Hace menos de un mes se celebraron unas elecciones que -nos decían- acabarían de una vez por todas con el bipartidismo. Efectivamente, así ha sido; pero con los resultados de todos conocidos, la pregunta que subyace es: ¿y ahora qué? ¿qué alianzas deben producirse para que gobiernen unos u otros?
Al mismo tiempo, en Cataluña se acababa el plazo para investir al nuevo presidente de la Generalitat y formar gobierno, por lo que, como ocurre a nivel nacional, los partidos se afanaban en buscar apoyos y llegar a acuerdos. Pero hete aquí que ni en España ni en Cataluña están consiguiendo llegar a un entendimiento, provocando una retahíla de zarandajas y despropósitos que ni el mismísimo Valle-Inclán acertaría a escribir. Así las cosas esta es la realidad en la que nos movemos:
1er esperpento: el PSOE ha dejado de ser un partido político para convertirse en una jaula de grillos donde sólo se miran el ombligo. Por un lado, Pedro Sánchez se aferra a un más que improbable pacto con las fuerzas de izquierdas; por otro lado, Susana Díaz presiona a Sánchez para que no pacte con los que “quieren romper la unidad de España” (sic); más parece Merkel a la andaluza, ávida de poder. Y dándole la puntilla están los barones del partido que, junto a Madina, exigen a gritos un congreso federal.
2º esperpento: el PP ha ganado las elecciones pero, a diferencia de 2011, no gobernará salvo que se produzca un gran pacto PP-PSOE, harto difícil, que en la práctica supondría la “quasi” ruina del primero y la desaparición del segundo; sin embargo se sienten victoriosos…¡habiendo perdido 63 escaños y más de de dos millones de votos! Y es que, como el PSOE, no ven más allá de sus narices y además están encantados de conocerse pues creen que ellos, y sólo ellos, son los garantes de un gobierno estable y de la unidad de España; esto es, o el PP o el caos.
3er esperpento: señor Rivera ¡no sea Ud. tramposo! Ha copiado punto por punto algunas de las propuestas programáticas de Podemos y eso no vale. Pero lo peor es que siendo C´s la cuarta fuerza política en número de escaños se atreve a ningunear a Pablo Iglesias y los suyos para la (im)posible formación de un gobierno. Es decir, Rivera pretende una coalición con PSOE y PP porque sabe que, de celebrarse elecciones en breve, se descalabra casi con toda seguridad.
4º esperpento: si bien Podemos, estratégicamente hablando, ha acertado en la forma de acudir a estas elecciones –cabe recordar que lo hizo con varias formaciones políticas ideológicamente cercanas (Compromís, Mareas…)- también es verdad que se ha metido en un jardín del que le va a costar salir; pues una de estas formaciones “amigas”, En Comú Podem, es de corte independentista. Por ello Pablo Iglesias se ha visto obligado a mantener a capa y espada el acuerdo en virtud del cual sólo habrá pacto con el PSOE si se convoca un referendo por el derecho a decidir de los catalanes. ¡Hay que tener cuidado con lo que se promete, Pablo!
5º esperpento: ¿qué diantres pasa en Cataluña? ¡Hemos vivido los cinco años más delirantes que ha dado la política catalana! Artur Mas se aferra al sillón mientras habla de soberanismo para eludir su responsabilidad en “el caso del 3%”. ERC dice que debe gobernar JxSí, pero no con el Sr. Mas; la CUP, entre tanto, vota para investir, o no, a Mas, pero, sospechosamente se produce un empate en la votación. Y entre todos han conseguido ser el “hazmerreír” de Europa provocando un total desgobierno con cuatro procesos electorales en cinco años.
La lista de despropósitos es más larga, por lo que la cierro aquí para no aburrir al lector; pero hagámonos algunas preguntas: ¿de verdad la española es una democracia consolidada? ¿una democracia en plena madurez? O ¿acaso estamos asistiendo a un juego político patrio caracterizado por una más que manifiesta, y preocupante, bisoñez?
¿será, tal vez, que los españoles, faltos de tradición democrática y, por ende, pactista, no estamos preparados para afrontar un gran acuerdo que permita la gobernabilidad del país?
Una sugerencia: aún a riesgo de caer en la ingenuidad, los políticos deben hacer el esfuerzo que sea necesario para llegar a acuerdos, a ver si de una vez por todas somos europeos de verdad. Y a los ciudadanos les pido; no, mejor, les exijo que nos comportemos civilizadamente y no caigamos en discusiones intestinas que en nada ayudan a la convivencia.
Moska