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Inspiración

La inspiración viene de

ninguna parte.

De un par de ojos coquetos;

dos lentes verdes que te miran

con apetencia

pero sólo juegan, respiran y mueren.

La inspiración viene

de unas sillas vacías en un comedor abandonado,

de un mar enorme y sin gente

, de un gato hecho polvo que sale

de su escondite.

De un templo derruido,

de un hombre derruido

La inspiración no viene

de un museo abarrotado

ni de un concierto

ni de un certamen

ni de una manifestación

ni de un discurso.

La inspiración casi nunca viene

de un libro

, del arte de otro.

Y el miedo es el gran enemigo,

pues te salva del riesgo

para arrojarte a la muerte

Santiago Herrero

 

NACIONES

Turbas de individuos más turbados

por la sinrazón chovinista

que por la sociedad y su destino

se concentran bajo la escasa sombra de

insignes trapos colorados

dispuestos a quemar los fetiches sacros

del contrario entre canciones,

tal que de esta hechicera manera

se torrasen sus ideas

ya que no nos placen.

Santiago Herrero

 

 

 

 

 

‘Tropas del espacio’, breve reseña

Guerra contra los arácnidos. Lucha planetaria a vida o muerte entre especies.

Civiles y ciudadanos, sólo los segundos sirven, y así ganan sus derechos políticos.

Creer que la libertad, o cualquier otro derecho, se tiene sin más, fue el error que llevó a las democracias del siglo XX al ocaso. Los derechos hay que ganárselos sirviendo a la comunidad, que es la única que puede darlos y garantizarlos.

Estas son las principales líneas por las que discurre la novela Tropas del espacio (1959), de Robert A. Heinlein. El libro ha sido tachado de promilitarista, y puede que sea verdad, pues claramente defiende aquello de dulce et decorum est pro patria mori. La guerra de Corea acababa de finalizar al publicarse la obra -con no muy buenos resultados para los EE.UU-, y existían una serie de iniciativas para acabar con los ensayos nucleares, algo a lo que Heinlein se oponía (puede verse explicitado en el libro que, cuando una sociedad -o raza- que ha renunciado a defender su supervivencia mediante la expansión continua se encuentra con otra que no lo ha hecho, es aniquilada). También ha sido tachado de fascista, algo no tan fácil de ver, pues el fascismo es algo más que el encomio del servicio militar voluntario en una sociedad meritocrática; y de racista, por los términos con los que los humanos se refieren a sus enemigos alienígenas, “chinches” y “huesudos”. Sí defiende la novela el castigo corporal, incluso la pena capital, para inculcar una educación moral a la población, desde niños. Veamos un ejemplo de esto:

– Verá, ellos suponían que el hombre tiene un instinto moral. – ¿Cómo, señor? Bueno, lo cierto es que sí lo tiene. ¡Yo lo tengo! – No, querida, usted tiene una conciencia cultivada, y muy cuidadosamente adiestrada. El hombre no tiene instinto moral. No nace con sentido moral. Usted no nació con él, ni yo, como no lo tiene el cachorro. Nosotros adquirimos el sentido moral, si es que lo adquirimos, mediante el adiestramiento, la experiencia y el sudor de la mente (…)

Y ahora, vamos con aquello de los derechos políticos:

– Esta relación tan personal, “el valor” -prosiguió-, tiene dos factores para un ser humano: primero, lo que puede hacer con una cosa, su uso. Y segundo, qué deben hacer para conseguirla, su costo. Hay una antigua canción que asegura que “las mejoras cosas de la vida son gratuitas”. ¡No es cierto! ¡Es totalmente falso! Esa fue la falacia trágica que produjo la decadencia y el colapso de las democracias del siglo XX. Estos nobles experimentos fallaron porque se había hecho creer a la gente que podían votar para pedir lo que querían, y conseguirlo sin esfuerzo, sin sudor, sin lágrimas.

Este es el punto interesante de la novela, la idea de que uno ejercería mejor sus derechos políticos, con mayor responsabilidad y conciencia si, personalmente, hubiese tenido que ganárselos. Ello no quiere decir que los “civiles” estén esclavizados cual ilotas espartanos, no; pueden disfrutar de los beneficios del Estado, tener negocios, hacerse ricos, pero nunca votarán, ni harán leyes, ni podrán ser elegidos para ningún cargo político. Es una idea atractiva, no carente de lógica y, por ende, potencialmente peligrosa. Desde luego, sería mucho mejor poder ganarse esos derechos de ciudadanía de maneras más constructivas que sirviendo en el ejército de la Federación Terrana, pero la idea queda ahí, ha sido sinceramente expuesta por el autor y, aún hoy, más de cincuenta años después, sigue generando inquietud y debate. Y eso es lo que define un libro digno de ser leído.

Santiago Herrero

SOLEDAD COLECTIVA

—¡Son tan simples! Piensan lo que otros quieren que piensen, lo que a ellos les conviene nomás. Desnudos de mecanismos, serían incapaces de concebir una sola idea. Nada propio. Son cristales reflejando luces. Unos pocos son sofisticados, y llegas a creer, por un momento, que entienden algo, que componen algo más que espejos. Tan sólo es la esperanza de un espíritu al que asusta la soledad.

Santiago Herrero

Una moda

Ser víctima mola.
Del sistema, del amor, del otro,
de todo aquello que en verdad
no existe.

No me jodas,
mártir.
Aquí andamos todos perdidos
entre dos nadas y
no defiendo la cabeza del tirano

ni al certero desamor
ni a tu incomprendido,
pero sobre todo,
sobre
todo
no te defiendo a ti,
ni me defiendo a mí.

Vivo,
persevero,
como Ícaro me lanzo y
estrello, mas soy
pesado como el plomo.
Con cada hostia cambio el molde
y ya estoy listo
-la cara más guapa-
para otro round,

Yo fui también víctima.
Llenito y con suaves plumas.
Necesitado
de caricias.
Ahora soy un monstruo:
escamas de lagarto,
moral de gato.

Y ando suelto.

Santiago Herrero

Chefchaouen

Canción norteafricana
de tambores e idioma-arena.
Altos cúmulos de piedra
rascan el vientre a las nubes.

La sensualidad callada grita
en dos ojos de ágata.
Leve adiós.
Amor minutero pero intenso
como lo dulce de esta tierra.

La fe no se dice, se practica,
su ciudad invoca-provoca la religión.
La nuestra, basada en el opio-materia feliz
no es mejor,
sí contagiosa, irritante; adictivo
humor de la modernidad que se extiende por contacto,
lepra que todo lo pudre y lo iguala
separándolo de su naturaleza.

Santiago Herrero

La democracia de los grandes almacenes

Lo que queda de democracia tiene que interpretarse como el derecho a elegir entre productos. Los líderes de las empresas hace tiempo explicaron su necesidad de imponer sobre la población una “filosofía de lo inútil” y de “falta de objetivos en la vida” para “concentrar la atención de los seres humanos en las cosas más superficiales en las que consiste gran parte del consumo de moda”. Abrumados por este tipo de propaganda desde la infancia, es posible que las personas lleguen a aceptar unas vidas sin sentido y subordinadas y a olvidar las ideas ridículas acerca del control sobre sus propios asuntos. Es posible que dejen su destino librado a los genios y, en el ámbito político, a las que se denominan a sí mismas “minorías inteligentes” que sirven y administran el poder.

Noam Chomsky,

‘Un mundo libre de guerra’ 

 

Como suele decirse, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Que los partidos políticos -más bien candidatos: ya no sabemos leer programas- entre los que elegimos cuando, y sólo cuando, somos convocados a las urnas, recuerden a esos productos fabricados para atraer al mayor número posible de clientes, es pura coincidencia.

Que entre los placeres de la vida se incluya comprar el último grito en telefonía móvil, acudir en masa a ése concierto o disfrutar con el conocimiento de que Angelina Jolie se arrepiente de haber dejado a Brad, es pura coincidencia.

Que nuestras inteligentes minorías sigan llevándonos en tren de alta velocidad hacia ese capitalismo que combina lo peor de la vieja mercantilización del trabajo con el Matrix financiero que anula a las democracias, es pura coincidencia.

Creemos que tenemos nuestra inteligencia, al menos; nuestro conocimiento y educación. En especial los jóvenes desposeídos de hoy (menos desposeídos que muchos, sólo que más conscientes de ello). Pero ¡ay!, querido, no somos tan listos… Se domesticó ya al ser humano, y como el perro perdió su instinto.

 

Mors certa

mors-certaVive ahora,

un parpadeo frente a la luna.

Vive,

algo de alcohol, cigarro

sexo.

No preguntes al mañana

que el morir mejora

con la edad.

Consúltale en su lengua

al bello bárbaro

y no ignores al vicio

de estar vivo.

Vive ahora

y siente del presente

los latidos, bramidos

de viento en tu ventana.

No la cierres,

que el pasado escapa y lo demás

ya entra.

Piensa.

Siente.

¡Siente!

Santiago Herrero