Un par de poemas cortos

NOCAUT

Aunque el mundo

se me cae fuera del mundo,

cada cual continúa en su silla.

Y siento penetrar en mi pecho

el frío suelo de este ring.

 

NIÑOS  MAYORES

A mis padres, a todos los enfermos

                                    de Alzheimer y a sus cuidadores

Por el cielo menos azul del día

atraviesan, como si fueran pájaros,

las horas añoradas de la infancia.

Y entonces –en el mismo firmamento–,

de esa luz indeleble del pasado,

nace un ocaso nuevo que distingue

miradas de niño en ojos ancianos.

 

                                                Ángel Gálvez

ESTA YA LA HE VISTO: INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE

Dirigida por Roland Emmerich e interpretada por Jeff Goldblum, Liam Hemsworth, Bill Pullman y Maika Monroe, esta segunda entrega de Independence Day, 20 años después de la primera, intentará llenar los cines en este bochornoso verano.

Parece que todo este tiempo no ha sido suficiente para que sus guionistas nos hagan olvidar la primera entrega. Recupera un buen número de los personajes de Independence Day (1996) e incorpora alguna idea nueva, la apropiación terráquea de tecnología alienígena, o el Señor de la Guerra africano, pero da la impresión de haber sido rodada con urgencia y marcada por la recaudación en taquilla.

 

Según el director ha incluido un mensaje en la película: la nave alienígena es más grande que China y se está comiendo Europa como referencia al hecho de que EEUU ha vendido su déficit a China y en el 2025 la economía mundial se colapsará. (¿?).

A su favor hay que decir que la película hace posible el milagro de la desconexión total. Dos horas de diversión que consigue olvidarse de todo por un rato.

Lejos estamos de la huella que dejó la original y además son tantos los personajes y las historietas que al final en realidad no nos importan mucho solo vemos estas películas por las explosiones, aunque en esta segunda entrega se libra La Casa Blanca y destroza la ciudad de Londres, ¿Casualidad?

Recordad que ir al cine siempre es una buena opción de ocio.

EN OLOR DE SANTIDAD

         Las noches de mi barrio desprendían enfurecidos olores a hoguera con ese hedor tragicómico de las nubes chamuscadas. Entre aquellos aromas celestiales y aquellos colores gris marengo que adornaban las calles, vivíamos lo que se consideraba en el momento de finales de los sesenta “gentes de bien”: seres humanos bautizados con el milenario estigma de “Tú a lo tuyo que es trabajar”.

         Para animar los tediosos días que Manuel Aznar y Federico Gallo proponían en radiotelevisión, junto a esporádicas y espeluznantes apariciones nocturnas de José María Pemán, estaban los relatos de curiosos personajes de los que escuchaba sus andanzas por boca de mis mayores, que a su vez las habían escuchado de otras y así sucesivamente hasta llegar a convertirse en la pulida épica que voy a relatar. Perdonad pues los adjetivos y los adornos con los que entonces sus palabras, después el recuerdo y ahora mis dedos contribuyen a dar tono a este relato.

         Su nombre, Teócrito Maluenda *; su profesión, ministro de la iglesia (ahora católica, en su momento iglesia con mayúscula); su pasión, el alcohol en toda su magnitud y variado alambique. Desmedido como estaba en su afán libador, no recién acabada su diaria siesta reponedora de abusos en la comida la propia casera le conminaba a salir de casa sabedora de que las consecuencias de la abstinencia sindrómica pudieran recaer sobre su persona. Y en efecto, a eso de las seis de la tarde salía del hogar pulcramente aseado, con su traje de faena, recién rasuradas unas mejillas que dejaban entrever las venas amoratadas impresas en sus pómulos y un turbador vaho de Varón Dandy escaleras abajo.

         Con anterioridad a que los bancos ocupasen las esquinas para más tarde cederlas a manos orientales o turcas, esos cantones eran ocupados por tabernas que exhibían rótulos de Snack Bar. Hete aquí que en uno de ellos, imperturbable, hacía guardia perpetua mosén Teócrito, despojado de su sotana en el lavabo para ubicarla prolijamente plegada en el altillo del perchero y acodarse posteriormente en uno de esos rincones de perspectiva perfecta que otorga la experiencia de la asiduidad. Indefectiblemente comenzaba con los licores pasando a las cervezas, y como buen bebedor por horas seguía con recios vinos para cerrar el círculo de su particular viacrucis nuevamente con los licores primarios.

         Varias veces hubo de desalojarlo el propietario con amables palabras a eso de la medianoche y no siempre respondía a la cordialidad, bien al contrario, con airados reproches y la sotana bajo el brazo llegaba a casa como podía entre murmullos beodos.  La noche de autos en que se relata esta historia su gaznate insatisfecho demandaba urgente una nueva ronda de oportunidades tras ser afablemente despachado por causa de rigor horario. En ese brete tuvo a bien continuar su particular maratón en un club de alterne regentado por la Chata**, localizado en la misma acera y que constituía a esa hora y en ese lugar la única reserva capaz de saciar tanto ansiedades como enervaduras.

         Tras las cortinas de terciopelo tres meretrices cenaban unas albóndigas estupendas que había preparado la jefa (el título de madame le venía ancho de sisa) la ya lejana mañana anterior, raciones que ocultaron prestamente en el mostrador para preguntar con forzada sonrisa: “¿Qué le pongo, padre?”. Aquel exceso de confianza en el trato, delator de su condición, agrió los humores que por sus venas deambulaban mermando tenazmente sus neuronas.

         -Una copa de Veterano -masculló imperceptible con la mirada vidriosa fija en el escote y ese tipo de faltas de ortografía oral que hacíanle confundir las ces por las jotas, las tes por las ces.

         Ya no un sexto, sino un decimosexto sentido le barruntó a Tamara que aquello bien no podía acabar. Y en efecto, cuando el reverendo Teócrito insistió en repartir aquella olla de albóndigas “Para hacer cuerpo” -arguyó- y al no conformarse con las dos de cortesía que una muchacha palentina le ofreció, atracóse hasta rebanar con pan el fondo de la cazuela y soplarse la tercera copa cayendo de bruces en el baldosado ajedrezado expirando súbitamente no sin antes arrojar una sonora blasfemia. El alboroto de aquellas mujeres no se hizo esperar. Corrían de un lado para otro hasta que la Chata comprendió que aquel cadáver no era sino una fuente inagotable de problemas y por tanto era conveniente avisar a la policía pues nadie, y ellas menos aún, puede escapar a los inescrutables designios del Señor.

         Tardó la bofia en presentarse alrededor de tres cuartos de hora, minutos en los que Tamara hízose fuerte atrancando la puerta e impidiendo con su acción la huida de aquellas abnegadas servidoras del amor.

         -” Ponme un pacharán”, bramó el comisario recién desatascada la puerta para añadir con sabia perspicacia dirigida al subalterno: “Llame, Gutiérrez, al dueño del bar de al lado”, enérgicas órdenes que le valieron saltarse el abono de la consumición. Eran las dos de la mañana pero no por ello óbice para desatender el reclamo de la fuerza de orden público, ese timbrazo seco y penetrante que, ayer y hoy, como un rayo parte en astillas cualquier arrebato de valor resistente. Sin apenas lavarse la cara, el propietario del establecimiento personóse temeroso para ser conminado ipso facto a la ayuda de uno de los cuerpos (el policíal) en la tarea de arrastre del otro (el del difunto reverendo) hasta su propio negocio, mucho menos conspicuo, con el fin de dejar el honor eclesiástico inmaculado y atribuir el óbito a circunstancias del fatal destino, como así lo atestiguaron el forense en su jamás analizado informe y el periódico local la mañana siguiente titulando: “Fulminante e inesperado fallecimiento de sacerdote a la entrada de una cafetería”. Aquí paz y después gloria.

         Teodora Gallizo, casera del difunto, lloró desconsoladamente tan sensible pérdida, en parte por aquello de que el roce genera cariño, en parte por la ausencia de testamento del finado. Afligida, fue la encargada de afeitarlo, lavarlo y hasta vestirlo con sus mejores tiaras, avisar a la que luego se demostró inexistente familia y preparar el anís y las pastas con que aliviar el luto riguroso con que la plantilla habitual de beatas impregnó la morada. En esas horas de lamento y rosario, de comentarios sobre el devenir de los tiempos, de la ineficacia juvenil, de la marcha de la liga y de la climatología habitual del terreno, sucedió lo que estaba escrito: Don Teócrito Maluenda, desde la habitación contigua a las tertulias anisadas tuvo a bien resucitar, alzarse del ataúd no sin esfuerzo y alegando una curiosa tradición familiar advertir al duelo de su capacidad cataléptica y mostrarse más vivo que nunca. Pidió un moscatel, una muda limpia, un albornoz, un cigarrillo mentolado y las zapatillas de andar por casa, exigió urgente un alka-seltzer aliviador del mal cuerpo (que otro se tomó) y con los santos óleos de emergencia custodiados en el primer estante del armario ofició una misa domiciliaria, no de difuntos, sino de Resurección. Algo que Teodora contempló plena de gozo viendo cómo su panorama cambiaba ostensiblemente de tiempo, lugar y economía.

         La archidiócesis simuló no enterarse del verdadero acaecer de los hechos y tuvo a bien, pese a todo, cambiar de parroquia a Maluenda enviándolo a una localidad menor de la provincia y donde tuvo la oportunidad de sacralizar con su intervención lo que camino llevaba de ser una herejía. Pero eso ya es otra historia que los fieles lectores de esta revista conocen sobradamente. 

(*) (**) Véanse los números de El Inconformista 50 y 47 respectivamente.   

Ramón Díez

La susurradora irresistible. Importa.

¿Cuándo perdimos la perspectiva de lo importante, cuándo empezamos a tomar como referencia tan solo el dinero? Mucha gente se asombra, se crispa, se rasga las vestiduras por el último resultado electoral. La adquisición de un nuevo rasero de medir, en el que el sistema capitalista ocupa todas las esferas de la vida, ha provocado muchas cosas.

El dinero es muy influenciable por el miedo. Y el miedo lleva a que la gente se repliegue, se ampare en la tradición de lo seguro, aunque lo seguro le esté matando de hambre. Un ejemplo: condicionados por información malintencionada de que un cambio de gobierno acabará con las pensiones, un número elevado de ancianos se ha volcado a votar al PP. Lo que no saben es que precisamente ese partido ha ido vaciando el fondo destinado a garantizar el pago de las pensiones de la Seguridad Social para financiar otros agujeros. Otro ejemplo: en cuanto comenzaron los recortes, la gente dejó de consumir y el sistema se hundió todavía más.

La susurradora medita sobre estas cosas, preocupada por el próximo gobierno (o no) que nos llega. Sabiendo que nuestra sociedad está encadenada por las decisiones económicas de los más grandes, muchos se dirán que da igual votar a unos o a otros, o no votar. Al fin y al cabo, todas las acciones del nuevo gobierno estarán constreñidas por esas normas impuestas desde la cúpula mundial.

La susurradora responde al viento: sí importa. Importa el destino del poco o mucho dinero que nos dejen utilizar; importa reforzar la educación, no los bancos; importa asegurar la sanidad, no las grandes fortunas; importa atender a los dependientes, importa mejorar los servicios públicos, importa proteger los derechos fundamentales, importa garantizar una vida digna, importa evitar el enriquecimiento injusto, importa asegurar que el dinero de todos vaya dirigido a solucionar necesidades comunes y no a engrosar cuentas en paraísos fiscales.

El dinero cuenta, pero los ideales, más. Son los que lo mueven.

Sin disculpa (Valencia)

ORWELL COMO PARADIGMA CONTRA EL ABUSO DE PODER

Distopía: del griego dys (malo) y topos (lugar); término que plantea las contradicciones del discurso ideológico y que, llevadas a sus últimas consecuencias, pueden derivar en regímenes totalitarios que reprimen al individuo y coartan sus libertades.

En la tradición literaria reciente existe una trilogía distópica que refleja perfectamente la anterior definición: Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. En todas ellas se nos advierte del peligro que supone “vivir en el mejor de los mundos posibles”, como dijo Leibniz. También el cómic y sus adaptaciones cinematográficas nos previenen de lo que supondría una sociedad absolutamente controlada por un poder totalitario. Así nos lo explica la película V de Vendetta -aunque su protagonista utilice métodos poco convencionales y menos democráticos- en la que un dirigente controla, o eso pretende, todos los entresijos del gobierno, de la sociedad y de sus ciudadanos.

Pero si hay alguien al que podamos considerar como el padre, el precursor de este tipo de literatura antiutópica ese es Orwell. En su conocida 1984 (publicada, no lo olvidemos, en 1949) nos vaticinaba una realidad abyecta, una sociedad terrorífica, y aterrada a la par, controlada por un Hermano Mayor o Gran Hermano, que vigilaba todos los movimientos y hasta los pensamientos de sus ciudadanos y reprimía con dureza a aquellos que pretendían salirse del rebaño. De hecho el término “orwelliano” se usa precisamente para definir aquellos gobiernos, generalmente fallidos, y aquellas sociedades, generalmente alienadas, que pretenden controlar, los unos, y son controladas, las otras, incluso con la violencia. Es el caso de Corea del Norte, Venezuela o Arabia Saudí, entre otras.

Por desgracia aquel vaticinio orwelliano ha sobrevivido a su autor y ha llegado a nuestro día a día en el que todos los ciudadanos, en mayor o menor medida, estamos siendo observados, vigilados, por más que creamos ingenuamente vivir en una sociedad libre y democrática. Y esta condición de controlados nos la inducen por cualquier medio: redes sociales, medios de comunicación, economía… Ignoro quién, cómo y porqué pretende observar todos nuestros movimientos (y aquí incluyo a la ciudadanía, pero también a sus instituciones públicas y privadas y a quienes las componen). ¿Pretenden desestabilizar gobiernos?, ¿tal vez enardecer a una sociedad contra sus dirigentes políticos de cualquier ideología?, ¿o simplemente tomar el control de la situación económica para sacar pingües beneficios? ¿Acaso influir en nuestro voto a pocas fechas de una votación?

En vísperas de las elecciones generales del 26J salieron a la luz una serie de conversaciones grabadas en el despacho oficial del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz en las que éste junto con el director de la oficina antifraude de Cataluña, el Sr. De Alfonso, aparentemente pretendía sacar algún trapo sucio de los dirigentes de partidos independentistas catalanes y de sus familiares con fines electoralistas dada la cercanía de los comicios. A partir de aquí, pues, se plantean dos cuestiones fundamentales, a cuál de ellas más grave: 1)es terrible siquiera pensar que en una sociedad pretendidamente democrática un ministro del interior esta siendo espiado o grabado sin su consentimiento, o peor, sin una orden judicial. Resulta alarmante ver que incluso sus dirigentes pueden ser vigilados; y 2)pero es todavía más grave que una institución que supuestamente debe luchar contra, y prevenir, el fraude y la corrupción utilice los mismos medios y formas que los corruptos para investigar a políticos y familiares y, lo que es peor, traslade esas investigaciones al ministro del Interior para que éste y su partido puedan usar esa información para dañar políticamente a la oposición. No sólo no es ético; es, si me apuran, incluso delictivo, pues se están utilizando las instituciones y los fondos públicos para beneficio propio. Por la tanto, aquí sí, la Fiscalía General del Estado y la Diputación Permanente del Congreso deberían abrir sendas investigaciones para esclarecer los hechos y, en su caso, denunciar e imputar a los responsables si los hubiere. Por supuesto, el ministro y el director de esta oficina deben dimitir ya o en su defecto ser cesados. Pero con ellos también el presidente del gobierno en funciones, Mariano Rajoy, como conocedor de los hechos.

Porque, como han podido comprobar, efectivamente estamos instalados en esa sociedad orwelliana en la que se manipula la información y sólo nos muestran y nos dicen aquello que les interesa o lo que queremos oír. Se nos manipula incluso a través de la educación (ley Wert) y se reprime a las personas que pretenden pensar diferente (ley mordaza).

Así que urge aclarar los hechos, pero sobretodo urge defender nuestros derechos y libertades. Y debemos ser un poco más enérgicos para salvaguardar nuestra privacidad, nuestra intimidad, pues no todo vale para buscar esa sociedad mejor, ese mundo feliz, esa utopía.

Moska

PODEMOS Y LOS MORMONES…

… Son dos ejemplos de la utilización de las franquicias, los primeros para ocupar el Gobierno del Estado y los segundos el Gobierno del Cielo. Los segundos ganan en su oferta a todas las religiones, no va al cielo, ni uno ni dos, en el cielo se encuentra uno con todos sus descendientes. ¿Quién puede competir con eso?

Si votas  a Podemos, votas a todas las ideologías, a la ecología, a los “alternativos”, a los “anticapitalistas”, independentistas, nacionalistas, patriotas mesetarios,  a los comunistas en todas sus fracciones, los ortodoxos del PCE, pero también a los troskistas de todas las internacionales, a los socialdemócratas y un poco a los del centro. ¿Quién puede competir con eso?

Si te paseas por cualquier pueblecito en Latinoamérica, y te encuentras un edificio de color blanco inmaculado, coronado con una torre de estilo centroeuropeo, estas ante un templo mormón. Si vas a un mitin  con banderas con  corazones estas en un mitin de  Podemos, (no están bien visto las banderas rojas, que eso es la vieja política).

Dejemos a un lado a los mormones, y  entrar en el análisis que la propia dirección de Podemos ha propiciado, para  encontrar el  millón y pico de votos perdidos. La causa, según mi humilde opinión, es el propio proyecto. La primera pregunta que se hace un votante, es ¿a quién y qué  voto si lo hago a la franquicia Podemos? Pues depende, si el votante está en Cataluña,  en Soria  en Valencia o en Orense.

El voto del cabreo o de la desesperación, se da fácilmente, el voto a alguien con posibilidad de gobernar, es muy otro. Podemos ha uniformado el voto, sin programa de gobierno. Podrán decir, que los programas de gobierno es lo primero que traicionan los partidos políticos, pero también es el arma que tienen los electores para afearles la conducta. En Podemos, como franquicia la traición no es posible, sencillamente no hay programa político, o bien cada franquiciado tiene uno. ¿Alguien se atreve a decir, cuál es la posición de Podemos y sus franquiciados respecto a Europa o hacia España, más allá de un Referéndum? 

Esto hace que gente que votaría opciones concretas se lo piense, por ejemplo, la imagen de Compromís ha sorprendido a muchos ciudadanos por su seriedad a la hora de adoptar y respetar acuerdos y entra en contradicción con la escasa visión de Estado y prepotencia que han tenido los dirigentes de Podemos como el Sr. Iglesias. En cuanto a Izquierda Unida, las encuestas de popularidad de su dirigente el Sr. Garzón superaban con mucho al dirigente de Podemos el Sr. Iglesias.  El voto del desencanto por la futilidad del discurso de Podemos, incapaz de volver al PSOE encontraba un refugio, en el voto seguro de la izquierda tradicional. Con el pacto, no han sumado. Lo más curioso es que un sector de Podemos plantea que Izquierda Unida sea la causante; baste recordar que la figura de Anguita, que nos trae a muchos ciudadanos una imagen de coqueteo con el Sr. Aznar, la famosa pinza, fue agitada por el propio Iglesias, más que por I. U. que estaba en un proceso de renovación.

Mucho me temo, que el proceso de “discusión de las bases” sea un intento de cohesionar una dirección que  en un principio supuso,  con todos los defectos y virtudes, una base asamblearia. Ahora la superestructura que por su formación capitanea Podemos, necesita un “aparato” que por algunos signos, ceses fulminantes, se puede convertir en un modelo de la más vieja política, una especie del centralismo democrático. En esa situación algunos franquiciados empiezan a poner distancia de sus líderes, al principio el juez Villarejo, luego de una forma más sutil, la alcaldesa Carmena, y me consta que un sector de Compromis no entiende el juego del equipo de Iglesias al que incluyen a Errejón, que han reeditado la primorosa parodia del bueno y el malo que inventaron e interpretaron  de forma sublime Felipe y Guerra. 

El Xic del pis de dalt

CUADERNOS CHARNEGOS. Rufián, eres el más grande.

Nuestro héroe, Gabriel Rufián Romero de 34 años de edad, es hijo de emigrados de Andalucía y criado en el barrio de Fondo de Santa Coloma de Gramanet, tradicional geto de charnegos, ahora en concurrencia con vecinos de múltiples nacionalidades; pues bien, si hasta hace poco más de dos años era un perfecto desconocido y sin actividad política,  a día de hoy es una estrella mediática, y cabeza de lista  por ERC en el parlamento de Madrid en las últimas elecciones, haciendo pareja cómica con  Joan Tardá, Rufián hace de payaso listo y Tardá hace de tonto y patoso, lo hacen bien.  Desde que en febrero del 2014 fue abducido por la nave independentista lo han ido paseando por los plató, ferias y plazas públicas como siendo el más gallardo, guapo, y ocurrente ejemplar de charnego integrado, un mirlo blanco del independentismo, no debieron de encontrar otro, ese es su mérito.

Rufián es ciertamente heroico. En ocasiones narra lo arduo de su labor colonizadora, como si se tratara de un misionero en tierras de infieles, pero asegura recibir la recompensa del ciento por uno cuando en Hospitalet o en Santa Coloma llena los auditorios de un publico fervoroso (me gustaría saber quienes y porqué van). En sus bolos también gusta por los pueblos del interior con la “gent de la terra”.

Rufián es lenguaraz, incisivo, guapico él, algo rojillo, radical como lo sería un seminarista de Vic, y un buen orador popular (quizás nos hemos perdido un buen Alejandro Lerroux). Es medio poeta, de poesías sencillas pero que llegan al corazón, habla con imágenes, y gusta de referir anécdotas personales y de su familia, sigue pues los cánones de la cultura popular de los tiempos en blanco y negro.  Arenga en castellano y en función de que esa es su lengua (una novedad en el marketing nacionalista), su discurso viene a ser más o menos el siguiente: “ mis padres vinieron de Andalucía con lo puesto, tras esfuerzos y penurias han alcanzado la gloria y el don de la catalanidad, la mejor herencia que  pudieran darme, es por eso, en gratitud a ellos y a esta tierra, que lucho por la independencia”  (www.youtube.com/watch?v=ErRXnFJGlCw ). Un charnego maíf, descontextualizado, el buen charnego que hubiera imaginado un catequista de los años 60 (¿Pujol quizás?), la prueba viviente de que a pesar de ser algo sucios, malhablados y gandules cuando tienen buen corazón pueden llegar a integrarse, (un “pastoret”, vamos, para que nos entendamos).

Como no le falta ingenio al muchacho os regalaré con una perla de su cosecha: “La legalidad española hay que violarla como Rosa Parks violó la legalidad negándose a ceder su asiento a un blanco”. ¡Qué majo! Pero ha logrado liarme, a ver si me aclaro: si en el símil los catalanes son los negros marginados por los españoles que son los blancos, según eso, ¿de qué color seríamos los charnegos que somos a su vez como los negros de esos negros? ¿quizás unos cuantos seamos opresores blancos haciéndonos pasar por negros, y el resto rufianes buenos (¿blancos?)   haciendo méritos en plan Tío Tom para ganarse el derecho a ser catalanes (¿negros?).

El rufián que nos ocupa, es bueno francamente, representa muy bien la fantasía lúbrica que satisface el sueño identitario del catalán “pata negra” (en realidad solo son la minoría que detenta el poder). Pero ha habido y hay,   otros muchos rufianes menos logrados pero que también merecen ser citados: El inefable President Josep Montilla, cordobés, que el propio Rufián utiliza como prueba de que en Cataluña no hay xenofobia ( como recordareis en el 2010 siendo President tuvo que salir por patas cuando encabezaba una manifestación con el lema de “som una nació”, que se transformó en la primera gran demostración independentista; fueron a por él, a darle, y se tuvo que esconder con sus guardaespaldas en un parking), pobrecillo Montilla. O Justo Molinero, taxista de Santa Coloma, la misma ciudad de Rufián, que se ha hecho rico con Radio Teletaxi y otras emisoras en andaluz y para los andaluces, gracias a su alianza con la Convergencia de Pujol. Sus emisoras a la hora de las noticias conectan con la radio oficial de la Generalitat, un tipo listo. O Francisco García Prieto, durante décadas presidente de la Federación de Entidades Culturales Andaluzas de Cataluña,   que organiza el evento anual más multitudinario, la Feria de Abril, solo comparable con los festejos del 11 de Septiembre de los últimos años, un hombre de Pujol, campeón de la integración, y que como este anda dimitido y también procesado por embuchacarse unos dinerillos, un espabilado.

En mi opinión cuando ponen a nuestro Gabrielillo en los carteles estelares no es para arrastrar votos castellanoparlantes, creo que raros serán los que se identifiquen con su figura. Creo más bien que representa esa figurilla que les faltaba en el pesebre político catalán, la del “pastorcillo charnego”, que postrado de hinojos ofrece un corderillo al niño (nación) recién nacido (caganers tienen de sobra, desde Messi a Lluis Llach pasando por la Ferrusola).

Nuestro rufián si está en el estrellato es para acallar la mala conciencia de los que proponen que en su república ideal el castellano deje de ser lengua oficial, los que se pueden poner rojos de ira cuando escuchan la posibilidad de que en el sistema escolar se introdujera también como lengua vehicular la de la mayoría de los catalanes, los que propagan por todos los medios a su alcance ideas negativas de España, lo español y los españoles, los que piensan que los andaluces viven de los impuestos de los catalanes, etc.. Para acallar la mala conciencia que tienen los “catalanes viejos” después de décadas de xenofobia. Los rufianes proporcionan una coartada al independentismo en su negación de motivos inconfesables, reafirmándoles en su supremacismo, en la idea de que aún siendo minoría representan los intereses generales de todos, que su republica será también la nuestra. Necesitan rufianes que les hagan palmas, porque a decir verdad últimamente los veo algo chuchurridos.

A lo dicho:

“Rufián eres el más grande y el más torero”, (y el independentismo es ridículo).

Valero de Luna (Barcelona)

Diálogo II

–       Hablemos de la magia.

–       Hablemos de la nada.

–       Hablemos de esa magia que es tu cuerpo sobre la almohada.

–       De tu risa, de tu fuego, de tu respiración acelerada.

–       Hablemos primero de tus silencios.

–       Hablemos de lo que callas.

–       Hablemos de eso que es secreto pero que en tus ojos estalla.

–       Háblame de la música de tus versos.

–       Enséñame el alma de tu guitarra.

–       Dejemos a los miedos debajo de la cama.

–       Un segundo, yo no puedo. Son mi canción de nana.

–       ¿Duermes en el miedo?

–       El miedo pone recta mi espalda, mientras tus manos hacen de mi cuerpo la postura de la gata. Suave, pero afilada.

–       Tú me diste una puerta.

–       Pero yo necesito una ventana, para gritarle al alba en esas noches que no duermo, donde tu ser me arrasa.

–       Yo sólo duermo.

–       Tú sólo callas.

–       Siempre hablo.

–       Pero no barajas. Sólo tengo la seguridad de las sábanas, donde mi cuerpo tiene su sitio, como las luces de ese techo que apagas.

Sarah Martinez

“SORPASSO”

 

   Desde hace 35 años España se ha caracterizado por el bipartidismo, por la polarización izquierda/derecha; desde 1982 los dos grandes partidos, PP y PSOE, se han ido alternando en el poder merced a unos votantes que en líneas generales eran fieles y votaban a su partido con independencia de que su trabajo en el gobierno fuera bueno, malo o regular. Digamos que solía ser un voto más visceral que cerebral. Cierto es que ambos partidos, históricamente, se han destacado por determinadas políticas que en un momento u otro les han permitido gobernar; así, la derecha se ha caracterizado, o eso dicen, por gestionar mejor las políticas económicas mientras la izquierda, a su vez, se caracterizaba, o eso dicen, por gestionar mejor las políticas sociales. 

   Sin embargo había -y hay- un matiz, en absoluto baladí, que ha diferenciado desde siempre a ambas formaciones. El PP ha sabido aglutinar siempre entre sus filas todo el espectro de la derecha; de los más liberales aSorpaso los más radicales (ultraderecha) se encuentran al abrigo del partido. Esto no ha ocurrido nunca en la izquierda donde, además del PSOE, encontramos otras fuerzas de corte socialdemócrata, cuando no izquierdista o comunista y tanto a nivel estatal como autonómico (IU, ERC, Podemos, Compromis…). 

   Por la tanto puede entenderse la fidelidad del votante de derechas ya que, amen de otras consideraciones por todos conocidas, no tiene muchas más opciones de voto salvo grupúsculos de poca entidad y de carácter fascista como Vox, España 2000 o Democracia Nacional. Esto y que a ese votante no le interesa tanto el bagaje de su partido en la labor de gobierno como el hecho de que el contrario tenga la más mínima posibilidad de gobernar, tenga éste las siglas que tenga. 

   En la izquierda esto no es exactamente así: es verdad que sigue existiendo ese votante fiel que hace lo mismo elección tras elección; pero de unos años a esta parte ha ido creciendo un colectivo de izquierdas que castiga a su partido; es decir, si mi partido no lo hace bien o no cumple las expectativas depositadas, en los próximos comicios no le votaré y buscaré otra opción de izquierdas…o directamente, no votaré. 

   Porque cuando ves que la política económica del PSOE se parece demasiado a la de la derecha sus votantes, más escorados hacia la izquierda que hacia el liberalismo, se sienten desencantados. De la misma manera que cuando vemos a Podemos decir que su origen ideológico es el comunismo o el marxismo y luego presentan un programa económico de corte socialdemócrata, según dicen, sus votantes se sienten engañados. O vemos a IU, abiertamente comunista, pactando con Podemos: sus votantes se sienten directamente traicionados. 

   Por todo esto es evidente la diferencia entre los votantes de derechas y los de izquierdas; incluso se han radicalizado las posturas: en un alarde de perversión increíble el votante del PP reconoce abiertamente que “para que me roben los otros que me roben los míos”; el votante de izquierdas hace algo parecido pero con los partidos de izquierda: de tan crítico que quiere ser con el partido al que vota creo que se ha pasado de frenada. Esto es, no quiere que gobierne la derecha pero no va a votar porque ninguna de las opciones de izquierda le convence con lo que le da la victoria a la primera. En este caso a mí no me sirven las quejas y las rasgadas de las vestiduras de aquellos votantes de izquierdas que no han votado. No tienen, en mi opinión, ningún derecho al “pataleo”. 

   Y es que gracias a ese 4% más de abstención de estas elecciones con respecto a las del 20D, efectivamente se ha producido el tan manido “sorpasso”. Pero no el que muchos pensábamos. La sorpresa nos la ha dado el PP, que ha vuelto a ganar incluso con más votos y más escaños, ya que ha recuperado parte del voto que se fue a C´s y también se lo ha arrebatado al PSOE. Y, aunque Unidos Podemos conserva sus 71 escaños, que nadie se engañe: ha perdido más de un millón de votos. De no haber concurrido en coalición, Pablo Iglesias y los suyos se habrían dado un tremendo batacazo. 

   Y ¿dónde nos lleva todo esto? Desde luego que los votantes deben ser críticos…hasta cierto punto. Rebasado éste se corre el riesgo de que el contrario te adelante y, sinceramente, el votante de izquierdas creo que está pecando de exceso de celo, que se mira demasiado el ombligo y con ello permite precisamente lo que no quiere: un gobierno ultraliberal en connivencia con empresarios y otras instituciones ultraliberales; de ahí que volvamos a ver un mapa de España con tonos azules. La izquierda de este país está completamente dividida y de eso se aprovecha el PP. “A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Moska

TARGETA CENSAL

Estem acostumats a sentir la paraula «taula» en referència a un objecte on, dinem, juguem, treballem… Tenint en culpa els diversos dissenys que aquesta pot tindre: rodona, quadrada, rectangular, de cristall, de fusta i de cartró. Recentment han sigut les eleccions electorals i a tots ens a arribat la targeta amb la informació necessària per a exercir el nostre dret al vot; deixant a banda el resultat d’aquestes, i les diverses opinions polítiques, ha sorgit un dubte entre alguns dels valencians parlants i d’altres entenedors d’aquesta llengua, la qüestió és la següent: «Per què fica «mesa electoral» si en català, valencià i mallorquí, amb tots els seus dialectes «mesa» dit en castellà, es tradueix com a «taula»?» D’aquesta qüestió sorgiren altres: «quin objecte és la mesa?» I «és només electoral? Així que he vingut a donar una resposta, per aclarir alguns conceptes i que ja no hi haja més confusions. La taula és un moble que té diversos usos. En canvi, la mesa no és un objecte, sinó un conjunt de persones (o organisme) que dirigeixen una assemblea o corporació o que decideixen entre diferents opcions. És, sense dubte, l’explicació que trobe entendrà tothom, fàcil i concisa.

Natalia Aranda

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