El próximo 20 de enero Barack Obama, el primer presidente de Estados Unidos negro, él que en los últimos ocho años ha creado más empleo que en tres décadas, ampliado la cobertura médica a 20 millones de personas, gestionado los acuerdos con Cuba e Irán, premio Nobel de la Paz, capturado a Osama Bin Laden… saldrá de la Casa Blanca que cambiará de inquilino: Donald Trump, el hombre que ha alcanzado lo más alto del poder mundial como portador de teorías racistas que negaban la nacionalidad de Obama por ser negro. Que en la campaña electoral agitó la bandera del racismo y la xenofobia y que le llevó a la victoria, será el próximo presidente de la nación más poderosa del mundo.
Obama de despidió un día y al siguiente Trump se presentó. No hay más que obsérvarlos para darse cuenta que Trump es más de nuestro tiempo, que casa más con este mundo donde la voracidad financiera y el abuso de la ley de la jungla se han convertido en el único modo de vida, donde lo mediocre y lo chapucero triunfa. No se trata de cambiar uno bueno por uno malo, es darle al conjunto del mundo la misma tonalidad. Obama no es de este tiempo, su nobleza intelectual y sus buenas maneras desentonaban. Trump está hecho a la medida de la deriva de este mundo, donde la mediocridad, lo cutre y lo barato le viene al pelo.