EL GÉNERO Y LA “GÉNERA”

No entiendo qué problema hay con la norma que incluye el género femenino dentro del masculino. No sé a qué fémina le escuece esta regla gramatical, básica, sencilla, cómoda y que, en ningún caso, a mi entender, menosprecia al sexo femenino.

Creo que la dignidad de una persona radica en otros aspectos que cada cual debe defender en su ámbito familiar, social, profesional, personal… No creo que feminizar el lenguaje sirva para que una mujer se sienta más realizada o respetada. Más bien me parece un asunto banal, e incluso incómodo, al tener que estar nombrando continuamente a: “vecinos y vecinas”, “amigos y amigas”, “socios y socias”… ¿Tendríamos que feminizar todos los términos? ¿Cómo nos sonarían entonces palabras como: “testiga”, “miembra”, “detectiva”, “comensala”, etc.? Aparte de que no suenan bien, resulta una medida superflua. Algo externo, de pura apariencia, pues tal vez estas personas tan susceptibles y que desean aparecer con la “a” al final del nombre, no sean tan independientes ni liberadas en su fuero interno. Ni siquiera en sus relaciones personales y afectivas. En cambio, por poner un ejemplo, sí que me he sentido objeto de discriminación al obligarme a llevar falda en el trabajo, en lugar de pantalones, norma impuesta por algunas empresas machistas. Creo que ese sí que es un buen motivo para ofenderse y rebelarse.

Ahora, para quedar bien con “todos y todas”, se ha puesto de moda el uso de la @, que se ha hecho muy popular y que me resulta igualmente postizo. No soy mejor persona, ni más digna, por sentirme aludida por la @. Porque, a fin de cuentas, lo que importa es “ser persona” con todos sus derechos y obligaciones, independientemente de pertenecer a uno u otro sexo. LOS GENEROS

Concluyo con el comentario de Paz Battaner (que acaba de ingresar en la RAE), y que afirma en una entrevista, publicada recientemente en El País, que: “Se debe utilizar el masculino incluyente en la mayoría de los casos porque lo demás lleva a inconsistencias muy grandes y a discursos reiterativos que no ayudan a mejorar la presencia de las mujeres en la sociedad”. También puede visitarse la página del lingüista Ángel López: “Lingüística para frikis”, donde aborda este asunto en su artículo “Cuestión de género” con agudeza y seriedad. Lo recomiendo.

Palmireta

La susurradora irresistible. Vive.

la susurradora febreroUn aroma intenso se eleva desde la taza que sujeta entre los dedos. Ella respira hondo y cierra los ojos, dejando entrar el efluvio mágico hasta que en su cerebro solo existen los matices tostados que hacen viajar hasta la paz de los cafetales.

Hay que dar una oportunidad a la imaginación.

Luego, todavía con los párpados cerrados, aproxima el café a sus labios. El primer contacto ligeramente amargo estimula su paladar.

Hay que dar una oportunidad al placer.

Por fin, abre los ojos y su mirada atraviesa el vidrio de la ventana. En la acera de enfrente, una niña corretea tras un perro. De improviso, éste se vuelve y le regala un lametón que le lava el rostro. Entre carcajadas, la pequeña arruga el gesto por lo inesperado de la caricia y a la susurradora le brota la alegría.

Hay que dar una oportunidad a la risa.

No mires la pantalla del móvil, mira la vida. Está ocurriendo, te está envolviendo con todos sus matices sin que seas consciente de a qué sabe, a qué huele, a qué suena, como brilla o cuánto de suave es. El tiempo pasa y tú te has agarrado a un sucedáneo de existencia que no duele porque no te deja pensar, que solo te da una felicidad ficticia, puntual.

Levanta la vista y observa. Contempla sin miedo. Puede que te tropieces con unos ojos cálidos que te den respuestas, que te hagan sonrojar, que te aceleren el corazón y no precisamente a causa del estrés. Quizás unos dedos temerosos se atrevan a rozar tu piel haciendo saltar chispas en tu mundo ensombrecido a fuerza de whasapp, tweets o me gusta mecánicos. Tal vez una voz ronca te erice los sentidos si desconectas esos auriculares que han anidado en tu cerebro.

Hay que dar una oportunidad al amor.

Sin disculpa

Barología: El antibar u otro bar

Todo comienza con una cinta en la muñeca, resistente al agua, que te convierte en un todo incluido. Sí  gratificante en lo económico, se convierte en una experiencia de inmersión inglesa, donde el personal  acostumbrado a ese público chapurrea con los clientes que no conciben otro medio de comunicación que no sea su lengua.

El consumo logra la atemporalidad y sobre todo la deslocalización. Las vacaciones en el bar paran el tiempo, de hecho son un fin en sí mismo para poblaciones acostumbradas a aranceles altos para las bebidas alcohólicas en su país de origen. No importa la calidad, el grifo de la cerveza es utilizado por los propios clientes para llenar unos vasos de plásticos, ante la mirada aburrida del camarero que ha renunciado a imponer cualquier norma formal a la dispensación.

El vino también tiene sus grifos, blanco, rosado y tinto, los pruebo y entiendo ese concepto de “hecho con polvos” que siempre he oído a los amantes del vino recio. El gusto indescifrable, me dan ganas de seguir el serpentín para ver lo que hay detrás, renuncio inmediatamente, “¡…para qué!”. El ballet de idas y venidas a los grifos, se desarrolla alrededor de una piscina no muy transitada y rodeada de hamacas que ocupan personas de piel blanca convertidas en rojo gamba. Edades medias altas, bien tatuadas y por lo general de anatomías globosas. Fuera unos paisajes magníficos que posiblemente disfruten en un paseo en autobús, por supuesto descapotable, para que no se escape un rayo de sol.

Dado esa cualidad de barólogo  que me lleva a enrollarme con el personal, le pregunto qué les parece. No muestran mucho espíritu crítico, en primer lugar porque cumplen la primera regla del oficio, no hablar mal de un cliente con otro. Uno sonríe y me dice que el otro día uno le dijo que le  encantaba sus vacaciones en Grecia, que más da, Fuerteventura es también una isla, y equivocarse de mar una nadería.

Al igual que me pasa cuando después de unas elecciones en España, me lleva a ver por la calle con toda persona que me cruzo, a ciudadanos que apoyan con su voto la corrupción del PP, veo a los clientes peripiscineros a los miembros de esas “clases populares” que han apoyado el brexit. Cuando estoy con esa melonada de pensamiento,  recuerdo que la Thatcher logró acabar con la huelga permanente de la Minería, pagándoles vacaciones en Canarias, una especie de desmovilización mediante la movilización vacacional.

Siguiendo con esos pensamientos me dirijo al chiringuito y veo un excelente ron canario, le pido, un ron en “strike” y me dice que ese es pagando, los gratis son los de la balda de abajo. Inmediatamente cambio de ron, y me doy cuenta que estoy poseído por el espíritu de la pulsera de plástico.

… ¡Otro día será!

Julio García

MENS SANA ET CORPORE INSEPULTO

Ausencia de ejercicio, dieta libre, rubio americano y tinto con sifón en abundancia le producían espantosos dolores de espalda que todos los especialistas consultados le aconsejaron mitigar nadando. 

-De mañana no pasa, dijo con determinación al aplastar una colilla en el cenicero.

Al llegar a casa buscó y rebuscó por los cajones de su armario hasta encontrar un bañador del que estaba seguro de su existencia, pues recordaba haberse visto con él puesto en una fotografía junto a su amigo Pulido en el espigón del puerto. Cuando al fin lo encontró envuelto en una bolsa de Lanas Aragón lloró emocionado ante tanto recuerdo acumulado.

Le costó dormir. Tan pronto recordaba a Weissmuller introduciendo palos en las fauces de los cocodrilos, como a Spitz con el pecho cuajado de medallas; las piernas de Esther Willians saliendo coreográfica de la piscina o a los almirantes Churruca, Gravina y Alcalá Galiano prefiriendo morir con honra a vivir con vilipendio. Sin dar las seis se levantó pensando conveniente ducharse y lavarse los dientes para así matar tres pájaros de un tiro en materia de salud. Con el pelo aplastado hacia detrás salió de su casa comenzando a silbar “El puente sobre el río Kwai” acabando con el tarareo de “Barras y Estrellas” sin saber exactamente en qué parte de la melodía pasaba de un tema a otro.

Las instalaciones no abrían hasta las nueve y cuando lo hicieron encontraron a Cosme con dos carajillos, fuertemente nicotinizado y con el Marca leído de cabo a rabo, lo cual no fue óbice para pedir impetuoso un tiquet de entrada. No era tan sencillo: a los cinco euros del servicio había que añadir otros tres de un gorro de naylon y diez más para unas chancletas, poniéndose la broma en una desequilibrante cifra para un martes por la mañana. Pasando el cartoncito por un lector de barras pudo atravesar el torno y a través de intrincados pasillos llegar hasta la zona de vestuarios donde le indicaron la conveniencia de adquirir una llave, previo pago reembolsable, con que abrir y cerrar la taquilla y guardar sus pertenencias. Sobre sus pasos volvió para reclamar cambio y hacerse con la susodicha moneda de dos euros pero al querer nuevamente traspasar el torno se encontró con unos fuertes pitidos semejantes a la alarma de una inminente fuga nuclear. Sus ojos hablaban. Otra vez en el vestuario se despojó de la ropa con la vergüenza propia de la falta de costumbre, pues hacía que no mostraba su cuerpo ante otros hombres desde su época de juvenil en el Rosquilletas y no siempre, pues la mitad de los campos carecían de duchas. Con la pulserita de la llave en la muñeca se encaminó a la pileta pero una voz decidida le observó que tan preceptivas eran las chanclas como la utilización previa de la ducha y el secado con su toalla. Llevaba entre unas cosas y otras casi una hora intentando mejorar su deteriorada salud y aún no había conseguido dar una sola brazada, sopesando si no hubiera sido mejor sumergirse directamente en Lourdes ahorrando tiempo y dinero. El primer contacto con las aguas le comunicó que estaban más frías de lo pensado, que el resto de los bañistas nadaban con singular pericia y que no hacía pie. Tentado con abandonar, un viejecito muy campechano con ojos azules y fino bigote de otra época le aconsejó utilizar un corcho fosforescente a modo de flotador. Asido a él no se sintió como pez en el agua pero casi, si bien a los treinta segundos sus ojos estaban irritados de cloro, su nariz encharcada y sus oídos prácticamente sordos, sin contar con la presencia de un experto nadador que a velocidad de crucero le abordó por detrás haciéndole perder su cilindro de salvación. Entre estornudos y eructos salió por la escalerilla camino de la segunda ducha y ni siquiera blasfemó cuando se percató de la ausencia de gel con que limpiarse a fondo las mucosidades ajenas. Chorreante delante de su taquilla comprobó la ausencia de la pulsera observando humillado a través de un cristal cómo una muchacha se zambullía apareciendo casi instantánea con la llavecita rescatada del fondo. Después de despedirse uno a uno del resto de bañistas huyó faltándole tiempo para acodarse en la barra del bar de siempre donde el camarero, viejo conocido, le preguntó por sus inmediatos deseos.

-Para mí una copa de Veterano y para mi hernia sacro-lumbar lo que ella quiera tomar. 

Ramón Díez

 

PENSAMIENTOS DE UNA INSOMNE

pensmientos de una insomneDe nuevo son las cinco de la mañana y no puedo dormir más. Hoy es laborable y tengo que ir a trabajar y por más que lo intente sé que no voy a lograr seguir en la cama por más tiempo.  Supongo que tienen razón los que dicen que cada uno tenemos un ciclo vital, los hay nocturnos y los hay matutinos; yo pertenezco al segundo grupo. Si a eso añadimos que tengo más de cincuenta años, el cóctel es perfecto.

¿Qué se hace a esas horas cuando el resto del mundo duerme?, pues parece que ni en eso soy original, te haces un café y pones la televisión. Hay quien se hace adicto al teletienda, hay pocas opciones, en mi caso al canal 24 horas de la televisión estatal que emite, cada media hora, el mismo telediario enlatado con las noticias del día anterior y que ya conoces. Como no me aporta nada nuevo, entre legaña y legaña, observo como viste el presentador, los zapatos que lleva la chica del tiempo (mi favorita) o el error en la grabación que también se repite cada media hora. Lo único que cambia es un relojito, en la parte inferior de la pantalla, que me indica el tiempo que me queda para seguir pegada al sofá y en periodo de adaptación.

Otra opción a esas horas es encender el ordenador, pero eso supone una concentración que mi cerebro solo está dispuesto los días en que El Inconformista está gestándose. Siempre hay algún mail que me ayuda a salir del estado catatónico y me obliga a leer, corregir, reenviar, contestar…

En este momento en la pantalla está la chica del tiempo, ¡no es la de siempre! ¡que decepción!, ¿estará malita?, ¿tendrá vacaciones?, ¿a esta gente le dan el día libre cuando el tiempo es estable?, abandono estos pensamientos para, arrastrada por mi condición de mujer, ponerme a recoger y ordenar todo lo que la noche anterior era incapaz. Mi madre me enseñó que antes de salir de casa hay que dejarla como una patena; la cama hecha, la fregada recogida y sobre todo los cojines del sofá ahuecados y en línea. Yo he añadido en esas obligaciones matutinas dejar la mantita del sofá bien plegada. Cuando vivía en casa de mis padres no había mantita en el sofá, bien porque no cabía, éramos seis en una casa de 58 metros cuadrados, o el recibo de la luz permitía poner la calefacción cuando la temperatura lo exigía.

Horror, el relojito me dice que me queda poco tiempo, que tengo que levantar el ánimo y ponerme en marcha; ahora sale ese político vasco que tanto me pone, ¿Cómo se llama?, a estas horas casi nunca recuerdo el nombre de nadie, tiene un apellido que parece un nombre propio… voy a tirar de Google para completar este artículo. Aitor Esteban Bravo, lo del segundo apellido me acabo de enterar, ¡que útil resulta la Wiki!, pero que decepción, nació en el 62, es más joven que yo (casi todo el mundo lo es), bueno no importa… me pone.

Tengo que terminar ya, decidir si envío esto a maquetar o lo envío a la papelera, aunque este mes El Inconformista es un poco corto y puede que esta estupidez sirva para llenar huecos.

Continuará…

EDITORIAL: VIVIR A OSCURAS Y CON FRÍO

España es el país de la Comunidad Europea que paga más en los recibos de luz. El precio medio subió un 18% en Europa desde 2007 mientras que en España se ha disparado un 52%.

En el último mes ha alcanzado máximos históricos en el momento que el país atravesaba una ola de frío.

Los motivos según el ministro de turno son: la falta de lluvia y viento, que impide la producción eólica e hidroeléctrica, la subida del petróleo, que afecta directamente al gas que utilizan las centrales de ciclo combinado y la paralización de algunas centrales nucleares en Francia desde las que antes importábamos electricidad cuando nuestro sistema lo necesitaba.

Puede que estos factores expliquen la subida de los costes, pero no la del recibo. El recibo de la luz tiene varios elementos además del coste de la energía, los impuestos: 21% de IVA y 7% del impuesto de electricidad. A eso hay que añadir los peajes regulados (¿?), las primas a las energías renovables, la amortización del déficit de tarifa (¿?) y el coste de las redes.

En resumen, sólo el 30% editorial 2del recibo se debe al consumo, mientras que el 70% restante son esos costes fijos que se pagan independientemente del mercado.

En este último porcentaje se incluyen:

–          El coste de transportar la electricidad desde donde se produce hasta la bombilla del salón

–          El pago a las compañías eléctricas por producir electricidad

–          Se paga por sus instalaciones, produzcan a no

–          Por el coste de ininterrumpibilidad, más de 500 millones al año, por si en un momento de picos de consumo hubiese que cortarles el cable, algo que no se ha producido en la última década.

¿No sería más lógico abaratar ese 70% que esperar a que llueva?

¿Es adecuado un 21% de IVA en un servicio básico?

¿Tengo que levantarme a las cuatro de la mañana a poner la lavadora y pasar la aspiradora?

Medio siglo de «Cien años de soledad» EL QUIJOTE EN EL CARIBE

La vida no cabe en un libro, pero quizá lo más parecido a ello sea Cien años de soledad. En ella están abiertas todas las venas de America Latina, y en Macondo cabe todo lo que hayamos vivido o soñado

Corría el año de 1967 cuando la editorial Suramericana de Buenos Aires publicó el libro de un semidesconocido escritor colombiano que iba a cambiar por completo la historia de la literatura en lengua española y, en cierto modo, de la literatura universal. La obra llevaba un título singular: “Cien años de soledad”, y su autor, Gabriel García Márquez, ejercía como periodista en Bogotá y se conocía su pasión por William Faulkner y su simpatía por la obra de Alejo Carpentier, un escritor cubano de padre francés, que en el prólogo a su novela “El reino de este mundo” (1949) había establecido las bases para una nueva forma de realismo que fuera capaz de abarcar la singularidad del nuevo mundo americano: “La historia de América -decía Carpentier- no es sino una crónica de lo real maravilloso”. Y por tanto una literatura que intentase dar cuenta de ello estaba abocada a una forma de “realismo mágico”.

De la conjunción de la narrativa faulkneriana -García Márquez siempre consideró a Faulkner más un escritor del Caribe que un escritor meramente norteamericano- y de las tesis de Carpentier sobre el «realismo mágico», como la forma más adecuada de capturar un mundo enteramente singular, para el que poco valían las fórmulas literarias europeas, fue naciendo la peculiar síntesis de la obra de García Márquez, que acabaría generando esa obra genial que es “Cien años de soledad”.

Pero a todo ello -y aún a más cosas, pues García Márquez le añadió todos los mestizajes posibles: desde la magia del indio a la diablura y erotismo del negro- lo sazonó en una marmita excepcional, y fue la de convertir su libro en una obra total como lo era el Quijote. García Márquez no sólo creó Macondo en la estela del condado ficticio de Yoknapatawpha, de Faulkner, sino que fue más lejos e hizo de Macondo una versión caribeña de La Mancha, emparentando su creación con la del mismísimo Cervantes.

García Márquez no sólo recreó todos los prodigios de una tierra de prodigios, como reclamaba Carpentier, sino que fue más lejos y recreó la realidad contada y la realidad vivida, todo lo vivido y lo soñado, con pasión e ironía cervantina, no sólo con la admiración del que contempla hechos extraordinarios, sino también con la amargura del que sufre con las derrotas, la ironía compasiva del que no mira las cosas desde la superioridad, y con la cabeza fría del que quiere sacar lecciones y experiencias de las cosas.

En «Cien años de soledad», como en el Quijote, no todo es exceso o locura o magia o sinrazón. Lo que domina es una vida contada sin ninguna restricción, sin ninguna cortapisa, sin escuadra ni cartabón. La historia de una saga, a la manera faulkneriana, pero una saga que atraviesa el relato como lo hacen don Quijote y Sancho Panza, dando cuenta de una realidad que es a la vez la cruda realidad y su fábula soñada. Una realidad donde cabe todo lo que cabe en la vida.

Creo que fue Carlos Fuentes -compañero de fatigas y amigo- el primero que comparó «Cien años de soledad» con el Quijote. Nada más leer la obra, vencido por el entusiasmo, escribió a su amigo Julio Cortázar para decirle. “He leído el Quijote americano, un Quijote capturado entre las montañas y la selva, privado de llanuras, un Quijote enclaustrado que por eso debe inventar el mundo a partir de cuatro paredes derrumbadas. ¡Qué maravillosa recreación del universo inventado y re-inventado! ¡Qué prodigiosa imagen cervantina de la existencia convertida en discurso literario, en pasaje continuo e imperceptible de lo real a lo divino y a lo imaginario!”.

Con similar entusiasmo, pero con una mente más analítica, Vargas Llosa puso enseguida el dedo en la llaga al hablar de «Cien años de soledad» como “una novela total”: “por su materia, en la medida en que describe un mundo cerrado, desde su nacimiento y su muerte y en todos los órdenes que lo componen -el individual y el colectivo, el legendario y el histórico, el cotidiano y el mítico-, y por su forma, ya que la escritura y la estructura tienen, como la materia que cuaja en ellas, una naturaleza exclusiva, irrepetible, y autosuficiente”. Como ocurre en el Quijote.

En el prólogo a la edición conmemorativa por los 40 años de su edición (publicada en todo el mundo hispano en 2007, en una edición extraordinaria de 500.000 ejemplares), su amigo Álvaro Mutis testimonia que: “Cien años de soledad no puedo leerla sin cierto sordo pánico. Toca vetas muy profundas de nuestro inconsciente colectivo americano”. Yo diría, hoy, que va más allá: que la novela tiene inquietantes resonancias míticas que tocan el inconsciente colectivo de toda la humanidad (los temas de Edipo y el incesto en el marco de las relaciones de parentesco de la familia Buendía es sin duda uno de sus temas esenciales), y más concretamente traza un preciso y oscuro mapa de las siempre conflictivas relaciones paterno-filiales en el mundo hispano, entre esa lejana y altiva “madre-patria” y sus hijos, siempre indecisos entre el amor y el odio. La novela incorpora además todo el insólito mestizaje del Caribe, quizá la única región del mundo donde es real, desde hace centurias, un mestizaje casi total de razas y culturas. Y aún tiene tiempo, en un destacado episodio de la novela, de recordarnos a todos el papel criminal del vecino del Norte.

Este libro inacabable, que tiene por verdadero esqueleto un árbol genealógico, en el que varias generaciones de Aurelianos y José Arcadios Buendías caminan ciegamente hasta el cumplimiento de una profecía que es su destino, está toda ella narrada en un lenguaje tan sencillo, poderoso y original que a ratos es comparada con el Quijote y a ratos con la Biblia, por la resonancia extraordinaria de sus palabras y el universo cargado de simbolismo que las acompaña. Todo un mundo recordado y oído, pletórico de sabiduría popular, resuena en estas páginas, llenas de un magnetismo tan irresistible como el imán que el gitano Melquiades utiliza en la primera página para seducir la imaginación desatada de José Arcadio Buendía.

Es posible que sea verdad que García Márquez ha muerto en la Ciudad de México en abril de 2014. Es posible. En cambio, es seguro de que cuando este año celebremos los 50 años de la publicación de «Cien años de soledad» Gabo seguirá vivo en la mirada de esos millones de lectores que se quedaran presos de esas palabras inolvidables: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas…”.

Manuel Turégano

DIFERENCIAS

Cargaban toda la compra en el maletero del coche junto al que Rebeca estaba sentada. Era viernes y avanzaba la tarde de aquella alegre familia hacia el fin de semana. Ella, en cambio, sonreía sin saber distinguir este día de cualquier otro. Dio un bocado de cuatro años al trozo de pan que mantenía firme con una mano mientras con la otra dirigía, hasta los ojos de los transeúntes, aquel cartel con la parte más amable de su biografía.

             Ángel Gálvez

4º FESTIVAL DE CORTOMETRAJES: REQUENA Y ACCIÓN

El 1 de marzo concluye el plazo para participar en la IV edición del festival de cortometrajes «Requena y… ¡Acción!»

Las bases se pueden consultar en la web del certamen

Tras la publicación de las bases de la sección oficial de la edición de este año de ‘Requena y… ¡Acción!’ el 10 de enero pasado, se abrió el periodo de presentación de cortos. El plazo de inscripción finalizará el 1 de marzo y está abierto únicamente a producciones nacionales.

Durante sus tres ediciones anteriores, ‘Requena y… ¡Acción!’ ha ido haciéndose un hueco en el espectro cultural actual y ha introducido la ciudad de Requena en el circuito de festivales de cine de la Comunidad Valenciana.

El festival espera superar este año el número trabajos recibidos en la última edición. ‘Requena y… ¡Acción!’ se celebrará el fin de semana del 5 al 7 de mayo en el Teatro Principal de la ciudad. Los objetivos del festival son, incentivar la creación audiovisual de cineastas noveles y acercar la cultura a personas de todas las edades y condiciones.

Las bases pueden consultarse en: requenayaccion.com      

«Cerebros Amueblados».

Estoy harta de la inteligencia ciega, de matemáticas que no cuentan, de libros que no enseñan; de profesores que pierden la paciencia, ahogados en café, notas y sueños rotos. Quiero ver salir el sol del éxito y no el léxico. Que aquí el que no respalda no apoya, y si no tienes plata ni oro tu cabeza no vale más que el asfalto roto. Vienen a decirnos que somos inteligentes pero el futuro se divide en tontos y los del alarde. La educación no busca personas, busca dieces, números incesantes que escapan a la lógica, a pesar de que ésta es la única inteligencia que vale.
Reválidas, evaluaciones, consejos escolares… ¿De qué me sirven si no aprendo?, sólo recuerdo momentáneamente: se llama memoria selectiva, y en mi selección no está la ecuación del mérito. A esos alumnos desganados les echan la culpa, pero es que su mayor motivación es una mosca en la pizarra. Qué pueden exigir al alumnado si nos quitan el arte y la cultura, las dos únicas cosas que nos permiten volar a mayor altura.
Al final señores diputados, delegados, consejeros, políticos seleccionados, ustedes son los culpables de la pérdida académica, con sus reformas detestables, sus sistemas para mentes huecas, sin cambios relevantes desde hace más de cien años.
Nuestras cabezas no son un puzle, son flores abiertas, y las flores necesitan respirar para crecer y tener alguna descendencia.

Minerva

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