Archivo de la etiqueta: Maria Valeska

Entre la voluntad y el acto caben océanos de sueño

Una de las grandes ventajas de manifestar nuestro descontento por escrito, es la posibilidad de una mayor reflexión sobre lo que decimos. Cuando escribo un artículo me gusta ser como soy y expresarlo con palabras de forma natural y fluida, pero también disfruto procurando emplear un lenguaje pulcro y a ser posible sugestivo, y eso requiere cierta elaboración. Otra de las prerrogativas de la escritura es que las inflexiones del discurso se pueden controlar con mucha más facilidad que las modulaciones de voz, siempre que conozcamos las técnicas y sepamos aplicarlas. Y otra de las ventajas, sobre todo para los imprudentes, es que la escritura no permite la mímica ni los gestos, salvo en los teléfonos en los que para transmitir nuestros mensajes casi nos valemos más de los iconos que de las palabras, pero yo hablo de otro tipo de escrito que no es sólo de usar y tirar. A mi modo de ver la claridad y la calidad de los manifiestos dicen mucho de quien los pronuncian, incluso en el caso de que el orador no haya sido el autor de su propio discurso.

Todo este preliminar, que sin duda tenemos en cuenta quienes nos manifestamos en esta plataforma inconformista, seguramente no lo vamos a observar en los oradores que asistirán a los múltiples debates televisivos y radiofónicos que veremos y hemos visto ya en los medios de comunicación, y no sólo será porque ellos tendrán que improvisar, ni porque su discurso sea oral ni porque no hayan tenido ocasión de reflexionar sobre lo que van a decir, nada de eso. En mi opinión lo que los líderes de casi todos los partidos políticos pretenden no es en absoluto ser como son ni expresar lo que sienten de forma natural, clara y fluida, no buscan explicar con sencillez sus programas, no procuran expresar sus argumentos y que sean sus ideas las que nos cautiven sino más bien lo que parece que intentan es rebatir al oponente, el famoso “y tú más”,  seguramente con el fin de convencer para conseguir más votos.

Es algo bien sabido que no tiene más razón quien más grita ni tiene más cosas que decir el que más habla, aunque la argumentación sea imprescindible y el diálogo necesario, no por estar uno muy convencido del propio triunfo va a persuadir a los demás de que merece ganar. De todo ello debería tomar nota quien pretenda gobernar, todos esos candidatos cuyos vanos discursos ofenden cada vez más nuestros maltrechos oídos y nuestra denigrada inteligencia. Al parecer en muchos países, y no solo en las campañas electorales sino de forma habitual, los políticos exponen sus argumentos sin engaños y responden a preguntas sin vaguedades. Algunos de nosotros todavía no hemos perdido la ilusión de que un día eso suceda en el nuestro. Mientras, nos tendremos que conformar con sospechar de quienes creemos que no muestran todas sus cartas, que son la inmensa mayoría.

Menos mal que ya queda poco de campaña y que el año que viene no tenemos elecciones a la vista; puede que entonces el panorama se despeje y podamos volver la mirada hacia lo que de verdad importa. Quizás el 2016 sea el momento de ir poniendo soluciones a tantos problemas acumulados. Entre las múltiples medidas que tendrán que llevar a cabo quienes gobiernen, yo les pediría a los vencedores, como regalo de Navidad y como ejemplo para el resto de Europa, que agilizasen las medidas para acomodar a algunos de los cientos de miles de refugiados en los lugares que están preparados para recibirlos en nuestro país. Si eso sucede, si lo hicieran yo empezaría  a creer que han ganado los mejores. Mientras, como dice J Ángel Valente: Entre la voluntad y el acto caben océanos de sueño.

María Valeska

Genio y figura

Por lo que se relata en los inicios de nuestro primer libro sagrado, Génesis 2 y 3, todos los que nos educamos en el cristianismo sabemos que los primeros inconformistas fueron Adán y Eva. De aquellos primeros tiempos en el Jardín del Edén a mí siempre me ha sorprendido que Yahweh, Jehová o como queramos llamar al dios de los cristianos, hiciera esta terrible advertencia al hombre antes de que existiera su compañera:

15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;

17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Génesis 2

No es probable que al Altísimo se le “pasara por alto” que esta prohibición afectaría después al otro ser humano que él estaba apunto de crear de la costilla de Adán, y por tanto no puedo evitar pensar que la norma fue puesta antes de tiempo, salvo que haya algo que se me escapa. Nunca podremos saber qué hubiera ocurrido si la prohibición la hubiese escuchado Eva directamente de los labios del creador y no de los de su compañero, que sin duda fue quien se la transmitió puesto que allí no había nadie más. Tampoco podremos saber cuál habría sido el futuro de la humanidad si la prohibición hubiera recaído sobre las lentejas o las alcachofas, pongamos por caso, en lugar de sobre algo tan atractivo como una manzana, o qué habría pasado si Dios hubiese motivado la prohibición, porque a veces ayuda mucho entender la razón de un mandato.

Bien fuera por el deseo de ser como dioses, por el afán de poder, bien por curiosidad o bien por no aceptar normas sin sentido, lo cierto es que el inconformismo forma parte de nuestra naturaleza desde el primer momento de nuestra existencia. Es más, creo que la rebeldía puede sobrepasar las barreras de la muerte. Para ilustrar esta última tesis me voy a servir de un hecho recientemente observado en el cementerio de mi pueblo.

Como asidua visitante de camposantos y atenta lectora de inscripciones de nichos, túmulos y tumbas, tenía observado que casi al comienzo de la primera calle a la derecha, en el último piso de los nichos, había uno cuyo ocupante se llama Juan Orts Ramón, muerto hace casi un siglo. La leyenda y las fechas iban acompañadas del retrato en esmalte sepia de una mujer adusta y de mediana edad. Cada año por estas fechas alguien limpiaba el cristal que protegía la lápida de mármol negro descolorido y colocaba una flor o un ramito de tela entra la piedra y el cristal. La primera vez que lo descubrí, era yo muy jovencita, pensé que se trataba de un travestido, sin darme cuenta de lo improbable por lo que significaba ese hecho en los años 20 del siglo pasado.

Hace un par de años, quizás tres, alguien quitó el retrato de la dama, y Juan Orts Ramón se quedó solo sin ninguna imagen equivoca que diese motivos de comadreo. Desde ese momento nadie volvió a ponerle flores ni a limpiar el cristal ni la piedra, y este año bajo la sepultura una valla metálica, como las que ponen en las obras, advertía del peligro de desprendimiento. Todavía no tengo claro si el disconforme es Juan o la dama pero no pongo en duda que uno de los dos está descontento y protesta.

Escrito por Maria Valeska