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Esta ya la he visto: El Renacido

No solo es un relato de aventuras, es una película que trata de la supervivencia y la redención cuyo eje es la venganza durante las dos horas y media de metraje.

Película espectacular, un tipo de cine en el que la naturaleza se impone por encima de todo con imágenes impactantes y a menudo violentas, donde las montañas nevadas de Canadá y Argentina ofrecen un entorno cautivador. Algunas escenas se rodaron por debajo de veinte grados bajo cero.

Estamos ante la gran favorita de este año en la gala de los Oscars, con doce nominaciones, entre ellas a mejor película, director, guion adaptado, actor principal y de reparto. Puede que en esta edición Leonardo DiCaprio se lleve el premio al que opta por sexta vez, su interpretación sin duda lo merece.

La cinta basada en hechos reales sucedidos en el siglo XIX, protaginizado por el trampero norteamericano Hugh Glass y contados en la novela de Michel Punke, está dirigida por el director mexicano Alejandro González Iñárritu que ha dedicado más de cinco años a este proyecto, se recrea en el privilegiado marco rural y profundiza en los personajes con una exquisita planificación.

Películas como esta justifica sobradamente el consejo de todos los meses: ir al cine siempre es una buena opción.

Insult i elogi a l’educació.

No sé, espanyols, fins a quin punt hem oblidat la necessitat d’educar-nos: el bon sense ens ha encantat i ens ha semblat prou. Coses de l’utilitarisme del saber.

Desperdiciant així els nostres dies d’estudiants, els ciutadans busquem un saber que ens serà molt útil front al món. Hem arribat a una instrumentalització megalítica del conèixer, i haurem de picar aquesta pedra per desfer-nos el pes de la ignorància reminiscent de temps passats; els mateixos que “certs personatges” defenen com a un primogénit.

No cregueu res que diga la premsa, el tercer món som nosaltres: infinitament pobres en tot, i rics en pedres. Un dels trets d’identitat del ser humà ha sigut, i segueix sent-ho, la professió que exerceix (exemples pràctics: Cató “el Censor”, Vicent “el Batiste”, etc.); fins a quin punt és l’home esclau de la seua identitat? Hem escoltat tantes vegades “i de què vas a menjar?”. Hem de viure apuntant al treball, clar que si; “una vida no remunerada és una vida no viscuda”. És el nostre destí triat, allò pel que ens coneix la gent, una pedra.

Nietzsche, picapedrer par excellence, ens ajudaria en la nostra primera empresa: necessitem l’educació amb una única finalitat, pensar. El millor mode seria el clandestí. Per a tindre una educació completa hauriem de buscar als clàssics, als que cada vegada tornem menys. I d’això no hi ha pocs exemples; sols cal que recordem el lloc en que deixa la LOMCE a la filosofia, tan necessaria; o recordar els grans preparatius i el meravellòs homenatge del govern espanyol a la mort del gran Miguel de Cervantes Saavedra (no el comparem amb l’homenatge del Regne Unit a Shakespeare; “les comparacions són odioses”, sobretot si el que surt perdent és ú mateix). L’exorbitant quantitat de successions de lleis educatives diferents d’uns i altres partits deixen un sabor a arma política que no ens agrada gens – avís: democràcia ≠ democràcia. (Potser l’ajuda ací recauria sobre Aristòtil o Plató).

Generalment, a primaria, els mestres són amics dels alumnes, mantenen un contacte quasi paternal; a secundaria, l’escàs contacte i el poc interès en els alumnes amb una inevitable comparació amb la primaria, generen un odi patològic que de vegades desemboca en l’abandó; a batxillerat, primer cicle d’educació voluntaria, queda la reminiscencia de l‘odi dintre els estudiants inerts sense ambicions, i amb una incipient titulitis. Cap dir que a aquesta etapa una gran quantitat d’alumnes canvia la formació superior pel treball o sucedanis de l’anterior – i després, als examens per aconseguir la nacionalitat espanyola, cal distingir un Goya d’un Velàzquez, cosa que tots els espanyols sabem fer des que naixem.

Anem a agrupar les causes: la instrumentzació del saber – una pedra, les lleis educatives (sense la finalitat primera d’educar), docents despreocupats, els alumnes inerts – o pitjor, no-alumnes, etc. Tants inconvenients ens fan fer com els músics; hem de buscar-nos l’eduacació, si la volem completa, fora de les universitats; mentre que una quantitat gegant de la població és ignorant, els pocs il·lustrats lluitem per una bona educació; no ens agrada l’homo stultus.

Gonzalo y Fernanda

 

Democracia, Rita, democracia

Que los griegos lo inventaron casi todo es un hecho incontestable que nadie pone en duda, habida cuenta del inmenso legado que nos han dejado. De la ciencia a la cosmología, de la medicina o la matemática a la filosofía, fueron los precursores en importantes estudios sobre esas y otras materias. También en política (politeia o teoría de la polis), con la que trataban asuntos propios de la ciudad o del Estado; y ¿cómo trataban dichos asuntos? Con un sistema que dieron en llamar “Democracia”. Del griego “demos” (pueblo) y “kratos” (poder o gobierno); esto es, gobierno del pueblo. Forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes.

En la actualidad, la democracia es una forma de gobierno que no sólo nos permite elegir a, y delegar en, nuestros representantes, si no que nos ayuda a mantener una convivencia pacífica; y, aunque no es un sistema perfecto, nos ha dotado de unos derechos y obligaciones que todos los ciudadanos debemos cumplir para poder entendernos y respetarnos. Pues bien, uno de esos griegos, que fue, posiblemente uno de los que más se preocupó por todo lo que le rodeaba, y al que tanto le debemos, nos va a ayudar a entender qué es eso de democracia. En su “Política” (Ed. Gredos), Aristóteles citaba nueve normas de obligado cumplimiento para que los griegos se desarrollaran como verdaderos ciudadanos, casi todas ellas aplicables actualmente, y que el lector me permitirá que transcriba aquí fielmente:

  • Elegir todas las magistraturas entre todos.

  • Que todos manden sobre cada uno y cada uno, por turno, sobre todos.

  • Que los cargos públicos se designen por sorteo, si no todos, al menos los que no requieran experiencia y conocimientos técnicos.

  • Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público o sólo en casos excepcionales.

  • Que la misma persona ocupe pocos cargos públicos, con excepción de los relacionados con la guerra.

  • Que todos los cargos públicos sean de corta duración o, al menos, aquellos en los que sea posible.

  • Que todos los ciudadanos elegidos entre todos, administren justicia. Y que lo hagan sobre todas las materias o sobre la mayoría y, en cualquier caso, sobre la más importantes y primordiales: la rendición de cuentas, la Constitución y los contratos privados.

  • Que la asamblea del pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas, o sobre las más importantes; ningún cargo público tendrá soberanía sobre nada o, en todo caso, sobre asuntos de escasa importancia.

  • Que ningún cargo público sea vitalicio y, si queda todavía alguno, procedente de costumbres antiguas, debe despojársele de su poder y hacer que sea sorteable en lugar de electivo.

“Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público…”; “que todos los cargos públicos sean de corta duración…”; “que todos los ciudadanos…administren justicia. Y que lo hagan en las materias más importantes: rendición de cuentas, Constitución y contratos privados…”; “que el pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas y ningún cargo público la tenga sobre nada…”; “que ningún cargo público sea vitalicio…”.

¿A qué nos suenan los fragmentos que acabo de reseñar? Los políticos actuales no debieran impedir la limitación de los mandatos, pero lo hacen. De la misma manera que sí deberían consultar con el pueblo, al que dicen representar, para aquellas cuestiones verdaderamente de Estado, pues para ello se creó una fórmula llamada referéndum, pero no lo hacen. Y, por supuesto, si dichos representantes se equivocan en sus quehaceres o, directamente hacen lo que no deben, es necesario que den explicaciones y dimitan de sus cargos, pues habrán violentado la voluntad del pueblo. Y es que en este país pocos asumen su responsabilidad y, aún menos, dimiten.

En este sentido, los hechos acaecidos en Valencia durante los últimos días de enero y los primeros de febrero, son el más claro ejemplo de lo que no deben hacer nuestros representantes políticos. Aquí incluyo a todos los partidos políticos en general, pero hago especial hincapié en el PP, pues me afecta directamente como valenciano.

Y es que si Aristóteles levantara la cabeza se daría de bruces al ver cómo dicho partido, no sólo no cumple las normas, si no que ha engañado y estafado al pueblo al que representaba: los caDemocraciargos públicos eran elegidos para sí mismos sin contar con los ciudadanos; han ejercido más de un cargo en algún momento de sus mandatos; se han perpetuado en sus poltronas nada menos que durante un cuarto de siglo; los ciudadanos, en ningún momento, hemos podido decidir nada sobre ningún tema, pues, como en el Despotismo Ilustrado era “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”; en fin, pareciera que han tenido, como así ha sido, patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, cual terrateniente novecentista y teniendo Valencia como su particular cortijo.

Ahora ha sido descubiertos y, atendiendo a las normas aristotélicas, que sean los ciudadanos los que administren justicia para que aquellos rindan cuentas y paguen en el caso de que se les declare culpables.

Escrito por Moska

Einstein, titiriteros, realidad y ficción

El tema de los titiriteros, con toda su carga de miserabilidad y patetismo, ha puesto de relieve sin embargo un asunto fascinante: los límites entre la realidad y la ficción

Si he de ser sincera, yo no tengo claro dónde empieza una y dónde acaba la otra. Desde bien niños, nos plantea no pocos problemas esta disyuntiva. Aún recuerdo a mi Bruno, con tres años, pidiéndole permiso a Dora la exploradora para ir a hacer pis al baño, alto y claro, y la muy perra que no se dignaba a contestarle.

No tengo claro, digo, si la realidad es una representación del mundo en nuestra mente, una idea, una percepción concreta de algo que es inabarcable. Y si es inabarcable, ¿no se convierte automáticamente en ficción al ser troceada y recompuesta por la mente humana? ¿Es por tanto la realidad una subcategoría de la ficción?

Me es difícil determinar el grado de realidad de lo que me rodea. ¿Cuántos puntos en la escala de lo real tienen los objetos?, ¿y los hechos?, ¿y los sueños?, ¿y los delirios?, ¿y las novelas?, ¿y ese poema en concreto, que rasga físicamente? ¿en qué momento dejamos de hablar de realidad para empezar a hablar de ficción? ¿deberíamos introducir la verdad en este razonamiento?

Demasiadas preguntas, me hago cargo.

Einstein, con su pícara sonrisa, viene a liar un poco más el asunto (o a echar algo de luz). Ayer mismo, las ondas gravitacionales pusieron de manifiesto el larguísimo recorrido de la realidad: resulta que ahora, en 2016, estamos captando una onda que se produjo tras el choque tremebundo de dos agujeros negros hace millones de años luz (no es que llegue la noticia en diferido, con cierto retardo distorsionador como la ventresca de Rita Barberá, o las fotocopias más caras de la historia de Urdangarín, sino que llega millones de años luz después, pulverizando los conceptos de espacio y tiempo, demostrando en qué medida está sujeta la percepción de la realidad a nuestros sentidos, si se me permite llamar gran órgano sensorial a LIGO). Haciendo tambalear en definitiva el concepto de realidad.

Y no sólo eso: pone de manifiesto también en qué medida la ficción, esa idea en la cabeza de Einstein, precedió a lo que hoy podemos considerar una realidad.

Podemos por tanto estar de acuerdo en que antes del acto está la idea, incluso en un acto impulsivo, antes hay una idea fugaz que recorre la mente y que impulsa el brazo, la lengua o la pancarta.

A estas alturas, somos conscientes de la importancia de las ideas en los hechos históricos, del papel de los mítines del nazismo, de los shows de Alfonso Rus, del adoctrinamiento etarra. Ya vimos los juicios de Núremberg, ya vimos Vencedores o Vencidos, ya leímos La banalidad del mal, y nos planteamos hasta qué punto es culpable una sociedad que mira a otro lado, que sustenta una idea que luego se hará realidad en forma de monstruosa aberración.

Einstein titiriteros

¿Pero son culpables en sí las ideas? ¿puede perseguirse la ficción antes de convertirse en una realidad determinada? ¿Puede una teoría merecer el Nobel antes de ser comprobada en la realidad?

Todo apunta a que no.

¿Podemos cagarnos metafóricamente en el juez Ismael Moreno? Todo apunta a que sí.

Escrito por Bárbara Blasco

Tenemos un problema…y no es eta

   En los últimos días estamos asistiendo a tal cúmulo de despropósitos del gobierno de oper-eta que tenemos, que hemos acabado empachados; por lo que ahora debemos ponernos a di-eta para rebajar peso, como suele hacer, cuando le dejan, el atl-eta Rajoy, emulando a su antecesor en el cargo, quien, en Oropesa, mostraba orgulloso su tabl-eta.

 Y es que el señor Fernández Díaz, con su “Ley de Seguridad Ciudadana” (¡menudo eufemismo para evitar decir lo que realmente es: un insultante recorte de libertades!), nos ha hecho la puñ-eta, pues permite a un policía identificarte por la calle con estilo chul-eta y, si tienes la osadía de oponerte, soltarte una gall-eta. Desconozco qué s-eta se comió el ministro cuando cocinó esta ley en su cazol-eta.

      De la misma manera que ignoro cómo el juez de los titiriteros interpr-eta esa norma de pander-eta, como lo es este país que, con una sociedad, en algunos casos, analfab-eta, consiente que el teatro entre en prisión mientras el gran po-eta Jiménez-Losantos amenaza de muerte a unos políticos sin que eso ni un ápice le comprom-eta; es como el resto de la caverna mediática -13tv, Intereconomía, La Gac-eta, La Razón, Abc- una marion-eta en manos de un partido que reinterpr-eta las leyes a su antojo como suele hacer la ínclita Dolores de Cospedal, triatl-eta del eufemismo en diferido. Sin embargo, nada dice este partido de Rita y su j-eta quien, como el resto del PP en Valencia, sólo tenía una m-eta: exprimir a la vaca la t-eta, mientras había ciudadanos que salían a pedir a la calle con una pequeña vacinilla o mac-eta.

    Por lo que vemos esta derecha, casposa y obsol-eta sigue anclada en el siglo XIX y sólo entiende la política aplicando, primero la rabi-eta y después la escop-eta, para que, a su arbitrio, el pueblo se som-eta. Y al que dijere o hiciere gracia o cuchufl-eta, se le envíe a la policía secr-eta y se le “enchirone” a toque de bombo y corn-eta.

    ¿Les ha gustado esta pequeña introducción? Pues a mí no me ha hecho ninguna graci-eta: cuando un pederasta confeso está en la calle y unos actores de teatro, por hacer su trabajo, en la cárcel, tenemos un problema.

      Cuando criticar al rey o la casa real se considera delito de terrorismo y, por el contrario, se identifica a una persona por llevar una pancarta satírica en el contexto del carnaval, tenemos un problema.

    Cuando un pseudoperiodista amenaza de muerte a unos políticos, mientras el ministro del interior relaciona a PSOE y Podemos con Eta y ni el pseudoperiodista ni el ministro asumen ninguna responsabilidad, tenemos un problema. De la misma manera que, cuando uno de los presentadores de la gala de los Goya dice “Buenas noches, titiriteros”, recibe amenazas de muerte por ello y el gobierno calla, tenemos un problema.

    Si, además, el principal presentador de dicho evento, haciendo gala de gran profesionalidad y fino sentido del humor, recibe por respuesta insultos y desprecios a través de las redes sociales, tenemos un problema. Cuando, en fin, a pesar de los “casos aislados” de corrupción del PP, en Valencia y en toda España, éste sigue ganando elecciones a las que se presenta, significa que hay muchos millones de españoles que están justificando con su voto dicha corrupción y, por lo tanto, tenemos un problema.

   Y ese problema no es otro que una derecha que ha usado, porque así lo ha creído, España a su antojo; que ha pensado que este suelo patrio era y es su cortijo y que nunca ha trabajado verdaderamente por y para la ciudadanía a la que ha utilizado como una marion-eta.

 

 

P.D.: Como podrá comprobar el avezado lector, este artículo está escrito con     cierta premura y una inmensa hinchazón de narices; ¡sí, ha acertado! Es un texto    producto de una patal-eta.

Moska

¿Todo sigue igual? España ¿Quo vadis?

Artículo publicado el 15 de noviembre del 2014 en El Inconformista nº 34

El próximo día 15 de noviembre se cumple el tercer aniversario de la publicación del primer Inconformista y del Gobierno de Rajoy. En el otoño del 2011 salió el primer número, coincidiendo con las Elecciones Generales en las que el Partido Popular ganó por mayoría absoluta.

Este editorial aparecerá, tres años después y en los días siguientes a la parodia de consulta de CIU en Cataluña. Consulta o lo que sea, cuyo único motivo ha sido poder salvar el culo electoral de ese partido.

A esa consulta trampa acuden entrampados IC-IU. En un primer momento plantean no ir a votar y convertirla en un acto de protesta, para pasar a plantear votar, introduciendo un SI y un NO, ya que el acudir a las urnas supone un acto de protesta. Es increíble el oportunismo y la estulticia que esa solución encierra ¡Si Don Santiago levantara la cabeza!

A un sector de la izquierda en España le parece moderno y progresista la independencia de Cataluña, mientras la de La Padania en Italia le parece parafascista por no querer subvencionar la Italia del sur, cuando los argumentos son similares.

Ómnium Cultural de la Carme Forcadell, se erige como factótum, con técnicas ciertamente eficaces basadas en la experiencia de la lucha por la democracia en los últimos estertores de la dictadura; al fin y al cabo, para ellos es lo mismo, se trata de luchar contra la opresora España.

Los resultados han sido poco determinantes más allá del triunfalismo de los organizadores. Los que han votado a favor de la independencia, tampoco la pregunta era clara, no se diferencian apenas del techo electoral de los partidos secesionistas.

En la esfera nacional, el PSOE está en un proceso de renovación que parece que está dando sus frutos, al menos la encuesta última del CIS de noviembre refleja un aumento discreto en la intención de voto. Sin embargo, su recuperación es demasiado lenta y exige cambios de política más radicales para que pueda ilusionar a sus votantes más allá del cambio de caras.

“Podemos” es “Podemos”, un partido o lo que sea que, sin programa electoral, organización y sin propuestas claras, se convierte en el de mayor intención de voto. ¡Por algo será! Y daría para muchos artículos. En todo caso su valor es innegable, lleva a votar a miles de jóvenes y no tan jóvenes a las urnas, lo cual tiene un gran mérito.

¿Todo sigue igualPor último, el PP, ¡ay, ay el PP!, ¿dónde está? Ni siquiera atiende los requerimientos mínimos de la acción de Gobierno. Ante la situación de Cataluña no ha movido ni una pieza. En ajedrez, si no mueves las fichas no pierdes la partida, pero puedes ser descalificado por tiempo.

Es precisamente esa falta de acción de Gobierno, representada por D. Tancredo Rajoy, uno de los mayores problemas de este país, más incluso que la corrupción en su partido, que ya es decir.

Se puede argumentar que sí la ha ejercido: las privatizaciones, la propuesta de la ley del aborto, las tasas judiciales, la ley más reaccionaria en educación, el desmantelamiento de la investigación (uno de las mejores herencias de Zapatero) … Tienen razón, pero cuando se plantea la necesidad de “acción de gobierno” nos referimos a la defensa de los valores democráticos y de convivencia, a la necesidad de vertebrar este país, España, haciéndolo más fuerte y liderando en Europa un frente anti-alemán, que frene la miseria que las políticas lideradas por ese país han generado en toda Europa. Y por supuesto la acción de gobierno necesaria hubiera sido consensuar políticas comunes que, manteniendo las diferencias ideológicas, hubieran unido al país para salir de la crisis. Justo lo contrario a la actuación sectaria y reaccionaria que se ha seguido.

El problema no es el bipartidismo. Una recuperación del voto del PSOE es buena para la izquierda de este país, también la recuperación de IU y desde luego, la bienvenida a Podemos, que cuando concrete sus programas de gobierno, más allá de las asambleas, se pueda hacer una reforma constitucional, pactada con todos, también con el PP y las Comunidades Autónomas, que establezca un nuevo marco de referencia.

Esta reforma del Estado tiene que ser integral. La fórmula federal parece la más sensata en el marco jurídico europeo, y tiene que garantizar y salvaguardar, como bien constitucional, la sanidad y la educación pública para todos, y evitar los desmanes provocados en esta última etapa.

Ahora ya sabemos gracias al PP el dolor, las desigualdades y el retroceso provocados por las políticas neoliberales. Es necesario un cambio no solo de gobierno, también de ciclo, donde los valores de la solidaridad y el progreso vuelvan a estar presentes.

V Centenario de El Bosco

Jeroen van Aeken,  que se llamaba a sí mismo Jheronimus Bosch y al que conocemos como El Bosco, nació hacia 1450 en la ciudad flamenca de ‘s-Hertogenbosch, llamada en español Bolduque, en francés Bois le Duc, y más habitualmente conocida por su nombre alemán Den Bosch, capital septentrional del entonces ducado de Brabante (hoy integrado en los Países Bajos), situada a unos 100 km al Sur de Amsterdam y 50 km al Oeste de Breda. Al parecer El Bosco fue enterrado en Bolduque el 9 de agosto de 1516, por lo que este año 2016 se cumple el V centenario de su muerte.

Entre los múltiples actos para conmemorar el aniversario, se va a celebrar una gran exposición, coordinada desde el Bosch Research and Conservation Project, en el marco de la Jheronimus Bosch 500 Foundation (JB500), con sede en Bolduque. También El Prado organiza una gran exposición especial para este año (31.05.2016 – 11.09.2016). Pero lo que yo quisiera destacar ahora es que, también con motivo de este evento, han sido analizadas varias obras atribuidas al genial pintor flamenco en un proyecto de investigación orientado a revaluar la obra de El Bosco e impulsado por la fundación JB500, por el Museo Noordbrabants de la ciudad holandesa de ’s-Hertogenbosch y por la Universidad Radboud Nijmegen; en ese proyecto se han utilizado las últimas innovaciones tecnológicas para conocer en profundidad la forma de trabajar del genial creador de “El jardín de las delicias”.

Los resultados finales del estudio se publicarán este año, aunque conocemos detalles del estudio. La revisión de varios cuadros atribuidos al pintor ha sido muy polémica, al concluir que las obras del Museo del Prado “Mesa de los pecados capitales”, “La extracción de la piedra de la locura” y “Las tentaciones de San Antonio Abad” no son de su mano, sino de imitadores.

El “Tríptico de los improperios” del Museo de Bellas Artes de Valencia, atribuido a sus discípulos aunque exhibe su firma, también había sido incluido en esa investigación. Tras su restauración a finales de los años noventa del s. XX, el ex director de la pinacoteca valenciana, Fernando Benito, lanzó la tesis de que esta pintura fue ejecutada entre 1510 y 1520 en el taller de El Bosco, e incluso apuntó la idea de que la mano de éste interviniera directamente en el proceso. Se apoyaba en ciertos detalles de la tabla central.

El mes de mayo de 2013, un equipo multidisciplinar formado por historiadores de arte, conservadores y restauradores se trasladó durante una semana al museo San Pío V para trabajar in situ sobre el tríptico, también conocido como el “Tríptico de la Pasión”. Antes de llegar a Valencia este grupo de expertos había investigado piezas de El Bosco en Gante, Rotterdam, Viena, Lisboa, París, Bruselas, Venecia y Madrid. Aunque el objetivo principal del proyecto no fuera desenmascarar falsas atribuciones, lo cierto es El Bosco fue un autor muy imitado en la Europa de su época lo cual, sumado al hecho de que no solía firmar sus pinturas, explica la existencia de cantidad de obras repartidas por el mundo cuya autoría continúa estando en el aire. Una de las principales conclusiones que podrían extraerse del estudio realizado en el San Pío V era si el “Tríptico de los improperios” pertenece al círculo flamenco de El Bosco o si se trata de una mera imitación.

Las primeras impresiones, se publicaron hace años en la prensa; por ejemplo, en el ABC.es/ Comunidad Valenciana, del día 2 de junio de 2013, en un artículo de M. Moreira, titulado “Tras el rastro de El Bosco”, se afirmaban que al menos la tabla central, “Coronación de espinas”, realizada por una mano distinta a la de las tablas laterales, “Prendimiento” y “Flagelación”, no es una mera imitación. La afirmación se basaba en el hecho de que el soporte de la tabla central es de una madera de roble, típica de la pintura del siglo XVI en los Países Bajos, y en que el dibujo tiene mayor calidad que el resto del conjunto y porque fue realizado con un medio seco (carboncillo o lápiz), mientras que las laterales se dibujaron con uno húmedo (pincel con pigmento acuoso).

Pero, cualquiera que sea el resultado final del estudio de nuestro tríptico, lo importante en este V centenario yo creo que sería honrar la memoria de El Bosco, pintor del paraíso y del infierno, disfrutando de la contemplación de su obra por cualquiera de los medios de que dispongamos, que hoy son muchísimos más de los que tuvieron sus coetáneos. Si lo hacemos estoy segura de que no podremos evitar analizar y comentar el riquísimo universo de sueños, pesadillas y quimeras que veremos en sus cuadros. ¡Ánimo y muy buen aniversario para todos!

María Valeska

 

 

Los libros repentinos

Pablo Gutiérrez es una de las voces jóvenes más prometedoras de la literatura española actual y este libro lo confirma.

Es siempre una costumbre muy sana en literatura la de leer algo nuevo, algo diferente, descubrir a nuevos autores, conocer provincias, regiones, continentes de la literatura que aún ignoras. El verdadero lector tiene que tener siempre la mente y la actitud abierta. Debe dejarse tentar por lo desconocido. La literatura deja de tener sentido si siempre leemos lo mismo y a los mismos, si rechazamos conocer lo nuevo, si no afrontamos el reto de adentrarnos y perdernos por territorios ignotos.

Así que, bastante a ciegas, me acerqué a ver quién era y qué escribía Pablo Gutiérrez. Y bueno, empecé por donde empieza todo mal alumno -y Pablo Gutiérrez sabe mucho, de malos alumnos-: es decir, empecé mirando qué dice la Wikipedia.

Para quienes ya es un escritor familiar, lo que voy a contar ahora ya será del todo sabido. Pero por si hay alguien que lo ignora, quizá merezca la pena recordar dos o tras cosas fundamentales:

  1. Pablo Gutiérrez nace en Huelva en 1978. Haber nacido en Huelva ya veremos más adelante cómo no es un dato aséptico y sin significado.
  2. Se licenció en periodismo en la Universidad de Sevilla, y después se dedicó un tiempo a trabajar en ello; y lo dejó, por lo que sé, bastante desencantado. Tampoco esto, como veremos, es un dato neutro.
  3. Desde hace varios años trabaja como profesor de literatura en un instituto de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Y este tampoco es un dato irrelevante.
  4. Pablo Gutiérrez es autor de cinco libros de narrativa y una obra de teatro. De ellos creo que debemos destacar sus tres novelas:

Nada es crucial (2010, Lengua de Trapo): un retrato descarnado y brutal del devastador mundo de la droga en los descampados de los años ochenta.

Democracia (2012, Seix Barral), sobre un parado al que despiden el mismo día que quiebra Lehman Brothers y se inicia la Gran Crisis.

-Y  Los libros reprentinos (2015, Seix Barral), la historia de una insólita rebeldía en un barrio marginal.

Estamos, por tanto, ante un escritor totalmente del siglo XXI. No alguien que tiene un pie entre dos siglos, o una obra que se remonta a la segunda mitad del siglo XX. No, un escritor de hoy y del presente.

Un escritor del que en cierto modo podríamos decir que ha tomado sobre sí, sobre sus espaldas, la responsabilidad, o la tarea de elaborar «un relato sobre la crisis». Un relato de la crisis, que él puede hacer:

-Porque no en vano vive en el rincón de España más afectado por ella, más castigado, donde la crisis se respira en el aire, hablamos de lugares como Huelva y Cádiz, donde por ejemplo el paro alcanza cifras del 40-50%, y el paro juvenil aún mayores.

-Porque este relato sólo puede hacerse, en verdad y en profundidad, desde la literatura. El periodismo no lo va a hacer, es obvio.

Solo la literatura puede recuperar la verdad de muchas cosas. Solo la verdad literaria es capaz de entrar hasta el fondo de una época. Quienes la amamos de verdad, no nos dejamos engañar sobre esto. Es nuestra guía y nuestra brújula.

Bueno, y tras extraer todos estos valiosos datos de la Wikipedia, decidí ahondar un poco más en el perfil literario de Pablo Gutiérrez, y comencé a descubrir afinidades:

1ª)  Me sentí inmediatamente solidario de las razones con que argumentó su abandono del periodismo, un mundo en el que -dice- no hay «ni tiempo, ni energía, ni limpieza». «El periodismo que yo conocí -afirma- estaba embebido de corrupción, de mezquindad y de explotación lanoral». Bueno, creo que no se puede ser más explícito ni más contundente.

2ª) Otra cosa con la que me identifiqué enseguida es con su declaración de que «entre los novelistas españoles hay cierta tendencia a alejarse de lo inmediato», como si la realidad (el hoy, el ahora, el presente) fuera «algo demasiado vulgar o caduco». Yo añadría de mi cosecha, además, que muchos novelistas se encuentran en el pasado en un terreno «más seguro», más asentado, por no decir que le tienen verdadero pánico a arriesgar, e meterse en el pantanoso, inestable e incierto campo de minas del presente.

Y añade Pablo Gutiérrez: «Aún se escriben novelas sobre la Guerra Civil como si fueran nuestro pasado reciente». Así es. Con esa equivocación, con esa mentira, con esa cruz a cuestas.

Escribir sobre el presente es mil veces más arriesgado, más problemático; pero si la literatura no es arriesgada ni problemática, entonces ¿qué es?

3ª) En las novelas que he leído de Pablo Gutiérrez hay un tema de fondo que siempre me agradó, y del que he hablado muchas veces: el poder de la literatura. Sí, la literatura tiene poder. Para mí, la literatura es un instrumento que cambia la vida, que cambia a la gente, que desencadena cosas, que produce mutaciones…

Ya sé, no soy tan ingenuo. Una novela no sirve para ganar las próximas elecciones. No va a hacer caer al gobierno. No va a modificar una ley. Su acción es mucho más profunda… y más letal. La literatura mata al que éramos y nos crea de nuevo. Si eso no es poder…

Y, bueno, creo que la última novela de Pablo Gutiérrez, «Los libros repentinos», tiene mucho que ver con todo esto. Incluso lo anuncia desde el título: pues esos «libros repentinos» que caen un poco del cielo van a ser el detonante que va a cambiar la vida de Reme, la protagonista, hasta el punto de llevarla a desencadenar, a encabezar incluso, una revuelta social en el mísero y marginal poblado de Casas Baratas donde ha pasado la mayor parte de su vida: allí llegó a comienzos de los sesenta, recién casada con un mozo incauto, allí tuvo y perdió de vista a sus dos hijos ingratos, allí discurrieron 40 años de su vida entre el tedio cotidiano y el cumplimiento de los deberes domésticos, hasta que un día, por error, por azar, ya viuda, recibe un paquete de libros, y decide robarlos o quedárselos y empieza a leer.

Y bueno, allí, entre las páginas de Baroja y de Galdós, entre los versos de García Lorca o Miguel Hernández, entre escena y escena de Buero Vallejo o Valle Inclán, ella va de un mundo a otro, no solo viviendo sus sueños, sino alimentando su indignación… esa indignación que es el primer paso, el paso imprescindible y necesario para acabar con la resignación. Sí, quien no se indigna está muerto. Porque la resignación es una forma de la muerte, su antesala seguro.

No hace falta insistir en ello, el lector lo descubre en cuanto lee cinco o diez páginas de Pablo Gutiérrez: nos encontramos en manos de un autor muy inteligente. Un autor que, además, en vez de convertir esa inteligencia en un florero o un abalorio con el que presumir, la disuelve de una manera muy precisa en inteligencia narrativa, en una prosa poderosa y envolvente que tiene casi siempre un enorme rigor analítico. Su prosa arrastra, te lleva a seguir, te desliza, a la vez que va radiografiando la realidad sin necesidad de decirte ni de subrayarte: esto es así o aquello fue asá. Y merced a ese quehacer analítico disuelto en literatura resulta que al final de la novela comprobamos cómo, sin apenas darnos cuenta, y mientras seguimos las peripecias de los personajes, Pablo Gutiérrez nos ha hecho una verdadera crónica de nuestro tiempo, y con una importante perspectiva: desde los 60 hasta hoy. Como toda gran novela social, «Los libros repentinos» contiene una visión de nuestro tiempo, de nuestro mundo, de nuestra realidad… sin necesidad de hacerlo muy explícito.

Rasgos estilísticos y recursos narrativos de Pablo Gutiérrez se podrían señalar muchos. Me quedo con uno que sí quiero destacar, porque me parece muy difícil de lograr: y es la forma en que la enumeración de cosas y hechos (toda la novela actual es deudora en esto de Perec), no acaba en mero amontonomaniento ni provoca cansancio, porque no nos hallamos ante una simple acumulación, hasta sus enumeraciones son analíticas: conforme acumula va, a la vez, diseccionando la realidad.

Es valiente salir hoy a la calle con eso tan denostado como una «novela social». Bueno, para mí esa apellido «social» es tan válido a priori como cualquier otro: «negra» o «fantástica»… siempre y cuando sea una buena novela. Y yo creo que esta de Pablo Gutiérrez sin duda los es.

Manuel Turégano