TRADICION, RESPETO Y SURREALISMO

   Antes de entrar en el desarrollo del artículo quiero trasladar mi pésame a la familia del diestro Víctor Barrio, fallecido en la plaza de Teruel, víctima de una cornada, así como mi respeto hacia el colectivo taurino. Y, aunque no comparto los argumentos que defienden la celebración de las corridas de toros -de hecho, no me gustan-, por mi condición de demócrata respeto que se mantenga la práctica del toreo, sin entrar en el manido argumento de los muchos puestos de trabajo que genera y de la cantidad de familias que vive de esta ¿tradición? 

  No me gusta ver morir ni que se maltrate a los toros; los protaurinos aducen que estos nacen y viven para eso; los antitaurinos, por el contrario, creen que el mero hecho de correr por una calle les provoca estrés. No estoy de acuerdo ni con unos ni con otros; me inclino más por los festejos taurinos a la portuguesa, en los que no se sacrifica a los astados. Pero una cosa es ser antitaurino y otra muy distinta es el insulto, deseando a su vez la muerte del torero, o peor, celebrándola.

   Es lo que pasó el mismo y lo siguientes a la muerte de Barrio: tuits de mucha gente alegrándose de ese desenlace. Aún considerando la vaga posibilidad de no incurrir en ningún tipo de delito, éticamente es reprobable dicho comportamiento y ofensivo hacia la víctima y sus familiares. De hecho, creo que esos comentarios sí suponen un delito, o peor, dos: un delito de injurias y otro de incitación al odio. De ser así, espero que la justicia obre en consecuencia y sus autores sean castigados. 

   Se da la circunstancia de que en los últimos años el debate animalista ha crecido exponencialmente: entre políticos, ciudadanos y otros colectivos. Sobretodo a partir de las elecciones autonómicas y municipales de 2015, en las que, debido a diversas alianzas se produjo un cambio de gobierno y donde estuvo el PP, ahora se encuentra el tan denostado tripartito, lo que ha permitido cambiar la percepción que tenemos de ciertas tradiciones.  

   En ese sentido, hace unas semanas tuve una acalorada conversación con un grupo de personas que me dejó desagradablemente sorprendido. Cuando el tripartito comenzó a gobernar, mucha gente expresó su temor a que aquel acabara con las tradiciones taurinas (corridas de toros y “bous al carrer”). Y en algunas poblaciones dicho gobierno decidió prohibir unilateralmente dichos festejos. En aquellos momentos los protaurinos protestaron, no sin razón, contra esa decisión; argüían que, al menos se contara con la opinión del pueblo, que éste votara en referendo la continuidad de los toros. Dicho y hecho; otros pueblos sometieron esta al voto de sus vecinos. La sorpresa vino cuando vimos que el resultado en algunos lugares fue prohibir esos festejos. En esa conversación, pues, se me ocurrió comentar que era lo que había decidido la mayoría; se me echaron al cuello diciendo que, ¡horror!, para según qué cosas los políticos no deben contar con sus ciudadanos. Sí, los mismos que pedían que se contara con el pueblo. 

   ¿Volvemos al Despotismo Ilustrado? Desde luego, en este caso, los protaurinos están defendiendo lo uno y lo contrario y así se lo hice saber a mis contertulios, quienes hicieron gala de un talante más bien antidemocrático y con cierto tufillo “fascistoide”. En conclusión, ¿qué habría pasado si allí donde se ha votado hubiera salido el “no”? Debemos hacer una relectura de lo que suponen algunas tradiciones y actuar en consecuencia; y esto pasa por no sacar las vísceras a pasear; pasa por que todas las partes se sienten a dialogar, dejando claras todas las posiciones con el fin de llegar a acuerdos que satisfagan a todos. Eso es democracia, lo demás, demagogia y populismo. De unos y otros.

            Moska

¿Todo sigue igual? EDITORIAL: ¿A DONDE VA LA RATITA CAPULINA? *

Artículo publicado el 15 de septiembre de 2012 en El Inconformista nº 10 

Prometer sangre, sudor y lágrimas como programa de gobierno, sin explicar ¿para qué?, tiene muchos riesgos. Entre otros sembrar el desánimo y la desesperanza en sectores importantes de la población. Para liderar es necesario capacidad personal y fuerza de argumentación

La crisis que estamos viviendo hace necesario el liderazgo y el consenso entre los dirigentes políticos. Sin información no hay posibilidad de movilización social contra la crisis. Independientemente de cómo se piense, es obvio que no se dan ninguna de estas características en los actuales dirigentes nacionales y autonómicos.

Se habla de rescates, una vez ejecutados, se habla sin decir verdad de los costos que suponen a la población. Cuando vamos por el segundo rescate para no asustar, se adjetiva como blando. ¿Cuál es la textura del rescate? ¿Cómo crema? ¿Quizás como turrón de Alicante?

La falta de información y la desinformación, trata de tener a la población desmovilizada, tienen miedo a la rebelión de los que no les han votado, pero también de los que lo han hecho y se sienten decepcionados.

¿Se puede quedar impasible cuando los que pagan la crisis no son los que la han creado? ¿Cómo va a quedar esta sociedad tras el empobrecimiento de la clase media y el aumento de las desigualdades sociales?

Es difícil explicar la naturaleza de la crisis, de hecho, no hay consenso, desde los que dan una explicación monetarista hasta los que hablan de causa ética. En todo caso en nívea, transparente, inodora e insípida, los que han saqueado los bancos, han derrochado los presupuestos, han estafado a los ciudadanos, todavía no se han sentado en los tribunales, no tiene caras.

Posiblemente como todas las cosas dela vida la explicación sea compleja y tenga muchos matices. Pero en la solución sí que debe quedar claro, que la destrucción del estado del bienestar, y la aplicación de políticas neoliberales agravan el problema.

Un ejemplo, la desprotección sanitaria de las personas con riesgos importantes, por criterios de ahorro. A parte de injusta es peligrosa para todos. También para los que viven en la calle Colon. ¿Se quiere volver a la época de los dispensarios antituberculosos?

Tenemos una derecha curiosa, se está regalando el patrimonio o se está vendiendo a precio de saldo, parece que no va con ellos.  En el caso de la sanidad, hasta el año 2000, el sistema se financiación en base a las cotizaciones de los empresarios y trabajadores. ¿Es lógico que se cedan a aseguradoras privadas que no participaron en la financiación?, y en todo caso, ¿El beneficio de estas empresas garantiza la calidad del sistema sanitario?

La necesidad de explicaciones también afecta a la oposición y a las organizaciones de los trabajadores. ¿Cuál es la alternativa? ¿Se ha llegado donde estamos si no hubiera existido un estatus quo?

 

Otro problema, es pensar que no hay que cambiar nada. Pensemos en la Universidad como uno de los sectores más dinámicos de la sociedad del conocimiento. ¿Cuántas tesis, tesinas, investigaciones se han hecho sin criterios de utilidad social y productiva? ¿Cuántas patentes han generado los departamentos? Y de estas, ¿Cuántas han tenido un desarrollo productivo?, ¿qué retorno ha tenido las fuertes inversiones en investigación de la etapa anterior?

Son muchas preguntas, pocas respuestas y sobre todas quizás la más importante: ¿Cómo van a acabar con el paro sin inversión?

Al desastre no se puede ir mirándose el ombligo, mientras se castiga a los de siempre. La gente termina dándose cuenta como en el juego de Capulina.

 

* La ratita Capulina era una atracción de feria muy popular en los años 50-60, consistía en un hámster que el feriante metía en una cesta y le daba vueltas, al grito de:

“La ratita capulina, salto que pega, premio que da”

Al levantar la cesta, el roedor se dirigía a una celdilla, cada una tenía un número, si esta coincidía con el que habías comprado ganabas un premio.

A pesar de la idea de juego limpio, unos pequeños granos estratégicamente escondidos eran suficientes para dirigirla, dado el extraordinario olfato de Capulina, a la celdilla correspondiente.

SINTAXIS

Abandonar aquel pequeño transistor dentro de un bolso tuvo consecuencias imprevistas. Cuando sus envejecidas pilas fenecieron un licor viscoso fue embadurnando los objetos más próximos que lo rodeaban: una agenda telefónica, dos recibos de la luz, un monedero huérfano y un lápiz de memoria. Al verse este último acorralado por la creciente inundación, de su estrecha ranura fueron saliendo angustiadas una tras otra todas las palabras encerradas.

         Imposible discernir si naufragio o fuga de prisión, el caso fue que al poco tiempo aquel bolso rebosaba mensajes inconexos por sus paredes, descendían a modo de catarata entre la cajonera ciega del armario y atravesaban los quicios de sus puertas para brotar por el pasillo como un río cargado de significantes.

         Un perro analfabeto que compartía la vivienda, percibiendo aquel caudal ladró algo incomprensible y se refugió en su habitáculo.

         Las palabras libres generan vida, no se nos había ocurrido, pero así es. Y así fue. Despojadas de la apretura en que vivían desde su nacimiento fuéronse ubicando por diferentes habitaciones de manera silenciosa, algo lógico por tratarse de escrituras cuya característica más elemental es la sordera.

         Como buenas ciudadanas los primeros grupos se formaron según afinidades léxicas de vecindad. Tahona, vaharada, zanahoria, deshuesado y cacahuete formaron una sociedad gastronómica de haches intercaladas cuya misión principal era cobrar furtivamente piezas en forma de errores ortográficos. Más animadas eran barrio, percanta, berretín y atorrante formando malevas parejas de tangos en una milonga de arrabal instalada sobre las maltrechas baldosas de la terraza. Atracción, deseo, amor, desencanto y odio una gráfica cartesiana de sube y baja. Represión, locura y éxito optaron por presentar una candidatura electoral centrista. En fin, así sucesivamente.

         Semejante cohabitación, por carecer de fronteras, convivía pacíficamente a través de la ignorancia mutua de su existencia. Un truco elemental y efectivo sin lugar a duda. Los primeros conflictos no obstante se entablaron a partir de las más elemntales asociaciones: Te quiero despertó ocultos anhelos de propiedad; Vete de aquí, la sensación de patria, de primeras identidades; Déjame en paz, una abierta hostilidad.

         La caja de Pandora reabría sus puertas. A las asociaciones binarias y ternarias sucedieron frases cargadas de enigmas: No consentiré que te hagan daño o Ten un poco de sentido común albergaron la posibilidad de formas más complejas al estilo La práctica demuestra que la constante divulgación de informaciones ofrece una buena  y verificable oportunidad de compartir conceptos participativos, lo que contribuyó en buena medida al aburrimiento y desencanto de amplios sectores semánticos que desembocaron en sutiles y amenazadores puntos suspensivos diseminados por el cuarto de baño: Si me hubieran dejaran a mí…, Verás que pronto le corto las alas…, Ya era hora…, llegando al radicalismo de la tiránica interjección ¡Bajo ningún concepto!

         Las palabras iban y venían enloquecidas y algunas con estudios cristalizaron por la librería creando nuevas formas de dominio: pendrive, skype, overbooking o cash-flow que sin aportar nada nuevo llegaron incluso a empeoraron las cosas. Pero la palma del desfase la acuñó De alguna manera tuve la sensación de que debía optimizar recursos. Ahí queda eso; se instaló debajo de la cómoda y no hubo forma de desalojarla ni siquiera con amenazas tales como objetivo a medio plazo, a nivel de proyecto o integración multicultural, grupos de hondo calado disuasorio.

         La prosa abrió paso a la rima, ésta al verso suelto y la metáfora se instaló entre ambas como un alivio de expresión matizada para convertir escalera en deseo, puerta en duda, velas en alas y oscuridad en silencio. El teatro permanecía agazapado esperando oportunidad humana que le diera energía suficiente y el ensayo se giró de espalda para continuar a lo suyo. Biografías, tratados enciclopédicos, cartas de amor, periódicos, catecismos, anónimos, canciones, cuentos, crucigramas, novelas, crónicas, mitos, sumarios, carteles y anuncios clasificados partieron de aquel adminículo memorístico con forma de enchufe para asaltar los rincones de aquella morada a veces inocente, otrora canalla. En sus empingorotadas noches oíanse afligidos llantos de palabras marginales desde su amargo destierro. Eran los mugidos del escroto, lamentos de crótalo, gemidos de la presbicia. Un horror.  

         Para qué engañarnos, procurar el final de este cuento no es fácil y no por ello se merece una aspiradora que borre de la moqueta todas y cada una de las letras, ni necesita de mopa que limpie, fije y dé esplendor al parqué del salón. Las palabras conviven entre nosotros desde la infancia y dicen que configuran nuestro quehacer. Las palabras son libres dentro de las personas que quieren serlo y para ello no hay reglas, no hay truco, ni verdades inagotables ni dioses que las conduzcan. Eso sí, estimados lectores y usuarios, ya puestos en su manejo procurad hacerlo con la soltura que otorga la sencillez de lo breve. Por eso mismo, Fin.

Ramón Díez

  

EL NORTE NO DUELE

Hace 28 años mi hermana Maite no podía andar. Un fuerte y doloroso ataque de ciática la tenía en la cama más de una semana, en su habitación, en el tercer piso de la masía. Recuerdo que íbamos a visitarla de vez en cuando para ver cómo “andaba”, y ella siempre intentaba una sonrisa, mezclada con una imagen de resignación al dolor, acostada…

Un día, mi padre, hablando con Juan Carlos, su socio vasco de Bergara, sacó el tema de Maite y aquél le sugirió una solución alternativa, por experiencia propia… Resulta que hacía varios años que una señora de Arrasate le había curado un dolor terrible de ciática, con un método “no científico”, al margen de nuestra Seguridad Social…

Y le funcionó.

Le dijo a mi padre: “Esto solo te lo crees si te ha sucedido”

Juan Carlos es un gran amigo de mi padre, quien no dudó, y al día siguiente emprendió el viaje con Maite hacia el norte.

Cuando llegaron allí, mi padre tuvo que subir en sus lomos a mi hermana varios pisos, porque ella no podía andar… Después de una sesión de “no sé qué” de esta señora, mi hermana bajó andando… y nunca más tuvo dolor de ciática hasta hoy.

Es por eso que 28 años después de este suceso, yo mismo decidí emprender la aventura de comprobar si esta señora aún vivía, porque “ya era mayor entonces”, me había dicho Maite.

También porque llevo 5 meses de médicos, resonancias, electromiografías, y un largo etc., por un dolor lumbar que me afecta al nervio ciático. De baja laboral y fastidiado.

La solución entre 5 o 6 médicos de Mutuas y Seguridad Social es, por resumir, 6 ó 7 medicamentos entre los cuales antidepresivos y protectores de estómago (supongo por tanta medicación). Por supuesto que no he probado ninguno.

Total que ayer decidí aceptar la invitación de mi padre para ir al norte, a ver a esta señora, y allí que nos fuimos…  a luchar contra el dolor.

La señora de 81 años que nos recibió en un cuarto sin ascensor estaba más ágil que mi padre y yo juntos. Muy amable nos atendió en un recibidor y nos explicó a lo que íbamos.  Lo sabía.

Por no desvelar sus técnicas, que tampoco comprendí, solo sé que me hizo una herida en un cartílago en  la oreja, y después del dolor y el olor a carne quemada, enseguida me sentí mejor…  Al despedirnos y bajar por la escalera le dije a mi padre: “me siento más ligero”.

Hoy, solo al día siguiente, no me duele la zona lumbar y la ciática parece entrar en un recuerdo. He cogido la bicicleta después de 5 meses, y solo siento algún dolor muscular, de andar y hacer movimientos que hacía meses que no conseguía, sin dolor.

No sé qué ha pasado…  pero gracias al norte ya no me duele.

Julio Delbou

GEOGRAFÍA DE NUESTRA MEMORIA

Existe un territorio eterno cuya geografía, en ocasiones abrupta, tiene unas fronteras que nuestros sentimientos atraviesan. Corretean, cogidos de la mano, miedos y alegrías pasados. Al adentrarnos en él, convergemos hacia nosotros mismos. Nuestra naturaleza selectiva convertida en recuerdo, es el vehículo que nos transportará allí. Podremos luchar contra ese enemigo que encarcela y quiere al final ejecutar todas nuestras vivencias: el tiempo.

Sus regiones presentan una amalgama de colores que ni la razón puede a veces interpretar. Se viaja sin equipaje, pues este, está todo allí. Una vez en ese lugar la sangre transporta cada instante vivido en el pasado a nuestro corazón. Después se guarda para volver de nuevo a nosotros en ulteriores visitas. Un olor, un lugar… cualquier resorte físico o anímico serán el único salvoconducto de entrada en este intemporal territorio. Despiertos, dormidos, da igual. Los paisajes que aquí dibuja nuestro interior, generan un universo único y libre. Exprimimos en este viaje la naranja por segunda, tercera o por enésima vez. La vista de unas huellas que, aunque desdibujadas por el paso de la vida, nos indican un camino trazado por aciertos y fracasos, por luces y por sombras, por amores y desengaños. También nos enseñan escenas de vidas todavía por completar y de muchas caídas al otro lado.

¿Quién no ha saboreado el néctar en ocasiones agridulce de esas tierras? Una mezcla de disfrute, añoranza, sufrimiento y deseo de olvido que unas veces dibujan la expresión y otras nos la borran. No obstante, coexistiendo en dicho territorio, encontramos de todo.

En mi caso es la comarca de Los Serranos la que ocupa una parcela en esta demarcación. Un mismo término para territorios superpuestos (pasado y presente). Habitaron sus gentes de antaño una zona castigada en muchas ocasiones por la pobreza y el duro trabajo, pero encontraremos amplios vergeles en unos corazones humildes que enterraron sus esperanzas entre el frío y los montes. Tierra de azadas que abrieron y todavía abren la tierra encontrando balas que cerraron tantas vidas.

Visité en un viaje ese lugar. Estuve en una zona de esa geografía de la memoria. Los que ya no están nos legaron la mayor parte del guión, también es cierto que nos dejaron muchas escenas por completar. Cada momento, cada nimio acto que llevamos a cabo, es un poco de ellos. La memoria de nuestra comarca no tiene que habitar en una región de sombras escondidas, tampoco la comarca que ahora tenemos debe quedar dormida en la noche. Debemos presentarle a diario el sol que juega entre los almendros y más tarde se esconde tras los pinos, se lo debemos a nuestra esencia, así lo demandan los que nos precedieron. Para que sigan entre nosotros, para que ocupen aquellos y estos parajes que son los mismos, debemos seguir viajando a dicho territorio.

En un pequeño libro, De cero a infinito, cuento lo que para mí fue ese viaje. Visito una zona del mismo (mi pueblo) que reencuentro en la década de los setenta. Contemplo escenas que no siempre se corresponden con el momento presente del viaje y me acerco a los míos, a mi origen, en resumen a mí. Mi visión “anacrónica” es un traductor interno de emociones que en ocasiones no tan sólo juega con el tiempo sino también con mis sentimientos.           No todo es blanco o negro en esta zona que se viste de amarillo cuando el sol se duerme en la sierra; amarillo de luz tardía y huidiza de tormentas que el transformador no soportaba. Son tierras regadas con el sudor de los nuestros, a veces con sangre, donde corriendo cabras y jabalíes dibujaron los montes con pinos, carrascas y aliagas. Cuántos ratos compartidos junto al hogar cuando la televisión aquí era cine. Territorio de miserias que andaban sobre espartos, de zurrones y frías mañanas de olivas, de mulos que de humildes cuadras pasaban a las mesas pudientes. Por estas calles anduve buscándome con aquellos que conocí o que ni siquiera pude conocer. En este ir y venir me crucé con jóvenes de décadas ya perdidas en el tiempo, abrí puertas de madera con anillos de tantos estíos pasados, me calenté con un sol lejano que en la serranía parece enfriarse más de la cuenta en el invierno de nuestros corazones.

Los recuerdos me guiaban sin un orden cronológico. Les seguí en todo momento, respeté dicho orden como ellos respetaron esa innata búsqueda hacia mí mismo.

Si escuchamos a los recuerdos que se nos presentan y les prestamos la debida atención nos adentraremos allí donde late más fuerte nuestro corazón… Cuando descubramos esta geografía interior pasaremos, en un instante, de cero a infinito.

Ángel Gálvez.

GARRAPATAS

Las garrapatas son criaturas pequeñas, similares a insectos, que se adhieren firmemente a la piel y comienzan a chupar sangre para su comida. Este proceso es indoloro por lo que la mayoría de la gente no se da cuenta de la picadura de la garrapata.

La garrapata viajera es una variedad de humano, al igual que su insecto tocayo, se te pegan sin que te des cuenta, te chupan la sangre y te absorben el sentido sin que al principio sientas ningún dolor.

En el mundo de los insectos varían de tamaño, las hay bastante grandes, aproximadamente del tamaño de un borrador de lápiz y tan pequeñas que son muy difíciles de ver. En los humanos el tamaño depende de la altura del individuo en cuestión, pero sea alto o bajo, en las primeras fases son imposibles de detectar. En los dos casos pueden causar una serie de graves condiciones de salud.

Son arácnidos de la subclase de los ácaros, en el caso de la garrapata común, pero tanto el insecto como el humano hay que extraerlos con resignación y una cierta abstracción de que están en tu cuerpo., hay que extraer la garrapata una a una, mala suerte si tienes varias, y no olvidar que estos animales tienen las defensas más fuertes que las nuestras y que tienen un poder anestésico que nos atontan y nos impiden ver la realidad.

Pero centrémonos en la variedad de garrapata viajera:

-Su zona de acción es muy amplia: lugar de trabajo, círculo de amistades, vecino, algún amigo de tus amigos, parientes políticos… incluso puedes pillar una tomando un café en los bares que sueles frecuentar.

– Como la mayoría de las garrapatas, la garrapata viajera comienza su acercamiento a la víctima con una conversación banal llena de halagos aprendidos, una simpatía fingida que siempre funciona y mostrando un interés exagerado por las estupideces que suelen decirse en la mayoría de reuniones.

– Ningún experto en garrapatas ha podido precisar el momento exacto en el parásito ya lo tienes chupándote la sangre. Parece ser que depende de las dotes de chupóptero del insecto y de las facilidades del portador. Se han dado casos en que el proceso se ha producido en menos de veinticuatro horas, pero el período normal oscila entre dos y tres meses.

– Los síntomas que indican que eres portador de una garrapata viajera son varios: si pones siempre tu coche para el viaje, siempre pones tu tarjeta para los pagos anticipados que surgen y que nunca recuperas, si eres el primero en pagar sin que nadie se te adelante, si tus productos de aseo personal y kit de supervivencia te duran la mitad del tiempo y vuelves más limpio que una patena, no lo dudes, eres portador de una.

Consultadas las autoridades sanitarias parece que la operación de extracción de la garrapata se realiza en cualquier centro de salud o centro hospitalario, pero la terapia para eliminar las secuelas psicológicas que producen este tipo de parásitos no entra en el seguro. Tampoco la medicina preventiva ha logrado ningún avance que evite ser víctima del ataque de esta variedad garrapata (viajera), pero no hay que desesperarse, la medicina avanza a pasos agigantados y cualquier día existirán detectores, por control remoto, de este insecto dañino y podremos cambiar de bar, o de acera, cuando corramos el peligro de tropezarnos con una.

Un Inadaptado (desde la duda)

Frontera. Futuro

«¡Eh! ¡Alto ahí!»

Corre como si sólo sangre y fuego llevase encima, corre y más que corre vuela,
pero la bala llega y no duele.

Palomas de pluma y rojo surgen del pecho abierto y siguen volando,
lejos del cuerpo que da en la tierra, lejos los gritos, botas y grava.
Sus iris se tornan grises como la mar, pero allá arriba el ave vuela,
y sube,
y vuela.
 

Pronto reclamará venganza, el ave junto al perro, el cerdo con el gusano.
Volverán sus ojos contra los hombres, les clavarán sus dientes y la marea los engullirá
sin medir ni pensar, gris,
pues poco mide y piensa cuanto sigue su cauce.
Y las aves, todas, volarán, y los gusanos volverán a sus pequeñas cuevas, y el mar llenará de verde
las cuencas vacías e iguales;
y nadie nunca recordará,
que un día aquí silbaron balas.

Santiago Herrero

ESTA YA LA HE VISTO: BEN HUR 2016

Es imposible no sucumbir en este mundo a los rumores que corren por las redes sociales antes de ver cualquier película. La nueva versión de Ben-Hur no se ha librado de los malos augurios procedentes de todas partes. La tildan de remake, cuando no lo es, y olvidan la película de 1925 de Fred Niblo.

En cuanto a la versión de William Wyler (1959) nada queda por decir de una película que ha pasado a la historia como uno de los títulos más famosos de la historia del cine, capaz de hacerse con once Oscars.

Con una hora menos de metraje que la mítica y sensacional versión de Wyler, esta nueva adaptación de la novela de Lewis Wallace, con alguna variación, pero manteniendo el mismo relato de siempre, es un film muy digno inmerso en el espíritu de nuestro tiempo.

Wyler era un director especializado en dramas que supo moverse en el cine de acción, Beekmambetov ha cogido el testigo para crear unas secuencias espectaculares como las de la batalla de barcos y la carrera de cuádrigas, que para nada pueden tacharse de peores, si de distintas, de otra época del cine. Quizás se puede criticar el abuso de imágenes saturadas de claroscuros y el exceso de mugre postal (Gladiator) que parece caracterizar el cine de romanos moderno.

Las comparaciones son odiosas pero inevitables, puede que esta nueva versión a la que los críticos la califican de artificial y floja, tendría que haber sido más arriesgada, más ella misma y diferente para lograr no arrastrar la mochila de la versión de Charlton Heston.esta-ya-la-he-visto-2

Quizás la inclusión de una canción a trasmano en los últimos minutos es lo más criticable, pero este Ben-Hur nada tiene de fracasado.

Pero para tenerlo más claro y una opinión propia sobre este film, hay que ir al cine que siempre es una buena opción para el ocio.

El cine de los sábados

El cuerpo

Lo sabes,

aunque duele.

Duele la pena

que, como una hoja caída,

reposa en tu rostro.

 

Las marcas que quedaron en tus ojos

y por todo tu cuerpo

te lo recuerdan.

 

Hay decisiones que liberan de la angustia

y, momentáneamente,

te sientes fuerte,

amarrada a

la belleza desnuda

de tus silencios.

 

Que no te traicione tu espalda

cuando te dice

que aguanta cualquier peso.

 

A veces sólo hay que soltar

y sentir que nuestro cuerpo

no es más que eso:

peso muerto.

Pues muerta la ilusión,

muerto el cuerpo.

 

Siente el agua que desbordas,

es momentánea.

Momentánea es la ilusión,

momentáneo es el llanto,

que, como el agua,

sigue su curso.

Sarah Martínez

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