Ojalá sea así porque se necesita mucho buen ánimo para reparar la situación política en este país.
Felipe VI en la segunda ronda de contacto con las diferentes formaciones políticas ofreció formar gobierno a Pedro Sánchez y este aceptó. El líder socialista no vislumbra de momento las luces verdes del contador de escaños del hemiciclo del Congreso que le permita ser investido. Tampoco queda claro si prefiere gobernar en solitario o en coalición, qué parte de su programa está dispuesto a aparcar y de qué partidos se siente más cercano, sin olvidar intentar involucrar a los dirigentes de su partido para evitar tormentas internas.
En sus primeras declaraciones anuncia que no buscará el apoyo ni del PP ni de partidos que defiendan la autodeterminación y que, si no consigue los apoyos necesarios, acudirá igualmente al Congreso, aunque sea para naufragar. “Yo no soy Rajoy”, advirtió
Aunque todas las medidas presentadas para negociar la investidura nacen de su programa electoral, hace un claro guiño a la izquierda, recogiendo las principales reivindicaciones de Podemos e Izquierda Unida en materia de libertades, políticas sociales o regeneración económica.
Mientras, los de Ciudadanos aconsejan a Rajoy dejar a un lado su habitual inmovilismo y le recuerdan que él dijo no al mandato del Rey de tratar de formar gobierno, al tiempo que intentan convencer al presidente en funciones de que debe abstenerse en la investidura si quiere que haya un gobierno “constitucionalista”.
Parece que las negociaciones entre el PSOE y la formación naranja van viento en popa.
En cuanto a Podemos, Sánchez quiere volver a sentarse en la mesa con Pablo Iglesias para evitar llegar a la investidura sin certezas sobre el resultado de las votaciones, contando con que Ciudadanos, PNV, Compromis, IU y Coalición Canaria voten a favor, y PP, ERC, DiL y Bildu en contra, la gobernabilidad dependerá de la abstención de Podemos.
El primer pleno de investidura se celebrará con toda probabilidad los primeros días de marzo y si el entendimiento con Podemos no se produce y todo desemboca en nuevas elecciones el partido de Iglesias será el mayor penalizado por los votantes.
Los periodistas especializados de este país dicen: “Es un tablero con un juego en cada cara: en una de ellas se desarrolla la partida de investidura y en la otra el juego se llama nuevas elecciones”.
En cualquier caso, convendría que Sánchez y el resto de líderes de la izquierda, se convenzan de la necesidad de un verdadero “cambio”; esto es, cambiar las instituciones para ponerlas al servicio de la ciudadanía, no al servicio de los partidos. Si consiguen dar ese paso es relativamente fácil que lleguen a un acuerdo, no sólo de investidura, si no, sobretodo, de legislatura para tener un gobierno y que además sea estable. ¡Trabajen por ello, señores diputados!

