A VUELTAS CON LA INTERPRETACION DE LA HISTORIA

   Aunque es un tema en exceso comentado, y manidos sus argumentos a favor y en contra, cabe recordar que en sesión parlamentaria se aprobó la Ley de Memoria Histórica, ya que España, si no me equivoco, es la única democracia europea que, después de sufrir una dictadura, hizo borrón y cuenta nueva. No así otras dictaduras como las que sufrieron portugueses, alemanes o rumanos, por citar algunas, en cuyas democracias se castigó a los instigadores y protagonistas de aquellas. En este país no; aquí se les recuerda con calles, plazas y monumentos. Sí, España es diferente, qué le vamos a hacer. 

   Y por desgracia sigue habiendo nostálgicos del régimen y tergiversadores varios que todavía interpretan aquellos años de oscurantismo, persecución y muerte a su antojo, pasándose la realidad histórica por el arco de triunfo o, en su defecto, contando medias verdades. El caso es que el otro día apareció un texto en una red social que un familiar me reenvió, a propósito de lo que “realmente” fue la dictadura de Franco. En ese documento se citan cuatro o cinco supuestos que, leídos así, sin más, sin datos ni conocimientos históricos, uno podría pensar que son ciertos. Y tanto la persona que envió ese texto como mi familiar me retaron a rebatir los argumentos allí expuestos. Yo no soy historiador y, en mi ignorancia, he preferido consultar un par de libros y hablar con un profesor de historia para poder tener una opinión más formada. 

   En primer lugar, se nos asegura que en los años 70 los alcaldes no cobraban un sueldo y los diputados percibían 10000 ptas. Si es verdad esta afirmación, es una verdad a medias; porque no les hacía falta cobrar o cobrar mucho, según los casos, dado que estas autoridades, a su vez, eran los terratenientes o caciques del lugar o pueblo al que representaban; dueños de tierras, del ganado, de las fábricas y de las minas; es decir, ya eran muy ricos. 

   La segunda cuestión que plantea el anónimo mensajero dice que “según la Real Academia de la Historia, el régimen franquista no fue una dictadura sino un régimen autoritario y, desde 1966, una democracia orgánica (sic)”. Es cierta esta afirmación; pero no nos dice quién la sella y firma: Federico Sánchez Valverde, a la sazón, biógrafo de Franco, numerario del Opus Dei y miembro de la Fundación Francisco Franco. Con semejante “objetividad”, ¿es suficiente para dar veracidad al texto? 

   En tercer lugar, nuestro interlocutor cita el número de reclusos en los 70 y lo compara con el de la actualidad. En realidad, por aquel entonces la población reclusa se acercaba a las 15000 personas, casi el doble de lo que nos cuenta, pero muy lejos de las 80000 actuales. Para explicar esta diferencia hay varios datos que, a buen seguro, resultarán clarificadores: 1) Las personas que emigraban, entre otras cosas para no acabar en la cárcel, se contaban por miles; 2) En una cantidad similar, y por desgracia, fueron muchos los que acabaron en las cunetas o condenados a penas de muerte; 3) No siempre se castigaba con la cárcel; en múltiples ocasiones se recurría a la vía pecuniaria o, directamente, a trabajos forzados; 4) Hay que tener en cuenta que en los años 70 la población española rondaba los 30-33 millones de almas; esto es, 12-15 millones de personas menos que en la actualidad; por lo tanto, a nuestro pesar, a mayor población, mayor probabilidad de delitos. 

   Nuestro nostálgico amigo también nos dice que éramos la 9ª potencia industrial; ahora somos la 7ª; y que no se pagaban impuestos. Sí se pagaban: en productos y servicios. Que no había IVA; claro, no existía. Pero sí existió un impuesto llamado ITE (Impuesto de Transacciones Empresariales) que rondaba el 5%. Asimismo, habla de un 2% de paro: lógico si tenemos en cuenta que la mayoría de la mano de obra existente trabajaba en condiciones de explotación y semiesclavitud. Y un dato en absoluto baladí: todavía no se había producido la intensa afluencia de la mujer al mercado laboral que acompañó la Transición.  

   Por último, nos recuerda que una vivienda se podía adquirir en 10 años y sin hipoteca. A diez años ningún banco, ni siquiera entonces, dejaba de hacerte una hipoteca; la diferencia con la situación actual es que entonces el futuro propietario entregaba el 25% del valor del piso en el momento de la compra y el banco le prestaba hasta un máximo del 75% del valor del mismo; (durante el “boom” inmobiliario se hicieron préstamos hipotecarios del 100 y 120%). 

   Por lo tanto, en mi opinión, lo que este texto cuenta es, simplemente, falso. Y quisiera recordar al lector que hacer tabla rasa del pasado es un error, pues cuando la sociedad olvida su historia está condenada a cometer los mismos fallos que nos condujeron al desastre franquista.

Moska

En Madrid

Es un día frío y gris, un día de lluvia que acompaña a que pasemos la tarde en casa, arropados en el sofá y tapados hasta el cuello con una manta, viendo la televisión y echando de vez en cuando una ojeada a la ventana para ver el mundo exterior, para ver cómo cae la lluvia y moja las calles adoquinadas, solitarias y carentes de color. Pero es un buen día también para salir y darse un paseo, viendo todo cuanto nos rodea.

Te tomas algo en una terraza cubierta viendo pasar los autobuses, los coches patrulla y las ambulancias haciendo resonar sus sirenas por las avenidas, y escuchas fugazmente un fragmento de la conversación de la mesa de al lado, una frase surgida de un discurso que se te ha escapado pero que aun así es demoledora: “Todos están más solos de lo que pensamos”; intuimos que también de lo que ellos mismos piensan, aquellos a los que el interlocutor hacía alusión.

Aquí en Madrid todo es grande, somos muchísimos y quizá por ello la soledad tienda también a ser mayor, a crecer con más amplitud y ferocidad. Lo cierto es que, sea por oportunidades o por azar, muchos terminamos aquí, en la gran ciudad, donde se viene a renacer o a morir. De un modo u otro todos acabamos recorriendo estas calles buscando ese algo, mientras tratamos de buscarnos la vida. Cada uno de un lugar distinto, lo cual enriquece el matiz de personalidades, nos juntamos en esta urbe entrecruzando nuestras vidas mientras intentamos llegar a algún lugar. Aquí no hay peces grandes, tan solo miles y miles de peces pequeños, queriendo hacer gala de una gama de colores que cualquier vecino puede poseer, intentando brillar sobre el millón de luces que pintan la ciudad cuando cae el sol.

Cuando eres consciente de dónde estás, a pesar de lo desconocido que pueda resultar, sonríes. Sí, sonríes por las oportunidades, por esa ingente cantidad de posibilidades que se abren ante ti, pero también porque eres consciente de que tú también eres uno de esos miles que vino aquí a buscar algo y que te has encontrado con muchos iguales, cada uno de una tierra distinta.

Caminas por la calzada mojada, te abrochas la chaqueta resguardándote del frío y entonces, todavía con esa sonrisa en los labios, enciendes un cigarrillo y sigues caminando. ¿Hacia dónde? Qué más da, mañana será otro día. En ese momento piensas en quién eres realmente, de dónde has llegado y, sobre todo, por qué has venido. Recuerdas qué es lo que quieres hacer y por qué dejaste todo atrás para perseguir ese sueño, sea el que sea; y en medio de la vasta soledad mencionada en aquella cafetería que quedó atrás hace un rato, durante el paseo, te das cuenta de que para bien o para mal ya has dado el primer paso, muchas veces el más grande, y que ahora te estás dejando llevar por la corriente, por esa marabunta de gente con miles de vidas posibles que hace que la tuya ya no sea la misma, pero que la hace sorprendente y emocionante con cada día que transcurre.  

Salva Alberola

EL FIN NO DEBERIA JUSTIFICAR LOS MEDIOS

Me quedo horrorizado al ver esta publicidad en el paquete de tabaco de liar que acabo de comprar… No porque mi humo sea malo para mis hijos, familia y amigos como dice Tabacalera (eso ya lo sabemos), sino por la gravedad de la escena.

¿Un tío tirándole el humo a un niño para hacer una foto publicitaria?

Espero que sea un montaje de photoshop porque sino le van a caer unas cuantas denuncias, la primera esta. Entonces tráfico tendría que montar un accidente para su campaña de anuncios, o tendriamos que violar a alguien para decir que eso no se hace…

Estoy seguro de que la foto será un montaje con un programa de diseño, aun asi de muy mal gusto…el-fin-no

Recordemos que hace unos meses una mujer denunció que su padre salía en los paquetes de tabaco, en una morgue, semi cubierto con una sabana blanca en la cara… ¡Sin su consentimiento!

¿Será este un caso similar de negligencia? Deberían aclararlo con una inscripción en el mismo paquete: «esto es un montaje, no tiramos humo a la cara de los niños»… ¿Se imaginan el casting de pequeños absorbiendo humo?

Claro, todo esto sucede porque el monopolio que nos suministra nicotina no tiene competencia. Acorralado por el parlamento europeo, y al igual que sus colegas tabacaleros de europa, no tiene mas remedio que dedicar un espacio de la cajetilla a publicidad abrumadora anti-tabaco…

¿Que paradoja no? ¿Se imaginan que cada botella de alcohol nos mostrara a un padre borracho vomitando en la cara de su hijo? ¿Conseguiria que bebieramos menos?

No me gustan este tipo de campañas publicitarias tan escandalosas e impactantes, que por lo que veo entre la gente, solo consiguen el repudio de la foto (que en las cajetillas de cigarrillos se oculta muy facilmente con un papel o similar), pero dudo que del tabaco en si.

Otra novedad relacionada con el humo es la supresión de la venta de paquetes pequeños de tabaco de liar. En casi toda europa se pueden comprar cajetillas pequeñas de diez cigarrillos. La gente lo hace para administrarse el paquete y fumar menos…

Pero no, nuestros politicos (seguramente bien «eco-arropados» por Tabacalera) han decidido que eso aumenta el riesgo de que fumen los jóvenes… Y por eso han prohibido la venta
de los paquetes pequeños de tabaco de liar también. ¡Adiós al ahorro! El objetivo está claro: no puedes gastar menos de cinco euros al ir a comprar tabaco de liar en un estanco.

Los cigarrillos deberían venderse por unidades también, para dosificar mejor el consumo, con menos fotos morbosas, y más educación para que los niños retrasen todo lo posible la adicción al tabaco.

Por favor señores de Tabacalera. Si no hay jefe de marketing que lo pongan. Y si lo hay… ¡Que lo quiten!

ESTA YA LA HE VISTO: Un monstruo viene a verme

Película dirigida por Juan Antonio Bayona, basada en la novela de Patrick Ness, protagonizada por Lewis Macdougall, Liam Neeson, Felicity Jones, Sigourney Weaver y Geraldine Chaplin y que se estrenó el pasado 7 de octubre.

Este nuevo trabajo de J.A. Bayona ha logrado ser el mejor estreno español de 2016, después de reventar las taquillas hace cuatro años con “Lo imposible”, nos sorprende con esta espectacular propuesta, llena de estrellas internacionales, de un drama íntimo y familiar.

“Un monstruo viene a verme” recuerda a “Un cuento de navidad” de Dickens, cambiando los fantasmas por la criatura del árbol. El protagonista realiza un viaje de aprendizaje para tomar conciencia de su verdad, del sentimiento de culpa que le estaba amargando. Con este cuento de otoño, Bayna reesta-ya-la-he-vistocalca que las historias sirven de entretenimiento y evasión, pero también pueden ayudarnos a entender nuestra realidad. Como en sus dos anteriores trabajos, se centra en la relación entre una madre y su hijo, algo que a casi todos nos llega al corazón.

La interpretación de Lewis Macdougall extraordinaria, las chicas (Sigourney Weaver y Falicity Jones) cumplen con su papel, aunque quizás están un poco sobreactuadas.

Ir al cine es una buena opción de ocio, en esta ocasión si queréis ver vivir, reír, llorar con una autenticidad desarmante, ir a ver al monstruo y no olvidéis los pañuelos de papel…

COMER POR UN EURO: Lentejas a la campesina

INGREDIENTES: 

500 gr. de lentejas

500 gr. de hortalizas variadas:

Puerros, apio, zanahorias, calabacín, etc.

Una cebolla mediana

2 cucharaditas de puré de tomate

Una ramita de tomillo

Un diente de ajo

Dos hojas de laurel

Media cucharita de pimentón.

ELABORACIÓN: 

Se dejan las lentejas en remojo. Se limpian las hortalizas y la cebolla y se cortan en trozos menudos. Al poner a hervir las lentejas, se añadirán las hortalizas, el ajo y el tomate y se dejarán cocer unos 15 minutos. Luego se agregan el tomillo y el laurel. Cuando las lentejas ya empiecen a estar tiernas, se condimentan con pimentón y sal.

Nota de la autora: Por fin terminó el verano y casi el otoño, las temperaturas empiezan a ser civilizadas, podemos empezar a revivir y a cocinar platos de cuchara, que tan ricos y nutritivos son. Espero que con mis recetas disfrutéis de los guisos clásicos y económicos.

La 4ª edición de la Mostra Viva

Cuando esta revista vea la luz, la cuarta edición de la Mostra Viva estará tocando a su fin. En esta edición han apostado por una propuesta más ambiciosa e internacional, pero con el mismo objetivo: hacer de Valencia y el País Valencià un lugar de encuentro y de debate sobre las culturas y los conflictos de este convulso mar Mediterráneo. El equipo de Mostra Viva considera que hoy más que nunca es preciso descubrir otras miradas y tender puentes que acerquen las cosas que compartimos, pero también las que nos hacen diferentes.  Y Valencia no puede quedar al margen de este proceso.

En esta edición el cartel lo ha diseñado y cedido Javier Mariscal, que muestra, desde un oscuro primer plano, una ventana abierta a la luz y la esperanza. Con él se cierra el círculo de los artistas que colaboraron con la primera Mostra de Valencia: Artur Heras (Mostra Viva 2013), José Morea (Mostra Viva 2014) y Manuel Boix (Mostra Viva 2015)

Vicent Tamarit, Vicent Garcés,  Giovanna Ribes, Maite Ibañez, Vicent Gregori y otros miembros del equipo de Mostra Viva han presentado las novedades de una edición calificada de transición hacia una consolidación que se espera certificar en 2017.

La nómina de entidades que prestan su apoyo se ha ampliado considerablemente. Permanecen las que hicieron posible el proyecto: la Universitat de València, la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas del Mediterráneo, Octubre Centro de Cultura Contemporánea, la SGAE, la Casa Árabe, el Instituto Europeo del Mediterráneo, el Parlamento Europeo, Dones en Art, la Facultat de BB.AA. de la Universitat Politècnica de València, el Institut Français, cervezas Turia.

la-mostra-vivaY se añaden otras nuevas como el Ajuntament de València, la Diputació de València, la Secretaria Autonómica de Cultura i Esport, CulturArts, la Agència Valenciana de Turisme, la Autoridad Portuaria, el Comité Español de Ayuda al Refugiado, el Consell Valencià de Cultura. Su apoyo se concreta en ayuda directa y en la cesión de locales. Y por ello los espacios se amplian: el Centre Cultural la Nau albergará cine y música; el IVAM, debates; Octubre CCC, cine y artes visuales; el MuVIM concentrará las actividades para público infantil y familiar, como circo, narración oral, talleres educativos y acciones culturales; el Palau de la Música, los grandes conciertos; el Paseo de la Mostra y la Fábrica de Hielo, fiestas, gastronomía, exposiciones y debates solidarios; San Miguel de los Reyes será la sede del Encuentro de Escritores y Escritoras. Otra novedad es la colaboración de Aragó Cinema donde se programarán sesiones nocturnas.

AIRES DE REBOTICA

aires-de-recoticaEl doctor Ulpiano Dorronsoro mantuvo su consulta como médico de familia durante casi cinco décadas en uno de los mejores barrios de la ciudad. Allá acudieron todo tipo de enfermos y en términos generales de estadística pudo decirse que se le consideró un excelente galeno.

            No obstante, los últimos años de su carrera profesional fueron cuestionados debido a una serie de sesudas recetas con que intentaba mejorar la calidad de la sufrida vida de sus pacientes.

            Todo comenzó cuando un primo hermano del alcalde se plantó en la consulta manifestando una negra melancolía, insoportable y fatigadora, en la que con cada día más ahínco padecía la nostalgia de un tiempo anterior. Don Ulpiano no dudó en recetarle, con taxativa obligación de cumplimiento, cambiar de pareja. Así hízolo manifestando en breve haber abandonado la idea de que cualquier tiempo pasado fuera mejor y que lo suyo en adelante era una apuesta fervorosa por un futuro de amor, juventud y fantasía a instancias de su nueva y joven mujer.

            Otro caso: la cuñada asimilada de una de las más rancias y aristocráticas familias de la tribu acudió a la consulta en busca de consuelo anímico con que mitigar unos aires de decadencia terriblemente obrerista, llegando en ocasiones a prolegómenos de una temible revolución social (cuestiones objetivas, subjetivas, lucha de contrarios y valor de utopías transformando la realidad). Sin duda y sin pausa, a los cinco minutos de exposición de tanto desmán y desorden de clase, hubo de prescribírsele el abandono ipso facto de su utilitario para comprar un BMW biplaza, a ser posible descapotable. Dicho y hecho, su sabio consejo se consideró mano de santo.

            Por aquello de que la felicidad es altamente improrrogable y no hay eficacia que horas dure, tuvo el doctor Dorronsoro que moderar sus hábitos terapéuticos y mitigar sus cuitas humanistas, especialmente a partir de que alguno de sus pacientes comenzara a quejarse de que en las farmacias más céntricas de la villa no disponían de grageas compuestas de morfemas para calmar la tos, ni ungüentos con base de lexema antihemorroidal, ni diuréticos con extractos de declinaciones, otrora siquiera de sufijos en espray con que aliviar la alitosis.

            Recurriendo a la penicilina y a tisanas a base de agua del Carmen, pudo don Ulpiano (mal que bien) ir capeando el temporal de infamia, difamación e injundia con que era atosigado desde la dirección colegiada, y con propósito de desandar la lobreguez en que le deslizaban expidió fórmulas tan magistrales como la oración diaria, una dieta rica en genuflexiones y, especialmente, un vasito de agua en ayunas; eliminar excesos poco probables, dar limosna a los pobres y la diaria disciplina de remorderse la conciencia con todo aquello tocante a la indisciplina y falta de obediencia. Ver, oir y callar como una máxima; usted a lo suyo, una declaración de principios.

            El doctor Dorronsoro a punto estuvo de subir a los altares la tarde gris marengo de un mes de noviembre muy traicionero víctima de sus propias hipótesis: automedicóse fehacientemente un lavaje a base de genitivos sajones disueltos en senos, cosenos y alguna que otra tangente (pocas, afortunadamente) con el que aliviar una furcia e infame gonorrea. Hubo de ser ingresado en la habitación de una clínica con vistas al mar y con extrema sedación y antibióticos le fue extirpada su desdichada lujuria.

            Hoy, merecedor de una desahogada jubilación, no extraña verle paseando un exquisito terno cruzado por las calles más soleadas luciendo un nardo en la solapa, recortado su bigote y sien plateada con gomina, lustre de espejo en zapatos y apoyada la mano derecha en un elegante bastón. Colabora de vez en cuando en sesudas revistas de alquimia, dirige tesis exégetas o, simplemente auxilia cruzando salvajes avenidas a vendedores de ciega lotería a los que aconseja, mientras dura el paso de cebra: “Métase pronto en la cama que es donde mejor se está” o bien a intrépidos ancianos a quien no bien dejados al otro lado indica ceremonioso: “Óbice de mal sueño y pesadilla es cenar en demasía”. Hasta a curdelas de la noche anterior, a quienes para mitigar la infalible resaca prescribe frotarse decididamente los dientes y con agua caliente ducharse alguna que otra mañana.

             Y es que en asuntos de ciencia, como de autoridad o de usura, jamás deja de ejercer aquel que fue, será y sigue siendo buen experto en la materia. ¿Es así o no?

Ramón Díez

 

¿Todo sigue igual? APRETANDO EL ACELERADOR

Artículo publicado el 15 de octubre de 2012 en El Inconformista nº 11

 

El cuerpo (no) humano es capaz de estabilizarse y reestablecerse en el decurso de un acontecimiento inestable y agresivo. Puede incluso recuperar una posición perdida y volver a ella antes de que lo agresivo se torne en desastre al introducirse poco a poco o súbitamente en el cuerpo. El hombre no se pregunta por qué está ahí (junto al torbellino, al ciclón), sino cómo disponerse ahora que las cosas van realmente en su contra, eruptivamente hacia él. Es como si necesariamente tuviera que establecer una philia (atracción) con aquello que lo amenaza. Pero es que aquello que lo amenaza es requisito indispensable, condición sine qua non para alcanzar su meta y por ello debe navegarla. El problema fundamental, lo que hace al hombre tan hombre, es justamente el campo o el territorio de la meta misma. Es decir, el hombre – y no el cuerpo – espera paz tras la tormenta, siempre en la búsqueda de un idílico centro posicionalmente estable dentro del ciclón.Pero resulta que el ojo del ciclón se desplaza y se disipa junto con el propio ciclón. Sólo una afirmación radical de lo que nos desborda y quema, del ciclón entero y no sólo el estar dispuesto hacia fuera del ojo del ciclón, sino querer su totalidad, desplazándonos con ella hasta que el propio ciclón se encuentre con su deceso y final, puede permitirnos maniobras de ajuste y adaptación. Devenir con el ciclón, pero acaso ¿será nuestro final también? ¿Tendremos que luchar contras otras naturalezas? ¿Para ello no tendremos en definitiva que luchar contra nosotros mismos?

Actualmente tratamos más de volver a un estadio capitalista pasado que a un capitalismo incógnito. El llamado “Estado del Bienestar” sólo es concebible en uno de los segmentos o planos del capitalismo planetario. En realidad, el Estado del Bienestar sólo puede darse en el capitalismo mientras exista un excedente, una plusvalía y estabilidad en las redes o mercados con las que el Estado del Bienestar tenga contrato o interacción. El Estado del Bienestar supone una Clausura por tanto de un segmento del capitalismo planetario, que se protegería temporalmente – y esto es lo que se intenta constantemente eludir – de las tormentas y torbellinos en otros lares del planeta. El caso es que el Estado del Bienestar como política de la Clausura performa en su seno constantemente el deseo de conservación y de protección, de manera que existe una oscilación que va desde la agorafobia socio-económica hasta movimientos demenciales para preservar la identidad, hasta el punto en que la tensión acumulada en esa conformación deseante cesa y cientos de miles de flujos comienzan a derramarse.

Entonces aparece en escena la llamada ‘Paz Social’, que es tan sólo un bonito eufemismo para el mantenimiento conservador del status quo de una formación social determinada. La paz es violencia contenida, redirigida. La paz busca la conservación, pero la de un organismo concreto, sea molar, sea molecular, pero siempre de sólo uno de ellos sobre otros (¿Acaso no existe una militarización de la paz?) . Es decir, la paz quiere imponerse y la pacificación no es sino un medio bien de devolver las cosas a un estado primitivo, bien de lanzar a la aceptación hegemónica un código de circulación, conducta y reserva de energía.

Buscar la paz en el capitalismo, como en cualquier otro sistema, no sólo es ingenuo sino que es profundamente reaccionario. El capitalismo eres tú y soy yo. Y nosotros lo somos por una pacificación que extrae parte de nuestra violencia vital y redirige el resto. No hay alternativa al capitalismo si no es a partir y junto con él. De Si vis pacem para bellum a Si vis vitae affirma bellum.

Futurpunk, (Valencia)

Los diarios de Piglia

Anagrama acaba de publicar la segunda parte de «Los diarios de Emilio Renzi», la auténtica cocina literaria de Piglia

Nacido en Adrogué (Buenos Aires) en 1940, Ricardo Piglia vivió en 1957 la experiencia traumática del abandono forzoso de su escenario familiar. Su padre, médico de filiación peronista, tras pasar un año de cárcel después del golpe de Estado militar que acabó con la presidencia de Perón en 1955, se siente perseguido y acosado, y toda la familia termina por abandonar Adrogué y marchar a Mar del Plata en diciembre de 1957. Y es precisamente este momento, de mudanza y de ruptura, cuando un jovencísimo Piglia de apenas 17 años decide iniciar un diario que mantendrá vivo durante 60 años y que funcionará no solo como «confesionario» personal, sino como la «cocina» donde se irá preparando todo el menú que acabará convirtiendo a Ricardo Piglia en uno de los escritores decisivos no solo de la literatura argentina sino de la literatura en español y de la literatura en general.

Durante décadas, estos diarios, que Piglia (en su tradicional juego de espejos) atribuía a su alter ego Emilio Renzi (protagonista y narrador de buena parte de sus novelas y relatos), fueron convirtiéndose en el mítico y desconocido reducto donde el autor Piglia dilucidaba consigo mismo las experiencias de todo orden (personales o literarias), las filias y fobias, los deseos y frustraciones que -se sabía o se intuía- acabarían nutriendo su singular mundo ensayístico y narrativo. Y así, con el paso del tiempo, esos famosos pero desconocidos y enigmáticos diarios se fueron convirtiendo en un manjar deseado (y hasta reclamado) por todos aquellos que (en número creciente) iban siendo seducidos por una literatura que siempre se presentaba con un sello muy particular.

Hasta que en septiembre de 2015, Anagrama dio por fin a la luz el primero de los tres grandes tomos que contendrán lo que a todas luces es una versión probablemente abreviada, seleccionada y, desde luego, corregida de ese inmenso trabajo de toda una vida. Ese primer tomo, que lleva por subtítulo «Años de formación», recorre el crucial período que va desde 1957 a 1967, es decir, desde que abandona con sus padres Adrogué para marchar a Mar del Plata hasta que se publica su primer libro: los relatos que integran «La Invasión», un libro inaugural que ya obtuvo una mención especial de la Casa de las Américas ese mismo año.

«Años de formación» pretende dar respuesta a la pregunta que el propio Renzi (Piglia) se hace desde un principio: «¿Cómo se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor?». Aquí ya encontramos una respuesta inicial: «No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, parece más bien a una manía, un hábito, una seducción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo, y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro)».

En las páginas de este primer tomo de sus diarios asoman, de forma especial, sus primeras lecturas (y los primeros atisbos críticos; no olvidemos que Piglia, a la par que narrador, es un magnífico ensayista, un verdadero ensayista de referencia); aparecen los cines y las películas, que Piglia devora con auténtico frenesí; asoma una geografía múltiple (Adrogué, Mar del Plata, Buenos Aires, La Plata), que es el cuadrilátero donde se despliega toda la actividad vital del joven Piglia; y, por supuesto, asoma la vida, «lo real»: los primeros amoríos, con sus goces, descubrimientos y decepciones; la vida de estudiante, con sus vaivenes y su hastío; los primeros entusiasmos, las primeras rebeldías y los primeros desengaños; los primeros trabajos literarios o académicos (siempre de escasa e incierta remuneración) y sus primeros escarceos en el mundillo literario argentino; los encuentros con colegas y amigos, siempre en busca de aventuras (incluso aventuras peligrosas, con gente que roza o está integrada de lleno en el mundo de la delincuencia); las primeras pasiones y decepciones políticas; las estrecheces económicas; y la escritura y reescritura de los primeros relatos, donde se dilucida el tipo de escritor que Piglia aspira a ser: su ambición, su pasión por la técnica, por la pulcritud, el trasfondo histórico y político que siempre ha tenido su escritura…. Todo ello anotado de forma minuciosa y, a la vez, con un estilo literario muy definido y exigente, con la conciencia clara de que estos textos serán un día ingredientes importantes de su mundo de ficción.

En sus Diarios -que han devenido en una lectura casi «obligatoria» para la creciente legión de admiradores de Piglia, pero también para jóvenes escritores interesados en conocer la «cocina» literaria de un autor de su talla-, el autor va construyendo año a año la auténtica «novela de su vida», que es a la vez memoria viva y laboratorio fecundo para sus ficciones.

Con el primer tomo de estos diarios Piglia obtuvo un enorme reconocimiento: el libro fue elegido por los principales suplementos literarios de los diarios españoles «mejor libro del año».

Y ahora, tras ese éxito fulgurante, Anagrama presenta el segundo volumen, que lleva por subtítulo «Los años felices», y que arranca precisamente donde lo dejó el tomo anterior. Este segundo volumen recorre el periodo que va de 1968 a 1975. Y si en el anterior asistíamos a la forja del escritor en ciernes, aquí se desarrolla su carrera en el mundo de las letras argentinas, con la dirección de una revista, los trabajos editoriales, los artículos, los cursos y conferencias.

La pasión, la obsesión por la literatura se materializa en ideas y esbozos para cuentos y novelas, lecturas, encuentros con escritores consagrados –Borges, Puig, Roa Bastos, Piñera…– y compañeros de generación, reflexiones sobre la escritura y sobre la obra de autores clásicos y novelistas policiacos, descubrimientos, búsquedas y fracasos. Y también aparecen los viajes, la vida íntima y amorosa, y la Argentina de unos años convulsos: el fallecimiento de Perón, la emergencia de grupos guerrilleros, el golpe militar del 76…

Para el gran crítico Masoliver Ródenas, estos «Diarios» son «su obra más luminosa y representativa. Una verdadera obra maestra. Piglia nos va conduciendo al verdadero centro, allí donde vida y literatura se encuentran definitivamente». Un acontecimiento literario para la lengua española y un auténtico festín para el lector.

Manuel Turégano

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