¿QUÉ LE PASA A ESPAÑA?

   En una sociedad completamente esclava de las graves circunstancias que la rodean lo que le pasa a este país es que está enfermo. Y esa enfermedad se llama turbiedad o, para ser más preciso, podredumbre.  

   Porque algo ocurre, y no precisamente alentador, cuando los dos espacios más vistos de la televisión basura son: “Mujeres y hombres y viceversa” y “Sálvame”. Si en lugar de ver esta ‘infraprogramación’ se viera “Salvados”, quizá tendríamos otra perspectiva de la realidad. Pero, ¿qué podemos esperar de un país como el nuestro que tiene los índices de lectura más bajos de la UE a pesar de ser el que más publica de toda Europa? ¿No les parece contradictorio? 

   Y esto dice muy poco del nivel cultural de nuestra sociedad, más preocupada por los móviles y las redes sociales que por cultivarse como personas con capacidad de aprender y de tener espíritu crítico. Pero, cuando vemos que la gente sigue votando al partido más corrupto de este continente, es que algo estamos haciendo mal. Cuando nos indignamos porque un árbitro de fútbol pita en contra de lo que creemos justo, pero no lo hacemos cuando vemos que un diputado en Cortes cobra más en dietas (850 €) que un trabajador el salario mínimo interprofesional (648 €) ¿qué nos pasa? ¿Estamos tan sometidos al sistema que aceptamos todo lo que nos impongan aunque nos perjudique?  

   Decía Mirbeau que ‘los corderos van al matadero sin decir ni esperar nada, sólo que no votan al matarife que los sacrificará ni al burgués que se los comerá’. ¿Es esto en lo que se ha convertido la sociedad española? Quiero pensar que llegará un día en que la ciudadanía se dará cuenta del daño tan importante que nos están infringiendo políticos, empresarios y financieros de toda ralea; que un día no muy lejano, despertaremos de nuestro letargo y nos echaremos a la calle en masa para reivindicar lo que nos corresponde y que nos están arrebatando de forma tan cruel como sibilina: nuestra dignidad como personas de pleno derecho. 

   ¿Es comprensible acaso juzgar a las personas sólo por su aspecto físico? Un magrebí con barba y sin bigote haciendo la compra, como cualquier de nosotros, según para quien, es peligroso; y esa misma persona que “ladra”semejante afirmación acto seguido sonríe y celebra el reencuentro de los ‘triunfitos’ mientras en Salvados taladran nuestra conciencia contándonos cómo miles de personas se echan al mar a diario para huir del infierno sirio. ¿Estamos locos? ¿Cuánta mierda somos capaces de aceptar para darnos cuenta de lo que es realmente importante? O ¿vamos a seguir poniéndonos una venda en los ojos por aquello de “ojos que no ven…”? 

   En uno de sus poemas más lúgubres y pesimistas -Insomnio- Dámaso Alonso escribió: ‘Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)…’; yo haría extensiva esta afirmación: España es un país de más de cuarenta y cinco millones de cadáveres (según las últimas estadísticas). El resto, hasta los cuarenta y seis millones que somos, son aquellos que dicen representarnos y velar por nuestros intereses.

Moska

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