El Rey de la mundanidad

No hay ya nada que hacer. El ciclismo te atrapa, y no es el del Tour de Francia. El surrealismo cotidiano da una contundente pedrada y rompe tu ventana, para que entre la brisa, para que pase la primavera y te penetre; luego alumbras una buena alergia de esas que rejuvenecen el espíritu, y sales volando por la puerta que has reventado a base de cabezazos. 

 Había una débil luz al fondo. Casi habías olvidado cómo era sentirla en esa piel que ya no es broncínea, que ha perdido el color y está pintada de un pálido blanco cenizo. Escuchabas voces nacidas al otro lado, ecos de remembranzas diluidas. Veías chispas cuando cerrabas los ojos, centelleos granates que pintaban el negro, dándole un brillo que lo hacía aún más oscuro; ondas de tinieblas rellenando los surcos de las paredes, los arañazos en el acero, las quemaduras en las sienes; hora de salir.

Porque la ventana vomitaba amagos cromáticos en esa estancia plomiza, rayos ilusorios que bosquejaban las posibilidades exteriores en ese suelo resquebrajado en que las malas hierbas se abrían paso. 

Escuchabas aquella canción una y otra vez. Los primeros acordes entraban en ti como una enfermedad. El bajo marcaba el pulso del submundo. Las voces invadían la habitación como una estruendosa y caótica algarabía de manicomio. Todos los locos vivían en ti. El humo iba quedando impregnado en las paredes y en el techo, colapsando el ambiente. Cabezas que estallaban, botellas haciéndose añicos, sonrisas suspendidas en el aire y ojos crujiendo al abrirse y cerrarse. Un letargo demasiado largo. 

Al fin has salido. Las calles nunca han olido mejor. Ha desaparecido el mefítico rastro de pérdida que las impregnaba; se lo tragó la alcantarilla o ascendió a los cielos amarillos. Ahí estás, expuesto en un escaparate, prístina sonrisa en los labios y un guiño que emite un fulgor especial. Ahí donde hemos estado todos: espaldas apoyadas contra la pared, cintas en el pelo, zapatillas destrozadas, camisetas manchadas, saliva gorgoteando de la boca, aguardando un balonazo; futuros que han sido barridos. 

Las calles están vacías y nunca resonaron mejor. No quedan taxis, autobuses, coches patrulla ni motos trucadas en estas vías adoquinadas, en los senderos de esa habitación sin cuarta pared. Puedes gritar, saltar, bailar y nadie irá a detenerte; tampoco a sumársete. No queda nadie en esa Gran vía de luces fundidas. Las bombillas rotas son ondulantes océanos que te llevan, acunándote fríamente. 

 Sales al fin a impregnarte de esa primavera que llueve como fuego de los árboles. Te sientas en una solitaria mesa de una terraza, tomas tu café solo y fumas media docena de cigarrillos. Garabateas cualquier cosa en tu ajada libreta, quizá alguna idea furiosa, un sueño olvidado, una meta difuminada, unos versos torcidos. Pateas las calles que haces tuyas, te relacionas de nuevo; es el despertar a un mundo que habías dejado atrás. Vuelve a mezclarte con esa farándula que olvidaste, ponte la máscara y ríe como un demonio. Sé un ejemplo a seguir, luego, bajo mano, urde los planes que mejor te convengan. Bendice a todos con el perfume que robaste del Infierno y sé un santo para los que dejaron de creer. Cree en ti, cree en que la vida es buena y sigue adelante. 

 Escucha unas rumbitas el domingo por la tarde, empápate de sidra y cerveza, ríe a carcajadas cuando muera la noche, vanagloriándote de que sigues vivo, de que nadie ha podido exterminarte. Roba unas cuantas sonrisas, produce miradas que derritan edificios y recita unas cuantas epopeyas de sexo y violencia. Inúndate del calor de la gente, acércate a cualquier persona que te guste y consigue sacarle los colores con unos cuantos gestos y dile: «Eres el sol que se sonroja cuando me acerco». Eres la noche para él o para ella, eres la pieza que faltaba en tanto puzzle incompleto.

Escucha una conversación entre tus amigas: «Quedamos y nos arreglamos, y puede que nos toquemos las tetas, y quizá luego nos masturbemos la una a la otra»; fantástico. Que te bauticen todas esas historias y te hagan renacer como el rey y el azote de todas sus andaduras.

Sé su luz, sé su música, sé su motivo y también su pena, su arrepentimiento; sé el error que cometerían una y otra vez, en mil ocasiones hasta perder la cabeza, tal y como tú lo hiciste en tu ausencia en aquella habitación cerrada. Vives rodeado de profanos y frivolidad. Sé, pues, el rey de la mundanidad. 

Salva Alberola

 

DUELO

A esos dos hombres les separaban unos cuantos metros. Sus miradas se cruzaron un instante y acto seguido el más alto extendió las manos al tiempo que su cuerpo se agitaba nervioso de lado a lado sin apenas desplazarse. El otro se dispuso a fusilar, con frialdad extrema, al enemigo de aquel día. Sin más dilación disparó. Vio cómo su rival alzaba sus manos abiertas y caía hasta el suelo. El certero disparo le había entrado por la parte izquierda. Extendido en el suelo quedó quieto, parecía muerto. Entre leves lamentaciones, la multitud, enloquecida, gritaba ¡gol, gol, gol!…

Ángel Gálvez 

COMER POR UN EURO: Corona de arroz con marisco

Ingredientes:

 Una lata de pimientos del piquillo

Un pimiento verde

500 grs. de carabineroscomer por un euro 1

Una cebolla

Un manojo de cebollino

Un tomate

200 grs. de arroz

Media copa de coñac

Elaboración:

 Hervir el arroz con un caldo de pescado durante unos dos minutos.

Pochar la cebolla y añadir el pimiento verde muy picado y el rojo en tiritas muy finas. Cuando esté hecho, añadir el tomate pelado y en daditos.

Flambear con el coñac y cuando se apague, añadir los carabineros cortados en trozos pequeños. Dar una vuelta y rectificar de sal.

Sazonar con el cebollino picado, rodear con la Corona de arroz y servir.

Rebelde con causa

El Mundo de la Farándula

Existen toda una suerte de personajes a mi alrededor: trapecistas, payasos, equilibristas, y cada una de las variantes de creadores y representantes del circo que es la sociedad hoy en día; el mundo se está desmoronando a mi alrededor y no sé cómo frenar tal catástrofe. El planeta gira rápido, demasiado; tanto que temo que en cualquier momento pueda desanclarme de su superficie y salir despedido al espacio profundo, reventando en ese panorama vacío y helado o vagando eternamente en la negrura universal. 

El postureo invade todos los grupos de personas que conforman los habitantes de esta y las demás ciudades de nuestro mundo. Es algo que está tan extendido que me parece ya irrefrenable. La mayor parte del ganado parece no darse cuenta de que lo es. La gran masa, los robots neutralizados por las invasivas y atractivas tecnologías. Quizá no haya que reflexionar sobre esto, sino preguntarnos, cada uno de nosotros, si somos cabras u ovejas, porque negar el hecho de que, en efecto, pertenecemos a un ganado homogéneo, masificado, clónico, lamentable y en proceso de degradación, sería tan ingenuo como negar la propia existencia. Pienso luego soy ganado. Solo deseo apartarme, salirme, aunque sea solo un poco, para evitar que cualquier día una de esas jodidas pantallas luminosas me absorba y pase a formar parte de un eslogan publicitario y manipulador sobre un producto inútil que nadie, en su sano juicio, creería necesitar jamás. 

Lo veo constantemente, a todas horas: gente haciéndose selfies ante los monumentos, al caminar por las calles, al detenerse frente a un escaparate, al tomar un café en una terraza, o una copa en un pub, o al bailar en la discoteca. Selfies de almuerzos, comidas, meriendas y cenas en las terrazas de Madrid y los pueblos de alrededor, selfies tomando el sol en la Malvarrosa, selfies viajando de acá para allá en coche, o caminando entre contenedores y basureros, selfies al entrar en la ducha, al salir, mientras se duchan, selfies al sentarse en el retrete para evacuar, selfies cocinando, durmiendo, despertando, leyendo, fumando, escribiendo, follando… Selfies en una gala de los Oscar, en un partido de fútbol el domingo, selfies al comprar cualquier mierda, al abrirla, usarla y venderla, selfies al cobrar la nómina de un empleo basura, selfies al caerse, hacerse una herida e ir al hospital, reportaje de una recuperación, selfies en bragas, gayumbos, sujetador y topless, selfies en el gimnasio, en la farmacia, en la cola del paro, del supermercado y en la del banco, selfies al madrugar y ver salir el sol, al ascender la luna y al ver un castillo de fuegos artificiales. Selfies al construir el porro perfecto, al meterse una raya o al inyectarse una dosis del estreno de la última temporada de la serie de moda. Selfies en el cine, con la pareja, con los hijos recién nacidos, con los gatos y perros, en las hamacas, en los aviones, taxis, autobuses y junto a los vagabundos de la Gran Vía al aparentar tirarles una moneda. Selfies al ver una radiografía, al contraer una enfermedad, selfies en funerales y selfies al morir. Selfies de selfies, metaselfies, tantos que mi cabeza estalla y salpica de vísceras a todos mientras se hacen un selfie, mi cuerpo reventado de fondo, semidesenfocado. Si hay alguno inexistente, en un breve período de tiempo quizá sea la moda que, la odien o no, seguirán todos los borregos a rajatabla. Pequeñas cabritas que visten y se comportan de formas que odian solo para poder decir que están a la última, seres vendidos sin personalidad, robots en busca de una inmortalidad que el propio cáncer de su falsedad les impedirá alcanzar. 

Existe el postureo satírico como crítica al verdadero postureo, luego está el que funciona como retrato o crónica de una cotidianidad o de unos actos más o menos extraordinarios, y luego está el auténtico postureo, el del tipo que fotografía la copa de whisky de su colega en un pub para subirla a Instagram y añadir como pie de foto “De fiesta con los mejores”, o cualquier frase similar. No me parecería mal si hubiera certeza y autenticidad en ello, pero el caso es que dicha persona hará la foto y no tomará ni un sorbo de la copa, porque no es suya, porque ni siquiera le gusta el whisky, y porque quizá no se lo pueda permitir y pretenda mostrar en las redes sociales una vida glamourosa muy alejada de la suya, en un intento por ascendel mundo de la farandulaer a la «jet set» desde la realidad virtual que él mismo ha creado en el mundo paralelo de la tecnología y la simulación. Hasta este punto hemos llegado, y sería para dar gracias si este ejemplo fuera el peor de todos; nada más lejos. Me temo que esas personas no son conscientes de que el tiempo que toman para hacer la foto, escribir la mentira, subirla y esperar a comentarios, aprobaciones y demás chorradas, es tiempo que no recuperaran jamás y que podrían haber empleado en disfrutar del momento que tenían delante, ese que aparentemente vivían pero que esquivaban inconscientemente. Esta tecnología que nos oprime fingiendo liberarnos, estas manías, estas adicciones a ella, esa obsesión por tratar de aparentar más que por vivir real e intensamente, es lo que está matando a millones de seres humanos y pudriendo sus cerebros a un ritmo alarmante. 

Todo esto no es más que un circo, un juego… Es el mundo de la Farándula, de la pseudorealidad, las mentiras y apariencias, los reality shows, la televisión basura, el arte como producto, la masificación y el bombardeo de la publicidad en un intento por vendernos el simple entretenimiento exterminando la profundidad y autenticidad que antes persistía. Nos pudrimos, nos morimos lenta pero constantemente; vamos de la mano camino de la destrucción. Pero tranquilos, que nadie se alarme, que no es más que un juego, una realidad virtual, una representación que trata sobre la apariencia, una obra de teatro, un sueño, una gran broma… cada cual que lo llame como quiera, pero que siga convenciéndose de que es un juego, pues sino la realidad colapsará. Habrá quienes representen un papel vital autoengañándose y habrá quienes realmente sean actores, se introduzcan en ese podrido sistema de aniquilación de personalidad y se aprovechen de él, extrayendo todo su jugo hasta dejarlo mustio, hasta reducir la tremenda erección del enorme pene de la falsedad y dejarlo en no más que un ridículo y flácido apéndice que no pueda penetrar ni una mente más. Solo entonces seremos libres; hasta entonces seremos violados, de forma consentida, hasta que no quede nada de nosotros y nuestras entrañas se hayan licuado, escapándosenos por todos los orificios de nuestro pútrido cuerpo. ¿Qué hacer entonces? Más que obvio: tomar un selfie y compartir nuestra agonía; que la rueda siga girando y el juego no termine. Juguemos un día más a esta ruleta rusa contemporánea, hasta que se nos acaben las balas y debamos inventarnos una nueva farsa para suicidarnos mentalmente. 

Salva Alberola

 

El hombre que espera

Que el tiempo ha sido siempre una perturbación para el hombre, un objeto de intenso debate y un tema clave de reflexiones y meditaciones, no es ningún misterio. Es algo contra lo que no se puede luchar, es invencible.

Algo que parece muy contemporáneo –ultracontemporáneo, diría más de uno–, es esperar. Dicho acto consiste en dejar pasar el tiempo sin hacer nada, solo aguardando a que cualquier cosa suceda. Hay muchos impacientes, muchas personas cuyas ansias les pueden, les superan, y se inquietan y ponen nerviosos ante el arcaico acto de esperar.

Hay que moverse, está claro, ser echado para adelante, como suelen decir, pero por desgracia en demasiadas ocasiones no nos queda más remedio que esperar. Eso es lo que te dicen: espera pacientemente… Como si el que te lo dice hubiera descubierto el secreto de la vida eterna y dispusiera de unas cuantas décadas para echar por la alcantarilla, esperando. ¿Esperar para qué? Pues, obviamente, para casi todo.

Espera para conocer los resultados de un examen, una prueba, lo que sea. Espera una llamada, un WhatsApp, uEl hombre que esperan correo electrónico, una respuesta a una pregunta, invitación, incitación o comentario cualquiera. Espera a que te llegue el sueldo cuando te has quedado pelado a mediados de mes, espera milagros en lugar de salir a buscarlos. Espera la llegada de las vacaciones, del verano, del día libre a la semana, para después ver cómo se consume con malvada rapidez. Y ya desde la infancia: espera a ser mayor, espera a tener la edad suficiente como para beber, fumar, conducir y entrar a un prostíbulo. Espera para poder votar y aun así ver cómo el país se va por el desagüe. Aprende a esperar, a no desistir ni renunciar, a no provocar un caos tan descontrolado que te sorprenda a ti mismo, fruto de las ansias que te dominan. En el mundo editorial: manda cualquier abominación salida directamente de tu enfermiza mente, sin filtrar ni adecentar, y espera una respuesta pacientemente, que puede tardar meses; la escritura lleva su tiempo, es un proceso lento… Es lo que dicen. ¿pero qué proceso no es lento, hoy en día? Espera para obtener un empleo mal remunerado y luego espera a que te echen para poder cobrar el paro. Espera en las colas del supermercado, del banco, espera a que te atiendan al teléfono, a que se rían de ti al otro lado de la línea, espera a que deje de llover para poder salir a pasear a los perros sin ducharte prematuramente, espera el estreno de la película que llevas años deseando ver, el nuevo capítulo de esa serie que no te permite despegarte de la pantalla. Espera, espera y espera.

Visto así, uno llega a pensar que, entre dormir y esperar, se nos van dos tercios de la vida en actos inútiles en los que solo permanecemos, sin realizar acción alguna. Tendríamos que vivir mil años para que las esperas no acabaran con nosotros.

Aquel que posea el gran secreto que se dedique a esperar; el resto deberíamos comenzar a actuar, y al que nos mande esperar, sortearlo y seguir por nuestro camino. Porque lo único que pasa de largo al final, mientras uno espera cualquier chorrada, es la vida, y que se sepa solo tenemos una.

 

CARME CHACÓN

Todos recordaremos a Carme Chacón por ser la primera mujer al frente de la cartera de Defensa, que tomó posesión embarazada de siete meses. Pero también fue la primera en este ministerio que apostó por separar la Iglesia del Estado, modificó la normativa para eliminar los símbolos religiosos del Ejercito y que la asistencia de los soldados en los desfiles religiosos fuera voluntaria.

Apostó por cumplir que España es un estado laico también en su vida privada, su familia fue de las primeras en apostatar, para conseguir que sus datos se borrasen de los registros de la Iglesia. Batalló dentro del gobierno de Zapatero para sacar adelante esa Ley de libertad religiosa que otros compañeros de gabinete consiguieron aparcar.Carme Chacón

Renunció a las primarias, en la primavera de 2011, cuando una serie de barones, con Patxi López a la cabeza, amenazaron con tumbar a Zapatero si no apoyaba a Rubalcaba como candidato sin primarias. Unos meses después, Chacón compitió contra Alfredo Pérez Rubalcaba en un congreso donde salió derrotada por solo 22 votos y 11 compromisarios. Tras perder guardó silencio que solo rompió para proponer una comisión de investigación sobre Bankia que algunos de sus compañeros no deseaban.

Fue ministra de Vivienda y puso en marcha la renta básica de emancipación con una ayuda al alquiler de 210 euros para jóvenes de menos de 30 años. Creo una desgravación para las rentas más bajas por el pago del alquiler. Impulsó una de las medidas con el tiempo más cuestionadas: el desahucio exprés. Chacón pretendía fomentar el alquiler frente a la compra dando más seguridad jurídica a los arrendadores para que así aumentase el número de viviendas disponibles. Tras la explosión de la burbuja, su reforma sirvió para desahuciar a familias vulnerables tras los primeros impagos de alquiler.

Chacón fue una política comprometida con sus ideales y coherente. Supo mantener una buena relación con la Casa Real y consiguió llegar al Ministerio de Defensa, mantuvo las tropas en Afganistán, apoyó el ataque a Libia… pero con sus aciertos y errores ha sido una de las políticas más honestas y valientes en la historia de España.

Tenía solo 46 años y deja un hijo de ocho.

Descanse en paz

Mambrina

 

NUESTROS INCONFOMISTAS: Carmen Castro García

Catarata acaba de publicar “Políticas para la igualdad” de nuestra amiga y colaboradora Carmen Castro, activista feminista desde hace más de 30 años. Doctora en Economía por la Universidad Pablo de Olavide.

Políticas para la igualdad.

Permisos por nacimiento y transformación de los roles de géneroNUESTROS INCONFORMISTASLa baja maternal, el seguro de maternidad o la compatibilidad del derecho a los cuidados con el derecho al trabajo de las mujeres son ejemplos de las llamadas “políticas familiares”. Pese a los avances que han promovido, la igualdad de género dista de ser una realidad plena en Europa y el resto del mundo. Las mujeres siguen especializadas en los trabajos de cuidados, lo que condiciona su autonomía y su inclusión en el ámbito laboral y político. ¿En qué medida los estados de bienestar europeos, a través de las políticas públicas y su giro neoliberal, han sido cómplices de la persistencia de la división sexual del trabajo y del desigual reparto de responsabilidades entre mujeres y hombres? ¿Cuál ha sido la influencia del modelo de la mujer-madre y sus discursos maternalistas en las desigualdades que afectan a las mujeres? ¿Es posible concebir una sociedad democrática sin plantearse la democratización de la familia ni la corresponsabilidad y socialización de los cuidados? ¿Cómo abordan estas cuestiones los distintos debates feministas? Si bien las políticas públicas pueden ser un instrumento para la transformación de los roles de género y del modelo de sociedad, no todas las políticas públicas tienen el mismo alcance ni todas son diseñadas con estos fines. Los permisos por nacimiento son una de las piedras de toque para calibrar la repercusión de dichas políticas en materia de igualdad. Siguiendo la evolución de estos permisos en más de 25 países europeos, Carmen Castro analiza tanto los enfoques y tendencias como los efectos que han tenido sobre el comportamiento masculino en las sociedades europeas y aporta pistas para vislumbrar, en el actual contexto de crisis, qué nuevos escenarios se abren para la (des)igualdad.

 

Es valiente salir hoy a la calle con una nueva publicación, aunque sea un buen libro y este de Carmen lo es. Un acontecimiento literario y un auténtico festín para el lector, un libro prácticamente obligatorio.

Mis contradicciones

Ante la hoja en blanco de mi artículo de abril, intento poner orden al caos de ideas que pujan por imponerse en negro sobre blanco. Son muchos los estímulos que un mes hermoso podría proporcionar, muchas las posibilidades que la próxima Pascua nos ofrece, en especial a los que vivimos en esta zona de confort, pero son también demasiados los terribles sucesos que proyecta la actualidad como para pasar por alto los recientes  acontecimientos de Siria, los ataques con armas químicas en el pueblo de Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, al norte del país, las crueles imágenes de las víctimas, y por otra parte la respuesta de Trump, que unilateralmente ha decidido abrir fuego contra las tropas de Bachar el Asad, lanzando misiles sobre la base aérea de Shayrat, en la asolada ciudad de Homs. O cómo no mencionar el muy reciente atentado en Estocolmo, donde un camión se ha abalanzado sobre los transeúntes, matando al menos a cuatro de ellos y dejando heridas a muchas más personas. Es obvio que no se precisan bombas ni armas para matar, solo hace falta querer hacerlo. Ciertamente ya nadie estamos seguros en ninguna ciudad del mundo, aunque sin lugar a dudas los riesgos se potencian sobremanera en determinadas zonas de Oriente Medio. Y en este ir y venir geográfico desde ciudades cálidas, situadas en el epicentro de conflictos bélicos, a ciudades frías y tradicionalmente pacíficas, mis dedos van dibujando las palabras que les dicta mi pensamiento. Pero debo ser contradictoria y mi mente muy caprichosa, porque sobre todos estos hechos sombríos una imagen, la de Victoria, se impone a las demás, seguramente porque la he visto esta tarde cuando volvía a casa.

Victoria es una mujer rumana cuya edad no podría precisar, una señora morena, muy repeinada con el cabello atado en una cola, de ojos oscuros y mirada melancólica, que desde hace años ocupa una esquina transitada, intentando que el sonido de su acordeón se imponga sobre el bullicio del tráfico. Se sienta sobre una banqueta plegable, a veces lleva un perro con ella, no siempre, pero invariablemente hay a su lado un carrito de la compra y delante suele haber una caja de cartón en la que la gente echa sus monedas. Sé pocas cosas de su vida, y ella todavía sabe menos de mí, pero siempre que la veo nos dedicamos como mínimo una sonrisa y nos deseamos salud, mucha salud. Ella habla ahora un castellano correcto que ha ido perfeccionando con el tiempo, porque lleva ya muchos años aquí. Hoy estaba contenta porque hace una temperatura ideal, y para ella la meteorología es decisiva. Al despedirnos le dije que quizás estuviéramos unos días sin vernos porque viajaré estas vacaciones de Pascua. Y ella me deseo buen viaje y que disfrutase mucho de todo, mientras yo me alejaba y pensaba en lo cruel que podía ser para ella el comparar su vida con la mía, en lo injusto que es nacer en una u otra parte del planeta, en la arbitrariedad que supone caer en una u otra familia, en un tiempo o en otro tiempo… Y mientras yo pensaba en todo eso aún resonaban en mis oídos sus últimas palabras: salud, mucha salud.

Hoy tenía previsto preparar el equipaje, pero una especie de vergüenza me lo impide. No es que vaya a cancelar mis vacaciones como protesta por las injusticias del mundo, ni tampoco le llevaré el importe del viaje a Victoria para que tenga al menos garantizada la supervivencia durante los días de lluvia. No haré nada de eso, pero la maleta la dejaré para mañana.

Desconozco cómo ocupa Victoria su tiempo, fuera del horario musical, sé que vive en una habitación realquilada cerca de su esquina y de mi casa, y sé también que no está sola, tiene al menos a su marido; no sé si él trabaja, si también es músico… pero, por la forma en que ella habla de él, creo que se aman. Salud, Victoria, mucha salud.   

Mis contradicciones de Eloisa BlancoMaría Valeska

 

DE FACEBOOK A LA ETERNIDAD : Querido Stalin

Querido Stalin, no voy a negar que me ha producido cierta sorpresa tu solicitud de amistad en el Face, aunque no tanta. No tanta. El tiempo le otorga un extraño color a las cosas, las pequeñas rencillas, las discrepancias ideológicas, los intentos de asesinato acaban diluyéndose en los litros y litros de años transcurridos, y se hace más denso ese poso de contemporaneidad que compartimos, esa coincidencia con peso específico en el espacio y el tiempo.

En fin, que tampoco quiero caer en la nostalgia, a mi edad.

Sí te diré que, puestos a morir, creo que es infinitamente más glamouroso morir asesinado, y a manos de un hombre guapo- Ramón lo era, español y guapo- , que en la cama, de algo tan vulgar como la hipertensión.DE FACEBOOK A LA E.

Ya vi que la posteridad, esa máquina etiquetadota, te ha colocado entre los más crueles dictadores de la historia, no sé qué opinas al respecto. La Wiki dice que en occidente eres visto como un tirano brutal pero en Rusia sigues teniendo cierto tirón. En un estudio realizado por la televisión estatal para determinar cuál era el personaje ruso más popular, salías en el puesto número tres. A tu edad y encabezando la lista de los 40 principales, no te quejarás.

Justamente hoy pensaba que el mundo no ha cambiado casi nada en este último medio siglo. Casi nada. Por fuera sí, los hombres ahora se depilan, las mujeres engendran hijos a distancia, sin necesidad de ser penetradas, la vida se ha convertido en una partida a tres bandas, en la que la bola roja es el Facebook, el twiter, el youtube o los blogs. Sin embargo, por dentro, la estructura del mundo apenas ha variado en todos estos años, quién nos lo iba a decir a nosotros, que vivimos todos los cambios posibles, que imaginamos todos los cambios posibles menos este, el no cambio.

No pienses que no he llegado a comprenderte. Tanto tiempo tumbado, dedicado a la pura contemplación, hace que uno comprenda hasta al carnicero de Rostov. Sé que ya no podías parar, que una vez empezaste con la poda, te quemaba en las manos la cizalla de la desconfianza, zas, zas, era ya una adicción, el enemigo te acechaba, zas, la iglesia, la burguesía, los diversionistas, zas, los ucranianos, tus propios compañeros de partido, zas, hasta dónde, zas. No me hubiera sorprendido que un día te cortaras una mano, por sospechar que firmaba acuerdos secretos a tus espaldas. Tantas sombras amenazándote- la barba de Lenin se dibujaba claramente en una de ellas- y ninguna tan grande como tu propia inseguridad.

Hace tiempo que he dejado de preguntarme qué hubiera sido de la historia si… hace tiempo que sé que tres puntos sólo significan tres finales seguidos, y que todo final es una ficción. Que la historia es lo suficientemente autónoma como para encontrar su propio camino, más allá de lo que le marquen los individualismos, por notables que sean. La historia es ese rodillo gigantesco que nos ablanda. Nos ablanda.

En fin, que por mí, el piolet de guerra está enterrado, sin rencores.

¿Siguen gustándote los retratos de hombres desnudos de aquellos artistas rusos de principios del XX? ¿Y la mermelada de pétalos de rosa? ¿Aún te subyugan las interpretaciones de Mariya Yúdina?

Si tienes página de fans, házmelo saber para que le dé al Me gusta.

Estamos en contacto,

Trotsky.

Bárbara Blasco

 

BAROLOGIA: ELOGIO A LA COMPLEJIDAD

Parece ser que el ser humano tiene una lógica lineal, incluso cuando hacemos los sudokus, solemos hacer descomposiciones lineales, solo cuando está avanzado, de una ojeada encontramos el que falta. Vivimos una época de extrema linealidad, de economía conceptual que a través de la lógica digital consigue buenos y hasta espectaculares resultados.

El lenguaje refleja esta nimiedad, un ejemplo si veo al presidente de Cataluña con su flamante Ministro de asuntos exteriores o como se llame paseándose por Estados Unidos con cara de satisfacción, puedo decir, tienen una cara de regalada gratuidad e impunidad para encajarse prescindiendo de todo desarrollo de antecedentes,   o también utilizando los Evangelios, siego donde no sembré y recojo donde no esparcí (1), estas dos figuras anteriores están sujetas a la interpretación, lo eficiente es decir, son patéticos, esto es definitivo.

A veces el salto chapucero y difícilmente irrefutable por su simplicidad abusona, es aplicar lo que sabemos a otra cosa de naturaleza diferente, hace poco un amigo me decía que su hija cuando estaba disfrutando de una corrida de toros televisada, le dijo “parece mentira que te gusten los toros, ¿ te gustaría que te clavasen unas banderillas o un estoque?”, este amigo parsimonioso, le dijo “es que yo no soy un toro”, yo simplemente le hubiera dicho “deja de molestar”, ya que si no entiende la diferencia entre la naturaleza del hombre y del toro, para qué seguir.

Explicar lo complejo no es fácil, cuando Lorca define “el duende” en el toreo, es una abstracción gráfica, de una gran belleza (2). Y lo más importante lo complejo tiene múltiples interpretaciones, el toreo para Ortega y Gasset “es geometría”, para Alexandre “es comunicación”. Y por supuesto muerte, palabra maldita, con la que las sociedades antiguas y también las rurales convivían con naturalidad, se mataban los pollos, los conejos, lo cual suponía una cierta fiesta que daba un extra proteínico; ahora las ciudades conjurando el celofán y el plástico, alejan la muerte con la consecuencia. Otros llevan la consecuencia hasta lo último y la simplificación hasta la inconsistencia evolutiva de la humanidad, se imaginan que nos tuviéramos que alimentar de vegetales sin cocinar. No preocuparse todos los sistemas religiosos o de creencias tienen explicación, que para eso son sistemas cerrados.

Realizado el camino inverso, de no gustante de toros, a converso paulino, cuando por allá mis años no tan mozos asistí a una corrida en Ciudad Real, esa zona donde el español tiene tintes cervantinos, con sabios de tendido de sol y les juro que no eran bronqueras. Me quede maravillado por la complejidad de lo que ahí pasaba, Después de muchos años, intentando definir mis arcanos, enumeraría el primer lugar la muerte bidireccional, que crea dos polos épicos el miedo y el valor, sentimientos que nos son muy conocidos pero llevados a extremos polifémicos. La plaza, como espacio vivo corbusiano en lo funcional y atómico en lo inestable.

Después vinieron las lecturas, dos a señalar, Tauromagia de Guillermo Sureda y Memorias de Clarito. Creo que esta sección se llama barología, y como todavía no he ido a ver la película de Àlex de la Iglesia, me justifico recomendando los anises Machaquito y Bombita, ambos elaborados en Rute Córdoba, de forma artesanal, por supuesto el seco y con mucha moderación. En el futuro gracias al judío sefardita, Simón Casas (3), que está reformando la fiesta, que buena falta le hacía, antes de ir a los toros una buena copa de Armagnac, siempre también con moderación y acompañado de un lancero (4) interminable, ¿y por qué no?, tarareando la Carmen de Bizet. (5)

Julio García

 

  1. Versículo del Evangelio de San Mateo donde se insinúa la alegría del milagro de los católicos después de largos caminos de sufrimiento, Citado por Lezama Lima en Paradiso.
  2. Conferencia, Teoría y juego del duende: “España, es el único país donde la muerte es el espectáculo nacional, donde la muerte toca largos clarines a la llegada de las primaveras, y su arte está siempre regido por un duende agudo que le ha dado su diferencia y su calidad de invención.”
  3. Simón Casas, empresario taurino de las plazas de Nimes y de las Ventas, cuando accedió a la plaza de Madrid, cierta prensa conservadora se escandalizó.
  4. Lancero, un tipo de puro estrecho, largo y de larga duración, el más conocido es el lancero de Cohíba, pero para los pobres mortales como el que ha escrito este articulillo se puede sustituir por puros de parecidas características de origen dominicano, nicaragüense u hondureño, de precio más asequible, aunque no barato, pero ya se sabe, “els diners i els collons per a les ocasions”.
  5. En una corrida de la feria de Nimes, el paseíllo se hizo al ritmo de Carmen, en algunas plazas se están introduciendo pasajes de operas junto a los pasodobles y que no falten.
Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar