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¿Todo sigue igual? APRETANDO EL ACELERADOR

Artículo publicado el 15 de octubre de 2012 en El Inconformista nº 11

 

El cuerpo (no) humano es capaz de estabilizarse y reestablecerse en el decurso de un acontecimiento inestable y agresivo. Puede incluso recuperar una posición perdida y volver a ella antes de que lo agresivo se torne en desastre al introducirse poco a poco o súbitamente en el cuerpo. El hombre no se pregunta por qué está ahí (junto al torbellino, al ciclón), sino cómo disponerse ahora que las cosas van realmente en su contra, eruptivamente hacia él. Es como si necesariamente tuviera que establecer una philia (atracción) con aquello que lo amenaza. Pero es que aquello que lo amenaza es requisito indispensable, condición sine qua non para alcanzar su meta y por ello debe navegarla. El problema fundamental, lo que hace al hombre tan hombre, es justamente el campo o el territorio de la meta misma. Es decir, el hombre – y no el cuerpo – espera paz tras la tormenta, siempre en la búsqueda de un idílico centro posicionalmente estable dentro del ciclón.Pero resulta que el ojo del ciclón se desplaza y se disipa junto con el propio ciclón. Sólo una afirmación radical de lo que nos desborda y quema, del ciclón entero y no sólo el estar dispuesto hacia fuera del ojo del ciclón, sino querer su totalidad, desplazándonos con ella hasta que el propio ciclón se encuentre con su deceso y final, puede permitirnos maniobras de ajuste y adaptación. Devenir con el ciclón, pero acaso ¿será nuestro final también? ¿Tendremos que luchar contras otras naturalezas? ¿Para ello no tendremos en definitiva que luchar contra nosotros mismos?

Actualmente tratamos más de volver a un estadio capitalista pasado que a un capitalismo incógnito. El llamado “Estado del Bienestar” sólo es concebible en uno de los segmentos o planos del capitalismo planetario. En realidad, el Estado del Bienestar sólo puede darse en el capitalismo mientras exista un excedente, una plusvalía y estabilidad en las redes o mercados con las que el Estado del Bienestar tenga contrato o interacción. El Estado del Bienestar supone una Clausura por tanto de un segmento del capitalismo planetario, que se protegería temporalmente – y esto es lo que se intenta constantemente eludir – de las tormentas y torbellinos en otros lares del planeta. El caso es que el Estado del Bienestar como política de la Clausura performa en su seno constantemente el deseo de conservación y de protección, de manera que existe una oscilación que va desde la agorafobia socio-económica hasta movimientos demenciales para preservar la identidad, hasta el punto en que la tensión acumulada en esa conformación deseante cesa y cientos de miles de flujos comienzan a derramarse.

Entonces aparece en escena la llamada ‘Paz Social’, que es tan sólo un bonito eufemismo para el mantenimiento conservador del status quo de una formación social determinada. La paz es violencia contenida, redirigida. La paz busca la conservación, pero la de un organismo concreto, sea molar, sea molecular, pero siempre de sólo uno de ellos sobre otros (¿Acaso no existe una militarización de la paz?) . Es decir, la paz quiere imponerse y la pacificación no es sino un medio bien de devolver las cosas a un estado primitivo, bien de lanzar a la aceptación hegemónica un código de circulación, conducta y reserva de energía.

Buscar la paz en el capitalismo, como en cualquier otro sistema, no sólo es ingenuo sino que es profundamente reaccionario. El capitalismo eres tú y soy yo. Y nosotros lo somos por una pacificación que extrae parte de nuestra violencia vital y redirige el resto. No hay alternativa al capitalismo si no es a partir y junto con él. De Si vis pacem para bellum a Si vis vitae affirma bellum.

Futurpunk, (Valencia)

Los diarios de Piglia

Anagrama acaba de publicar la segunda parte de «Los diarios de Emilio Renzi», la auténtica cocina literaria de Piglia

Nacido en Adrogué (Buenos Aires) en 1940, Ricardo Piglia vivió en 1957 la experiencia traumática del abandono forzoso de su escenario familiar. Su padre, médico de filiación peronista, tras pasar un año de cárcel después del golpe de Estado militar que acabó con la presidencia de Perón en 1955, se siente perseguido y acosado, y toda la familia termina por abandonar Adrogué y marchar a Mar del Plata en diciembre de 1957. Y es precisamente este momento, de mudanza y de ruptura, cuando un jovencísimo Piglia de apenas 17 años decide iniciar un diario que mantendrá vivo durante 60 años y que funcionará no solo como «confesionario» personal, sino como la «cocina» donde se irá preparando todo el menú que acabará convirtiendo a Ricardo Piglia en uno de los escritores decisivos no solo de la literatura argentina sino de la literatura en español y de la literatura en general.

Durante décadas, estos diarios, que Piglia (en su tradicional juego de espejos) atribuía a su alter ego Emilio Renzi (protagonista y narrador de buena parte de sus novelas y relatos), fueron convirtiéndose en el mítico y desconocido reducto donde el autor Piglia dilucidaba consigo mismo las experiencias de todo orden (personales o literarias), las filias y fobias, los deseos y frustraciones que -se sabía o se intuía- acabarían nutriendo su singular mundo ensayístico y narrativo. Y así, con el paso del tiempo, esos famosos pero desconocidos y enigmáticos diarios se fueron convirtiendo en un manjar deseado (y hasta reclamado) por todos aquellos que (en número creciente) iban siendo seducidos por una literatura que siempre se presentaba con un sello muy particular.

Hasta que en septiembre de 2015, Anagrama dio por fin a la luz el primero de los tres grandes tomos que contendrán lo que a todas luces es una versión probablemente abreviada, seleccionada y, desde luego, corregida de ese inmenso trabajo de toda una vida. Ese primer tomo, que lleva por subtítulo «Años de formación», recorre el crucial período que va desde 1957 a 1967, es decir, desde que abandona con sus padres Adrogué para marchar a Mar del Plata hasta que se publica su primer libro: los relatos que integran «La Invasión», un libro inaugural que ya obtuvo una mención especial de la Casa de las Américas ese mismo año.

«Años de formación» pretende dar respuesta a la pregunta que el propio Renzi (Piglia) se hace desde un principio: «¿Cómo se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor?». Aquí ya encontramos una respuesta inicial: «No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, parece más bien a una manía, un hábito, una seducción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo, y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro)».

En las páginas de este primer tomo de sus diarios asoman, de forma especial, sus primeras lecturas (y los primeros atisbos críticos; no olvidemos que Piglia, a la par que narrador, es un magnífico ensayista, un verdadero ensayista de referencia); aparecen los cines y las películas, que Piglia devora con auténtico frenesí; asoma una geografía múltiple (Adrogué, Mar del Plata, Buenos Aires, La Plata), que es el cuadrilátero donde se despliega toda la actividad vital del joven Piglia; y, por supuesto, asoma la vida, «lo real»: los primeros amoríos, con sus goces, descubrimientos y decepciones; la vida de estudiante, con sus vaivenes y su hastío; los primeros entusiasmos, las primeras rebeldías y los primeros desengaños; los primeros trabajos literarios o académicos (siempre de escasa e incierta remuneración) y sus primeros escarceos en el mundillo literario argentino; los encuentros con colegas y amigos, siempre en busca de aventuras (incluso aventuras peligrosas, con gente que roza o está integrada de lleno en el mundo de la delincuencia); las primeras pasiones y decepciones políticas; las estrecheces económicas; y la escritura y reescritura de los primeros relatos, donde se dilucida el tipo de escritor que Piglia aspira a ser: su ambición, su pasión por la técnica, por la pulcritud, el trasfondo histórico y político que siempre ha tenido su escritura…. Todo ello anotado de forma minuciosa y, a la vez, con un estilo literario muy definido y exigente, con la conciencia clara de que estos textos serán un día ingredientes importantes de su mundo de ficción.

En sus Diarios -que han devenido en una lectura casi «obligatoria» para la creciente legión de admiradores de Piglia, pero también para jóvenes escritores interesados en conocer la «cocina» literaria de un autor de su talla-, el autor va construyendo año a año la auténtica «novela de su vida», que es a la vez memoria viva y laboratorio fecundo para sus ficciones.

Con el primer tomo de estos diarios Piglia obtuvo un enorme reconocimiento: el libro fue elegido por los principales suplementos literarios de los diarios españoles «mejor libro del año».

Y ahora, tras ese éxito fulgurante, Anagrama presenta el segundo volumen, que lleva por subtítulo «Los años felices», y que arranca precisamente donde lo dejó el tomo anterior. Este segundo volumen recorre el periodo que va de 1968 a 1975. Y si en el anterior asistíamos a la forja del escritor en ciernes, aquí se desarrolla su carrera en el mundo de las letras argentinas, con la dirección de una revista, los trabajos editoriales, los artículos, los cursos y conferencias.

La pasión, la obsesión por la literatura se materializa en ideas y esbozos para cuentos y novelas, lecturas, encuentros con escritores consagrados –Borges, Puig, Roa Bastos, Piñera…– y compañeros de generación, reflexiones sobre la escritura y sobre la obra de autores clásicos y novelistas policiacos, descubrimientos, búsquedas y fracasos. Y también aparecen los viajes, la vida íntima y amorosa, y la Argentina de unos años convulsos: el fallecimiento de Perón, la emergencia de grupos guerrilleros, el golpe militar del 76…

Para el gran crítico Masoliver Ródenas, estos «Diarios» son «su obra más luminosa y representativa. Una verdadera obra maestra. Piglia nos va conduciendo al verdadero centro, allí donde vida y literatura se encuentran definitivamente». Un acontecimiento literario para la lengua española y un auténtico festín para el lector.

Manuel Turégano

SI NO FUERA POR…

El avezado lector habrá observado que estos días la Agencia Tributaria ha lanzado una campaña publicitaria que pretende concienciar a la ciudadanía para que contribuya, para que cumpla con su obligación de pagar al “fisco”. Así, nos dice el anuncio, “si no fuera por Juan, Ana no podría llevar a su hijo al colegio; si no fuera por esta, Cristina no podría coger el coche; Héctor no podría ir al médico si no fuera por Cristina y, volviendo a Juan, este no cobraría su pensión si no fuera por Héctor”. Es decir, gracias a que `todos´ contribuimos podemos tener una buena sanidad, una educación, pensiones, infraestructuras… Y termina el spot con la frase: “Contribuimos para recibir”; tiene gracia la cita; ¿quién contribuye y quién recibe?

 

Cabe recordar que la Agencia Tributaria depende del Ministerio de Hacienda que dirige el Sr. Montoro. Pues quisiera recordarle a este señor que desde que él es responsable de dicha cartera la cifra del fraude en España se ha disparado hasta los 250000 millones de euros, aproximadamente el 25% del PIB, siendo el segundo problema más grave para los españoles, sólo superado por el del paro. Viendo esas imágenes a uno le entra (permítanme la expresión) “muy mal rollo”; me parece indignante que la misma institución que nos pide que colaboremos, permita un fraude de ¡un cuarto de billón de euros! ¿Es que sólo debemos pagar impuestos los de siempre? ¿Acaso nos han aborregado de tal manera que nos ha de parecer normal que se defraude a pequeña, pero sobretodo, a gran escala?

 

Tal vez el anuncio tendría que haber discurrido por otros derroteros para concienciarnos realmente. Debería haber explicado ciertos datos que muchos desconocen (y yo también, hasta hace unos días), a saber: es verdad que, frente al 38´9% de Europa Occidental, nuestra presión fiscal es del 32´6%, lo que nos da mayor competitividad y permite una mayor capacidad de atraer empresas extranjeras. Sin embargo el porcentaje de gasto en educación respecto del PIB está entorno  al 4´5% (en la UE sólo tenemos por detrás a “grandes potencias tecnológicas”como Hungría, Grecia, Eslovaquia, Letonia, Rumanía o Croacia).

 

Asimismo, el gasto en sanidad representa el 14´5% de los Presupuestos Generales del Estado; vamos por delante de los países antes citados más Irlanda, Chipre, Estonia y Portugal; pero por detrás de lo países más avanzados, (léase, Reino Unido, Alemania, Francia, los países escandinavos). Por tanto, ¿quién paga?: autónomos y trabajadores por cuenta ajena. De hecho no pertenecen a estos colectivos laborales las grandes bolsas de fraude fiscal ni los enormes depósitos en paraísos fiscales, ni las SICAV. ¿Y quién recibe? Las rentas más bajas, los pensionistas y determinadas instituciones públicas como sanidad y educación; aunque, como ya he señalado, por detrás de los países punteros en cuanto a porcentaje de PIB y de Presupuestos.

 

Así pues, uno tiene la impresión de que aquello de “Hacienda somos todos” es mentira, sin más. Si de verdad se pretende recaudar para que otros `reciban´, sería interesante que este spot anunciara que desde la Agencia Tributaria se va a modificar el Impuesto de Sociedades para que las empresas del IBEX 35 no paguen unos ridículos porcentajes de sus beneficios frente a las PYMES que son las que mayor carga impositiva soportan.

 

El problema, en fin, es que en España el fraude es inherente a nuestra cultura y mucho me temo que esta campaña no va a ser ejemplo de nada ni para nadie. Ya lo dijo Einstein: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, es la única”.

Moska

 

   N.B.: Muchos de los datos aquí expuestos son fruto de los sabios consejos de un compañero del IES Camp de Turia de Liria, sin cuya colaboración este artículo nunca habría visto la luz.

GERARD PIQUÉ

   Referéndum: (del latín `referendum´ -lo que ha de ser consultado-; n. del gerundivo `referre, consultar). Procedimiento por el que se someten al voto popular leyes o decisiones políticas con carácter consultivo o decisorio. 

   He creído necesario exponer esta definición para intentar aclarar determinados comportamientos de una parte de la ciudadanía con respecto al jugador del F.C. Barcelona que da título a este escrito; pues en los primeros días de octubre, y dentro del “mundillo” futbolístico, han sorprendido a muchos las declaraciones del jugador a propósito de abandonar la selección española después del mundial de Rusia de 2018; (sí, han leído bien, 2018). Lo que indica que Piqué sigue comprometido con el equipo que tanto le ha dado y al que tanto ha defendido, incluso arriesgando su integridad física -hay imágenes que los demuestran-. Por lo tanto dudar e insultar a un jugador de la selección porque piensa y habla de forma diferente a muchos no me parece apropiado ni debe permitirse. 

   Existe un derecho en España que es el de la libertad de expresión; como también existe el de la libertad ideológica, (en ambos casos, siempre respetando al otro). Creo que ese ha sido el problema que ha tenido Piqué. En primer lugar, porque afortunadamente suele salirse del guión establecido en las entrevistas y no entra en los lugares comunes y tópicos que todos los protagonistas del balompié usan. En efecto, a Gerard no le va lo políticamente correcto. Y en segundo lugar, porque se posicionó ideológicamente asistiendo a la manifestación de la Diada catalana y apoyando la consulta soberanista. ¡Ojo, apoyando la consulta! Nunca ha dicho que sea independentista o que quiera la independencia de Cataluña. 

   Pero ¡qué más da! Para determinada prensa, determinados políticos y un porcentaje nada desdeñable de la opinión pública Piqué es un antiespañol, casi un traidor que no merece vestir ni representar la camiseta de la selección. Quede claro que no pretendo hacer una defensa a ultranza de la selección ni de sus colores: no soy nacionalista, ni periférico ni españolista, pues considero que los nacionalismos, por su propia naturaleza, son excluyentes. Estoy defendiendo a la persona, pues creo que, con independencia de sus ideas, ha dado sobradas muestras de su entrega en el campo; es más, creo que ha ayudado a que España ganara un mundial y un europeo, si no me equivoco. Y raya en la estupidez criticarlo porque se cortó las mangas de una camiseta que, casualmente, era igual que la que llevaba su compañero Sergio Ramos: sin la bandera española. Hasta la RFEF ha reconocido tal hecho.  

   En definitiva, ¿qué importa si Piqué es favorable al referéndum? ¿Qué más da que éste se celebre si según las últimas encuestas saldría un “no” a la independencia? Remito aquí al lector al Articulo 92, título III de nuestra Constitución en el que se prevén este tipo de eventualidades. Actúese, pues, en consecuencia y, por favor, ¡separemos la política del deporte!

Moska

El Aleph

Los que tenemos el vicio de la curiosidad, habitualmente tratamos de seguir el hilo del tiempo para desentrañar los misterios que nos inquietan. A veces lo hacemos adrede pero en general el mecanismo de búsqueda se desencadena de manera inconsciente, de tal modo que en ocasiones nos encontramos tratando de localizar entelequias o de rememorar acontecimientos, situaciones, conversaciones, gestos, palabras que quizás nunca escuchamos o que se desvanecieron en alguna esquina insondable de de nuestra memoria.

Si lo que intentamos averiguar es algo ajeno o público, un hecho histórico, un acontecimiento universal, un movimiento literario o artístico, una corriente filosófica o algo así, contamos con mecanismos múltiples que en general  nos llevarán a elaborar un informe para explicar la razón de nuestra inquietud; este relato o bien nos dejará satisfechos o bien nos llevará a profundizar en aspectos que a priori no nos habíamos planteado, pero cuya indagación complementará en algún momento nuestra necesidad de información o de evidencias.

Para ilustrar este argumento, de lo fácil que resulta averiguar algo ajeno y llegar a una conclusión palmaria, serviría el ejemplo de lo improcedente (por emplear un eufemismo) del nombramiento de José Manuel Soria como director ejecutivo del Banco Mundial. A poco que tiremos del hilo, el pasado abril, tras el cese del canario como Ministro por su implicación en el caso denominado de “Los papeles de Panamá”, podemos encontrar evidencias como las declaraciones de Montoro que aseguraba: Nadie puede estar en el Gobierno que haya operado en paraísos fiscales. Si nos remontamos un poco más atrás en el tiempo, veremos que hace ya más de 10 años que Soria se vio envuelto en diversos asuntos judiciales por temas de corrupción urbanística, su nombre aparecía también en el “Caso Eolo”,  en el “Caso chalet”, o en el Caso salmón”. Por fin el 15 de abril pasado, tras varias contradicciones y al no poder aclarar su relación con el asunto de Panamá, renunció a sus numerosos cargos como Ministro de Industria, Energía y Turismo de España, Diputado en Las Cortes Generales por Las Palmas y Presidente del PP de Canarias. En cuanto a si su nombramiento para el Banco Mundial se ha hecho por concurso público, sólo falta saber cuándo y dónde se publicó dicho concurso, los requisitos, entre los que debería constar el no estar inhabilitado para cargo público, y qué otros candidatos se presentaron al mismo. Por si estas consideraciones no fueran suficientes, también podríamos apelar al sentido común, que jamás nos aconsejaría nombrar a un glotón como encargado de una pastelería.

Distinto es cuando lo que tratamos de averiguar es algo personal o íntimo, saber por ejemplo los motivos que provocaron una falsedad o un desengaño; en ese caso las fuentes de información se reducen considerablemente y el hilo del que tratamos de tirar aparece con frecuencia tan enmarañado que nos parece imposible desenredarlo sin cortar sus inagotables nudos. Y lo peor es que el ovillo nunca se desenredará solo sino que cuanto más tiempo permanezca revuelto más fuertes y más liados estarán sus cabos; pero a veces la propia voluntad de deshacer la maraña no basta para destrabarla porque hacen falta otros puntos de vista no reflejados en las hemerotecas, y por lo tanto es necesaria la concurrencia de otros sujetos que fueron testigos o participaron de esa intimidad que he mencionado, y puede suceder que ellos no sientan la misma curiosidad ni tengan inquietudes parecidas a las nuestras.

A la espera de encontrar la lámpara de mi propio Aleph, ese diminuto recinto del espacio que contienen todos los puntos y en el que se encuentran todos los lugares de la tierra, tengo en la recámara de mi memoria o de mi pensamiento unas cuantas madejas revueltas que me encantaría poder desenmarañar. En ausencia de esa bola de cristal, me gustaría hacer llegar a quien corresponda el mensaje de que aquí estoy yo, dispuesta y disponible para dilucidar enredos, antes de que el ovillo se apolille o antes de que la búsqueda deje de ser uno de los principales impulsos de mi existencia.

María Valeska

ESTULTICIAS

Corría 1970 o así, cuando unas mujeres en Zaragoza, se manifestaron en una piscina de la localidad, por supuesto en la parte femenina, ya que había segregación por aquello de la moral, contra la prohibición de llevar bikinis, la prensa local les llamaba biquinis que la K era como corrupción extranjeruza.

Casi 50 años después, Francia, la de prohibido prohibir, se enzarza en una guerra particular, contra el uso de una prenda también con k, el burkini. Semejante sandez, sería solo eso, si no fuera acompañado por un regusto raro, como acre, algo así como que no son de aquí. Todo ello en un país donde van por más de  tres generaciones de árabes consolidadas y donde los modernos cuando visitábamos París acudíamos a la tetería de la Gran Mezquita de París, donde disfrutábamos de un té exótico en un establecimiento que soñábamos tuviera algún día España, país de monocultivo nacionalcatólico. Por cierto, la mezquita de París, fue construida en homenaje a los árabes que cayeron en la primera guerra mundial defendiendo Francia. De largo le viene al galgo.

Ahora el tema se instala en nuestro país, que parece que les molesta a algunos y que sirve de bálsamo para el tedio informativo del verano. Bueno, como dice un amigo al que le aburren las conversaciones circulares, el tema no da para más.

Pues sí da para más, gracias a Podemos, ese partido moralista y prohibicionista de izquierdas, como si estos dos conceptos fueran compatibles. Decide acercarse a comunidad musulmana, con dos medidas harto curiosas, la primera, crear playas solo para mujeres musulmanas para que puedan bañarse sin ser vistas por hombres, lo cual prohíbe su religión, esto es, volver a la piscina segregada de la España de los 70. Es una medida reivindicada en Marruecos, donde una mujer que lleve una prenda de baño convencional es acosada por el personal  masculino. La solución es segregarla, no garantizar su derecho a utilizar un espacio público.

He leído algunas declaraciones de personas que acuden con burkinis, a las playas y se sienten observadas y por tanto intimidadas. Es posible, pero también lógico en una sociedad que no está acostumbrada a esa prenda. Las costumbres de unos europeos que visten diferente, se tiene que hacer hueco en una sociedad que por lógica devendrá y ya lo es multicultural. El Estado debe garantizar lo contrario que en Francia, que no se les moleste y que puedan ejercer su libertad.

Y como el estado y la sociedad no es lo mismo, a veces afortunadamente y otras veces no, se debería crear una cultura de la permisividad.

La otra medida que proponen los chicos de Podemos, es prohibir, siempre ese maldito verbo de los incapaces, las fiestas de Moros y Cristianos, el argumento es “de peso”, “en una España democrática no deberían existir una fiestas de ese tipo”. Bueno, ya están los que nos administran lo que es y no es democrático. Siempre me surge la duda de si beben o han bebido en la fuente del estalinismo o del confesionario, o lo que es peor de las dos.

La próxima será prohibir el Cipotegato, por tener un nombre machista, al tiempo. Y por si sirve, este verano he visto en la playa de la Malvarrosa mujeres con burkini que me han parecido muy sensuales. Pero de mi gusto no se fíen, a mi me pone la Ana Botella cuando me la imagino en ropa interior, sudorosa como en una escena de “La gata en el tejido de la zinc” y diciendo a su marido – José Mari no se te ocurra entrar en la casa con los zapatos llenos de barro- En esto de los gustos…

El xic del pis de dalt

FALTAN ÁRBOLES

Recientemente todo son noticias sobre incendios. Los informativos no paran de mostrar enormes bosques invadidos por las llamas. Negras humaredas ocultando el horizonte. Personas evacuadas. Carreteras cortadas. Señalan que algunos incendios pueden ser intencionados. No puedo imaginar que alguien disfrute destruyendo naturaleza. Pero tampoco me extraña tanto si observo cómo el cemento se apodera de nuestras ciudades, ante la mirada impasible de la mayoría.

Vivimos en espacios donde predominan edificios, muchos de ellos mastodónticos, feos, vulgares, desnudos. Qué pocas personas se toman la molestia de cultivar plantas en los balcones, en las terrazas. Es deprimente contemplar fachadas y fachadas en las que predomina el ladrillo, el acero y el cristal. Tampoco crecen muchos árboles en las aceras. En algunas calles, están ausentes En otras, observamos que el espacio destinado a un árbol, aparece seco, sin vida. Tal vez el árbol murió, pero nadie lo repone.

Existen los jardines, pero están contenidos en espacios limitados. ¿Por qué no convertir la ciudad en jardín? Muchos reyes lo hicieron en la antigüedad. Ellos, más sensibles tal vez que nosotros, deseaban rodearse de belleza y salud. Y nada mejor que la vegetación.

Cuando paseo por nuestras calles, echo en falta esa vegetación que nos aporta oxígeno, belleza, sombra y frescor en los tórridos veranos. Nos faltan árboles, plantas en las fachadas, jardines en cada solar baldío. Y no creo que deba ser responsabilidad exclusiva de nuestras autoridades. Es cierto que ellos se ocupan oficialmente del tema, pero nosotros también somos parte implicada y no parece inquietarnos demasiado que la ciudad esté tan desprovista de vida vegetal. Podríamos aumentar el verdor de nuestro entorno por propia iniciativa, cultivando macetas en ventanas y balcones. Algo fácil y económico que embellecería esas tristes fachadas áridas y desnudas. Sería una medida personal y comprometida, una forma de enfrentarnos a la desertización que, poco a poco y de manera implacable, venimos sufriendo.

Susana Benet

ULTIMA HORA: 51 MIL MILLONES EN… AMIGUETES DE LA BANCA

Acabo de ver las noticias económicas y no acierto a creer lo oído.

De los 51 mil, si, millones de euros, que el gobierno “prestó” al sistema bancario español para evitar su quiebra (que prestó a los  amiguetes de la banca en plena crisis vamos…), ya dan por perdidos 26 mil… y no dicen de qué, de quién, ni por qué…

A todo esto, el resto del “sistema amiguetes bancarios” del cual aún se espera que devuelva algo… ¡lleva tan solo un 5% devuelto!

Las comparaciones son odiosas, sobre todo cuando a uno le dicen durante la misma noticia que los recortes en sanidad y educación juntos fueron de 16 mil, si joder, de millones, ¡y de euros! ¡Que aquí las noticias aún parece que hablen de pesetas!

“El tiempo pasará…y la última quedará…paraparaaa”, que decía ZAZ en su canción. La última noticia claro, porque esta pasará, y era dinero público… y el de las guindas seguirá siendo “el mejor ministro de economía de la historia”…para el PP.  Y el PSOE le hará la cobertura para que esos “milloncitos de ná…” pasen a mejor vida a nivel noticia… como la memoria histo(é)rica.

Yo haría una manifestación mañana en todo el territorio para exigir las cuentas de esa “ayudita” a la banca que tanto nos ha costado y tanto daño hizo a la sociedad que aún mantiene sus secuelas,  porque somos millones, esta vez de personas, que tendremos muy difícil recuperarnos de esas decisiones “amichevoli” que diría la mafia siciliana… de la casta política.

Nos han colado una más, el gobierno banquero. Dad lo por hecho.

P.D: el BDE sabía que Bankia falseaba sus datos antes de salir a Bolsa… era (supuestamente) cómplice. Y muy amiguetes…

Desfalko C.B. (Panamá)

TRADICION, RESPETO Y SURREALISMO

   Antes de entrar en el desarrollo del artículo quiero trasladar mi pésame a la familia del diestro Víctor Barrio, fallecido en la plaza de Teruel, víctima de una cornada, así como mi respeto hacia el colectivo taurino. Y, aunque no comparto los argumentos que defienden la celebración de las corridas de toros -de hecho, no me gustan-, por mi condición de demócrata respeto que se mantenga la práctica del toreo, sin entrar en el manido argumento de los muchos puestos de trabajo que genera y de la cantidad de familias que vive de esta ¿tradición? 

  No me gusta ver morir ni que se maltrate a los toros; los protaurinos aducen que estos nacen y viven para eso; los antitaurinos, por el contrario, creen que el mero hecho de correr por una calle les provoca estrés. No estoy de acuerdo ni con unos ni con otros; me inclino más por los festejos taurinos a la portuguesa, en los que no se sacrifica a los astados. Pero una cosa es ser antitaurino y otra muy distinta es el insulto, deseando a su vez la muerte del torero, o peor, celebrándola.

   Es lo que pasó el mismo y lo siguientes a la muerte de Barrio: tuits de mucha gente alegrándose de ese desenlace. Aún considerando la vaga posibilidad de no incurrir en ningún tipo de delito, éticamente es reprobable dicho comportamiento y ofensivo hacia la víctima y sus familiares. De hecho, creo que esos comentarios sí suponen un delito, o peor, dos: un delito de injurias y otro de incitación al odio. De ser así, espero que la justicia obre en consecuencia y sus autores sean castigados. 

   Se da la circunstancia de que en los últimos años el debate animalista ha crecido exponencialmente: entre políticos, ciudadanos y otros colectivos. Sobretodo a partir de las elecciones autonómicas y municipales de 2015, en las que, debido a diversas alianzas se produjo un cambio de gobierno y donde estuvo el PP, ahora se encuentra el tan denostado tripartito, lo que ha permitido cambiar la percepción que tenemos de ciertas tradiciones.  

   En ese sentido, hace unas semanas tuve una acalorada conversación con un grupo de personas que me dejó desagradablemente sorprendido. Cuando el tripartito comenzó a gobernar, mucha gente expresó su temor a que aquel acabara con las tradiciones taurinas (corridas de toros y “bous al carrer”). Y en algunas poblaciones dicho gobierno decidió prohibir unilateralmente dichos festejos. En aquellos momentos los protaurinos protestaron, no sin razón, contra esa decisión; argüían que, al menos se contara con la opinión del pueblo, que éste votara en referendo la continuidad de los toros. Dicho y hecho; otros pueblos sometieron esta al voto de sus vecinos. La sorpresa vino cuando vimos que el resultado en algunos lugares fue prohibir esos festejos. En esa conversación, pues, se me ocurrió comentar que era lo que había decidido la mayoría; se me echaron al cuello diciendo que, ¡horror!, para según qué cosas los políticos no deben contar con sus ciudadanos. Sí, los mismos que pedían que se contara con el pueblo. 

   ¿Volvemos al Despotismo Ilustrado? Desde luego, en este caso, los protaurinos están defendiendo lo uno y lo contrario y así se lo hice saber a mis contertulios, quienes hicieron gala de un talante más bien antidemocrático y con cierto tufillo “fascistoide”. En conclusión, ¿qué habría pasado si allí donde se ha votado hubiera salido el “no”? Debemos hacer una relectura de lo que suponen algunas tradiciones y actuar en consecuencia; y esto pasa por no sacar las vísceras a pasear; pasa por que todas las partes se sienten a dialogar, dejando claras todas las posiciones con el fin de llegar a acuerdos que satisfagan a todos. Eso es democracia, lo demás, demagogia y populismo. De unos y otros.

            Moska

SINTAXIS

Abandonar aquel pequeño transistor dentro de un bolso tuvo consecuencias imprevistas. Cuando sus envejecidas pilas fenecieron un licor viscoso fue embadurnando los objetos más próximos que lo rodeaban: una agenda telefónica, dos recibos de la luz, un monedero huérfano y un lápiz de memoria. Al verse este último acorralado por la creciente inundación, de su estrecha ranura fueron saliendo angustiadas una tras otra todas las palabras encerradas.

         Imposible discernir si naufragio o fuga de prisión, el caso fue que al poco tiempo aquel bolso rebosaba mensajes inconexos por sus paredes, descendían a modo de catarata entre la cajonera ciega del armario y atravesaban los quicios de sus puertas para brotar por el pasillo como un río cargado de significantes.

         Un perro analfabeto que compartía la vivienda, percibiendo aquel caudal ladró algo incomprensible y se refugió en su habitáculo.

         Las palabras libres generan vida, no se nos había ocurrido, pero así es. Y así fue. Despojadas de la apretura en que vivían desde su nacimiento fuéronse ubicando por diferentes habitaciones de manera silenciosa, algo lógico por tratarse de escrituras cuya característica más elemental es la sordera.

         Como buenas ciudadanas los primeros grupos se formaron según afinidades léxicas de vecindad. Tahona, vaharada, zanahoria, deshuesado y cacahuete formaron una sociedad gastronómica de haches intercaladas cuya misión principal era cobrar furtivamente piezas en forma de errores ortográficos. Más animadas eran barrio, percanta, berretín y atorrante formando malevas parejas de tangos en una milonga de arrabal instalada sobre las maltrechas baldosas de la terraza. Atracción, deseo, amor, desencanto y odio una gráfica cartesiana de sube y baja. Represión, locura y éxito optaron por presentar una candidatura electoral centrista. En fin, así sucesivamente.

         Semejante cohabitación, por carecer de fronteras, convivía pacíficamente a través de la ignorancia mutua de su existencia. Un truco elemental y efectivo sin lugar a duda. Los primeros conflictos no obstante se entablaron a partir de las más elemntales asociaciones: Te quiero despertó ocultos anhelos de propiedad; Vete de aquí, la sensación de patria, de primeras identidades; Déjame en paz, una abierta hostilidad.

         La caja de Pandora reabría sus puertas. A las asociaciones binarias y ternarias sucedieron frases cargadas de enigmas: No consentiré que te hagan daño o Ten un poco de sentido común albergaron la posibilidad de formas más complejas al estilo La práctica demuestra que la constante divulgación de informaciones ofrece una buena  y verificable oportunidad de compartir conceptos participativos, lo que contribuyó en buena medida al aburrimiento y desencanto de amplios sectores semánticos que desembocaron en sutiles y amenazadores puntos suspensivos diseminados por el cuarto de baño: Si me hubieran dejaran a mí…, Verás que pronto le corto las alas…, Ya era hora…, llegando al radicalismo de la tiránica interjección ¡Bajo ningún concepto!

         Las palabras iban y venían enloquecidas y algunas con estudios cristalizaron por la librería creando nuevas formas de dominio: pendrive, skype, overbooking o cash-flow que sin aportar nada nuevo llegaron incluso a empeoraron las cosas. Pero la palma del desfase la acuñó De alguna manera tuve la sensación de que debía optimizar recursos. Ahí queda eso; se instaló debajo de la cómoda y no hubo forma de desalojarla ni siquiera con amenazas tales como objetivo a medio plazo, a nivel de proyecto o integración multicultural, grupos de hondo calado disuasorio.

         La prosa abrió paso a la rima, ésta al verso suelto y la metáfora se instaló entre ambas como un alivio de expresión matizada para convertir escalera en deseo, puerta en duda, velas en alas y oscuridad en silencio. El teatro permanecía agazapado esperando oportunidad humana que le diera energía suficiente y el ensayo se giró de espalda para continuar a lo suyo. Biografías, tratados enciclopédicos, cartas de amor, periódicos, catecismos, anónimos, canciones, cuentos, crucigramas, novelas, crónicas, mitos, sumarios, carteles y anuncios clasificados partieron de aquel adminículo memorístico con forma de enchufe para asaltar los rincones de aquella morada a veces inocente, otrora canalla. En sus empingorotadas noches oíanse afligidos llantos de palabras marginales desde su amargo destierro. Eran los mugidos del escroto, lamentos de crótalo, gemidos de la presbicia. Un horror.  

         Para qué engañarnos, procurar el final de este cuento no es fácil y no por ello se merece una aspiradora que borre de la moqueta todas y cada una de las letras, ni necesita de mopa que limpie, fije y dé esplendor al parqué del salón. Las palabras conviven entre nosotros desde la infancia y dicen que configuran nuestro quehacer. Las palabras son libres dentro de las personas que quieren serlo y para ello no hay reglas, no hay truco, ni verdades inagotables ni dioses que las conduzcan. Eso sí, estimados lectores y usuarios, ya puestos en su manejo procurad hacerlo con la soltura que otorga la sencillez de lo breve. Por eso mismo, Fin.

Ramón Díez