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A DIA DE HOY

   La realidad es esta: el pasado 26J las elecciones dieron unos resultados, por todos conocidos, que impiden afortunadamente una mayoría absoluta. Esto es, los cuatro grandes partidos del arco parlamentario, junto con los nacionalistas, deberán pactar si no queremos vernos abocados a unas terceras elecciones. No obstante, a día de hoy sabemos que estos últimos han negado su apoyo a la investidura de Rajoy; a día de hoy también sabemos que el respaldo de CC está en el aire y que C´s votará en contra en la 1ª vuelta para abstenerse en la 2ª (lo que me resulta poco comprensible). Y, a día de hoy, desde luego tenemos claro que el PSOE no sólo no se abstendrá, sino que votará en contra. 

   Es verdad que, dados los resultados, estaba convencido que C´s acabaría pactando con el PP, pues la suma de escaños permitía un gobierno con mayoría simple (169); es verdad que, llegado el caso, sería posible una coalición de izquierdas liderada por Sánchez, aunque poco probable. Lo cierto es que a día de hoy nadie quiere pactar con el PP; ¿por qué nadie quiere pactar con Rajoy? En mi opinión debería hacérselo mirar. 

   Y desde luego me parece una perversión rayana en el chantaje la presión que se está ejerciendo desde todos los partidos hacia el PSOE para la formación de gobierno. Aquí quiero recordar a los políticos que el PSOE no ganó las elecciones y que el único que, a día de hoy, ha intentado formar gobierno en los últimos meses ha sido Sánchez; y que el único que rechazó, y amenaza con volver a hacerlo, presentar su investidura fue Rajoy; así como Iglesias, a su vez, ha sido el único que ha hablado de no trazar líneas rojas pero sigue poniendo todo tipo de trabas. Y C´s, en fin, a lo suyo, es decir, surcando la ambigüedad: hoy sí, mañana no.

   Por lo tanto estamos viendo que no tenemos una clase política a la altura de las circunstancias y quienes lo estamos pagando somos los de siempre: “poca ropa”, como diría mi madre. Estos son los hechos.

   Ahora nos acercaremos a la política-ficción. ¿Qué significa ese “a día de hoy”?, ¿quiere decir que “un no es un no” ya no es un “no” al 100%?, ¿tal vez que el PSOE va a hacer algo parecido a lo que hará C´s, se abstendrá? A día de hoy puede que signifique que Rajoy y Sánchez están pactando la gran coalición, ¿o no?; cabe la posibilidad, incluso, que entre PSOE, Unidos Podemos y los nacionalistas estén manteniendo reuniones en la sombra para la formación de un gobierno alternativo, ¿o no?

   En cualquier caso lo único que tenemos claro los ciudadanos es que a día de hoy seguimos sin gobierno por dejación de funciones de uno (Rajoy), por incapacidad de otro (Sánchez) y por irresponsabilidad de dos más (Iglesias y Rivera). Y es que España nunca ha tenido tradición de pactos, ni de investidura ni de gobierno. Urge, pues, llegar a acuerdos a la mayor brevedad; no podemos seguir creando tanta incertidumbre entre nosotros pero también en la UE. Hagan algo ya.

Moska

LA PÉRFIDA ALBION

   Un divorcio nunca es un plato de buen gusto; al “mal rollo” de la pareja hay que añadir el tema económico: uno de los miembros ha de soltarle “una pasta” al otro. Si a esto añadimos que puede haber hijos de por medio, propios o adoptados, la situación se complica exponencialmente. Es verdad que antes de llegar a ese punto de no retorno la pareja ha hablado, discutido; se ha enfadado y reconciliado, pero al final, y desde los entornos más cercanos, se ha dejado influenciar y todo acaba “como el rosario de la aurora”. Esto es, más o menos, lo que ha ocurrido con el Reino Unido y la UE, por más que desde el principio siempre ha parecido más un matrimonio de conveniencia que una unión de hecho. Y es que los británicos, erróneamente, han creído estar por encima de los europeos ya que fueron los libertadores de un continente devastado por el nazismo. Es uno de sus argumentos. 

   El problema, entre otros, es que esta salida puede provocar un efecto llamada (o dominó) con otros países de la UE. Así está empezando a ocurrir: Francia, Holanda, Dinamarca o Austria, por citar algunos, ven la posibilidad de convocar referendos como el británico, aunque cierto es que dichas propuestas provienen de partidos de extrema derecha, ultranacionalistas, xenófobos y racistas. Y puede extenderse. 

   En cierta medida creo entender la postura de la británicos aunque no la comparto. Yo tampoco quiero esta Europa (y no soy sospechoso de ser antieuropeo); un continente gobernado con puño de hierro por el Bundesbank, con Merkel a la cabeza, no me gusta; como tampoco me gusta una “Troika” que desde Bruselas y siguiendo las directrices del BCE y del FMI nos sigue imponiendo unas medidas económicas draconianas  con unos recortes abusivos cuyos resultados son más precariedad y más pobreza -de los países de la OCDE, España es el tercero por la cola en pobreza infantil, solo superada por Rumanía y Bulgaria-. Una Europa que, además, ha perdido su memoria histórica y la poca que le queda es muy selectiva; o ¿ningún Estado recuerda qué pasó en las dos grandes guerras? Por centenares de miles, sino millones, tuvieron que abandonar sus casas y sus países ciudadanos que fueron acogidos en otros Estados que nunca cerraron sus fronteras. Sin embargo nosotros sí las cerramos ahora para que no alteren nuestro cómodo estilo de vida. 

   Para colmo vemos el resultado de la votación y son los mayores de 55/60 años -jubilados y pensionistas- los que han votado masivamente por la salida de la UE; es decir, aquellos que durante 40 años han estado disfrutando y sacando partido de las ventajas y parabienes que proporcionaba Europa son los que el pasado 24 de junio han hipotecado la vida y el futuro de sus hijos y nietos, quienes, en su mayoría votaron por la permanencia. 

   Pero lo que realmente subyace en el “brexit” (y este argumento no es nuevo, ya lo hemos oído), es la configuración de una Europa de dos velocidades, con europeos de primera y de segunda. No es casual, en ese sentido, observar cuáles son los países más euroescépticos: amén de los ya citados podríamos añadir a Suecia, Bélgica, los países nórdicos…Es decir los países más ricos del continente. En un segundo plano estaríamos el resto de países, sobretodo aquellos del arco mediterráneo que somos los que más problemas estamos causando al Norte rico.  

   En definitiva solo veo una solución para enderezar el errático rumbo de esta UE y pasa por cambiar las políticas económicas ultraliberales y las políticas migratorias, dando cabida a aportaciones económicas estatales (no estoy hablando de intervencionismo) por un lado; y acogiendo a los refugiados, por otro, que solo esperan nuestra ayuda y solidaridad, eso si, solucionando previamente los problemas en los países de estos expatriados para que puedan retornar a sus hogares con ciertas garantías de seguridad y así rehacer sus vidas. 

   Pero con esta Europa tan dividida y plagada de luchas intestinas difícilmente podremos hacer nada, no ya por los exiliados, siquiera por nosotros mismos.

Moska

ORWELL COMO PARADIGMA CONTRA EL ABUSO DE PODER

Distopía: del griego dys (malo) y topos (lugar); término que plantea las contradicciones del discurso ideológico y que, llevadas a sus últimas consecuencias, pueden derivar en regímenes totalitarios que reprimen al individuo y coartan sus libertades.

En la tradición literaria reciente existe una trilogía distópica que refleja perfectamente la anterior definición: Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. En todas ellas se nos advierte del peligro que supone “vivir en el mejor de los mundos posibles”, como dijo Leibniz. También el cómic y sus adaptaciones cinematográficas nos previenen de lo que supondría una sociedad absolutamente controlada por un poder totalitario. Así nos lo explica la película V de Vendetta -aunque su protagonista utilice métodos poco convencionales y menos democráticos- en la que un dirigente controla, o eso pretende, todos los entresijos del gobierno, de la sociedad y de sus ciudadanos.

Pero si hay alguien al que podamos considerar como el padre, el precursor de este tipo de literatura antiutópica ese es Orwell. En su conocida 1984 (publicada, no lo olvidemos, en 1949) nos vaticinaba una realidad abyecta, una sociedad terrorífica, y aterrada a la par, controlada por un Hermano Mayor o Gran Hermano, que vigilaba todos los movimientos y hasta los pensamientos de sus ciudadanos y reprimía con dureza a aquellos que pretendían salirse del rebaño. De hecho el término “orwelliano” se usa precisamente para definir aquellos gobiernos, generalmente fallidos, y aquellas sociedades, generalmente alienadas, que pretenden controlar, los unos, y son controladas, las otras, incluso con la violencia. Es el caso de Corea del Norte, Venezuela o Arabia Saudí, entre otras.

Por desgracia aquel vaticinio orwelliano ha sobrevivido a su autor y ha llegado a nuestro día a día en el que todos los ciudadanos, en mayor o menor medida, estamos siendo observados, vigilados, por más que creamos ingenuamente vivir en una sociedad libre y democrática. Y esta condición de controlados nos la inducen por cualquier medio: redes sociales, medios de comunicación, economía… Ignoro quién, cómo y porqué pretende observar todos nuestros movimientos (y aquí incluyo a la ciudadanía, pero también a sus instituciones públicas y privadas y a quienes las componen). ¿Pretenden desestabilizar gobiernos?, ¿tal vez enardecer a una sociedad contra sus dirigentes políticos de cualquier ideología?, ¿o simplemente tomar el control de la situación económica para sacar pingües beneficios? ¿Acaso influir en nuestro voto a pocas fechas de una votación?

En vísperas de las elecciones generales del 26J salieron a la luz una serie de conversaciones grabadas en el despacho oficial del ministro del Interior Jorge Fernández Díaz en las que éste junto con el director de la oficina antifraude de Cataluña, el Sr. De Alfonso, aparentemente pretendía sacar algún trapo sucio de los dirigentes de partidos independentistas catalanes y de sus familiares con fines electoralistas dada la cercanía de los comicios. A partir de aquí, pues, se plantean dos cuestiones fundamentales, a cuál de ellas más grave: 1)es terrible siquiera pensar que en una sociedad pretendidamente democrática un ministro del interior esta siendo espiado o grabado sin su consentimiento, o peor, sin una orden judicial. Resulta alarmante ver que incluso sus dirigentes pueden ser vigilados; y 2)pero es todavía más grave que una institución que supuestamente debe luchar contra, y prevenir, el fraude y la corrupción utilice los mismos medios y formas que los corruptos para investigar a políticos y familiares y, lo que es peor, traslade esas investigaciones al ministro del Interior para que éste y su partido puedan usar esa información para dañar políticamente a la oposición. No sólo no es ético; es, si me apuran, incluso delictivo, pues se están utilizando las instituciones y los fondos públicos para beneficio propio. Por la tanto, aquí sí, la Fiscalía General del Estado y la Diputación Permanente del Congreso deberían abrir sendas investigaciones para esclarecer los hechos y, en su caso, denunciar e imputar a los responsables si los hubiere. Por supuesto, el ministro y el director de esta oficina deben dimitir ya o en su defecto ser cesados. Pero con ellos también el presidente del gobierno en funciones, Mariano Rajoy, como conocedor de los hechos.

Porque, como han podido comprobar, efectivamente estamos instalados en esa sociedad orwelliana en la que se manipula la información y sólo nos muestran y nos dicen aquello que les interesa o lo que queremos oír. Se nos manipula incluso a través de la educación (ley Wert) y se reprime a las personas que pretenden pensar diferente (ley mordaza).

Así que urge aclarar los hechos, pero sobretodo urge defender nuestros derechos y libertades. Y debemos ser un poco más enérgicos para salvaguardar nuestra privacidad, nuestra intimidad, pues no todo vale para buscar esa sociedad mejor, ese mundo feliz, esa utopía.

Moska

“SORPASSO”

 

   Desde hace 35 años España se ha caracterizado por el bipartidismo, por la polarización izquierda/derecha; desde 1982 los dos grandes partidos, PP y PSOE, se han ido alternando en el poder merced a unos votantes que en líneas generales eran fieles y votaban a su partido con independencia de que su trabajo en el gobierno fuera bueno, malo o regular. Digamos que solía ser un voto más visceral que cerebral. Cierto es que ambos partidos, históricamente, se han destacado por determinadas políticas que en un momento u otro les han permitido gobernar; así, la derecha se ha caracterizado, o eso dicen, por gestionar mejor las políticas económicas mientras la izquierda, a su vez, se caracterizaba, o eso dicen, por gestionar mejor las políticas sociales. 

   Sin embargo había -y hay- un matiz, en absoluto baladí, que ha diferenciado desde siempre a ambas formaciones. El PP ha sabido aglutinar siempre entre sus filas todo el espectro de la derecha; de los más liberales aSorpaso los más radicales (ultraderecha) se encuentran al abrigo del partido. Esto no ha ocurrido nunca en la izquierda donde, además del PSOE, encontramos otras fuerzas de corte socialdemócrata, cuando no izquierdista o comunista y tanto a nivel estatal como autonómico (IU, ERC, Podemos, Compromis…). 

   Por la tanto puede entenderse la fidelidad del votante de derechas ya que, amen de otras consideraciones por todos conocidas, no tiene muchas más opciones de voto salvo grupúsculos de poca entidad y de carácter fascista como Vox, España 2000 o Democracia Nacional. Esto y que a ese votante no le interesa tanto el bagaje de su partido en la labor de gobierno como el hecho de que el contrario tenga la más mínima posibilidad de gobernar, tenga éste las siglas que tenga. 

   En la izquierda esto no es exactamente así: es verdad que sigue existiendo ese votante fiel que hace lo mismo elección tras elección; pero de unos años a esta parte ha ido creciendo un colectivo de izquierdas que castiga a su partido; es decir, si mi partido no lo hace bien o no cumple las expectativas depositadas, en los próximos comicios no le votaré y buscaré otra opción de izquierdas…o directamente, no votaré. 

   Porque cuando ves que la política económica del PSOE se parece demasiado a la de la derecha sus votantes, más escorados hacia la izquierda que hacia el liberalismo, se sienten desencantados. De la misma manera que cuando vemos a Podemos decir que su origen ideológico es el comunismo o el marxismo y luego presentan un programa económico de corte socialdemócrata, según dicen, sus votantes se sienten engañados. O vemos a IU, abiertamente comunista, pactando con Podemos: sus votantes se sienten directamente traicionados. 

   Por todo esto es evidente la diferencia entre los votantes de derechas y los de izquierdas; incluso se han radicalizado las posturas: en un alarde de perversión increíble el votante del PP reconoce abiertamente que “para que me roben los otros que me roben los míos”; el votante de izquierdas hace algo parecido pero con los partidos de izquierda: de tan crítico que quiere ser con el partido al que vota creo que se ha pasado de frenada. Esto es, no quiere que gobierne la derecha pero no va a votar porque ninguna de las opciones de izquierda le convence con lo que le da la victoria a la primera. En este caso a mí no me sirven las quejas y las rasgadas de las vestiduras de aquellos votantes de izquierdas que no han votado. No tienen, en mi opinión, ningún derecho al “pataleo”. 

   Y es que gracias a ese 4% más de abstención de estas elecciones con respecto a las del 20D, efectivamente se ha producido el tan manido “sorpasso”. Pero no el que muchos pensábamos. La sorpresa nos la ha dado el PP, que ha vuelto a ganar incluso con más votos y más escaños, ya que ha recuperado parte del voto que se fue a C´s y también se lo ha arrebatado al PSOE. Y, aunque Unidos Podemos conserva sus 71 escaños, que nadie se engañe: ha perdido más de un millón de votos. De no haber concurrido en coalición, Pablo Iglesias y los suyos se habrían dado un tremendo batacazo. 

   Y ¿dónde nos lleva todo esto? Desde luego que los votantes deben ser críticos…hasta cierto punto. Rebasado éste se corre el riesgo de que el contrario te adelante y, sinceramente, el votante de izquierdas creo que está pecando de exceso de celo, que se mira demasiado el ombligo y con ello permite precisamente lo que no quiere: un gobierno ultraliberal en connivencia con empresarios y otras instituciones ultraliberales; de ahí que volvamos a ver un mapa de España con tonos azules. La izquierda de este país está completamente dividida y de eso se aprovecha el PP. “A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Moska

Europa

    Hubo un tiempo en que Europa fue abierta, cosmopolita, multicultural; una verdadera tierra de oportunidades donde ciudadanos de dentro y de fuera podían prosperar sin temor salvo a su propia capacidad de trabajo. Cierto es que no existía el llamado acuerdo Schengen, pero podías viajar a cualquier país tan sólo con tu pasaporte, excepto en aquellos que todavía sufrían regímenes comunistas con las normas y la rigidez que imponía el Telón de Acero, donde te exigían un visado para poder entrar; como fueron las extintas Yugoslavia y Checoslovaquia, Hungría o Polonia.

   De Inverness a Zadar, de Lisboa a Praga, de Uppsala a Roma, los españoles que pensábamos que África terminaba en los Pirineos sentíamos cierta envidia sana de estas tierras pues su visita nos permitió comprobar de primera mano que estábamos muy lejos de equipararnos social, política o culturalmente.

   Me gustaba aquella Europa: de grandes viajes y hermosos lugares. Como la ruta del Loira, en cuyos márgenes podías visitar los castillos y palacetes más hermosos del país; Blois, Chenonceax, Azay-le-Rideau o Chambord son sólo cuatro ejemplos; aunque si alargabas el recorrido podías acercarte a la Bretaña y disfrutar del bosque de menhires de Carnac o de un pequeño pueblo de cuento de hadas enclavado literalmente dentro del mar como era Le Mont Sant Michel. De la misma manera que podías irte a Suecia y, si disponías de tiempo, cruzarla de norte a sur sin tocar tierra, pues era conocida como la región de los mil lagos (por cierto, ver el sol de medianoche no tiene precio). 

   Como he dicho Europa era multicultural, lo que permitió que una relación epistolar de varios años acabara en una visita de varios días a unos amigos daneses; ¿daneses? Por nacionalidad, sí; pero él es chileno, ella es del cantón alemán de Suiza y, sí, los hijos, daneses. Incluso los países comunistas, y a pesar de esto, eran distintos; ¿de qué manera se entendería, sino que el guardia que custodiaba la sede del parlamento húngaro en Budapest nos hiciera de guía para explicarnos los detalles históricos del edificio? 

   Podías, incluso coger autoestopistas (algo que ahora está totalmente prohibido) y llevarles de Trieste a Sarajevo sin problemas. Es más, para agradecerte semejante detalle te invitaban a comer en su casa, ¡y eran comunistas! O esa otra ruta que sigue el curso del Rin, desde su nacimiento en Suiza hasta su desembocadura en Rotterdam, cruzando la Selva Negra alemana y atravesando poblaciones tan magníficas como Heildelberg, Koblenz o Mainz (esta última, hermanada con Valencia). 

   Si, me gustaba aquella Europa. Pero no queda nada de ella salvo recuerdos. Nunca tuve muy claro dónde empezaba y acababa el continente europeo; a fin de cuentas, sus primeros pobladores entraron por los Urales y el continente americano está poblado en su mayoría por descendientes de europeos; sin embargo, ahora sí sé, desgraciadamente, dónde acaba; o al menos eso es lo que quiere Bruselas: poner límites y levantar vergonzosos muros. 

   No reconozco esta Europa en la que nos gobierna una Alemania, con su canciller Merkel a la cabeza, que impone sus políticas (como hiciera hace setenta años, pero ahora sin sangre). No me gusta un parlamento europeo cuyos dirigentes -la dichosa Troika- nos imponen, asimismo, reformas y recortes, en especial a los países de la cuenca mediterránea, mientras ellos se suben los sueldos.

   La Historia se estudia, entre otras cosas, para no olvidar los errores del pasado y, así, evitar caer en ellos de nuevo. Bueno, pues reniego de este continente que ha perdido con demasiada facilidad y muy rápidamente su memoria; ¿o es que nadie recuerda o ha leído lo que pasó durante y después de la Guerra Civil española o la 2ª Guerra Mundial? Hubo cientos de miles de emigrantes y refugiados europeos y ningún país limítrofe con Europa cerró sus fronteras como estamos haciendo nosotros de forma tan ruin y miserable. 

   Quiero dejar claro mi más absoluto rechazo a cualquier tipo de terrorismo, venga de donde venga y lo ejerza quien lo ejerza, pero algo estaremos haciendo mal los europeos para habernos convertido en los últimos años en objetivo de descerebrados y locos. Y es que una mala política exterior europea, sumada a la nula atención y al ninguneo a los que hemos sometido a los colectivos de inmigrantes y sus descendientes han sido el caldo de cultivo idóneo para “fabricar” caladeros de yihadistas. Por no hablar del abandono al que hemos llevado a miles de refugiados magrebíes, subsaharianos y, en última instancia, sirios. 

   Los países europeos, gobernados en su mayoría por partidos de derechas, no sólo están haciendo dejación de funciones con sus políticas restrictivas, sino que están permitiendo, cuando no alentando, el auge de partidos de ultraderecha que, además, están acaparando cuota de poder de forma alarmante en parlamentos e instituciones (prefiero la Hungría comunista que conocí a esta que repele a tiros a los refugiados sirios). 

   Urge, pues, un giro radical en nuestra forma de hacer las cosas; y eso pasa por atajar el problema de los refugiados, pero desde su origen; pasa por cambiar las políticas económicas ultraliberales por otras de corte keynesiano; pasa, en fin, por sustituir la políticas sociales por otras que no ahonden en tantos recortes y reformas simplemente para mejorar los números de las grandes corporaciones.  

   Mientras Europa siga mirándose el ombligo entre reuniones del Eurogrupo, del G-20 o del G-7, nunca se solucionarán los problemas. Señores políticos, ejerzan de tales o dejen paso a otros que tengan ideas y ganas de trabajar para las personas a las que Uds. ya no representan. Nos jugamos nuestro futuro y el de los refugiados.

Moska

UN IDIOTA

Empieza a resultar alarmante la deriva que está adquiriendo determinada parte de la sociedad, políticos, periodistas o intelectuales, para referirse al rival ideológico, pues, para hacer notar su desaprobación con respecto a esta o aquella personalidad de la vida pública española no se recurre a las promesas incumplidas o a los deméritos propios; se recurre a la descalificación personal como único argumento válido para hacer ver a tus seguidores que estás en posesión de la única verdad posible e irrefutable y que puedan comprobar tu supuesta superioridad moral e intelectual, amén de la cultural e ideológica.

Es recurrente en demasía apelar a los más bajos instintos, sobre todo si eres simpatizante o votas a Podemos o sus confluencias; en menor medida, si lo haces con IU o con el Psoe. Lo cual empieza a resultar tremendamente cansino. Escuchar a Jiménez-Losantos amenazar de muerte a la cúpula de Podemos es impropio de un buen periodista; pero él no lo es; de la misma manera que un político que se llame a sí mismo demócrata no debe enviar a fregar suelos a la alcaldesa de la segunda ciudad de España porque, en tal caso, no es demócrata.

El último episodio -y creo que el peor- ha sido el protagonizado por el Sr. de Azúa, cuya obra y trayectoria conozco medianamente y, aunque en las antípodas ideológicas, siempre lo he tenido por una persona sensata, culta e inteligente. Pero (permítanme la expresión), se me han caído los palos del sombrajo después de escuchar y leer su salida de tono a propósito de Ada Colau.

Sr. de Azúa, no tener estudios superiores no significa ser ignorante. Debería saberlo, pero se lo recordaré: se puede aprender mucho de forma autodidacta. Por lo que incapacitar a una persona para un determinado cargo público por no tener titulación universitaria me parece inoportuno y clasista. En ese sentido debería haber hecho honor a la letra de su sillón en la RAE y haberse callado; muchos se lo habríamos agradecido; pero no, ha hecho honor, desgraciadamente, al título de uno de sus libros más conocidos:” Historia de un idiota contado por él mismo”. Lamentable. Y es que teniendo en cuenta sus conocimientos y su prolífica vida intelectual (ensayista, poeta, novelista, amén de sus trabajos sobre arte y estética), sorprende sobremanera su exabrupto.

Por desgracia conozco el modus operandi de la derecha de este país (incluido C´s, del que Ud. es fundador). Cuando un equipo de gobierno de una ciudad, provincia, comunidad o país está trabajando por y para la ciudadanía y la hace más o menos bien, la derecha más casposa sólo sabe criticar para evitar el auge del partido o coalición que gobierna; y, dado que no puede atacar ni argumentar en contra de las políticas llevadas a cabo con un mínimo de sentido común (que debería ser el más común de los sentidos), sólo se le ocurre insultar y descalificar para paliar en lo posible el desgaste propio. Pues esto es lo que Ud. ha hecho, por cierto, menospreciando al colectivo de pescaderas de cualquier mercado cuando es una profesión tan digna como otra cualquiera.

Dignidad, por otra parte, de la que Ud. carece pues de lo contrario ya habría dimitido de su cargo en la RAE donde deberían reevaluar la definición de machismo e incluir en ella su nombre y apellidos como ejemplo palmario de algo a desterrar de nuestra sociedad. Sr. de Azúa, menospreciar y minusvalorar al contrario es un burdo error que espero le pase factura. Así nos libraremos de otro machista pedante.

Moska

DE ASALTOS Y OFENSAS

   Asalto: 1) delito caracterizado por la violencia usada bien para conquistar una guarnición o lugar estratégico bien contra las personas, generalmente para robar sus pertenencias y a punta de navaja u otra arma; 2) cada uno de los tiempos que componen un combate de boxeo; 3) táctica militar usada en distintas batallas. De la misma manera existen los carros de asalto o tanques, el fusil de asalto, diseñado para el combate; asimismo se asalta un banco para robar el dinero o las joyas que guarda y, sí, también se asaltan capillas, sacristías o iglesias para robar los objetos de valor que haya, entre otros la imaginería y hasta el “cepillo”.

    En 2011, en el marco de unas protestas y manifestaciones con motivo del día de la mujer, un grupo de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid entró (sí, entró) en la capilla del campus para hacer ver que esta no debía estar ahí, pues es una universidad pública, laica y aconfesional. Al grito de “fuera los rosarios de nuestros ovarios” -pareado desafortunado y soez- surgió entre el grupo una chica que se quitó la camiseta y mostró el torso con el sujetador puesto (en ningún momento se aprecia que se lo quite y muestre los pechos).

    Pero años después esa chica ha pasado de estudiante a portavoz de la alcaldía de Madrid. Y es en este momento cuando se desencadenan las hostilidades hacia Rita Maestre, que así se llama. Desde todos los ámbitos: político, mediático y religioso. En el político, desde la oposición en el consistorio hasta el ministro del Interior, pidiendo su dimisión por semejante insulto a la religión católica; en el mediático van más allá: pasan del insulto al atentado a dicha fe; en el religioso, le añaden (sí, sí, aún más) el agravante de haber hecho eso dentro de la capilla y con el capellán en su interior.

    Como resultado de todo esto, el pasado mes de febrero, en el marco de una cruzada sin cuartel contra todo lo que huela a Ahora Madrid -era cuestión de tiempo- llegó la querella; en concreto del Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro y de AES (Alternativa Española –curioso cómo se parece a FAES), partido este cuyo presidente de honor fue Blas Piñar y cuyo secretario general actual es Rafael López-Diéguez, antiguo militante de Fuerza Nueva.

    Ambas asociaciones, también muy ofendidas por semejante y bochornoso espectáculo, pretenden que se juzgue y acuse a la Sra. Maestre de un delito de “atentado contra los sentimientos religiosos” y, en el colmo del surrealismo, piden nada menos, un año de cárcel para ella. Pero en las imágenes que muchos hemos podido ver no se advierten insultos, descalificaciones o falta de respeto a nada ni nadie.

    Sin embargo, a todas estas personas que se sienten insultadas en su moral nacionalcatólica nunca las he visto denunciado otros casos, incluso más deleznables: ¿Dónde estaban el ofendido clero, los indignados políticos y los rabiosos medios de la caverna cuando se dieron los datos de las mujeres asesinadas por violencia machista en España en los últimos quince años -cerca de 900? ¡Ah, no! Que según el obispo Reig Pla “las mujeres no deben tener derecho a voto pues eso les permite tener libertad para pensar por sí mismas”.

    ¿Por qué no se indignan cuando una mujer tiene que abortar, generalmente a su pesar? Pues no existe tal ofensa ya que para algún prócer de la Conferencia Episcopal el aborto es “un aquelarre diabólico”. Tampoco les veo rasgarse las vestiduras cuando diariamente mueren decenas de sirios que huyen de una guerra devastadora, incluidos muchos niños. Pues no es menester rasgárselas dado que monseñor Cañizares nos ha dicho que “no son trigo limpio”.

    En fin, no les veo rabiar de dolor y asco cuando en el seno mismo de la Iglesia se han dado, y siguen dándose, casos de pederastia cuyos presuntos culpables no sólo siguen en libertad, sino que se les justifica aduciendo que “son los propios chavales, los adolescentes o niños, los que van provocando con sus comportamientos”, según el obispo de Tenerife.

    Creo que la Iglesia  debería tomar conciencia de lo verdaderamente importante en mi opinión: soltar las amarras que la atan al Concilio de Trento y llegar de una vez por todas al siglo XXI sin perder su razón de ser, por supuesto. Que no es otra que educar en valores -cristianos en este caso- pero no en dogmas de fe y predicar con el ejemplo; y es que ya lo dijo el clásico: “con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”.

Moska

ESOS “ROJOS” PELIGROSOS

   Incluso antes de que empezara la campaña electoral para las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015 ya se comentaba –lo recordarán- el peligro, el caos que supondría que ganara el “tripartito” compuesto por Compromis, Podemos y Psoe. En conversaciones de ascensor, en el autobús o en el mercadito oíamos constantemente que si “estos” llegaban a la alcaldía se lo cargarían todo, como si de un “bull-dozer” se tratara.

    “Con la bonita que ha dejado la ciudad Rita”, decían; “ahora Valencia está en el mapa debido a la Fórmula I o la Copa del América”, gracias a Rita, comentaban. “Y si entran <<estos rojos>> acabarán con todo”, vaticinaban. Oíamos cosas como que iban a cargarse la cabalgata de los Reyes Magos; sin embargo, esta se ha celebrado e incluso, en el transcurso de la misma, se leyó un fragmento del evangelio según San Mateo.

    También iban a dejarnos sin las Fallas, nuestras mundialmente conocidas fiestas josefinas. Hemos llegado a oír que ¡sólo se iban a disparar “mascletaes” los últimos cuatro o cinco días de fiestas!; que desde primeros de mes era un gasto demasiado elevado; pero la realidad es que se mantienen los disparos desde el día 1 y no sólo; ha habido un disparo el pasado 29 de febrero para intentar que la UNESCO nombre las Fallas como “bien inmaterial de la Humanidad; y no sólo; el concejal de fiestas, Pere Fuset, sí, ese “radical antisitema” que nos iba a dejar sin tradiciones, ha conseguido firmar un convenio con TVE para retransmitir los actos más relevantes de estas fiestas, empezando por la “Crida”.

    Que nos iban a arruinar a todos lo hemos escuchado cansinamente durante demasiado tiempo, aunque ha quedado demostrado que no ha sido así; se me ocurre que es todo lo contrario, pues la peatonalización del entorno de la Lonja y el cierre al tráfico de la plaza del Ayuntamiento el último domingo de cada mes han permitido que hosteleros y comerciantes vean incrementadas sus ventas dado que la afluencia de público es masiva. Y como lo que se pretende es hacer una ciudad precisamente para las personas, más habitable, se están ensanchando las aceras para minimizar en lo posible los efectos del vehículo propio en el centro de la ciudad.

    Y en el colmo de los despropósitos y de las ideas descabelladas a “estos perroflautas” se les ha ocurrido que los ciudadanos participemos en las decisiones y actuaciones del consistorio. Han pensado que podemos –y debemos- votar por barrios y distritos en qué obras e infraestructuras hay que gastar siete millones de euros del presupuesto de la ciudad. Es decir ¡cuentan con nosotros! De locos.

    Es fácil suponer que los anteriores legisladores no permitirán tamaña ofensa, es más, que recurrirán al Supremo o, mejor aún, al tribunal de Derechos Humanos de la Haya, para acusar a estos “populistas y extremistas” de izquierdas de atentar contra el modo de vida de aquellos inquilinos, caracterizado por la megalomanía, el despilfarro, mordidas del 3% y corrupción a “mogollón”; no vaya a ser que los ciudadanos podamos tener más libertades y mejor calidad de vida. Juzgue el lector.

Moska

NO CUADRAN

   Según el diario El País del pasado 18 de febrero en su sección de economía, la deuda pública española ha crecido durante el mandato de Rajoy en 326000 millones de euros, lo que deja la deuda total en 1 billón sesenta y nueve mil ochocientos setenta y seis millones, aproximadamente 667.000 millones más que en 2008. Cierto es que en las dos legislaturas de Zapatero la deuda creció más; en concreto en 359000 millones y que casi la duplicó en su 2ª legislatura -del 35% en 2008 al 65% en 2011; pero Rajoy lo ha hecho en ¡tan sólo cuatro años!

    ¿Cómo se dispara dicha deuda en estos años hasta llegar al 100% del PIB? ¿Cómo lo han hecho? ¿Dónde está ese dinero? O, mejor aún, ¿en qué se lo han gastado? Según este mismo diario se debe, entre otras razones, al rescate bancario, al FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) y aportaciones a países que, como el nuestro, han sido rescatados, como Grecia, Portugal o Irlanda, pero sin facilitar, en este último supuesto, cantidad alguna.

    ¿Estas razones son suficientes para explicar esa cifra tan desmesurada? Se me antoja que no, que hay algo más. Mi madre siempre me dijo que “si gastas más de lo que ingresas tienes pérdidas”, es decir, tengo deudas. Por lo tanto ¿qué gastos ha tenido el gobierno o qué ha dejado de ingresar para llegar a este extremo? (Días después de la publicación del artículo de este diario se publicó un informe en el que se aseguraba que en los cuatro años de gobierno de Rajoy se defraudó en España una cantidad muy similar al incremento de la deuda: alrededor de 360000 millones, “casualmente”).

    Porque haciendo unos pequeños cálculos sale que durante la última legislatura la deuda ha crecido a razón de unos 81500 millones anuales; o, lo que es lo mismo, cada español, desde el recién nacido al abuelo más decrépito, debe anualmente 1850 euros; por todo esto veo que hay algo en la economía española que no cuadra. Alguien podría argumentar que también se debe a los intereses de la deuda, que son muy altos. Pero supondrían ¿cuántos? ¿40000 millones? ¿y el resto?

 Y todo esto a pesar de los recortes y los esfuerzos que nos pidieron: “los españoles debemos apretarnos el cinturón”, nos decían; recortes excesivos en sanidad, educación, ayuda a la dependencia…; recortes brutales también en los salarios de todos los ciudadanos, trabajadores por cuenta ajena o funcionarios, congelación de las pensiones, retirada de las pagas extras. Mientras desde Bruselas aún nos exigían más ajustes y recortes. ¿Para qué? ¿Para que alguien se lo lleve crudo, a nosotros nos terminen de arruinar y la deuda vuelva a crecer?

    Insisto, las cuentas no cuadran, por lo que si algún economista serio lee este articulo le agradecería que escriba otro aclarando todas las dudas que han surgido.

Moska

Democracia, Rita, democracia

Que los griegos lo inventaron casi todo es un hecho incontestable que nadie pone en duda, habida cuenta del inmenso legado que nos han dejado. De la ciencia a la cosmología, de la medicina o la matemática a la filosofía, fueron los precursores en importantes estudios sobre esas y otras materias. También en política (politeia o teoría de la polis), con la que trataban asuntos propios de la ciudad o del Estado; y ¿cómo trataban dichos asuntos? Con un sistema que dieron en llamar “Democracia”. Del griego “demos” (pueblo) y “kratos” (poder o gobierno); esto es, gobierno del pueblo. Forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes.

En la actualidad, la democracia es una forma de gobierno que no sólo nos permite elegir a, y delegar en, nuestros representantes, si no que nos ayuda a mantener una convivencia pacífica; y, aunque no es un sistema perfecto, nos ha dotado de unos derechos y obligaciones que todos los ciudadanos debemos cumplir para poder entendernos y respetarnos. Pues bien, uno de esos griegos, que fue, posiblemente uno de los que más se preocupó por todo lo que le rodeaba, y al que tanto le debemos, nos va a ayudar a entender qué es eso de democracia. En su “Política” (Ed. Gredos), Aristóteles citaba nueve normas de obligado cumplimiento para que los griegos se desarrollaran como verdaderos ciudadanos, casi todas ellas aplicables actualmente, y que el lector me permitirá que transcriba aquí fielmente:

  • Elegir todas las magistraturas entre todos.

  • Que todos manden sobre cada uno y cada uno, por turno, sobre todos.

  • Que los cargos públicos se designen por sorteo, si no todos, al menos los que no requieran experiencia y conocimientos técnicos.

  • Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público o sólo en casos excepcionales.

  • Que la misma persona ocupe pocos cargos públicos, con excepción de los relacionados con la guerra.

  • Que todos los cargos públicos sean de corta duración o, al menos, aquellos en los que sea posible.

  • Que todos los ciudadanos elegidos entre todos, administren justicia. Y que lo hagan sobre todas las materias o sobre la mayoría y, en cualquier caso, sobre la más importantes y primordiales: la rendición de cuentas, la Constitución y los contratos privados.

  • Que la asamblea del pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas, o sobre las más importantes; ningún cargo público tendrá soberanía sobre nada o, en todo caso, sobre asuntos de escasa importancia.

  • Que ningún cargo público sea vitalicio y, si queda todavía alguno, procedente de costumbres antiguas, debe despojársele de su poder y hacer que sea sorteable en lugar de electivo.

“Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público…”; “que todos los cargos públicos sean de corta duración…”; “que todos los ciudadanos…administren justicia. Y que lo hagan en las materias más importantes: rendición de cuentas, Constitución y contratos privados…”; “que el pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas y ningún cargo público la tenga sobre nada…”; “que ningún cargo público sea vitalicio…”.

¿A qué nos suenan los fragmentos que acabo de reseñar? Los políticos actuales no debieran impedir la limitación de los mandatos, pero lo hacen. De la misma manera que sí deberían consultar con el pueblo, al que dicen representar, para aquellas cuestiones verdaderamente de Estado, pues para ello se creó una fórmula llamada referéndum, pero no lo hacen. Y, por supuesto, si dichos representantes se equivocan en sus quehaceres o, directamente hacen lo que no deben, es necesario que den explicaciones y dimitan de sus cargos, pues habrán violentado la voluntad del pueblo. Y es que en este país pocos asumen su responsabilidad y, aún menos, dimiten.

En este sentido, los hechos acaecidos en Valencia durante los últimos días de enero y los primeros de febrero, son el más claro ejemplo de lo que no deben hacer nuestros representantes políticos. Aquí incluyo a todos los partidos políticos en general, pero hago especial hincapié en el PP, pues me afecta directamente como valenciano.

Y es que si Aristóteles levantara la cabeza se daría de bruces al ver cómo dicho partido, no sólo no cumple las normas, si no que ha engañado y estafado al pueblo al que representaba: los caDemocraciargos públicos eran elegidos para sí mismos sin contar con los ciudadanos; han ejercido más de un cargo en algún momento de sus mandatos; se han perpetuado en sus poltronas nada menos que durante un cuarto de siglo; los ciudadanos, en ningún momento, hemos podido decidir nada sobre ningún tema, pues, como en el Despotismo Ilustrado era “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”; en fin, pareciera que han tenido, como así ha sido, patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, cual terrateniente novecentista y teniendo Valencia como su particular cortijo.

Ahora ha sido descubiertos y, atendiendo a las normas aristotélicas, que sean los ciudadanos los que administren justicia para que aquellos rindan cuentas y paguen en el caso de que se les declare culpables.

Escrito por Moska