Archivo de la categoría: Otros artículos

PODEMIZACIÓN

He buscado en varios diccionarios el verbo podemizar (no confundir con polemizar) y debo reconocer que no lo he encontrado. Sin embargo, podemos sí lo he encontrado: como 1ª persona del plural del presente de indicativo del verbo poder.

También he visto –y es más preocupante- cómo la derecha de este país (Pp y C´s), ha salido en tromba contra el Psoe después de la reelección de Pedro Sanchez como su secretario general a cuenta de la abstención sobre el CETA o el acercamiento a Podemos en temas tan importantes como la plurinacionalidad de España, aunque con grandes matices (el referéndum, por ejemplo).

A este respecto, se me ocurre otra lectura; lo que está haciendo el Psoe es, sencillamente, volver a la izquierda ya que en la última etapa de Zapatero, después con Rubalcaba y, sobretodo, con la gestora, este partido había cogido el camino del centro-derecha, cuando no, directamente de la derecha. Lo que creo que está haciendo Sánchez es volver al lugar del que su partido nunca debió irse: la izquierda moderada o socialdemocracia. Esa socialdemocracia cuyos padres fueron Willy Brandt, Olof Pälme y Helmutt Schmitt.

El problema llegó cuando las viejas glorias del partido, estómagos agradecidos, quisieron imponer sus criterios por encima de las directrices de la ejecutiva y, por ende, del Psoe. Personajes como Guerra, Leguina, Alberdi, Ibarra, González, Rubalcaba, Bono o Corcuera han hecho lo indecible para cargarse, no sólo a Sánchez, sino al partido. Claramente escorados a la derecha, estos diplodocus parecen haber olvidado sus orígenes, cuando se declaraban abiertamente marxistas. Marxismo al que tuvieron que renunciar para abrazar la socialdemocracia si alguna vez querían gobernar. Afortunadamente la militancia no ha caído en ese error y ha votado por volver a la izquierda –que no podemización-.

Por cierto, término éste que la derecha española relaciona directamente con ser radical, populista y antisistema. Para ésta, Podemos es radical porque supuestamente se relaciona con regímenes totalitarios como Venezuela o Irán; sin embargo, España incrementó la venta de armas al primero en un 22% en la anterior legislatura (2015, si mal no recuerdo); ¿e Irán? Efectivamente es un país totalitario que no respeta los derechos humanos. Pero ¿por qué España firma acuerdos comerciales con Arabia Saudí, país que tampoco respeta esos derechos y además financia el terrorismo yihadista?

En segundo lugar, Podemos también es populista porque, según esta derecha, dice lo que queremos oír pero luego hace lo contrario; un mantra harto repetido, pero ¿hay algo más populista que anunciar una bajada de impuestos en año electoral? Por último, son antisistema; disculpe el lector mi sorpresa pero hasta donde yo sé, los de Pablo Iglesias están en las instituciones porque han sido elegidos democráticamente; ergo están dentro del sistema, ¿o no? No hay nada más antisistema que arruinarlo en beneficio propio y utilizando los mecanismos que el propio sistema facilita como lo ha hecho el Pp de forma sistemática en los últimos veinte años.

Por lo tanto hay que tener prudencia cuando se hable de podemización, no vaya a ser que a alguien le salga “el tiro por la culata”. De hecho, y a la vista de los últimos acontecimientos (caso Lezo, caso 1% de los hospitales de Aguirre…) sería más exacto –a la hora de hablar de C´s y de los votantes de la derecha- hablar de “peperización”. ¿Encontraré este término en el diccionario? ¿Uds. que creen?

                                                                                                                                      Moska

TRES ERAN TRES

Probablemente la única creación del genero humano que   es infinita y etérea sean los números.

Llevo algún tiempo observando con especial atención al número Tres,

vaya chorrada de articulo éste pero, creo que se ciñe bien al espíritu inconformista. Todo el mundo habla de política, recortes, primas y crisis, problemas que están directamente relacionados con los números o, más bien con los malos números hechos por algunas personas, por lo tanto nada más trasgresor que hablar de ellos ( en este caso el Tres) desde otro punto de vista.

Que los números son importantes en nuestras vidas nadie lo pone en duda, sobre todo en el plano material pero, ¿cómo influyen en nuestras vidas desde un punto de vista metafórico o social?

Tal es la importancia del Tres que incluso el dogma central de la naturaleza de Dios es la Santísima Trinidad , Tres eran los reyes magos, como también fueron Tres las cruces del monte Gólgota y, Tres son los sacramentos principales a los que la iglesia nos obliga en vida; bautismo, comunión y para rematar el matrimonio.

No sólo en el alimento espiritual destaca el Tres, en el carnal también; Tres son nuestras principales comidas al día, y estas a su vez constan de Tres platos, de ahí que los médicos de hoy ( no se les escapa una) nos den la receta diciendo:

Se las toma usted Tres veces al día.

A partir de la Tercera cerveza llevas un puntito, del Tercer cubata empiezas a mutar hacia una especie de zombi y, todo lo que hagas después de las Tres de la madrugada es relleno y no lo recuerdas.

Sabido es también que, dos es compañía y Tres es multitud, por otro lado, no hay dos sin Tres, y es evidente que esto afecta mucho a las relaciones de pareja. No penséis que le busco los Tres pies al gato, es pura lógica, si donde comen dos comen Tres, el lío está asegurado, que con las cosas de comer no se juega.

En este camino del amor y del vivir numérico, he observado que a partir del Tercer acto sexual ( polvis vulgaris), se pasa de forma automática a tener una relación. Una gran mayoría de mujeres, al ser preguntadas por cuantas relaciones han mantenido, responden con un casto Tres. Es evidente que las mujeres conocen el poder de este número, manteniéndose así cerca de una aceptable experiencia y, lo suficientemente alejadas de la moral distraída. Todo lo contrario ocurre con los hombres que, por desconocimiento de dicho poder numérico o, por ciega competitividad, jalean sin vergüenza a los cuatro vientos números de escaso poder como, veinte, cincuenta, llegando incluso en algunos casos a decir doscientas, creando así una nueva y extraña forma de sumar ( esto ultimo explica la crisis actual, la mayoría de economistas son hombres).

Evidente y de sentido común es pensar que, o hay un grupo de mujeres que tienen el don de la ubicuidad, o ambos mienten, por lo tanto, será en este caso innecesario aplicar una sencilla regla de Tres.

En cuanto a nuestros mandatarios, sólo unos pocos han utilizado el poder del Tres y siempre en casos muy extremos o muy ventajosos para sus intereses. Leónidas con sus Trescientos guerreros, e Isabel la Católica con sus Tres carabelas, han sido algunos de los casos de indiscutible éxito. No es necesario explicar los beneficios que estas decisiones les reportaron.

Ya de antiguo conocen nuestros mandatarios los parabienes del Tres, recelosos, se guardan mucho de acuñar y dejar circular una moneda de Tres euros, ni un billete de Treinta y mucho menos de Trescientos, por lo de las Termópilas supongo.

Otra prueba más serían los Tres metales con que premiemos a nuestros campeones olímpicos, o la peculiar forma con que nos infundimos valor, contando hasta Tres antes de afrontar algún riesgo. Esta ultima utilización del Tres, nos viene marcada porque la mayoría de nosotros somos lanzados a este mundo, justo después de oír a la matrona infundirle valor a nuestra madre de la siguiente forma:

-Animo señora a la de tres empuje fuerte-

Espero haber ayudado a que entiendan el poder invisible del Tres. Seguramente se les ocurrirán muchos más casos que a mí. En definitiva lo cierto es que nacemos tras un desgarrador Tres con la esperanza de llegar a la Tercera edad, sabiendo que a la Tercera va la vencida.

Orlando

 

Campos de Níjar

De todos los libros de Juan Goytisolo, quizá este sea el más bello de lenguaje y el que mejor encierra el alma discordante y generosa del autor, fallecido estos días en Marraquesh

A finales de los años cincuenta del siglo XX, la región de Níjar en Almería era una de las más pobres y desoladas de una España, en líneas generales, bastante pobre y desolada. Las explotaciones mineras, en manos de compañías españolas o extranjeras, otrora activas y poderosas y ahora la mayoría cerradas, no habían dejado ningún poso de desarrollo económico ni social en Almería; la agricultura seguía anclada en técnicas del pasado y era bien escaso lo que lograba extraerse de un terreno semidesértico y sin agua; la artesanía, de gran calidad y belleza, malvivía escasa de mercados y el turismo no había descubierto aún la singular belleza de la región.

Juan Goytisolo viajó por esos años a los pueblos de los alrededores de Níjar y el Cabo de Gata para narrar con técnica novelística sus encuentros con un paisaje de soledades ásperas y sus singulares habitantes, que se debatían entre la búsqueda de la supervivencia diaria y el sueño imposible de la emigración, bajo la omnipresente vigilancia de la guardia civil franquista.

El resultado de ese encuentro es un libro magistral que revive lo que era el sur de España no hace tantos años, a la vez que denuncia lo que desgraciadamente no deja de repetirse, una y otra vez, bajo nuevos ropajes. Como dice el narrador en un pasaje del libro, «son las minorías selectas, no el pueblo, quienes suelen echar el dinero por la ventana, y hay muchas maneras de echarlo. El pueblo no tiene más remedio que resignarse, y aun cuando secunde alegremente sus delirios, el hombre de buena fe sabe distinguir, más allá de la anécdota, quiénes son las víctimas y quiénes los culpables».

El paisaje de los campos de Níjar se le aparece a Goytisolo como una imagen inaudita, de una desnudez violenta, totalmente diferente a todo lo visto por él en Europa. Frente a la opinión más común, incluso entre la gente que lo habita, el novelista es capaz de apreciar la belleza de la tierra que lo rodea, si bien había llegado a ella ya seducido por las descripciones que había escuchado de los inmigrantes en Cataluña y, sobre todo, de los soldados almerienses que había conocido durante su servicio militar.

Y habitando ese paisaje, los niños desnudos o vestidos miserablemente, los adultos, envejecidos prematuramente, condenados a una vida paupérrima o a la emigración, las evidencias del abandono de un pueblo a su suerte y del peor de los expolios: el expolio humano. Juan Goytisolo documenta todo ello a lo largo del libro desde la perspectiva de un reportero, prestando también un especial interés al lenguaje utilizado por las gentes del país. Solo al final de la obra la voz del narrador abandona todo esfuerzo por mantener la objetividad para mostrar su disconformidad y su rechazo a las injusticias de las que ha sido testigo.

La relación de Juan Goytisolo con el paisaje de Almería influiría notablemente en su vida y en su carrera literaria. Su interés por el mundo árabe tendría justamente este punto de partida, ya que el novelista encontró en el norte de África una prolongación del paisaje y clima mental que había retratado en Campos de Níjar.

Durante el viaje, y en su correlato literario, el libro, Goytisolo comparte autobús y conversación con gentes de lo más diverso. En Campos de Níjar hay mucho diálogo, mucho intercambio de impresiones, mucha nostalgia de un tiempo y de unas tierras más ricas que aquellas en las que viven. Los lugareños añoran el Mar Menor y los pueblos al norte de la Costa, evocan Málaga, a donde fueron a hacer la mili o a visitar a algún médico («allí sí que hay vida», dice un comensal que acompaña al autor en una de las humildes fondas del camino) o sueñan con emigrar a Barcelona, donde ya viven parientes y amigos; hablan de sus enfermedades y de la escasez de médicos, invitan al viajero a beber un vino seco o muestran, de modo involuntario, la realidad política de la España de 1959: «Joaquín y su mujer se afanan limpiando el pescado y nos traen una botella de vino. En la pared hay una cartulina amarillenta, con las banderas española, italiana, alemana y portuguesa el retrato en colores de Salazar, Hitler, Mussolini y Franco».

Goytisolo construye una lección magistral de la llamada «literatura de viajes». Se apodera del paisaje inhóspito hasta extraerle su sorprendente belleza; se deja imbuir por la dignidad y la integridad de los lugareños, que no tienen nada y todo lo dan, que viven una realidad terrible sin dejar de soñar, abiertos y hospitalarios en todo momento y lugar. Al final, el viajero se implica tanto que no puede abandonar el lugar sino con lágrimas en los ojos, lágrimas de ira por la injusticia que no puede remediar, pero también lágrimas de nostalgia por una gente que le ha tocado el corazón. Y, al mismo tiempo que hace todo eso, nos va dejando un retrato implacable de la España franquista, sin necesidad de entrar en ninguna disquisición política.

Campos de Níjar (1959), como todas sus obras anteriores, fue prohibida por la censura franquista. Desde 1957, Goytisolo se había autoexiliado a París, desde donde viajó varias veces a Almería. Seducido por el paisaje y sus gentes, les dedicó esta magnífica obra que ya es un clásido esencial de la literatura en lengua española.

 

Bocadillos:

Goytisolo se apodera del paisaje inhóspito hasta extraerle su sorprendente belleza

La dignidad y la integridad de los lugareños, que no tienen nada y todo lo dan, lo conmueve hasta las lágrimas

Manuel Turégano

Elogio de la sombra

陰翳礼讃

Cuando estamos acostumbrados a atardeceres hermosos, en invierno a veces se nos escapan puestas de sol sublimes que han transcurrido solitarias detrás de nuestros balcones y ventanas, por no hablar de los amaneceres, los otoños o las primaveras. La costumbre tiene ventajas y facilita muchos asuntos cotidianos pero suele ser mala aliada para otras cuestiones que, además de satisfacer necesidades, entrañan deleite.

Independientemente de lo que diga el calendario, el verano ha vuelto y no hay motivo para seguir recluidos, por lo que yo he retomado una de mis rutinas veraniegas. Sí, ciertamente ésta es también una costumbre, pero algo hace de ella algo extraordinario. En mis paseos vespertinos por la playa, ayer mismo observé atentamente mi sombra que ondeaba sobre el agua, mientras chapoteaba jugando a espantar gaviotas posadas sobre la arena, por esa obsesión mía de alejar de mí lo que ellas representan. Bordeando encajes de espuma, mi sombra me escoltaba, como lo hacían las siluetas de las dunas, muchos veleros, algunas lanchas y varios barcos de gran tonelaje recostados en la línea del horizonte. Me acompañaban también varios kitesurfistas que, ya sin sus trajes de neopreno, patinaban sobre el agua o hacían piruetas sin soltar sus coloridas alas. Todos esos objetos, naturaleza y personas, componían un magnífico pasatiempo, aderezado de brisa y olor marino pero, a pesar de los estímulos, yo me concentré especialmente en la silueta de mi sombra que se alargaba, a medida que el sol iba declinando. Y mi sombra, con las sombras de las cometas que se movían veloces y las rizadas líneas oscuras de los médanos, recortados sobre la arena, se convirtieron en los protagonistas del espectáculo. Me parece que el encanto de ese peculiar panorama era debido a la armonía de los contrarios, no sé si a la que se refería Heráclito pero sí de la que habla el escritor japonés Junichiro Tanizaki.

Como afirma el nipón en su manifiesto sobre la estética japonesa, “El elogio de la sombra”, escrito en 1933 y publicado en español en 1994 por la editorial Siruela, los occidentales siempre hemos vinculado la belleza a la luz, a lo brillante, a lo blanco, y por el contrario denostamos lo oscuro y la penumbra. Sin embargo para los japoneses la sombra no tiene connotaciones negativas sino que se la considera como parte de la belleza, hasta tal punto que en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra. Según el autor, esa diferencia de gustos entre orientales y occidentales se debe a que los orientales se adaptan bien a los límites impuestos, por lo tanto no sienten repulsión hacia lo oscuro y lo aceptan como a algo inevitable. En cambio los occidentales, siempre al acecho del progreso, persiguen condiciones mejores, en cierto modo buscan siempre más claridad, hasta acabar con el menor resquicio, con el último refugio de la sombra.

Como fruto de mis observaciones playeras, y también como amante de las artes plásticas, en cuestiones de estética quiero reivindicar la penumbra como lo hace el japonés, porque creo que la sombra es a la luz lo que los silencios a la música, sería inconcebible una melodía sin silencios, como lo es una imagen sin sombras. Como dice Tanizaki, yo proclamo: En lo que a mí respecta, me gustaría resucitar ese universo de sombra que estamos disipando.

María Valeska

LA CHAMPIONS Y LA POLÍTICA

La Champions

Es de recibo comenzar felicitando al Real Madrid C.F. por ganar su duodécima Copa de Europa.

El Madrid ha ganado tres Champions en los cuatro últimos años, dos consecutivas. Dicen que las casualidades no existen, pero, creo que un acontecimiento de este “calibre” merece alguna puntualización.

Qué casualidad que las haya conseguido cuando en España gobernaba la derecha: Seis con Franco (1956, 1957, 1958, 1959, 1960 y 1966), tres con Aznar (1998, 2000 y 2002), y tres con Rajoy (2014, 2016, 2017).

Como también es casualidad que las cinco Copas de Europa conseguidas por el F.C. Barcelona, cuatro las han conseguido con gobiernos del PSOE: Una con Felipe Gonzalez (1992) y tres con Zapatero (2006, 2009 y 2011) y la última en 2015 con el gobierno de Rajoy, pero era un gobierno en funciones, no hay que olvidarlo.

Si la relación entre la Champions y la política existe, tal cual acabo de demostrar, cabe pensar que equipo ganaría la Copa de Europa cuando en España termine el bipartidismo y gobierne alguno de los nuevos partidos.

Por ejemplo, Podemos todavía no ha gobernado en España, Pablo Iglesias se ha declarado forofo del Numancia. ¿El día que gobiernen los podemitas el Numancia ganará varias Ligas y varias Champions?

¿Qué resultaría más chocante, ver a Pablo Iglesias investido presidente o ver al Numancia recogiendo la afamada copa?

El tiempo lo dirá…

La alegría de la huerta

La luz verde al final de la bahía

¿Qué más da que perdamos el rumbo? ¿Qué más da que las palabras de Tony Soprano «¿No sé quién soy, ni a dónde voy» retumben en nuestra cabeza? Da igual si nos tomamos unas copas de más o si jugamos con la esquizofrenia paranoide con manía persecutoria, da igual que grandes y pequeños se equivocarán por igual, que Ramsés II se creyera el rey de reyes o que Bukowski dijera que nació para robar las rosas de las avenidas de la muerte; todo eso da igual, porque vivieron, vivimos y vivirán en el mismo saco, ese que llamamos mundo.

Que los románticos se maravillaran con lo sublime de un crepúsculo bañando la magnificencia de la naturaleza, que los realistas los golpearan furiosos y rebuscaran entre lo cotidiano, tratando de extraer algo que brillara más de la cuenta, o lo más mundano que pudieran encontrar. Que los que les siguieran narraran vulgares travesías por carretera, inyección de drogas, ingesta de sueños rotos, penetraciones en lugares cálidos para resguardarse de la noche y viajes al Nirvana y al hospital. Da igual que ahora todos bebamos de ellos, de lo que fueron y pudieron haber sido, porque nuestras partículas, como las suyas, se escaparán por el mismo agujero del mismo saco.

Todos olvidamos alguna vez cuál era el camino correcto, tememos errar y perdernos e incluso, si la cosa llega a tal extremo, llegamos a dudar de si alguna vez podremos regresar y corregir el rumbo. Las pesadillas y obsesiones son piedras habituales sobre esta tierra ignota que nos sobreviene. Charles Arrowby creía ver fantasmas y monstruos marinos y Gatsby se fascinaba con una luz enfermiza al otro lado de la bahía que bien podría haber sido una flor azul. Sea correcto o equívoco el camino, cada uno de nosotros tendrá su propia simbología a la que aferrarse, una que nos ayude a encontrarle un sentido trascendental a la acción más mundana o a la idea más abstracta, para arraigarla a la tierra y a la mente, para hacer que parezca posible y realizable.

Unos buscarán la gloria, el triunfo y la realización; otros el caos, la violencia y la oscuridad que toda vida permite, y unos tantos lo sublime, la belleza y la estrella más perdida del firmamento. Lo que tienen en común todos estos tesoros es que siempre se encontrarán al final del camino, pues si no, ¿qué gracia tendría el juego?

Buscamos fortalecernos, hacernos más grandes y eruditos, pero en lugar de ello el camino puede llegar a marchitarnos, aun cuando vayamos acercándonos a la meta. Camus también lo decía, aquello de que la debilidad excepcional que sentimos ante la belleza es lo que deliciosamente nos ablanda y hace que el mundo sea más soportable. Esto es lo que ocurre en la senda, que nos maravillamos y marchitamos, para al final llegar exhaustos y pequeños, débiles y ancianos, pero habiendo conseguido llegar, que es lo importante.

Y lo mejor de todo es que, aunque muchas veces no lo parezca, el camino incorrecto suele ser el que representa un atajo, una segunda vía para alcanzar esa luz verde que tanto nos obsesiona y que tan lejana parece.

Salva Alberola

 

EL OTRO SURENNES

Tanto experto europeo, tanta visita a los consejos de administración, tanta clase áulica, Felipe Gonzalez y Alfonso Guerra ya fondón, se han encontrado que Pedro les ha quitado la cartera como ellos cuando eran unos desvergonzados se la quitaron a Llopis en el Congreso de Surennes por allá 1974.

Lo más divertido es que si ven la cara de estos, de mala leche, en la foto del Congreso, y la comparan con la de Pedro Sanchez, risueña y alegre, dejemos de lado la de Susana (¿se llama Diez?, ya no recuerdo. ¡pasa tan deprisa el tiempo en política!), veremos que la diferencia es la democracia, la de los primeros de conspiradores, la del segundo la de un vencedor en unas elecciones en la que ha participado la militancia en masa.

El Congreso de Surennes, supuso la renovación del PSOE y tras desasnar Willy Brand a Felipe Gonzalez y unos aciagos sucesos históricos, se ganaron las elecciones que dieron paso al periodo histórico de mayor progreso y estabilidad de nuestro país en la época moderna.

Pero llegó la crisis y puso en solfa el modelo. El PSOE convertido en un gran aparato, solo tenía que esperar a que el PP lo hiciera mal para volver al poder, por supuesto con la garantía de respetar el estatus quo de los poderes económicos y sociales.

Se fraccionó el voto y los partidos con representación parlamentaria y aquí vino el problema. Apareció Podemos, cuyos miembros tenían la misma cara de conspiradores y de mala leche que Felipe Gonzalez y los suyos en el Congreso de Surennes. Y la realidad fue confundida con el síntoma, con lo que la terapia fue inapropiada. La inspiración de los parvenus no era la socialdemocracia de Willy Brand sino la del leninismo de Anguita, su objetivo llevar las contradicciones para hacer desaparecer a los mencheviques.

Y casi lo consiguen gracias a la estulticia del aparato del PSOE, que prefiere al PP que jugar con Podemos, en su descargo pactar con Podemos era prácticamente imposible pero sí llevarlos a que la sociedad tomara nota de ello. Hubiera sido importante para que no aparecieran como las victimas de “tantas traiciones del PSOE”. De hecho el presentar la moción de censura en minoría, sin pactar con el aun principal partido de la oposición y con el resto de fuerzas políticas, solo puede tener ese interés. Para la estrategia de Podemos hubiera sido mejor que hubiera ganado cualquier otro de los candidatos.

Pedro Sánchez no lo tiene fácil, los ciudadanos de izquierdas lo juzgaremos, no por reformar el aparato del PSOE que buena falta hace, si no por no desalojar al PP del poder, al que nunca deberían haber llegado. A Podemos le pedimos pocas astracanadas y efectividad para llegar a pactos que permitan tirar al PP, que mucha responsabilidad tiene en que estén ahí.

LOS BARONES Y LA IZQUIERDA

Parece que la crisis del PSOE, que comenzó el día siguiente de las elecciones del 21 de diciembre de 2015, llega a su fin, y podremos recuperar a un partido fundamental en los periodos democráticos de España.

Inmersos en una grave crisis de nuestra democracia, con una desigualdad social creciente, con la mitad de los parados sin subsidio, desapego de muchos ciudadanos a la democracia, con el problema catalán, la corrupción del Partido Popular y el auge del populismo de Podemos, los barones socialistas (presidentes autonómicos) deciden coordinarse para deshacerse de Pedro Sanchez, capitaneados por Susana Diez. Los mismos que habían aupado a un desconocido en 2014 a la Secretaria General frente a Eduardo Madina.

Un Pedro Sánchez que accede al cargo con la experiencia de diputado de repesca y concejal de Madrid. En la corta legislatura de diciembre a junio no lo hace mal, después de las últimas elecciones se empaña en un gobierno alternativo a Mariano Rajoy de izquierdas. Con Podemos no sumaba y con ERC tenía el hándicap del referéndum.

Se suicida políticamente con la pretendida y fallida convocatoria de un congreso en noviembre de 2016. Perdió y dimitió. Luego vino la gestora y las primarias que contra todo pronóstico ganó. Derrotó a la presidenta de una comunidad autónoma con el 35% de parados y con unas universidades que figuran en el último lugar de la clasificación de la calidad de la enseñanza universitaria española y que en campaña prometía modernizar España.

Sánchez es el nuevo Secretario General de PSOE, con un respaldo de más del 50% de los afiliados del partido, votantes no solo de la marea izquierdista que empapa hoy parte de la socialdemocracia europea, sino que son afiliados indignados por la conducta de algunos barones.

Hay que esperar que Sánchez sea inteligente en su victoria, España lo necesita.

 

Pedro Páramo

Se cumplen cien años del nacimiento de Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, una novela esencial de nuestra lengua

Enigmática, luminosa, transparente, la novela de Rulfo se irí­a convirtiendo con el paso del tiempo en uno de los monumentos literarios más valorado, estudiado y traducido de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Borges la incluyó entre los selectivos textos de su «Biblioteca personal», donde la define como «una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispana, y aun de la literatura». Para Garcí­a Márquez es «la más bella de las historias que se han escrito jamás en la lengua castellana».

“Hay pueblos que saben a desdicha. Se los conoce con sorber un poco de aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Éste es uno de esos pueblos”. Ese pueblo es Comala, el pueblo que busca el narrador al comienzo del relato y adonde va a buscar a su padre, “un tal Pedro Páramo”. Comala, “un pueblo sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno”, como lo describe el arriero que le acompaña. Un pueblo “sin ruidos”, vacío, donde todos están muertos, pero habitado por las voces, los recuerdos, la memoria imborrable de quienes allí anduvieron antes de que se convirtiera en el escenario de la desolación.

Comala ha sido interpretada en clave mítica, en clave histórica y en clave puramente literaria. En realidad, soporta prefectamente las tres lecturas, ya que los tres planos se superponen y articulan en el relato de Rulfo, un relato que conjuga lo misterioso y enigmático con una transparencia descarnada, que es a la vez fabuloso y estrictamente realista, todo ello expresado en un lenguaje tan denso como austero, de una economía y precisión asfixiante a la vez que cargado de sutiles resonancias míticas. Un lenguaje que parece extraído de los relatos bíblicos, aplicado a un realidad que es la historia de una maldición implacable. La de una tierra y la de un hombre condenados a la destrucción.

El transfondo histórico de la novela de Rulfo no es otro que la revolución mexicana, vista desde ese punto de amargura y desencanto que supuso –ya a mediados de siglo– la corroboración de que aquella utopía fracasó, y de que la violencia y la destrucción que arrasaron el país apenas trajeron otra cosa que la ruina de los campesinos, la aniquilación de muchos pueblos y la corrupción política, sin lograr eliminar siquiera lacras históricas como el caciquismo.

Un cacique prototípico es Pedro Páramo, el personaje que da justo título a la novela, y a cuyo ascenso y caída asistimos a lo largo del relato. Rulfo describe con acerada precisión la espiral que lleva a Pedro Páramo a adueñarse y a dominarlo todo: tierras, pastos, ganado, hombres y mujeres, hasta el alma del cura. Toda Comala acaba siendo suya, todas las mujeres son suyas, todos los niños son hijos de Pedro Páramo. Todo es suyo menos aquello que realmente anhela poseer, y al final será víctima de lo único que no puede alcanzar: el amor de su última esposa, Susana San Juan. La codicia de poseer y el delirio de mandar se disuelven en la imposibilidad de alcanzar lo único que podría saciar la sed infinita de Pedro Páramo.

Para esta dura y cruel historia Rulfo crea una atmósfera a la vez delirante y concreta, una atmósfera desgarrada por la absoluta indefensión y soledad de unos personajes que ya lo han perdido todo, hasta la vida, y a quienes sólo queda la escueta veladura del recuerdo.

“Pedro Páramo” supuso una revolución en las letras mexicanas, un revulsivo para la novela en toda Hispanoamérica y el nacimiento de un clásico inmortal de las letras hispánicas que, más de cincuenta años después, conserva intacto su poder y su valor.

Manuel Turégano

¿TODO SIGUE IGUAL? KARUK: CUADERNO DE BITÁCORA XIV

Artículo publicado en El Inconformista N.º 40 de mayo de 2015

Querido cuaderno, este planeta no deja de sorprenderme con sus peculiaridades, sus múltiples contradicciones, sus injusticias. Esta mañana andaba yo entre la gente de forma que no pudiera ser visto; sabes que poseemos la tecnología adecuada para ello y la utilizo en mis tareas de investigación. Estaba lloviendo y he reparado en una pequeña y bonita terrícola que portaba unos preciosos y blancos zapatitos (se trata de una especie de telas duras que cubren los pies). De pronto, la niña —que parecía una muñeca— le dijo a su mamá «mamá, mamá, no quiero mojarme los pies». La madre, de forma amorosa, y a pesar de ir cargada con varios libros, se las ingenió para coger a la niña en brazos evitando así que esta ensuciase sus blancos zapatitos. Rápidamente, vino a mí una reflexión: cualquier madre o padre hace lo que puede para evitar que sus hijos se sientan mal; aunque, a veces haya madres y padres que no puedan evitar que sus hijos «se mojen los pies», incluso que mueran ahogados.

¡Qué tremendas diferencias! La protagonista de mi historia sollozaba por temor a ensuciarse sus blancos zapatitos, mientras que otros niños mueren ahogados en el Mediterráneo, sin que sus padres puedan levantarlos para evitar el abrazo mortal de este mar, que tantas víctimas se está cobrando.

¿Alguien en su sano juicio es capaz de pensar que madres y padres que aman a sus hijos serían capaces de salir de sus países en esas condiciones, si la realidad que allí se vive no fuera peor que la posibilidad de morir en el mar?

Se trata de lugares donde la pobreza es su colchón y el futuro no existe. Lugares donde la peste (enfermedades), el hambre, la guerra y la muerte se ceban. Los caballos del apocalipsis andan sueltos por allí en busca de víctimas, y a nadie parece importarle. ¿Quién no querría huir de sitios así?

Existen personas sin imaginación para vislumbrar qué harían ellos en esas situaciones. Personas sin corazón que continúan exigiendo el regreso de inmigrantes y refugiados a estos países, sin intentar ver más allá de sus narices. Personas incapaces de buscar otro tipo de medidas más humanas.

Mucha gente debe hacer un examen de conciencia e investigar un poco más. ¿Cuál es el motivo de que sucedan esas atrocidades en origen? ¿Quién o quiénes colaboran para que esto suceda? ¿Hay alguna forma de solucionarlo? ¿Qué puede hacer cada uno para conseguirlo?

La respuesta de muchos cómplices de este horror es abogar por las «únicas» medidas para solucionar el problema: levantar vallas más altas, bombardear los barcos de los traficantes en origen, férreas vigilancias, palos y devoluciones en caliente, etc. Es decir, frenar como sea la llegada de inmigrantes y refugiados a las costas europeas.

Los habitantes de este planeta tampoco se quieren mojar los pies y poco importa que seres humanos mueran ahogados buscando una posibilidad de supervivencia. ¿Cuántos más deben morir?

Roberta Taro