de la cabeza o la barba; no, queridos lectores, eso ya no sirve. Pasó a llamarse peluquero que, a fin de cuentas, es razonable y así fue durante mucho tiempo. ¡Pero no! Esa palabra se había quedado obsoleta y el peluquero pasó a ser `estilista´; es decir, alguien que cuida tu imagen y tu pelo siguiendo las tendencias del momento. ¡Menudo guirigay!, ¿no les parece? Y el colmo, lo que ya “riza el rizo” -nunca mejor dicho- es que el estilista ya no es tal. No, no; deben ponerse Uds. al día: ahora es un `asesor de imagen´. ¡Anda!, ¿eso qué es? Al parecer se trata de una persona que no sólo te corta el pelo, también te indica el tipo de vestuario adecuado para ese peinado e incluso con servicio de manicura. Como ha cambiado el cuento, ¿no les parece? 

   Aunque si hay alguien en este país que podamos considerar gran conocedor/a de esta forma de tergiversar nuestra rica lengua, esa es nuestra clase política, sea el partido que sea. ¿Quién no recuerda la definición de crisis que nos dio Zapatero?: “crecimiento económico negativo”. ¡Y tan fresco! Pero con respecto al auge de los eufemismos políticos, quien se lleva “la palma” es el PP. Sus componentes son maestros del enredo; de hacer jirones nuestro lenguaje; ¿cómo podemos entender, sino, que la mayor marea negra de nuestra historia se convirtiese en `hilillos de plastilina´? Aunque Rajoy, por desgracia, no es el único: nuestra ínclita y católica ministra de empleo llama `movilidad exterior´ al hecho de que miles de jóvenes deban emigrar porque aquí no encuentran trabajo.  

   Y no sólo eso; para el Sr. De Guindos no hay desahucios en España, no; son “procedimientos de ejecución hipotecaria” -que, dicho así, parece que te están haciendo un favor por lo bien que suena, ¿no?-. También nos dice este señor que hay que `flexibilizar´ el mercado laboral. ¿Quiere decir que hay que repartir mejor el empleo? ¡No, qué va! Significa que hay que abaratar el despido. ¡Y se queda tan ancho! Y ¿qué decir del Sr. Montoro? Nos ha repetido hasta la saciedad que no, que no va a subir los impuestos, que sólo se trata de un “gravamen adicional”, ¡toma ya! Y lo que es peor: ¡tragamos! En fin, los ejemplos son muchos y variopintos (y cada uno de ellos más descabellado que el anterior). 

   Por todo esto, uno está un poco harto de que nuestra lengua, tan sufrida ella y, por los derroteros por los que discurre, se haya convertido en un producto que nos están vendiendo de forma simulada y en diferido.

Moska

EL MALIGNO

 

   El primer sentimiento que cae sobre mí como una losa después de conocer el resultado de las elecciones en E.E.U.U. sólo puede ser la desazón. Un estado de ánimo que va de la incertidumbre al nerviosismo porque desconozco, como la mayoría de los ciudadanos, qué puede hacer Donald Trump. Un empresario que en los últimos treinta años ha llevado a la quiebra sus empresas en cuatro ocasiones y se ufana de no pagar impuestos. Parece que, como gestor de negocios, su trabajo es manifiestamente mejorable; entonces ¿cómo va a gestionar el país más poderoso del mundo? 

   Un personaje al que desgraciadamente hay que reconocerle que no se anda con tapujos. Con un lenguaje sencillo, rústico, dice las cosas muy claras, no esconde sus preferencias, las que sean, ni tampoco sus fobias; y desde luego tiene unas cuantas… Por esto albergo todas las dudas sobre un tipo abiertamente homófobo, racista, xenófobo, machista, insultante en sus formas y en su discurso. Aquí sí; ahora podemos ver el populismo personificado en este hombre que debería hacernos reflexionar sobre todo aquello que diga si cada vez que sale en público, comienza sus alocuciones con un ‘Créanme’; un recurso de los que creen tener la verdad absoluta y ya hemos visto casos parecidos: “Créanme si les digo que en Irak hay armas de destrucción masiva…” -Aznar dixit-. 

   Pero estas elecciones también me provocan otros sentimientos, como el de tristeza. Estoy triste viendo que los estadounidenses han escogido entre lo malo y lo peor y se han quedado con esta última opción; y, aunque no me gustan los profetas y visionarios -yo no pretendo serlo- es verdad que estoy aventurando una labor de gobierno del presidente electo que ni siquiera ha comenzado. Acción de gobierno que comenzaría con una de sus más aclamadas propuestas: la supresión de la Seguridad Social; una sanidad universal que en sus ocho años de gobierno Obama trató de instaurar. Ocurre que estamos hablando de una sociedad extremadamente competitiva en todos los aspectos de la vida y que se rige por la meritocracia, esto es: el que quiera un trabajo debe luchar por él y, si además quiere estar asegurado, que ese trabajo esté bien remunerado para poder pagarse un seguro privado. Es decir, una lucha sin cuartel por superarse a sí mismo y al resto del mundo. Aunque con los antecedentes de este señor… 

   Una pesadumbre que crece cuando veo que aquellas personas a las que ha insultado y menospreciado durante la campaña electoral (latinos, inmigrantes, mujeres…) y a pesar de esto, le han votado con el único argumento, al menos que yo haya oído, de que Clinton es corrupta; ¿y Trump no lo es? Todo esto me lleva a otro estado de ánimo más grave; la ira, o la rabia, como Uds. prefieran, viendo que además la mayoría de los votantes de Trump son blancos y de la América profunda; lo que me induce a pensar que este país lo habitan muchos ignorantes, pero por falta de cultura. Circunstancia esta que motiva que USA siga siendo uno de los países más racista del mundo a pesar de haber tenido el primer presidente negro de su historia; que siga pensando que es una verdadera democracia mientras conculcan derechos y libertades y hacen caso omiso de las normas internacionales (Guantánamo, Abu Ghraib, inmigración, Cuba…); que, además y en según qué momento de la historia, apoya, cuando no financia, golpes de Estado en aquellos países que considera que tienen cierto tufillo a izquierdas. 

   Consecuentemente esta actitud de los americanos me lleva de forma inevitable a otro desagradable sentimiento: el desengaño. Cuando veo que esta sociedad es tan conservadora pienso que no tiene solución. En este sentido, hablar de los demócratas como la izquierda del país y de los republicanos como la derecha es un error. En mi humilde opinión -subjetiva, por su puesto- los demócratas vendrían a ser lo que en Europa conocemos como liberalismo o centro-derecha y los republicanos son lo que, por estos lares, llamaríamos la ultraderecha. ¿Y Trump? Está más allá de esta última. 

   Aunque creo que ya es tarde, en mi ingenuidad quisiera pensar que en este país pasará algo parecido a lo que pasó con el Brexit, que sus ciudadanos se arrepentirán, a no mucho tardar, de haber votado a este empresario sin ninguna experiencia política. Pero creo que ya “está todo el pescado vendido”; salvo que cometa una grave irregularidad o sus errores sean descomunales y puedan provocar un ‘impeachment’ muy poco probable. 

   Por lo tanto sólo nos cabe esperar para ver su acción de gobierno y en función de qué ocurrencias trabajará, supuestamente, para todos los americanos y para el resto del mundo. No olvidemos que cuando E.E.U.U. estornuda el planeta se constipa; y tenemos un caso muy reciente que todavía nos está afectando: Lehman Brothers. De momento sólo puedo volver a mi primer sentimiento: incertidumbre.

Moska

¿QUÉ LE PASA A ESPAÑA?

   En una sociedad completamente esclava de las graves circunstancias que la rodean lo que le pasa a este país es que está enfermo. Y esa enfermedad se llama turbiedad o, para ser más preciso, podredumbre.  

   Porque algo ocurre, y no precisamente alentador, cuando los dos espacios más vistos de la televisión basura son: “Mujeres y hombres y viceversa” y “Sálvame”. Si en lugar de ver esta ‘infraprogramación’ se viera “Salvados”, quizá tendríamos otra perspectiva de la realidad. Pero, ¿qué podemos esperar de un país como el nuestro que tiene los índices de lectura más bajos de la UE a pesar de ser el que más publica de toda Europa? ¿No les parece contradictorio? 

   Y esto dice muy poco del nivel cultural de nuestra sociedad, más preocupada por los móviles y las redes sociales que por cultivarse como personas con capacidad de aprender y de tener espíritu crítico. Pero, cuando vemos que la gente sigue votando al partido más corrupto de este continente, es que algo estamos haciendo mal. Cuando nos indignamos porque un árbitro de fútbol pita en contra de lo que creemos justo, pero no lo hacemos cuando vemos que un diputado en Cortes cobra más en dietas (850 €) que un trabajador el salario mínimo interprofesional (648 €) ¿qué nos pasa? ¿Estamos tan sometidos al sistema que aceptamos todo lo que nos impongan aunque nos perjudique?  

   Decía Mirbeau que ‘los corderos van al matadero sin decir ni esperar nada, sólo que no votan al matarife que los sacrificará ni al burgués que se los comerá’. ¿Es esto en lo que se ha convertido la sociedad española? Quiero pensar que llegará un día en que la ciudadanía se dará cuenta del daño tan importante que nos están infringiendo políticos, empresarios y financieros de toda ralea; que un día no muy lejano, despertaremos de nuestro letargo y nos echaremos a la calle en masa para reivindicar lo que nos corresponde y que nos están arrebatando de forma tan cruel como sibilina: nuestra dignidad como personas de pleno derecho. 

   ¿Es comprensible acaso juzgar a las personas sólo por su aspecto físico? Un magrebí con barba y sin bigote haciendo la compra, como cualquier de nosotros, según para quien, es peligroso; y esa misma persona que “ladra”semejante afirmación acto seguido sonríe y celebra el reencuentro de los ‘triunfitos’ mientras en Salvados taladran nuestra conciencia contándonos cómo miles de personas se echan al mar a diario para huir del infierno sirio. ¿Estamos locos? ¿Cuánta mierda somos capaces de aceptar para darnos cuenta de lo que es realmente importante? O ¿vamos a seguir poniéndonos una venda en los ojos por aquello de “ojos que no ven…”? 

   En uno de sus poemas más lúgubres y pesimistas -Insomnio- Dámaso Alonso escribió: ‘Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)…’; yo haría extensiva esta afirmación: España es un país de más de cuarenta y cinco millones de cadáveres (según las últimas estadísticas). El resto, hasta los cuarenta y seis millones que somos, son aquellos que dicen representarnos y velar por nuestros intereses.

Moska

A VUELTAS CON LA INTERPRETACION DE LA HISTORIA

   Aunque es un tema en exceso comentado, y manidos sus argumentos a favor y en contra, cabe recordar que en sesión parlamentaria se aprobó la Ley de Memoria Histórica, ya que España, si no me equivoco, es la única democracia europea que, después de sufrir una dictadura, hizo borrón y cuenta nueva. No así otras dictaduras como las que sufrieron portugueses, alemanes o rumanos, por citar algunas, en cuyas democracias se castigó a los instigadores y protagonistas de aquellas. En este país no; aquí se les recuerda con calles, plazas y monumentos. Sí, España es diferente, qué le vamos a hacer. 

   Y por desgracia sigue habiendo nostálgicos del régimen y tergiversadores varios que todavía interpretan aquellos años de oscurantismo, persecución y muerte a su antojo, pasándose la realidad histórica por el arco de triunfo o, en su defecto, contando medias verdades. El caso es que el otro día apareció un texto en una red social que un familiar me reenvió, a propósito de lo que “realmente” fue la dictadura de Franco. En ese documento se citan cuatro o cinco supuestos que, leídos así, sin más, sin datos ni conocimientos históricos, uno podría pensar que son ciertos. Y tanto la persona que envió ese texto como mi familiar me retaron a rebatir los argumentos allí expuestos. Yo no soy historiador y, en mi ignorancia, he preferido consultar un par de libros y hablar con un profesor de historia para poder tener una opinión más formada. 

   En primer lugar, se nos asegura que en los años 70 los alcaldes no cobraban un sueldo y los diputados percibían 10000 ptas. Si es verdad esta afirmación, es una verdad a medias; porque no les hacía falta cobrar o cobrar mucho, según los casos, dado que estas autoridades, a su vez, eran los terratenientes o caciques del lugar o pueblo al que representaban; dueños de tierras, del ganado, de las fábricas y de las minas; es decir, ya eran muy ricos. 

   La segunda cuestión que plantea el anónimo mensajero dice que “según la Real Academia de la Historia, el régimen franquista no fue una dictadura sino un régimen autoritario y, desde 1966, una democracia orgánica (sic)”. Es cierta esta afirmación; pero no nos dice quién la sella y firma: Federico Sánchez Valverde, a la sazón, biógrafo de Franco, numerario del Opus Dei y miembro de la Fundación Francisco Franco. Con semejante “objetividad”, ¿es suficiente para dar veracidad al texto? 

   En tercer lugar, nuestro interlocutor cita el número de reclusos en los 70 y lo compara con el de la actualidad. En realidad, por aquel entonces la población reclusa se acercaba a las 15000 personas, casi el doble de lo que nos cuenta, pero muy lejos de las 80000 actuales. Para explicar esta diferencia hay varios datos que, a buen seguro, resultarán clarificadores: 1) Las personas que emigraban, entre otras cosas para no acabar en la cárcel, se contaban por miles; 2) En una cantidad similar, y por desgracia, fueron muchos los que acabaron en las cunetas o condenados a penas de muerte; 3) No siempre se castigaba con la cárcel; en múltiples ocasiones se recurría a la vía pecuniaria o, directamente, a trabajos forzados; 4) Hay que tener en cuenta que en los años 70 la población española rondaba los 30-33 millones de almas; esto es, 12-15 millones de personas menos que en la actualidad; por lo tanto, a nuestro pesar, a mayor población, mayor probabilidad de delitos. 

   Nuestro nostálgico amigo también nos dice que éramos la 9ª potencia industrial; ahora somos la 7ª; y que no se pagaban impuestos. Sí se pagaban: en productos y servicios. Que no había IVA; claro, no existía. Pero sí existió un impuesto llamado ITE (Impuesto de Transacciones Empresariales) que rondaba el 5%. Asimismo, habla de un 2% de paro: lógico si tenemos en cuenta que la mayoría de la mano de obra existente trabajaba en condiciones de explotación y semiesclavitud. Y un dato en absoluto baladí: todavía no se había producido la intensa afluencia de la mujer al mercado laboral que acompañó la Transición.  

   Por último, nos recuerda que una vivienda se podía adquirir en 10 años y sin hipoteca. A diez años ningún banco, ni siquiera entonces, dejaba de hacerte una hipoteca; la diferencia con la situación actual es que entonces el futuro propietario entregaba el 25% del valor del piso en el momento de la compra y el banco le prestaba hasta un máximo del 75% del valor del mismo; (durante el “boom” inmobiliario se hicieron préstamos hipotecarios del 100 y 120%). 

   Por lo tanto, en mi opinión, lo que este texto cuenta es, simplemente, falso. Y quisiera recordar al lector que hacer tabla rasa del pasado es un error, pues cuando la sociedad olvida su historia está condenada a cometer los mismos fallos que nos condujeron al desastre franquista.

Moska