“Música en espais menuts” o crónica de las pequeñas cosas de la vida.
Aunque no es frecuente, a veces nos encontramos con personas que dedican mucho de su tiempo y su energía a planificar y organizar actividades para el deleite de los demás.
El sábado 14 de mayo tuvo lugar la IV edición de uno de los festivales de música con más encanto a los que yo he asistido, se trata del “Festival de música en espais menuts” que, por los escenarios en los que se desarrolla, viene a ser algo así como
un festival de música de cámara. Lo descubrí el año pasado en mi pueblo, Polinyà, gracias a uno de sus promotores Eduard Gay, una de esas personas de las que hablaba al principio. Este año ha sido la segunda vez que mis amigos y yo hemos disfrutado del evento y no me resisto a compartir la información porque, aunque para este año ya es tarde, quizás alguien esté interesado, y para el año que viene tenga también la fortuna de disfrutarlo.
Para quien no conozca el pueblo, les voy a describir el macroescenario. Polinyà es un bonito pueblo de unos 3000 habitantes, rodeado de naranjos. Está situado en la Ribera, al Sur del río Júcar y a mitad de camino entre Sueca y Alzira. En esta época el azahar ya se ha secado pero todavía perdura en el ambiente de la tarde un aroma dulce y una luz portentosa. Por encima de otros los sonidos que más se escuchan en sus calles son trinos de pájaros y de vez en cuando las campanas.
El festival se celebra el mes de mayo, en fecha variable pero siempre en sábado o domingo por la tarde. El procedimiento para apuntarse es muy sencillo, sólo hay que llamar por teléfono a los números que indican en la web del Ayuntamiento. No hay que pagar nada pero es imprescindible reservar, porque los espacios son reducidos y hay que formar grupos de unas 30-40 personas que se irán moviendo por los diversos escenarios; este año eran cinco en concreto, cuatro de los cuales estaban en los patios o en alguna estancia de casas rurales u otras casas del pueblo, cedidas gentilmente por sus propietarios: Casa Laia, Ca L’Andreu, L’Antiga Verdureria y La Casota. Y al final, cuando los grupos han terminado sus itinerarios, hay un concierto para todos juntos en la terraza de la Casa de la Cultura.
Alguno de los músicos son de Polinyà pero la mayoría vienen de fuera, unos son todavía estudiantes del Conservatorio y también los hay profesionales. En cuanto a las melodías hay variedad de estilos: clásico, popular y contemporáneo, y también diversidad de propuestas. Este año los intérpretes han sido, por orden en relación a los escenarios:
Empar Llàcer, soprano y Marian Rosa, piano.
Trio de contrabajos formado por Agustín Aparici, Alfredo Fuster y María Ruíz.
Cuarteto de saxos formado por Javier Quintana, María Quesada, Clara Arce y Juan A. Mollà.
Kintet Jazz, formado por Angel Guillem, Hector Gòmez, Jordi Llopis y Carmen Sanatamaria, con uno de sus músicos ausente, Borja Granell.
Andrés Belmonte Flute´N Trio, con Andrés Belmonte de flautista, Ales Cesarini al contrabajo y Sergio Martínez en la percusión.
Mi enhorabuena a los organizadores, patrocinadores, músicos y al público en general. La calidad de los intérpretes va en aumento y esta edición ha puesto el listón tan alto que será verdaderamente difícil superarlo en la próxima. En cuanto a los espectadores, puedo asegurar que había en el ambiente una atención, un interés y un gusto por la música mayor del que he visto en muchos abonados del Palau de la Música o de les Arts. Fue una auténtica delicia escuchar tan de cerca la voz de Empar o la de Carmen, no es frecuente poder disfrutar de un cuarteto de saxos o de un trio de contrabajos, y es fantástico cómo suenan ellos solos de protagonistas; una verdadera gozada escuchando las diversas flautas de Andrés Belmonte en un atardecer de mayo bajo el cielo de Polinyà. Si les gusta disfrutar de las pequeñas cosas, se lo recomiendo. Intentaré avisar con tiempo para la próxima edición.
María Valeska




