La Isla de las Tormentas

Cuando se apagan las luces del verano, en los primeros días grises que anuncian el otoño, a veces aparece un promontorio azulado emergiendo del horizonte marino: —Es la Isla de las Tormentas— Me explicó mi padre hace tiempo, cuando le pregunté qué era aquello que yo observaba por primera vez. Desde entonces sé que, poco después de ver aparecer la enigmática isla, es casi seguro que lleguen rayos y truenos.

Me hubiera gustado conocer muchas respuestas sobre esa misteriosa isla pero aún no he podido hacerle las preguntas. Poco después de aquel día en la playa, unos policías llamaron al timbre de casa y se llevaron a mi asustado padre, al que no he vuelto a ver desde entonces. No vive lejos de aquí, está en casa de mis abuelos pero no puede venir a casa, y yo lo echo de menos, me gustaban las historias que me contaba, me gustaba ir con él de paseo porque a su lado me sentía segura. En casa mi madre estaba siempre enfadada, nos reñía a mis hermanos y a mí y se enfadaba también con papá. Mamá todavía sigue enfadada, tanto que no nos deja ver a papá, ni a él ni a los abuelos ni a los tíos, nos lo han prohibido porque dice mamá que él se portaba muy mal. Nosotros muchas veces también nos portamos mal, y quizás no ver a papá sea nuestro castigo y el suyo.

Hubiera querido saber dónde está la isla cuando hace buen tiempo, cómo y dónde se esconde en los días radiantes, quién vive allí, quizás estén en ella todos los que desaparecen en el mar, los marineros, los pescadores, los que llegan de lejos apretujados en balsas de goma y se caen al mar justo antes de llegar a la playa, incluso los piratas y los que naufragaron en barcos como el Titanic.

Todo esto lo he imaginado yo sola, papá nunca pudo explicarme nada, no hubo tiempo. A lo mejor es sólo una isla desierta, con palmeras, cocoteros y monos, quién sabe, tampoco sé si se puede llegar hasta ella de un modo seguro, quiero decir sin perderse en el mar. Le he preguntado a mi hermano mayor, para que buscara información, pero él dice que esa isla no existe, que no es de verdad, como muchas otras cosas que decía papá, que es sólo un espejismo. ¿Un espejismo? Tuve que buscar esa palabra en el diccionario, no conocía bien su significado, y vi que un espejismo es “un meteoro óptico que da lugar a que los objetos lejanos se vean como si se reflejaran en una superficie especular situada debajo de ellos”. No lo tengo muy claro pero puede que la isla sea el objeto lejano, aunque también podían ser las nubes que aparecen sobre agua, no lo sé. El diccionario decía también que un espejismo es una ilusión de la imaginación.

Ahora tengo un espejismo constante en mi cabeza o en mi corazón: imagino que voy otra vez por la orilla del mar, de paseo con mi padre, los dos descalzos zapatillas en mano, imagino que el día va oscureciendo porque las nubes han tapado el sol; la brisa ha empañado el cristal de las gafas de mi padre cuando a lo lejos, en la línea del horizonte marino, aparece un promontorio azulado que va adquiriendo consistencia hasta convertirse en algo muy sólido. No sé si papá lo ha visto, con sus gafas nubladas, pero está muy claro que es una isla situada donde antes sólo había agua. Se ve perfectamente que es La Isla de las Tormentas, no me hace falta preguntarlo de nuevo, la reconozco. Esta vez aprovecharé el tiempo del paseo para aclarar mis dudas y para intentar comprender lo que no entiendo. No sé si mi padre podrá responderme a todo, quizás no, pero me gustaría al menos tener ocasión de hacerle las preguntas, me gustaría mucho poder estar cerca de él, de mis abuelos y tíos, me gustaría que no los hubieran enviado a todos a un lugar todavía más remoto que la Isla de las Tormentas. Me he puesto un aviso en la agenda escolar porque no quiero que se me olvide este espejismo, a veces me cuesta ya recordar el rostro de mi padre y quiero reconocerlo cuando por fin vuelva a verlo y abrazarlo.

María Valeska, septiembre 2017

 

 

COMER POR UN EURO: Tallarines primavera

INGREDIENTES:

250 grs. de tallarines

Un calabacín

Un tomatecomer por un euro

Una berenjena

Una cebolla

Medio pimiento verde

Medio pimiento rojo

Medio pimiento amarillo

Sal, aceite, orégano y perejil

Queso rallado

 

ELABORACIÓN:

Cocer los tallarines durante once minutos en abundante agua con sal y un chorrito de aceite. Escurrir y reservar.

Picar odas la hortalizas en dados y tiras muy pequeñas. Saltear todas juntas en una sartén con aceite en la que previamente se han dorado el ajo, la cebolla y el perejil muy picados. Salpimentar al gusto.

Mezclar los tallarines y el salteado y servir. Espolvorear con orégano y queso rallado.

 

Rebelde con causa

LA PATRULLA CALCETA

El calendario anuncia que el verano está tocando a su fin, son días para retomar obligaciones y castigar los oídos de nuestros compañeros de trabajo con las anécdotas que las vacaciones nos han proporcionado.

Pasé unos días de este caluroso verano, en un pueblo pequeño donde las mujeres al caer la tarde y cuando el sol da una tregua a nuestros sudorosos cuerpos, se sientan en la puerta de la casa, reunidas en pequeños comités, y hacen punto de media. Recuerdo que durante algunos años se llamaba hacer calceta, el diccionario dice: Calceta: tejido elástico, generalmente de lana o algodón, hecho a mano con agujas de media.la patrulla 2

Supongo que el mundo está lleno de casualidades, esto no deja de ser una. Existe un grupo de mujeres, más de veinticinco, que se reúnen una vez por semana en Valencia, Paseo de la Alameda, muy cerca de donde trabajo, para hacer punto. Se desplazan de diferentes puntos de la ciudad y del área metropolitana utilizando el transporte público. Enseñan sus labores y dudas al resto del grupo y entre todas solucionan los problemas que puedan surgir en las diferentes labores. Son artistas, quedé prendada de lo que se puede hacer con unas agujas de media y un ovillo de lana.

Una buena amiga, aficionada a todo lo que se pueda hacer con las manos, me presentó al grupo. Me contaron que existen otros grupos como este en Valencia y en otras muchas ciudades con los que mantienen el contacto. Pertenecen a un grupo más global que se llaman tejedoras solidarias.

Han sido capaces de adaptar a la gran ciudad costumbres que durante años se dan en pueblos y comunidades pequeñas. Tienen una cuenta en Facebook, manos y hebras, (muy apropiado), donde publican sus labores terminadas, te proporcionan información sobre dónde comprar los ovillos que salen al mercado y aclaran posibles dudas sobre los trabajos.

En esta época, donde el ocio parece ir asociado a la electrónica, estas mujeres han encontrado un modo de entretenimiento práctico y muy original al tiempo que demuestran que las grandes ciudades también se pueden humanizar.

 

ADICTOS AL AMOR. DEPENDENCIA EMOCIONAL

La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. No obstante, su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones, sino en la personalidad de estos sujetos; es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque busca otra desesperadamente, ya que una de sus características es que no soportan la soledad.

En el contexto de una relación de pareja son sumisos; necesitan más que quieren a su compañero-a ; hacen cualquier cosa para evitar la ruptura, a la que temen como algo verdaderamente catastrófico; intentan estar el máximo tiempo posible con la otra persona aferrándose a ella de manera asfixiante, sea presencialmente o mediante los medios actuales de comunicación (llamadas constantes de teléfono, mensajes al móvil, etc.); se olvidan del resto de personas y amistades existiendo únicamente la pareja; aceptan cualquier condición del compañero o incluso malos tratos siempre y cuando no se rompa la relación; suelen encontrar “interesantes” a personas explotadoras y narcisistas; etc.

 

Características de los dependientes emocionales:

Las dividiremos en 3 áreas: relaciones interpersonales, autoestima y estado anímico.

1) Relaciones interpersonales:

Tendencia a la exclusividad en las relaciones. Esta exclusividad, dentro de las relaciones de pareja, da a entender que más que cariño hay necesidad hacia el otro, implica una cierta falta de construcción personal. Sintetizando esta característica, podemos afirmar que la relación ideal del dependiente con su pareja sería en forma de “burbuja”, que les aislara a ambos del entorno

Prioridad: Esta característica ilustra a la perfección la similitud con otras adicciones, ya que en ambos fenómenos es el objeto de la adicción lo que se convierte en el centro de la existencia del individuo, y todo lo demás queda al margen.La otra persona es siempre la máxima prioridad para el dependiente, haciendo éste cualquier cosa para mantener la relación.

Deseo de acceso constante hacia sus parejas: el dependiente quiere tener el mayor contacto posible con su pareja, con la correspondiente reacción de agobio por parte de los compañeros. También quieren saber continuamente dónde están, qué hacen, les llaman una y otra vez al trabajo, les mandan mensajes de texto al móvil, etc., siempre y cuando la pareja se lo permita. Este deseo de acceso constante es muy superior al normal en cualquier pareja, y es todavía más llamativo cuando ésta es un auténtico desastre y un tormento para el dependiente emocional.

Ilusión excesiva al principio de una relación o cuando conocen a una persona “interesante”: Esta ilusión tiene mucho de euforia y autoengaño, de la misma forma que cuando se da una ruptura pueden pensar que por ver de vez en cuando a su pareja no se van a volver a enganchar a ella. El autoengaño es también una constante en otras adicciones.

Idealización del compañero. Como contrapartida a la baja autoestima del dependiente emocional, éste basa sus sentimientos hacia la pareja en su sobrevaloración. El dependiente admira a su pareja y la considera como grandiosa y especial, siendo esta idealización el fundamento de su necesidad patológica del compañero. Es como si el dependiente se despreciara tanto que necesite a otra persona para compensar su supuesto déficit, persona a la que, por asumir este rol de “salvadora”, admirará e idealizará incondicionalmente.

Subordinación en las relaciones de pareja. Es un medio para preservar la relación a toda costa. Las relaciones de pareja de los dependientes emocionales son marcadamente asimétricas, desequilibradas. Uno de sus componentes es el que domina claramente en la pareja y el otro (en este caso, el dependiente) sólo se preocupa del bienestar del compañero, de hacer lo que su pareja desee. Muchos casos de malos tratos, aunque no todos, tienen a la dependencia emocional como motivo del mantenimiento de esas parejas.

Las relaciones de pareja atenúan su necesidad, pero siguen sin ser felices. No tienen el componente esencial del bienestar: quererse a sí mismos. Este componente, por otra parte, es fundamental para poder llevar a cabo relaciones de pareja sanas, equilibradas y mutuamente gratificantes.

Pánico ante la ruptura. Son muy frecuentes la negación de dicha ruptura y los continuos intentos para reanudar la relación. Es necesario añadir que esta tormenta emocional amaina milagrosamente si aparece otra persona que cubra las necesidades afectivas del dependiente, y puede suceder que la ruptura se produzca cuando se tiene ya otra relación. La diferencia con personas “normales” es que éstas suelen guardar un periodo que podríamos calificar como de duelo tras una ruptura amorosa, período en el que no se tienen muchas ganas de tener a otra persona porque la anterior todavía ocupa un lugar privilegiado.

Sucesión ininterrumpida de parejas. Del rasgo anterior se desprende que en muchas ocasiones los dependientes encadenan una relación tras otra, aunque no todas se ajustan necesariamente al modelo desequilibrado de pareja que es el que ellos desean. De hecho, pueden tener “relaciones de transición” con personas hacia las que no tengan sentimientos fuertes, para así paliar su sufrimiento por la soledad y estar en mejor disposición de encontrar a otro individuo verdaderamente “interesante”.

Tienen un miedo terrible a la soledad.

Necesitan excesivamente la aprobación de los demás.

Presentan cierto déficit de habilidades sociales, como falta de asertividad. También destaca el egoísmo, fruto de la necesidad patológica que tienen hacia otras personas.

 

2) Autoestima:

Autoestima y autoconcepto bajos. No esperan ni echan faltar el cariño de sus parejas porque tampoco lo sienten hacia sí mismos, y generalmente tampoco lo han tenido de sus personas más significativas a lo largo de sus vidas. El autoconcepto es también nefasto por simple coherencia con la autoestima, aunque esto no ocurre siempre así pudiendo tener una idea de sí mismos más o menos ajustada a la realidad.

 

3) Estado de ánimo y comorbilidad:

Están tristes y preocupados. El estado de ánimo es disfórico y con tendencia a las rumiaciones sobre posibles abandonos, sobre el futuro de la relación, el miedo a la soledad y qué podrían hacer para mitigarlo, etc. Las comorbilidades más frecuentes son con trastornos depresivos e incluso con rasgos de otro trastorno como los de evitación o límite.

Pueden existir trastornos relacionados con sustancias.

 

Características de los objetos de los dependientes emocionales :

Son fácilmente idealizables. La tremenda falta de autoestima y la insatisfacción consigo mismo del dependiente emocional provoca que queden realmente fascinados ante personas con un ego muy sobrevalorado, fuertes, dominantes, soberbias, seguras de sí mismas. Consideran a estas personas como “interesantes”, cuando a otras podrían perfectamente resultarnos como antipáticas o presuntuosas.

Son narcisistas y explotadores. Esta característica viene especialmente motivada por su personalidad, pero convenientemente facilitada por el comportamiento sumiso de los dependientes emocionales, que perpetúa y consolida estos rasgos.

Finalmente, es preciso añadir que no todas las parejas que tenga un dependiente emocional se ajustarán a este perfil, porque éste también lleva a cabo “relaciones de transición” cuyo fin únicamente es mitigar el dolor de la soledad y la necesidad afectiva insatisfecha. En estas relaciones de transición casi cualquier perfil de persona es válido para formar parte de ellas

Marta Marín Martínez

Psicóloga y Criminóloga. Especialista en Psicología Jurídica y Clínica.

Psicóloga en “Mariva Psicólogos” (www.marivapsicologos.com) marivapsicologos@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

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¡QUE BUEN OJO TENGO!

El mundo es un caos. Y los humanos nos sentimos muy desorientados en ese embrollo. Necesitamos ordenarlo. Así que tenemos una especie de casillero mental donde lo vamos clasificando todo. Una vez esa idea ya tiene su lugar en nuestro cerebro, nos gusta mucho ir apuntalándola. Nuestros ojos escudriñan la realidad sólo buscando los datos que validan nuestras certezas, y pasan totalmente por alto las informaciones que las contradicen. Por eso, en parte, creemos tener tan buen ojo con la gente, sin darnos cuenta de que nuestro ojo tiene una parte ciega.

No podemos evitar seleccionar la información y es muy difícil no crearnos expectativas. Afortunadamente, si conocemos nuestras tendencias podemos ir suavizándolas. Sabemos que nuestras neuronas están programadas para darnos una impresión muy rápida del extraño que tenemos delante. Si, de entrada, nuestro corazón nos dice que se trata de una buena o mala persona, podemos intentar ser conscientes de esa sensación inconsciente y matizarla con más datos que vayamos recabando sobre la persona.

La primera impresión, la surgida del inconsciente, no la hemos de desechar. Tenemos que escuchar los murmullos de nuestro inconsciente, pero matizarlo con los datos de nuestra conciencia, con más lentitud, vaya recopilando.

Nos gusta gustar. Y encima, a todo el mundo. Paradójicamente, ese deseo puede ser culpable a veces de que no caigamos bien. Lo primero sería extirparnos del cerebro esa ridícula idea de agradar a toda costa. Con el deseo de gustar, en una mano, y con la certeza del determinismo de la primera impresión, en la otra, no es fácil mantenerse tranquilo cuando vamos a conocer a alguien y podemos cometer muchos deslices.

El error por excelencia es “la actuación”. Cuando actuamos puede haber una especie de disociación entre lo que decimos y lo que comunicamos por vía no verbal. Nuestros gestos y nuestras palabras no bailan armoniosamente. Y esa incongruencia es algo que no pasa desapercibido al inconsciente de nuestro interlocutor. Ser nosotros mismos, la autenticidad, es lo mejor para causar una buena primera impresión.

Sin embargo, lo de ser auténticos es un consejo que nos suena fatal si no nos gustamos. La raíz de la primera impresión que causamos a los demás se encuentra en la impresión que tenemos de nosotros mismos. Dejar de preocuparnos tanto por la imagen que proyectamos y ocuparnos más de cómo estamos con nosotros mismos puede ser un sabio camino.

Monumento

Sucedió en Ripoll

Los de fuera de Cataluña poco saben sobre Ripoll, algunos catalanes tampoco mucho, pero saben al menos que es un lugar de mucho valor histórico y simbólico para los catalanes de verdad, los que lo son de corazón. Ripoll es “el bressol de Cataluña” (sí, el bressol, la cuna, el lugar donde duermen los niños). Es un bonito lugar, en el prepirineo, rodeado de montañas, con 10.000 habitantes, debe su fama al monasterio de Santa María, que tuvo en su momento un importante papel en la colonización de tierras de conquista y en la difusión de la cultura. Se conserva un pórtico precioso del siglo XII, que es el conjunto escultórico románico más importante de Cataluña. Pero la cosa no acaba aquí, el monasterio lo mando construir el famoso conde Wifredo el Velloso, del que según parece somos “fills” los catalanes (o deberíamos serlo, yo personalmente soy hijo del butanero). Según la leyenda de “las barras de sangre”, referida por primera vez en el siglo XVI, se atribuye el diseño de la seña de Aragón, la cuatribarrada, a la mismísima mano de rey francés Carlos “El Calvo”, del que eran vasallos los condes de la Marca Hispánica, quien tomando la condal sangre que manaba de la mortal herida recibida en feroz batalla, arrastró cuatro dedos sobre un escudo dorado (sangre y oro, mejor diseño imposible), con lo que queda demostrado el origen catalán de la enseña, cosa que los maños niegan y les cabrea sobremanera. El hecho de que el conde Wifredo naciera cuando Carlos el Calvo llevaba veinte años muerto, no quita valor a la leyenda. También se le atribuye la fundación de Cataluña al haber agrupado, por designación del rey francés, la titularidad de los diversos condados de la Marca, aunque luego sucedieran uniones y desuniones, y otras muchas cosas, y aunque a Cataluña la empezaran a nombrar mucho más tarde. Sí que fue fundador de la dinastía a la que se llamó el “Casal de Barcelona”. En Ripoll se enterraba a los condes de Barcelona y de Besalú.

Eso es Ripoll, ¡casi nada!

Los moritos, que sin necesitar arma alguna, masacraron todo lo que pillaron por la Ramblas y en Cambrils, en plena crisis independentista, y que terminaron por ser abatidos, eran nacidos en Ripoll. Al parecer eran buenos chicos, perfectamente catalanizados, con trabajo, aficionados al futbol y hasta alguno independentista. ¡Hay que joderse!, “¿cómo se entiende eso?”, “l’hem fotuda”.

No voy a suponer que yo lo entienda, pero me atreveré a sugerir algunos ingredientes locales del contexto, y a apuntar algunas de sus consecuencias

-Para que nos hagamos una idea.

En Ripoll en las últimas elecciones autonómicas, las supuestamente plebiscitarias, votaron casi el 80% de la población, en primer lugar a “Junts pel si” con 6480 votos, siendo el segundo Ciutadans con 670. ¡Casi nada!

-En Ripoll están traumatizados.

Conozco Ripoll como turista, y no conozco a nadie de allí. Pero creo conocer a la Cataluña profunda. Para mí que allí los marroquís no deben de sentirse muy a gusto por muy integrados que estén. Tampoco creo que estén a gusto los andaluces o los latinos, quizás en algunos aspectos menos todavía, pues hay indicios para suponer que los nacionalistas prefiere los a marroquís o a los asiáticos (lo negarán siempre, por supuesto), porque a estos les da igual una lengua que otra, y porque son más conformados (y supongo también, porque no toman alcohol ni escuchan rumbitas o reguetón). Para mí que Ripoll es el pueblo más cerrado y aburrido de Europa (o de los 10 primeros, no vayamos a exagerar), excluyendo los suizos, por supuesto.

Moros y cristianos coincidieron en afirmar que nunca lo habrían pensado de esos muchachos. La comunidad musulmana declaró que el famoso imán, en sus sermones decía “lo normal”. La primera preocupación del Ayuntamiento fue auxiliar social y psicológicamente a las familias de los terroristas muertos, y evitar la islamofobia. En los actos posteriores se vieron pruebas conmovedoras del hermanamiento entre las dos comunidades. Lo cual es sin duda loable, pero ¿no suena un poco a sentimiento de culpa por parte de todos?

-Cataluña es “país de acogida” (quien diga lo contrario es un resentido españolista y un fascista, deduzco que debe de ser mi caso).

La idea de que somos acogedores viene de lejos, pero en los últimos meses, en los mismos meses en los que la vieja hispanofobia ha llegado a niveles delirantes, se ha vuelto un dogma como si fuera de la Santa Escritura (véase en El inconformista de marzo, mi texto La fiesta del “volem acollir” http://elinconformista.org/cuadernos-charnegos-la-fiesta-del-volem-acollir/ ). ¿No suena un poco a sentimiento de culpa?

– “No tenim por”.

Tras el ataque yihadista, el 26 de agosto hubo una gran manifestación. Pensareis que era unitaria y apolítica, contra el terrorismo y en apoya a las víctimas, yo también lo pensé, y la mayoría de los asistentes. Pues no, os equivocáis, y nos equivocamos casi todos. En complicidad con los organizadores, la Generalitat y el Ayuntamiento de Ada Colau, la Asamblea Nacional Catalana (supongo que sabéis quienes son, y sabréis de sus muchos medios y de su tremenda capacidad organizativa) repartió entre los asistentes miles, o decenas de miles, de carteles contra el rey y el gobierno español, el más celebrado decía “nosotros ponemos los muertos, vosotros las armas”, las esteladas ya las traía cada cual de casa, Ellos mismos estaban encargados del servicio de orden (zorros cuidando el gallineros), con lo que urdieron la foto que les interesaba, la del Rey rodeado de esteladas y de gentes que lo insultaban. Se apropiaron de la manifestación sin pudor alguno, una vez más engulleron limpiamente una causa popular y de todos, su gula es insaciable. Supongo que eso es lo que quieren decir cuando hablan en nombre del “poble”, y cuando reivindican la libertad de expresión.

El relato, en la manifestación y en las redes, era más o menos el siguiente: “la culpa de la muerte de nuestros muchachos de Ripoll la tiene España y el Rey, porque venden armas a los árabes” y las consignas principales eran “contra la guerra, contra la islamofobia y contra el Rey” Donde dice guerra léase Aznar, es decir Rajoy, donde dice islamofobia léase España (como se dijo aquí somos “acollidors”), y donde dice Rey léase estado español. No hubo apenas menciones a las víctimas ni a los verdugos.

La bonita consigna la de “no tenim por” supuestamente surgida espontáneamente, pensareis que se refería a la amenaza yihadista, pero no todo es lo que parece, “astutamente”, bajo mano, se referían al estado español, estaban calentándose la boca a costa de unos asesinatos en masa, puesto que casualmente ahora “no tenim por” es una de las consignas que corean en su golpe de estado institucional, o si se prefiere, de su insurrección contra el orden constitucional.

Personalmente me pareció repugnante, tuve que irme, experimenté además como una premonición de lo que iba a acontecer en Cataluña, un flas funesto.

Volveremos a sufrir ataques yihadistas, pero eso ya a nadie le importa, estamos en otra pantalla. Los homenajes han sido para nuestros policías, sanitarios, bomberos, etc. Nadie se acuerda de las víctimas, turistas en su mayoría, las escondieron bajo la alfombra, se sabe poco de quienes eran, donde han enterrado a los que murieron, o cuantos siguen graves.

Así son los que quieren liderar una República Catalana.

Socorro España, ayudadnos.

Valero de Luna (Barcelona, 16 de septiembre)

 

México «conquista» España

En el año del centenario del gran Juan Rulfo, la literatura mexicana alcanza un pequeño «boom» en el panorama literario español

Poco a poco, y de forma casi imperceptible, la literatura mexicana ha ido abriéndose un hueco significativo en el mercado literario español. Una docena de nombres nuevos han pasado a ocupar el lugar que años atrás detentaban autores como Sergio Pitol o Juan Villoro (por citar solo a dos de los más destacados), y más atrás, figuras tan relevantes -ya verdaderos clásicos-, como Carlos Fuentes y Octavio Paz. Siempre con Juan Rulfo al fondo, ocupando -como se ha visto este año- un lugar primordial en el canon de la narrativa en lengua española del siglo XX.

No ha sido una revolución ni una «invasión» muy publicitada, pero paso a paso un número creciente de jóvenes escritores mexicanos han llegado a convertirse en «lecturas obligadas» y frecuentadas por muchos lectores atentos, que quizá se sintieron atraídas en un principio por una temática -México mismo-, que suscita una mezcla irresistible de atracción y horror, pero que a la postre se han quedado atrapados por una narrativa con méritos literarios más que sobrados para ganarse un espacio en una biblioteca exigente: un lenguaje poderoso y expresivo, contextos narrativos con enorme fuerza de atracción, replanteamiento de la materia novelable en el mundo actual, una literatura valiente y arriesgada que se atreve a innovar y tiene frescura y poder.

Nombres como Julián Herbert (Acapulco, 1971), poeta y narrador, autor de novelas tan decisivas como «Canción de tumba» (2011) o la más reciente «La casa del dolor ajeno» (Random House, 2015); Yuri Herrera (Actopan, 1970), que con solo tres novelas: «Trabajos del reino» (2004), «Señales que precederán al fin del mundo» (2009) y «La transmigración de los cuerpos» (2013) -todas ellas en Periférica-, se ha granjeado una aureola de autor que ha conseguido dar continuidad al «lirismo seco de Rulfo», abordando los grandes temas que vertebran hoy la realidad mexicana: la violencia, el narcotráfico, las relaciones de poder…: o Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), autora de novelas, cuentos y ensayos, que han obtenido galardones relevantes en España en estos últimos años, como el Premio Herralde de novela («Después del invierno», 2014) o el Premio Ribera del Duero de relatos («El matrimonio de los peces rojos», 2013), son escritores que forman parte ya del panorama lector español de estos últimos años. Y a ellos podríamos sumar nuevos nombres.

Como Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, Jalisco, 1973), cuya novela «No voy a pedirle a nadie que me crea» (2016), obtuvo el último Premio Herralde. Híbrido de relato negro, comedia de enredo y autoficción, la novela, situada en una Barcelona caótica y rigurosamente actual, entrecruza las peripecias insólitas de varios personajes (mexicanos, catalanes, argentinos, italianos, pakistaníes), que conforman una fauna típica de la ciudad cosmopolita, para, con un humor no sólo negro sino también descarado, tratar de «levantar la tapa» de una realidad que se nos escapa, que ya difícilmente podemos asir, por el cambio de parámetros existenciales, sociales, vitales y globales. Un mundo inasible pero reconocible en el que lo nuevo y lo viejo alcanzan una difícil coexistencia. ¿Novela mexicana en Barcelona? ¿Novela barcelonesa con mexicanos? Como dice el propio Villalobos, al final se trata de «una novela muy absurda, porque la trama se va volviendo más exagerada e hiperbólica».

O como Antonio Ortuño (Zapopan, Jalisco, 1976), autor de cinco novelas y cuatro libros de relatos, el último de los cuales «La vaga ambición» (Páginas de Espuma, 2017), obtuvo el Premio de Narrativa breve Ribera del Duero (que se ha consagrado en estos últimos años como un galardón de primera magnitud en el campo del relato corto) y que ha sido muy elogiado por la crítica e, incluso, por escritores como Vila-Matas. Libro de relatos entretejidos, que enhebran distintas «experiencias» del protagonista -un escritor cuarentón, Arturo Murray-, el libro es una valiosa incursión en el terreno pantanoso de la escritura «en los tiempos del fin de la literatura», donde escribir es «la vaga ambición de guerrear contra mil enemigos y salir vivo». El escritor trata de mantener vivo el consejo materno: «Que escribiera contra todos, me decía, y a pesar de todo. Que no les llevara la paz sino la espada. Me decía que el enemigo está en todas partes y aunque yo estuviera cansado, solo, rodeado, había que marchar, marchar y pelear».Mexico conquista 2

O como escritores de la última hornada, de la última generación, como es el caso de Alejandro Espinosa Fuentes (Ciudad de México, 1991), ganador del Premio Pitol de cuento en 2015 y del Premio José Revueltas a la mejor novela joven, también en 2015, con «Nuestro mismo idioma», libro que ha publicado en España Ediciones Contrabando. Considerada por su autor una “novela de desaprendizaje”, el libro es un mosaico discursivo donde los versos de Ramón López Velarde conversan con las tramas distópicas de Philip K. Dick, la narrativa lúdica de George Perec y los soliloquios atormentados de Thomas Bernhard en la angustiante escenografía del desierto mexicano. Mapa de recuerdos mutilados, carta de amor y odio al lenguaje, alegoría del proceso de escritura, «Nuestro mismo idioma» explora la intimidad de cuatro personajes incomunicados que buscan una voz para darle sentido a su aislamiento. Pero tales iniciativas, en un país devastado por una guerra invisible, suelen tener consecuencias.

Narrativa viva, y pletórica de sugerencias y hallazgos, construida sobre el trasfondo de una realidad volcánica, llena no obstante de humor y cruda ironía, buscando nuevos recursos expresivos y replanteándose valientemente el nuevo estatuto de la ficción en el mundo literario de hoy, la literatura mexicana actual es un imán poderoso por el que dejarse atraer. El lector agradece siempre la incursión.

Bocadillo:

Una narrativa viva y pletórica, construida sobre el trasfondo de una realidad volcánica

La banalidad del mal o la realidad cotidiana

La sensibilidad de Hannah Arendt para detectar “la banalidad del mal “ ha sido la mayor aportación para, en contra de los que la criticaron, poder prevenir la “cotidianidad del mal”, que no es otra cosa que los ladrillos con que se construyen las sociedades totalitarias.

Cuando fue a visitar a Eichman, uno de los mayores criminales nazis se encontró con un funcionario pálido, poca cosa en lo físico, que justificaba su trabajo en el cumplimiento de las órdenes recibidas. Poco que ver con esa maldad reflejada en las películas norteamericanas de posguerra donde los nazis encarnaban personajes malignos, demoniacos e incluso con una especie de maldad heroica.

Otro ejemplo, siguiendo con los estereotipos del cine norteamericano, el oficial de las SS eran psicópatas poco menos que salidos de ambientes sórdidos que disfrutaban, y seguro que muchos lo harían, haciendo salvajadas. Vino la guerra fría y los mismos estereotipos se aplicaron a los rusos, se trataba de encarnar el mal, el mal en sentido absoluto.

Actualmente recientes estudios están demostrando la pertenencia a las SS de intelectuales y altos profesionales, ingenieros, arquitectos, profesores de universidad, incluso entre los más sanguinarios. ¿Qué pasó en la Alemania nazi para contar con la participación activa de esos elementos?. La explicación clásica es la represión de la oposición, cuadros universitarios, quemas de libros, etc., no es suficiente y no justifica lo ocurrido; lo que no hay duda es que se trataba de personas fuertemente ideologizadas por el nazismo, que posiblemente actuaban – nadie puede estar en su cabeza-, asesinando contra los elementos reales o imaginarios señalados por su ideología y que atentaban contra Alemania, se identificaba país con ideología.

Esa identificación de país o nación con ideología, es una perversa combinación que acarrea males mayores y a través de la que se puede llegar a sufrimientos importantes. Si alguien tiene memoria pueden recordar las soflamas de Franco en la Plaza de Oriente, contra los enemigos de España, no se sabe muy bien el apego que tienen a lanzar las soflamas desde las plazas y de cómo se hacen tomar los planos desde abajo para parecer más altos.la banalidad del mal

Lo que siempre se presenta es “la banalidad del mal” y la querencia a contar con el funcionariado, que acate las “órdenes pertinentes” por “el bien del país”. Lo primero hay que buscar “la legalidad” para justificar “la obediencia debida” para montar “el aparato”. Lo más curioso es el apoyo de los intelectuales ideologizados a la justificación e incluso a la operativa del sistema, pero lo más aterrador es el silencio permisivo de los otros, que no estando de acuerdo, dejan hacer con la política de “déjalos si se van a estrellar”.

Curioso cuando esta idea, nación ideología, va en parihuelas de una pretendida justicia, izquierda y razones históricas, ni siquiera en eso hay originalidad. Tampoco en la pasividad de los intelectuales, y en esto hay grados, los que se dejan querer, los que en conversaciones, fuera de micrófono, dicen no estar de acuerdo e incluso los llaman patéticos, y aunque hay matices generalmente todos reconocen el miedo porque son poderosos. Y ese es el otro factor, el miedo. También no hay que olvidar los fuertemente convencidos e ideologizados, con estos mejor no coincidir.

En fin, estamos hablando de la “cotidianidad del mal” y cuando eso ocurre, hay que preocuparse. Entonces dejan de ser simpáticos.

 

 

El cuaderno rojo

De vez en cuando conviene purificar nuestro entorno, desechando enseres viejos para dar cabida a los nuevos o simplemente para poner en orden y reubicar lo que constituye nuestra realidad o nuestro medio. Recientemente me he visto obligada a ello por la presencia de pintores en mi casa. Los pintores han sido el detonante pero hace ya algún tiempo que yo notaba cierta inquietud por poner en orden mi universo y por hacer limpieza a fondo de todos las esquinas y rincones de mi hogar. Mover cada mueble y cada pieza de la casa plantea la posibilidad de redistribuir los elementos de forma distinta, de manera que lo mismo puede parecer diferente ubicado en otro ángulo y rodeado de otras cosas, pero la perspectiva de sacar a la luz lo que lleva años escondido es un ejercicio que recomiendo porque remueve sentimientos que creíamos olvidados o al menos dormidos.

En esta tarea agotadora de ir quitando y volviendo a poner lo que les molestaba a los pintores, justo en los días más calurosos del año, han salido a la luz muchas cosas de las que me he deshecho y otras de las que no me separaré, aunque sólo sea para llevarme otra vez la alegría de volverlas a descubrir. Además de muchos escritos que ahora sonaban a muy remotos, uno de esos objetos preciosos con los que me he reencontrado ha sido un cuaderno rojo del tamaño de una agenda de bolsillo, término que entenderán los lectores de cierta edad, con las tapas de piel flexible y las hojas cuadriculadas repletas de notas y de poemas. Suelo escribir en mis viajes cuadernos de bitácora y ese cuadernillo es de los años setenta, cuando aún no existían los Erasmus pero algunos estudiantes intrépidos, en vacaciones de verano, nos aventurábamos a viajar por una Europa en la que todavía resonaban las consignas de mayo del 68. Era en verano del 72 cuando cuatro amigas y yo nos fuimos en autoestop a Ginebra y allí pasamos varios meses haciendo trabajillos precarios que nos ayudaban a sobrevivir, a viajar y sobre todo a descubrir otro mundo y otra gente. Además de mis notas, el cuaderno tiene algunas páginas escritas en italiano por un buen amigo de entonces al que jamás he vuelto a ver. Lo que él escribió para mí en esas hojas son poemas, alguno de ellos tan hermoso que al leerlo de nuevo me he emocionado y he decidido compartirlo con vosotros, sin pedirle permiso a su autor que nunca sabrá que todavía lo recuerdo con todo mi cariño. Creo que no es necesaria la traducción de Mariposa moribunda.

Morenti Farfalla

Posa su un fiore

La farfalla che muore

La coglierá il vento

Con le sue ali giganti

E spargerá il suo seme

A fecondare aridi campi

I suoi colori nevicheranno

Sulle case e le strade

Tingeranno le faccé dei bimbi

Urleranno la loro rabbia

Al deserto di voci che li respinge

Salvatore D’Onofrio. Chamonix 15-7-1972

Maria Valeska

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