Premio Biblioteca Breve de Novela 2016, estamos ante la obra más extensa, compleja y ambiciosa del gran escritor asturiano
Desde comienzos de este siglo, las nouvelles de Ricardo Ménendez Salmón han ido sembrando un terreno acotado, donde un lenguaje conciso, austero y casi aforístico diseñaba un universo literario tan singular como atractivo, especialmente para el lector más exigente, ese que no teme que la reflexión o aun la filosofía empapen un texto narrativo, o que el arte, la música o la propia literatura sean ingredientes esenciales de un texto de ficción. En ese territorio acotado viven obras ya memorables, como las que componen su célebre «Trilogía del mal» (compuesta por las novelas La ofensa (2007), Derrumbe (2008) y El corrector (2009) o esos dos magníficos libros que son Medusa (2012) y Niños en el tiempo (2014), que lo han acabado por perfilar como un autor esencial de la narrativa actual española, tanto por sus esfuerzos de indagación como por la singularidad de su lenguaje, su arma más poderosa.
Con la publicación de El Sistema (Premio Biblioteca Breve 2016, entregado por Seix Barral), Menéndez Salmón (Gijón, 1971) ha dado un paso adelante, cambiando el formato tradicional de su obra, desde la nouvelle a la novela de más de 300 páginas, y llevando su ambici
ón literaria a un terreno más arduo: la confección de una «distopía» (una «ucronía», según Pere Gimferrer, integrante del jurado que le otorgó el premio), en la que el autor se atreve a inmiscuirse y aventurarse en ese Futuro que cada día se dibuja (desde todos los ámbitos estéticos: el cine, la televisión, el arte, la propia literatura…) como un lugar tenebroso, definido por inquietantes tendencias y amenazas, en las que lo «humano» parece correr un peligro mortal.
Sin renunciar a ninguno de los ingredientes esenciales que han caracterizado su obra anterior (la indagación sobre el mal y una reflexión filosófica permanente sobre los grandes temas de la contemporaneidad), El Sistema de Menéndez Salmón erige como protagonista a El Narrador, un vigilante de la nueva sociedad conocida así, como «El Sistema», que impera con sus Ideólogos y sus Forenses en una época llamada Historia Nueva (posterior a la nuestra, a la actual, aunque sin fechas precisas ni constatables) y en la que el mundo, convertido en un archipiélago, está dividido entre dos fuerzas antagónicas: los Propios, súbditos de esas islas, y los Ajenos, personas extrañas y que pertenecen a la marginalidad por su exclusión ideológica o económica. En ese contexto, El Narrador, guardián del statuo quo, no deja de recibir noticias en su isla-torre de vigilancia de que esa situación social y económica se derrumba, hecho que coincidirá con la llegada de un extraño a su isla.
“Es una novela de ideas, de enorme ambición intelectual y literaria, que abre nuevos caminos en la narrativa contemporánea”, dice el acta del premio, cuyo jurado quiso hacer hincapié de ello en el acto de entrega. “Menéndez Salmón sigue mostrando una sorprendente seguridad verbal y una asociación imprevista de adjetivación que hace que pocos autores hoy tengan una personalidad expresiva como la suya”, apunta el poeta y académico de la lengua Pere Gimferrer.
“Este mundo futuro posee muchos elementos del nuestro, que me han servido de inspiración y de modelo”, afirma Menéndez Salmón, que admite la influencia en su libro de autores que “reflexionan sobre la velocidad imparable del presente” como Ballard y Houellebecq, “los maestros de la parábola”, como Jorge Luis Borges o Stanislav Lem, y “los del lenguaje como sistema de autocontrol”, en la estela de Orwell. Todos ellos confluyen en una obra que es “una decantación de los últimos diez años de mi producción, con los problemas de la libertad y del individuo en un grado mucho más potente que hasta ahora”.
La ambición temática de El Sistema pasa por “una lectura de los grandes temas que tiene hoy la contemporaneidad encima de la mesa, como esa identidad que parece sólo poder construirse desde la oposición a otros o preguntarse hacia dónde vamos como especie”. Sobre ese último punto, el escritor reflexiona sobre una de las cosas que más le obsesionan últimamente: la posibilidad de un tiempo posthumano. “Más allá de la reflexión de final de ciclo, después de ese final, ¿hacia dónde vamos?”.
Esa última pregunta resuena con fuerza en la cuarta y última parte de la novela, donde un narrador omnisciente -a diferencia del Narrador protagonista que cuenta las tres primeras-, apunta serias dudas sobre las consecuencias del actual sistema político y ético o hacia dónde se encamina la ciencia y la cultura de hoy, así como el arte, disciplina que siempre tiene notable peso en la obra del novelista asturiano.
Escrita en Berlín gracias a una beca, durante un período en el cual se encontraba, por temas de lengua, «en un exilio emocional y vital que quizá explique esa sensación de opresión y vacío que destila la obra”, Menéndez Salmón admite que, en definitiva, no puede responder al enigma de hacia dónde se encamina hoy la humanidad: “Fuera de la novela no me atrevo a jugar a profeta; son tiempos ambivalentes, con una extraordinaria efervescencia de lo inmediato, la banalización de casi todo en una cultura del simulacro y de sociedades donde impera la náusea, y todo ello frente a la idea de que la supremacía de la cosmovisión del hombre blanco está desapareciendo del planeta, como decía hace poco Hanif Kureishi; parece que las formas de control social que hemos conocido están en declive, pero todo va tan rápido que quién sabe”.
Novela de enorme densidad y poderoso atractivo intelectual, El Sistema sobrelleva sin embargo con cierta dificultad la falta de fluidez imprescindible en toda gran obra narrativa. La espesura de la reflexión bloquea a veces el avance de la acción y nos deja huérfanos de historias y detalles que nos gustaría conocer. Sin embargo, bien merece la pena el esfuerzo de sumergirse en las interrogantes de este libro, que sin duda impulsará una literatura muy necesaria en el presente.
Manuel Turégano