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EN OLOR DE SANTIDAD

         Las noches de mi barrio desprendían enfurecidos olores a hoguera con ese hedor tragicómico de las nubes chamuscadas. Entre aquellos aromas celestiales y aquellos colores gris marengo que adornaban las calles, vivíamos lo que se consideraba en el momento de finales de los sesenta “gentes de bien”: seres humanos bautizados con el milenario estigma de “Tú a lo tuyo que es trabajar”.

         Para animar los tediosos días que Manuel Aznar y Federico Gallo proponían en radiotelevisión, junto a esporádicas y espeluznantes apariciones nocturnas de José María Pemán, estaban los relatos de curiosos personajes de los que escuchaba sus andanzas por boca de mis mayores, que a su vez las habían escuchado de otras y así sucesivamente hasta llegar a convertirse en la pulida épica que voy a relatar. Perdonad pues los adjetivos y los adornos con los que entonces sus palabras, después el recuerdo y ahora mis dedos contribuyen a dar tono a este relato.

         Su nombre, Teócrito Maluenda *; su profesión, ministro de la iglesia (ahora católica, en su momento iglesia con mayúscula); su pasión, el alcohol en toda su magnitud y variado alambique. Desmedido como estaba en su afán libador, no recién acabada su diaria siesta reponedora de abusos en la comida la propia casera le conminaba a salir de casa sabedora de que las consecuencias de la abstinencia sindrómica pudieran recaer sobre su persona. Y en efecto, a eso de las seis de la tarde salía del hogar pulcramente aseado, con su traje de faena, recién rasuradas unas mejillas que dejaban entrever las venas amoratadas impresas en sus pómulos y un turbador vaho de Varón Dandy escaleras abajo.

         Con anterioridad a que los bancos ocupasen las esquinas para más tarde cederlas a manos orientales o turcas, esos cantones eran ocupados por tabernas que exhibían rótulos de Snack Bar. Hete aquí que en uno de ellos, imperturbable, hacía guardia perpetua mosén Teócrito, despojado de su sotana en el lavabo para ubicarla prolijamente plegada en el altillo del perchero y acodarse posteriormente en uno de esos rincones de perspectiva perfecta que otorga la experiencia de la asiduidad. Indefectiblemente comenzaba con los licores pasando a las cervezas, y como buen bebedor por horas seguía con recios vinos para cerrar el círculo de su particular viacrucis nuevamente con los licores primarios.

         Varias veces hubo de desalojarlo el propietario con amables palabras a eso de la medianoche y no siempre respondía a la cordialidad, bien al contrario, con airados reproches y la sotana bajo el brazo llegaba a casa como podía entre murmullos beodos.  La noche de autos en que se relata esta historia su gaznate insatisfecho demandaba urgente una nueva ronda de oportunidades tras ser afablemente despachado por causa de rigor horario. En ese brete tuvo a bien continuar su particular maratón en un club de alterne regentado por la Chata**, localizado en la misma acera y que constituía a esa hora y en ese lugar la única reserva capaz de saciar tanto ansiedades como enervaduras.

         Tras las cortinas de terciopelo tres meretrices cenaban unas albóndigas estupendas que había preparado la jefa (el título de madame le venía ancho de sisa) la ya lejana mañana anterior, raciones que ocultaron prestamente en el mostrador para preguntar con forzada sonrisa: “¿Qué le pongo, padre?”. Aquel exceso de confianza en el trato, delator de su condición, agrió los humores que por sus venas deambulaban mermando tenazmente sus neuronas.

         -Una copa de Veterano -masculló imperceptible con la mirada vidriosa fija en el escote y ese tipo de faltas de ortografía oral que hacíanle confundir las ces por las jotas, las tes por las ces.

         Ya no un sexto, sino un decimosexto sentido le barruntó a Tamara que aquello bien no podía acabar. Y en efecto, cuando el reverendo Teócrito insistió en repartir aquella olla de albóndigas “Para hacer cuerpo” -arguyó- y al no conformarse con las dos de cortesía que una muchacha palentina le ofreció, atracóse hasta rebanar con pan el fondo de la cazuela y soplarse la tercera copa cayendo de bruces en el baldosado ajedrezado expirando súbitamente no sin antes arrojar una sonora blasfemia. El alboroto de aquellas mujeres no se hizo esperar. Corrían de un lado para otro hasta que la Chata comprendió que aquel cadáver no era sino una fuente inagotable de problemas y por tanto era conveniente avisar a la policía pues nadie, y ellas menos aún, puede escapar a los inescrutables designios del Señor.

         Tardó la bofia en presentarse alrededor de tres cuartos de hora, minutos en los que Tamara hízose fuerte atrancando la puerta e impidiendo con su acción la huida de aquellas abnegadas servidoras del amor.

         -” Ponme un pacharán”, bramó el comisario recién desatascada la puerta para añadir con sabia perspicacia dirigida al subalterno: “Llame, Gutiérrez, al dueño del bar de al lado”, enérgicas órdenes que le valieron saltarse el abono de la consumición. Eran las dos de la mañana pero no por ello óbice para desatender el reclamo de la fuerza de orden público, ese timbrazo seco y penetrante que, ayer y hoy, como un rayo parte en astillas cualquier arrebato de valor resistente. Sin apenas lavarse la cara, el propietario del establecimiento personóse temeroso para ser conminado ipso facto a la ayuda de uno de los cuerpos (el policíal) en la tarea de arrastre del otro (el del difunto reverendo) hasta su propio negocio, mucho menos conspicuo, con el fin de dejar el honor eclesiástico inmaculado y atribuir el óbito a circunstancias del fatal destino, como así lo atestiguaron el forense en su jamás analizado informe y el periódico local la mañana siguiente titulando: “Fulminante e inesperado fallecimiento de sacerdote a la entrada de una cafetería”. Aquí paz y después gloria.

         Teodora Gallizo, casera del difunto, lloró desconsoladamente tan sensible pérdida, en parte por aquello de que el roce genera cariño, en parte por la ausencia de testamento del finado. Afligida, fue la encargada de afeitarlo, lavarlo y hasta vestirlo con sus mejores tiaras, avisar a la que luego se demostró inexistente familia y preparar el anís y las pastas con que aliviar el luto riguroso con que la plantilla habitual de beatas impregnó la morada. En esas horas de lamento y rosario, de comentarios sobre el devenir de los tiempos, de la ineficacia juvenil, de la marcha de la liga y de la climatología habitual del terreno, sucedió lo que estaba escrito: Don Teócrito Maluenda, desde la habitación contigua a las tertulias anisadas tuvo a bien resucitar, alzarse del ataúd no sin esfuerzo y alegando una curiosa tradición familiar advertir al duelo de su capacidad cataléptica y mostrarse más vivo que nunca. Pidió un moscatel, una muda limpia, un albornoz, un cigarrillo mentolado y las zapatillas de andar por casa, exigió urgente un alka-seltzer aliviador del mal cuerpo (que otro se tomó) y con los santos óleos de emergencia custodiados en el primer estante del armario ofició una misa domiciliaria, no de difuntos, sino de Resurección. Algo que Teodora contempló plena de gozo viendo cómo su panorama cambiaba ostensiblemente de tiempo, lugar y economía.

         La archidiócesis simuló no enterarse del verdadero acaecer de los hechos y tuvo a bien, pese a todo, cambiar de parroquia a Maluenda enviándolo a una localidad menor de la provincia y donde tuvo la oportunidad de sacralizar con su intervención lo que camino llevaba de ser una herejía. Pero eso ya es otra historia que los fieles lectores de esta revista conocen sobradamente. 

(*) (**) Véanse los números de El Inconformista 50 y 47 respectivamente.   

Ramón Díez

ORWELL COMO PARADIGMA CONTRA EL ABUSO DE PODER

Distopía: del griego dys (malo) y topos (lugar); término que plantea las contradicciones del discurso ideológico y que, llevadas a sus últimas consecuencias, pueden derivar en regímenes totalitarios que reprimen al individuo y coartan sus libertades.

En la tradición literaria reciente existe una trilogía distópica que refleja perfectamente la anterior definición: Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. En todas ellas se nos advierte del peligro que supone “vivir en el mejor de los mundos posibles”, como dijo Leibniz. También el cómic y sus adaptaciones cinematográficas nos previenen de lo que supondría una sociedad absolutamente controlada por un poder totalitario. Así nos lo explica la película V de Vendetta -aunque su protagonista utilice métodos poco convencionales y menos democráticos- en la que un dirigente controla, o eso pretende, todos los entresijos del gobierno, de la sociedad y de sus ciudadanos.

Pero si hay alguien al que podamos considerar como el padre, el precursor de este tipo de literatura antiutópica ese es Orwell. En su conocida 1984 (publicada, no lo olvidemos, en 1949) nos vaticinaba una realidad abyecta, una sociedad terrorífica, y aterrada a la par, controlada por un Hermano Mayor o Gran Hermano, que vigilaba todos los movimientos y hasta los pensamientos de sus ciudadanos y reprimía con dureza a aquellos que pretendían salirse del rebaño. De hecho el término “orwelliano” se usa precisamente para definir aquellos gobiernos, generalmente fallidos, y aquellas sociedades, generalmente alienadas, que pretenden controlar, los unos, y son controladas, las otras, incluso con la violencia. Es el caso de Corea del Norte, Venezuela o Arabia Saudí, entre otras.

Por desgracia aquel vaticinio orwelliano ha sobrevivido a su autor y ha llegado a nuestro día a día en el que todos los ciudadanos, en mayor o menor medida, estamos siendo observados, vigilados, por más que creamos ingenuamente vivir en una sociedad libre y democrática. Y esta condición de controlados nos la inducen por cualquier medio: redes sociales, medios de comunicación, economía… Ignoro quién, cómo y porqué pretende observar todos nuestros movimientos (y aquí incluyo a la ciudadanía, pero también a sus instituciones públicas y privadas y a quienes las componen). ¿Pretenden desestabilizar gobiernos?, ¿tal vez enardecer a una sociedad contra sus dirigentes políticos de cualquier ideología?, ¿o simplemente tomar el control de la situación económica para sacar pingües beneficios? ¿Acaso influir en nuestro voto a pocas fechas de una votación?

En vísperas de las elecciones generales del 26J salieron a la luz una serie de conversaciones grabadas en el despacho oficial del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz en las que éste junto con el director de la oficina antifraude de Cataluña, el Sr. De Alfonso, aparentemente pretendía sacar algún trapo sucio de los dirigentes de partidos independentistas catalanes y de sus familiares con fines electoralistas dada la cercanía de los comicios. A partir de aquí, pues, se plantean dos cuestiones fundamentales, a cuál de ellas más grave: 1)es terrible siquiera pensar que en una sociedad pretendidamente democrática un ministro del interior esta siendo espiado o grabado sin su consentimiento, o peor, sin una orden judicial. Resulta alarmante ver que incluso sus dirigentes pueden ser vigilados; y 2)pero es todavía más grave que una institución que supuestamente debe luchar contra, y prevenir, el fraude y la corrupción utilice los mismos medios y formas que los corruptos para investigar a políticos y familiares y, lo que es peor, traslade esas investigaciones al ministro del Interior para que éste y su partido puedan usar esa información para dañar políticamente a la oposición. No sólo no es ético; es, si me apuran, incluso delictivo, pues se están utilizando las instituciones y los fondos públicos para beneficio propio. Por la tanto, aquí sí, la Fiscalía General del Estado y la Diputación Permanente del Congreso deberían abrir sendas investigaciones para esclarecer los hechos y, en su caso, denunciar e imputar a los responsables si los hubiere. Por supuesto, el ministro y el director de esta oficina deben dimitir ya o en su defecto ser cesados. Pero con ellos también el presidente del gobierno en funciones, Mariano Rajoy, como conocedor de los hechos.

Porque, como han podido comprobar, efectivamente estamos instalados en esa sociedad orwelliana en la que se manipula la información y sólo nos muestran y nos dicen aquello que les interesa o lo que queremos oír. Se nos manipula incluso a través de la educación (ley Wert) y se reprime a las personas que pretenden pensar diferente (ley mordaza).

Así que urge aclarar los hechos, pero sobretodo urge defender nuestros derechos y libertades. Y debemos ser un poco más enérgicos para salvaguardar nuestra privacidad, nuestra intimidad, pues no todo vale para buscar esa sociedad mejor, ese mundo feliz, esa utopía.

Moska

PODEMOS Y LOS MORMONES…

… Son dos ejemplos de la utilización de las franquicias, los primeros para ocupar el Gobierno del Estado y los segundos el Gobierno del Cielo. Los segundos ganan en su oferta a todas las religiones, no va al cielo, ni uno ni dos, en el cielo se encuentra uno con todos sus descendientes. ¿Quién puede competir con eso?

Si votas  a Podemos, votas a todas las ideologías, a la ecología, a los “alternativos”, a los “anticapitalistas”, independentistas, nacionalistas, patriotas mesetarios,  a los comunistas en todas sus fracciones, los ortodoxos del PCE, pero también a los troskistas de todas las internacionales, a los socialdemócratas y un poco a los del centro. ¿Quién puede competir con eso?

Si te paseas por cualquier pueblecito en Latinoamérica, y te encuentras un edificio de color blanco inmaculado, coronado con una torre de estilo centroeuropeo, estas ante un templo mormón. Si vas a un mitin  con banderas con  corazones estas en un mitin de  Podemos, (no están bien visto las banderas rojas, que eso es la vieja política).

Dejemos a un lado a los mormones, y  entrar en el análisis que la propia dirección de Podemos ha propiciado, para  encontrar el  millón y pico de votos perdidos. La causa, según mi humilde opinión, es el propio proyecto. La primera pregunta que se hace un votante, es ¿a quién y qué  voto si lo hago a la franquicia Podemos? Pues depende, si el votante está en Cataluña,  en Soria  en Valencia o en Orense.

El voto del cabreo o de la desesperación, se da fácilmente, el voto a alguien con posibilidad de gobernar, es muy otro. Podemos ha uniformado el voto, sin programa de gobierno. Podrán decir, que los programas de gobierno es lo primero que traicionan los partidos políticos, pero también es el arma que tienen los electores para afearles la conducta. En Podemos, como franquicia la traición no es posible, sencillamente no hay programa político, o bien cada franquiciado tiene uno. ¿Alguien se atreve a decir, cuál es la posición de Podemos y sus franquiciados respecto a Europa o hacia España, más allá de un Referéndum? 

Esto hace que gente que votaría opciones concretas se lo piense, por ejemplo, la imagen de Compromís ha sorprendido a muchos ciudadanos por su seriedad a la hora de adoptar y respetar acuerdos y entra en contradicción con la escasa visión de Estado y prepotencia que han tenido los dirigentes de Podemos como el Sr. Iglesias. En cuanto a Izquierda Unida, las encuestas de popularidad de su dirigente el Sr. Garzón superaban con mucho al dirigente de Podemos el Sr. Iglesias.  El voto del desencanto por la futilidad del discurso de Podemos, incapaz de volver al PSOE encontraba un refugio, en el voto seguro de la izquierda tradicional. Con el pacto, no han sumado. Lo más curioso es que un sector de Podemos plantea que Izquierda Unida sea la causante; baste recordar que la figura de Anguita, que nos trae a muchos ciudadanos una imagen de coqueteo con el Sr. Aznar, la famosa pinza, fue agitada por el propio Iglesias, más que por I. U. que estaba en un proceso de renovación.

Mucho me temo, que el proceso de “discusión de las bases” sea un intento de cohesionar una dirección que  en un principio supuso,  con todos los defectos y virtudes, una base asamblearia. Ahora la superestructura que por su formación capitanea Podemos, necesita un “aparato” que por algunos signos, ceses fulminantes, se puede convertir en un modelo de la más vieja política, una especie del centralismo democrático. En esa situación algunos franquiciados empiezan a poner distancia de sus líderes, al principio el juez Villarejo, luego de una forma más sutil, la alcaldesa Carmena, y me consta que un sector de Compromis no entiende el juego del equipo de Iglesias al que incluyen a Errejón, que han reeditado la primorosa parodia del bueno y el malo que inventaron e interpretaron  de forma sublime Felipe y Guerra. 

El Xic del pis de dalt

“SORPASSO”

 

   Desde hace 35 años España se ha caracterizado por el bipartidismo, por la polarización izquierda/derecha; desde 1982 los dos grandes partidos, PP y PSOE, se han ido alternando en el poder merced a unos votantes que en líneas generales eran fieles y votaban a su partido con independencia de que su trabajo en el gobierno fuera bueno, malo o regular. Digamos que solía ser un voto más visceral que cerebral. Cierto es que ambos partidos, históricamente, se han destacado por determinadas políticas que en un momento u otro les han permitido gobernar; así, la derecha se ha caracterizado, o eso dicen, por gestionar mejor las políticas económicas mientras la izquierda, a su vez, se caracterizaba, o eso dicen, por gestionar mejor las políticas sociales. 

   Sin embargo había -y hay- un matiz, en absoluto baladí, que ha diferenciado desde siempre a ambas formaciones. El PP ha sabido aglutinar siempre entre sus filas todo el espectro de la derecha; de los más liberales aSorpaso los más radicales (ultraderecha) se encuentran al abrigo del partido. Esto no ha ocurrido nunca en la izquierda donde, además del PSOE, encontramos otras fuerzas de corte socialdemócrata, cuando no izquierdista o comunista y tanto a nivel estatal como autonómico (IU, ERC, Podemos, Compromis…). 

   Por la tanto puede entenderse la fidelidad del votante de derechas ya que, amen de otras consideraciones por todos conocidas, no tiene muchas más opciones de voto salvo grupúsculos de poca entidad y de carácter fascista como Vox, España 2000 o Democracia Nacional. Esto y que a ese votante no le interesa tanto el bagaje de su partido en la labor de gobierno como el hecho de que el contrario tenga la más mínima posibilidad de gobernar, tenga éste las siglas que tenga. 

   En la izquierda esto no es exactamente así: es verdad que sigue existiendo ese votante fiel que hace lo mismo elección tras elección; pero de unos años a esta parte ha ido creciendo un colectivo de izquierdas que castiga a su partido; es decir, si mi partido no lo hace bien o no cumple las expectativas depositadas, en los próximos comicios no le votaré y buscaré otra opción de izquierdas…o directamente, no votaré. 

   Porque cuando ves que la política económica del PSOE se parece demasiado a la de la derecha sus votantes, más escorados hacia la izquierda que hacia el liberalismo, se sienten desencantados. De la misma manera que cuando vemos a Podemos decir que su origen ideológico es el comunismo o el marxismo y luego presentan un programa económico de corte socialdemócrata, según dicen, sus votantes se sienten engañados. O vemos a IU, abiertamente comunista, pactando con Podemos: sus votantes se sienten directamente traicionados. 

   Por todo esto es evidente la diferencia entre los votantes de derechas y los de izquierdas; incluso se han radicalizado las posturas: en un alarde de perversión increíble el votante del PP reconoce abiertamente que “para que me roben los otros que me roben los míos”; el votante de izquierdas hace algo parecido pero con los partidos de izquierda: de tan crítico que quiere ser con el partido al que vota creo que se ha pasado de frenada. Esto es, no quiere que gobierne la derecha pero no va a votar porque ninguna de las opciones de izquierda le convence con lo que le da la victoria a la primera. En este caso a mí no me sirven las quejas y las rasgadas de las vestiduras de aquellos votantes de izquierdas que no han votado. No tienen, en mi opinión, ningún derecho al “pataleo”. 

   Y es que gracias a ese 4% más de abstención de estas elecciones con respecto a las del 20D, efectivamente se ha producido el tan manido “sorpasso”. Pero no el que muchos pensábamos. La sorpresa nos la ha dado el PP, que ha vuelto a ganar incluso con más votos y más escaños, ya que ha recuperado parte del voto que se fue a C´s y también se lo ha arrebatado al PSOE. Y, aunque Unidos Podemos conserva sus 71 escaños, que nadie se engañe: ha perdido más de un millón de votos. De no haber concurrido en coalición, Pablo Iglesias y los suyos se habrían dado un tremendo batacazo. 

   Y ¿dónde nos lleva todo esto? Desde luego que los votantes deben ser críticos…hasta cierto punto. Rebasado éste se corre el riesgo de que el contrario te adelante y, sinceramente, el votante de izquierdas creo que está pecando de exceso de celo, que se mira demasiado el ombligo y con ello permite precisamente lo que no quiere: un gobierno ultraliberal en connivencia con empresarios y otras instituciones ultraliberales; de ahí que volvamos a ver un mapa de España con tonos azules. La izquierda de este país está completamente dividida y de eso se aprovecha el PP. “A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Moska

TARGETA CENSAL

Estem acostumats a sentir la paraula «taula» en referència a un objecte on, dinem, juguem, treballem… Tenint en culpa els diversos dissenys que aquesta pot tindre: rodona, quadrada, rectangular, de cristall, de fusta i de cartró. Recentment han sigut les eleccions electorals i a tots ens a arribat la targeta amb la informació necessària per a exercir el nostre dret al vot; deixant a banda el resultat d’aquestes, i les diverses opinions polítiques, ha sorgit un dubte entre alguns dels valencians parlants i d’altres entenedors d’aquesta llengua, la qüestió és la següent: «Per què fica «mesa electoral» si en català, valencià i mallorquí, amb tots els seus dialectes «mesa» dit en castellà, es tradueix com a «taula»?» D’aquesta qüestió sorgiren altres: «quin objecte és la mesa?» I «és només electoral? Així que he vingut a donar una resposta, per aclarir alguns conceptes i que ja no hi haja més confusions. La taula és un moble que té diversos usos. En canvi, la mesa no és un objecte, sinó un conjunt de persones (o organisme) que dirigeixen una assemblea o corporació o que decideixen entre diferents opcions. És, sense dubte, l’explicació que trobe entendrà tothom, fàcil i concisa.

Natalia Aranda

To Be or Not to Be- that is the question

Aunque el paisaje que asoma a mi ventana es plácido y florido, comienza el verano con numerosos desafíos, demasiados inconvenientes como para esperar que todo se solucione sin infranqueables fracturas. Si contemplo nuestro panorama colindante, no veo el futuro inmediato que esperaba hace solo unos meses, que auguraba posibles y deseados cambios de rumbo en este país llamado España.

Si miro un poco más lejos, las imágenes que llegan son tTo be or not to beodavía más desalentadoras: los refugiados sirios siguen muriéndose ahogados o peregrinan por fronteras cerradas y campos de refugiados, ante la ya muy desvergonzada indiferencia de los gobiernos europeos, más preocupados por afianzar sus propios intereses que por paliar un grave problema humanitario. Turquía que, a cambio de algunos beneficios, se ofrecía como válvula de escape para muchos de esos emigrantes, ha sufrido recientemente el grave atentado yihadista de Estambul, con el resultado terrible de 44 muertos y más de 200 heridos.

Si intento enfocar mi objetivo hacia el Norte, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda nos acaba de sorprender con su Brexit (o Britain-exit), ante el estupor de los gobiernos de los países de la Unión Europea y la sonrisa de algunos líderes que se frotan las manos y arriman el ascua a su sardina.  

Hoy mismo, sin ser tan sombrío el asunto, la compañía Vueling, que hace unos meses nos dejó tirados en Fiumicino a más de cien viajeros, yo entre ellos, con sus cancelaciones y retrasos está arrebatando sus vacaciones a miles de personas, con la consiguiente crispación e impotencia que ello provoca.

Si para la mayoría ya es difícil juntar dinero para  permitirse unas vacaciones, si ya es complicado elegir el lugar al que ir, porque viajar siempre es un riesgo y porque hoy todo el mundo está bajo la amenaza de los yihadistas, si las expectativas de un cambio político, que hubieran podido darnos un poco de alegría, se ven truncadas por causas que no sabría explicar en las pocas líneas que me permite este artículo, si no solo nuestros convecinos nos dan disgustos con sus votos sino también los ricos y educados vecinos del Norte… ¿Cómo hacer para mantener la calma y no dejarse vencer por el desaliento?

Yo no me plantearé como Hamlet: “Ser o no ser, ésa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia?” Entre otras cosas porque no sé escribir como Shakespeare.

Yo debatiré con los amigos, estaré con la familia, gritaré ante determinadas afirmaciones de los políticos en televisión, iré a la playa, leeré varios buenos libros, colaboraré con mis ONG, visitaré museos y asistiré a conciertos, como el de hace unos días en Viveros cuando tuve el gustazo de ver en directo a uno de mis ídolos juveniles, nada menos que Alan Parsons, que con su formidable banda por unos instantes nos llevó a Siria y nos puso nuestros “Eyes in the Sky”.

María Valeska, Mareny, julio 2016

El “peligro” de la comodidad laboral

Puede que el título que encabeza este texto sorprenda a más de uno, y también que la palabra “comodidad”, como aquí, no vaya entrecomillada, pero tampoco pretendía abusar. El motivo es que ni se trata de un peligro ni de una comodidad, no en el estricto sentido de la palabra al menos, pero encierra más significado del que pueda parecer.

No sería descabellado asegurar que con los tiempos que corren el trabajo sea una de las cosas más importantes en la vida y más difíciles de conseguir para algunos. Es lo que nos ha tocado vivir. La situación laboral no deja de estar jodida, y muchos al encontrar empleo lo comparan con un milagro; quizá no sea para menos. Pero sabiendo todo esto no dejo de sorprenderme al escuchar algunos comentarios, y lo que más despierta mi curiosidad es que no se trata de quejas. Puede que como en otras ocasiones, la duda que planteo en el texto radique en la frase: trabajar para vivir o vivir para trabajar.

Muchos de esos comentarios vienen de mis compañeros de trabajo. Este, básicamente, se resume en estar toda la noche –las ocho horas correspondientes– cargando cajas que no pesan precisamente poco, y por regla, seis días a la semana. ¿Lo bueno? Se cobra más de la media –al incluir en la nomina la paliza física y la nocturnidad, claro–, pero el sueldo es algo que me parece normal, por lo que no daré las gracias, pues aseguro a cada uno que lea estas líneas que por mínimamente jugoso que pueda parecer, uno se gana hasta el último céntimo, y aun así no sé hasta qué punto está pagado –como tantísimos otros trabajos, por desgracia–, pero los comentarios no giran en torno a esto. Suelen dar gracias por él, pero bueno. Lo que me suscita interés es escuchar a los novatos de veintipocos años recién entrados al curro diciendo que ojalá después del contrato de tres meses consigan que los hagan fijos, pues así tienen ya trabajo para toda la vida. Tampoco es muy descabellado, no es un mal trabajo, pero al verlos y darse uno cuenta de que tienen pinta de haber salido de una de las universidades o institutos más pijos de la ciudad, pues hombre, uno se sorprende. 

Algunos otros tienen claro que solo se trata de un trabajo temporal para ahorrar y seguir intentando alcanzar aquello que realmente ansían, como es mi caso, pero lo cierto es que somos la minoría. La inmensa mayoría querrían jubilarse ya allí, por lo que parece. Muy respetable, por supuesto, pero esto me ha llevado a escoger el título del que hablaba al principio. Dada la complicada situación actual en nuestro país creo que son esa “suerte” y esa “comodidad” el mayor “peligro” para que uno no vea sus sueños alcanzados, para que se rinda, para que deje de luchar. No son pocas las personalidades famosas que dijeron que, antes de hacer otra cosa distinta a lo que realmente querían hacer, preferían morir de hambre. Bien es cierto también que solo conocemos la historia de los que lo han logrado, y quizá muchos se rindieran o por orgullo acabaran muriendo de hambre –hay gente muy tozuda, o valiente, o loca, ya no sé cómo calificarlos–. Pero a donde quiero ir es que por pesado que sea un trabajo, cuando uno lo tiene bien agarrado ya no lo quiere soltar –y tampoco me extraña demasiado–, pero esa condición se erige como el mayor aniquilador de los sueños, el que impide que uno siga arriesgando yendo en pos de la meta que siempre ha querido alcanzar. Algo jodido, sí, aunque no lo parezca.

Como ya he dicho todo es respetable, y más el tema que trato en este texto, pero quien quiera que me llame loco, pues por poco riesgo que implique el continuar, mi idea no es perderme la mayoría de las noches por asegurarme una comodidad laboral y con ella renunciar a la mayoría de mis planes de futuro. Quién sabe que durará esta etapa, unos meses, un año, pero no más. Después, con un buen colchón y la libertad que comporta, lo seguiré intentando, volveré a caminar dejando atrás este alto en el camino. Unos me llamarán insensato, otros quizá hasta vago, pero después de invertir tiempo y dinero –que no era mío, y duele aún más– estudiando una carrera durante cuatro años y habiendo dedicado mucho esfuerzo a ciertos proyectos personales en los que me volqué en cuerpo y alma, no estoy dispuesto a renunciar a ellos por tener una seguridad económica que me dejará la espalda partida a largo plazo y me mantendrá encerrado realizando una tarea cíclica y repetitiva hasta la saciedad durante cuarenta años, que se dice pronto. Los principios son lo más duro, está claro, y rara vez se empieza haciendo lo que se quiere, pero quedarse para siempre en esa etapa es otra cosa a voluntad de cada uno.

Tal vez acabe muriendo de hambre, pero cuando esté agonizando no podré decir que no lo habré intentado, porque la vida se basa en eso, en intentar, intentar y volver a intentar, que uno consigue más por pesado y persistente que por azar del destino y golpe de suerte.

Salva Alberola

VACACIONES

Dicen que las vacaciones son para descansar, para viajar, para ociar. Yo les recomiendo a todos que reserven unos días para sentir. Aislarse, aunque estén rodeados de gente, dejar que la vida les cale, que la música les haga temblar, mirar el mar como si fuera la primera vez, sentir la brisa en sus rostros como si nunca les hubiera rozado.

Cuando se escribe sobre sentimientos es muy fácil caer en la cursilería más impropia; pero si uno no es poeta, cómo puede expresar con palabras esos momentos tan especiales en que, los sentimientos, las emociones te hacen vibrar; cuando pierdes el control y tus ojos se escarchan entre lagrimas vitales; cuando tu piel reacciona ante tus pensamientos; cuando por un momento lo más importante es esa sensación que te encoje el estomago y altera la respiración, y hace que el resto del mundo  se diluya.

Los que como yo son ateos, no creen en el alma. Pero alguna vez me he tropezado con alguien que vive en mí; que durante muchos meses no se muestra, que parece que no existe, pero cuando se hace notar, su vitalidad me embarga, me eriza la piel y eleva mis pensamientos hacia un mundo diferente de sentimientos y pasiones que sólo controla él; en el que me hace partícipe a su antojo de una intensidad tan dulce que duele, tan fuerte que asfixia, deseando que no termine, pero deseando que acabe por el temor de que no vuelva.

Creo que es una parte de nuestra vida que no utilizamos, que socialmente no está bien vista, que no tenemos tiempo para dedicarnos un rato a ella. Las vacaciones son un buen momento para vivir, disfrutar de un buen llanto, una risa nerviosa o infantil, de una música empalagosa que nos devuelva a tiempos remotos en que la vida se nos mostraba más humana, más vital; gritar sin necesidad de tener un motivo, sólo para que esa hipotética alma salga de su encierro y vuele a nuestro alrededor en un canto a la libertad perdida durante el ultimo año.

Cuando terminen las vacaciones ya volveremos al corsé que durante todo el año nos oprime y mantiene en el camino correcto y trazado por nuestras obligaciones y deberes. Esconderemos en el lugar más recóndito de nosotros a ese personaje vital que todos llevamos dentro y procuraremos recordar la clave para ponerlo en marcha en cuanto lo necesitemos o en cuanto él decida que no puede esperar más y salga en una explosión de vida que la mayoría de nosotros no recordamos.

Mambrina

Y Torquemada relamiéndose (Una de toros).

 

Quizás siempre hemos sido así, en unos momentos más que en otros, debe de ser cosa de esta crisis enloquecedora, lo cierto es que se ve, se nota, se huele, se palpa, que mucha gente, quizás todos un poco, quieren o queremos fuego, añoramos una buena fogata en la plaza, el bello espectáculo del fuego purificador. Mientras las viejas religiones se marchitan, surgen otras nuevas dispuestas no solo a coger el relevo sino a arrasar contra infieles y paganos. No me estoy refiriendo a los terroristas clásicos, sino a honrados usuarios de las redes sociales, buenas gentes, incluso de izquierda. En los últimos pongamos que 50 años, la intolerancia, las imposiciones en la moral, y en general el prohibicionismo era patrimonio de la derecha, ahora ya no tanto. Prohibido prohibir, decían en el mayo del 68, ahora la intolerancia y el fanatismo se propaga en todos los campos.

En mi caso a Dios gracias soy ateo, sin embargo me emocionan las procesiones de Semana Santa, pero aunque me repugnasen, el día que las prohíban me uniré a las protestas. No penséis que exagero en lo de prohibir las procesiones (no sería la primera vez), pues en Cataluña sin ir más lejos, que según dicen estamos tan avanzados, hay un par de procesiones de estilo andaluz que si bien no están prohibidas, están digamos que exclaustradas por la Iglesia, no le gustan Torquemadaal clero, las hacen los seglares por su cuenta.

Hay quienes no acepta transfusiones, los hay  que piensan que tras la muerte  resucitarás para ser juzgado, otros creen que los animales son personas reencarnadas, y procuran no pisar ni una hormiguita no vaya a ser un antepasado, otros no comen carne de cerdo, los hay que no comen ni carne, ni pescado, ni leche, ni miel, ni utilizan el cuero y las pieles, etc porque dicen que no quieren explotar a los animales, confinarlos en campos de concentración, asesinarlos en masa, y zamparlos a dos carrillos, los hay que proclaman que los animales tienen derechos, como si fueran personas, o los que reclaman incluso la amnistía para todas las criaturas de Dios.  Allá cada cual.

En sociedades complejas y globalizadas la paz civil y la garantía de las libertades de todos requieren grandes dosis de tolerantes, estableciendo normas prudentes y tacañas en prohibiciones referidas a las aficiones, las sensibilidades, las identidades, las creencias, etc de las gentes, las leyes a su vez deben de proteger también el derecho a la diferencia. El estado debe de ser laico en un sentido radical, salvo respecto de aquellas practicas que lesionen la vida, la libertad, el honor o los derechos de las personas. Sin duda se debe prohibir la ablación del clítoris, pongamos por caso, por mucho que sea una tradición arraigada en las culturas de algunos, pero no la lidia de toros bravos, repito “toros bravos”.

Entiendo que haya gente que le repugne la tauromaquia, que lo consideren un espectáculo sanguinario y propio de pueblos salvajes, incluso admito que pudiera opinar así la mayoría de mis conciudadanos (que no es el caso, pues a la gente sencillamente no les gustan los toros, o no han ido nunca a una corrida o les aburren soberanamente, como a mi me ocurre con el fútbol). Acepto que haya quienes equiparen a los animales con las personas o considerar la tauromaquia tortura y asesinato, pero me permitiré señalar que en mi opinión se trata una idea religiosa, legítima como todas, pero religiosa. A muchos otros, no sé cuántos, pero muchos, nos parece otra cosa diferente, igualmente legítima.

Puede que seamos solo unos pocos, pero la democracia es mucho más que el gobierno de las mayorías (también podrían serlo las dictaduras), el mejor indicador de la calidad de una democracia estriba en el trato que se les da a las minorías.

Aunque yo pensara que tratar a los animales como a bebes humanos fuera algo repugnante, el que los confinen en los pisos, sacándolos solo para que defequen en las aceras por donde camino o para que ladren a mi paso; también el que los vistan como monos de feria, los lleven a la peluquería, les hagan mimitos, les den besitos en el morro, los metan a su cama para que no se resfríen, celebren su cumpleaños y los entierren en cementerios; aunque pensara que es un pecado contra natura, no propondría prohibirlo, ni tan siquiera propondría que paguen tasas especiales, pensaría que es la prueba de que nos estamos volviendo majaras. También pensaría que con esos bebés sustitutivos se compensan otras cosas, y que a mucha gente les hace bien. No intentaría que mis fobias, filias, manías o creencias fueran ley para otros. Lo que es opinable y no daña a los demás no debe de ser ni obligado, ni prohibido, ocurre con el aborto y con otras muchas cosas.

Va para 6 años que prohibieron los toros en Cataluña, perece mentira, pero ocurrió sin que se echara la gente a la calle en defensa de las libertades. No estoy diciendo que cerraron las plazas porque ya no iba la gente, sino que el Parlament, se supone que la sede de la democracia, votó una ley prohibiendo los toros para siempre jamás (porque podían hacerlo, porque tenían la mayoría, 68 votos contra 55, y 9 abstenciones, por menos otros hubieran quemado la ciudad). Algunos lo celebraron como si se hubiera abolido la pena de muerte. No me parece que fuera porque les dieran penita los bóvidos en cuestión francamente, sino para promover un ideal diferencial del “ser catalán”, lo que llaman sin sonrojo la “construcción nacional”, los fieros animalistas no fueron sino un pretexto.

Así que nos toca expiar nuestros pecados, y quien se lo pueda permitir tendrá que viajar al resto de España o al sur de Francia (donde, por cierto, han logrado que la Asamblea Nacional blinde la Fiesta, no fuera a ser que los animalistas lindos colaran alguna ley regional). Estamos a la espera de una sentencia del Constitucional formulada en términos de que el Parlament no tenía competencias para ello, pero me temo que será negativa, o que en el caso de que se nos dé la razón, los futuros cambios constitucionales les blindará la competencia y el consiguiente derecho a crucificarnos.

Se empezó en Cataluña, ya se sabe que somos más modernos, y ya se relamen por toda España, sobretodo nacionalistas y gentes que se las dan de izquierdas. La prohibición de la tauromaquia realmente no es sino un chivo expiatorio, o mejor dicho un toro sacrificial. En medio de las tensiones sociales que vivimos ¿es el momento de abrir otro frente de confrontación?, de hecho, ya se está empezando a llegar a las manos. Deben de andar escasos de madera para los autos de fe.

El tema no es toros si o toros no, sino prohibicionismo si o no. No voy a defender de la Fiesta, no pretendo que os guste, solamente que no permitáis que impongan su religión, sus miedos, o sus manías, o simplemente que impongan sus ganas de imponer, de someter y homogeneizar, pretendo que no suméis vuestra antorcha a su hoguera.

Me temo que esto no acaba aquí, le seguirán otros linchamientos en nombre de “valores éticos”. La intolerancia, el integrismo, el nacionalismo, lo políticamente correcto, el puritanismo, y el populismo tanto el de derechas como el de izquierdas tienen mucho futuro, algún día pueden ir a por ti.

(Insisto, sigue mi consejo de amigo: si tienes unos ahorrillos, compra Torquemadadas, son un valor seguro.)

MARIANO PUIGDEVALL i FORMIGOSA (El vaquillas)

Distopía española

En el taller propusimos distopías: llevar al límite con la imaginación una situación actual hasta crear un mundo propio, futurista, un mundo basado en el nuestro, pero que ya nada tiene que ver con él, un mundo construido a partir de la exageración, de la radicalidad. Es decir, lo que viene haciendo cualquier relato literario.

Me divierte mucho, mis alumnos escriben cosas estupendas como que Europa vive un desastre nuclear sin precedentes y tiene que emigrar en masa a África, el único continente habitable, no contaminado por la mano del hombre. ¿Cómo nos reciben los africanos, cierran a cal y canto sus fronteras mientras los europeos morimos tratando de alcanzar la costa? distopia 2

O esos  estudiantes que despiertan tras el larguísimo sueño de la criogenización, para descubrir que son los últimos especímenes con capacidad artística que alguien decidió poner a salvo justo antes de que desaparecieran las humanidades del planeta, justo antes de que se extinguiera el arte por considerar que no servía para nada.

O los robots que cuidan encomiablemente de nosotros, que vigilan nuestra tensión, nuestra diabetes, que previenen infartos, que eliminan células cancerosas y además nos hacen las tareas domésticas, nos cocinan, y hasta nos dan masajes eróticos. A cambio de todo esto, nos vigilan. Nos vigilan por nuestro bien. Y lo hace una empresa comercial.

Una, que tiene problemas con la ficción y sus límites, como quien tiene problemas con las drogas, que considera el flequillo de Trump una distopía, lee sin demasiada distancia ni extrañamiento estas fantásticas historias y se le antojan reales, verosímiles, tal vez porque vive con un pie en la realidad y el otro no ya en la ficción, sino en la ciencia ficción.

Pongamos que España, un país republicano, es tomado, tras una cruenta guerra, por una facción de hombres bajitos, con bigote y camisa de manga corta, en alianza galáctica con la facción de los faldones negros y la papada blanca, cuyo jefe supremo habita el espacio exterior. Tienen un oscuro plan y, para llevarlo a cabo, imponen un sacramental  y férreo orden, usando técnicas de lobotomía, más o menos explícitas, rayos paralizantes, gases invisibles que inducen el miedo. Consiguen así que la población viva de forma pacíficamente robótica durante casi 40 años. Cuando el hombre de orejas puntiagudas anuncia a través de la pantalla interestelar que el líder bajito ha muerto, parece que la pesadilla ha terminado. Pero no, años después, se descubre que unos clones de los invasores originales, con aspecto perfectamente humano, han sido infiltrados en la sociedad actual para seguir con el oscuro plan.  

En fin, un derroche de imaginación, una ensoñación fantástica. Despierto, y vuelvo a la realidad. Cuando despierto de nuevo,  hay otra realidad, distinta, no sé si más trágica o más cómica. Y cuando vuelvo a hacerlo, otra. Y así cada día.

Dicen que tragedia es igual a comedia más tiempo. Cuarenta años parecen tiempo suficiente para amasar una tragedia de proporciones griegas pero ¿y si le añadimos más tiempo aún, qué sucede?  Que todo se vuelve delirante, extremo, se añade un toque de comedia absurda a la tragedia necesaria, se obtiene una distopía en toda regla, ni más ni menos que el lugar exacto donde vivimos.

Bárbara Blasco