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‘Tropas del espacio’, breve reseña

Guerra contra los arácnidos. Lucha planetaria a vida o muerte entre especies.

Civiles y ciudadanos, sólo los segundos sirven, y así ganan sus derechos políticos.

Creer que la libertad, o cualquier otro derecho, se tiene sin más, fue el error que llevó a las democracias del siglo XX al ocaso. Los derechos hay que ganárselos sirviendo a la comunidad, que es la única que puede darlos y garantizarlos.

Estas son las principales líneas por las que discurre la novela Tropas del espacio (1959), de Robert A. Heinlein. El libro ha sido tachado de promilitarista, y puede que sea verdad, pues claramente defiende aquello de dulce et decorum est pro patria mori. La guerra de Corea acababa de finalizar al publicarse la obra -con no muy buenos resultados para los EE.UU-, y existían una serie de iniciativas para acabar con los ensayos nucleares, algo a lo que Heinlein se oponía (puede verse explicitado en el libro que, cuando una sociedad -o raza- que ha renunciado a defender su supervivencia mediante la expansión continua se encuentra con otra que no lo ha hecho, es aniquilada). También ha sido tachado de fascista, algo no tan fácil de ver, pues el fascismo es algo más que el encomio del servicio militar voluntario en una sociedad meritocrática; y de racista, por los términos con los que los humanos se refieren a sus enemigos alienígenas, «chinches» y «huesudos». Sí defiende la novela el castigo corporal, incluso la pena capital, para inculcar una educación moral a la población, desde niños. Veamos un ejemplo de esto:

– Verá, ellos suponían que el hombre tiene un instinto moral. – ¿Cómo, señor? Bueno, lo cierto es que sí lo tiene. ¡Yo lo tengo! – No, querida, usted tiene una conciencia cultivada, y muy cuidadosamente adiestrada. El hombre no tiene instinto moral. No nace con sentido moral. Usted no nació con él, ni yo, como no lo tiene el cachorro. Nosotros adquirimos el sentido moral, si es que lo adquirimos, mediante el adiestramiento, la experiencia y el sudor de la mente (…)

Y ahora, vamos con aquello de los derechos políticos:

– Esta relación tan personal, «el valor» -prosiguió-, tiene dos factores para un ser humano: primero, lo que puede hacer con una cosa, su uso. Y segundo, qué deben hacer para conseguirla, su costo. Hay una antigua canción que asegura que «las mejoras cosas de la vida son gratuitas». ¡No es cierto! ¡Es totalmente falso! Esa fue la falacia trágica que produjo la decadencia y el colapso de las democracias del siglo XX. Estos nobles experimentos fallaron porque se había hecho creer a la gente que podían votar para pedir lo que querían, y conseguirlo sin esfuerzo, sin sudor, sin lágrimas.

Este es el punto interesante de la novela, la idea de que uno ejercería mejor sus derechos políticos, con mayor responsabilidad y conciencia si, personalmente, hubiese tenido que ganárselos. Ello no quiere decir que los «civiles» estén esclavizados cual ilotas espartanos, no; pueden disfrutar de los beneficios del Estado, tener negocios, hacerse ricos, pero nunca votarán, ni harán leyes, ni podrán ser elegidos para ningún cargo político. Es una idea atractiva, no carente de lógica y, por ende, potencialmente peligrosa. Desde luego, sería mucho mejor poder ganarse esos derechos de ciudadanía de maneras más constructivas que sirviendo en el ejército de la Federación Terrana, pero la idea queda ahí, ha sido sinceramente expuesta por el autor y, aún hoy, más de cincuenta años después, sigue generando inquietud y debate. Y eso es lo que define un libro digno de ser leído.

Santiago Herrero

VIAJEROS AL TREN

A las ocho en punto de la mañana el taxi dejó al viajero en la entrada de la intermodal estación de la ciudad. Un edificio sofisticado y de dudoso gusto ecléctico que bien podía albergar en su entraña un palacio de congresos, un horno crematorio o una iglesia privada subvencionada con fondos públicos. La célula fotoeléctrica detectó y abrió las puertas de manera falsamente hospitalaria y Licinio Cascante entró con más pena que gloria.

El despliegue de hormigón contaba con el presupuesto aprobado por el gobierno regional, del central y de fondos europeos de ayuda a maquilladores contables de progreso, desarrollo, ciencia y armonía social.

Licinio interpretó en un panel que al andén primero, vía segunda, acudiría su tren y una flecha escueta pero firme le conminaba a escanearse previamente, para lo cual se despojó, no sin pudor, no sin recelo, del cinturón, el llavero, un mechero, ocho euros con sesenta céntimos y el reloj Longines que heredó de su padre. Convenientemente registrado, declarado inocente y aceptado a filas, recogió sus pertenencias y dudó en la encrucijada de cola izquierda o derecha, optando (cómo no) por la errónea. Una azafata respaldada por un encargado (traje gris, entradas en la frente, prominente barriga) le comprobó billete y hora tras el desliz, invitándole a desparramarse por el andén y vía adecuados con la advertencia, no obstante, que para facilitar el acceso no se plantara ni muy cerca ni muy lejos, por lo que Cascante intuyó que con ochenta y siete pasos que diera desde el origen tendría suficiente. Así lo hizo aguantando con estoica paciencia cada indicación y con la ansiedad propia de quien urge una copa de Castellana.

Camuflado entre sus semejantes vio cómo la máquina doblaba una curva y ante el alborozo general tomo posición para entrar en el coche adecuado, localizar su asiento, colocar el hatillo en el pescante y observar el gesto mecánico del pasaje en su conexión a móviles, portátiles y monitores de televisión por medio de auriculares.

Licinio Cascante entristecía por instantes pensando en la inoportunidad de sacar más adelante la fiambrera con lomo y pimientos, ensalada de huevo duro y escabeche y su inseparable bota, compañera de tantos antiguos kilómetros que poco a poco se desvanecían en la memoria.

No bien partió el tren con acelerado trote, su ventanilla le propuso fábricas abandonadas en suburbios de ropa tendida, campos de fútbol entre pedregales y zarzas y unas tapias pintarrajeadas con colores fluorescentes, Lucinio, cazando al vuelo la mirada perdida de su compañero, le preguntó esperanzado:

– ¿Este va a Barcelona, no?

Ramón Díez

P.S.O.E

El exsecretario general del PSOE quiere recuperar su puesto al frente del partido y el recuento de avales, suspicacias al margen, le ofrece muchas posibilidades. En estas elecciones se presenta como líder de la izquierda y el único que dijo “no” a Rajoy.

Atrás queda el Pedro Sanchez que pactaba con Ciudadanos un programa de gobierno más propio de este partido que del PSOE, intentando utilizar a Podemos. No salió bien y en las elecciones de junio los votantes le dieron un revolcón.

Se empecinó en el “NO” a Rajoy porque no tenía otra alternativa para mantenerse al frente del partido, después del descalabro en las dos últimas elecciones, intentó vender su defensa de los principios de la izquierda, pero sin duda, era una estrategia política. Y a pesar de los errores parece que tiene posibilidades de lograr la victoria.

Si gana Sanchez sabemos que se opondrá a Rajoy y volcará a la izquierda al partido y de Susana Díaz justo lo contrario, lideró la abstención que permitió la investidura de Rajoy. Según algunos analistas “error histórico del PSOE del que tal vez no se recupere nunca”.

En esta batalla fratricida los susanistas aprovechan la coyuntura europea del momento para argumentar que un giro a la izquierda del partido sería su hundimiento, e invocan los casos de los dirigentes socialistas franceses y británicos (Hamon y Corbyn) cuyos partidos han entrado en barrena. Pero un giro hacia el centro reformista y hacia el neoliberalismo corre el riesgo de quedar diluidos. Basta recordar a Hollande en Francia.

Si sale elegida Susana Díaz no supondrá ningún cambio, será un PSOE muy parecido al PP en lo importante, que no representará una alternativa.

Habrá que esperar al próximo fin de semana para ver qué PSOE sale de estas elecciones y esperemos que, sea el que sea, salga fortalecido, la política española necesita un partido de izquierdas consolidado y con la sensatez que merecen los millones de votantes que durante muchos años los han apoyado.

Mambrina

 

Primavera, musical y viajera

Los mejores viajes se inician siempre en un sueño, germinan a partir de un poderoso deseo por formar parte de un lugar, un paisaje, una ciudad que hemos descubierto a través de imágenes o que evocamos pronunciando un nombre que suena legendario, un sustantivo que como el abracadabra de la fórmula mágica nos permite entrar en espacios remotos. Cualquiera que se haya imaginado alguna vez contemplando en directo una puesta de sol, a la sombra de las pirámides en la meseta de Guiza, o quien se haya encandilado al escuchar el nombre de Samarcanda, sabrá a lo que me refiero. Pero no siempre es preciso haber imaginado un lugar concreto, ni tampoco es necesario trasladarse muy lejos para hallarse en un lugar mágico, porque a veces la vida nos sorprende a la vuelta de la esquina; y si no, que se lo pregunten a quienes se encontraban el pasado sábado 26 de abril, a las 12 de un soleado mediodía, en la Plaza Redonda de Valencia, a esa hora abarrotada de paseantes locales y foráneos. Con motivo del día de la ópera, que se celebra el 11 de mayo, VERSIÓN DIGITAL organizó el pasado sábado 26 de abril una Flash Mob, sobre el tema Va Pensiero de la ópera Nabucco. Colaboraron también Shopping Valencia Centre, Comercios Centro Valencia y los coros: Grup Vocal Fent Ressò, Cor del Centre Artístic Musical de Betera y Cor Polifònic de Benaguasil. Para quien visitara ese día por primera vez la también llamada Plaça del Clot, el impacto debió ser extraordinario, y no menos sorprendente para los que estaban haciendo sus compras. Yo no estaba allí pero pude verlo en https://www.youtube.com/watch?v=byZE0NYBDZM

El junio del año pasado les anuncié con retraso un acontecimiento musical que a mí particularmente me emociona cada año, no sólo porque se celebra en mi pueblo sino por la exquisitez del mismo. Me refiero al que se llamaba “Música en espais menuts” y que en esta V edición se llama “V Festival de música de Cambra” de Polinyà de Xúquer, cuyo programa esta vez puedo adjuntar a tiempo para que no se lo pierdan. A modo de aperitivo les incluyo también un enlace que he encontrado en la red de las dos últimas intérpretes que aparecen en el programa en una actuación conjunta https://www.youtube.com/watch?v=Mu0Mc-2rK18.

Y por último, hay un tercer acontecimiento que no quiero dejar pasar por alto, ya que supone la despedida de los escenarios de Raimon, nuestro cantautor más genial. A lo largo del mes de mayo hay programados una serie de conciertos en el Palau de la Música de Barcelona. Sería un verdadero lujo poder escucharle en vivo cantar aquello que tanto nos suena de:

Al meu país la pluja no sap ploure:

o plou poc o plou massa;

si plou poc és la sequera,

si plou massa és la catàstrofe.

Qui portarà la pluja a escola?

Qui li dirà com s’ha de ploure?

Al meu país la pluja no sap ploure.

En cualquier caso, vaya o no vaya a despedirme de Raimon a Barcelona, quiero agradecerle desde aquí tantos años y tantas canciones espléndidas y porque en vivo o en disco: Entre la nota i el so, amb la paraula cantada, el gruix de tot el teu viure mos dones cada vegada. Gràcies, Raimon.

Maria Valeska

NUESTROS INCONFORMISTAS: Mila Martínez

Ganadora del Premio Fundación Arena con La daga fenicia

Después del éxito de Mis noches en el Ideal Room, novela que nos sumergía en el ambiente Nuestros Iniconformistas 1de la Valencia de 1937 en plena Guerra Civil Española, Mila Martínez nos vuelve a sorprender. En esta ocasión, con una novela de intriga en la que se suceden una serie de apariciones y desapariciones misteriosas, una sociedad secreta entra en juego y un inquietante complejo enológico se convertirá en una pesadilla para las protagonistas de este nuevo libro de Mila Martínez. Una historia que no nos dejará indiferentes. Su nueva novela La esencia, se encuentra ya a en las librerías desde el pasado abril.

Tus compañeros de El Inconformista, nos queremos unir a este acontecimiento literario y agradecerte que nos hagas participes de tu capacidad para contar historias todos los meses en tu sección La susurradora irresistible.

 

Manual para mujeres de la limpieza

Los relatos de la escritora norteamericana Lucia Berlin han conseguido agitar durante una temporada las tranquilas aguas de nuestro mundo literario

Considerada como uno de esos «redescubrimientos» que, de tanto en tanto, alimentan las expectativas de una industria editorial en horas bajas, el libro de relatos de Lucia Berlin se ha encaramado en estos últimos meses a un lugar inesperado, teniendo en cuenta el débil eco que sigue teniendo en España el relato corto. Para ello, el libro se ha beneficiado de una hábil campaña de marketing, auspiciada por críticas exageradamente elogiosas que afirman que «su prosa desciende de Proust y de Chéjov», que leerla es «desconcertante y maravilloso», o que su autora es «una fuerza literaria única y abrasadora». En realidad, su «redescubrimiento» en EEUU, donde arrasó en los suplementos literarios, ha causado un efecto dominó en Europa, donde todo el mundo se culpa (falsamente, claro es) de «no haber reconocido» o «haber injustamente olvidado» a una autora de semejante talla.

Desde luego no hacen falta en absoluto tales excesos para reconocer que tanto la autora como el libro tienen interés y merecen ser leídos. No porque su prosa sea deudora de Proust, o sus relatos recuerden a Carver, o haya sido un «genio literario» oculto e incomprendido, sino porque Lucia Berlin tiene algo que contar y lo hace de una forma tan directa y singular, que el lector inevitablemente se siente concernido. Lucia Berlin es un testigo excepcional de la convulsa vida americana (especialmente, de la convulsa vida de la mujer americana) y tiene la chispa y el talento necesario para convertir esa realidad en un conjunto vivido y brillante de relatos sobre el devenir de la gente en las entrañas de una América de pesadilla.lucia berlin

La vida de Lucia Berlin (matriz de sus relatos) encarna casi a la perfección esa existencia itinerante, convulsa, repleta de altibajos y llena de coraje que desmiente a cada paso el pomposo «sueño americano». Nació en 1936 en Alaska de un padre minero que convirtió su infancia en un ir y venir por poblados mineros de Idaho, Kentucky y Montana. Su vida dio un vuelco cuando en 1941 el padre marchó a la guerra y ella, con su madre y su hermana pequeña, fueron a El Paso junto al abuelo. Al finalizar la guerra el padre se llevó a la familia a Santiago de Chile, donde vivieron muchos años en una situación de relativa prosperidad, en la que ella ejercía de anfitriona mientras la madre se retiraba con una botella a su cuarto. El alcohol siempre fue un protagonista y un demonio familiar, contra el que Lucia tendría que luchar casi toda su vida. En 1955 se matriculó en la Universidad de Nuevo México y, gracias a su dominio del español, estudió con el novelista español Ramón J. Sender. Se casó y se divorció tres veces, de un escultor, de un pianista y de un músico de jazz, con los que tuvo cuatro hijos. Cuando se separó del último, en 1968, tuvo que hacer frente sola a la crianza de sus hijos, para lo que trabajó como profesora de secundaria, telefonista, administrativa, mujer de la limpieza o auxiliar de enfermería. En 1991 y 1992 vivió en México DF, donde su hermana estaba muriendo de cáncer. En 1991 dio a la luz Homesick, la primera de las tres recopilaciones que publicó en vida, y en las que fue integrando los relatos que de forma esporádica había ido escribiendo desde los 24 años y publicando en distintas revistas americanas. Con Homesick, Lucia Berlin ganó el prestigioso American Book Award. En 1994 obtuvo una plaza como escritora residente en la Universidad de Colorado. Tras vencer al alcoholismo y al cáncer, murió en 2004 en Los Ángeles, por un agravamiento de la escoliosis, enfermedad que padecía desde los diez años y que a veces la obligaba a ponerse un corsé ortopédico de acero.

Tan extensa reseña biográfica sólo tiene sentido por el hecho de que esa vida es la principal y prioritaria fuente de toda su narrativa. Y, sin embargo, sería un error garrafal reducir esa narrativa a un presunto ejercicio narcisista de «autoficción». Lucia Berlin no aspira a «contarnos su vida», sino a hacer literatura. Que esa literatura emerja en buena parte de una vida tan pletórica, amarga, cambiante y diversa, no significa que sus textos no tengan otra validez que dejar constancia de su experiencia personal. Berlin sabe construir a partir de pequeñas y curiosas anécdotas, de conflictos sabidos, de momentos singulares, relatos que tienen una verdadera resonancia literaria. Sabe construir personajes que se apoderan del hilo narrativo hasta llegar al corazón del lector. Con un lenguaje chispeante, lleno de recursos sorprendentes y hasta inéditos, dominando con bastante fluidez el arte de la construcción narrativa, Lucia Berlin trasciende el mundo propio para ofrecernos una veraz radiografía de la vida de los perdedores.

En esta antología de 43 relatos se cuentan vidas rotas en las que el fracaso se acepta con bastante normalidad. Berlin no tiene reparo en mostrar un amplio catálogo de las miserias humanas: la degradación, la vulgaridad, la fealdad, el alcoholismo, la enfermedad, pero tampoco en resaltar la ternura o la emoción de los perdedores y los inadaptados. Sus personajes son gente maltratada por la vida (y por sí mismos), pero también hombres y, sobre todo, mujeres audaces, que van de frente, con una valentía, una temeridad y una inconsciencia admirables. Su mirada irónica y compasiva llena sus relatos de una intrépida luz.

 

Bocadillos

Lucia Berlin tiene algo que contar y lo hace de una forma tan directa y singular, que el lector inevitablemente se siente concernido

Su mirada irónica y compasiva llena sus relatos de una intrépida luz.

 

TAURO 20 Abril – 20 Mayo

 

El deporte al aire libre será un tónico excelente que le ayudará poco a poco a recuperar el tono vital y las ganas de relacionarse. Recomendamos los distintos ayuntamientos de los diferentes pueblos de la comarca. Serán fáciles de localizar ya que están tomados por las fuerzas del orden.

Tenga cuidado, no le hagan callar… y seguro que no le dejaran sentarse en el suelo ni crear grupos de tertulia de mas de tres personas en ninguna de las plazas de la zona

 

  • Día de la Suerte : 15 de Mayo
  • Amor: ¡¡¡ Amemos la indignación !!!
  • Salud: ¡¡¡Viva el “repago” !!!

El Rey de la mundanidad

No hay ya nada que hacer. El ciclismo te atrapa, y no es el del Tour de Francia. El surrealismo cotidiano da una contundente pedrada y rompe tu ventana, para que entre la brisa, para que pase la primavera y te penetre; luego alumbras una buena alergia de esas que rejuvenecen el espíritu, y sales volando por la puerta que has reventado a base de cabezazos. 

 Había una débil luz al fondo. Casi habías olvidado cómo era sentirla en esa piel que ya no es broncínea, que ha perdido el color y está pintada de un pálido blanco cenizo. Escuchabas voces nacidas al otro lado, ecos de remembranzas diluidas. Veías chispas cuando cerrabas los ojos, centelleos granates que pintaban el negro, dándole un brillo que lo hacía aún más oscuro; ondas de tinieblas rellenando los surcos de las paredes, los arañazos en el acero, las quemaduras en las sienes; hora de salir.

Porque la ventana vomitaba amagos cromáticos en esa estancia plomiza, rayos ilusorios que bosquejaban las posibilidades exteriores en ese suelo resquebrajado en que las malas hierbas se abrían paso. 

Escuchabas aquella canción una y otra vez. Los primeros acordes entraban en ti como una enfermedad. El bajo marcaba el pulso del submundo. Las voces invadían la habitación como una estruendosa y caótica algarabía de manicomio. Todos los locos vivían en ti. El humo iba quedando impregnado en las paredes y en el techo, colapsando el ambiente. Cabezas que estallaban, botellas haciéndose añicos, sonrisas suspendidas en el aire y ojos crujiendo al abrirse y cerrarse. Un letargo demasiado largo. 

Al fin has salido. Las calles nunca han olido mejor. Ha desaparecido el mefítico rastro de pérdida que las impregnaba; se lo tragó la alcantarilla o ascendió a los cielos amarillos. Ahí estás, expuesto en un escaparate, prístina sonrisa en los labios y un guiño que emite un fulgor especial. Ahí donde hemos estado todos: espaldas apoyadas contra la pared, cintas en el pelo, zapatillas destrozadas, camisetas manchadas, saliva gorgoteando de la boca, aguardando un balonazo; futuros que han sido barridos. 

Las calles están vacías y nunca resonaron mejor. No quedan taxis, autobuses, coches patrulla ni motos trucadas en estas vías adoquinadas, en los senderos de esa habitación sin cuarta pared. Puedes gritar, saltar, bailar y nadie irá a detenerte; tampoco a sumársete. No queda nadie en esa Gran vía de luces fundidas. Las bombillas rotas son ondulantes océanos que te llevan, acunándote fríamente. 

 Sales al fin a impregnarte de esa primavera que llueve como fuego de los árboles. Te sientas en una solitaria mesa de una terraza, tomas tu café solo y fumas media docena de cigarrillos. Garabateas cualquier cosa en tu ajada libreta, quizá alguna idea furiosa, un sueño olvidado, una meta difuminada, unos versos torcidos. Pateas las calles que haces tuyas, te relacionas de nuevo; es el despertar a un mundo que habías dejado atrás. Vuelve a mezclarte con esa farándula que olvidaste, ponte la máscara y ríe como un demonio. Sé un ejemplo a seguir, luego, bajo mano, urde los planes que mejor te convengan. Bendice a todos con el perfume que robaste del Infierno y sé un santo para los que dejaron de creer. Cree en ti, cree en que la vida es buena y sigue adelante. 

 Escucha unas rumbitas el domingo por la tarde, empápate de sidra y cerveza, ríe a carcajadas cuando muera la noche, vanagloriándote de que sigues vivo, de que nadie ha podido exterminarte. Roba unas cuantas sonrisas, produce miradas que derritan edificios y recita unas cuantas epopeyas de sexo y violencia. Inúndate del calor de la gente, acércate a cualquier persona que te guste y consigue sacarle los colores con unos cuantos gestos y dile: «Eres el sol que se sonroja cuando me acerco». Eres la noche para él o para ella, eres la pieza que faltaba en tanto puzzle incompleto.

Escucha una conversación entre tus amigas: «Quedamos y nos arreglamos, y puede que nos toquemos las tetas, y quizá luego nos masturbemos la una a la otra»; fantástico. Que te bauticen todas esas historias y te hagan renacer como el rey y el azote de todas sus andaduras.

Sé su luz, sé su música, sé su motivo y también su pena, su arrepentimiento; sé el error que cometerían una y otra vez, en mil ocasiones hasta perder la cabeza, tal y como tú lo hiciste en tu ausencia en aquella habitación cerrada. Vives rodeado de profanos y frivolidad. Sé, pues, el rey de la mundanidad. 

Salva Alberola

 

DUELO

A esos dos hombres les separaban unos cuantos metros. Sus miradas se cruzaron un instante y acto seguido el más alto extendió las manos al tiempo que su cuerpo se agitaba nervioso de lado a lado sin apenas desplazarse. El otro se dispuso a fusilar, con frialdad extrema, al enemigo de aquel día. Sin más dilación disparó. Vio cómo su rival alzaba sus manos abiertas y caía hasta el suelo. El certero disparo le había entrado por la parte izquierda. Extendido en el suelo quedó quieto, parecía muerto. Entre leves lamentaciones, la multitud, enloquecida, gritaba ¡gol, gol, gol!…

Ángel Gálvez 

El Mundo de la Farándula

Existen toda una suerte de personajes a mi alrededor: trapecistas, payasos, equilibristas, y cada una de las variantes de creadores y representantes del circo que es la sociedad hoy en día; el mundo se está desmoronando a mi alrededor y no sé cómo frenar tal catástrofe. El planeta gira rápido, demasiado; tanto que temo que en cualquier momento pueda desanclarme de su superficie y salir despedido al espacio profundo, reventando en ese panorama vacío y helado o vagando eternamente en la negrura universal. 

El postureo invade todos los grupos de personas que conforman los habitantes de esta y las demás ciudades de nuestro mundo. Es algo que está tan extendido que me parece ya irrefrenable. La mayor parte del ganado parece no darse cuenta de que lo es. La gran masa, los robots neutralizados por las invasivas y atractivas tecnologías. Quizá no haya que reflexionar sobre esto, sino preguntarnos, cada uno de nosotros, si somos cabras u ovejas, porque negar el hecho de que, en efecto, pertenecemos a un ganado homogéneo, masificado, clónico, lamentable y en proceso de degradación, sería tan ingenuo como negar la propia existencia. Pienso luego soy ganado. Solo deseo apartarme, salirme, aunque sea solo un poco, para evitar que cualquier día una de esas jodidas pantallas luminosas me absorba y pase a formar parte de un eslogan publicitario y manipulador sobre un producto inútil que nadie, en su sano juicio, creería necesitar jamás. 

Lo veo constantemente, a todas horas: gente haciéndose selfies ante los monumentos, al caminar por las calles, al detenerse frente a un escaparate, al tomar un café en una terraza, o una copa en un pub, o al bailar en la discoteca. Selfies de almuerzos, comidas, meriendas y cenas en las terrazas de Madrid y los pueblos de alrededor, selfies tomando el sol en la Malvarrosa, selfies viajando de acá para allá en coche, o caminando entre contenedores y basureros, selfies al entrar en la ducha, al salir, mientras se duchan, selfies al sentarse en el retrete para evacuar, selfies cocinando, durmiendo, despertando, leyendo, fumando, escribiendo, follando… Selfies en una gala de los Oscar, en un partido de fútbol el domingo, selfies al comprar cualquier mierda, al abrirla, usarla y venderla, selfies al cobrar la nómina de un empleo basura, selfies al caerse, hacerse una herida e ir al hospital, reportaje de una recuperación, selfies en bragas, gayumbos, sujetador y topless, selfies en el gimnasio, en la farmacia, en la cola del paro, del supermercado y en la del banco, selfies al madrugar y ver salir el sol, al ascender la luna y al ver un castillo de fuegos artificiales. Selfies al construir el porro perfecto, al meterse una raya o al inyectarse una dosis del estreno de la última temporada de la serie de moda. Selfies en el cine, con la pareja, con los hijos recién nacidos, con los gatos y perros, en las hamacas, en los aviones, taxis, autobuses y junto a los vagabundos de la Gran Vía al aparentar tirarles una moneda. Selfies al ver una radiografía, al contraer una enfermedad, selfies en funerales y selfies al morir. Selfies de selfies, metaselfies, tantos que mi cabeza estalla y salpica de vísceras a todos mientras se hacen un selfie, mi cuerpo reventado de fondo, semidesenfocado. Si hay alguno inexistente, en un breve período de tiempo quizá sea la moda que, la odien o no, seguirán todos los borregos a rajatabla. Pequeñas cabritas que visten y se comportan de formas que odian solo para poder decir que están a la última, seres vendidos sin personalidad, robots en busca de una inmortalidad que el propio cáncer de su falsedad les impedirá alcanzar. 

Existe el postureo satírico como crítica al verdadero postureo, luego está el que funciona como retrato o crónica de una cotidianidad o de unos actos más o menos extraordinarios, y luego está el auténtico postureo, el del tipo que fotografía la copa de whisky de su colega en un pub para subirla a Instagram y añadir como pie de foto “De fiesta con los mejores”, o cualquier frase similar. No me parecería mal si hubiera certeza y autenticidad en ello, pero el caso es que dicha persona hará la foto y no tomará ni un sorbo de la copa, porque no es suya, porque ni siquiera le gusta el whisky, y porque quizá no se lo pueda permitir y pretenda mostrar en las redes sociales una vida glamourosa muy alejada de la suya, en un intento por ascendel mundo de la farandulaer a la «jet set» desde la realidad virtual que él mismo ha creado en el mundo paralelo de la tecnología y la simulación. Hasta este punto hemos llegado, y sería para dar gracias si este ejemplo fuera el peor de todos; nada más lejos. Me temo que esas personas no son conscientes de que el tiempo que toman para hacer la foto, escribir la mentira, subirla y esperar a comentarios, aprobaciones y demás chorradas, es tiempo que no recuperaran jamás y que podrían haber empleado en disfrutar del momento que tenían delante, ese que aparentemente vivían pero que esquivaban inconscientemente. Esta tecnología que nos oprime fingiendo liberarnos, estas manías, estas adicciones a ella, esa obsesión por tratar de aparentar más que por vivir real e intensamente, es lo que está matando a millones de seres humanos y pudriendo sus cerebros a un ritmo alarmante. 

Todo esto no es más que un circo, un juego… Es el mundo de la Farándula, de la pseudorealidad, las mentiras y apariencias, los reality shows, la televisión basura, el arte como producto, la masificación y el bombardeo de la publicidad en un intento por vendernos el simple entretenimiento exterminando la profundidad y autenticidad que antes persistía. Nos pudrimos, nos morimos lenta pero constantemente; vamos de la mano camino de la destrucción. Pero tranquilos, que nadie se alarme, que no es más que un juego, una realidad virtual, una representación que trata sobre la apariencia, una obra de teatro, un sueño, una gran broma… cada cual que lo llame como quiera, pero que siga convenciéndose de que es un juego, pues sino la realidad colapsará. Habrá quienes representen un papel vital autoengañándose y habrá quienes realmente sean actores, se introduzcan en ese podrido sistema de aniquilación de personalidad y se aprovechen de él, extrayendo todo su jugo hasta dejarlo mustio, hasta reducir la tremenda erección del enorme pene de la falsedad y dejarlo en no más que un ridículo y flácido apéndice que no pueda penetrar ni una mente más. Solo entonces seremos libres; hasta entonces seremos violados, de forma consentida, hasta que no quede nada de nosotros y nuestras entrañas se hayan licuado, escapándosenos por todos los orificios de nuestro pútrido cuerpo. ¿Qué hacer entonces? Más que obvio: tomar un selfie y compartir nuestra agonía; que la rueda siga girando y el juego no termine. Juguemos un día más a esta ruleta rusa contemporánea, hasta que se nos acaben las balas y debamos inventarnos una nueva farsa para suicidarnos mentalmente. 

Salva Alberola