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“La realidad nos matará a todos”

Entrevista a un redactor de noticias

El redactor de noticias llega puntual a nuestra entrevista en un conocido hotel del centro de la capital. Dos mujeres de una de las mesas cercanas le reconocen y hablan en voz baja sin dejar de mirarlo. El camarero asegura que es seguidor suyo cuando le sirve el Martini. El redactor de noticias se lo agradece con humildad. La grabadora lleva unos minutos en marcha.

P: ¿dónde encuentra usted inspiración para sus textos?

R: No sabría decirle, en mi memoria, en la imaginación, en la literatura, en mi entorno… Realmente los caminos de la inspiración son intrincados, aunque su luz se nos aparezca de pronto como un rayo iluminador. El redactor de noticias no es más que un médium al fin y al cabo, un simple transmisor que conecta  lo trascendental con lo cotidiano. Así lo veo yo al menos.

P: ¿Cómo construye sus personajes?

R: Tengo siempre presente que sin personaje no hay historia pero también que sin historia no hay personaje.

P: A veces se le ha acusado, a usted y a otros periodistas, de construir personajes en exceso planos, poco verosímiles, el caso de Rajoy sin ir más lejos…

R: Uno crea los personajes y ellos se apoderan del relato, a lo Frankenstein. Así debe ser. Es verdad que con Rajoy  salió un hombre pasivo, superficial en sus juicios, pusilánime, pero también entrañable, risible, fácilmente querible por el público. Dice muy poco cuando habla, es cierto, pero eso no significa que sea plano. Que un personaje tenga simpleza de carácter no significa que el autor lo haya escrito sin profundidad, me gustaría que apreciara la sutil diferencia.  Y además en la realidad existe la gente así, me atrevería a decir que es la gran mayoría, puede que ahí radique la clave de su éxito…

P: Suele ponerse la realidad como excusa en la ficción pero, ¿se rigen las noticias por las mismas leyes que el mundo real?

R: Evidentemente no. En eso me alineo con Vilamatas, todo intento de narración es ficción, pero es importante distinguir entre lo real y lo verosímil. Yo intento hacer noticias que sean  verosímiles, con coherencia interna dentro de ese microcosmos que son los diarios, que tiene sus propias reglas, su propia lógica, que trata de alguna manera de representar la realidad o de referirse a ella pero que por supuesto nada tiene que ver con ella.

P: ¿Cuáles son los géneros que más le gustan?

R: Siento especial predilección por la ciencia ficción, por las distopías y las ucronías, ¿cómo sería el mundo si los hechos o las consecuencias de esos hechos hubieran sido otros?  Los diarios exploran justamente ese territorio.

P: A la hora de escribir, ¿tiene usted en cuenta lo que espera el público o escribe con total libertad?

R: Evidentemente, uno tiene que comer. Mis ficciones tienen que gustar a un sector del público, no a todos pero sí a un sector, y también a mis editores, que si no, no me publicarían. En fin, no le estoy descubriendo nada nuevo…

P: ¿Piensa, como apuntan algunos, que el género periodístico está en vías de extinción?

R: Los apocalípticos llevan tanto augurando su desaparición. Pero la gente necesita ficción a diario, necesita historias que le distraigan de sus problemas cotidianos, aunque sea con otros problemas. El ser humano es así: contradictorio, escapista y sentimental. Nos entretienen los escándalos de la casa real, las fanfarronadas de un académico, las mentirijillas de un ministro. Hoy y mañana.

P: La mayoría de ustedes, de El país, de El mundo, del ABC insisten en desmarcarse de sus colegas de El mundo today, o de Rockambol news. ¿A qué es debido esto?

R: Ante todo, mi respeto al trabajo de los compañeros, grandes profesionales sin duda,  pero el objetivo último que persiguen  nuestras historias difiere bastante del suyo. Ellos apelan a instintos mucho más básicos como la carcajada. Es como si me compara  usted a Tarkovski o a Bergman con una peli porno. Es cine sí, pero no es lo mismo.

P: ¿Y Wilder, o Lubisth, o Berlanga por no irnos tan lejos? ¿No le parece que noticias como: “Un alcalde inaugura un tobogán” con foto de 13 políticos  y subtítulo  “beneficiará a 150 niños” apela claramente al humor? ¿O esta otra de su diario  “El ayuntamiento de Teruel se plantea denunciar a El mundo today por su noticia: La alcaldesa de Teruel robó fondos públicos aprovechando que la ciudad no existe,  no supera en humor a la noticia original?

R: Bueno, puede haber casos puntuales, pero  el periodismo que nosotros hacemos tiene mayor ambición, incluye el drama, la tragedia, la parodia también, pero no se limita a esta última.

P: Se dice que la gente más creativa de su profesión está en las encuestas. ¿Requieren una capacidad de imaginación especial, una formación específica?

R: En general, todo nuestro trabajo es tremendamente creativo. Yo estuve un año en encuestas, y es verdad que aprendí mucho, desarrollé técnicas narrativas, mecanismos imaginativos que me han sido de gran utilidad en otras secciones.   Pero también son necesarias grandes dosis de fantasía  en Obituarios por ejemplo – todos sabemos que los hijos de puta también mueren- , o en Economía. Tal vez economía sea el género más fantástico de todos.

P: Y la realidad, ¿no queda un tanto desamparada sin nadie que la cuente?

R: No sea ingenua, la realidad es superior a todo y a todos, la realidad es ese líquido que siempre encuentra la grieta. La realidad es tan poderosa que  no necesita ser relatada, la realidad nos matará a todos.

Bárbara Blasco

 

INCONFORMISTAS POR EL CAMBIO

Un grupo de colaboradores de la Revista El Inconformista, editada en Valencia, preocupados por la falta de consenso entre los partidos que posibilite un cambio de las políticas lideradas por el PP, nos sumamos al manifiesto que reproducimos a continuación.

Entre los firmantes se encuentran los que, de una forma humilde y continuada desde hace cinco años, coincidiendo con la llegada del Partido Popular al gobierno, colaboran en esta revista, como articulistas, ilustradores, correctores y todos aquellos trabajos que de forma desinteresada hacen posible esta publicación mensual independiente.

Reunidos en el Circulo de Bellas Artes (Madrid), a escasos metros del Congreso de los Diputados, sede de la soberanía del pueblo español, un grupo de personas de diversas procedencias, profesiones e ideologías, suscribimos el siguiente manifiesto dirigido a los partidos políticos que han abogado y abogan por el cambio político.

Lo hacemos de manera pública y abierta, para que todas aquellas personas que compartan nuestro mensaje los suscriban, lo difundan y lo hagan llegar a los partidos políticos.

 

Manifiesto

ES POSIBLE Y NECESARIO UN GOBIERNO DEL CAMBIO: REPETIR LAS ELECCIONES NO ES SOLUCIÓN.

El 20 de diciembre pasado la ciudadanía española cumplió con su deber cívico al elegir un nuevo Parlamento. El mensaje fue claro: queremos un cambio en las políticas que se han venido practicando en los últimos años y la obligación de los partidos es elegir un Gobierno que sea capaz de llevar a la práctica dicho cambio. Partidos que representan a más del 70% de los ciudadanos son partidarios de abrir una nueva etapa en la política de nuestro país.

La voluntad democrática de los electores ha sido el configurar un Parlamento plural en el que ningún partido goza de mayoría y, en consecuencia, sólo es posible formar un gobierno en base a acuerdos entre diferentes fuerzas políticas. La incapacidad de estas de lograr una investidura de cambio supondría un grave fracaso, un desprestigio de la política y de los partidos, e incluso un desprecio a la ciudadanía pues sería tanto como decirnos que nos hemos equivocado al votar.

Las opciones en presencia no son infinitas:

  • Un acuerdo liderado por el PP, en cualquiera de sus formas, no supondría ningún cambio por cuanto significaría la continuidad de las políticas que han conducido a la actual situación y que son las que hay que cambiar.
  • Tenemos tres partidos que abogan por el cambio y la reforma, dos de los cuales han suscrito un acuerdo que ha suscitado el apoyo de 131 diputados lo que, obviamente, no es suficiente para investir a un presidente del gobierno. No obstante, puede significar un inicio para sentar las bases de un programa de cambio que aborde los acuciantes problemas de los ciudadanos.

Sería una irresponsabilidad que en los próximos días no fuesen capaces de lograr una mayoría suficiente que evite las elecciones y abra una nueva etapa política en España. Por ello entendemos que el PSOE, Ciudadanos y Podemos pueden y deben, mediante las oportunas negociaciones, complementar, mejorar o ampliar un acuerdo con el fin de recabar el suficiente apoyo que haga posible la investidura de un presidente del Gobierno. Lo que facilitaría que otras fuerzas se sumasen a lo pactado.

Ese acuerdo debería contener, como mínimo, los elementos que hoy demanda la mayoría de la sociedad española: crecimiento económico con creación de empleo; plan social contra la desigualdad y por el estado de bienestar; medidas claras contra la corrupción y por la regeneración democrática; negociaciones que reduzcan y encaucen las tensiones territoriales; una política europea efectiva que ayude a la cohesión social y no obstaculice la recuperación económica.

Si no fuese posible formar un Gobierno compuesto por miembros de partidos dispares se puede, si hay voluntad política, acordar un gobierno, encabezado por el líder del partido mayoritario del acuerdo, con algunos integrantes consensuados y con un organismo de seguimiento y control de lo pactado, así como el tiempo de la ejecución de las medidas acordadas. Bloquear esta posibilidad frustra los intereses y anhelos de las grandes mayorías e incluso se corre el riesgo de que unas nuevas elecciones nos conduzcan a un callejón sin salida o den un resultado que permita perpetuar las actuales políticas.

Madrid, 11 de abril de 2016

Firmantes iniciales (consulta los nombres en https://porungobiernodelcambio.wordpress.com/firmas/

Firmantes Inconformistas:

Salvador Alberola

Ana Terriente Rodriguez

Marta Fernández de Toro

Mari Ángeles Mínguez Lujan

Cristina Campos

Mar Aranda

Ramón Valdés

Aurelia Martinez

Maria José Garrido

Mila Martinez

Oscar Campos

Marcos Carrasco

Enrique Enguix

Jorge Lahuerta

Aurora de Toro

Diana Moreno

Marta Gonzalez

Fernando Sanchez

Sergio Carrasco

Salvador Gimeno Gasca

Octavio Abascal

Pilar Salinas

Gabriel Alonso

Angy Martinez Rojas

Andrés Paños

Ramón Díez

¿QUÉ ES SER PROGRESISTA?

 

A la atención del prof. D. Remigio Beneyto.

Muy señor mío:

Yo también “vivo sin vivir en mí”, que diría el clásico, después de haber leído detenidamente su artículo del diario Las Provincias, con fecha 20-03-2016.  Efectivamente avanzar es ir hacia delante, solo que en el caso que nos ocupa se trata de un avance ideológico, no físico. Por lo tanto su alusión al precipicio o a determinadas ubicaciones geográficas creo que no han lugar en un texto, por otra parte, manipulador y tendencioso. Por esta razón, y para comenzar mi argumento, me permitirá que le adjunte otra definición de progresismo:

“Tendencia al pragmatismo político que abarca ideologías de centro-izquierda y      ciertas posturas de centro-derecha, formada por doctrinas filosóficas, éticas y económicas que persiguen el progreso integral del individuo en un ambiente de igualdad, libertad y justicia. Persigue el progreso indefinido social, económica, política e institucionalmente, siendo totalmente opuesto al conservadurismo. Nacido de las luchas contemporáneas por los derechos civiles y políticos y fuertemente influido por el pragmatismo, dio vida a movimientos sociales como el ecologismo, el feminismo, el laicismo o la diversidad sexual. Y propone, en fin, que sea el Estado el que genere las condiciones para que sea el esfuerzo humano la única variable que determine la desigualdad social”.

Desconozco si Ud. está de acuerdo o no con esta definición; en cualquier caso creo que se acerca más a la idea de progreso que el mero hecho de avanzar. Pero hay algo que chirría mucho más en este texto: presentar como adalid del progreso al Sr. Wojtila y sus mensajes es un atrevimiento impropio de un profesor al que se le supone instruido y letrado. No está de más recordar que Juan Pablo II, de chaval, perteneció a las juventudes hitlerianas y que, ya como Pontífice, instauró, practicó e impuso unas políticas (en su caso ideológicas, religiosas y doctrinarias), que junto a las de Reagan y Thatcher nos han llevado a la situación actual; de aquellos barros, estos lodos.

Pero sigamos analizando el artículo: dice Ud. que ser progresista es defender la familia y la vida. Podría estar de acuerdo si no fuera porque leyendo el párrafo en cuestión intuyo que la única familia válida es la tradicional; sin embargo para mí ser progresista, avanzar, es asumir que puede haber otro tipo de familias; y ¿qué decir de la defensa de la vida? No puedo estar más de acuerdo con Ud. Soy fiel defensor de ésta…pero no a cualquier precio: nunca defenderé una vida producto de una violación o con malformaciones; si cree que eso no es progresista pues discúlpeme, pero no lo soy; así no.

Habla de malnutrición pero lo hace con un “pero”: entre los que son de fuera y los que son de dentro, dando a entender que “primero los nuestros”. No es progresista una actitud así. Entiendo que el progresismo es ser solidario con independencia de quién tienes delante y sin esperar nada a cambio; de otra manera no podría llamarse solidaridad. En el tercer punto cita la paz. ¿Qué paz pueden tener las miles de víctimas de casos de pederastia que se han dado en el seno de la Iglesia? ¿Acaso es posible afirmar sin, al menos, ruborizarse, que hay que desterrar del corazón el orgullo, la vanidad y la prepotencia, entre otros, cuando obispos, arzobispos y cardenales viven a cuerpo de rey en lujosas mansiones? ¿Eso es ser progresista? Y en el colmo del despropósito, sólo en el último desafío cita otros colectivos sociales y otras libertades individuales. Intuyo que para justificarse como progresista y así disfrazar su más que descarado adoctrinamiento en su artículo.

Sr. Beneyto, soy ateo; y esta condición me permite observar el hecho religioso con cierta perspectiva, con respeto pero también, si me permite, con un puntito de asepsia. Por lo que decir que ser progresista es creer lo que diga un Papa, lo que nos cuenten las Sagradas Escrituras o, peor, las milongas de la Iglesia a lo largo de los siglos, es falso.

Ser progresista requiere altura de miras y estar abierto a otras opciones: políticas, educativas, sociales, religiosas…; algo que Ud. no hace en su articulo.

Sin otro particular, reciba un cordial saludo. Atentamente

Oscar Campos

 

 

Siempre ha sido así y siempre será igual

Estoy cansado de escuchar tantísimas frases que terminan de esta forma, como asumiendo la existencia de una fuerza superior que parece imponer el devenir de las personas más desfavorecidas, de las minorías; de las que huyen de sus tierras y de la guerra buscando una vida mínimamente digna; de aquellas que tantas veces miran “el escaparate” sin poder entrar a comprar; de las que tienen que escuchar y no son nunca escuchadas, de aquellas que tienen normalmente vidas austeras, difíciles y en ocasiones marginales.

No voy a criticar a los poderosos, ni a los políticos, ni a los que se creen más guapos, inteligentes, ricos, superiores y, lo peor, a aquellos que se creen siempre en posesión de la verdad absoluta. No me voy a meter con  los que no quieren cambiar nada sin pararse a pensar si el cambio es positivo, esos que no han sabido entender que la cultura es sinónimo de enriquecimiento y progreso para todos, ni diré que lo que pasa es que no les interesa cambio alguno.

Tampoco voy a descalificar a los que se dedican a acaparar sabiendo de las carencias de tantos en esta vida limitada y que ellos quieren convertir para muchos en anónima y callada. No quiero recordar a los que maltratan a personas, animales, a aquellos que alimentan su felicidad con la desgracia ajena. No es necesario descalificarlos pues mejor que ellos con su proceder, no lo podría hacer por muchas líneas que dedicase a tal empeño.

No hablaré de ayuntamientos que subvencionan toros embolados antes que talleres de poesía para niños. No quiero pensar en la existencia de seres a los que molesta que personas sin el “uniforme reglamentario de político”, vestidas de calle, con coleta, con rastas, puedan ocupar escaños frente a ellos. No citaré a los que pueden ser felices rodeados de infelicidad sin intentar ceder un ápice para cambiarlo. No vomitaré lo que siento por los que no facilitan la vida a tanta gente dependiente y a sus cuidadores. No voy a atacar a los que desde su poltrona aprueban un salario mínimo con el que ellos no podrían pagarse ni los caprichos y que condenan a la pobreza a los trabajadores que lo perciben. Estos seres que actúan así, no alcanzan la categoría de persona para mí.

Mi reflexión, no se centra en la actitud de esos que se sirven de la frase para el propio beneficio sino de la actitud sumisa de los más desfavorecidos, maltratados y olvidados que justifican, entregados, tantísimas situaciones inaceptables utilizando el “siempre ha sido así” o “siempre ha habido gente así”. Gente que acepta esas situaciones, cuya carga genética parece dibujarle a pluma y tintero tantas escenas del pasado siglo que gotean la sangre del miedo que hizo derramar la dictadura y que emborrona su razón; en muchos casos, con grandes carencias culturales y que nunca conocieron su historia más reciente; que no van más allá de lo que alguien dice en el bar, en la televisión, o de los cuatro chismes de la calle. Personas que viven vidas de otros, que hacen siempre más caso a lo que dicen aquellos que visten de traje. En resumen, gente que ignora que son el disfraz de carne de su peor enemigo y, además, transmisores del mensaje subliminal que éste desea. Aunque parezca mentira existe más gente de la que podamos pensar que se conforma con las diferencias que no solo el azar alimenta. ¿Cómo puede ser? No hay nada más triste que justificar a aquellos que tanto daño hacen.

Recordaré una frase de la novela de Hermann Hesse El lobo estepario: “Siempre ha sido así y siempre será igual, que el tiempo y el mundo, el dinero y el poder pertenecen a los mediocres y superficiales y a los otros, a los verdaderos hombres, no les pertenece nada. Nada más que la muerte”.

Me he tomado la libertad de añadir algo al principio y al final de la frase extraída de esta gran novela: Siempre ha sido así pero no tiene porqué seguir siendo igual…nada. Nada más que la muerte y toda la vida que podamos arrancarle antes de su llegada.

Y digo yo: ¿cómo algo puede haber sido siempre así? Nada puede haber sido siempre así, nada salvo la estupidez humana.

Manuel Romeu

Una primavera que llega con fuerza

Un año más, la primavera parece haber comenzado con fuerza. Para comprobarlo uno no tiene más que salir a la calle y respirar el ambiente que reina en Valencia, y para cerciorarse aún más, debería charlar con sus allegados, indagar un poco en sus mentes y corazones para comprobar que estamos todos un tanto revueltos. Puede que sea normal, ya que tras atravesar un invierno no muy frío, como los pasados, pero tampoco no muy amigables en ciertos aspectos, las ansias de la llegada del verano, que comienzan en esta temporada, nos invaden furiosamente y hace que en ocasiones casi convulsionemos.

Respiramos una primavera que impregna cada célula de nuestro ser al entrar en nuestro cuerpo, y nos vuelve ansiosos, caóticos, bipolares y, sobre todo, hace que hierva nuestra sangre. Vemos así que no solo nos golpean las alergias, sino algo más profundo que logra sacar a relucir nuestros instintos más primitivos. Nos sentimos más irascibles, constantemente con los nervios a flor de piel, y así se logra que los ambientes se carguen rápidamente y que nos golpeemos todos los unos a los otros –no físicamente claro– hasta no saber qué demonios estamos haciendo o diciendo.

Cambios de opinión tan rápidos que asustan, broncas y cabreos surgidos de la nada, propuestas indecentes y noches relajadas de tapeo y cervecita que acaban complicándose demasiado, hasta el punto de que quizá uno acabe haciendo cosas que jamás haría, o despertándose en una cama ajena a la mañana siguiente, o liberándose de un modo tan gratificante que casi se siente tan liviano como para verse capaz de alzar el vuelo.

Qué nos pasa, a las generaciones actuales, que creemos que obramos correctamente cuando estamos más cerca que nunca del agujero negro que acabará absorbiéndonos a todos. Es curioso, porque uno se siente único, y más cuando habla con la supuesta alma gemela que tiene a su lado, y ambos comparan sus historias, sus pasados, sus respectivas visiones del mundo, y coinciden en que los dos son dos cuerdos viviendo en un mundo de locos. Pero, digo yo, ¿no serán en realidad dos locos viviendo en un mundo de cuerdos? ¿Quién puede afirmar lo contrario, quién puede decir qué es locura y qué es cordura en este enrevesado y complicado mundo en que vivimos? Quizá el que se atreva a afirmar o a dar una respuesta por válida, una entre miles, sea el más valiente o loco de todos.

Sí, no cabe duda de que la esperada primavera ha llegado con fuerza arrolladora. Tal vez sea por el panorama que tenemos de fondo, con un caos político que lleva de culo a más de uno, con un continente que parece más retrógrado por momentos, con atentados terroristas y guerras medievales que nos debilitan a todos, como a humanidad, lenta pero contundentemente; quizá sea por eso, o por las mil razones que pueda tener cada uno, pero lo que está claro es que en muchas ocasiones a uno se le va la pinza y se marca unas salidas dignas de ser recordadas.

Y esto que solo es el principio, el prólogo podríamos decir, de unos meses que vendrán sin duda cargaditos de emoción, de caos y de más de un cambio drástico. Que se preparen todos, pues algo se huele en el ambiente, algo que se va cargando por momentos, y que tarde o temprano acabará explotando y salpicando a más de uno. Sí, preparémonos, porque la antesala del verano tiene pinta de traer consigo unas cuantas sorpresas; el misterio radica en si serán buenas, agradables, o no. Esperemos que lo sean, apliquémonos el chip de la positividad, porque de lo contrario estaremos perdidos y contribuiremos a cargar todavía más las cosas.

Salva Alberola

VIDA CONYUGAL SANA

La neblina cocida por el sol descansaba sobre la arena sin dejar apenas una sombra. El mar, tensamente intranquilo, mecía esa bruma ausente de pájaros con su oleaje perpetuo cuya milimétrica cadencia presagiaba los peores augurios.

– ¿Pero qué coño hago yo en una playa nudista? -. Azucena Priego hizo un mohín

desencantado e inmediatamente se puso bañador y falda vaquera, recogió un cesto de enea donde metió sus cosas y buscando las llaves del auto atravesó las protectoras dunas camino del parking. Acomodada y climatizada en el asiento de su 4×4 no tardó más de diez minutos en plantarse frente a la verja de su adosado tocando el cláxon (¡con qué brío!) anunciador de su regreso. De inmediato, unas bermudas rellenas de fiel esposo le subieron la persiana abriendo un garaje muy bien aprovechado con estanterías rebosantes de artículos de bricolaje, botes de pintura, bicicletas y máquina cortacésped.

–        ¿Tan pronto de vuelta, cari? No te esperaba hasta las dos.

–        Digamos que tengo ganas de… hablar contigo.

Realmente aquella mañana estaba saturada de contrariedades y Lucio Moratalla, informático free lance, temióse lo peor.  Acompañando a su robusta y sudorosa esposa hasta la principal estancia (tiernamente recogida por el talle), la arrellanó entre los cojines del inmenso sofá para, sacando fuerzas de flaqueza, preguntarle con débil hilo de voz: -Tú dirás…

Y vaya si dijo. De su boca salió una retahíla de aseveraciones que fueron

desde:

A.- Esta cómoda e insulsa vida ni me dice ni me llena absolutamente nada.

B.- Hace más de tres meses que mis orgasmos de los jueves son fingidos.

C.- He descubierto que la criada se pone mi ropa interior.

D.- He conocido a otro hombre.

E.- Tengo remordimientos.

Hasta:              F.-  Hay días en que, al salir del trabajo, en lugar de ir al gimnasio me salto la dieta y tomo un vino y una tapa de callos en un bar, y no sólo eso, a continuación, me quedo viendo como juegan a la baraja.

Pasando por:   G.- Voy a darme una ducha, prepara la comida.

Aturdido por semejantes confesiones, Lucio abrió la nevera, enganchó en el aire de manera refleja una caja de supositorios mal ubicada y se tomó dos vasos fríos de leche ensojada. Aún tuvo arrestos para preguntarle mientras alejada por el pasillo la veía despojarse del turbante:

-¿Y eso, amor mío, cómo has podido vivir con semejante zozobra?-. Portazo y chorro de agua le dejaron en ascuas.

Fueron pasando los días, entre agotadoras horas repartidas por la oficina Consulting y Recursos Humanos donde ella colaboraba y los farragosos programas informáticos anti-escaqueo de trabajadores menos cualificados que diseñaba él (el verbo trabajar recién acababa de desaparecer de la urbanización que moraban) combinando clases de yoga, coaching, fitness y padel, acabando la tarde del viernes en la semanal asamblea de padres de alumnos que organizaba la escuela cooperativa a la que acudían sus cachorros, dándoles voz pero no voto, abordando temas infantiles tan elementales como la autoafirmación interactiva, los valores creativos ónticos o las técnicas individuales de dominio y abuso del más débil que iban asimilando los niños con vistas a un prometedor futuro de liderazgo.

Transcurridos tres meses desde el inicio de nuestra historia, hizo Lucio acopio de seis grajeas de ginseng y arrebolado por la euforia dijo a su esposa sin prisa, pero sin pausa, a bote pronto:

A.- Mi ritmo de vida tampoco me llena, pero me lo da todo.

B.- Cada día me cuesta más empezar cualquier ejercicio gimnástico contigo.

C.- También a mí me falta dinero de la cartera.

D.- Frecuento salas de masajes.

E.- Me acosa la culpa, pero lo justo.

F.- Fumo a escondidas.

Semejantes divergencias maritales pusieron más que en entredicho aquella consolidada y armónica vida marital. Evitaremos detalles sobre los reproches, alusiones a las respectivas familias, llantos, acusaciones y viejos rencores anidados de antaño que culminaron en sonoros sofocones, zapatiestas histèricas y engrescadas zarrampainas, todo ello aderezado con constructivas semanas exclusivas de uso personal (ella partió una semana a Las Azores, él a las playas de Taormina), reparador crucero romántico en común por el Báltico (con buffet, barra libre y espectáculos arrevistados por la noche), consultas a consejeros matrimoniales aprestados en dar una solución al conflicto y spas, mucho spa, y relajaciones, y aromaterapias de pétalos con sabor a tutti frutti. La madre de él llego a concertarles incluso un íntimo y tonificante encuentro con su confesor de cámara pero la solución vino a través de IKEA (lugar que frecuentaban los sábados, puesto que los domingos los dedicaban a misas de doce) comprando la pizzarra donde escribieran al alimón pros y contras de la situación, ganando los primeros por goleada histórica sobre los contras,  pues hallábase allá la suma de dos cuantiosos ingresos mensuales, una católica herencia en el aire alérgica a cualquier interpretación de divorcio, unos vástagos francamente maleducados y difíciles de soportar desde la individualidad (amén de unas onerosas clases de piano, esgrima y equitación) y una pequeña pero coqueta ganga a la vista en forma de casita en Porto, muy útil para el desarrollo del idioma y cuajadita de gardenias su jardín.

El abrazo de Vergara no se hizo esperar y la aplaudida reconciliación supuso una sonora merendola en Disneylandia para, al regreso, emprender en colaboración conyugal sana una concienzuda taxonomía laboral cuya conclusión, aprobada por el Consejo de Dirección, recabó una caterva de despidos masivos a todos los mayores de cincuenta años en las empresas que Azucena asesoraba no sin imaginación y Lucio colaboraba con igual tesón. O sea, que se levantaron a más de medio polígono dejándolo listo para una amplia y cómoda urbanización de adosados y el resto para la explotación de un parque temático referente a la antigua historia del movimiento obrero y sus desmanes sindicales, iniciativa ésta que les supuso un prestigioso currículum y una estupenda remuneración con la que dar ese empujón que necesitaban casita, jardín y deudas viajeras, las cosas como son, porque… no nos engañemos, se vive solamente una vez.

Hoy la vida sonríe a esta familia. Los niños, aunque han repetido curso de catequesis, se crían fuertes y vigorosos. Mamá dedica su tiempo libre a dirigir un taller de Oración y Rezo tutelado desde Izarra por Fray Cebolla y papá, bueno… papá ha diseñado un programa informático que averigua en cada momento cómo y en qué despilfarra cada parado la ayuda familiar no contributiva. Se rumorea que va candidato al Príncipe de Asturias.

Ramón Díez

El «pandemonium» europeo

Europa vive sus momentos más difíciles desde que hará una década sendos referendos en Holanda y Francia tumbaron la Constitución europea y dejaron todo el proyecto tiritando y en el aire. Una especie de «tormenta perfecta» sacude ahora la Unión y sus líderes parecen incapaces de capear el temporal. ¿A qué responde el actual «pandemonium» europeo?

El diccionario define «pandemonium», primero, como reunión de demonios y, en segundo lugar, como «lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío». La palabra no puede ser, en efecto, más adecuada para definir la situación actual del proyecto europeo.

Por un lado, una década de hegemonía absoluta de Alemania, no sólo ha acabado con el eje que vertebró Europa durante decenios y consensuaba toda la política europea (el eje franco-alemán), sino que está provocando que todas las costuras esenciales de la Unión, que se necesitó años para tejer, estén a punto de romperse y saltar por los aires. Gran Bretaña celebrará próximamente un referéndum sobre su permanencia y, por el momento, llevan la batuta los que propugnan abandonar la UE. En Francia, la sensación de que Alemania les ha traicionado y los está ninguneando y humillando, ha puesto ya al Frente Nacional a las puertas de una victoria electoral que podría ser el detonante de la ruptura definitiva de la UE. Polonia, que durante años pareció que iba a aceptar pacíficamente la dominación alemana, ha otorgado meses atrás la mayoría absoluta a un partido nacionalista que rechaza radicalmente esa hegemonía y está dispuesto a tomar medidas radicales para librarse de ella. En Italia, el jefe de gobierno, Renzi, dispara un día sí y otro también contra la política alemana y contra Ángela Merkel, llamando a otros jefes de gobierno a sumarse a un verdadero motín contra la política germana. Y en la península ibérica, los dos gobiernos conservadores de España y Portugal, que apoyaron la política de austeridad de Alemania, están a punto de pasar a la historia. Los conservadores portugueses ya están en la oposición, y los españoles muy cerca de ella. Alemania, que se las prometía muy felices, ve ahora cómo desde todos los frentes (excluido su «hinterland» más fiel) un número creciente de países y estados de enorme peso y relieve en Europa, o bien amenazan con irse y romper la Unión, o bien están dando paso a gobiernos abiertamente contrarios a la nueva hegemonía alemana o, incluso, podrían acabar abriendo la puerta a fuerzas políticas incompatibles con el proyecto europeo. Lo que antes era un rebaño de ovejas pastoreado por Ángela Merkel, cada vez más es un verdadero «pandemonium», una reunión de demonios, que se resisten a reconocer el liderazgo alemán y quieren cada uno controlar su propio infierno.

En ese «pandemonium» es cada vez más difícil tomar una sola decisión por consenso e, incluso, que se imponga por la fuerza un «trágala» alemán, como ocurrió hace meses durante las negociaciones con Grecia. El caso más fehaciente lo tenemos con la oleada migratoria procedente de Siria, Irak y Afganistán. Meses después de que se declarara la gigantesca crisis humanitaria de los refugiados, Alemania no ha conseguido imponer su política de cuotas de reparto. La mayoría de los países se oponen o se hacen el longuis, o aplazan las decisiones, de forma que Alemania, al final, se ha tenido que «tragarse» ella sola más del 80% del problema, lo que está acarreando muy serios y graves contratiempos a la canciller Ángela Merkel, que de ver cómo su reelección parecía un camino de rosas, ahora tiene que enfrentarse a una grave desafección de una mayoría creciente de alemanes, que sobre todo tras los inquietantes sucesos de la Nochevieja en Colonia ha pasado a rechazar mayoritariamente la política de puertas abiertas de la canciller.

Por otra parte, las cifras han puesto sobre la mesa recientemente, con un descaro insoslayable, a quién está beneficiando la política europea de los últimos años. Las cifras de la balanza comercial alemana, por ejemplo, son un verdadero escándalo. Alemania tiene una balanza comercial anual a su favor de 135.000 millones de euros, la mayoría de ellos con sus socios europeos. Es como si cada año, el resto de Europa transfiriera a Alemania un cheque de ¡100.000 millones de euros! En diez años son ¡un billón de euros! Y mientras tanto, y para más inri, todos los «donantes» tienen que apretarse el cinturón para cumplir con unas cifras de déficit imposibles, que les obligan a realizan recortes muy dolorosos en educación, sanidad, pensiones, etc. Como era de esperar, tamaño desequilibrio y saqueo, está alimentando también el resentimiento, las críticas y la rebelión contra la política alemana.

Pero los «males» que socavan el liderazgo alemán y enturbian la marcha triunfante de su locomotora no tiene que ver solo con la creciente desafección de sus socios, con ser esta muy importante. Otros problemas tan o más graves se van sumando día a día hasta dibujar un panorama inquietante.

Hace también unos meses, el escándalo que salpicó a la Volkswagen, por el trucaje de motores que contaminaban más de lo permitido, golpeó con fuerza al sector más puntero y emblemático de la economía y la industria alemana. Todo el orgullo de la mecánica alemana sufrió un severo bofetón, cuyos costes (por las demandas a las que tiene que hacer frente, sobre todo en EEUU) aún están por determinar, y podrían acabar poniendo al gigante alemán contra las cuerdas. Y hace solo unos días, al calor de las nuevas y severas turbulencias que sacuden a los mercados bursátiles mundiales, se ponía en evidencia que la supuesta solidez de la primera entidad financiera germana, el Deustsche Bank, podía ser una mera fachada. En apenas una semana, el buque insignia de la banca alemana perdía en Bolsa casi el 50% de su valor, y sus acciones se ponían a tiro de los temibles hedge funds y otros fondos de inversión de origen anglosajón, con epicentro en Wall Street y la City. La posibilidad de que el Deustsche Bank pudiera ser «tomado al asalto», aprovechando la caída de sus acciones y la corriente de ventas que dominaba en el parquet, merodeó durante unas horas sobre la Bolsa de Frankfort, alimentando todo tipo de especulaciones, que el banco ha tratado de tapar con una inversión de casi 5.000 millones de euros en acciones propias, a fin de demostrar que su músculo financiero todavía es suficientemente poderoso. En todo caso, el simple hecho de que la hipótesis circulara y el banco tuviera que reaccionar, hacen creíble aquello de «si el río suena…». Esa sospecha, además, se suma a las muchas que existen acerca de la verdadera situación de las «cajas de ahorro» alemanas, los bancos de los länder, que nunca han sido sometidos a los test de estrés de la banca europea y que, al parecer, son la razón de por qué Alemania se opone a avanzar en la unión bancaria.

Pero el temblor que sacudió al Deustsche Bank no fue el único temor europeo. La crisis bursátil actual ha destapado muchas otras vergüenzas en Europa, hasta ahora ocultas y amañadas. La situación de la banca italiana, o de la Societé Général francesa (el segundo banco de Francia), han alimentado estos días rumores acerca de una nueva crisis financiera en Europa. Y aunque aún no se ha hablado de nuevos «rescates», puede que sea cuestión de días que comience a hablarse de ello. En todo caso, solo los primeros temblores sísmicos, ya han provocado un movimiento reflejo de defensa de la banca, y la consiguiente restricción del crédito, lo que refuerza la perspectiva de una nueva recesión europea. Lo que a su vez obligaría a la UE a replantearse la línea de conducta a seguir: ¿qué hacer?, ¿seguir profundizando en los recortes, como ya demanda la Comisión Europea a un gobierno español que todavía no existe? La batalla se presenta muy cruda, y Alemania ya no tiene ni la fortaleza ni la credibilidad de hace ocho años para dictar e imponer sus recetas. Muchos de sus socios incondicionales ya han desaparecido o están a punto de desaparecer de la escena y otros han comenzado a adoptar una política más beligerante, sobre todo aquellos que como Hungría, Polonia o Dinamarca, rechazan la política migratoria de Merkel y se niegan a recibir nuevos refugiados. Esta política respecto a los refugiados está provocando, por otra parte, una fractura total en el seno de la UE. Las iniciativas de algunos Estados vulneran ya principios básicos de la UE así como su política de derechos humanos, uno de sus emblemas. La decisión del gobierno danés de despojar a los inmigrantes de su dinero, bienes o enseres, como condición para admitirlos, recuerda ya al expolio judío por los nazis. Gran Bretaña solo seguirá en la UE si se acepta que se niegue a recibir nuevos refugiados. Francia discute (y se divide) ante las perspectiva de quitar la nacionalidad a quienes aparezcan vinculados con actos terroristas. No hay una política europea ante el tema, cada uno toma su camino según sus circunstancias e intereses… Mientras tanto, columnas de refugiados recorren el invierno europeo, en escenas que recuerdan el pasado más ignominioso de Europa.

«Lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío»: así es el actual pandemonium europeo, un ámbito en el que se cuestiona la autoridad de Alemania y no hay un liderazgo indiscutido, donde cada uno alza su voz y propone su solución particular, sin modales y a grito pelado, y donde reina una enorme confusión acerca del futuro, mientras el presente se siembra de oscuros presagios sobre una nueva réplica de la crisis. Y mientras Estados Unidos mueve sus poderosos y secretos hilos no solo para preservar sino incluso para reforzar su dominio y su control sobre Europa, al este, una Rusia cada vez más agresiva afila también sus cuchillos para ver qué podría sacar de una Europa dividida y en crisis.

 

Bocadillos:

Lo que antes era un rebaño de ovejas pastoreado por Merkel, ahora es un verdadero «pandemonium», una reunión de demonios, que se resisten a doblegarse al liderazgo alemán y quieren cada uno controlar su propio infierno.

En ese «pandemonium» es cada vez más difícil tomar una sola decisión por consenso e, incluso, que se imponga por la fuerza un «trágala» alemán, como ocurrió durante las negociaciones con Grecia

Columnas de refugiados recorren el invierno europeo, en escenas que recuerdan el pasado más ignominioso de Europa

Manuel Turegano

 

 

PETARDOS Y “PETARDÁS”

“La Dirección General de Comercio y Consumo recuerda que, al utilizar un artefacto pirotécnico, hay que dejar suficiente espacio alrededor y evitar su empleo en aglomeraciones. Sólo se pueden disparar petardos en las zonas delimitadas para ello y marcadas como zona de fuegos.”

“Los petardos no se deben disparar contra personas o animales, ni en zonas donde haya vegetación o líquidos inflamables. Tampoco debemos encenderlos dentro de botellas, latas, contenedores o papeleras porque al explotar pueden producir metralla.”

Esto es lo que leo en la normativa actual respecto al uso de petardos en Fallas. Y me asombra que esté tan lejos de la realidad cotidiana.

En primer lugar, no estamos en Fallas todavía, pero el quiosquero hace su agosto en marzo. Desde el primer día del mes se oye el sonido constante de los petardos aquí cerca, en un jardín donde hay niños, perros y terrazas de bar. No se lanzan en una zona delimitada (eso solo figura en el papel). Tampoco se respeta ningún horario. Los petardos suenan a cualquier hora. La gente se queja por lo bajo, ¡cualquiera protesta! No estaría bien visto y menos por los falleros que parecen representar a toda la población de esta ciudad. El ruido nos tiene que gustar porque sí, porque si no, no somos valencianos. La gente, insensibilizada o anestesiada, se toma un refresco en una terraza y charla en medio de las explosiones, algunas tremendas, porque se venden petardos de gran calibre a cualquiera.

A mí me sorprende que los vecinos que viven sobre ese jardín, entre los que debe haber gente con insomnio, dolores de cabeza, algún enfermo, animales domésticos que tiemblan ante el ruido, se aguanten y no protesten. Lo que digo, la mayoría está anestesiada o simplemente resignada. De vez en cuando, explorando en Internet, me encuentro con alguna queja contundente sobre esta práctica tan desmedida. Pero es como clamar en el desierto. Aquí lo que importa es la “festa”, una “festa” interminable que dura prácticamente un mes entero.

Porque nosotros somos muy folclóricos, y así nos va. Vamos de “petardá” en “petardá”, dando la nota en los medios, con noticias tan explosivas como esos “trons de bac” que con tanta soltura lanzan nuestras autoridades.

Susana Benet

Azimut

La derecha y la izquierda no son espacios estáticos que se puedan situar sobre el panorama en un sitio determinado, como no lo son tampoco los puntos cardinales, por otra parte mucho más ubicables que los primeros.

Cuando decimos que la ventana de nuestro salón mira al Oeste, no estamos afirmando que durante todos los días del año el punto medio de nuestro ventanal es el lugar exacto del ocaso, sino sencillamente que por allí todas las tardes entra  la luz en mayor o menor grado.

Más que un punto hay un tramo que ocupa el Oeste, como el Norte, el Sur y el Este, parcela que se conoce con el nombre de acimut o azimut. Aceptando que ese tramo existe y que es variable en función de donde se sitúa el espectador, ¿nos costaría mucho admitir una ubicación amplia, una zona ancha para situar el sector al que llamamos izquierda?

No solemos tener dificultades para emplazar en el Oeste lo que realmente ocupa ese espectro, sin embargo hoy en día no solemos detectar con igual precisión lo que ocupa la izquierda. Sin duda antes resultaba más fácil, a pesar de que la derecha parecía ser más inamovible e inmutable y en cambio la izquierda siempre estuvo más discrepante y atomizada. Ahora todo resulta más complejo.

Según parece, significativos fragmentos de la diestra han ido tiñendo su marca de tonos más cálidos, mucho más parecidos al rojo que al azul, y en cambio sigue siendo la izquierda la que inmutablemente sigue atomizada y disconforme.  No es que haya que pensar que el color va a determinar la actitud, todos conocemos su procedencia  pero, incluso a sabiendas de donde están situados, sería lícito aceptarlos en el terreno al que quieren aproximarse, terreno que acabamos de definir  como un sector de amplitud versátil y que se mide en función de diversas variables.

Podemos entrar en todas las polémicas que queramos, podemos poner etiquetas y podemos seguir manteniéndonos incólumes en nuestra parcela, esté donde esté emplazada y tenga el color que tenga; podemos seguir debatiendo y argumentando pero no debemos olvidarnos de una cosa importante: arriba y abajo todavía no están ideológicamente definidos, en consecuencia no podemos contar con el Norte ni el Sur, de momento y de forma apremiante solo tenemos dos opciones o la derecha o la izquierda.

María Valeska

¿La ingravidez de la muerte o del amor?

 

Ingrávido, a:

  1. adj. Dicho de un cuerpo: No sometido a la gravedad.
  2. adj. Ligero, suelto y tenue como la gasa o la niebla.

 La fila 7 del cine de barrio de aquel miércoles de agosto estaba medio vacía en el momento en que todo sucedía. Resultó estar muerta, sí, muerta. Muerta como jamás lo había estado. Preguntó a 4 de los testigos que ocupaban la fila 7 de aquel pequeño cine de barrio cuando se dio cuenta de que ninguno parecía ser consciente de su nuevo estado. Todo le parecía muy extraño pero si de algo estaba segura y, de ello no cabía ninguna duda, era de que estaba muerta, bien muerta.

Decidió interrogar a los testigos. Éstos la miraron extrañados. El testigo número 3, un hombre mayor con sombrero de copa, ojos azules reparados muchas veces, tantas que si mirabas con precisión podías descubrir hasta la firma del restaurador y con manos de arlequín, la miró extrañado. “ –Oiga, ¿ usted está loca?”, dijo y se marchó volando. Sí,  volando.

Ella en aquel nuevo estado de muerta no supo qué hacer y miró dubitativa y tímidamente al testigo número 2. A éste no le salió ninguna palabra de su boca, sino 57 coliflores vestidas de azul con falda de tul y en filas de tres. Intentó hablarles rápido a todas a la vez pero no sirvió de nada. Sus cuerpos desaparecieron esfumados, efímeros mientras se sentía Higgs.

Tuvo que armarse entonces de mucho valor. Solo le quedaban dos testigos.  Analizó la escena con precisión: el testigo número 1 se trataba de una pequeña anciana con redes de pescador a modo de falda, ojos muy grandes y grises y llevaba un corpiño de macramé. Esperaba pacientemente a ser interrogada. Tenía muchas ganas de hablar, muchas, y no tenía prisa. 

El testigo número 4, quien parecía de todos los testigos el más normal y el más habitual, le dio miedo, mucho miedo. ¿Podía estar más muerta todavía? Si, de miedo. Tanta normalidad la asustaba. Cuando estaba aún viva ya le pasaba, pero ahora, ahora era diferente: el testigo número 4 le daba miedo de verdad.

Lo tiró a suertes. Cuando vivía,  el juego de pares o nones siempre le había funcionado. Salieron pares: perdió. Miró cómo la anciana desaparecía en silencio.

Se miraron y  se volvieron a mirar durante mucho tiempo. Ella no recordaba ya desde cuándo estaba allí, mirándole. ¿Podía ser que siempre hubiera estado allí? ¿Eso significaba que estaba muerta desde siempre? ¿Alguna vez había estado viva? ¿Era real o virtual? ¿Todo era una nimiedad? El testigo número 4 tenía la respuesta a todas sus preguntas. Pero de nuevo llegaba tarde. Miró su reloj. Eran las 19:56. El fin del mundo había llegado para ella y nadie parecía poder evitarlo. Entonces, vivió.

Amparo A.