¿La ingravidez de la muerte o del amor?

 

Ingrávido, a:

  1. adj. Dicho de un cuerpo: No sometido a la gravedad.
  2. adj. Ligero, suelto y tenue como la gasa o la niebla.

 La fila 7 del cine de barrio de aquel miércoles de agosto estaba medio vacía en el momento en que todo sucedía. Resultó estar muerta, sí, muerta. Muerta como jamás lo había estado. Preguntó a 4 de los testigos que ocupaban la fila 7 de aquel pequeño cine de barrio cuando se dio cuenta de que ninguno parecía ser consciente de su nuevo estado. Todo le parecía muy extraño pero si de algo estaba segura y, de ello no cabía ninguna duda, era de que estaba muerta, bien muerta.

Decidió interrogar a los testigos. Éstos la miraron extrañados. El testigo número 3, un hombre mayor con sombrero de copa, ojos azules reparados muchas veces, tantas que si mirabas con precisión podías descubrir hasta la firma del restaurador y con manos de arlequín, la miró extrañado. “ –Oiga, ¿ usted está loca?”, dijo y se marchó volando. Sí,  volando.

Ella en aquel nuevo estado de muerta no supo qué hacer y miró dubitativa y tímidamente al testigo número 2. A éste no le salió ninguna palabra de su boca, sino 57 coliflores vestidas de azul con falda de tul y en filas de tres. Intentó hablarles rápido a todas a la vez pero no sirvió de nada. Sus cuerpos desaparecieron esfumados, efímeros mientras se sentía Higgs.

Tuvo que armarse entonces de mucho valor. Solo le quedaban dos testigos.  Analizó la escena con precisión: el testigo número 1 se trataba de una pequeña anciana con redes de pescador a modo de falda, ojos muy grandes y grises y llevaba un corpiño de macramé. Esperaba pacientemente a ser interrogada. Tenía muchas ganas de hablar, muchas, y no tenía prisa. 

El testigo número 4, quien parecía de todos los testigos el más normal y el más habitual, le dio miedo, mucho miedo. ¿Podía estar más muerta todavía? Si, de miedo. Tanta normalidad la asustaba. Cuando estaba aún viva ya le pasaba, pero ahora, ahora era diferente: el testigo número 4 le daba miedo de verdad.

Lo tiró a suertes. Cuando vivía,  el juego de pares o nones siempre le había funcionado. Salieron pares: perdió. Miró cómo la anciana desaparecía en silencio.

Se miraron y  se volvieron a mirar durante mucho tiempo. Ella no recordaba ya desde cuándo estaba allí, mirándole. ¿Podía ser que siempre hubiera estado allí? ¿Eso significaba que estaba muerta desde siempre? ¿Alguna vez había estado viva? ¿Era real o virtual? ¿Todo era una nimiedad? El testigo número 4 tenía la respuesta a todas sus preguntas. Pero de nuevo llegaba tarde. Miró su reloj. Eran las 19:56. El fin del mundo había llegado para ella y nadie parecía poder evitarlo. Entonces, vivió.

Amparo A.

“LA PRIMERA VEZ”

No, mal pensad@s, sé que estáis pensando en sexo, pero, en este caso, os voy a contar una historia, o era histeria, que todavía no sé si es real o es una alucinación de mi cerebro desquiciado, que nada tiene que ver con el sexo, ¿o quizás sí?

Quizás no lo creáis, pero así es como yo todavía recuerdo como me temblaban las piernas al aproximarme tímidamente a la consulta con el bonito número 66, no, no he dejado de anotar un número, aunque para mí sí se asemejaba bastante al infierno. Ahí estaba yo, deseando con todas mis fuerzas que fuera un hombre…ahora, por fin, entiendo las dudas de las mujeres cuando van a elegir ginecólog@, y eso que nosotros no tenemos que soportar que un frío ánade nos picotee el culo (vamos lo que es “el pato”).

Por supuesto, intenté venirme arriba, dando la sensación de tener más valor que Indiana Jones en una pirámide con cien mil serpientes. Había llegado a mi cita, todo puesto, con mis gayumbos impecables, a pesar de que en mi cabeza no cesaban de sonar unas palabras que os sonarán: ¡Ave Caesar morituri te salutant!, o lo que es lo mismo: ¡Menudo pájaro es César (casualmente el nombre de mi médico), los que van a morir te saludan!, si ya sé que la traducción es algo libre…

Llamé, yo creo que casi de manera inaudible, a la puerta, la abrí despacio y, allí estaba…no sé si  era mejor que no fuera una mujer (por la vergüencita), lo peor es que aquel hombre tenía las manos “extra grandes”, sí lo que serían unos guantes “XXXL”, vamos, que podía haberse dedicado tranquilamente a la tala de secuoyas…

En ese instante y por un impulso reflejo, a la par que defensivo, de mi propio cuerpo, me transformé en un tigre…no, por las rayas no, por las uñas tampoco, que me las había cortado limpiamente…sino, porque mis testículos se encogieron y pasaron a depositarse mucho más atrás, demostrando que no es real la expresión de “se le subieron los c…a la garganta”.

El urólogo, que debía ser primo de Obelix, o tal vez pariente de nuestra querida “Criatura”, tomó unos guantes y tras un “plas”, ruidito característico que se produjo al soltar el látex de su guante, dijo: ¡pase detrás de la cortina y desvístase de cintura para abajo!…allí estaba yo, con el culo “en pompa” y los codos apoyados en la camilla, sí, estaba esperando la mano asesina que, al igual que una estocada, procediera al ataque de mi próstata, y que, por mucho que la esperes, lo único que deseas es que el urólogo tenga las uñas cortas…de repente oí decir, con una voz atronadora, o que al menos a mí me pareció más potente de lo que hubiese deseado en esos momentos: ¡vamos a proceder al tacto rectal, relájese!. En ese preciso momento empecé a preguntarme ¿habrá lubricado el dedo bastante? ¿No hubiese sido mejor no avisar? ¿aparecerá el “efecto legumbre” de la fabada de ayer? …sólo recuerdo mis ojos hacia fuera como en los de los dibujos animados o como Jim Carrey en “La Máscara” y la sensación de que esa mano me llegaba hasta el cerebro… de cualquier forma y, aunque parezca una técnica un tanto cavernaria, debe de tratarse de una técnica muy moderna, puesto que estamos ante una exploración “digital” …

En definitiva, no me preguntéis por qué, será psicológico, pero…yo estuve unos cuantos días con la sensación de que andaba algo más abierto de piernas y en mi mente todavía resuena una melodía que dice así…”Ay libérate…”, del más grande, no del Fari, no, de nuestro “Titi” (sí podéis tararearla)…

P.D: hacedme un favor, si alguien conoce a algún urólogo que se llame César, no le contéis mi caso…no vaya a ser que no tenga otro al que acudir en próximas revisiones…

(Viriato© En cualquier w.c. de España)

TV

Medios, los medios, qué medios;

sus medios.

Estamos mal, qué mal, muy mal,

pues somos crédulos, estúpidos, farsantes.

Incluso tú. Incluso yo.

¿Dónde están nuestros cerebros?

¿En qué momento los perdimos?

Chico, ¡ya estamos muertos!

Se miente mucho y se miente mal

pero es que, chico,

¡ya estamos muertos!

 

Santiago Herrero

EX CATHEDRA

El distrito Universitario de Nueva Asdrubalia fue atacado en la década de los noventa por una batería de impertinencias que llevaron a la dimisión y cese inmediato de sus funciones como rector a Don Celedonio Orenga, decano con más de cincuenta y cinco años de servicio dedicados a la investigación y docencia sociológica desde uno de los departamentos de cátedra con mejor aire acondicionado de todo el campus estudiantil.

            La batería de conflictos inicióse desde el instante en que uno de sus más valorados profesores adjuntos, experto en mantener la temperatura de los cafés con leche y los churros en el recorrido de la cafetería al aula, fue interpelado no sin gravosas dosis de inquina desde las tribunas aprendices de ciencias criminológicas con la pregunta de si los confidentes de la policía nacían o se hacían, ahondando en esa eterna polémica sin resolver sobre esencia y existencia. Desarmado por completo al no contemplarse en el temario semejante demanda derivó la pregunta por orden de escalafón hasta llegar a Don Celedonio. Éste, rojo de cólera al saberse enterado de semejante aparato, convocó inmediatamente un seminario entre sus colegas de diferentes ámbitos con el fin de descabezar ipso facto semejante conjura. Pero fue peor el remedio que la enfermedad, pues cada docente entrevistado dio una opinión diferente al respecto quedando muy lejos el cónclave de hallar   solución y sí cercano al cisma. Las actas de dichas deliberaciones pueden hoy leerse en los anales universitarios y son todavía motivo de desaire su recordatorio, cuando no de escarnio.

            Pero no quedó ahí la cosa. Varias facultades al unísono fueron asaltadas por un extraño virus que afectaba a muchos de sus pedagogos allí congregados y que consistía, a groso modo, en que los más soeces programas de televisión, normalmente denostada por todos ellos, aparecían amenos a sus ojos inmediatamente antes de partir desde sus casas camino de la correspondiente jornada laboral. Este parecer tan curiosamente esparcido entre el cuerpo de catedráticos fue analizado con  taxonómica entrega por los laboratorios de Biogenética  Andariega e incluso de Botánica del Devenir, arrojando los estudiosos de una y otra industria unas pobres conclusiones y un ajado informe en el que se recomendaba acostarse un poquito antes cada noche para así poder mejor madrugar. Don Celedonio estaba que trinaba.

            Varias fueron las medidas coercitivas que se tomaron desde los despachos, a saber: privación sine diem entre los discentes de cortarse el pelo en sastrerías o modistas; requisa masiva de cualquier arma blanca en los bolsillos del profesorado durante épocas de examen; impedir la entrada en los doctorados de cualquier manifestación prerrafaelita; retirada inmediata de toda subvención a la compra de cuerdas de bandurria para la tuna; uniformidad en el tamaño de las borlas de los birretes; restricción de las horas de pastoreo en los verdines del rectorado y la elaboración de panfletos en diferentes idiomas conminando a dejar de besarse por salas, pasillos y ascensores, con especial énfasis en el retrete del Aula Magna.

            Todo en vano. El doctor emérito en Derecho, D. Avelino Cubells, dijo tener un hermano exorcista en un monasterio de Solsona (Lleida), eficaz en la  desdemonización de espacios públicos, pero la Comisión Económica hubo de pronunciarse negativamente al disfrute de sus servicios aduciendo falta de presupuesto en las dietas, conflictos lingüísticos irreparables y problemas derivados de transferencias educativas.

            Agotada pues la vía trentina  y viendo Don Celedonio a través de sus bonachones ojos como la nave del saber cristiano íbase a pique en medio de tanta injundia, zozobra y sabotaje, resolvió entregar la cuchara  apalabrando con su gestor una honrosa jubilación que le dedicase desde aquella sabia determinación a los cuidados paliativos de su anciana mascota, buscar las recomendaciones oportunas para la colocación de varios de sus nietos entre las consejerías del nuevo rectorado y a la lectura pausada y fehaciente de las memorias estilitas de Fray Cebolla, ocultas en los anaqueles de doble fondo de su biblioteca erudita para pergeñar a vuela pluma entre sus apuntes la caterva de infamias con que viéronse calumniados los últimos días de su ilustrada carrera. Dudó en un principio entre titular dichas memorias entre “O yo o el caos” o “ Arrieritos somos”, pero acabó decantando su preferencia por el de “Insaciables tórtolos”. El tiempo lo conduce camino de la incunabilidad.

Ramón Díez

La susurradora irresistible. Como la pólvora.

El ruido ensordecedor de la mascletá no consigue acallar sus pensamientos, no nubla ni un ápice su mensaje, ese deseo que quiere gritar al viento. La susurradora sabe que hoy el aire viene cargado del sabor picante de la pólvora, esa sustancia que se incrusta en las venas y cuando llega al corazón hace que la vida explote delante de los ojos.

Por eso carga cada grano de pólvora de un rugido, de un grito unánime que rompe cualquier argumento.

“Si apartáis el ego, ¿qué os queda? Yo os lo cuento: la visión clara de las cosas. Contemplaréis a la gente que sufre esperando respuestas, que tiembla de miedo a no tener cabida en este caos en el que unos tratan de alimentarse de los otros; millones de personas que esperan saber si podrán abrir la boca en este mundo de locos y cantar su razón; si alguien escuchará una a una sus verdades, o solo oirán un ruido incomprensible, ahogado dentro de la masa; cientos de seres que esperan conocer si aquellos hijos que han lanzado a la tierra podrán desarrollar una existencia donde quepa el respeto, la piedad, la empatía, la solidaridad, la libertad, el amor. Porque es bastante duro levantarse con el alba y abrirse paso a base de codazos. ¿No están las manos para enlazarse, los dedos para acariciar, las lenguas para comunicarse, los ojos para comprender, los hombros para apoyarse? ¿De qué nos sirven los mecanismos para avanzar más unidos, más fuertes, más felices, si no nos atrevemos a usarlos? Apartad el ego y, de paso, reconciliaos con la esencia femenina de vuestra alma. El mundo lo reclama.”

La mujer pelirroja apura su cerveza y, antes de subirse a la Harley, alza la cara y contempla la inmensa nube aromática que se eleva y se expande, inundando centímetro a centímetro cada calle, cada plaza, cada pulmón, cada mente.

¿Lo oléis?

Sin disculpa (Valencia)

Una moda jodida

Es extraño esto de las modas, da igual lo que duren, a qué vertiente hagan referencia, o sobre qué se posen, pero el caso es muchas veces, esperándolas o no, nos sorprenden. Hace nada leo en un artículo que a una película que, quizá no sea una obra maestra, pero que se acerca a la obra de arte, se la mete en la categoría de cine viagra, un simple insulto vacío y carente de significado y pruebas que sostengan el argumento –pruebas reales claro, inventadas puede haber hasta la saciedad–. Pero bueno, de esto ya me he quejado en otro lado –que se hará público la próxima semana–; a veces es difícil contenerse.

A todo esto se suma ahora una extraña moda; la de estar jodido. Sí, estar jodido, ya sea por el trabajo, o por no encontrarlo, por perseguir a la tía/tío equivocado/a, o por encontrar de repente un hueco interior que no es otra cosa que un vacío existencial; esto en personas que nunca han tenido uno, ya fuera por madurez, por edad, o por no pararse a pensar nunca en algo que distara más allá de su campo de visión (o a dos palmos de sus narices). Es curioso y gracioso. Bienvenidos al mundo, bienvenidos a la vida.

Puede que todos nosotros seamos otra generación perdida, ahora posmoderna y en un mundo superpoblado, de gente, competitividad, oferta y demanda. Y no es cuestión de refunfuñar, de buscar respuestas en el fondo de la botella (ahí no hay nada, salvo el culo de la botella, el culo del mundo), ni de realizar montajes hollywoodienses en una mente que ve todo a través de un prima paranoico, uno que le hace ver que todo ser viviente está en su contra y por ende que respira por él/ella. Aquí cada uno respira por y para sí mismo, que no es poco.

Quien se dé de bruces por primera vez con esa negrura interior solo encuentra algo que otros muchos ya hemos paladeado y superado, y cuando vienen más se vuelven a superar, son los baches de la existencia, simple y llanamente. A quienes no, a esos afortunados, enhorabuena, solo espero que esas reflexiones no lleguen al final y acaben como los protagonistas de La Juventud.

La paciencia, e incluso el pasotismo, el tomarse la vida con más calma y relajación, pueden ser armas muy poderosas. Hay quien revienta a la mínima, hay quien lo hace cuando una mísera gota colma un vaso enorme de mierda y salpica a todo dios. Yo creo que cuanto menos lata el corazón por gilipolleces, más viviremos, porque las hayamos padecido o no (espero que no, nadie), solo con pensar en desgracias ajenas, problemas de verdad, uno se da cuenta de que los mayores problemas de las vidas cotidianas de la gran mayoría son simplemente eso, estupideces.

Porque al final pesa mucho más una sonrisa que una lágrima (a no ser que sea de felicidad; entonces su valor y peso son infinitos), y es mucho más hermosa y trascendente, y simple y perfecta. Dediquémonos a sonreír más y a poner menos caras de mala hostia, y sobre todo, aquellos días en que no logramos encontrarle el sentido a la vida, tan solo compartamos tal sentimiento con la persona que esté a nuestro lado, porque si tampoco lo hace ya seremos dos, y así el veneno se diluye más fácilmente, pero más que por eso, porque quizá pueda darnos esa palmadita en la espalda, pueda dedicarnos esa sonrisa que nos empujará en la dirección correcta, en la de la respuesta, y tal vez mañana sea uno mismo quien ayude a un igual a hacer lo mismo.

En fin, que menos modas negras, absurdas e insultantes, y más fijarse en la belleza que existe en la cotidianidad –sí, hay más en lo espontaneo, lo extraordinario e incluso en lo caótico, pero también en el día a día–, que aunque esté algo escondida, si uno sabe mirar, la ve con claridad.

Salva Alberola

COMER POR UN EURO: Bandeja de calabaza con nuez y mantequilla

INGREDIENTES:

1 calabaza

1 cebolla

25 gr. de nueces picadas

2 cucharadas de miel

2 cucharadas de mantequilla

1 taza de zumo de manzana

ELABORACIÓN:

Se pela la calabaza, se le quitan las semillas y se corta a rodajas. Se corta la cebolla en rodajas finas y se reserva.

Se calienta el horno a 175º, se mezclan la calabaza y la cebolla en una fuente de hornear con una capacidad de dos litros. En un cuenco pequeño, se mezclan el zumo de manzana, la mantequilla y la miel. Se vierte la mezcla sobre la calabaza y se cubre con las nueces picadas. Se tapa y se hornea durante 40 minutos, o hasta que esté todo bien hecho.

Rebelde con causa

DE ASALTOS Y OFENSAS

   Asalto: 1) delito caracterizado por la violencia usada bien para conquistar una guarnición o lugar estratégico bien contra las personas, generalmente para robar sus pertenencias y a punta de navaja u otra arma; 2) cada uno de los tiempos que componen un combate de boxeo; 3) táctica militar usada en distintas batallas. De la misma manera existen los carros de asalto o tanques, el fusil de asalto, diseñado para el combate; asimismo se asalta un banco para robar el dinero o las joyas que guarda y, sí, también se asaltan capillas, sacristías o iglesias para robar los objetos de valor que haya, entre otros la imaginería y hasta el “cepillo”.

    En 2011, en el marco de unas protestas y manifestaciones con motivo del día de la mujer, un grupo de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid entró (sí, entró) en la capilla del campus para hacer ver que esta no debía estar ahí, pues es una universidad pública, laica y aconfesional. Al grito de “fuera los rosarios de nuestros ovarios” -pareado desafortunado y soez- surgió entre el grupo una chica que se quitó la camiseta y mostró el torso con el sujetador puesto (en ningún momento se aprecia que se lo quite y muestre los pechos).

    Pero años después esa chica ha pasado de estudiante a portavoz de la alcaldía de Madrid. Y es en este momento cuando se desencadenan las hostilidades hacia Rita Maestre, que así se llama. Desde todos los ámbitos: político, mediático y religioso. En el político, desde la oposición en el consistorio hasta el ministro del Interior, pidiendo su dimisión por semejante insulto a la religión católica; en el mediático van más allá: pasan del insulto al atentado a dicha fe; en el religioso, le añaden (sí, sí, aún más) el agravante de haber hecho eso dentro de la capilla y con el capellán en su interior.

    Como resultado de todo esto, el pasado mes de febrero, en el marco de una cruzada sin cuartel contra todo lo que huela a Ahora Madrid -era cuestión de tiempo- llegó la querella; en concreto del Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro y de AES (Alternativa Española –curioso cómo se parece a FAES), partido este cuyo presidente de honor fue Blas Piñar y cuyo secretario general actual es Rafael López-Diéguez, antiguo militante de Fuerza Nueva.

    Ambas asociaciones, también muy ofendidas por semejante y bochornoso espectáculo, pretenden que se juzgue y acuse a la Sra. Maestre de un delito de “atentado contra los sentimientos religiosos” y, en el colmo del surrealismo, piden nada menos, un año de cárcel para ella. Pero en las imágenes que muchos hemos podido ver no se advierten insultos, descalificaciones o falta de respeto a nada ni nadie.

    Sin embargo, a todas estas personas que se sienten insultadas en su moral nacionalcatólica nunca las he visto denunciado otros casos, incluso más deleznables: ¿Dónde estaban el ofendido clero, los indignados políticos y los rabiosos medios de la caverna cuando se dieron los datos de las mujeres asesinadas por violencia machista en España en los últimos quince años -cerca de 900? ¡Ah, no! Que según el obispo Reig Pla “las mujeres no deben tener derecho a voto pues eso les permite tener libertad para pensar por sí mismas”.

    ¿Por qué no se indignan cuando una mujer tiene que abortar, generalmente a su pesar? Pues no existe tal ofensa ya que para algún prócer de la Conferencia Episcopal el aborto es “un aquelarre diabólico”. Tampoco les veo rasgarse las vestiduras cuando diariamente mueren decenas de sirios que huyen de una guerra devastadora, incluidos muchos niños. Pues no es menester rasgárselas dado que monseñor Cañizares nos ha dicho que “no son trigo limpio”.

    En fin, no les veo rabiar de dolor y asco cuando en el seno mismo de la Iglesia se han dado, y siguen dándose, casos de pederastia cuyos presuntos culpables no sólo siguen en libertad, sino que se les justifica aduciendo que “son los propios chavales, los adolescentes o niños, los que van provocando con sus comportamientos”, según el obispo de Tenerife.

    Creo que la Iglesia  debería tomar conciencia de lo verdaderamente importante en mi opinión: soltar las amarras que la atan al Concilio de Trento y llegar de una vez por todas al siglo XXI sin perder su razón de ser, por supuesto. Que no es otra que educar en valores -cristianos en este caso- pero no en dogmas de fe y predicar con el ejemplo; y es que ya lo dijo el clásico: “con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”.

Moska

ESOS “ROJOS” PELIGROSOS

   Incluso antes de que empezara la campaña electoral para las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015 ya se comentaba –lo recordarán- el peligro, el caos que supondría que ganara el “tripartito” compuesto por Compromis, Podemos y Psoe. En conversaciones de ascensor, en el autobús o en el mercadito oíamos constantemente que si “estos” llegaban a la alcaldía se lo cargarían todo, como si de un “bull-dozer” se tratara.

    “Con la bonita que ha dejado la ciudad Rita”, decían; “ahora Valencia está en el mapa debido a la Fórmula I o la Copa del América”, gracias a Rita, comentaban. “Y si entran <<estos rojos>> acabarán con todo”, vaticinaban. Oíamos cosas como que iban a cargarse la cabalgata de los Reyes Magos; sin embargo, esta se ha celebrado e incluso, en el transcurso de la misma, se leyó un fragmento del evangelio según San Mateo.

    También iban a dejarnos sin las Fallas, nuestras mundialmente conocidas fiestas josefinas. Hemos llegado a oír que ¡sólo se iban a disparar “mascletaes” los últimos cuatro o cinco días de fiestas!; que desde primeros de mes era un gasto demasiado elevado; pero la realidad es que se mantienen los disparos desde el día 1 y no sólo; ha habido un disparo el pasado 29 de febrero para intentar que la UNESCO nombre las Fallas como “bien inmaterial de la Humanidad; y no sólo; el concejal de fiestas, Pere Fuset, sí, ese “radical antisitema” que nos iba a dejar sin tradiciones, ha conseguido firmar un convenio con TVE para retransmitir los actos más relevantes de estas fiestas, empezando por la “Crida”.

    Que nos iban a arruinar a todos lo hemos escuchado cansinamente durante demasiado tiempo, aunque ha quedado demostrado que no ha sido así; se me ocurre que es todo lo contrario, pues la peatonalización del entorno de la Lonja y el cierre al tráfico de la plaza del Ayuntamiento el último domingo de cada mes han permitido que hosteleros y comerciantes vean incrementadas sus ventas dado que la afluencia de público es masiva. Y como lo que se pretende es hacer una ciudad precisamente para las personas, más habitable, se están ensanchando las aceras para minimizar en lo posible los efectos del vehículo propio en el centro de la ciudad.

    Y en el colmo de los despropósitos y de las ideas descabelladas a “estos perroflautas” se les ha ocurrido que los ciudadanos participemos en las decisiones y actuaciones del consistorio. Han pensado que podemos –y debemos- votar por barrios y distritos en qué obras e infraestructuras hay que gastar siete millones de euros del presupuesto de la ciudad. Es decir ¡cuentan con nosotros! De locos.

    Es fácil suponer que los anteriores legisladores no permitirán tamaña ofensa, es más, que recurrirán al Supremo o, mejor aún, al tribunal de Derechos Humanos de la Haya, para acusar a estos “populistas y extremistas” de izquierdas de atentar contra el modo de vida de aquellos inquilinos, caracterizado por la megalomanía, el despilfarro, mordidas del 3% y corrupción a “mogollón”; no vaya a ser que los ciudadanos podamos tener más libertades y mejor calidad de vida. Juzgue el lector.

Moska

FUNCIONARIADO EJEMPLARIZANTE

Desde la Dirección General de Centros docentes de La Generalitat Valenciana se nos pide, a todos los funcionarios docentes e interinos, declarar no haber sido condenado por ningún delito contra la libertad e integridad sexual y autorizar a la Generalitat Valenciana a hurgar en nuestros datos.

Siempre que hay que tomar una medida aleccionadora y ejemplarizante ahí estamos los funcionarios y funcionarias. ¿Quiénes mejor y más fáciles de controlar? Porque me pregunto: ¿acaso van a hacer firmar este documento a todas las personas que en su trabajo se relacionan con menores? ¿Han pasado esta petición al clero, a los catequistas, a los profesores y profesoras  que dan clases particulares, a las personas encargadas de las actividades extraescolares? ¿Quizás van a averiguar si los entrenadores y entrenadoras de los gimnasios están en esta lista negra?, ¿van a exigir lo mismo a todo el personal de los colegios privados y concertados?, y ¿por qué sólo al personal docente?, en los centros educativos también trabajan más personas que están en contacto con menores.

No tengo ningún problema en firmar ese documento, es más, me siento muy tranquilo y muy orgulloso de no tener la más mínima mancha en mi expediente moral, y me parece que la lucha contra la pederastia y cualquier otra forma de abuso sexual, hacia menores y entre personas adultas, debe ser implacable; pero cuando las cosas se hacen de esta manera, cuando se acude una vez más al funcionariado como presa fácilmente controlable del gran hermano que padecemos, parece que es una medida de cara a la galería para marcarse un tanto en lo social, sin que la medida en sí vaya a solucionar el verdadero problema.

Juan Díaz Almagro

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