RÍAS DE FANGO

Para poder explicaros lo que sentí hace unos días tras escuchar unas declaraciones que cuestionaban la actitud de muchísimas personas que lo están pasando muy mal, comenzaré recordando un par de artículos de nuestra Constitución que seguro conocéis:

Artículo 40.-1. Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo.

Artículo 47. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.

Pienso que estando estos artículos tan cerca desde el año 1978 (en el ejemplar que guardo en casa, solo una página les separa), podrían andar de la mano, enamorarse y, mientras puedan, procrear, y darnos así el fruto de la coherencia. Me explico: debería ser normal disfrutar de un techo, poder salir adelante con nuestro trabajo y vivir dignamente.

¿Qué ocurre si las políticas no son todo lo buenas ni certeras para acercarnos al pleno empleo? Cuando el paro es un paro que en multitud de casos (jóvenes de ambos sexos, mujeres, mayores de 50 años) fosiliza a las personas. Al contrario que los fósiles, las personas comen, sienten, tienen hijos y buscan esa dignidad que los artículos mentados, a priori, deberían garantizar. Como todos sabemos, por desgracia y en la práctica no es así.

Si además de esto, elegimos en su día, en uso de nuestra libertad, comprar una humilde vivienda cuya hipoteca supone una cuota mensual, en muchos casos, similar a la que representa un alquiler. En resumen, cuando falta el trabajo (no las ganas de trabajar), se encuentra uno con la calle más triste de su vida, habitada por parados con hijos y, en casos, con dependientes a su cargo, bajo un cielo raso que asusta. Una calle en la cual no encontramos, o lo hacemos a duras penas, los artículos de primera necesidad y donde los artículos 40 y 47 antes citados quedan reducidos a decorativas fachadas que ocultan un interior con “aluminosis”.

Quizá lo normal, vista nuestra contrastada “irresponsabilidad”, según algunos, en este mundo de unos pocos, sería que buscásemos la ayuda de extraterrestres que habiten estrellas de otro sistema, no del nuestro. Puede que la empatía aumente con la distancia. Aquí, en nuestra realidad un par de semidioses la perdieron cuando se empadronaron en el Olimpo, y no se dan cuenta de que el verdadero escenario de la vida es aquel en el cual, con menos decibelios, la mayoría tiene que ganarse a diario los garbanzos para el puchero. Son tan responsables que se atreven a criticar a los que más jodidos están, tienen una “ría de fango” en lugar de venas, solo fango que hace que todo les resbale e impide que su ego pueda poner los pies en suelo firme y así acercarse a los demás. Johann Wolfgang Goethe dijo: “somos todos tan limitados, que creemos siempre tener razón”. Yo me atrevo a añadir: incluso si la distancia que separa a algunos de determinados problemas, de los que tan gratuitamente opinan, debe medirse en años luz.

A lo que voy, no quiero extenderme más. Para mí, Alaska y “El Canut” son: el estado más grande de los Estados Unidos y un juego tradicional valenciano que nació en la época de los árabes, nada más. Y otra cosa: Cinco horas con Mario es una novela del escritor  Miguel Delibes, incluida entre las mejores novelas en español del siglo XX. Estar más de cinco horas con Mario, no es recomendable… a los hechos me remito.

Entonces, ¿cómo cumplen con sus responsabilidades aquellos que no encuentran sus derechos en esta sociedad tan onírica para otros? ¿A quién se dirigen o a qué se aferran todas esas vidas que se apagan a diario y que a muchos parece no importar nada?

Todos los días amanecen con vidas anónimas privadas de la mínima dignidad, vidas que van quedando sepultadas entre el “fango” de críticas sin sangre y tanta indiferencia disfrazada de silencio.

            Manuel Romeu

Un comentario en “RÍAS DE FANGO”

  1. El problema de los artículos que mentas, a parte de que hay millones de españoles que los desconocen (principalmente por ignorancia), creo que es, y estarás de acuerdo conmigo, que hemos sobrepasado la línea que separa a nuestra «temblorosa y frágil democracia» y nos pusimos a navegar, engañados eso sí, en ese fango que mentas. Nos hucieron creer que podíamos tener lo que quisiéramos, simplemente firmando documentos (que en el 98% de los casos no leíamos), y un banco cualquiera te soltaba la «morterá» de millones para que te comprases esa vivienda digna, un coche deportivo, reformaras la casa y además, los pequeños ahorros que tenias se los dabas al vendedor en «DIFERIDO» (osea, en B, para entendernos bien) mientras el Sr. Notario salía unos minutos a atender una llamada.
    Sé que no he descubierto ni mucho menos las Américas, pero la culpa es en gran parte nuestra, pero ahora, digo yo, donde estamos pidiendo que se cumplan esos artículos?, y cuantas veces pides a la gente que se manifieste en las calles enérgicamente para protestar y no acuden?, por qué?, porque somos unos mierdas cobardes que nos quedamos en esa maldita casa que no podemos pagar, esperando poder hacerlo algun día, y si ese día nunca llega, da igual, hasta el último minuto resistirás en «tu propiedad», se la llevará el banco, seguirás pagando si puedes y ellos seguirán agarrados a su silla, porque somos unos cagaos.
    Acordémonos de nuestros antepasados, saquemos la sangre luchadora que tenían ellos (que en algún rincón de nuestras venas está escondida) y «reventemos» el sistema, hagamos que esos artículos sirvan, o al menos, cambiemos esos artículos pero para mejorarlos….

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