Los que tenemos el vicio de la curiosidad, habitualmente tratamos de seguir el hilo del tiempo para desentrañar los misterios que nos inquietan. A veces lo hacemos adrede pero en general el mecanismo de búsqueda se desencadena de manera inconsciente, de tal modo que en ocasiones nos encontramos tratando de localizar entelequias o de rememorar acontecimientos, situaciones, conversaciones, gestos, palabras que quizás nunca escuchamos o que se desvanecieron en alguna esquina insondable de de nuestra memoria.
Si lo que intentamos averiguar es algo ajeno o público, un hecho histórico, un acontecimiento universal, un movimiento literario o artístico, una corriente filosófica o algo así, contamos con mecanismos múltiples que en general nos llevarán a elaborar un informe para explicar la razón de nuestra inquietud; este relato o bien nos dejará satisfechos o bien nos llevará a profundizar en aspectos que a priori no nos habíamos planteado, pero cuya indagación complementará en algún momento nuestra necesidad de información o de evidencias.
Para ilustrar este argumento, de lo fácil que resulta averiguar algo ajeno y llegar a una conclusión palmaria, serviría el ejemplo de lo improcedente (por emplear un eufemismo) del nombramiento de José Manuel Soria como director ejecutivo del Banco Mundial. A poco que tiremos del hilo, el pasado abril, tras el cese del canario como Ministro por su implicación en el caso denominado de “Los papeles de Panamá”, podemos encontrar evidencias como las declaraciones de Montoro que aseguraba: Nadie puede estar en el Gobierno que haya operado en paraísos fiscales. Si nos remontamos un poco más atrás en el tiempo, veremos que hace ya más de 10 años que Soria se vio envuelto en diversos asuntos judiciales por temas de corrupción urbanística, su nombre aparecía también en el “Caso Eolo”, en el “Caso chalet”, o en el Caso salmón”. Por fin el 15 de abril pasado, tras varias contradicciones y al no poder aclarar su relación con el asunto de Panamá, renunció a sus numerosos cargos como Ministro de Industria, Energía y Turismo de España, Diputado en Las Cortes Generales por Las Palmas y Presidente del PP de Canarias. En cuanto a si su nombramiento para el Banco Mundial se ha hecho por concurso público, sólo falta saber cuándo y dónde se publicó dicho concurso, los requisitos, entre los que debería constar el no estar inhabilitado para cargo público, y qué otros candidatos se presentaron al mismo. Por si estas consideraciones no fueran suficientes, también podríamos apelar al sentido común, que jamás nos aconsejaría nombrar a un glotón como encargado de una pastelería.
Distinto es cuando lo que tratamos de averiguar es algo personal o íntimo, saber por ejemplo los motivos que provocaron una falsedad o un desengaño; en ese caso las fuentes de información se reducen considerablemente y el hilo del que tratamos de tirar aparece con frecuencia tan enmarañado que nos parece imposible desenredarlo sin cortar sus inagotables nudos. Y lo peor es que el ovillo nunca se desenredará solo sino que cuanto más tiempo permanezca revuelto más fuertes y más liados estarán sus cabos; pero a veces la propia voluntad de deshacer la maraña no basta para destrabarla porque hacen falta otros puntos de vista no reflejados en las hemerotecas, y por lo tanto es necesaria la concurrencia de otros sujetos que fueron testigos o participaron de esa intimidad que he mencionado, y puede suceder que ellos no sientan la misma curiosidad ni tengan inquietudes parecidas a las nuestras.
A la espera de encontrar la lámpara de mi propio Aleph, ese diminuto recinto del espacio que contienen todos los puntos y en el que se encuentran todos los lugares de la tierra, tengo en la recámara de mi memoria o de mi pensamiento unas cuantas madejas revueltas que me encantaría poder desenmarañar. En ausencia de esa bola de cristal, me gustaría hacer llegar a quien corresponda el mensaje de que aquí estoy yo, dispuesta y disponible para dilucidar enredos, antes de que el ovillo se apolille o antes de que la búsqueda deje de ser uno de los principales impulsos de mi existencia.
María Valeska