LA PÉRFIDA ALBION

   Un divorcio nunca es un plato de buen gusto; al “mal rollo” de la pareja hay que añadir el tema económico: uno de los miembros ha de soltarle “una pasta” al otro. Si a esto añadimos que puede haber hijos de por medio, propios o adoptados, la situación se complica exponencialmente. Es verdad que antes de llegar a ese punto de no retorno la pareja ha hablado, discutido; se ha enfadado y reconciliado, pero al final, y desde los entornos más cercanos, se ha dejado influenciar y todo acaba “como el rosario de la aurora”. Esto es, más o menos, lo que ha ocurrido con el Reino Unido y la UE, por más que desde el principio siempre ha parecido más un matrimonio de conveniencia que una unión de hecho. Y es que los británicos, erróneamente, han creído estar por encima de los europeos ya que fueron los libertadores de un continente devastado por el nazismo. Es uno de sus argumentos. 

   El problema, entre otros, es que esta salida puede provocar un efecto llamada (o dominó) con otros países de la UE. Así está empezando a ocurrir: Francia, Holanda, Dinamarca o Austria, por citar algunos, ven la posibilidad de convocar referendos como el británico, aunque cierto es que dichas propuestas provienen de partidos de extrema derecha, ultranacionalistas, xenófobos y racistas. Y puede extenderse. 

   En cierta medida creo entender la postura de la británicos aunque no la comparto. Yo tampoco quiero esta Europa (y no soy sospechoso de ser antieuropeo); un continente gobernado con puño de hierro por el Bundesbank, con Merkel a la cabeza, no me gusta; como tampoco me gusta una “Troika” que desde Bruselas y siguiendo las directrices del BCE y del FMI nos sigue imponiendo unas medidas económicas draconianas  con unos recortes abusivos cuyos resultados son más precariedad y más pobreza -de los países de la OCDE, España es el tercero por la cola en pobreza infantil, solo superada por Rumanía y Bulgaria-. Una Europa que, además, ha perdido su memoria histórica y la poca que le queda es muy selectiva; o ¿ningún Estado recuerda qué pasó en las dos grandes guerras? Por centenares de miles, sino millones, tuvieron que abandonar sus casas y sus países ciudadanos que fueron acogidos en otros Estados que nunca cerraron sus fronteras. Sin embargo nosotros sí las cerramos ahora para que no alteren nuestro cómodo estilo de vida. 

   Para colmo vemos el resultado de la votación y son los mayores de 55/60 años -jubilados y pensionistas- los que han votado masivamente por la salida de la UE; es decir, aquellos que durante 40 años han estado disfrutando y sacando partido de las ventajas y parabienes que proporcionaba Europa son los que el pasado 24 de junio han hipotecado la vida y el futuro de sus hijos y nietos, quienes, en su mayoría votaron por la permanencia. 

   Pero lo que realmente subyace en el “brexit” (y este argumento no es nuevo, ya lo hemos oído), es la configuración de una Europa de dos velocidades, con europeos de primera y de segunda. No es casual, en ese sentido, observar cuáles son los países más euroescépticos: amén de los ya citados podríamos añadir a Suecia, Bélgica, los países nórdicos…Es decir los países más ricos del continente. En un segundo plano estaríamos el resto de países, sobretodo aquellos del arco mediterráneo que somos los que más problemas estamos causando al Norte rico.  

   En definitiva solo veo una solución para enderezar el errático rumbo de esta UE y pasa por cambiar las políticas económicas ultraliberales y las políticas migratorias, dando cabida a aportaciones económicas estatales (no estoy hablando de intervencionismo) por un lado; y acogiendo a los refugiados, por otro, que solo esperan nuestra ayuda y solidaridad, eso si, solucionando previamente los problemas en los países de estos expatriados para que puedan retornar a sus hogares con ciertas garantías de seguridad y así rehacer sus vidas. 

   Pero con esta Europa tan dividida y plagada de luchas intestinas difícilmente podremos hacer nada, no ya por los exiliados, siquiera por nosotros mismos.

Moska

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