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¿Todo sigue igual? EL MORO MUZA

Artículo publicado el 1 de marzo de 2012 en el nº Especial Primavera Valenciana

 El triste rey Abdala al llegar a Padul volvió los ojos a mirar por la postrera vez su ciudad Granada, y no pudo contener sus lágrimas, y dijo alkuakbar… y dicen que la Reyna su madre le dijo: “razón es que llores como mujer pues no fuiste para defenderla como hombre”. Historia de la dominación de los árabes en España. I820, José Antonio Conde.

Cita clásica utilizada hasta la saciedad y ejemplo de lamento tras un fracaso. No excesivamente justa ya que las tropas habían sido vencidas en terreno abierto. Una vez bien pertrechados en el interior, el rey Abdala oído los consejeros decidió hablar y negociar la rendición. Solo el valiente Muza decía que todavía era temprano, que no estaban apurados todos los recursos, ni había el pueblo hecho ningún esfuerzo, ni había tomado las armas de la desesperación que en ocasiones valen las victorias.

Esta disyuntiva entre los criterios dominantes, el mal menor y la acción capaz de revertir lo llamado inevitable, forman la duda sobre el resultado de las acciones humanas en situaciones de crisis.

Lo curioso de la situación actual es que el resultado de la batalla, se decide previamente al enfrentamiento. Es algo así como si la opinión general de un resultado, condiciona éste y nos permite ahorrar esfuerzos ante lo inevitable. En símil futbolístico es salir vencido ante la reconocida supremacía del contrincante.

Y de pronto un hecho mínimo y una acción coercitiva desproporcionada encienden la llama que trasciende y supera el anterior movimiento de indignación que deja su equidistancia entre partidos, para convertirse abiertamente en oposición a la política social y económica del PP.

Su aparición en Valencia, puede interpretarse en relación con factores desencadenantes previos, relacionados con el clima de degradación moral y de corrupción en el PP, y a la falta de alternativas de la oposición con posibilidades de éxito. Alternativa de gobierno que se convierte en una necesidad higiénica, pero en abierta contradicción con la voluntad popular que concede mayoría absoluta al PP.

El análisis de las causas de esta situación supone un trabajo específico, no obstante, sin entrar en sus etiologías, parece plausible que la falta de alternativas de cambio (la interpretación del PP considera que el apoyo en las urnas supone un cheque en blanco a sus políticas cada vez más agresivas hacia el sector público) han podido suponer un factor determinante para el estallido.

Es difícil caracterizar este movimiento que en su denominación ha pasado del primitivo y cabreante “indignación ” al positivo y esperanzador “primavera” más en consonancia con la tradición sesentaiochesca.

Curiosamente ha perdido una de las características que el ideario pepero le achaca, en concreto ser “antisistema” por lo menos en su acepción de marginalidad para convertirse, en un movimiento de masas contra la política de recortes sociales y antirrepresivo.

También el PP ha cambiado, de una cierta y ambigua posición de comprensión con los indignados que facilitaba la desmovilización electoral, a una abierta oposición con argumentario incluido, a decir la verdad muy poco elaborado y con tufo del pasado “tontos útiles de la izquierda” y “lo que hay que hacer es dejarse de historias y a estudiar” (el entrecomillado es mío).

El futuro y su repercusión política es un enigma. Las movilizaciones y la incorporación de miles de jóvenes son importantes a la hora de crear un espíritu de resistencia, pero no es suficiente para revertir la tendencia conservadora.

Existen ejemplos, de que, si no se ofrece por parte de la oposición, una alternativa creíble, votable que permita la regeneración política y el prestigio institucional, de manifestación en manifestación y de barricada en barricada podemos caminar hacia la repetición de la mayoría absoluta del PP. Ejemplo, la victoria del partido gaullista por amplio margen después del mayo 68.

Sergio (Valencia)

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