COMER POR UN EURO: Crema de alubias con infusión de mejillón

INGREDIENTES:

½ kg. De mejillones

1 copa de jerez

Hinojo

Azafrán

1 kg. De alubias blancas pequeñas

Aceite y sal

ELABORACIÓN:

Cocer, desconchar los mejillones y colar el caldo de cocción. Este caldo se lleva a ebullición con jerez, hinojo y azafrán.

Hervir las alubias en la olla 15 minutos con un chorrito de aceite y agua. Batir las alubias y el caldo reducido de los mejillones.

Pasar por el pasapurés y además por el chino y servir muy caliente.

POSTRE: PLÁTANOS A LA LLAMA 

INGREDIENTES:

8 plátanos pequeños

40 gr. de mantequillacomer-por-un-euro-3

4 cucharadas de azúcar

½ vaso de coñac

ELABORACIÓN: 

Pelar los plátanos y cortarlos en dos en sentido longitudinal, ponerlos en una sartén de acero inoxidable en la que se habrá hecho dorar la mantequilla, dándoles un par de vueltas para que se empapen de condimento.

Calentar el coñac en un cacito, cubrir de azúcar los plátanos y hacerle alcanzar casi el punto de caramelo.

Llevar la sartén a la mesa, prender fuego al licor y verterlo en llama sobre los plátanos. Dejar que el fuego se apague espontáneamente y servir.

Rebelde con causa

 

Entrevista a María Salgado

“El reto de Hacía un Ruido consistió en plasmar un hecho político tan significativo como la revuelta sin consumirlo ni estetizarlo”

Con motivo de la presentación en Valencia de su libro Hacía un Ruido. Frases para un film político (Contrabando, 2016), la poeta madrileña María Salgado entabló un diálogo con Fede Fojas acerca del lugar de este libro en el conjunto de su obra, su vinculación con la revuelta del 15M y el papel de la política en su poesía.

¿Qué lugar ocupa Hacía un Ruido en tu trayectoria?

Hacía un Ruido organiza un tiempo de mi investigación como poeta. Tardé cuatro años en escribir ready (Arrebato, 2012). Hacía un Ruido también me ocupó otros cuatro años de exploración. La diferencia entre ambos radica en el procedimiento de escritura: aunque ready pone en cuestión la forma del poema, mantiene su estructura lírica; Hacía un Ruido explora otras opciones como el collage, expansiones alternativas en la página o la mezcla de materialidades verbales. Esta apuesta no se reduce al mero juego con el sistema poético sino que surge de la necesidad de contar una realidad nueva que busca ser codificada con un nuevo lenguaje: estoy hablando de los acontecimientos sociales, políticos y económicos de los últimos años, pero no desde la mirada de los medios ni del discurso académico. Tengo la sensación de que mis obras me han llevado a trasladar estos fenómenos al terreno poético, a buscar una voz o voces que sean capaces de hablar por lo que pasó en la Puerta del Sol: ¿Cómo enunciar el disturbio? ¿Cómo trasmitirlo? ¿Cómo descifrar su mensaje? ¿Qué nos está diciendo respecto al tiempo histórico?

El intento de incluir otras voces dentro de tu poemario ¿no rompe también con el protagonismo del Yo poético del autor?

Hay una forma que solemos asociar con la poesía que ocupa demasiado espacio en el archivo de nuestra memoria. Poesía es el uso del lenguaje que no tiene que ver con dar información. Es un trabajo con la lengua que busca mirarla.

El cuestionamiento de la poesía tradicional parte por el cuestionamiento de su protagonista. Este Yo poético es un producto histórico, no una constante en la poesía. A lo largo del tiempo ha habido más yoes y menos yoes, incluso ha habido propuestas para transformarlas en otra cosa. En Hacía un Ruido, las partes biográficas están confundidas con otras voces. Es una manera de abrir el espectro de yoes: mi yo biográfico eentrevista-a-mariastuvo en el 15M, mi yo poético es una elaboración compleja sobre una materia que estuvo allí, pero quiero incluir más gente porque considero que mi experiencia no tuvo tanta relevancia, porque estaba conectada a un acontecimiento mayor que nos unía a todos los presentes en la Plaza del Sol. En el fondo, el 15M no fue una agregación de vivencias individuales, fue una experiencia colectiva que fluía entre los cuerpos. Por este motivo tenía que romper con el convencionalismo poético de dar una mayor relevancia al Yo del autor. No quería traicionar el espíritu asambleario.

Ya que mencionas los acontecimientos del 15M, ¿Qué lugar tiene la política en tu poesía?

Para mí el reto de Hacía un Ruido consistió, ante todo, en contar o plasmar un hecho político tan significativo como la revuelta sin consumirlo, ni estetizarlo de manera estancada. Era necesario conservar el misterio en torno al cual giraba el 15M, incluir a sus protagonistas; estas eran las cuestiones que me tenían preocupada mientras que escribía el poemario: hacerme cargo de ese mundo. Una de las soluciones fue manipular un audio en el que la protagonista contaba una historia sobre un hecho pasado, mi intencionalidad fue la de generar una complicidad entre el lector y el protagonista de la historia de tal manera que surgiera una sensación de comunidad, una comunidad que conviviera en el texto poético.

En cuanto a la política, creo que ha sido una de las preocupaciones del arte contemporáneo y que existen mil maneras de resolverla. Mis libros tienen que ver con el tema de la política y una exploración formal que intenta trazar unas utopías de comunicación como horizonte. En Hacía un Ruido prima la parte temática: los contenidos son las frases sobre la política, unas frases feas y prosaicas que no están revestidas de la belleza de otros temas. El collage como forma, como manera de construir con otras voces, es una apuesta estética muy política porque busca poner estas voces en un mismo plano para que el lector juzgue. Ezra Pound, en uno de sus poemarios más importantes llegó a incluir a los protagonistas sociales y económicos de su tiempo: habló de políticos y banqueros con nombres y apellidos juntándolos con el Ulises de Joyce o Arnau Dariel, ningún tema le era ajeno. Este era para mí el reto: dar cabida a esas frases feúchas, esas frases sin vuelo, no codificadas por la literatura, intentar mirarlas desde el prisma de la poesía sin transformarlas.

Sin embargo, en Hacía un Ruido no solo trabaja con esta polifonía de voces sino que también se constituye como una reflexión poética en torno a una serie de palabras o conceptos vitales para la representación (o presentación) del mundo político en la poesía. Por ejemplo, ¿podrías hablarnos del concepto invisible-existente al que recurres repetidamente a lo largo de tu poemario?

La pregunta fundamental de cualquier sistema de pensamiento se puede plantear de una manera sencilla: ¿Qué es esto? Y luego ¿Quiénes somos? En Hacía un Ruido, es la pregunta emocionante por el sujeto de nueva formación que ha perdido su relato histórico y categórico: ya no es campesino, ni plebeyo, ni proletario… Hasta la palabra ciudadanos está tomada por un lado del espectro político. La disputa por la apropiación de estas palabras pertenece al terreno de la filosofía política, lo que pretendo es escenificar la disputa. Conceptualmente es una aspiración ambiciosa, pero materialmente creo que es humilde porque incluye desde especulaciones superficiales hasta las reflexiones de Rancière sobre los ninis. Todos están situados a la misma altura. Es el lector quien tiene que posicionarse.

Manuel Turégano

¿Y si Trump fuera… la solución?

La salchicha Von Niche

«La gente no dormiría tranquila si supiera cómo se hacen las salchichas y las leyes» (Otto von Bismarck)

No comprendo a todos los que se indignan por la elección de un magnate de la construcción, empresario del juego, defraudador y mafioso como presidente de EEUU. ¿Qué es lo que desean y prefieren todos nuestros quejicas? ¿Prefieren a un «buen amo» que a uno «malo»? Ya estaría por ver que Hilaria fuera ese «buen amo» que presuponen.  Como secretaria de Estado metió a EEUU en otras dos guerras: no tenía bastante con las de Irak y Afganistán, y ahora tienen también las de Libia y Siria. En cualquier caso, nuestros indignados ¿lo están por el color y el tamaño de la correa con la que están atados? Se indignan porque Trump trompetee que va a echar a tres millones de mexicanos con «antecedentes penales», pero ignoran que en sus 8 años de mandato Obama expulsó a dos millones… eso sí, sin ninguna trompetería. Se indignan asimismo por su férreo machismo, pero ya ni recuerdan cuando el saxofonista Clinton le metía un puro por la vagina a una becaria mientras hablaba con Arafat, ¿eso era feminismo? Hay quien se conforma con que en política haya un poco de glamour, sin importarle un pijo la realidad… y aunque reconozco que Trump eleva el tono de la zafiedad y la basura a límites rayanos con la demencia, hay que recordar que todos los Imperios que han sido en la tierra, antes de derrumbarse, han tenido al frente a este tipo de calígulas, rasputines y cía. Nadie debería extrañarse de que un caballo vuelva a ser cónsul de Roma (de Washington, quiero decir). Y que corifeos de todo el mundo le den su bendición y encuentren justificada y digna esa decisión. Lo mismo que otros han acabado encontrando razonable que en ocho años Obama no haya tenido tiempo de cerrar Guantánamo: eso, al parecer, era intolerable con Bush, pero asumible con Obama. Cierto que cada uno es muy señor de optar (ilusoriamente, pues no tienen ninguna capacidad de decisión, al vivir en una provincia periférica del imperio) sobre la naturaleza, el tamaño y la forma de la soga que los tiene atados, pero ¿no sería mejor pensar en la gran oportunidad que se nos ofrece a todos de liberarnos de esa soga ahora que al frente del Imperio hay un Calígula? No pienso derramar ni una lágrima por Hilaria, del mismo modo que no voy a gastar ningún elogio por el Trump. Me importa un pepino el sexo, la estética y el talante del emperador de turno. Si Susan Sharandom afirmaba con valentía que ella no votaba con la vagina, yo no voy a ser menos; no puedo votar (pues soy un esclavo de provincias), pero si lo hiciera lo haría empuñando la p…. al grito de ¡se acabó! Pero mi voz no se oiría muy lejos, pues enseguida saldría el coro de conservadores y progresistas unidos que, con Obama de Presidente, han convertido Morón y Rota en dos polvorines que ni el Palomares de Fraga. Dirían que Obama ha sacado adelante Andalucía creando puestos de trabajo. ¿O no es así, Susanita? En fin, llegada esta comedia hasta el punto en que el hombre del peluquín tiene los mandos de la maleta nuclear, ¿no les parece a nuestros desencantados que más que añorar a la derrotada Hilaria (que ella misma se colgó de su propio gancho), sería mucho mejor empezar a pensar en darle portazo al Imperio y vivir sin esa comezón cuatrianual sobre el sexo, el color, el glamour y la pitanza del nuevo inquilino de la Casa Blanca? 

LA SOLUCIÓN DE MARIANO

Llegó la noche del lunes 31 de octubre y Mariano se acostó a dormir. Con tanta emoción no podía conciliar el sueño. Recurrió a la receta que tan buenos resultados le había dado siempre; se dispuso a contar borregos. Solo pensar en una cantidad tan grande, le hizo caer en los brazos de Morfeo casi de forma instantánea.

Al rato se encontró con su amiga Ángela, se acercó sonriente y la cogió de la mano. Iniciaron un paseo por lo que aún resta de Grecia. Ángela que llevaba los pantalones que suele llevar cuando quedan, le comentó cuánto le gustaba contemplar las ruinas que iban dejando a su paso. Él silbó una canción típica antes de comenzar una larga charla en la que cada uno aparentaba gran interés por lo que decía el otro.

Continuó el sueño… Ahora era un padre de familia que con poco más del salario mínimo, ni de lejos un salario suficiente, intentaba sacar a sus tres hijos adelante. Unos niños que no sabían lo que era salir un sábado al cine y luego tomar una hamburguesa. Esto le partió el corazón y, desconsolado, lloró su amarga tristeza.

Al momento, como si le hubiesen inyectado en vena 20 años, se vio en la piel de un anciano con su mujer dependiente. Pudo imaginar lo duro que es para infinidad de cuidadores sin recursos, en esta España que él tanto quiere, estar ocupado las veinticuatro horas del día y sin la ayuda de nadie. Experimentó la desazón de aquel que tiene que luchar a diario, además de con la senectud,  con numerosos y complicados problemas.

Luego fue un joven que dejaba a los suyos para buscarse la vida al otro lado del Atlántico; un pobre reumático que no podía permitirse encender su estufa, si quería pagar el alquiler y, además, había olvidado que del mar, aparte de ahogados, también sacaban el pescado que apenas podía permitirse; una persona con un contrato de diez horas semanales, pobre de solemnidad, que veía una locura que con una hora semanal ya figurases en las estadísticas como ocupado; y fue una mujer de 65 años sin asegurar que limpiaba todo lo que le ponían por delante para mantener su casa y ayudar a dos hijos parados que le habían dado tres nietos maravillosos.

Lo que más le impresionó fue poder sentir en su sangre los momentos previos al suicidio de un hombre que perdió su modesta vivienda después de hacer frente a la hipoteca durante muchos años. La impotencia y dolor de su viuda e hijos le hizo también un daño infinito. El discurrir del sueño, por primera vez en su vida, le estaba procurando tal empatía, que el dolor se le clavaba hasta el tuétano. 

Más tarde, una sucesión de números, de esos de los que siempre se ha servido para demostrar que todo va cada día mejor, bailaban en un terreno tan gélido que notó cómo se estaba congelando. Estos dejaban paso a un grupo de personas que surgían tras ellos. Seres que le rescataban con su calor y lo salvaban de una muerte segura. Percibió la frialdad de los números y comprobó la importancia de las personas. Estas son las que pueden ayudar de verdad. Ninguna cifra, sola, sin un corazón palpitando detrás, pudo jamás resolver los problemas de nadie. Sonrió pensando que los números de la lotería pueden ayudar, aunque no era momento de bromear.

Aquello no podía ser real, tanta desgracia y tantos problemas en su querido país. El sueño le había dejado controlar unos instantes. Le asustó pensar lo diferentes que eran esas vidas de la suya. Por primera vez con los ojos cerrados, estaba viendo las cosas con claridad. De día debería abrirlos bien para empezar a ver no lo que él quería, sino la realidad.

Después, a toda velocidad, se impregnó de los problemas de empleo, educación, sanidad, y otros muchos. En esencia los problemas de todos, más si cabe, los suyos. No pudo contenerse y compareció en el sueño ante España entera e hizo una declaración extensísima para él, pero que tuvo una duración real de apenas dos segundos. Eso sí, posteriormente no admitió ni una sola pregunta. Estaba todo clarísimo.

Acto seguido, se despidió de Ángela con un casto beso en la mejilla. No obstante, se confesó porque no quería tener cargos de conciencia. Quizá había pecado de pensamiento…Así es Mariano.

En los últimos fotogramas de aquel cortometraje tan intenso, se sintió muy arropado. Ciudadanos con rosas en su mano diestra lo acompañaban. Le decían que tenía la confianza de todos ellos y que le ayudarían facilitándole su trabajo.

Despertó por fin. ¡Ya era hora! Lleva el pijama empapado. Está agitado. La sensación de que se ahoga en el mar, al huir de tantos problemas, le hace respirar con dificultad. La noche ha sido igual de negra que los días de muchísimos españoles.

Mientras le sirven el desayuno, Mariano reflexiona. Está muy preocupado. Ha sentido todo como propio. Eso es sufrir de verdad y debe solucionarlo de inmediato. Ante tal adversidad, se toca la nariz y chasquea los dedos como hacía Vickie el Vikingo. Tiene una idea. Se dejará asesorar por los mejores y seguirá sus indicaciones. Tomará la medicación que le prescriban. Asistirá a terapia, hará cualquier cosa para no tener esas pesadillas tan reveladoras. No podría volver a soportar tanto sufrimiento…

         Manuel Romeu

La ignorancia del arte

pinazo2Hace pocos días completé mi periplo del año Pinazo visitando la última de las exposiciones que me faltaba, de las cinco que en Valencia se han organizado recientemente con motivo del centenario de la muerte del pintor valenciano. Ignacio Pinazo murió el 18 de octubre de 1916 en Godella, donde todavía se conserva su casa-estudio casi como él la habitó. Si no la han puesto recientemente, ni siquiera hay una placa con su nombre en la puerta.

Al parecer fue un hombre poco dado a publicitarse, un artista de vida familiar que se mantuvo alejado de los círculos de poder o de fama, no debió ser nada ambicioso, en cuanto al dinero se refiere, pero sí para aprender su oficio y perfeccionarlo. El primer dinero que ganó como pintor lo destinó a una estancia en Roma, que le sirvió para ampliar su visión del arte y estudiar pintura. Pero no es mi objetivo narrar su historia, que podría resumir diciendo que fue un hombre sencillo y un artista espléndido, muy poco reconocido. Tal parece que Valencia no haya dado al mundo más pintores que Sorolla.

He mencionado a Sorolla precisamente porque mi visita del otro día fue al IVAM, donde también tuvo lugar en 1989 una exposición antológica que fue sin duda la más concurrida a la que he ido jamás en esta ciudad. Por el contrario, la semana pasada en la hora aproximada que duró mi recorrido por la magnífica Sala de la Muralla del IVAM, no hubo más espectadores que yo misma, el conserje y un guardia jurado, que no sé si habrán tenido la curiosidad o el interés de pasear sus miradas por la obra de Ignacio Pinazo y de los demás artistas que allí  se muestran.

Detesto los museos abarrotados y busco siempre que puedo horarios mañaneros y laborables, cuando se puede contemplar de cerca y sin obstáculos las obras, y en efecto así fue: disfruté de una contemplación perfecta, demasiado tranquila, diría yo, porque la sensación que tuve el otro día al finalizar mi recorrido fue de lástima y de enfado. Pregunté al conserje si siempre estaba aquello así de desierto y me dijo que no, que a veces había visitas guiadas y que también lo visitaban los turistas. ¿Turistas? ¿Y los valencianos? ¿No vienen los de aquí a ver esta maravilla? De aquí se ven pocos, me dijo.

No hace falta detallar los motivos de mi enojo, el desinterés por el arte puede que sea una característica más de mucha gente de esta tierra. Ignacio Pinazo también debió sentirlo así cuando pronunció el discurso “De la ignorancia en el arte”, calificado por muchos como incendiario, tras ingresar como académico en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, del que he copiado unos fragmentos:

…Influyen en el curso del arte las exigencias de la sociedad, pues al pretender que aquél se amolde a las tiranías de ésta, cae muchas veces también en sus vicios, arrastrado por su principal origen, el cual no es otro que la perfecta ignorancia.

Es artista aquel que se hace dueño del corazón, el que mejor comprenda y conozca sus afectos y pasiones, será el mejor artista; el que mejor domine la luz y la forma, sólo será el mejor pintor…

Está anunciado que en mayo de 2017, la Nau celebrará la muestra ‘Pinazo y la fotografía’. Al mismo tiempo, se rodará del documental ‘De la Ignorancia en el Arte’, centrado en la vida del pintor, y se publicará el catálogo internacional Summa Pinazo.

La exposición del MuVIM ya ha sido clausurada pero quedan todavía cuatro muestras más y, a pesar de mi desaliento, no puedo evitar mostrar mi entusiasmo y facilitarles un resumen de la información que poseo sobre el Año Pinazo, para animar a mis amigos inconformistas y simpatizantes a ir al Museo de Bellas Artes, al IVAM, a la Fundación Bancaixa y a L’Almodí, porque tengo la certeza de que para algunos será un placer disfrutar de estas cuatro muestras que probablemente se verán muy pocas veces en Valencia.

María Valeska, noviembre 2016

La susurradora irresistible. Hora de pensar.

 

El viento es gélido, hiriente, cuando se contempla el infinito desde lo alto de los doscientos cincuenta metros de la Torre Cepsa de Madrid. La mujer pelirroja se ha subido esta mañana a la Harley y ha dado rienda suelta a su furia devorando los kilómetros. Necesita el lugar más alto para expandir el grito que le nace en la garganta.

NO.

Es hora de pensar.

¿Cómo ha llegado la humanidad hasta este punto?

¿Cuándo se erigió el imperio del dinero por encima de los derechos humanos?

¿Cuándo comenzó a crecer la desigualdad hasta generar tanto sufrimiento?

¿Cuándo pasamos de amar a los demás a usarlos?

¿Por qué tanto odio hacia lo diferente, hacia otras culturas, otras tierras, otros colores, otras voces, otras pieles que tanto nos aportan?

¿Por qué tanto desprecio, tanta violencia, hacia otras formas de ser y de sentir distintas a la heterosexualidad reinante?

¿Por qué el trato a la mujer como un ser de categoría inferior al hombre, como un objeto, como algo sin valor, cuando es el receptáculo de la vida, la mitad indispensable?

¿Por qué la falta de respeto a la tierra que nos cobija y al resto de seres que nos acompañan en esta aventura que es la existencia?

¿Por qué el imperio de la fuerza, cuando el ser humano ha sido dotado de infinitos recursos para ser feliz?

NO.

Es hora de pensar.

El templo

La luz nunca es tan clara cuando se filtra a través del cristal;

el silencio, siempre como roca,

perfila tus segundos,

tiempo eterno que es el día. 

La duda ha construido todo un templo

en el que, sumergida,

desciendes. 

No temas el mostrarte,

no hay límites para la belleza,

el arte

no perece. 

Lo plausible de la sensualidad

 te recorre

enfrentándose a la inocencia

que esconden tus formas. 

Asomarse

al riesgo del deseo

forma parte

del movimiento. 

Lucha con la fuerza de tu vientre,

que es tu arma

y tu bandera. 

No  importa cuánto camines,

tu cielo estará esperándote

siempre que te reflejes en el viento.

Sarah Martínez

Por fin se conoce la naturaleza de Dios. Dios es un perro caniche como el que tiene tu suegra.

Peter Singer, mesías y predicador de la “liberación animal”, deja bien claro que no se trata de que sean amantes de los animales, como quienes dan de comer a los gatos callejeros para desgracia de los pájaros urbanos, sino que se trata de un principio ético por el cual las especies animales somos iguales, siendo lo que nos iguala la capacidad de sufrir, es decir se trata de una ética que parte de que nos identifiquemos con los animales, como hacen los niños, y suframos porque ellos sufren. Singer lo acompaña de descripciones terroríficas sobre lo que hacen los científicos con los animales de experimentación y lo que ocurre en granjas y mataderos. Sus seguidores amenizan las redes sociales con imágenes “gore” sobre animalitos sanguinolentos, de las que es difícil sustraerse a la emoción asesina por la que matarías al matador. Con el mismo truco nos parten el corazón los benditos antiabortistas con imágenes de fetos descuartizados, en Navarra le llamaban Ferminico.  Al parecer los animales, tanto como el feto Ferminico, son nuestros semejantes.

Se trata, según Singer y sus seguidores, de la continuación lógica de las luchas por los derechos civiles de los negros y las mujeres, y sobretodo de las luchas por la abolición de la esclavitud. Combaten el “especismo” antropocéntrico, o primacía de la especie humana sobre las demás especies, como se combate el machismo o el supremacismo blanco, y luchan por la abolición de la esclavitud animal. Es muy claro y muy sencillo: la consigna de “no discriminación” incluye la no discriminación en función de su especie, (una buena noticia para las ratas, no se si dar también la enhorabuena a los mosquitos).

            De lo que proponen se deriva, me parece a mí, una nueva era, un superhombre superético, que modificara todos los conceptos, usos, costumbres, tradiciones, fiestas y ritos que nuestra especie viene sosteniendo, al parecer erróneamente, desde centenares de milenios, que de triunfar transformará nuestra alimentación, el ecosistema y la economía. Se supone que la humanidad ha llegado a tan altas cotas de desarrollo económico y cultural, y a tal grado de eticidad, que ya lo que toca es liberar a los animales.

Reconozcamos que no somos ni dioses ni ángeles, somos mortales de una especie que desaparecerá en su momento. Ciertamente somos animales, incluso algunos tirando a “pedazo de animales”. Pero nuestra diferencia con los animales no humanos es tan abismal que igualarnos es un disparate.  Que reconozcamos en algunos animales conductas que nos sorprenden por lo “humanas” que parecen, o que nos enternezcamos viendo imágenes de cachorrillos, no nos puede ocultar, lo extremadamente sofisticado de nuestra conducta, de la sociedad y de la cultura, hasta extremos de que podamos construir poderosas realidades imaginarias, e incluso extravagancias tan depuradas como el propio animalismo. Como animales somos cuanto menos un poco raros.

No quiero decir con eso que esa diferencia nos autorice a ser crueles con ellos, pero las razones éticas y estéticas del “no deber serlo”, no proceden del animal mismo, de un derecho suyo, sino de mi, de mi capacidad reflexiva y de los principios culturales y éticos en los que habito. No es que el animal tenga derechos, sino que yo tengo principios (cuando los tengo), que no parten de la igualdad sino precisamente de la diferencia. ¿Qué cosas son crueles o no para con los animales?, salvo determinadas prácticas de ensañamiento, la respuesta está en el campo de lo discutible y variable según momentos y circunstancias, y según las diversas culturas, entra en el campo de lo opinable, no de lo obligado por la ley. Los animales no tienen capacidad de elección, solo tienen necesidad (algunos de ellos no dudarían en matarnos si pudieran), no tienen ética, ni pueden ser culpables de sus actos. Nosotros también nos movemos por necesidad, pero además, dentro de un contexto social y cultural dado, podemos decidir y tenemos responsabilidad. Para ello tenemos una emoción específica, refinada, tenaz y eficaz, la culpa. La cadena trófica, la vida y la muerte, sufrir o hacer sufrir, a los animales les viene dado sin más, sin distanciamiento, su dolor no es nuestro sufrimiento puesto que nosotros podemos reflexionar, tener conciencia e incluso sufrir por otros. Para nuestra especie resulta “natural” y moral, que los incluyamos en nuestra cadena alimentaria, como prescribe nuestra biología, gracias a ello hemos sobrevivido, ellos no dudarían en hacerlo. Resulta justo que los controlemos, y pongamos a nuestro servicio como se viene haciendo de siempre, puesto que no hay ni reciprocidad ni paridad posible.

Una posible explicación del desvarío animalista, puede ser como consecuencia de nuestro abandono tan rápido y reciente de la naturaleza salvaje como el hábitat cotidiano e inmediato. Antiguamente se convivía estrechamente con los animales, tanto los domésticos como los de crianza o de carga, así como de una amplia variedad de animales salvajes que podían suponer un peligro. Desde niños se aprendía a conocerlos, cuidarlos, alimentarlos, dominarlos, adiestrarlos, sacrificarlos, y a protegerse de ellos si se diera el caso, y los varones a iniciarse en la magia, aventura, y peligros de las artes de la caza, con o sin perro como auxiliar. Se aprendía también a aprovechar al máximo los productos animales, sobretodo en una dieta sana y suficiente. Conocimientos complejos,  trasmitidos por generaciones, de los que dependía la subsistencia y la pervivencia. En cambio para la mayoría de nosotros los animales pueden ser o pobres domésticos desterrados de su hábitat y neurotizados, o los que vemos en los documentales de la tele, o en dibujos animados en los que hablan como personitas. Estamos tan distantes de la vida animal que hemos perdido la referencia “natural” con ellos.  Imaginaros lo que pensaría un guerrero Masai de la ética animalista.

¿Y que le decimos a tu suegra de su perrito caniche al que quiere como a un hijo, y que le ayuda a sobrellevar su vida? Dile que hace bien, que son muchas las gentes que se benefician de la convivencia con animales. Y que si se le muriera y le pusiera un altarcillo con flores, fotos y velas, como muchos hacen con sus hijos muertos, que no se sienta culpable, no está haciendo una religión animal, sino un duelo, una metáfora, no a todos los perros, sino a ese perro que quería “como si” fuera de la familia, y quizás con ello también hace también otros duelos. Pero dile también que desconfíe de los animalistas, que aunque le puedan parecer amantes de los animales como ella, cuando hablan de derechos de los animales no lo dicen como una forma de hablar, un “como si” los animales fueran personitas, sino que lo dicen como lo dicen los creyentes, que humanizan a los animales haciéndolos su religión, su ídolo o su “caniche de oro”. Que pretenden llevar a cabo una larga lista de prohibiciones en virtud de la cual todos, por uno u otro motivo, seremos pecadores, incluso los amantes de los animales, y que esperan convertirnos a todos en veganos.  Que son fanáticos religiosos violentos en ocasiones, tanto como los antiabortistas. Que como estos, el suyo no es un punto de vista tan legítimo como otros, sino se tienen por moralmente superiores, iluminados por la verdad con derecho de ir prohibiendo, insultando, acosando y provocando.

 

Valero de Luna (Barcelona)

 PD: Éramos pocos y parió la mula animalista.

Y yo me pregunto: 1- ¿De donde sale esta gente? 2- ¿No tienen mejores motivos para andar molestando a la gente? ¡No será por falta de causas para militar! Como diría aquel, el hombre tal como hoy lo entendemos es un invento reciente, los Derechos Humanos están reconocidos desde hace poco, además no están garantizados más que para una minoría de nuestros hermanos de especie, y están amenazados para todos.  ¿Tiene sentido proclamar la “liberación animal” y los “derechos animales”? Quizás los siglos futuros traigan cosas más raras, pero será si logramos sobrevivir y si salimos de la que se nos está viniendo encima, que va a ser larga y dura. ¡No es cuestión de andarse con tonterías!, digo yo.

¿QUÉ LE PASA A ESPAÑA?

   En una sociedad completamente esclava de las graves circunstancias que la rodean lo que le pasa a este país es que está enfermo. Y esa enfermedad se llama turbiedad o, para ser más preciso, podredumbre.  

   Porque algo ocurre, y no precisamente alentador, cuando los dos espacios más vistos de la televisión basura son: “Mujeres y hombres y viceversa” y “Sálvame”. Si en lugar de ver esta ‘infraprogramación’ se viera “Salvados”, quizá tendríamos otra perspectiva de la realidad. Pero, ¿qué podemos esperar de un país como el nuestro que tiene los índices de lectura más bajos de la UE a pesar de ser el que más publica de toda Europa? ¿No les parece contradictorio? 

   Y esto dice muy poco del nivel cultural de nuestra sociedad, más preocupada por los móviles y las redes sociales que por cultivarse como personas con capacidad de aprender y de tener espíritu crítico. Pero, cuando vemos que la gente sigue votando al partido más corrupto de este continente, es que algo estamos haciendo mal. Cuando nos indignamos porque un árbitro de fútbol pita en contra de lo que creemos justo, pero no lo hacemos cuando vemos que un diputado en Cortes cobra más en dietas (850 €) que un trabajador el salario mínimo interprofesional (648 €) ¿qué nos pasa? ¿Estamos tan sometidos al sistema que aceptamos todo lo que nos impongan aunque nos perjudique?  

   Decía Mirbeau que ‘los corderos van al matadero sin decir ni esperar nada, sólo que no votan al matarife que los sacrificará ni al burgués que se los comerá’. ¿Es esto en lo que se ha convertido la sociedad española? Quiero pensar que llegará un día en que la ciudadanía se dará cuenta del daño tan importante que nos están infringiendo políticos, empresarios y financieros de toda ralea; que un día no muy lejano, despertaremos de nuestro letargo y nos echaremos a la calle en masa para reivindicar lo que nos corresponde y que nos están arrebatando de forma tan cruel como sibilina: nuestra dignidad como personas de pleno derecho. 

   ¿Es comprensible acaso juzgar a las personas sólo por su aspecto físico? Un magrebí con barba y sin bigote haciendo la compra, como cualquier de nosotros, según para quien, es peligroso; y esa misma persona que “ladra”semejante afirmación acto seguido sonríe y celebra el reencuentro de los ‘triunfitos’ mientras en Salvados taladran nuestra conciencia contándonos cómo miles de personas se echan al mar a diario para huir del infierno sirio. ¿Estamos locos? ¿Cuánta mierda somos capaces de aceptar para darnos cuenta de lo que es realmente importante? O ¿vamos a seguir poniéndonos una venda en los ojos por aquello de “ojos que no ven…”? 

   En uno de sus poemas más lúgubres y pesimistas -Insomnio- Dámaso Alonso escribió: ‘Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)…’; yo haría extensiva esta afirmación: España es un país de más de cuarenta y cinco millones de cadáveres (según las últimas estadísticas). El resto, hasta los cuarenta y seis millones que somos, son aquellos que dicen representarnos y velar por nuestros intereses.

Moska

OLIMPO

Aprovecha su vida al delicado modo mediante el sutil y paciente hábito de ver la hierba crecer. Vinculado a la federación de seres escasamente visibles su principal ocupación lo convierte en testigo y hasta en espía, pues cobijados en profundas cuencas, sus ojos entornados le permiten distinguir los colores de la niebla, las sombras de las hojas, las vetas de la piedra, a veces el iris del metal; intuye escenas en los caligramas de las nubes, aspira el aroma de la tierra en los barruntes de lluvia y el detallado equilibrio del rocío sobre un pétalo le arrellana la jornada; de las aves mudo compañero, parejas de mirlos retozando entre acantos, o gorriones hambrientos de pan olvidado o tortolicos en celo colman físicos sus deseos de elixir eterno y juvenil. Silencios prolongados arrebatan de arrepentimiento su palabra, puesto que jamás se le oyó sentencia ni murmullo alguno. Es como usted o como yo, amable lector, sólo que al revés, por estar ausente su parlamento de cualquier asomo de crítica infundada. Solitario y urbano vive absorto en la visión de pinos, cipreses, ficus, acacias y palmeras de ultramar, de magnolios náufragos como él mismo, de los aguados arrayanes jazmineros y a veces de algún rosal, ciclámenes y geranios supervivientes, hiedras y setos, analizando la caprichosa gravedad que unos y otros aplican a sus hojas. Todo ello le despierta curiosas y relativas reflexiones. Desconocedor de la muerte ignora el miedo logrando así una suerte de eternidad animal muy propia de dioses.

Sin hambre, sin sed, sin envidia, sin usura, sin mecánica servidumbre, sin anhelo de puesto, con rancios vicios ocultos, huraño, toscamente airado, macizo y musculado, altivo, expoliado, guardián de secretos, impertérrito, áureo, marmóreo, ilegal y libre. Perpetuamente encaramado a un delfín sobre un pedestal y a éste adosada una leyenda vacía, su húmeda sombra alberga escarceos enamorados, jocosas burlas de mendigos, devaneos mercantiles de la risa y hasta crueles juegos de juventud. Enfrente, en lugar privilegiado y con mucha más enjundia, vasallos otoñales adoran ritualmente una figura ecuestre afanosa de conquistas.

La ciudad se desacostumbró a su presencia ignorando por completo su reinado. Sólo algún bárbaro tuvo la ocurrencia de homenajearlo con una buena pedrada en la sien. Rodeado de autos y surtidores, y no solo de agua, también de petróleo, sobrelleva el ruido del tráfico con dignidad, a los adoradores del consumo en el trajín de su templo con ironía, a la prisa social con asombro y a la reivindicación con un guiño.

Si todavía existe un humano con el aplomo necesario para dejar escapar el 81, el 31, y hasta el 26, tiene a su alcance la compañía del hijo de Saturno garante del anclaje armonioso de las olas mecidas en la arena, del temporal angustioso o del desmedido exceso fluvial.

Ejercicios de autoestima con Neptuno en su Parterre dentro de la ciudad, al alcance de cualquier mano.

Ramón Díez

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