Aunque es un tema en exceso comentado, y manidos sus argumentos a favor y en contra, cabe recordar que en sesión parlamentaria se aprobó la Ley de Memoria Histórica, ya que España, si no me equivoco, es la única democracia europea que, después de sufrir una dictadura, hizo borrón y cuenta nueva. No así otras dictaduras como las que sufrieron portugueses, alemanes o rumanos, por citar algunas, en cuyas democracias se castigó a los instigadores y protagonistas de aquellas. En este país no; aquí se les recuerda con calles, plazas y monumentos. Sí, España es diferente, qué le vamos a hacer.
Y por desgracia sigue habiendo nostálgicos del régimen y tergiversadores varios que todavía interpretan aquellos años de oscurantismo, persecución y muerte a su antojo, pasándose la realidad histórica por el arco de triunfo o, en su defecto, contando medias verdades. El caso es que el otro día apareció un texto en una red social que un familiar me reenvió, a propósito de lo que “realmente” fue la dictadura de Franco. En ese documento se citan cuatro o cinco supuestos que, leídos así, sin más, sin datos ni conocimientos históricos, uno podría pensar que son ciertos. Y tanto la persona que envió ese texto como mi familiar me retaron a rebatir los argumentos allí expuestos. Yo no soy historiador y, en mi ignorancia, he preferido consultar un par de libros y hablar con un profesor de historia para poder tener una opinión más formada.
En primer lugar, se nos asegura que en los años 70 los alcaldes no cobraban un sueldo y los diputados percibían 10000 ptas. Si es verdad esta afirmación, es una verdad a medias; porque no les hacía falta cobrar o cobrar mucho, según los casos, dado que estas autoridades, a su vez, eran los terratenientes o caciques del lugar o pueblo al que representaban; dueños de tierras, del ganado, de las fábricas y de las minas; es decir, ya eran muy ricos.
La segunda cuestión que plantea el anónimo mensajero dice que “según la Real Academia de la Historia, el régimen franquista no fue una dictadura sino un régimen autoritario y, desde 1966, una democracia orgánica (sic)”. Es cierta esta afirmación; pero no nos dice quién la sella y firma: Federico Sánchez Valverde, a la sazón, biógrafo de Franco, numerario del Opus Dei y miembro de la Fundación Francisco Franco. Con semejante “objetividad”, ¿es suficiente para dar veracidad al texto?
En tercer lugar, nuestro interlocutor cita el número de reclusos en los 70 y lo compara con el de la actualidad. En realidad, por aquel entonces la población reclusa se acercaba a las 15000 personas, casi el doble de lo que nos cuenta, pero muy lejos de las 80000 actuales. Para explicar esta diferencia hay varios datos que, a buen seguro, resultarán clarificadores: 1) Las personas que emigraban, entre otras cosas para no acabar en la cárcel, se contaban por miles; 2) En una cantidad similar, y por desgracia, fueron muchos los que acabaron en las cunetas o condenados a penas de muerte; 3) No siempre se castigaba con la cárcel; en múltiples ocasiones se recurría a la vía pecuniaria o, directamente, a trabajos forzados; 4) Hay que tener en cuenta que en los años 70 la población española rondaba los 30-33 millones de almas; esto es, 12-15 millones de personas menos que en la actualidad; por lo tanto, a nuestro pesar, a mayor población, mayor probabilidad de delitos.
Nuestro nostálgico amigo también nos dice que éramos la 9ª potencia industrial; ahora somos la 7ª; y que no se pagaban impuestos. Sí se pagaban: en productos y servicios. Que no había IVA; claro, no existía. Pero sí existió un impuesto llamado ITE (Impuesto de Transacciones Empresariales) que rondaba el 5%. Asimismo, habla de un 2% de paro: lógico si tenemos en cuenta que la mayoría de la mano de obra existente trabajaba en condiciones de explotación y semiesclavitud. Y un dato en absoluto baladí: todavía no se había producido la intensa afluencia de la mujer al mercado laboral que acompañó la Transición.
Por último, nos recuerda que una vivienda se podía adquirir en 10 años y sin hipoteca. A diez años ningún banco, ni siquiera entonces, dejaba de hacerte una hipoteca; la diferencia con la situación actual es que entonces el futuro propietario entregaba el 25% del valor del piso en el momento de la compra y el banco le prestaba hasta un máximo del 75% del valor del mismo; (durante el “boom” inmobiliario se hicieron préstamos hipotecarios del 100 y 120%).
Por lo tanto, en mi opinión, lo que este texto cuenta es, simplemente, falso. Y quisiera recordar al lector que hacer tabla rasa del pasado es un error, pues cuando la sociedad olvida su historia está condenada a cometer los mismos fallos que nos condujeron al desastre franquista.
Moska




