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La susurradora irresistible. Aunque cueste.

En una cafetería céntrica, la susurradora se sienta junto a la ventana. Ha dejado el casco sobre la silla. Con la mirada perdida, sus pensamientos atraviesan el cristal. Sueña. La susurradora también sueña. Imagina que está en uno de esos cafés donde hace casi un siglo se reunían intelectuales, artistas, políticos, corresponsales de guerra. Un lugar donde los ideales manaban de las conversaciones, se respiraban junto al humo de los cigarrillos, se adivinaban en los ojos ajenos. Un lugar como el café Ideal Room.

Pero el Ideal Room ya no existe, ni España abandera la República.

Hoy el partido votado mayoritariamente por el pueblo es levadura para la corrupción. Y cada vez le votan más.

Hoy la alternativa al asco, los que históricamente han defendido los ideales perdidos, los encargados de proteger a los ciudadanos de a pié de las tropelías de un gobierno tirano e irresponsable, agonizan en medio de luchas intestinas.

También hay otro grupo al que muchos ojos observan entre la esperanza y la sospecha.

Y de los del medio no se fía casi nadie.

La mujer pelirroja se lleva la taza a los labios y sueña con el regreso de la ilusión perdida, de la fe en que las cosas van a funcionar; imagina que la vorágine que nos circunda no es más que la transición a una madurez cercana que va a permitir que todo fluya, es la fiebre que precede a la curación, el caos preciso para construir un presente digno y un futuro rayano en lo idílico.

Y su deseo se convierte en susurro y el susurro en alquimia, en ese hálito mágico que transforma la realidad.

Confiemos. Aunque cueste.

Sin disculpa (Valencia)

La susurradora irresistible. Pirómano.

El coche se aproxima a la cuneta despacio, como el canalla que se toma su tiempo antes de hacer todo el daño que puede permitirse. Bajas la ventanilla. La sonrisa enfermiza se asoma a un paisaje que pronto dejará de ser verde, brillante, selvático, para vestirse de rojo furioso. Tu perversidad lo saborea. Extiendes el brazo y sueltas el regalo, que abraza las hierbas secas como un niño a su madre.

El mal se extiende. Ya no hay quien lo pare.

Y tú, cobarde, te alejas a toda prisa escondiendo la mano. ¿No te quedas a contemplar tu obra?

Esta vez sí. Esta vez tu regalo se va a pegar a tus yemas, va a lamer el vello que cubre tus dedos hasta convertirlo en un desierto de hilos negros y endebles que se deshacen bajo el calor tórrido. Luego trepará por tu brazo, se hará fuerte en el pelo de tu cráneo y la maraña prendida dejará de cobijar a esa mente consumida que tienes. Los rasgos de tu cara se desdibujarán por el beso hiriente de las llamas, tu piel carbonizada se pegará amorosa a la tela de tu ropa buscando un matrimonio indisoluble. ¿Duele? Estás sintiendo el sufrimiento de cada hoja, los gritos de los árboles, el pánico de los seres que pueblan el paraje. Te están alcanzando los lamentos de aquellos muros arrasados por las llamas, la desesperación de sus moradores. La asfixia de los lugareños se agarra a tu alma y la va quemando paso a paso, llanto a llanto.

Es la más sublime expresión de empatía.

La susurradora te la concede.

Todo es merecérselo, pirómano.

La susurradora irresistible. Importa.

¿Cuándo perdimos la perspectiva de lo importante, cuándo empezamos a tomar como referencia tan solo el dinero? Mucha gente se asombra, se crispa, se rasga las vestiduras por el último resultado electoral. La adquisición de un nuevo rasero de medir, en el que el sistema capitalista ocupa todas las esferas de la vida, ha provocado muchas cosas.

El dinero es muy influenciable por el miedo. Y el miedo lleva a que la gente se repliegue, se ampare en la tradición de lo seguro, aunque lo seguro le esté matando de hambre. Un ejemplo: condicionados por información malintencionada de que un cambio de gobierno acabará con las pensiones, un número elevado de ancianos se ha volcado a votar al PP. Lo que no saben es que precisamente ese partido ha ido vaciando el fondo destinado a garantizar el pago de las pensiones de la Seguridad Social para financiar otros agujeros. Otro ejemplo: en cuanto comenzaron los recortes, la gente dejó de consumir y el sistema se hundió todavía más.

La susurradora medita sobre estas cosas, preocupada por el próximo gobierno (o no) que nos llega. Sabiendo que nuestra sociedad está encadenada por las decisiones económicas de los más grandes, muchos se dirán que da igual votar a unos o a otros, o no votar. Al fin y al cabo, todas las acciones del nuevo gobierno estarán constreñidas por esas normas impuestas desde la cúpula mundial.

La susurradora responde al viento: sí importa. Importa el destino del poco o mucho dinero que nos dejen utilizar; importa reforzar la educación, no los bancos; importa asegurar la sanidad, no las grandes fortunas; importa atender a los dependientes, importa mejorar los servicios públicos, importa proteger los derechos fundamentales, importa garantizar una vida digna, importa evitar el enriquecimiento injusto, importa asegurar que el dinero de todos vaya dirigido a solucionar necesidades comunes y no a engrosar cuentas en paraísos fiscales.

El dinero cuenta, pero los ideales, más. Son los que lo mueven.

Sin disculpa (Valencia)

La susurradora irresistible. Diversas, diversos.

La mujer pelirroja apoya ambas manos en el balcón del Ayuntamiento, justo en el lugar donde se sujeta la bandera arcoíris que saluda seductora como una lengua colorista. La susurradora sonríe, melena al viento, al lanzar su mensaje:

“Junio es vuestro. Esta tela os llama a la fiesta, al encuentro, a la diversidad, al goce, al aprendizaje. El sábado 18 saltad a la calle, mezclaos, miraos a los ojos y disfrutad de la diferencia. La diferencia os hace únicxs. Unid vuestras voces, vuestra alegría, vuestra reivindicación, vuesLa Susurradora de junio 2016tro valor, vuestra moderación, vuestra exaltación. En resumidas cuentas, sacad del armario vuestra personalidad, vuestras ganas de ser distintxs. Que hasta el aire se entere de que nada importa que os guste el cine, el teatro, el fútbol, la música, el pollo, los hombres o las mujeres, o los hombres y las mujeres. Vuestro corazón late, reís a carcajadas, lloráis a espuertas, vuestra piel es sensible, las heridas sangran, los insultos duelen, las caricias curan. Eso es lo único cierto. Sois seres humanos: distintos, diversos, parecidos, opuestos, extrovertidos, tímidos, dulces, ariscos, valientes, asustadizos; con falda, sin falda, con pechos, sin pechos, con los labios pintados, con la cara lavada, con peluca estrambótica, con un brillante cráneo rasurado. Seres únicos. Sois solo, y por encima de todo, seres humanos. Celebradlo juntxs.

Ah, y el 26, votad.”

Sin disculpa (Valencia)

La susurradora irresistible. Madurez.

La Susu de mayo“De nuevo a las urnas”. La susurradora apura su cerveza y observa concentrada su escenario preferido, el que constituye uno de sus instrumentos más efectivos: el mar. Cada ola eleva su mensaje hasta el punto más álgido, cada milímetro de espuma encierra toda la potencia de su grito. De nuevo a las urnas, repite la mujer pelirroja para sí misma. Hincha los pulmones y susurra hacia la playa. La primera onda devuelve sus palabras multiplicadas.

“Olvidad los pactos no alcanzados, las promesas demoradas, los desengaños momentáneos, los rifirrafes inmaduros escupidos en micrófonos oportunistas, las sonrisas preparadas para vender humo. Recordad, eso sí, las mentiras, los robos impunes, la pérdida de oportunidades de muchos por el desvío de fondos a los bolsillos de unos pocos, la desfachatez, la prepotencia, la soberbia con que reclaman vuestro voto los caciques. Centraos en lo importante, en lo que realmente pensáis, en lo que siempre habéis defendido, en el modelo que queréis para esta sociedad, en el mundo que queréis para vuestros hijos e hijas, en la educación que hace falta en las aulas, en la sanidad que cubre vuestras espaldas, en la solidaridad en la que queréis creer, en la libertad que precisáis para realizar vuestros sueños, en la protección de los derechos para todos. Sí, para todos. Porque una sola persona desprotegida tiene el poder en su mano para alejar la paz que tanto anheláis. Gritad a los caciques: sin derechos para todos no habrá bunker donde podáis esconderos.

Os indigne o no, votad. Votad según os dicte vuestra conciencia. De los pactos se encargará quien corresponda. Es la hora del aprendizaje, del camino hacia la madurez de la democracia. Nosotr@s ya estamos madur@s para votar. A continuación, que aprendan ell@s.”

Sin disculpa (Valencia)

La susurradora irresistible. Imagina

Apoyada en la barandilla metálica del gran palco que se asoma al semicírculo del Parlamento Europeo, la susurradora contempla los destellos dorados que rebotan contra las mesas pero que, a pesar del esfuerzo, no llegan a iluminar las mentes que allí se encierran para dibujar el futuro de millones de seres.

Donde no puedas amar, no te demores. Eso dijo un día la gran Frida Kahlo. Sabio consejo. La mujer pelirroja piensa en voz alta: donde no puedas vivir, vete.

Se quita las eternas gafas de sol y respira hondo para que el susurro que encierra su garganta llegue hasta el último de los escaños de aquel escenario que aspiraba a círculo perfecto. “Imagine all the people…” ¿Te acuerdas de John Lennon? Imagina…Imagina el magnífico edificio donde vives, con sus ventanas y balcones de diseño, sus cristales aislantes, su fachada impecable, robusta. ¿Lo ves? ¿Y la cafetería de la esquina, con sus mesas y sillas de mimbre en la terraza? ¿Ves la tienda de comestibles que hay enfrente? Tiene un toldo verde desplegado que proclama orgulloso el nombre del comercio. ¿Ves la gente paseando por las amplias aceras, paseando a sus niños, a sus mascotas? Ahora imagina… imagina en lugar de esas ventanas agujeros tenebrosos, imagina los balcones arrancados de cuajo, observa los cascotes que pueblan las aceras desiertas, mira los restos del toldo que cuelgan ondulantes por efecto del viento; un viento que solo trae silencio, el silencio que dejan los paseos que ya no se disfrutan, los niños que ya no juegan, los perros que han dejado de ladrar… ¿De verdad te quedarías allí? ¿De verdad no buscarías otro lugar donde sobrevivir, donde malvivir, donde tal vez morir de una forma distinta? Imagina… y déjales pasar. Hay tierra para todos, aire para todos, refugio para todos en esta vieja Europa. Imagina.

Sin disculpa (Valencia)

La susurradora irresistible. Como la pólvora.

El ruido ensordecedor de la mascletá no consigue acallar sus pensamientos, no nubla ni un ápice su mensaje, ese deseo que quiere gritar al viento. La susurradora sabe que hoy el aire viene cargado del sabor picante de la pólvora, esa sustancia que se incrusta en las venas y cuando llega al corazón hace que la vida explote delante de los ojos.

Por eso carga cada grano de pólvora de un rugido, de un grito unánime que rompe cualquier argumento.

“Si apartáis el ego, ¿qué os queda? Yo os lo cuento: la visión clara de las cosas. Contemplaréis a la gente que sufre esperando respuestas, que tiembla de miedo a no tener cabida en este caos en el que unos tratan de alimentarse de los otros; millones de personas que esperan saber si podrán abrir la boca en este mundo de locos y cantar su razón; si alguien escuchará una a una sus verdades, o solo oirán un ruido incomprensible, ahogado dentro de la masa; cientos de seres que esperan conocer si aquellos hijos que han lanzado a la tierra podrán desarrollar una existencia donde quepa el respeto, la piedad, la empatía, la solidaridad, la libertad, el amor. Porque es bastante duro levantarse con el alba y abrirse paso a base de codazos. ¿No están las manos para enlazarse, los dedos para acariciar, las lenguas para comunicarse, los ojos para comprender, los hombros para apoyarse? ¿De qué nos sirven los mecanismos para avanzar más unidos, más fuertes, más felices, si no nos atrevemos a usarlos? Apartad el ego y, de paso, reconciliaos con la esencia femenina de vuestra alma. El mundo lo reclama.”

La mujer pelirroja apura su cerveza y, antes de subirse a la Harley, alza la cara y contempla la inmensa nube aromática que se eleva y se expande, inundando centímetro a centímetro cada calle, cada plaza, cada pulmón, cada mente.

¿Lo oléis?

Sin disculpa (Valencia)

La susurradora irresistible. Más amor.

Ella mira el mar y respira hondo anhelando que el salitre inunde su mente. La cerveza helada desparrama sobre la mesa un charco de espuma en un gesto de generosidad. La pelirroja levanta sus gafas oscuras para percibir en toda su belleza los tonos esmeraldas que el sol de febrero arranca de las olas. Es un tiempo en el que todo parece ralentizarse y, de repente, las noticias saltan atropelladas para dejarnos con la boca abierta y la mente turbulenta: los falsos pactos, los acuerdos escondidos, las mentiras convenientes, las puñaladas certeras, las redadas a los corruptos; nombres y más nombres cargados de vergüenza.

“Devolved el dinero. Nuestro dinero. Todo”.

El mar recibe el mensaje y le responde con una brisa fresca que le retira los largos mechones caoba del rostro. La misma brisa que va a llevar sus palabras hasta las conciencias.

“No traicionéis vuestros ideales y abrazad a aquellos que tienen en mente curar las heridas y desterrar el dolor que los malhechores han dejado a su paso. Cumplid las promesas. Formad un gobierno para el pueblo. Ya no hay tiempo para el ego, ocupad cada minuto en devolver la esperanza”.

Hace falta más amor, piensa la susurradora mientras se vuelve y sonríe a la mujer que se sienta a su lado. Alarga la mano y entrelaza los dedos y los deseos.

“Hace falta más amor”, susurra con fuerza.

El mar responde embravecido y arroja su grito al viento.

¿Lo sentís?

Sin disculpa (Valencia)

Encerrados

 

susurradoraLa mujer pelirroja agita las llaves de la mazmorra con una sonrisa malévola en el rostro. Siempre le ha gustado llamar mazmorra a la especie de granero desvencijado que acaba de cerrar a cal y canto desde fuera. Dentro, tan solo una mesa, tres sillas, un fregadero, un minúsculo excusado. Y todo el tiempo del mundo para tres hombres encerrados. El cuarto, el de la barba, sigue perdido en otra clase de encierro, el enclaustramiento en sus propias ideas obtusas.

Ni una ventana que deje adivinar si llueve o hace un sol inclemente, si es de día o de noche. Una solitaria bombilla encendida cuelga del techo en el centro de la mesa. Con toda la intención, les ha dejado tres botellas de vino y un poco de queso. La experiencia le dice que el vino suelta la lengua, libera los miedos y acerca las miradas. El mundo necesita que eso ocurra.

Ninguno de los tres ha opuesto resistencia al encierro. El susurro de la pelirroja es como canto de sirena, anula las voluntades y conduce las naves felizmente al destino elegido.

El del pelo largo atado en la nuca es el primero en abrir la botella y llenar los tres vasos. Ya que están allí, mejor aprovechar las ventajas. El más alto coge el suyo y brinda levantando una ceja. “Por el acuerdo” El tercero, el que tiene cara de no haber roto un plato, mira escéptico su vaso, pero al final lo atrapa y se lo lleva a los labios. Luego alega: “Mejor será que lleguemos a alguno. Ella ha dicho que abrirá la puerta cuando lo consigamos. Y lo sabe todo, se entera de todo, no podemos engañarla”.

El alto se gira hacia el hombre con coleta: “¿Tú qué piensas?” “Que estamos aquí para entendernos” responde el otro. ”Pues vamos a intentarlo”, propone. El tercero, el de la sonrisa intachable, vuelve a beber de su vaso y alega: “No va a ser fácil”. ”Nadie dijo que lo fuera” replica el del pelo largo con su risa de conejito malote. El alto interviene tras dar un largo trago a su vino. “Utilicemos bien nuestro tiempo Bebamos y hablemos. Hemos de llegar a un pacto”.

“Desde luego, es lo que ha gritado el pueblo, lo que nos está pidiendo” señala el de la coleta.

“Bueno, pues cada uno que diga a lo que no quiere renunciar” propone el tercero.

“¿Y si ponéis sobre la mesa lo que tenéis en común, lo que todos buscáis?” La voz de la susurradora retumba en sus cabezas dejándolos desarmados.

Los tres alzan al unísono sus vasos y se los llevan a la boca. Después se miran por primera vez a los ojos.

La mujer pelirroja camina pisando la hierba amarillenta hacia la Harley que ha dejado oculta en la espesura del bosque. Solo un pájaro carpintero se hace eco de su presencia. Ella mira hacia arriba intentando adivinar su escondrijo y guiña un ojo a la nada.

Sabe que regresará pronto y abrirá esa puerta.

Escrito por Sin disculpa (Valencia)

La Susurradora Irresistible. El empujón

La mujer pelirroja se acoda en la balaustrada del balcón que estuvo cerrado demasiadas décadas. Ha anochecido y las luces engalanan la plaza. Ese lugar, en otro tiempo feudo de unos pocos, es ahora lo que siempre debió ser. De todos. En otro tiempo fue privilegio de los que seguían ciegamente la estela dejada por vestidos rojos, perlas ostentosas y palabras que cubrían de ridículo la representación del pueblo.

Hoy no. Hoy ya no se lanzan gritos vergonzantes, hoy solo son sonrisas y flashes lo que se vierte desde allí, solo promesas cumplidas, esperanzas ciertas y banderas arcoíris.

Por eso hoy la susurradora nos recuerda que el gran paso todavía está pendiente, que si conseguimos dar un empujón certero, entre todos y todas haremos saltar por los aires las barbas caducas, la corrupción como norma, la tomadura de pelo más hiriente que ha sufrido este pueblo durante demasiados años.

Por eso esta noche murmura en nuestros oídos un mensaje necesario: “Es la hora. Levántate y elige ideas nuevas, gente nueva, futuro nuevo. El cambio solo asusta cuando lo de siempre no duele. Pero es que lo de siempre duele demasiado. Lo de siempre mata; mata de enfermedad, de ignorancia, de desigualdad y de hambre. Tienes una variada gama de posibilidades. Estúdialas, piénsalas, abrázalas. Y si no, echa los dados y arriesga. El día veinte renaceremos a costa de las cenizas de los dinosaurios. Que se las lleve el viento.”

Sin disculpa (Valencia)