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El ángel exterminador – La mística irreverente

Se muestra en forma de aparente irreverencia, pero en el fondo es una película mística. Lo que sucede con la burguesía ilustrada, con el hombre de ciudad cuando de repente le cortan el agua y se ve en una situación de aislamiento. Entonces nace la bestia que lleva dentro (un oso).

Afortunadamente la Providencia les envía tres corderitos que tienen que sacrificar con sus propias manos, en perjuicio de su dignidad y su etiqueta.

Nos hace creer que es una irreverencia, pero en realidad nos trasmite la palabra de Dios. Esto lo consigue con los movimientos de cámara que te llevan de un lado a otro en un vaivén continuo de imágenes que se suceden y te conducen sin que sepas adónde, hasta que aparece un plano subliminal (muy breve), como una revelación.

Los personajes terminan invocando las palabras mágicas de los masones y recurriendo a la brujería (con las patas de una gallina).

Como no podía ser de otro modo, las revoluciones comienzan desde arriba y cuando nuestros exquisitos comensales celebran con el pueblo su liberación del sortilegio, la historia se repite y no pueden salir del templo.

Con la imagen del cordero no quiere decir que sean borregos los que siguen las religiones. Lo que ocurre es que los corderos son el maná que envía Dios al pueblo elegido.

En cuanto al título: el ángel exterminador. Hay tres puertas: una puerta del Ángel, otra puerta de la Virgen, y otra puerta de un Santo con aspecto de fraile. Esto se puede interpretar como que fueron a un chamarilero donde encontraron un armario con esas tres figuras. El retrete es el Ángel, los amantes secretos que se acaban suicidando, lo hacen en la puerta del Santo. Y la Virgen debe ser el cementerio donde meten los cadáveres. Puede interpretarse como una alegoría de la Trinidad. Entendido de una manera amplia, podría ser: el nacimiento, la supervivencia y la muerte.

El refinamiento nos impide ver lo bestias que somos.

La gente cree que se está metiendo con el catolicismo. Se está metiendo con una parte de la civilización, con el progreso. Al final la magia se trasmite a unos elegidos y, en segunda instancia, se trasmite al pueblo.

Finalmente, el rebaño que acude a la iglesia es más abundante. Cada vez necesitamos más a la Providencia. Cada vez tenemos más miedo.

por Peter Norit