El juego político

Dicen que el juego político exige cierta paciencia por parte de los ciudadanos y que la democracia lleva aparejada una confrontación dialéctica entre los partidos. Pero llevamos un año escuchando a los portavoces de los partidos, a los periodistas, a los tertulianos televisivos, a los parroquianos de los diferentes bares que frecuentamos y a los locutores radiofónicos de turno. ¡Y yo no puedo más! Me siento incapaz de soportar dos meses más de bombardeo electoral con los mismos personajes y los mismos discursos. En los últimos días de esta locura de mini-legislatura ya no me importaba a quien se investía presidente, con tal de que se pusieran de acuerdo.

Y mientras la vida sigue, la mayoría de la población no llega a final de mes, ya no quedan agujeros en el cinturón para ajustarlo más, las reservas de dinero y moral se han agotado. Las esperanzas depositadas en un nuevo tiempo político se han quemado; y nadie parece darse cuenta o peor, nadie se atreve a decirlo, nadie se atreve a reclamar un poco de respeto y de consideración para los que tenemos que bregar todos los días con esta situación de desgobierno que creíamos había terminado el 20D.

Los partidos emergentes no se conforman con su trozo de pastel y están convencidos que unas nuevas elecciones les proporcionarán unos datos más dulces. Los partidos sumergidos alternan sus actuaciones entre dentro y fuera con la esperanza de que el terror a lo nuevo y a que la tarta se rompa de tanto trocearla, influya en la decisión de los sufridos ciudadanos el próximo 26J. Y vuelta a empezar, aunque el tablero político de diciembre sea el mismo en junio, aunque las encuestas vaticinen un resultado incompatible con las actitudes excluyentes, aunque es necesario el cambio político, que este se convierta en política real, en empleo, en la recuperación de derechos desaparecidos durante el gobierno del PP, en un pacto educativo, en la reforma de las instituciones…

Y nos querrán vender el cambio de nuevo, aunque no expliquen en que, o donde. El cambio por el cambio. Una mayoría opinamos que hay que cambiar las políticas de austeridad impuestas por el anterior gobierno, pero cambiar por cambiar no. No debemos perder de vista cual va a ser ese cambio, si algún día o en alguna futura elección consiguen ponerse de acuerdo.

Y no podemos tirar la toalla, hay que ir a votar y reflexionar el voto. No podemos escuchar las voces que, en un ataque a nuestra inteligencia democrática, insisten en el discurso de la abstención. ¡Eso nunca! Nos jugamos mucho como para favorecer a la mayoría de los últimos años no yendo a votar ya que parece que, tienen de nuevo, muchas posibilidades de ser la más votada.  

¡Qué mes y medio mas largo!

Mambrina

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