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¿TODO SIGUE IGUAL?: RESONANCIAS

Decir que desde el número anterior la situación ha estado llena de noticias impactantes es finalmente no decir nada. Pero resulta que no siempre tenemos la ocasión para hablar y no sólo opinar sobre lo que (nos dicen) sucede. No siempre tenemos el tiempo ni la paciencia para para plasmar y proyectar aquello que no podemos dejar de decir. Llegamos a pensar “Bueno, lo que yo pienso o pudiera pensar, sobre lo que pudiera hablar, ya lo ha pensado y dicho mucha gente así que pasaré a otra cosa” o bien “Ya expondrá otro lo que pienso por mí”. Bien, en realidad sucede que muchos hablan por otros, escriben por otros más que para otros. La diferencia estriba en que mientras unos intentan significar en moldes lo que no decimos y lo que pensamos, aquellos que hablan y piensan para otros, intentan la mayoría de las veces hacernos partícipes de su habla y pensamiento. Unos quieren significar y significarnos, otros quieren sugerir y sugerirnos. Creemos que El Inconformista se sitúa en éste lado; es más una puerta hacia otras estancias con otras puertas, que hacia un callejón sin salida o una autovía de único sentido y dirección.  Por eso invitamos a la responsabilidad de tomarse en serio – y hasta en broma – a uno mismo, porque haciéndolo nos responsabilizamos de nuestra voz y ponemos en marcha un plan de resonancia de la misma. No se trata pues de resonar al unísono; más bien de polifónicamente resonar con fuerza.

Es justo lo que intentamos hacer en El Inconformista.  Que es un diario plurívoco. ¿Qué quiere decir esto? Pues que está conformado por varias voces. No debemos confundir la plurivocidad con las diferentes firmas existentes en el diario. Cuando leemos igualmente “La voz del Inconformista” queremos decir justamente que es el soporte de un inconformista que, a la vez, es muchos. De tal manera abordamos la actualidad y su/el pasado, de tal forma nos enfrentamos al futuro, sea éste próximo, lejano, perpendicular, oblicuo o acrobático. Y es que cuando la actualidad que aquí se narra es otra actualidad aparte de aquello que se nos dice lo es, cuando decimos que se trata ya de una actualidad sub-mediática,  resulta que tenemos la necesidad – si no la obligación – de hablar. Un hablar a veces extraño, como si compartiésemos un código que desconocemos en gran medida pero que en última instancia es el que nos hace cómplices de otras voces. Así, todo periódico que se precie, que cuente intensivamente (y no sólo extensivamente) eso que llamamos realidad, insistirá en hacer hincapié no sólo en cuántos hablan, sino desde dónde lo hacen quienes tienen algo que decir intempestivamente.

Es por eso que seguimos invitando a participar en este diario, y que la actualidad no sólo sea rica en noticias masivas, sino que sea rica en voces. Tengamos tiempo o no, uno no puede evitar pensar en la actualidad (y como decíamos, en su futuro y su pasado).  Tampoco podemos desentendernos de esa voz que nos susurra justo cuando algo realmente nos importa y de la que incluso precisamente por su peso e importancia, queremos desentendernos y no problematizarnos. Pero es que se trata de recuperar la voz, o de modularla hasta que nos sintamos cómodos con ella y al fin, derramar la tinta del habla hasta el papel. Por ende, más que ser un problema la participación y cooperación en este diario, es la solución.

¿Todo sigue igual? APRETANDO EL ACELERADOR

Artículo publicado el 15 de octubre de 2012 en El Inconformista nº 11

 

El cuerpo (no) humano es capaz de estabilizarse y reestablecerse en el decurso de un acontecimiento inestable y agresivo. Puede incluso recuperar una posición perdida y volver a ella antes de que lo agresivo se torne en desastre al introducirse poco a poco o súbitamente en el cuerpo. El hombre no se pregunta por qué está ahí (junto al torbellino, al ciclón), sino cómo disponerse ahora que las cosas van realmente en su contra, eruptivamente hacia él. Es como si necesariamente tuviera que establecer una philia (atracción) con aquello que lo amenaza. Pero es que aquello que lo amenaza es requisito indispensable, condición sine qua non para alcanzar su meta y por ello debe navegarla. El problema fundamental, lo que hace al hombre tan hombre, es justamente el campo o el territorio de la meta misma. Es decir, el hombre – y no el cuerpo – espera paz tras la tormenta, siempre en la búsqueda de un idílico centro posicionalmente estable dentro del ciclón.Pero resulta que el ojo del ciclón se desplaza y se disipa junto con el propio ciclón. Sólo una afirmación radical de lo que nos desborda y quema, del ciclón entero y no sólo el estar dispuesto hacia fuera del ojo del ciclón, sino querer su totalidad, desplazándonos con ella hasta que el propio ciclón se encuentre con su deceso y final, puede permitirnos maniobras de ajuste y adaptación. Devenir con el ciclón, pero acaso ¿será nuestro final también? ¿Tendremos que luchar contras otras naturalezas? ¿Para ello no tendremos en definitiva que luchar contra nosotros mismos?

Actualmente tratamos más de volver a un estadio capitalista pasado que a un capitalismo incógnito. El llamado “Estado del Bienestar” sólo es concebible en uno de los segmentos o planos del capitalismo planetario. En realidad, el Estado del Bienestar sólo puede darse en el capitalismo mientras exista un excedente, una plusvalía y estabilidad en las redes o mercados con las que el Estado del Bienestar tenga contrato o interacción. El Estado del Bienestar supone una Clausura por tanto de un segmento del capitalismo planetario, que se protegería temporalmente – y esto es lo que se intenta constantemente eludir – de las tormentas y torbellinos en otros lares del planeta. El caso es que el Estado del Bienestar como política de la Clausura performa en su seno constantemente el deseo de conservación y de protección, de manera que existe una oscilación que va desde la agorafobia socio-económica hasta movimientos demenciales para preservar la identidad, hasta el punto en que la tensión acumulada en esa conformación deseante cesa y cientos de miles de flujos comienzan a derramarse.

Entonces aparece en escena la llamada ‘Paz Social’, que es tan sólo un bonito eufemismo para el mantenimiento conservador del status quo de una formación social determinada. La paz es violencia contenida, redirigida. La paz busca la conservación, pero la de un organismo concreto, sea molar, sea molecular, pero siempre de sólo uno de ellos sobre otros (¿Acaso no existe una militarización de la paz?) . Es decir, la paz quiere imponerse y la pacificación no es sino un medio bien de devolver las cosas a un estado primitivo, bien de lanzar a la aceptación hegemónica un código de circulación, conducta y reserva de energía.

Buscar la paz en el capitalismo, como en cualquier otro sistema, no sólo es ingenuo sino que es profundamente reaccionario. El capitalismo eres tú y soy yo. Y nosotros lo somos por una pacificación que extrae parte de nuestra violencia vital y redirige el resto. No hay alternativa al capitalismo si no es a partir y junto con él. De Si vis pacem para bellum a Si vis vitae affirma bellum.

Futurpunk, (Valencia)

W-51

Más que el aniversario de los indignados, uno debería celebrar el no-cumpleaños; Esto nos llevaría algo más lejos de las preguntas – hasta cierto punto editorialpertinentes – sobre si uno se ha alejado o acercado al movimiento o si los mismos indignados le son ‘simpáticos’, ‘antipáticos’ o ya resultan ‘indiferentes’.

Estas preguntas siempre tienen ese touch de posicionar a quien va a responder en un entramado donde se calibrará la relevancia del 15M en función de su espíritu. ¿Se han alejado o se han abandonado? ¿Han traicionado aquellos ideales por los que luchaban enzarzándose en debates sin fin y en miles de propuestas que se van archivando poco a poco? Quizá uno deba salirse de la propia pregunta y contestar desde otro lugar. Siempre nos insisten los mismos puritanismos que efectúan algo así como una ley de conservación del espíritu. Pero el espíritu es un soplo, y lo que aquí se está jugando es más bien un ciclón o un huracán sin ninguna linealidad bajo ciclones o huracanes de igual no-linealidad. No la propia linealidad la que asegura la consecución de fines, como tampoco el fin del 15M se agota en asambleas y consensos ideales (a pesar de la insistencia de muchos de sus integrantes). Son las bifurcaciones y los desvíos los que permiten aprender un camino que no está hecho y que no puede llegar al lugar mágico donde todo se resolverá con un chasquido de dedos. Por el contrario, las bifucarciones son necesarias si se quiere seguir destejiendo la maraña de detritus político-financiero con la que cada día nos topamos.

Y de nuevo la pregunta: ¿Nos hemos extraviado? ¿Se extravían? ¿Qué pasa? ¿Debemos realmente ser fieles al Acontecimiento del 15-M?  La fidelidad al acontecimiento siempre huele fidelidad por lo seguro y por lo pasado, como si la Verdad del acontecimiento del quince de mayo fuese y tuviera que corresponder exactamente a las verdades que hoy se entrecruzan y nos asaltan. El riesgo de esta moda de fidelidad es caer en una creación de moldes en serie a partir del 15-M, de ese punto en concreto, arrastrando medidas de control y prevención en el propio decurso del movimiento 15M (que ya no es 15-M sino W-S1) para que no se desvíe demasiado. Pero es que esa es su condición, no ser siempre igual y no poder serlo. Quizá estemos pidiendo algo allí donde ya no puede ser y cabreándonos porque seguimos siendo incapaces de reconocer una falta de fuerza y nos satisface la idea de forzar el movimiento. Hay que asumir ciertas consecuencias y hechos, saber de victorias y derrotas. En resumen: saber de bifurcaciones.

Dicho todo lo anterior, podremos acordar que  el espíritu del 15-M es el cuerpo del W-S1 y la comprensión de ello es sumamente importante para no caer en agujeros doxológicos que terminen por simular movimiento allí donde no lo hay y viceversa.

Feliz no-cumpleaños.

Futurpunk, (Valencia)