Cuento para después de Navidad

Llevaban varios años viniendo al pueblo en temporada de recogida de naranjas. El resto del tiempo desparecían y nadie sabía cómo ni dónde sobrevivían.  No siempre habían coincidido los tres, pero casi siempre llegaban al menos dos de ellos. Las primeras veces se entendían con dificultad para hablar, pero a medida que pasaba el tiempo los tres conocían bien un idioma común hecho de palabras valencianas, castellanas y mestizas.

Estuvieron en multitud de alojamientos, no siempre dignos ni confortables, pero este último año habían alquilado un piso pequeño, con una estufa de gas que calentaba su espacio común y una cocina en la que preparaban algún guiso y muchos bocadillos. Algunas veces coincidimos haciendo la compra en el supermercado y me asombraba la cantidad de panes que sobresalían de sus bolsas.

Nada extraordinario en todo esto hasta que, no hace mucho, los forasteros recibieron en su buzón una carta del Ayuntamiento a nombre de los tres. Se asustaron al verla y cada uno miró con recelo a los demás pensando que se trataba de un problema de “papeles” por su situación digamos peculiar. Les costó un buen rato decidirse a abrirla, pero lo hicieron y su sorpresa fue mayor que si se hubiera tratado de malas noticias. Éste era el texto de la misiva: 

Para los Sres. Abderrahim Zhora, Vladimir Koroliov y Saidou Kouyateh

Muy Sres. Míos:

Este año, por primera vez en el pueblo, hemos acordado en sesión plenaria y por voto unánime que las personas que representen a los Reyes Magos en la cabalgata del día 5 de enero deben ser personajes creíbles, en lugar de las autoridades locales.

Ustedes tres son en este momento y en este pueblo las personas que con mayor dignidad pueden llevar el atuendo de los Magos de Oriente por lo que, nos sentiríamos muy honrados y les quedaríamos muy agradecidos, si aceptasen representar el papel de SS. MM. Melchor, Gaspar y Baltasar durante el tiempo necesario desde que comienza la cabalgata a las 18h del día 5 hasta que finalice el reparto de juguetes a los niños de esta localidad. 

La firmaba el alcalde y pedía respuesta inmediata para proceder cuanto antes con el vestuario y demás preparativos.

Les sorprendió pero les gustó mucho la propuesta. Se rieron como hacía tiempo que no lo hacían; excepto en el papel de Baltasar, que inexcusablemente le correspondía a Saidou, debatieron sobre quién sería Melchor o Gaspar. Comunicaron por WhatsApp a sus amigos y familia que los habían nombrado reyes por un día. Esa noche por la ventana de su cocina se escapaban aromas de Marruecos, de Gambia y de Ucrania, perfumando la noche de mi pueblo. A la mañana siguiente los tres fueron personalmente al Ayuntamiento a responder afirmativamente a la petición del alcalde.

En el momento que escribo esta crónica, todavía no ha llegado el momento de ver la cabalgata de Reyes, pero no me cabe ninguna duda de que ésta será la más auténtica de las que se han celebrado nunca. También estoy segura de que, por primera vez en muchos años, Abderrahim-Melchor, Vladimir-Gaspar y Saidou-Baltasar, tendrán abiertas de par en par las puertas de todas las casas de mi pueblo y espero que ya para siempre.

María Valeska

EL FUTURO DE EUROPA. Alemania en la encrucijada

Durante los ocho años de Obama, Ángela Merkel ha sido no solo una aliada fiable, decidida y leal, sino algo más. Obama entregó a la canciller alemana poderes virreinales para manejar con puño de hierro una Europa en crisis e imponer la salida más favorable a sus intereses. Merkel convirtió ese mandato en un instrumento para refundar la hegemonía alemana sobre Europa.

Pero, tanto a la cabeza del imperio como en Europa, las cosas han cambiado sustancialmente a lo largo de 2016. Contra todo pronóstico, el viento de la historia ha dado un giro de 180 grados.  Primero con la victoria del Brexit en Gran Bretaña. Y luego con la victoria de Trump sobre Clinton en las elecciones americanas. Aunque estos dos aldabonazos no han sido truenos en cielo sereno. Muchos otros signos anunciaban por doquier la llegada de la tormenta. Como el alza de los lepenistas en Francia hasta el 30%, el hecho de que un ultraderechista estuviera a punto de ganar las elecciones en Austria, la derrota de Renzi en el referéndum italiano o el hecho de que en las últimas elecciones en Renania, la suma de democristianos y socialdemócratas no tuviera votos ni escaños suficientes para formar un gobierno de coalición (esto no ocurría en Alemania desde 1945).

Durante el último año, y sobre todo en estos últimos meses, especialmente tras el cambio de opinión de la mayoría de los alemanes hacia su política migratoria, Ángela Merkel barajó seriamente la posibilidad de dejar la cancillería y no presentarse de nuevo a las elecciones. Pero la confirmación del giro histórico que viene (tras el Brexit y Trump) le ha hecho cambiar de opinión. En la actualidad, aspira a convertirse en el principal valladar contra la llamada ofensiva «populista», en Europa y en todo el mundo. El antiguo ministro de exteriores, el «verde» Joskcha Fisher, la calificaba así en un reciente artículo de prensa, y hasta el New York Times le otorgaba, ya de antemano, esa función y esa tarea, erigiéndola prácticamente en la nueva líder del «mundo libre».

Que la mujer que dirigió con mano de hierro el rescate griego y sometió a toda Europa al garrote de la política de austeridad sea vista ahora como el principal valladar contra una «ola» que puede acabar derribándolo todo (desde la Unión Europea al euro, desde el estado del bienestar a la propia democracia), no deja de ser una paradoja, sí, pero es también todo un síntoma de la creciente percepción de que la situación europea y mundial han cogido un derrotero extremadamente peligroso.

Secretaria general de la CDU desde 1998 y presidenta en el año 2000 (sustituyendo a Wolfgang Schäuble, que Kohl había elegido a dedo), canciller de Alemania desde 2005, Ángela Merkel ha monopolizado la política alemana en la última década y maniobrado para conseguir el liderazgo exclusivo de Alemania sobre Europa, rompiendo de hecho el eje franco-alemán en el que se había cimentado la construcción europea desde la posguerra.

Apoyándose en el poderío económico alemán (cimentado en un superávit comercial récord) y en la fortaleza de su poder industrial y exportador, Merkel logró que Alemania capeara la crisis mejor que sus demás socios, a los que acabó imponiendo su política de austeridad y sacrificios, de la que ellos obtenían las mejores rentas. También supo sacar el máximo partido de la confianza que en todo momento le prestó el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, desde que llegó a la presidencia en enero de 2009. Todavía en plena recesión, con el fantasma de una gran crisis acechando a EEUU y a todo su entorno, Obama tomó la decisión de confiar a Merkel la imposición a Europa de  las políticas más convenientes para EEUU. Merkel se tomó en serio la tarea (tan en serio, que varias veces EEUU tuvo que ponerle el freno, incluso que apoyar a los opositores a la política alemana) y supo aprovechar la oportunidad para intentar dibujar el mapa de una nueva hegemonía alemana sobre Europa.

Pero esta no fue una política sin consecuencias para Alemania. La resistencia a los planes del tándem Obama-Merkel cuajó con distintas alternativas en el norte y en el sur: mientras en el sur, Grecia, Portugal, Italia y España protagonizaban el avance de fuerzas de izquierda, en Francia y Gran Bretaña la respuesta a la hegemonía alemana daba pábulo al Frente Nacional y al UKIP, el partido que le daría el triunfo al Brexit.

Pero al mismo tiempo que ocurría todo esto, algo más profundo se gestaba en el interior de las sociedades occidentales. Entre millones de personas, golpeadas y maltratadas por la crisis, crecía un sentimiento de rechazo profundo hacia las élites políticas que han gestionado esta crisis en favor de los bancos y de los estados, dejando a la gente a la intemperie. De pronto, toda la vieja clase política era vista masivamente por la población como corrupta y vendida. Su lenguaje, rechazado. Y sus propuestas, consideradas como un ataque. Un abismo irreconciliable se había abierto entre las élites y el pueblo. Y, por ahí, de  pronto, lo imposible se iba a hacer realidad. Primero con el Brexit. Y luego con Trump.

Alemania tampoco ha quedado fuera de esa realidad, que ha cambiado drásticamente el entorno en el que se tendrá que desenvolver el país tras las próximas elecciones. Pese al «éxito» alemán (que acaba de proclamar prácticamente el «pleno empleo»), también Alemania está infectada por el virus del descontento, que ha crecido como la espuma, sobre todo después de que varios atentados islamistas provocaran un cambio radical en la postura de muchos alemanes que en un principio aceptaron la política de puertas abiertas a los refugiados patrocinada por Merkel. Ahora una fuerza política que se ceba con la canciller por su política de inmigración y presume de xenofobia (AfD, Alternativa por Alemania), ha comenzado a entrar con fuerza en los parlamentos regionales y amenaza con ser la «sorpresa» de las próximas elecciones. Pero los refugiados no son el único motivo de descontento de los alemanes: más de diez millones de trabajadores sólo cobran de sus empresas 400 euros al mes. mientras los monopolios y las grandes empresas aumentan sus cuentas de resultados.

Si el tamaño del «descontento» ha sido capaz de echar abajo todas las previsiones, abriendo las puertas a lo desconocido, Merkel tampoco las tiene todas consigo. Y a su creciente desprestigio, se suma el de la socialdemocracia, para el que se barajan estimaciones de que no llegará ni al 20%, el peor resultado de su historia. ¿Qué ocurrirá si entre los dos grandes no llegan al 50% de los votos, como ya ocurrió hace poco en Renania? Incluso aunque puedan reeditar un gobierno de coalición, con una base electoral más mermada, ¿será eso suficiente para actuar en un entorno crecientemente hostil? ¿Podrá Alemania mantener su envite actual? ¿Liderar una Europa donde cada potencia intentará buscar lo mejor para sí y con EEUU concentrado en su pugna con China y cortejando a Rusia? Alemania, como todos los demás, se sume en la incertidumbre.

EL COMPTE ARRERE

Estem a setmanes del Nadal; i com és normal des que existix això cridat «marketing» som sotmesos per milers d’anuncis i propaganda nadalenca; estem acostumats a veure espots publicitaris de joguets, torrons i altres dolços, cotxes, colònies i la resta d’articles amb què intenten fer-nos creure que les nostres vides estaran buides si no els tenim. Però bé, de tant en tant arriba un anunci més emotiu que la resta, intenta tocar-nos la fibra sensible perquè empatitzem un poc i així conscienciar-nos; no, no m’estic referint a l’anunci de la Loteria de Nadal; que pel que pareix cada any intenten fer-ho més i més trist per a traure’ns una llagrimeta i així comprar; jo em referisc a les campanyes en contra de l’abandó animal. Des de fa ja un llarg temps; com a regal de Reis o Papa Noel, hi allá cada un amb les seues creences, es regalen milers de cadellets; que a part d’haver d’estar en una xicoteta caixa a fosques fins que les mans t traduït:

«de xiquets ansiosos els trauen i maregen per tot la casa, hauran d’aguantar el fervor de ¿cuánto? un parell de mesos? ¿cuatro? I después… Tots en algun moment de les nostres vides hem rebut algun email, missatge de text, de WhatsApp, per Facebook, o qualsevol altra xarxa social, en la que un gos ens fa arribar una història narrada en primera persona, la seua història; tant que li va agradar conéixer la seua nova família, els llargs passejos pel parc, colar-se en el llit d’algun xiquet que se’l portava a l’habitació d’amagat; eixos besos i abraços que li cobrien cada dia; fins que en algun moment, jugant tan innocentment com pot fer este animal, sense voler aranya o mossega més fort del compte a un dels xicotets de la casa o, simplement es fa pis on no deu, o simplement trenca quelcom que consideraven més valuós que la vida d’este animal; el cas és, que un dia arriba «El Paseo», innocent d’ell pensa que aniran a un lloc nou on poder jugar amb els seus amos, i a les poques hores es veu corrent per la carretera darrere del vehicle per a no quedar-se arrere, rep un mal colp i acaba en la cuneta, si no corre eixa sort es veu vagant durant dies per carrers que li resulten familiars però sense trobar-los, començant a notar el cansament en les seues potes, la fam; comprova el rostre i els maltractaments d’una altra família al veure un gos brut acostar-se per a poder aconseguir quelcom de menjar o cariño… i si no acaba en una gossera, el xicotet que havia arribat a casa per Nadal, tan ben amat i volgut, tan desitjat per eixos xiquets, mor només; en algun carreró, en alguna carretera o veus a saber on. Bé, estes festes ja han passat, enguany en moltes llars a entrat este nou membre pelut que pot omplir-nos d’alegria els dies i del qual seran responsables. Com a ama d’un gos, se’l que és tindre u, des que va nàixer pràcticament, farà coses que no t’agraden, menjar-se les teues sabatilles, pixar-se en mitat del menjador i inclús arrapar-te el braç mentres jugues amb ell; però és que els animals, com les persones, no naixen sabent el que està bé i el que està malament; cal ensenyar-los. Fa uns anys, a l’estiu, va haver-hi una onada d’abandons de gossos i d’assassinats, ja que les gosseres es van omplir i si el gos té el xip i ho troben et multaven; fotos d’estos amics de quatre potes en les pitjors de les condicions arribe a veure una atrocitat que em marcara per a tota la vida, però que no compartiré per no danyar la sensibilitat d’algun lector; així que esta és la meua petició: Si no estàs disposat a educar i a ensenyar el que és correcte i el que no; d’apreciar una vida a part de la teua, per favor, no metes a un altre ser viu en ta casa per a després deixar-ho abandonat a la seua sort. 

PD: podeu aplicar-ho a tindre fills, el cas és que sigueu responsables.

NATALIA ARANDA LEÓN 

COMER POR UN EURO: Menestra de la huerta navarra.

INGREDIENTES:

1 coliflor pequeña

4 zanahorias

4 puerros

100 grs. de espinacas

16 espárragos

2 vasos de caldo de carne

Unas lonchas de jamón

1 huevo batido

Una cucharada de albahaca picada

Aceite de oliva, agua, harina y sal

ELABORACIÓN: 

Cocer toda la verdura bien limpia con agua y sal (con excepción de las espinacas). Hay que hacerlo por separado, escurrir y trocear.

En una cacerola echar un chorro de aceite, y en cuanto esté caliente añadir una cucharada de harina y agregar el caldo poco a poco y removiendo hasta obtener una salsa espesa.

Añadir las verduras cocidas, puerros, zanahorias y coliflor, sazonar y dejar cocer durante unos cinco minutos. Saltear en la sartén un poco de jamón y añadir a las verduras.

Se puede servir la menestra en una fuente y decorarla con los espárragos y un huevo duro partido en octavos.

Rebelde con causa

 

ÉSTA YA LA HE VISTO: ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS

Algunos críticos cinematográficos dicen: “La Biblia galáctica continua su proceso de recogida de testimonios paralelos con el fin de completar su inabarcable tarea de perfilar su mitología interna”. Quizás están en lo cierto, pero olvidan mencionar la segunda misión: hacer caja ofreciendo cada año a su legión de fans la dosis de droga que necesitan.

Si la entrega anterior, “El despertar de la fuerza”, se acusó a J.J. Abrams de seguir a rajatabla los patrones acuñados por George Lucas, esta nueva resulta más libre y menos condicionada a la hora de apostar por paisajes narrativos inéditos.

Gereth Edwards ha intentado aportar un poco de imaginación y reinvención a la saga Star Wars, pero no lo ha conseguido, o simplemente no le han dejado. Para desdicha de los fans a “Rogue Oesta-ya-la-he-vistone” le sobra énfasis y le falta chispa, capacidad evocadora, y en el fondo, verdadera autenticidad. Es tan solo una pieza más de una maquinaria que adquiere únicamente sentido de forma global, no de manera individual y autónoma.

En cuanto a los actores podemos destacar a Mads Mikkelsen, padre e ingeniero traidor a su pesar, Forest Whitaker, rebelde de rebeldes, Riz Ahmed, el piloto más fiel, o Donni Yenn, ese invidente experto en artes marciales tan ciego que cree estar tocado por la fuerza; personajes anecdóticos que alcanzan una mayor dimensión que la supuesta heroína de la ficción, Felicity Jones que parece perdida en su papel de salvar a la galaxia. Su falta de carisma contamina al resto de personajes y quizás por ello, es el androide con corazón quién termina ganando la batalla emocional en una película en la que se echa de menos una verdadera empatía.

La mejor manera de entender esta crítica es ver la película y recordad que ir al cine siempre es una buena opción de ocio.

el cine de los sábados

2016, ¿un buen año para el Libro?

El libro en 2016La industria intenta transmitir optimismo esgrimiendo cifras de crecimiento, pero ¿Qué hay de verdad?

Cualquier titular sobre el mundo del Libro que se lea a día de hoy en cualquier medio reflejará, sin duda, «un espíritu positivo». En 2016, dirá, todo ha crecido: el número de libros vendidos, el número de librerías abiertas, el número de nuevas editoriales creadas… Después de siete años de intensa crisis del sector, parece haber llegado el momento de la «recuperación».

La cuestión es: ¿cuánta verdad hay en esto? ¿La misma que cuando el gobierno asegura que la economía española está en plena y franca recuperación? ¿O incluso la de aquellos que afirman que el sector del ladrillo vuelve a renacer?

En 2008 se construyeron en España un millón de casas. En 2015 unas cien mil. Una caída del 90%. Seguramente en 2016 se superará la cifra del año anterior, pero a eso ¿realmente podemos llamarlo crecimiento? ¿No sería más certero y veraz decir que se empieza a salir del pozo? Y de un pozo bastante profundo.

Se desconoce con exactitud la caída que experimentó el mundo del Libro en el sexenio 2009-2015, pero es seguro que se acercó (o incluso superó) el 50%. Cerraron miles de librerías (algunos años al ritmo de una al día), cayeron cientos de editoriales, se hundieron muchas distribuidoras, y la venta de libros cayó a la mitad. Las tiradas de los libros se redujeron drásticamente. Sólo en un aspecto los números no se redujeron tan brutalmente: en España se siguen editando al año casi 100.000 títulos. Pero incluso esta cifra tampoco indica nada bueno.

Ya que ese esfuerzo de sobreedición (que, por otra parte, el mercado es incapaz de absorber) no hace sino esconder los denodados esfuerzos de los mastodontes de la edición por ocupar y repartirse el mercado. Durante la crisis, la industria ha sufrido un acelerado proceso de concentración y monopolización. Dos dinosaurios copan hoy el 80% del mercado: de un lado Planeta (que controla 40 sellos distintos); de otro el conglomerado liderado por la alema Berstelmann (que incluye las antiguas Mondadori, Random House, Penguin y ahora también Alfaguara y sus filiales), que posee otros 40 sellos. Estos dos gigantes de la edición llenan el mercado con miles de títulos, en una búsqueda desaforada del best seller que dé el pelotazo de la temporada. Mantienen ciertamente sellos de calidad, porque les dan prestigio, pero su estrategia real sigue la vía trazada por las majors del cine de Hollywood: inundar las pantallas, copar las salas, y esperar a que de toda su sobreproducción (infumable en su mayoría) salgan 4 ó 5 títulos supertaquilleros que salven la temporada y llenen las arcas.

Esa estrategia tiene efectos demoledores, ya que empuja de lleno al libro al interior de la industria del entretenimiento. Acorrala a la literatura y da pábulo y cancha a la banalidad, la ramplonería y al conservadurismo menos innovador. No es extraño que todo este movimiento haya conducido a que los libros más consumidos estos años sean los libros de autoayuda (también en su versión «literaria»), las sagas de magos, romanos o detectives, los clásicos best sellers y los seudolibros prohijados en internet por efímeros youtubers o blogueros o tuiteros exitosos.

Esta estrategia editorial mantiene, gracias a esa «burbuja» artificial, la ficción de que el mundo del Libro está en franca recuperación. Pero es un decorado bastante artificioso. Un decorado que esconde (¿momentáneamente?) muchas miserias.

En todo caso, si hay (que los hay) signos positivos en el mundo del Libro desde hace dos o tres años, las buenas noticias proceden de otro lado. Y yo al menos resaltaría dos o tres:

1. La aparición y generalización de un nuevo tipo de librerías, que ya no son simples «tiendas de libros», sino verdaderos «centros culturales», donde tienen lugar incesantemente presentaciones de libros, tertulias, conferencias, exposiciones, proyecciones, recitales, clubes de lectura, talleres, etc. La nueva librería viva no pierde el carácter de la vieja librería, y sigue siendo el hogar del libro, pero adquiere nuevas dimensiones como foco de actividades culturales.

2. La aparición de una nueva hornada de jóvenes editoriales independientes. Ciertamente, la floración (sobre las ruinas) ha sido una verdadera erupción (cerca de 400 nuevas editoriales en 2015 y otras tantas este año), pero teniendo en cuenta que muchas de ellas sarán solo flor de un día, quizá no sea tan irracional pensar que aquí está la nueva semilla de la edición del futuro. Además, buena parte de estas editoriales, independientes e innovadoras, llevarán al mercado lo que los gigantes editoriales no publican, por considerarlo «poco o nada» comercial.

3. La irrupción de una nueva generación de escritores en lengua española (procedente en gran medida de Hispanoamérica: Argentina, México, Colombia…) con un profundo compromiso literario, aires completamente innovadores y sin miedo a resultar «poco comerciales». Esto es la garantía de un futuro literario esperanzador, más allá de las inquietantes noticias que llegan del «mercado».

No cabe duda que estos factores alimentan la esperanza.

¿Y qué nos ha dejado 2016 en el terreno literario?

Los premios a Vila-Matas en la FIL de Guadalajara y el Cervantes a Eduardo Mendoza. El polémico Nobel a Bob Dylan.  Y un puñado de libros de interés, entre los que destacaría: la novela primigenia de Bolaño («El espíritu de la ciencia ficción», inevitable para los bolañistas de viejo y nuevo cuño), la segunda parte de las memorias de Ricardo Piglia («Los años felices»), la novela-relato de Vila-Matas «Marienbad eléctrico», la última y amarga novela de John Banville: «La guitarra azul» o la recién aparecida novela de Ishiguro (el célebre autor de títulos como «Lo que resta del día» o «Nunca me abandones») y que lleva por título «El gigante enterrado». Y entre los relatos de las jóvenes editoriales con un carácter más renovador: «Precoz», de Ariana Harwicz en: Rata) y «Manigua», de Carlos Ríos (Contrabando).

Manuel Turégano

EUFEMISMOS Y OTRAS SUTILEZAS

   Hubo una época en que a las cosas se las llamaba por su nombre -al pan, pan y al vino, vino-. La gente no se andaba con zarandajas ni subterfugios para expresar una idea o analizar una determinada situación; aquello se acabó. De hecho, de un tiempo a esta parte, hemos podido comprobar que vivimos en la dictadura de lo políticamente correcto y nos hemos convertido en auténticos perversores del lenguaje hasta el punto de arrebatar el sentido real a esa palabra o a aquella expresión que queríamos utilizar; esto es, hemos sustituido, en algunos casos, las crudas verdades por otras “más digeribles”.  

   Cierto es que esta situación viene de atrás; porque a lo largo de los años nuestra sociedad, más inocentemente que ahora, ha ido cambiando ciertos vocablos, intuyo que para adaptarse a los cambios que se iban produciendo. En ese sentido hubo un tiempo en que el que vendía libros (por comenzar con algo que conozco) de puerta en puerta, de pueblo en pueblo, era el ´vendedor ambulante´. Más adelante, esta persona consiguió establecerse en un local donde, además de libros, vendía prensa diaria y revistas. Comenzamos a llamarlo quiosquero. Pero éste amplió su fondo de libros y, con él, el local; y desde entonces pasó a llamarse ´librero´. Ya no; ahora los libreros son, ¡ay!, “agentes culturales”. ¿Cómo agentes? ¿Acaso deben vigilar y castigar a quien no compre libros o no los lea? ¿Qué significa `agente´? ¿Te aconseja o desaprueba según qué lecturas? 

   Pero la cosa no queda ahí, no; toda la vida hemos ido a cortarnos el pelo al barbero de la esquina -o del pueblo- ya fuera el de la cabeza o la barba; no, queridos lectores, eso ya no sirve. Pasó a llamarse peluquero que, a fin de cuentas, es razonable y así fue durante mucho tiempo. ¡Pero no! Esa palabra se había quedado obsoleta y el peluquero pasó a ser `estilista´; es decir, alguien que cuida tu imagen y tu pelo siguiendo las tendencias del momento. ¡Menudo guirigay!, ¿no les parece? Y el colmo, lo que ya “riza el rizo” -nunca mejor dicho- es que el estilista ya no es tal. No, no; deben ponerse Uds. al día: ahora es un `asesor de imagen´. ¡Anda!, ¿eso qué es? Al parecer se trata de una persona que no sólo te corta el pelo, también te indica el tipo de vestuario adecuado para ese peinado e incluso con servicio de manicura. Como ha cambiado el cuento, ¿no les parece? 

   Aunque si hay alguien en este país que podamos considerar gran conocedor/a de esta forma de tergiversar nuestra rica lengua, esa es nuestra clase política, sea el partido que sea. ¿Quién no recuerda la definición de crisis que nos dio Zapatero?: “crecimiento económico negativo”. ¡Y tan fresco! Pero con respecto al auge de los eufemismos políticos, quien se lleva “la palma” es el PP. Sus componentes son maestros del enredo; de hacer jirones nuestro lenguaje; ¿cómo podemos entender, sino, que la mayor marea negra de nuestra historia se convirtiese en `hilillos de plastilina´? Aunque Rajoy, por desgracia, no es el único: nuestra ínclita y católica ministra de empleo llama `movilidad exterior´ al hecho de que miles de jóvenes deban emigrar porque aquí no encuentran trabajo.  

   Y no sólo eso; para el Sr. De Guindos no hay desahucios en España, no; son “procedimientos de ejecución hipotecaria” -que, dicho así, parece que te están haciendo un favor por lo bien que suena, ¿no?-. También nos dice este señor que hay que `flexibilizar´ el mercado laboral. ¿Quiere decir que hay que repartir mejor el empleo? ¡No, qué va! Significa que hay que abaratar el despido. ¡Y se queda tan ancho! Y ¿qué decir del Sr. Montoro? Nos ha repetido hasta la saciedad que no, que no va a subir los impuestos, que sólo se trata de un “gravamen adicional”, ¡toma ya! Y lo que es peor: ¡tragamos! En fin, los ejemplos son muchos y variopintos (y cada uno de ellos más descabellado que el anterior). 

   Por todo esto, uno está un poco harto de que nuestra lengua, tan sufrida ella y, por los derroteros por los que discurre, se haya convertido en un producto que nos están vendiendo de forma simulada y en diferido.

Moska

NÁUFRAGA

naufragaDifieren los planes de futuro entre generaciones como así lo atestiguan cirujanas con hijos cantantes de tangos o campeonas de súper welters herederas de notario. O el caso de Ligia Monturiol, educada entre el parqué de la Bolsa, el verdín hípico, los domingos de Catedral, colegios trilingües, clases particulares de piano y endurecimiento físico-mental a cargo de disciplinas orientales. Todo ello no evitó que la noche del quince de mayo, recién estrenados los diecinueve, Ligia proclamara impávida desde el centro del comedor su determinación firme de ganarse la vida ejerciendo de náufraga. Presa de estupor su madre, dejando caer la cuchara con estrépito de porcelana y salpicando de natillas el mantel almidonado, exclamó fatigada de suspiros: “Lo que nos faltaba, y encima tu padre en el Casino”.

            Ni elocuentes silencios tras abanicos, ni homilías insinuantes, ni gritos extemporáneos desde la alcoba principal hicieron cejar a Ligia en su afán de afirmar que nadie sino la mar era quien podía juzgarla.

            Sobornos con deportivos, vacaciones en Ibiza o pisito de soltera fueron rechazados uno tras otro desistiendo incluso de su herencia, pidiendo a cambio un sencillo chaquetón atemperador de mañanadas pelágicas, una visera de loba de mar y un pasaje rumbo a las islas egeas. Animados ante semejante renuncio, sus hermanos convencieron a los papás sobre la conveniencia de dejar fluir anhelos, deseos y vocaciones, pues la alternativa de una frustración negadora podía acarrearles, a la larga, vitalicios remordimientos.

            La mañana del primero de noviembre zarpó de Cartagena el buque “Fenicia” con una tripulante única en desear tormentas huracanadas, marejadas, tempestades y hasta abordajes de piratas. Tras dos jornadas de calmada travesía barajó si tirarse por la borda en busca de una primera oportunidad y así lo hizo, pero tras el vibrante aviso de “¡Mujer al agua!” una chalupa improvisada la devolvió a cubierta empapada y con síntomas de amigdalitis. Interrogado su proceder por el contramaestre naval, confesó que su acto no respondía a tentativas suicidas sino a las de aprender un oficio con que labrarse el porvenir. Estupefactos ante semejante argumentación se le conminó a permanecer en la sentina veinte horas al día, no acercarse más allá de un metro a la baranda y pegar a su espalda, en los entreactos, un grumete susceptible de dar alarma en caso de reincidencia.

            Con semejantes expectativas fue invitada a desembarcar en la isla de Malta y mediante conferencia ponerse en contacto con su familia. Tras el relato de la oportunidad perdida su hermana mayor le deseó por cable los mejores augurios, esperanzándola con mejores momentos a lo largo de próximas travesías.

            Desempeñó fatigados trabajos trampeando los días hasta enrolarse en un mercante con bandera de conveniencia y destino a ninguna parte cuya marinería conformaba un batiburrillo multicultural. Hizo amistad con dos liberianos que tras escuchar sus embarrados planes temieron el peor fario en sus componendas supersticiosas, ofreciéndose a encontrarle el callado momento nocturno en que abandonar el navío. “¡Echadme un trozo de mesana para poderme apoyar!” les gritó desde estribor, arrojándole sus compañeros el larguero del jergón de uno de sus catres y una bolsa de galletas. Dos largos días con sus noches permaneció de esta guisa y fue el tercero cuando avistó, con más pena que gloria, una enorme barcaza que viraba sobre sí misma abarrotada de caras oscuras. El ánimo de Ligia merced a su primer éxito profesional contrastaba cruelmente con la angustia de aquellos expertos en la materia, más preocupados en enderezar la nave rumbo a la vieja Europa que en el relato de ansias profesionales.

            La corbeta que finalmente los remolcó hasta Lampedusa estaba pilotada por unos italianos muy simpáticos que les ofrecieron agua, terrones de azúcar y unos rosarios bendecidos por el Santo Padre; nada más atracar les fue tomada su filiación y alojados en una residencia rodeada de alambre espinado en cuyo interior se erigían inmensos barracones hacinados de semejantes. No tardó Ligia en hacer valer sus influencias de joven notable y merced a las credenciales que proporciona una Visa impermeable las puertas de aquel campo le fueron abiertas. “Cuídese -le aconsejaron los carabineros al despedirla- y no ande con malas compañías”. Para corresponder a tamaña amabilidad la aprendiz de náufraga envió un ramo de azucenas al altar de la capilla de aquel centro y unas cajas de bombones a repartir entre los cuatro mil internos.

            Dos naufragios consecutivos en menos de una semana auguraban una fulgurante carrera. Trasladada al continente por el puerto de Nápoles tropezó con unas robustas muchachas norteamericanas que le aconsejaron la conveniencia de hacer deporte a lo largo y ancho del Mediterráneo y abrirse paso al Mar tan Rojo como Sarraceno a través de Suez. Dicho y hecho. En pocas horas se había alistado como cabo de segunda en el portaaviones “Truman” e intuyendo que sus deseos iban estupendamente encaminados un bajel les descargó un torpedo casero confeccionado a base de bombas fétidas, bengalas de cumpleaños y unos clavos del ocho frente a las costas de Tunicia, justo en el momento que Ligia hacía aguas mayores. La pequeña explosión, que provocó una tolerante aquiescencia por parte del almirantazgo, no fue óbice para que tras arduos esfuerzos consiguiera Ligia atravesar el ojo de buey del retrete, lanzarse al agua para ampliar su currículum profesional y ver cómo aquella escuadra se alejaba intacta por el horizonte dejándola a merced de la estela provocada por las hélices a reacción. Apresada por la misma embarcación agresora fue canjeada a las pocas horas por diez cartones de Marlboro que les entregó el primer oficial de un crucero de dudoso lujo, el “Costa Concordia”, con destino a la isla de Giglio,

            Hizo Ligia buenas migas con el capitán, un caballero de moral alegre y campechana quien le ofreció un dry martini apenas fueron presentados. Las noches de aquel buque eran auténticos saraos donde alcohol y síntesis química corrían a canales entre pasaje y tripulación, intimando unos con otros hasta altas horas y estableciendo fervientes lazos de amistad mediante lujuriosas gimnasias. “De continuar así, me temo lo mejor” pensó Ligia cuando atisbó aquella hilera de farallones sordos frente al chun-chun de cubierta. Escorado el buque en plena zozobra y contemplando el espectáculo a horcajadas de la quilla, reflexionó que si bien la ilusión genera aventura los abusos de pericia acaparan desengaño y hasta los naufragios fuera de medida susceptibles son de fatales acarreos.  Es decir, el miedo le atenazó la entraña. Pánico evocador de soledades abandonadas, como la de aquella tarde de circo que pasó llorando no por temor a las fieras (enjauladas, al fin y al cabo) sino de los payasos que corrían sueltos entre carcajadas; o la tarde de paseo por la huerta donde halló, entre cañaverales, otros náufragos víctimas de hipodérmicas; cuando un amigo de papá le prometió eterno amor y abundantes billetes la tarde de su puesta de largo en sociedad o cuando descubrió que el llanto rara vez se produce por los demás sino más bien cuando miramos hacia nosotros. Ya las olas le anegaban las pantorrillas cuando forjó la idea de que cada cual es náufraga de sí misma y que desde luego la mar, por sí sola, no hace marineras.

            Encontraron su cuerpo transformado en coral adherido a una almadia justo el día en que el capitán fue acusado de delito de negligencia, alevosa embriaguez y blasfemia continuada, alegando éste en su beoda defensa que aquella oscura pasajera hallada en alta mar, y no otra, era la responsable del gafe necesario que causó su fatal hundimiento. Ver para creer.  

 

           

RECETA CONTRA EL ARDOR DE LA CRISIS: CREMA DE OPTIMISMO Y ESPERANZA DE TEMPORADA

INGREDIENTES:

½ kg. de buen humor

¼ kg. de dignidad

Una pizca de esperanza

4 porciones de simpatía

1 taza de buenas vibraciones

Alegría

Optimismo

ELABORACIÓN:

Rehogamos a fuego lento el buen humor y la esperanza picados, las buenas vibraciones y la alegría cortados en rodajas finas, durante diez minutos, controlando el tiempo de cocción ya que estos ingredientes son muy valiosos por escasos.

Añadimos agua y dejamos cocer otros quince minutos. Incorporamos las porciones de simpatía y el optimismo, dejando que vuelva a hervir. Batimos hasta lograr la alegría necesaria de vivir y la consistencia deseada para aguantar.

Cortamos la dignidad en pequeños dados, que tiene que durar durante todo el proceso y no puede desaparecer por mucho ardor que nos produzca la crisis, además así daremos a este plato un toque exótico.

P.D.: Podemos reemplazar la dignidad por resignación, que siempre resultará más económico, y lograremos un efecto relajante.

Mambrina

 

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