VACACIONES

Dicen que las vacaciones son para descansar, para viajar, para ociar. Yo les recomiendo a todos que reserven unos días para sentir. Aislarse, aunque estén rodeados de gente, dejar que la vida les cale, que la música les haga temblar, mirar el mar como si fuera la primera vez, sentir la brisa en sus rostros como si nunca les hubiera rozado.

Cuando se escribe sobre sentimientos es muy fácil caer en la cursilería más impropia; pero si uno no es poeta, cómo puede expresar con palabras esos momentos tan especiales en que, los sentimientos, las emociones te hacen vibrar; cuando pierdes el control y tus ojos se escarchan entre lagrimas vitales; cuando tu piel reacciona ante tus pensamientos; cuando por un momento lo más importante es esa sensación que te encoje el estomago y altera la respiración, y hace que el resto del mundo  se diluya.

Los que como yo son ateos, no creen en el alma. Pero alguna vez me he tropezado con alguien que vive en mí; que durante muchos meses no se muestra, que parece que no existe, pero cuando se hace notar, su vitalidad me embarga, me eriza la piel y eleva mis pensamientos hacia un mundo diferente de sentimientos y pasiones que sólo controla él; en el que me hace partícipe a su antojo de una intensidad tan dulce que duele, tan fuerte que asfixia, deseando que no termine, pero deseando que acabe por el temor de que no vuelva.

Creo que es una parte de nuestra vida que no utilizamos, que socialmente no está bien vista, que no tenemos tiempo para dedicarnos un rato a ella. Las vacaciones son un buen momento para vivir, disfrutar de un buen llanto, una risa nerviosa o infantil, de una música empalagosa que nos devuelva a tiempos remotos en que la vida se nos mostraba más humana, más vital; gritar sin necesidad de tener un motivo, sólo para que esa hipotética alma salga de su encierro y vuele a nuestro alrededor en un canto a la libertad perdida durante el ultimo año.

Cuando terminen las vacaciones ya volveremos al corsé que durante todo el año nos oprime y mantiene en el camino correcto y trazado por nuestras obligaciones y deberes. Esconderemos en el lugar más recóndito de nosotros a ese personaje vital que todos llevamos dentro y procuraremos recordar la clave para ponerlo en marcha en cuanto lo necesitemos o en cuanto él decida que no puede esperar más y salga en una explosión de vida que la mayoría de nosotros no recordamos.

Mambrina

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