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AFECTOS Y DESAFECTOS

El afecto es la disposición anímica favorable que nos liga a algo o alguien que valoramos positivamente por sus cualidades. Se trata de una inclinación especialmente de amor, cariño, estima, aprecio, apego, interés, simpatía, amistad, ternura, pasión, y cualquiera de sus abundantes sinónimos. El afecto en psicología se define como un patrón de comportamiento observable, que es la expresión de los sentimientos subjetivamente percibidos. En los sentimientos interviene la inteligencia y la voluntad, y no suelen cambiar a lo largo de los años, a diferencia de lo que ocurre con las emociones y las pasiones que son más efímeras. Justo lo contrario de los afectos son los desafectos, la indiferencia, la antipatía, el odio, el rencor y cualquiera de sus sinónimos. He querido recurrir al diccionario para asegurarme de que empleo los términos correctos para lo que quiero expresar a continuación.

A través de los medios de comunicación durante las últimas semanas, por no decir años, hemos sido testigos voluntarios o involuntarios del desarrollo de procés, llegando últimamente al paroxismo, como si no hubiera otra cosa importante de la que hablar. Vaya por delante que siento un especial afecto por lo catalán, hablo esa lengua y tengo apellidos catalanes, que acepto y respeto cualquier aspiración humana, y que me parece lícito que intente llevarse a la práctica por medios razonables, siempre que dicha ambición no pretenda imponerse ni involucre a quienes no la comparten.

El Proceso soberanista de Cataluña tiene raíces muy remotas y profundas que, simplificando mucho, quizás podrían situarse en los tiempos de Carlomagno cuando su territorio, vinculado a los francos, formaba parte de la Marca Hispánica. Pasado el periodo carolingio, en el contexto de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), el desafecto que nos ocupa podría entenderse analizando la oposición del Principado de Cataluña a la Unión de Armas, una de las reformas propuestas por el conde-duque de Olivares para centralizar la economía, cuando el Imperio se descomponía y hacía falta recaudar más impuestos, que hasta entonces recaían en los castellanos. En ningún territorio, salvo en Castilla, gustó la propuesta del Conde-Duque pero en todos llegaron a acuerdos, salvo en Cataluña, donde la sublevación acabo siendo además una revuelta de empobrecidos campesinos contra la nobleza y los adinerados de las ciudades, que también fueron atacados; de hecho el himno adoptado por los segregacionistas de hoy es el Himne dels Segadors, que fueron los sublevados de entonces, y la frase más repetida en ese himno: Bon cop de falç!

A mediados del siglo XVII, cuando ocurrió la mencionada insurrección para no someterse a la corona española, el Principado acabó pactando con los franceses lo que no había querido aceptar de los españoles, es decir: sufragar el pago de un ejército y ceder parcialmente su administración a un poder extranjero, en este caso el francés. Los catalanes no tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que su situación había empeorado con Luis XIII, respecto a la que soportaban con Felipe IV. Aprovechando el descontento de la población de Cataluña y que Francia tenía entonces otros frentes prioritarios, Felipe IV mandó sus tropas a Cataluña, y finalmente el ejército francocatalán de Barcelona se rindió en 1652, reconociendo a Felipe IV como soberano y a Juan José de Austria como virrey en Cataluña.

Desde entonces hasta hoy han ocurrido muchas cosas que han acrecentado en unos los desafectos y en otros los afectos. No obstante la vida ha cambiado mucho: Cataluña ya no está controlada por Francia, ni por Castilla, ni siquiera por el rey; el Gobierno de España, que gestiona también Cataluña, tiene o ha tenido entre sus miembros a gentes de todos los territorios, incluida Cataluña; la sangre de los descendientes dels segadors, incluso la de los nobles catalanes y la de todos los que habitan hoy España, se ha mezclado con otras sangres; precisamente Cataluña incrementó considerablemente su población y su riqueza gracias a los inmigrantes que desde todas las regiones de España llegaron hasta allí en diversas oleadas; en todos los territorios de este país se sufrió la misma guerra civil y después la misma dictadura; en algunos momentos y en algunos aspectos hemos sido beneficiados unos y perjudicados otros: todos hemos tenido momentos de gloria y de fracaso; desde 1977 hasta ahora, lo que no es mucho tiempo para la Historia, parecía que estábamos tratando de aprender a convivir en paz, con reglas pactadas y normas iguales para todos. ¿A quién le darían los catalanes segregacionistas un cop de falç? ¿Cómo separar con una hoz el trigo de la paja?

La hoz no soluciona nada pero, y aunque sea mejor solución, recurrir a la ley no significa necesariamente aplicarla con toda su gravedad ni provocar la humillación de nadie, y desde luego los decretos nunca resolverán por si solos lo que necesariamente ha de pasar por muchas conversaciones, si es que algún día se deciden por la palabra. En otro tiempo todo se hubieran solucionado casando a la niña de Rajoy con el niño de Puigdemont, pero hoy esa solución ya casi no se usa.

Volviendo al pasado, en octubre de 2012, durante la campaña electoral previa a las elecciones autonómicas, Artur Mas propuso que la pregunta del referéndum fuera: ¿Usted desea que Cataluña sea un nuevo Estado de la UE? Posteriormente la formulación de la consulta fue sufriendo variaciones y al final creo que el texto decía: Voleu que Catalunya sigui un estat independent en forma de república? Cuando Mas hizo el primer enunciado, quiero entender que aún creía que la Unión Europea estaría entusiasmada de acoger a un nuevo socio llamado Cataluña o Catalunya o Catalonia, si bien a mí me cuesta admitir que a la UE pudiera interesarle la atomización de sus estados miembros. Sea como fuere, lo cierto es que en los últimos meses hemos visto con claridad que la UE no está por la labor de admitir a Cataluña como nuevo socio, y en este hecho se basa la perplejidad que motiva mi enunciado. Si el gobierno de Cataluña rechaza la bandera de España, de la que no quiere formar parte, porqué se esfuerza tanto en hacer visible junto a su propia senyera la estelada de la UE, en cuyo seno ya sabe que no va a ser admitida como estado independiente.

En fin… No tengo otra respuesta a mis preguntas que la de los afectos y los desafectos, que son los responsables de que a veces amemos a quien no nos corresponde, incluso a quien nos rechaza, y desdeñemos a quien nos aprecia y admira, prolongando viejos rencores por los siglos de los siglos. Pero, si es verdad que en los sentimientos interviene la inteligencia y la voluntad, esas son cualidades que en Cataluña abundan, aunque ahora no hagan gala de ellas sus máximos representantes; por otra parte en Madrid, los afectos no se muestran hoy en la medida adecuada y sí los desafectos. La patria que nos acoge a todos no puede funcionar a base de imposiciones y escarmientos sino que debe tender al aprecio y a la conciliación. Si los políticos centrales y autonómicos abandonan su arrogancia y estrechez de miras y logran asumir el papel de servidores de todos, dedicándose a resolver problemas y no a crearlos, quizás en esas circunstancias funcionen los afectos en ambas direcciones y podamos tener todos motivos de esperanza.

María Valeska, noviembre 2017

 

Es peligroso asomarse al interior

El sueño es el único estado en el que todos los tiempos verbales son posibles, incluso el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo, tan infrecuente en estado de vigilia, por esa razón muchos artistas utilizan lo onírico para dar rienda suelta a su imaginación. Me viene a la memoria el magnífico mural de Diego Rivera, “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, realizado en 1947 para el comedor del Hotel del Prado, y que ahora podemos contemplar en el Museo Mural Diego Rivera, de la Ciudad de México. En el inmenso panel de 74m2 el artista aprovecha los recuerdos de su niñez y juventud para plasmar no sólo su propia historia sino también la de su país, por medio de personajes reales o imaginarios de todos los tiempos. El paisaje es único, La Alameda, pero en ese reducido lugar se dan cita elementos y circunstancias diversas que sintetizan de forma espléndida lo que Rivera quería materializar.

Sin duda todos hemos soñado alguna vez con personajes que no coincidieron en el tiempo, situándolos en lugares que probablemente jamás pisaron y, aunque no seamos capaces de transmitir artísticamente nuestras propias ensoñaciones, sí que podríamos intentar encontrarles algún significado. Igual ocurre con nuestra forma de mirar el arte no figurativo. Nos hemos acostumbrado tanto a la comodidad de lo obvio, lo sencillo, que nos da cierta pereza indagar en lo oscuro, lo complicado. Por eso están siempre llenos los campos de fútbol y vacíos los museos.

En tiempos tan complicados como el que ahora vivimos, si sólo analizamos las imágenes y situaciones concretas que nos muestran los medios o si nos dejamos llevar por nuestras propias afinidades políticas, resulta fácil aventurar comentarios y posicionarse en alguno de los extremos. Es mucho más complicado repasar la historia y analizar los entresijos y los bajos fondos en los que muchos políticos se mueven con demasiada frecuencia. Para comprender lo que está sucediendo, el sentido crítico es ahora más necesario que cualquiera de los otros sentidos.

Si no tienen costumbre, éste es un ejercicio interesante que recomiendo practicar de vez en cuando. Al despertar, si conseguimos recordar lo que soñamos, en lugar de pensar que hemos alucinado o que nuestra fantasía nos ha llevado por caminos surrealistas, tratemos de averiguar qué hacía determinado personaje fuera de contexto o porqué visitamos reiteradamente lugares y tiempos infrecuentes en nuestra rutina. Y hagamos lo mismo con la realidad, con el arte, con la vida… Fijémonos en los decorados, los paisajes, los objetos, los personajes, los gestos, las situaciones, las formas, los colores… Quizás la clave para interpretar nuestros propios sueños, y también nuestras vigilias, está en los pequeños detalles. El subconsciente, la reflexión y el sentido crítico pueden mostrarnos rasgos esenciales que la realidad o que una mirada superficial no nos permiten observar. Precisamente el surrealismo lo que buscaba era resolver las contradicciones aparentes entre sueño y realidad y transformarlas en una superrealidad. Aprovechemos nuestro bagaje onírico para conocernos mejor y nuestro legado cultural y capacidad de análisis para entender mejor la realidad, pero ojo, hay que estar preparados, porque el subconsciente es muy intrépido y el vapuleo mental algo fatigoso, y a veces es peligroso asomarse al interior.

María Valeska, octubre 2017

 

La Isla de las Tormentas

Cuando se apagan las luces del verano, en los primeros días grises que anuncian el otoño, a veces aparece un promontorio azulado emergiendo del horizonte marino: —Es la Isla de las Tormentas— Me explicó mi padre hace tiempo, cuando le pregunté qué era aquello que yo observaba por primera vez. Desde entonces sé que, poco después de ver aparecer la enigmática isla, es casi seguro que lleguen rayos y truenos.

Me hubiera gustado conocer muchas respuestas sobre esa misteriosa isla pero aún no he podido hacerle las preguntas. Poco después de aquel día en la playa, unos policías llamaron al timbre de casa y se llevaron a mi asustado padre, al que no he vuelto a ver desde entonces. No vive lejos de aquí, está en casa de mis abuelos pero no puede venir a casa, y yo lo echo de menos, me gustaban las historias que me contaba, me gustaba ir con él de paseo porque a su lado me sentía segura. En casa mi madre estaba siempre enfadada, nos reñía a mis hermanos y a mí y se enfadaba también con papá. Mamá todavía sigue enfadada, tanto que no nos deja ver a papá, ni a él ni a los abuelos ni a los tíos, nos lo han prohibido porque dice mamá que él se portaba muy mal. Nosotros muchas veces también nos portamos mal, y quizás no ver a papá sea nuestro castigo y el suyo.

Hubiera querido saber dónde está la isla cuando hace buen tiempo, cómo y dónde se esconde en los días radiantes, quién vive allí, quizás estén en ella todos los que desaparecen en el mar, los marineros, los pescadores, los que llegan de lejos apretujados en balsas de goma y se caen al mar justo antes de llegar a la playa, incluso los piratas y los que naufragaron en barcos como el Titanic.

Todo esto lo he imaginado yo sola, papá nunca pudo explicarme nada, no hubo tiempo. A lo mejor es sólo una isla desierta, con palmeras, cocoteros y monos, quién sabe, tampoco sé si se puede llegar hasta ella de un modo seguro, quiero decir sin perderse en el mar. Le he preguntado a mi hermano mayor, para que buscara información, pero él dice que esa isla no existe, que no es de verdad, como muchas otras cosas que decía papá, que es sólo un espejismo. ¿Un espejismo? Tuve que buscar esa palabra en el diccionario, no conocía bien su significado, y vi que un espejismo es “un meteoro óptico que da lugar a que los objetos lejanos se vean como si se reflejaran en una superficie especular situada debajo de ellos”. No lo tengo muy claro pero puede que la isla sea el objeto lejano, aunque también podían ser las nubes que aparecen sobre agua, no lo sé. El diccionario decía también que un espejismo es una ilusión de la imaginación.

Ahora tengo un espejismo constante en mi cabeza o en mi corazón: imagino que voy otra vez por la orilla del mar, de paseo con mi padre, los dos descalzos zapatillas en mano, imagino que el día va oscureciendo porque las nubes han tapado el sol; la brisa ha empañado el cristal de las gafas de mi padre cuando a lo lejos, en la línea del horizonte marino, aparece un promontorio azulado que va adquiriendo consistencia hasta convertirse en algo muy sólido. No sé si papá lo ha visto, con sus gafas nubladas, pero está muy claro que es una isla situada donde antes sólo había agua. Se ve perfectamente que es La Isla de las Tormentas, no me hace falta preguntarlo de nuevo, la reconozco. Esta vez aprovecharé el tiempo del paseo para aclarar mis dudas y para intentar comprender lo que no entiendo. No sé si mi padre podrá responderme a todo, quizás no, pero me gustaría al menos tener ocasión de hacerle las preguntas, me gustaría mucho poder estar cerca de él, de mis abuelos y tíos, me gustaría que no los hubieran enviado a todos a un lugar todavía más remoto que la Isla de las Tormentas. Me he puesto un aviso en la agenda escolar porque no quiero que se me olvide este espejismo, a veces me cuesta ya recordar el rostro de mi padre y quiero reconocerlo cuando por fin vuelva a verlo y abrazarlo.

María Valeska, septiembre 2017

 

 

El cuaderno rojo

De vez en cuando conviene purificar nuestro entorno, desechando enseres viejos para dar cabida a los nuevos o simplemente para poner en orden y reubicar lo que constituye nuestra realidad o nuestro medio. Recientemente me he visto obligada a ello por la presencia de pintores en mi casa. Los pintores han sido el detonante pero hace ya algún tiempo que yo notaba cierta inquietud por poner en orden mi universo y por hacer limpieza a fondo de todos las esquinas y rincones de mi hogar. Mover cada mueble y cada pieza de la casa plantea la posibilidad de redistribuir los elementos de forma distinta, de manera que lo mismo puede parecer diferente ubicado en otro ángulo y rodeado de otras cosas, pero la perspectiva de sacar a la luz lo que lleva años escondido es un ejercicio que recomiendo porque remueve sentimientos que creíamos olvidados o al menos dormidos.

En esta tarea agotadora de ir quitando y volviendo a poner lo que les molestaba a los pintores, justo en los días más calurosos del año, han salido a la luz muchas cosas de las que me he deshecho y otras de las que no me separaré, aunque sólo sea para llevarme otra vez la alegría de volverlas a descubrir. Además de muchos escritos que ahora sonaban a muy remotos, uno de esos objetos preciosos con los que me he reencontrado ha sido un cuaderno rojo del tamaño de una agenda de bolsillo, término que entenderán los lectores de cierta edad, con las tapas de piel flexible y las hojas cuadriculadas repletas de notas y de poemas. Suelo escribir en mis viajes cuadernos de bitácora y ese cuadernillo es de los años setenta, cuando aún no existían los Erasmus pero algunos estudiantes intrépidos, en vacaciones de verano, nos aventurábamos a viajar por una Europa en la que todavía resonaban las consignas de mayo del 68. Era en verano del 72 cuando cuatro amigas y yo nos fuimos en autoestop a Ginebra y allí pasamos varios meses haciendo trabajillos precarios que nos ayudaban a sobrevivir, a viajar y sobre todo a descubrir otro mundo y otra gente. Además de mis notas, el cuaderno tiene algunas páginas escritas en italiano por un buen amigo de entonces al que jamás he vuelto a ver. Lo que él escribió para mí en esas hojas son poemas, alguno de ellos tan hermoso que al leerlo de nuevo me he emocionado y he decidido compartirlo con vosotros, sin pedirle permiso a su autor que nunca sabrá que todavía lo recuerdo con todo mi cariño. Creo que no es necesaria la traducción de Mariposa moribunda.

Morenti Farfalla

Posa su un fiore

La farfalla che muore

La coglierá il vento

Con le sue ali giganti

E spargerá il suo seme

A fecondare aridi campi

I suoi colori nevicheranno

Sulle case e le strade

Tingeranno le faccé dei bimbi

Urleranno la loro rabbia

Al deserto di voci che li respinge

Salvatore D’Onofrio. Chamonix 15-7-1972

Maria Valeska

Elogio de la sombra

陰翳礼讃

Cuando estamos acostumbrados a atardeceres hermosos, en invierno a veces se nos escapan puestas de sol sublimes que han transcurrido solitarias detrás de nuestros balcones y ventanas, por no hablar de los amaneceres, los otoños o las primaveras. La costumbre tiene ventajas y facilita muchos asuntos cotidianos pero suele ser mala aliada para otras cuestiones que, además de satisfacer necesidades, entrañan deleite.

Independientemente de lo que diga el calendario, el verano ha vuelto y no hay motivo para seguir recluidos, por lo que yo he retomado una de mis rutinas veraniegas. Sí, ciertamente ésta es también una costumbre, pero algo hace de ella algo extraordinario. En mis paseos vespertinos por la playa, ayer mismo observé atentamente mi sombra que ondeaba sobre el agua, mientras chapoteaba jugando a espantar gaviotas posadas sobre la arena, por esa obsesión mía de alejar de mí lo que ellas representan. Bordeando encajes de espuma, mi sombra me escoltaba, como lo hacían las siluetas de las dunas, muchos veleros, algunas lanchas y varios barcos de gran tonelaje recostados en la línea del horizonte. Me acompañaban también varios kitesurfistas que, ya sin sus trajes de neopreno, patinaban sobre el agua o hacían piruetas sin soltar sus coloridas alas. Todos esos objetos, naturaleza y personas, componían un magnífico pasatiempo, aderezado de brisa y olor marino pero, a pesar de los estímulos, yo me concentré especialmente en la silueta de mi sombra que se alargaba, a medida que el sol iba declinando. Y mi sombra, con las sombras de las cometas que se movían veloces y las rizadas líneas oscuras de los médanos, recortados sobre la arena, se convirtieron en los protagonistas del espectáculo. Me parece que el encanto de ese peculiar panorama era debido a la armonía de los contrarios, no sé si a la que se refería Heráclito pero sí de la que habla el escritor japonés Junichiro Tanizaki.

Como afirma el nipón en su manifiesto sobre la estética japonesa, “El elogio de la sombra”, escrito en 1933 y publicado en español en 1994 por la editorial Siruela, los occidentales siempre hemos vinculado la belleza a la luz, a lo brillante, a lo blanco, y por el contrario denostamos lo oscuro y la penumbra. Sin embargo para los japoneses la sombra no tiene connotaciones negativas sino que se la considera como parte de la belleza, hasta tal punto que en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra. Según el autor, esa diferencia de gustos entre orientales y occidentales se debe a que los orientales se adaptan bien a los límites impuestos, por lo tanto no sienten repulsión hacia lo oscuro y lo aceptan como a algo inevitable. En cambio los occidentales, siempre al acecho del progreso, persiguen condiciones mejores, en cierto modo buscan siempre más claridad, hasta acabar con el menor resquicio, con el último refugio de la sombra.

Como fruto de mis observaciones playeras, y también como amante de las artes plásticas, en cuestiones de estética quiero reivindicar la penumbra como lo hace el japonés, porque creo que la sombra es a la luz lo que los silencios a la música, sería inconcebible una melodía sin silencios, como lo es una imagen sin sombras. Como dice Tanizaki, yo proclamo: En lo que a mí respecta, me gustaría resucitar ese universo de sombra que estamos disipando.

María Valeska

Primavera, musical y viajera

Los mejores viajes se inician siempre en un sueño, germinan a partir de un poderoso deseo por formar parte de un lugar, un paisaje, una ciudad que hemos descubierto a través de imágenes o que evocamos pronunciando un nombre que suena legendario, un sustantivo que como el abracadabra de la fórmula mágica nos permite entrar en espacios remotos. Cualquiera que se haya imaginado alguna vez contemplando en directo una puesta de sol, a la sombra de las pirámides en la meseta de Guiza, o quien se haya encandilado al escuchar el nombre de Samarcanda, sabrá a lo que me refiero. Pero no siempre es preciso haber imaginado un lugar concreto, ni tampoco es necesario trasladarse muy lejos para hallarse en un lugar mágico, porque a veces la vida nos sorprende a la vuelta de la esquina; y si no, que se lo pregunten a quienes se encontraban el pasado sábado 26 de abril, a las 12 de un soleado mediodía, en la Plaza Redonda de Valencia, a esa hora abarrotada de paseantes locales y foráneos. Con motivo del día de la ópera, que se celebra el 11 de mayo, VERSIÓN DIGITAL organizó el pasado sábado 26 de abril una Flash Mob, sobre el tema Va Pensiero de la ópera Nabucco. Colaboraron también Shopping Valencia Centre, Comercios Centro Valencia y los coros: Grup Vocal Fent Ressò, Cor del Centre Artístic Musical de Betera y Cor Polifònic de Benaguasil. Para quien visitara ese día por primera vez la también llamada Plaça del Clot, el impacto debió ser extraordinario, y no menos sorprendente para los que estaban haciendo sus compras. Yo no estaba allí pero pude verlo en https://www.youtube.com/watch?v=byZE0NYBDZM

El junio del año pasado les anuncié con retraso un acontecimiento musical que a mí particularmente me emociona cada año, no sólo porque se celebra en mi pueblo sino por la exquisitez del mismo. Me refiero al que se llamaba “Música en espais menuts” y que en esta V edición se llama “V Festival de música de Cambra” de Polinyà de Xúquer, cuyo programa esta vez puedo adjuntar a tiempo para que no se lo pierdan. A modo de aperitivo les incluyo también un enlace que he encontrado en la red de las dos últimas intérpretes que aparecen en el programa en una actuación conjunta https://www.youtube.com/watch?v=Mu0Mc-2rK18.

Y por último, hay un tercer acontecimiento que no quiero dejar pasar por alto, ya que supone la despedida de los escenarios de Raimon, nuestro cantautor más genial. A lo largo del mes de mayo hay programados una serie de conciertos en el Palau de la Música de Barcelona. Sería un verdadero lujo poder escucharle en vivo cantar aquello que tanto nos suena de:

Al meu país la pluja no sap ploure:

o plou poc o plou massa;

si plou poc és la sequera,

si plou massa és la catàstrofe.

Qui portarà la pluja a escola?

Qui li dirà com s’ha de ploure?

Al meu país la pluja no sap ploure.

En cualquier caso, vaya o no vaya a despedirme de Raimon a Barcelona, quiero agradecerle desde aquí tantos años y tantas canciones espléndidas y porque en vivo o en disco: Entre la nota i el so, amb la paraula cantada, el gruix de tot el teu viure mos dones cada vegada. Gràcies, Raimon.

Maria Valeska

Mis contradicciones

Ante la hoja en blanco de mi artículo de abril, intento poner orden al caos de ideas que pujan por imponerse en negro sobre blanco. Son muchos los estímulos que un mes hermoso podría proporcionar, muchas las posibilidades que la próxima Pascua nos ofrece, en especial a los que vivimos en esta zona de confort, pero son también demasiados los terribles sucesos que proyecta la actualidad como para pasar por alto los recientes  acontecimientos de Siria, los ataques con armas químicas en el pueblo de Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, al norte del país, las crueles imágenes de las víctimas, y por otra parte la respuesta de Trump, que unilateralmente ha decidido abrir fuego contra las tropas de Bachar el Asad, lanzando misiles sobre la base aérea de Shayrat, en la asolada ciudad de Homs. O cómo no mencionar el muy reciente atentado en Estocolmo, donde un camión se ha abalanzado sobre los transeúntes, matando al menos a cuatro de ellos y dejando heridas a muchas más personas. Es obvio que no se precisan bombas ni armas para matar, solo hace falta querer hacerlo. Ciertamente ya nadie estamos seguros en ninguna ciudad del mundo, aunque sin lugar a dudas los riesgos se potencian sobremanera en determinadas zonas de Oriente Medio. Y en este ir y venir geográfico desde ciudades cálidas, situadas en el epicentro de conflictos bélicos, a ciudades frías y tradicionalmente pacíficas, mis dedos van dibujando las palabras que les dicta mi pensamiento. Pero debo ser contradictoria y mi mente muy caprichosa, porque sobre todos estos hechos sombríos una imagen, la de Victoria, se impone a las demás, seguramente porque la he visto esta tarde cuando volvía a casa.

Victoria es una mujer rumana cuya edad no podría precisar, una señora morena, muy repeinada con el cabello atado en una cola, de ojos oscuros y mirada melancólica, que desde hace años ocupa una esquina transitada, intentando que el sonido de su acordeón se imponga sobre el bullicio del tráfico. Se sienta sobre una banqueta plegable, a veces lleva un perro con ella, no siempre, pero invariablemente hay a su lado un carrito de la compra y delante suele haber una caja de cartón en la que la gente echa sus monedas. Sé pocas cosas de su vida, y ella todavía sabe menos de mí, pero siempre que la veo nos dedicamos como mínimo una sonrisa y nos deseamos salud, mucha salud. Ella habla ahora un castellano correcto que ha ido perfeccionando con el tiempo, porque lleva ya muchos años aquí. Hoy estaba contenta porque hace una temperatura ideal, y para ella la meteorología es decisiva. Al despedirnos le dije que quizás estuviéramos unos días sin vernos porque viajaré estas vacaciones de Pascua. Y ella me deseo buen viaje y que disfrutase mucho de todo, mientras yo me alejaba y pensaba en lo cruel que podía ser para ella el comparar su vida con la mía, en lo injusto que es nacer en una u otra parte del planeta, en la arbitrariedad que supone caer en una u otra familia, en un tiempo o en otro tiempo… Y mientras yo pensaba en todo eso aún resonaban en mis oídos sus últimas palabras: salud, mucha salud.

Hoy tenía previsto preparar el equipaje, pero una especie de vergüenza me lo impide. No es que vaya a cancelar mis vacaciones como protesta por las injusticias del mundo, ni tampoco le llevaré el importe del viaje a Victoria para que tenga al menos garantizada la supervivencia durante los días de lluvia. No haré nada de eso, pero la maleta la dejaré para mañana.

Desconozco cómo ocupa Victoria su tiempo, fuera del horario musical, sé que vive en una habitación realquilada cerca de su esquina y de mi casa, y sé también que no está sola, tiene al menos a su marido; no sé si él trabaja, si también es músico… pero, por la forma en que ella habla de él, creo que se aman. Salud, Victoria, mucha salud.   

Mis contradicciones de Eloisa BlancoMaría Valeska

 

Salvad al planeta “f”

Me fascinan los hallazgos astronómicos pero, sin duda por mi enorme carencia en la materia, cada vez que anuncian un nuevo descubrimiento, para asimilar  su trascendencia, me veo obligada a desentrañar su significado, previa traducción de la noticia a un lenguaje menos críptico. El buscador Google y la mayoría de periódicos del mundo se hacían eco el pasado 23 de febrero de un artículo publicado por el semanario británico Natur, en su Volumen 542 Número 7642 pp392-512, cuyo contenido está online a disposición de todos de forma gratuita. El reportaje, firmado por la periodista científica Alexandra Witze, fechado el día 22-2-2017, informaba en un discurso muy asequible sobre el descubrimiento de siete nuevos planetas situados en la órbita Trappist-1, que no es otra cosa que una enana roja ultra-fría, que se halla a 39,13 años luz de la Tierra, una estrella por otra parte irrelevante hasta que se han descubierto sus mundos. Los planetas no son visibles desde la enorme distancia que nos separa sino solo por las sombras proyectadas sobre su estrella, por lo que las imágenes que acompañan el artículo son recreaciones dibujadas a partir de la descripción de los científicos y la imaginación de los ilustradores.

No es la primera vez que los astrónomos descubren otros sistemas planetarios, pero éste es el primero en tener varios mundos de entre 0,4 y 1,4 veces la masa de la Tierra. Todos ellos orbitan a la distancia correcta para que exista la posibilidad de tener agua líquida en algún lugar de sus superficies, pero de los siete nuevos planetas el denominado “f” al parecer es el más semejante a La Tierra, o al menos es el que está situado en la mejor posición para albergar vida. Entre las conclusiones del artículo dice textualmente:

“Esta es una piedra de Rosetta con siete idiomas diferentes, siete planetas diferentes que nos pueden proporcionar perspectivas completamente diferentes sobre la formación de planetas”, agrega el miembro del equipo Julien de Wit, un científico de datos en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), en Cambridge.

Incluso justificando el dineral que cuestan los estudios astrofísicos para descubrir otros mundos habitables, aun con toda la esperanza de llegar entender mejor nuestro mundo, si alguna vez la tecnología permitiese a los humanos viajar hasta órbita de Trappist-1 en un tiempo razonable, yo me hago la siguiente pregunta: cuánto tiempo tardarían nuestros descendientes terráqueos en demoler el planeta “f”.

María Valeska

Arpas eólicas en El Carme

El arpa eólica es un instrumento musical, un extraño artilugio al que hace sonar el viento. Se llama así por Éolo, hijo de Hípotes, a quien Zeus le había dado el poder de controlar los vientos, según la Odisea. Las hay de diversos tipos, y no todas estarían dentro del grupo de los instrumentos de cuerdas percutidas, pero la mayoría de estos raros mecanismos consisten en un conjunto de alambres montados en una caja de resonancia o bien a modo de arpa. El viento sopla a través de los cables, lo que hace que resuene con el cuerpo del arpa, y su tono e intensidad cambia según la fuerza del aire, creando un sonido suave y armónico, a menudo definido como etéreo. Otras en cambio podrían considerarse como instrumentos de viento y están formadas por tubos huecos de diverso calibre, longitud y orientación, para que el aire se deslice por ellos provocando sonidos, como ocurre a veces con las ventanas mal cerradas por cuyas ranuras silba el aire en los días ventosos.

Aunque descritas en tiempos remotos, las arpas eólicas fueron muy populares durante el Romanticismo y se instalaron en casas y también en espacios exteriores, como parques y jardines. Hay también numerosas referencias poéticas y musicales del arpa eólica: un poema de Samuel Taylor Coleridge, la dedicatoria de la primera parte del Fausto de Goethe, el Estudio No. 1, Op. 25, de Fredéric Chopin, Brahms también compuso una lied con un arpa eólica como protagonista, el cuarto movimiento de la obra Lélio, (Op. 14b) de Berlioz, se titula “La Harpe éolienne” o la “Aeolian Harp”  de Henry Cowell…

En la actualidad se siguen construyendo estos mecanismos y algunos están hechos en forma de esculturas sonoras monumentales, de metal y de otros materiales, ubicadas en tejados, en cimas ventiladas, en acantilados, etc. Pero lo último que yo he podido contemplar, y que me atrevería a clasificar dentro de este grupo de instrumentos, son las instalaciones sonoras del valenciano José Antonio Orts, que están actualmente expuestas en el Centre del Carme y permanecerán allí hasta el 23 de abril próximo, en la exposición denominada Premeditated Discourses, que muestra obras de la Collection Fundación Caja Mediterráneo.

Las instalaciones de Orts llevan por título “Doble sexteto” y “Espiral en La Menor”. Ambas integran diversos ingenios electrónicos entre los que hay que deambular para estimular sus sonidos, pero en este caso no es el viento el que  las activa sino la luz y la sombra, son realmente esculturas sonoras fotosensibles que exigen el movimiento del espectador, de manera que cada uno puede imponerles su propio ritmo y melodía, lo que provoca un verdadero deleite.

Las vanguardias suelen ser transgresoras pero, para investigar nuevos conceptos, cada generación de creadores atesora el bagaje artístico de los siglos que le preceden. Algunas personas dicen no entender el arte contemporáneo, incluso hay quien se atreve a calificarlo como una tomadura de pelo. Suelen ser personas que pretenden contemplar el arte con la misma mirada que dedican a un cartel publicitario, y de ese modo, sin dedicarle tiempo ni hacer el esfuerzo necesario, es difícil asimilar determinados lenguajes complejos. Si observamos el arte con la mirada oportuna y, partiendo de nuestro propio bagaje, intentamos descubrir los guiños que el artista nos hace desde su composición, es muy probable que encontremos muchas obras contemporáneas que nos emocionen y nos conmuevan.

María Valeska

LEGADO SENTIMENTAL

legado_ilustracion_eloA lo largo de nuestra vida atesoramos cantidad de cosas entrañables, objetos que apreciamos y que no son en absoluto necesarios, pero de los que nos cuesta mucho desprendernos. En cierta medida cada uno de estos bártulos, los tengamos o no expuestos, traen a nuestra memoria un recuerdo, una persona, un lugar, un paisaje, una música, un momento especial, aromas y sonidos, colores y olores que evocamos al tropezar con cada uno de ellos.

 Cuando nos trasladamos de domicilio, cuando vienen los pintores a casa, en las sucesivas limpiezas que realizamos, o simplemente en esos días en los que imaginamos que tenemos demasiados apegos y nos creemos que, poniendo orden a nuestro entorno, asearemos también nuestra mente, siempre se salvan de la depuración una serie de cachivaches que consideramos demasiado valiosos como para separarnos de ellos. Pueden ser piezas de todo tipo, procedentes de ajuares propios y ajenos: ropa, utensilios domésticos o decorativos, cacharros y enseres que compramos o recibimos como regalo, que jamás usamos o que empleamos sólo una vez, joyas y orfebrería que nunca nos pondremos, el traje de novia, el de fallera o el de la comunión de los niños, piedras y conchas originales que encontramos en lugares remotos que visitamos hace años, colecciones completas de revistas y cómics que en otro tiempo leímos con avidez pero que jamás repasaremos, libros y folletos de viajes tan desfasados que más que información turística nos darían lecciones de Historia, y un largo etcétera que en cada persona puede ser abrumadoramente diverso.

 Por lo que veo en mi entorno, sé que ésta es una flaqueza frecuente en este mundo nuestro de opulencia y, según he podido observar, a todos nos aflige pensar qué será de todo este patrimonio íntimo cuando nosotros faltemos. Una buena solución podría ser que nos fuéramos desprendiendo de estas pertenencias poco a poco, entregándolas para mercadillos solidarios o regalándolas a personas que sabemos que los aprecian. Cuántas veces hemos oído decir a una buena amiga  ̶ Me encanta esa chaqueta negra de cuero que no te pones nunca ̶  O a otro amigo  ̶ Esa caracola que tienes en el baño te la tengo que robar un día de estos ̶   Pero, como he dicho antes, nos cuesta desprendernos de ellos y, aunque alguna vez nos mostremos complacientes, no siempre atendemos sus deseos.

Para evitar que en mi ausencia definitiva todo este delicado patrimonio sea indiscriminadamente depurado, estoy pensando en hacer lo que voy a llamar mi testamento sentimental, y sugiero a mis lectores con apegos similares que hagan lo propio. Tengo bastante claro el destino de determinados objetos, porque conozco el deseo de algunos pero, para completar mi inventario, sugiero a mis amigos y parientes que vayan indicando sus preferencias de manera que nadie se quede sin heredar la bagatela que ambicione.

Esta decisión, y la sugerencia que la acompaña, deben tener por objeto no solo nuestra propia tranquilidad emocional sino también el deseo de dar cierta satisfacción a nuestros allegados, en consecuencia: mi consejo no va dirigido en absoluto a quienes tengan el síndrome de Diógenes en ninguno de sus grados, ¡faltaría más!