DE LAS CAÑAS DE LAS TOMATERAS A COLÓN

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Han prohibido los toros, coger cañas para enderezar tomateras, setas solo si pagas un canon, coger tomillo, los animales en los circos, cantar en los bares especialmente jotas obscenas, blasfemar, andar fuera de las lindes del camino, tirar las cenizas del hincha fallecido en el interior del campo de fútbol, realizar trámites administrativos si no te ajustas a un modelo determinado, etc.  No soy jurista pero dudo del ajuste legal de todas estas prohibiciones y por supuesto de la maldad que estas acciones prohibidas puedan causar. Exigiría una energía abrumadora para rebatirlas y sobre todo para poner en entredicho la bonhomía que subyace en su justificación.

Los lugares comunes, la cantinela tántrica repetida es lo más molesto. Cualquier persona puede dar una conferencia, entremezclando palabras como ecología, medioambiente, sentimientos. Recuerdo la frescura con que nos hacíamos especialistas de jazz, sin tener puta idea, disertando sobre “el jazz como expresión de la lucha de clases”. Especialmente irritante es cuando se pone énfasis en el discurso, adjetivando de forma implícita o explícita para rebatir al contrario. Contrario u oponente en que te conviertes cuando simplemente pones en duda o expresas una opinión no acorde con lo esperado.

Y sin embargo, no hay que rebuscar mucho para ver intencionalidad en esas verdades cuasi religiosas.  Los prohibicionistas me parecen talibanes inseguros y cuando proponen tirar una estatua de Colón, simplemente peligrosos para la convivencia. Pese a su estética alternativa y su pretendido izquierdismo considero algunas actitudes parafascistas, tendremos que empezar a entender que no son únicamente totalitarios los que hacen el paso de la oca.  ¡Gracias Hanna Arendt !

 

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