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DE UNICORNIOS Y TABERNAS

Uno puede llegar a escuchar gran cantidad de cosas interesantes si se para a escuchar atentamente en el momento y lugar adecuados, o si introduce ciertos elementos inflamables para avivar una conversación y, en cierto modo, hacerla estallar. Así fue que estando un día cualquiera en un bar de Valencia llegué a escuchar ciertas ideas –todas ellas provenientes de mujeres, debo aclarar– que me resultaron más que interesantes, por lo que no he podido evitar juntarlas y exponerlas en el presente texto. Quede claro que no todas son mías, pues principalmente me he dedicado a ordenarlas y darles forma.

El caso es que las cosas han cambiado; sí, señores y señoras, debemos admitirlo cuanto antes. El mundo ha evolucionado tanto y tan deprisa que ya apenas nos resulta reconocible. Lo ha hecho en muchos aspectos, pero en este texto me refiero, en concreto, al arte del ligoteo, del cortejo, de la seducción, o como quiera llamarlo cada uno, y a los cuentos que se les relacionan. Antes las mujeres –y Disney ha hecho un daño terrible e irreparable al respecto, pocos me quitarían la razón–, para este caso las princesas del cuento que protagonizaba cada una de ellas, no tenían más que esperar en su flamante castillo, en su espectacular torre, a que el príncipe fuera en su busca, para conquistarlas, ganarse caballerosamente su corazón o para rescatarlas de algún mal, según la situación y necesidad de cada una. ¿Pero qué sucede ahora? Que la princesa se cansa de esperar, pues el galán no aparece, el príncipe no llega. La hermosa, inocente y pura princesa se pregunta entonces: “¿Dónde cojones estará el cabrón este, que no llega?” Pues bien, la respuesta es sencilla y ya conocida en estos turbios tiempos que corren: el príncipe está en la taberna local cogiendo la turca de su vida, rodeado de otros camaradas o rivales, de mujeres despampanantes, bailarinas de streaptease –que bien pueden ser princesas también, claro está–, de cerveza, whisky, tequila y cocaína; y de fondo un rock duro ambienta el antro lleno de una espesa niebla. De vez en cuando quizá se le pueda ver también partiéndole el taco de billar en la espalda a otro príncipe que, como él, viste una capa raída de un azul descolorido, con algunas manchas de vómito y sangre y con barba de varios días, todo por el honorable amor de una bella damisela.

Así son las cosas ahora, todo se da en la taberna, y las princesas, en lugar de aguardar en el vasto castillo deben salir a las frías calles, internarse en las sucias tabernas, en los antros de mala muerte, para pelear por sus príncipes con las demás damiselas, al igual que ellos mataron dragones en tiempos remotos en gestas de iguales ideales. Bueno, ¿y qué coño tiene esto de cuento? Tranquilos, que lo sigue siendo, pero cambiado y evolucionado. Que nadie se escandalice, pues el famoso unicornio sigue existiendo. ¿Qué dónde está? Pues mientras el príncipe coge el ciego de su vida en el cálido interior de la taberna, el pobre bicho espera en la cuadra que hay fuera, tomando whisky barato del abrevadero y buscando el valor necesario para entrarle a una yegua atractiva e intentar llegar a montarla sin ganarse un pleito por acoso sexual; si no hay cuadra, uno podrá encontrarlo seguramente en el frío, húmedo, oscuro y maloliente callejón que hay junto a la taberna, rebuscando con su antes prístino y legendario cuerno entre la basura y rezando porque no se le enganche con alguna lata y se le caiga, pues está débil y goteando a causa de la sífilis que contrajo al tirarse a la yegua que hacía la cuadra una semana antes y sin protección en las cercanías del hospital, mientras a su príncipe le hacían un lavado de estomago a raíz del coma etílico que había sufrido.

Sí, así de sórdido es ahora; aunque este no es más que otro cuento de la cruda modernidad para escenificar que las cosas, por suerte o por desgracia, ya no son lo que eran. Así que, bellas princesas, dejen los castillos y salgamos todos a las calles para al fin encontrarnos. Ya no se va de bares, ahora se va de tabernas, donde habita la magia de los cuentos.

P.D.: Tendrán que disculpar que me despida tan prontamente, pero mi unicornio me grita no sé qué de Jack Daniel’s desde el retrete, y debo atenderlo, pues si no a ver quién me lleva de tabernas mañana por la noche.

Salva Alberola

DEPORTICRACIA

deporticracia-1Feliz y agradecido a toda la familia de Inconformistas por contar conmigo para ésta celebración tan especial, a pesar de haber dejado de participar unos años.

Antes de nada, destacar la gran labor que hacéis de manera constante. Vuestro esfuerzo ilustra, denuncia y entretiene a partes iguales y sobre todo la capacidad de estar ahí, de manteneros en un proyecto que cumple 5 años tiene un valor incalculable. 

Recuerdo algunas participaciones, basadas en experiencias vividas, otras en acontecimientos deportivos, pero sobre todo recuerdo lo divertido que es leer todas las aportaciones número tras número.

Hoy he pensado retomar de nuevo cierta línea deportiva, pero a la vez la DENUNCIA de algo conocido, y que en la Comunidad si es conocido, pero se olvida con facilidad. Me encanta el fútbol, os lo contaba muchas veces en distintas Deporticracias, pero no por eso se debe mirar hacia otro lado cuando descubres cosas como que la Generalitat Valenciana, aún hoy mantenga parte de propiedad de clubs profesionales de la Comunidad y si no, hayan consentido e impulsado desacatos inmobiliarios para tapar las vergüenzas de gestores horrendos, que entraron en el mundo de fútbol para enriquecerse. 

Aquellos tiempos de eventos, de grandilocuencia, del “Aixó ho pague jo”, siguen ahí, delante de nosotros evidenciando rémoras y males increíbles para la sociedad valenciana. Los clubes los conocemos todos, (no hace falta citarlos), porque sin rascar demasiado y aunque no seas aficionado, sabes que Equipos juegan en la 1ª y 2ª división y a todos sin excepción se les han hecho favores políticos. Que poder tiene el fútbol para condicionar a base de avales y recalificaciones dejando mermados muchos servicios públicos muy importantes

Buñuelos en Mestalla, monstruo de hormigón en las Cortes, recalificaciones comerciales en Orriols, y saliendo de Valencia, y acudiendo a Alicante seguir alucinando con el hecho de que un estadio de la ciudad sea propiedad de la Generalitat. Claro, en el momento que avalaste al grande para evitar un concurso de acreedores, tuviste que aflojar a todos los demás Paco.

Pero la vida sigue, y no culpo a la ciudadanía, porque yo mismo me siento impotente ante todo tipo de abusos sociales, provocados entre otras cosas por temas como el antes relatado, o los derroches en infraestructuras como el famoso “Aeropuerto del abuelo” que aun sin existir, ya financiaba a otro club de la provincia de Castellón…, y no hablemos de la corrupción por favor.  

Uno de los ámbitos más dañados la Educación, mermada en instalaciones, medios materiales y humanos que sólo hacen o reflejan el panorama social las aberraciones en comportamientos y actitudes que acaban mal, muy mal. Leo y sigo a un profesor que he tenido, utilizar la expresión “sordo
cerebrales”, y no puedo dejar de relacionarlo que los problemas sufridos por la falta de educación. Para mi va por ahí buena parte de los problemas y actos incívicos por no hablar de violentos como maltratos, acoso…. etc. Hay mucho trabajo por hacer y ya se ha empezado con la apertura de bolsas de profesorado, que ayuden a mejorar los medios humanos y así la esperanza de mejorar a muchas personitas ahora, que en el futuro deben destacar por su preparación y sensatez.

Carlos Guerrero

 

El fantasma de la identidad

En una de las innumerables entrevistas que le hicieron a lo largo de su vida, conversando acerca de la identidad personal y su posible conservación tras la muerte, Borges decía lo siguiente: “La inmortalidad personal es increíble, pero la muerte personal también lo es. Ahora, si yo pudiera ser inmortal en otra situación, y con el olvido total de haber sido Borges, pues bien, entonces acepto la inmortalidad. Pero no sé si tengo derecho a decir acepto.” La cuestión que se plantea, la cuestión de la identidad, es tan antigua como la filosofía. Y me gustaría dedicar estas líneas a esclarecer la solución que ofrece el budismo. El propio Borges ya había dedicado un librito al tema, escrito junto a Alicia Jurado. Una solución, claro está, parcial (el enigma se antoja irresoluble), pero muy saludable para la época que nos ha tocado vivir.

Desde un tiempo a esta parte las sociedades tecnológicas modernas han vivido hipnotizadas por el despliegue de nuevas invenciones y el culto a la novedad. En ese ánimo ambiente, y alentadas por un capitalismo desbocado, se ha repetido hasta la saciedad una misma letanía: Follow your dreams. Así, en inglés, el idioma de la ciencia, del mercado y el mundo globalizado (i. e. occidentalizado). Un mantra que oculta buenas dosis de autocomplaciencia, histeria y capricho, un digno heredero de la eternidad celestial del yo (tan criticada y tan asimilada por la modernidad). Y ahí seguimos, sordos al hecho de que el camino al infierno está lleno de perseguidores de sueños, de los que lograron alcanzarlos y de los que se quedaron en el intento. Tenemos unos dreams, unos dreams dibujan un yo, y queremos realizar esa identidad, llevarla a su máxima expresión. Pocos se preguntan si your dreams son los sueños de otro (generalmente vendedor de algo), o los sueños de una época o de la provincia que nos vio nacer.

Una manera de paliar en parte el sonambulismo del yo (dibujado por esos sueños) es viajar. Y lo fascinante de viajar es que nos permite ver, en primera línea, el provincianismo del propio sueño (del sueño local), ahora muy parecido en todos los ámbitos del mundo global. Ello hace posible tomar distancias con eso que creíamos nuestro y que todo nuestro mundo nos animaba a alcanzar. Nos permite dejar el yours pero todavía quedará el gusanito del dreams. Entonces, y aquí la propuesta de la que quería hablar, es el momento de penetrar en el sueño, de observarlo cuidadosamente, de recrearse con la observación, de saberse uno con las cosas. Y, si hay suerte y los dioses están de nuestra parte, se producirá el hecho extraordinario: el hartazgo del yo, la desaparición del capricho y la manía, el reconocimiento del otro.

El deseo de conservar la identidad a toda costa es especialmente intenso en las personas que, mediante un arduo esfuerzo y trabajo, se han labrado un nombre y una personalidad. Para ellos no tendría sentido sacrificar el yo, incluso si con ello pudieran vencer a la muerte. Ha costado tanto sacrificio y son tantos los años de convivencia que ya no se contempla la posibilidad deshacerse de ese yo, ser radicalmente otro (aunque se algunas orientaciones). El apego a la personalidad es en ellas más fuerte que cualquier otro apego. Un buen ejemplo de ese deseo de conservación lo tenemos en Don Miguel de Unamuno, rector magnífico e ilustre intelectual. Unamuno parecía inmune al hartazgo del yo que padecía Borges. Para el bonaerense sería una pesadilla, quizá la peor de todas, conservar una misma identidad por toda eternidad. Y eso parece ser lo que querría todo el mundo, salvo algunos raros. Uno de ellos es Rustin Cohle (True detective). Un consumado nihilista (el ser humano es una marioneta biológica) que conserva, sin embargo, una firme vocación en la lucha contra el crimen. En uno de los interrogatorios con una señora mayor, gorda y pobre, de Loussiana, la mujer sentencia al final del parlamento (en tono de alivio, ante las calamidades y miserias que la rodean): “Menos mal que con la muerte no acaba todo”.  Al salir de la casa, Rustin le dice a su compañero: “ojalá que se equivoque”. Expresando con ello que el deseo tradicional de conservar el yo puede transmutarse en preferir su completa aniquilación (esa es la esperanza de los suicidas: el poder descansar del yo). Pues bien, la postura budista discurre una vía media entre estos dos extremos. Entre el filósofo Unamuno y el detective Cohle.

Lo que proponen los budistas no es un mero cambio de traje. No hay aquí una identidad (alma) que trasmigre de un cuerpo a otro. Lo que se conserva carece de esencia pero no de orientación. La generosidad que proponen los budistas es, inevitablemente, anónima. Es otro el que heredará nuestras buenas inclinaciones, es el carácter de otro al que daremos forma mediante nuestra actividad en este pasaje “nuestro” que es la vida. Y el ímpetu de esa voluntad, de esa canalización de los estados conscientes, es capaz de traspasar la frontera de la muerte física.

Veamos como ocurre el asunto. Lo que el budismo entiende por espíritu toma la forma de una intención. Dicho espíritu no se localiza exclusivamente en los dioses de la religión popular, que se encuentran muy lejos de ser los espíritus más avanzados en sabiduría o santidad. Un niño, un anacoreta o un poeta pueden desafiar su poder una vez comprenden la ilusión de la voluntad, la ironía del yo y el prejuicio del espacio y del tiempo. Ese espíritu no es por supuesto de otro mundo, ni constituye un agente metafísico oculto que anima el universo: se alberga en la vida misma, es la experiencia misma vista desde un cierto ángulo, reorientada.

Es ese factor que hace que lo cotidiano adquiera una nueva textura. Dicha transformación no sería necesaria si el mundo y lo que convencionalmente llamamos individuo, se movieran en perfecta armonía (como ocurre, por ejemplo, en ciertos momentos felices de acuerdo y reconciliación con el mundo). La revisión se torna posible y urgente precisamente cuando ese yo, esa identidad (que no es sino una corriente), se siente más enredada en los entresijos de la vida. Los budistas creen que mediante la meditación y la atención cuidadosa es posible aclarar la ilusión de la propia voluntad, esa que nos hace desear sin conocer el motivo de nuestro denuedo, esa que nos obliga a plegarnos a las interminables exigencias de la vanidad o la ambición, a una identidad siempre ficticia.

El universo es para el budismo una imagen invertida de la vida mental, cuanto más profundamente se penetra en su interior, mejor aprende la naturaleza y configuración de los diferentes ámbitos de la existencia, por lejanos que éstos sean. La intimidad de la mente es el telescopio con el que escrutar el cosmos, el instrumento para observar el pasado o deducir el futuro. Este énfasis en la cultura mental no deja lugar a dudas: es más probable que un espíritu libre viva en armonía con un entorno hostil, que un espíritu turbado tolere el universo más perfecto. La libertad, tan buscada por personas, cultas y sencillas, siente el impulso de sacar a la luz toda la potencialidad de la psique, todo el bagaje acumulado en su largo viaje. Ciertos hábitos adquiridos podrán poner freno a esa maduración, podrán desviarla o confundirla, y el budismo se ofrece como vía para retirar los obstáculos del camino.

Se ha dicho con frecuencia que para el budismo el hombre no tiene identidad (aunque algunas tradiciones sitúan en su interior una valiosa semilla). Y no tiene identidad porque carece de “sustancia”. La antropología budista (el ideal del bodhisattva) nos dice que aunque el hombre es puro fenómeno sin sustancia, vacío, aunque carece de identidad, podría hacerse con ella, y que en esa búsqueda anda el bodhisattva. La identidad no es pues algo que uno hereda, sino un proyecto de futuro, una misión y una tarea cuyo objetivo es la erradicación del sufrimiento y cuyo aliento es la empatía. Esa intencionalidad es complementaria de la vacuidad y sin ella no puede entenderse cabalmente esta singular filosofía de la vida.

Hace unos años, cuando vivía en la ciudad de México, vi un anuncio muy curioso. Un policía de tráfico dirigía la maniobra de una grúa que estaba retirando un vehículo mal aparcado. Un joven se acercaba al policía con el rostro desencajado y le suplicaba que por favor no se lo llevara. Con tanta insistencia y empeño que el agente finalmente accedía y desenganchaba el vehículo de la grúa. El joven estaba contemplando satisfecho el automóvil cuando otro joven llegaba, lo abría, arrancaba y se marchaba en él. Luego venía un eslogan, que no recuerdo, y la marca del anunciante. La conducta de ese joven con un vehículo que no era suyo, pero que quería como si fuera suyo es el ejemplo perfecto del modo en el que los budistas imaginaron la identidad (o el alma, si se me permite esa palabra). No es nuestra, se podría incluso decir que no existe, pero debemos cuidarla y protegerla como si fuera nuestra y como si existiera. Desde el punto de vista de la filosofía budista, el alma es tan vacía como el resto de las cosas, pero habría que adiestrarla y cultivarla como si no lo fuera. Solo se nos pide un poco de imaginación.

Juan Arnau

La democracia de los grandes almacenes

Lo que queda de democracia tiene que interpretarse como el derecho a elegir entre productos. Los líderes de las empresas hace tiempo explicaron su necesidad de imponer sobre la población una «filosofía de lo inútil» y de «falta de objetivos en la vida» para «concentrar la atención de los seres humanos en las cosas más superficiales en las que consiste gran parte del consumo de moda». Abrumados por este tipo de propaganda desde la infancia, es posible que las personas lleguen a aceptar unas vidas sin sentido y subordinadas y a olvidar las ideas ridículas acerca del control sobre sus propios asuntos. Es posible que dejen su destino librado a los genios y, en el ámbito político, a las que se denominan a sí mismas «minorías inteligentes» que sirven y administran el poder.

Noam Chomsky,

‘Un mundo libre de guerra’ 

 

Como suele decirse, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Que los partidos políticos -más bien candidatos: ya no sabemos leer programas- entre los que elegimos cuando, y sólo cuando, somos convocados a las urnas, recuerden a esos productos fabricados para atraer al mayor número posible de clientes, es pura coincidencia.

Que entre los placeres de la vida se incluya comprar el último grito en telefonía móvil, acudir en masa a ése concierto o disfrutar con el conocimiento de que Angelina Jolie se arrepiente de haber dejado a Brad, es pura coincidencia.

Que nuestras inteligentes minorías sigan llevándonos en tren de alta velocidad hacia ese capitalismo que combina lo peor de la vieja mercantilización del trabajo con el Matrix financiero que anula a las democracias, es pura coincidencia.

Creemos que tenemos nuestra inteligencia, al menos; nuestro conocimiento y educación. En especial los jóvenes desposeídos de hoy (menos desposeídos que muchos, sólo que más conscientes de ello). Pero ¡ay!, querido, no somos tan listos… Se domesticó ya al ser humano, y como el perro perdió su instinto.

 

LA SOLUCIÓN DE MARIANO

Llegó la noche del lunes 31 de octubre y Mariano se acostó a dormir. Con tanta emoción no podía conciliar el sueño. Recurrió a la receta que tan buenos resultados le había dado siempre; se dispuso a contar borregos. Solo pensar en una cantidad tan grande, le hizo caer en los brazos de Morfeo casi de forma instantánea.

Al rato se encontró con su amiga Ángela, se acercó sonriente y la cogió de la mano. Iniciaron un paseo por lo que aún resta de Grecia. Ángela que llevaba los pantalones que suele llevar cuando quedan, le comentó cuánto le gustaba contemplar las ruinas que iban dejando a su paso. Él silbó una canción típica antes de comenzar una larga charla en la que cada uno aparentaba gran interés por lo que decía el otro.

Continuó el sueño… Ahora era un padre de familia que con poco más del salario mínimo, ni de lejos un salario suficiente, intentaba sacar a sus tres hijos adelante. Unos niños que no sabían lo que era salir un sábado al cine y luego tomar una hamburguesa. Esto le partió el corazón y, desconsolado, lloró su amarga tristeza.

Al momento, como si le hubiesen inyectado en vena 20 años, se vio en la piel de un anciano con su mujer dependiente. Pudo imaginar lo duro que es para infinidad de cuidadores sin recursos, en esta España que él tanto quiere, estar ocupado las veinticuatro horas del día y sin la ayuda de nadie. Experimentó la desazón de aquel que tiene que luchar a diario, además de con la senectud,  con numerosos y complicados problemas.

Luego fue un joven que dejaba a los suyos para buscarse la vida al otro lado del Atlántico; un pobre reumático que no podía permitirse encender su estufa, si quería pagar el alquiler y, además, había olvidado que del mar, aparte de ahogados, también sacaban el pescado que apenas podía permitirse; una persona con un contrato de diez horas semanales, pobre de solemnidad, que veía una locura que con una hora semanal ya figurases en las estadísticas como ocupado; y fue una mujer de 65 años sin asegurar que limpiaba todo lo que le ponían por delante para mantener su casa y ayudar a dos hijos parados que le habían dado tres nietos maravillosos.

Lo que más le impresionó fue poder sentir en su sangre los momentos previos al suicidio de un hombre que perdió su modesta vivienda después de hacer frente a la hipoteca durante muchos años. La impotencia y dolor de su viuda e hijos le hizo también un daño infinito. El discurrir del sueño, por primera vez en su vida, le estaba procurando tal empatía, que el dolor se le clavaba hasta el tuétano. 

Más tarde, una sucesión de números, de esos de los que siempre se ha servido para demostrar que todo va cada día mejor, bailaban en un terreno tan gélido que notó cómo se estaba congelando. Estos dejaban paso a un grupo de personas que surgían tras ellos. Seres que le rescataban con su calor y lo salvaban de una muerte segura. Percibió la frialdad de los números y comprobó la importancia de las personas. Estas son las que pueden ayudar de verdad. Ninguna cifra, sola, sin un corazón palpitando detrás, pudo jamás resolver los problemas de nadie. Sonrió pensando que los números de la lotería pueden ayudar, aunque no era momento de bromear.

Aquello no podía ser real, tanta desgracia y tantos problemas en su querido país. El sueño le había dejado controlar unos instantes. Le asustó pensar lo diferentes que eran esas vidas de la suya. Por primera vez con los ojos cerrados, estaba viendo las cosas con claridad. De día debería abrirlos bien para empezar a ver no lo que él quería, sino la realidad.

Después, a toda velocidad, se impregnó de los problemas de empleo, educación, sanidad, y otros muchos. En esencia los problemas de todos, más si cabe, los suyos. No pudo contenerse y compareció en el sueño ante España entera e hizo una declaración extensísima para él, pero que tuvo una duración real de apenas dos segundos. Eso sí, posteriormente no admitió ni una sola pregunta. Estaba todo clarísimo.

Acto seguido, se despidió de Ángela con un casto beso en la mejilla. No obstante, se confesó porque no quería tener cargos de conciencia. Quizá había pecado de pensamiento…Así es Mariano.

En los últimos fotogramas de aquel cortometraje tan intenso, se sintió muy arropado. Ciudadanos con rosas en su mano diestra lo acompañaban. Le decían que tenía la confianza de todos ellos y que le ayudarían facilitándole su trabajo.

Despertó por fin. ¡Ya era hora! Lleva el pijama empapado. Está agitado. La sensación de que se ahoga en el mar, al huir de tantos problemas, le hace respirar con dificultad. La noche ha sido igual de negra que los días de muchísimos españoles.

Mientras le sirven el desayuno, Mariano reflexiona. Está muy preocupado. Ha sentido todo como propio. Eso es sufrir de verdad y debe solucionarlo de inmediato. Ante tal adversidad, se toca la nariz y chasquea los dedos como hacía Vickie el Vikingo. Tiene una idea. Se dejará asesorar por los mejores y seguirá sus indicaciones. Tomará la medicación que le prescriban. Asistirá a terapia, hará cualquier cosa para no tener esas pesadillas tan reveladoras. No podría volver a soportar tanto sufrimiento…

         Manuel Romeu

La ignorancia del arte

pinazo2Hace pocos días completé mi periplo del año Pinazo visitando la última de las exposiciones que me faltaba, de las cinco que en Valencia se han organizado recientemente con motivo del centenario de la muerte del pintor valenciano. Ignacio Pinazo murió el 18 de octubre de 1916 en Godella, donde todavía se conserva su casa-estudio casi como él la habitó. Si no la han puesto recientemente, ni siquiera hay una placa con su nombre en la puerta.

Al parecer fue un hombre poco dado a publicitarse, un artista de vida familiar que se mantuvo alejado de los círculos de poder o de fama, no debió ser nada ambicioso, en cuanto al dinero se refiere, pero sí para aprender su oficio y perfeccionarlo. El primer dinero que ganó como pintor lo destinó a una estancia en Roma, que le sirvió para ampliar su visión del arte y estudiar pintura. Pero no es mi objetivo narrar su historia, que podría resumir diciendo que fue un hombre sencillo y un artista espléndido, muy poco reconocido. Tal parece que Valencia no haya dado al mundo más pintores que Sorolla.

He mencionado a Sorolla precisamente porque mi visita del otro día fue al IVAM, donde también tuvo lugar en 1989 una exposición antológica que fue sin duda la más concurrida a la que he ido jamás en esta ciudad. Por el contrario, la semana pasada en la hora aproximada que duró mi recorrido por la magnífica Sala de la Muralla del IVAM, no hubo más espectadores que yo misma, el conserje y un guardia jurado, que no sé si habrán tenido la curiosidad o el interés de pasear sus miradas por la obra de Ignacio Pinazo y de los demás artistas que allí  se muestran.

Detesto los museos abarrotados y busco siempre que puedo horarios mañaneros y laborables, cuando se puede contemplar de cerca y sin obstáculos las obras, y en efecto así fue: disfruté de una contemplación perfecta, demasiado tranquila, diría yo, porque la sensación que tuve el otro día al finalizar mi recorrido fue de lástima y de enfado. Pregunté al conserje si siempre estaba aquello así de desierto y me dijo que no, que a veces había visitas guiadas y que también lo visitaban los turistas. ¿Turistas? ¿Y los valencianos? ¿No vienen los de aquí a ver esta maravilla? De aquí se ven pocos, me dijo.

No hace falta detallar los motivos de mi enojo, el desinterés por el arte puede que sea una característica más de mucha gente de esta tierra. Ignacio Pinazo también debió sentirlo así cuando pronunció el discurso “De la ignorancia en el arte”, calificado por muchos como incendiario, tras ingresar como académico en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, del que he copiado unos fragmentos:

…Influyen en el curso del arte las exigencias de la sociedad, pues al pretender que aquél se amolde a las tiranías de ésta, cae muchas veces también en sus vicios, arrastrado por su principal origen, el cual no es otro que la perfecta ignorancia.

Es artista aquel que se hace dueño del corazón, el que mejor comprenda y conozca sus afectos y pasiones, será el mejor artista; el que mejor domine la luz y la forma, sólo será el mejor pintor…

Está anunciado que en mayo de 2017, la Nau celebrará la muestra ‘Pinazo y la fotografía’. Al mismo tiempo, se rodará del documental ‘De la Ignorancia en el Arte’, centrado en la vida del pintor, y se publicará el catálogo internacional Summa Pinazo.

La exposición del MuVIM ya ha sido clausurada pero quedan todavía cuatro muestras más y, a pesar de mi desaliento, no puedo evitar mostrar mi entusiasmo y facilitarles un resumen de la información que poseo sobre el Año Pinazo, para animar a mis amigos inconformistas y simpatizantes a ir al Museo de Bellas Artes, al IVAM, a la Fundación Bancaixa y a L’Almodí, porque tengo la certeza de que para algunos será un placer disfrutar de estas cuatro muestras que probablemente se verán muy pocas veces en Valencia.

María Valeska, noviembre 2016

¿QUÉ LE PASA A ESPAÑA?

   En una sociedad completamente esclava de las graves circunstancias que la rodean lo que le pasa a este país es que está enfermo. Y esa enfermedad se llama turbiedad o, para ser más preciso, podredumbre.  

   Porque algo ocurre, y no precisamente alentador, cuando los dos espacios más vistos de la televisión basura son: “Mujeres y hombres y viceversa” y “Sálvame”. Si en lugar de ver esta ‘infraprogramación’ se viera “Salvados”, quizá tendríamos otra perspectiva de la realidad. Pero, ¿qué podemos esperar de un país como el nuestro que tiene los índices de lectura más bajos de la UE a pesar de ser el que más publica de toda Europa? ¿No les parece contradictorio? 

   Y esto dice muy poco del nivel cultural de nuestra sociedad, más preocupada por los móviles y las redes sociales que por cultivarse como personas con capacidad de aprender y de tener espíritu crítico. Pero, cuando vemos que la gente sigue votando al partido más corrupto de este continente, es que algo estamos haciendo mal. Cuando nos indignamos porque un árbitro de fútbol pita en contra de lo que creemos justo, pero no lo hacemos cuando vemos que un diputado en Cortes cobra más en dietas (850 €) que un trabajador el salario mínimo interprofesional (648 €) ¿qué nos pasa? ¿Estamos tan sometidos al sistema que aceptamos todo lo que nos impongan aunque nos perjudique?  

   Decía Mirbeau que ‘los corderos van al matadero sin decir ni esperar nada, sólo que no votan al matarife que los sacrificará ni al burgués que se los comerá’. ¿Es esto en lo que se ha convertido la sociedad española? Quiero pensar que llegará un día en que la ciudadanía se dará cuenta del daño tan importante que nos están infringiendo políticos, empresarios y financieros de toda ralea; que un día no muy lejano, despertaremos de nuestro letargo y nos echaremos a la calle en masa para reivindicar lo que nos corresponde y que nos están arrebatando de forma tan cruel como sibilina: nuestra dignidad como personas de pleno derecho. 

   ¿Es comprensible acaso juzgar a las personas sólo por su aspecto físico? Un magrebí con barba y sin bigote haciendo la compra, como cualquier de nosotros, según para quien, es peligroso; y esa misma persona que “ladra”semejante afirmación acto seguido sonríe y celebra el reencuentro de los ‘triunfitos’ mientras en Salvados taladran nuestra conciencia contándonos cómo miles de personas se echan al mar a diario para huir del infierno sirio. ¿Estamos locos? ¿Cuánta mierda somos capaces de aceptar para darnos cuenta de lo que es realmente importante? O ¿vamos a seguir poniéndonos una venda en los ojos por aquello de “ojos que no ven…”? 

   En uno de sus poemas más lúgubres y pesimistas -Insomnio- Dámaso Alonso escribió: ‘Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)…’; yo haría extensiva esta afirmación: España es un país de más de cuarenta y cinco millones de cadáveres (según las últimas estadísticas). El resto, hasta los cuarenta y seis millones que somos, son aquellos que dicen representarnos y velar por nuestros intereses.

Moska

OLIMPO

Aprovecha su vida al delicado modo mediante el sutil y paciente hábito de ver la hierba crecer. Vinculado a la federación de seres escasamente visibles su principal ocupación lo convierte en testigo y hasta en espía, pues cobijados en profundas cuencas, sus ojos entornados le permiten distinguir los colores de la niebla, las sombras de las hojas, las vetas de la piedra, a veces el iris del metal; intuye escenas en los caligramas de las nubes, aspira el aroma de la tierra en los barruntes de lluvia y el detallado equilibrio del rocío sobre un pétalo le arrellana la jornada; de las aves mudo compañero, parejas de mirlos retozando entre acantos, o gorriones hambrientos de pan olvidado o tortolicos en celo colman físicos sus deseos de elixir eterno y juvenil. Silencios prolongados arrebatan de arrepentimiento su palabra, puesto que jamás se le oyó sentencia ni murmullo alguno. Es como usted o como yo, amable lector, sólo que al revés, por estar ausente su parlamento de cualquier asomo de crítica infundada. Solitario y urbano vive absorto en la visión de pinos, cipreses, ficus, acacias y palmeras de ultramar, de magnolios náufragos como él mismo, de los aguados arrayanes jazmineros y a veces de algún rosal, ciclámenes y geranios supervivientes, hiedras y setos, analizando la caprichosa gravedad que unos y otros aplican a sus hojas. Todo ello le despierta curiosas y relativas reflexiones. Desconocedor de la muerte ignora el miedo logrando así una suerte de eternidad animal muy propia de dioses.

Sin hambre, sin sed, sin envidia, sin usura, sin mecánica servidumbre, sin anhelo de puesto, con rancios vicios ocultos, huraño, toscamente airado, macizo y musculado, altivo, expoliado, guardián de secretos, impertérrito, áureo, marmóreo, ilegal y libre. Perpetuamente encaramado a un delfín sobre un pedestal y a éste adosada una leyenda vacía, su húmeda sombra alberga escarceos enamorados, jocosas burlas de mendigos, devaneos mercantiles de la risa y hasta crueles juegos de juventud. Enfrente, en lugar privilegiado y con mucha más enjundia, vasallos otoñales adoran ritualmente una figura ecuestre afanosa de conquistas.

La ciudad se desacostumbró a su presencia ignorando por completo su reinado. Sólo algún bárbaro tuvo la ocurrencia de homenajearlo con una buena pedrada en la sien. Rodeado de autos y surtidores, y no solo de agua, también de petróleo, sobrelleva el ruido del tráfico con dignidad, a los adoradores del consumo en el trajín de su templo con ironía, a la prisa social con asombro y a la reivindicación con un guiño.

Si todavía existe un humano con el aplomo necesario para dejar escapar el 81, el 31, y hasta el 26, tiene a su alcance la compañía del hijo de Saturno garante del anclaje armonioso de las olas mecidas en la arena, del temporal angustioso o del desmedido exceso fluvial.

Ejercicios de autoestima con Neptuno en su Parterre dentro de la ciudad, al alcance de cualquier mano.

Ramón Díez

ULTIMAS VOLUNTADES

Escribo estas líneas como un homenaje a la brevedad de la vida, como un canto a lo efímero, la soledad y la melancolía. Ciertamente la vida está plagada de diversas etapas que todos intentamos realizar con mayor o menor fortuna, y claro está las vicisitudes son muchas y en el pelotón, cual vuelta ciclista, son muchos los que se quedan descolgados y no alcanzan la meta, otros por causas de la vida toman rumbos distintos, no siempre terrenales, y pasan a engrosar nuestro bagaje de añoranzas y recuerdos.

En nuestro continuo pedaleo observamos cómo se incorporan nuevos individuos que por su juventud están destinados a encabezar las siguientes etapas, pero en nuestro pelotón más próximo encontraremos a los amigos que no dudaran en hacernos más llevadero el trayecto, a veces incluso conversando en la barra de algún bar, soltando algún chascarrillo o alguna barbaridad que esboce en nuestros rostros tan siguiera una leve sonrisa. Créeme que estamos ahí.

Es inevitable en algunas circunstancias recordar tiempos pasados y a la gente que entonces nos rodeaba, gente que formaba parte de nosotros y que ya no están. Sentir nostalgia por los amigos que formaron parte de nuestra vida, sentir la soledad que causan las ausencias. Únicamente quienes también lo han vivido pueden entenderlo y a ellos no hace falta contárselo. Cada cual carga con lo suyo, y es mejor sonreír y seguir adelante.

Sumergida en estos pensamientos entendí lo que desde el principio otros supieron, que el futuro no existe, que los proyectos no siempre salen, que todo es y será presente, que el tiempo es circular, que ningún olvido borrará el lugar donde se reciben las malas noticias. A veces los dolores sin ser profundos nos marcan para siempre, lo efímero nos hiere, la belleza nos duele y lo eterno pasa sin detenerse y resulta difícil encontrar ese consuelo intangible que precisan las penas que no son urgentes, sino leves y constantes.ultimas-voluntades

Mambrina

 (artículo dedicado a mis amigos Aurelia y Bernardo)