– Hablemos de la magia.
– Hablemos de la nada.
– Hablemos de esa magia que es tu cuerpo sobre la almohada.
– De tu risa, de tu fuego, de tu respiración acelerada.
– Hablemos primero de tus silencios.
– Hablemos de lo que callas.
– Hablemos de eso que es secreto pero que en tus ojos estalla.
– Háblame de la música de tus versos.
– Enséñame el alma de tu guitarra.
– Dejemos a los miedos debajo de la cama.
– Un segundo, yo no puedo. Son mi canción de nana.
– ¿Duermes en el miedo?
– El miedo pone recta mi espalda, mientras tus manos hacen de mi cuerpo la postura de la gata. Suave, pero afilada.
– Tú me diste una puerta.
– Pero yo necesito una ventana, para gritarle al alba en esas noches que no duermo, donde tu ser me arrasa.
– Yo sólo duermo.
– Tú sólo callas.
– Siempre hablo.
– Pero no barajas. Sólo tengo la seguridad de las sábanas, donde mi cuerpo tiene su sitio, como las luces de ese techo que apagas.
Sarah Martinez