ESTA YA LA HE VISTO: Piratas del caribe: la venganza de Salazar

Esta nueva entrega de los piratas caribeños, firmada por Joachim Ronning y Espen Sandberg, nos ofrece de nuevo elementos fantásticos y a un Johnny Depp con la exigencia de ser héroe y cómico. Nada nuevo.

La película da al público lo que pide, pero excediéndose en la cantidad. Las escenas del robo al banco o de la guillotina giratoria no tienen parangón.ESTA YA LA HE VISTO

Javier Bardem aporta un villano exquisito con el Pirata Salazar, con sus mechones ingrávidos, meciéndose en el aire como la melena de un ahogado y su estocada taurina en pleno abordaje, es la atracción principal en la que se apoya este circo de tres pistas en esta quinta entrega. Algunos ven en la actuación de Bardem algún eco de Boris Karloff a su desmesurado personaje.

Piratas del Caribe ha vivido el éxito de manera meteórica, tuvo un sorprendente inicio, una potente continuación, una culminación de todo lo anterior y una deriva aburrida justo después. Es un mal endémico en las sagas, morir de éxito enterradas por el mismo público que las encumbró.

La Venganza de Salazar ha sido criticada por innecesaria y encumbrada por su cualidad de honesta. Los directores saben que aporta poco y por eso se dejan la piel en entretener al espectador. Tripulaciones malditas, aguas traicioneras y leyendas antiguas se dan cita una vez más, con un sano toque de autoparodia que evita el sabor rancio.

Pero no se dejen influir por la opinión de nadie y vayan al cine, recuerden que siempre es una buena opción de ocio.

El cine de los sábados

LA CHAMPIONS Y LA POLÍTICA

La Champions

Es de recibo comenzar felicitando al Real Madrid C.F. por ganar su duodécima Copa de Europa.

El Madrid ha ganado tres Champions en los cuatro últimos años, dos consecutivas. Dicen que las casualidades no existen, pero, creo que un acontecimiento de este “calibre” merece alguna puntualización.

Qué casualidad que las haya conseguido cuando en España gobernaba la derecha: Seis con Franco (1956, 1957, 1958, 1959, 1960 y 1966), tres con Aznar (1998, 2000 y 2002), y tres con Rajoy (2014, 2016, 2017).

Como también es casualidad que las cinco Copas de Europa conseguidas por el F.C. Barcelona, cuatro las han conseguido con gobiernos del PSOE: Una con Felipe Gonzalez (1992) y tres con Zapatero (2006, 2009 y 2011) y la última en 2015 con el gobierno de Rajoy, pero era un gobierno en funciones, no hay que olvidarlo.

Si la relación entre la Champions y la política existe, tal cual acabo de demostrar, cabe pensar que equipo ganaría la Copa de Europa cuando en España termine el bipartidismo y gobierne alguno de los nuevos partidos.

Por ejemplo, Podemos todavía no ha gobernado en España, Pablo Iglesias se ha declarado forofo del Numancia. ¿El día que gobiernen los podemitas el Numancia ganará varias Ligas y varias Champions?

¿Qué resultaría más chocante, ver a Pablo Iglesias investido presidente o ver al Numancia recogiendo la afamada copa?

El tiempo lo dirá…

La alegría de la huerta

La luz verde al final de la bahía

¿Qué más da que perdamos el rumbo? ¿Qué más da que las palabras de Tony Soprano «¿No sé quién soy, ni a dónde voy» retumben en nuestra cabeza? Da igual si nos tomamos unas copas de más o si jugamos con la esquizofrenia paranoide con manía persecutoria, da igual que grandes y pequeños se equivocarán por igual, que Ramsés II se creyera el rey de reyes o que Bukowski dijera que nació para robar las rosas de las avenidas de la muerte; todo eso da igual, porque vivieron, vivimos y vivirán en el mismo saco, ese que llamamos mundo.

Que los románticos se maravillaran con lo sublime de un crepúsculo bañando la magnificencia de la naturaleza, que los realistas los golpearan furiosos y rebuscaran entre lo cotidiano, tratando de extraer algo que brillara más de la cuenta, o lo más mundano que pudieran encontrar. Que los que les siguieran narraran vulgares travesías por carretera, inyección de drogas, ingesta de sueños rotos, penetraciones en lugares cálidos para resguardarse de la noche y viajes al Nirvana y al hospital. Da igual que ahora todos bebamos de ellos, de lo que fueron y pudieron haber sido, porque nuestras partículas, como las suyas, se escaparán por el mismo agujero del mismo saco.

Todos olvidamos alguna vez cuál era el camino correcto, tememos errar y perdernos e incluso, si la cosa llega a tal extremo, llegamos a dudar de si alguna vez podremos regresar y corregir el rumbo. Las pesadillas y obsesiones son piedras habituales sobre esta tierra ignota que nos sobreviene. Charles Arrowby creía ver fantasmas y monstruos marinos y Gatsby se fascinaba con una luz enfermiza al otro lado de la bahía que bien podría haber sido una flor azul. Sea correcto o equívoco el camino, cada uno de nosotros tendrá su propia simbología a la que aferrarse, una que nos ayude a encontrarle un sentido trascendental a la acción más mundana o a la idea más abstracta, para arraigarla a la tierra y a la mente, para hacer que parezca posible y realizable.

Unos buscarán la gloria, el triunfo y la realización; otros el caos, la violencia y la oscuridad que toda vida permite, y unos tantos lo sublime, la belleza y la estrella más perdida del firmamento. Lo que tienen en común todos estos tesoros es que siempre se encontrarán al final del camino, pues si no, ¿qué gracia tendría el juego?

Buscamos fortalecernos, hacernos más grandes y eruditos, pero en lugar de ello el camino puede llegar a marchitarnos, aun cuando vayamos acercándonos a la meta. Camus también lo decía, aquello de que la debilidad excepcional que sentimos ante la belleza es lo que deliciosamente nos ablanda y hace que el mundo sea más soportable. Esto es lo que ocurre en la senda, que nos maravillamos y marchitamos, para al final llegar exhaustos y pequeños, débiles y ancianos, pero habiendo conseguido llegar, que es lo importante.

Y lo mejor de todo es que, aunque muchas veces no lo parezca, el camino incorrecto suele ser el que representa un atajo, una segunda vía para alcanzar esa luz verde que tanto nos obsesiona y que tan lejana parece.

Salva Alberola

 

La susurradora irresistible. Diversidad.

El mundo se viste de arcoíris todos los junios, esa sucesión de colores que representa la diversidad. ¿Crees que ese brillante arco desplegado no te incumbe, que esa imagen polícroma no te atañe?

Piensa.

Quizás cuando te miras al espejo ves un rostro que te identifica, un pecho que te concierne, una entrepierna que te enorgullece.

O quizás no.

Tal vez te amoldas perfectamente a tu cuerpo, o tal vez no, pero ¿qué se acomoda a tu mente? ¿Qué le gusta a tu mente? ¿Le atraen las personalidades sensibles, delicadas, tranquilas? ¿Prefiere el ímpetu, la acción, la energía? ¿Y con qué clase de cuerpo viste tu mente a esa personalidad que le atrae? ¿Un cuerpo viril, musculoso? ¿Un cuerpo masculino pero más redondeado? ¿Un cuerpo con atributos masculinos, pero delicado? ¿Un cuerpo femenino? ¿Un cuerpo de mujer de curvas prominentes? ¿Un cuerpo de mujer deportista? ¿Un cuerpo ambiguo?

¿Y qué le atrae a tu mente, un cuerpo joven o maduro? ¿Y qué color de piel? ¿Con el pelo corto o largo? ¿Con barba y bigote, o sin pelo en el rostro? ¿Y qué voz asigna tu mente al objeto de su atracción? ¿Qué acento?

No hay nada sencillo en la atracción, en el deseo, en la parte más íntima de nuestra alma, en ese lugar escondido que solo nosotrxs conocemos y que a veces ni siquiera nos atrevemos a mirar de frente, a ponerle nombre.

¿Te das cuenta? ¿Te atreves ahora a afirmar que esa bandera no va contigo?

No hay nada más común que la diversidad.

Sin disculpa

 

EL OTRO SURENNES

Tanto experto europeo, tanta visita a los consejos de administración, tanta clase áulica, Felipe Gonzalez y Alfonso Guerra ya fondón, se han encontrado que Pedro les ha quitado la cartera como ellos cuando eran unos desvergonzados se la quitaron a Llopis en el Congreso de Surennes por allá 1974.

Lo más divertido es que si ven la cara de estos, de mala leche, en la foto del Congreso, y la comparan con la de Pedro Sanchez, risueña y alegre, dejemos de lado la de Susana (¿se llama Diez?, ya no recuerdo. ¡pasa tan deprisa el tiempo en política!), veremos que la diferencia es la democracia, la de los primeros de conspiradores, la del segundo la de un vencedor en unas elecciones en la que ha participado la militancia en masa.

El Congreso de Surennes, supuso la renovación del PSOE y tras desasnar Willy Brand a Felipe Gonzalez y unos aciagos sucesos históricos, se ganaron las elecciones que dieron paso al periodo histórico de mayor progreso y estabilidad de nuestro país en la época moderna.

Pero llegó la crisis y puso en solfa el modelo. El PSOE convertido en un gran aparato, solo tenía que esperar a que el PP lo hiciera mal para volver al poder, por supuesto con la garantía de respetar el estatus quo de los poderes económicos y sociales.

Se fraccionó el voto y los partidos con representación parlamentaria y aquí vino el problema. Apareció Podemos, cuyos miembros tenían la misma cara de conspiradores y de mala leche que Felipe Gonzalez y los suyos en el Congreso de Surennes. Y la realidad fue confundida con el síntoma, con lo que la terapia fue inapropiada. La inspiración de los parvenus no era la socialdemocracia de Willy Brand sino la del leninismo de Anguita, su objetivo llevar las contradicciones para hacer desaparecer a los mencheviques.

Y casi lo consiguen gracias a la estulticia del aparato del PSOE, que prefiere al PP que jugar con Podemos, en su descargo pactar con Podemos era prácticamente imposible pero sí llevarlos a que la sociedad tomara nota de ello. Hubiera sido importante para que no aparecieran como las victimas de “tantas traiciones del PSOE”. De hecho el presentar la moción de censura en minoría, sin pactar con el aun principal partido de la oposición y con el resto de fuerzas políticas, solo puede tener ese interés. Para la estrategia de Podemos hubiera sido mejor que hubiera ganado cualquier otro de los candidatos.

Pedro Sánchez no lo tiene fácil, los ciudadanos de izquierdas lo juzgaremos, no por reformar el aparato del PSOE que buena falta hace, si no por no desalojar al PP del poder, al que nunca deberían haber llegado. A Podemos le pedimos pocas astracanadas y efectividad para llegar a pactos que permitan tirar al PP, que mucha responsabilidad tiene en que estén ahí.

LOS BARONES Y LA IZQUIERDA

Parece que la crisis del PSOE, que comenzó el día siguiente de las elecciones del 21 de diciembre de 2015, llega a su fin, y podremos recuperar a un partido fundamental en los periodos democráticos de España.

Inmersos en una grave crisis de nuestra democracia, con una desigualdad social creciente, con la mitad de los parados sin subsidio, desapego de muchos ciudadanos a la democracia, con el problema catalán, la corrupción del Partido Popular y el auge del populismo de Podemos, los barones socialistas (presidentes autonómicos) deciden coordinarse para deshacerse de Pedro Sanchez, capitaneados por Susana Diez. Los mismos que habían aupado a un desconocido en 2014 a la Secretaria General frente a Eduardo Madina.

Un Pedro Sánchez que accede al cargo con la experiencia de diputado de repesca y concejal de Madrid. En la corta legislatura de diciembre a junio no lo hace mal, después de las últimas elecciones se empaña en un gobierno alternativo a Mariano Rajoy de izquierdas. Con Podemos no sumaba y con ERC tenía el hándicap del referéndum.

Se suicida políticamente con la pretendida y fallida convocatoria de un congreso en noviembre de 2016. Perdió y dimitió. Luego vino la gestora y las primarias que contra todo pronóstico ganó. Derrotó a la presidenta de una comunidad autónoma con el 35% de parados y con unas universidades que figuran en el último lugar de la clasificación de la calidad de la enseñanza universitaria española y que en campaña prometía modernizar España.

Sánchez es el nuevo Secretario General de PSOE, con un respaldo de más del 50% de los afiliados del partido, votantes no solo de la marea izquierdista que empapa hoy parte de la socialdemocracia europea, sino que son afiliados indignados por la conducta de algunos barones.

Hay que esperar que Sánchez sea inteligente en su victoria, España lo necesita.

 

Pedro Páramo

Se cumplen cien años del nacimiento de Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, una novela esencial de nuestra lengua

Enigmática, luminosa, transparente, la novela de Rulfo se irí­a convirtiendo con el paso del tiempo en uno de los monumentos literarios más valorado, estudiado y traducido de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Borges la incluyó entre los selectivos textos de su «Biblioteca personal», donde la define como «una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispana, y aun de la literatura». Para Garcí­a Márquez es «la más bella de las historias que se han escrito jamás en la lengua castellana».

“Hay pueblos que saben a desdicha. Se los conoce con sorber un poco de aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Éste es uno de esos pueblos”. Ese pueblo es Comala, el pueblo que busca el narrador al comienzo del relato y adonde va a buscar a su padre, “un tal Pedro Páramo”. Comala, “un pueblo sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno”, como lo describe el arriero que le acompaña. Un pueblo “sin ruidos”, vacío, donde todos están muertos, pero habitado por las voces, los recuerdos, la memoria imborrable de quienes allí anduvieron antes de que se convirtiera en el escenario de la desolación.

Comala ha sido interpretada en clave mítica, en clave histórica y en clave puramente literaria. En realidad, soporta prefectamente las tres lecturas, ya que los tres planos se superponen y articulan en el relato de Rulfo, un relato que conjuga lo misterioso y enigmático con una transparencia descarnada, que es a la vez fabuloso y estrictamente realista, todo ello expresado en un lenguaje tan denso como austero, de una economía y precisión asfixiante a la vez que cargado de sutiles resonancias míticas. Un lenguaje que parece extraído de los relatos bíblicos, aplicado a un realidad que es la historia de una maldición implacable. La de una tierra y la de un hombre condenados a la destrucción.

El transfondo histórico de la novela de Rulfo no es otro que la revolución mexicana, vista desde ese punto de amargura y desencanto que supuso –ya a mediados de siglo– la corroboración de que aquella utopía fracasó, y de que la violencia y la destrucción que arrasaron el país apenas trajeron otra cosa que la ruina de los campesinos, la aniquilación de muchos pueblos y la corrupción política, sin lograr eliminar siquiera lacras históricas como el caciquismo.

Un cacique prototípico es Pedro Páramo, el personaje que da justo título a la novela, y a cuyo ascenso y caída asistimos a lo largo del relato. Rulfo describe con acerada precisión la espiral que lleva a Pedro Páramo a adueñarse y a dominarlo todo: tierras, pastos, ganado, hombres y mujeres, hasta el alma del cura. Toda Comala acaba siendo suya, todas las mujeres son suyas, todos los niños son hijos de Pedro Páramo. Todo es suyo menos aquello que realmente anhela poseer, y al final será víctima de lo único que no puede alcanzar: el amor de su última esposa, Susana San Juan. La codicia de poseer y el delirio de mandar se disuelven en la imposibilidad de alcanzar lo único que podría saciar la sed infinita de Pedro Páramo.

Para esta dura y cruel historia Rulfo crea una atmósfera a la vez delirante y concreta, una atmósfera desgarrada por la absoluta indefensión y soledad de unos personajes que ya lo han perdido todo, hasta la vida, y a quienes sólo queda la escueta veladura del recuerdo.

“Pedro Páramo” supuso una revolución en las letras mexicanas, un revulsivo para la novela en toda Hispanoamérica y el nacimiento de un clásico inmortal de las letras hispánicas que, más de cincuenta años después, conserva intacto su poder y su valor.

Manuel Turégano

¿TODO SIGUE IGUAL? KARUK: CUADERNO DE BITÁCORA XIV

Artículo publicado en El Inconformista N.º 40 de mayo de 2015

Querido cuaderno, este planeta no deja de sorprenderme con sus peculiaridades, sus múltiples contradicciones, sus injusticias. Esta mañana andaba yo entre la gente de forma que no pudiera ser visto; sabes que poseemos la tecnología adecuada para ello y la utilizo en mis tareas de investigación. Estaba lloviendo y he reparado en una pequeña y bonita terrícola que portaba unos preciosos y blancos zapatitos (se trata de una especie de telas duras que cubren los pies). De pronto, la niña —que parecía una muñeca— le dijo a su mamá «mamá, mamá, no quiero mojarme los pies». La madre, de forma amorosa, y a pesar de ir cargada con varios libros, se las ingenió para coger a la niña en brazos evitando así que esta ensuciase sus blancos zapatitos. Rápidamente, vino a mí una reflexión: cualquier madre o padre hace lo que puede para evitar que sus hijos se sientan mal; aunque, a veces haya madres y padres que no puedan evitar que sus hijos «se mojen los pies», incluso que mueran ahogados.

¡Qué tremendas diferencias! La protagonista de mi historia sollozaba por temor a ensuciarse sus blancos zapatitos, mientras que otros niños mueren ahogados en el Mediterráneo, sin que sus padres puedan levantarlos para evitar el abrazo mortal de este mar, que tantas víctimas se está cobrando.

¿Alguien en su sano juicio es capaz de pensar que madres y padres que aman a sus hijos serían capaces de salir de sus países en esas condiciones, si la realidad que allí se vive no fuera peor que la posibilidad de morir en el mar?

Se trata de lugares donde la pobreza es su colchón y el futuro no existe. Lugares donde la peste (enfermedades), el hambre, la guerra y la muerte se ceban. Los caballos del apocalipsis andan sueltos por allí en busca de víctimas, y a nadie parece importarle. ¿Quién no querría huir de sitios así?

Existen personas sin imaginación para vislumbrar qué harían ellos en esas situaciones. Personas sin corazón que continúan exigiendo el regreso de inmigrantes y refugiados a estos países, sin intentar ver más allá de sus narices. Personas incapaces de buscar otro tipo de medidas más humanas.

Mucha gente debe hacer un examen de conciencia e investigar un poco más. ¿Cuál es el motivo de que sucedan esas atrocidades en origen? ¿Quién o quiénes colaboran para que esto suceda? ¿Hay alguna forma de solucionarlo? ¿Qué puede hacer cada uno para conseguirlo?

La respuesta de muchos cómplices de este horror es abogar por las «únicas» medidas para solucionar el problema: levantar vallas más altas, bombardear los barcos de los traficantes en origen, férreas vigilancias, palos y devoluciones en caliente, etc. Es decir, frenar como sea la llegada de inmigrantes y refugiados a las costas europeas.

Los habitantes de este planeta tampoco se quieren mojar los pies y poco importa que seres humanos mueran ahogados buscando una posibilidad de supervivencia. ¿Cuántos más deben morir?

Roberta Taro

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