En estas dos campañas consecutivas parecía que la consigna de todos los partidos era desbancar a Rajoy y a su partido tocado por los múltiples casos de corrupción. Pues parece que irremediablemente el PP va a seguir gobernando España.
Los analistas dicen que el voto de la gente mayor ha sido determinante, que el miedo a cambios radicales han movilizado a una parte de la población que prefiere malo conocido que bueno por conocer y que no valoran la frustración y la falta de expectativas de la gente joven, que, por cierto, parece que más de uno se quedó en casa.
Sea como fuere la estrategia al Partido Popular le ha salido redonda. Ponen al país al borde la ingobernabilidad y salen fortalecidos, el aumento de escaños ha funcionado como una goma de borrar que ha hecho desaparecer todas las imputaciones que tienen pendientes; Podemos y sus confluencias caen en la trampa de la polarización, abrazan cualquier discurso que aumenten sus números, y se convierten en Unidos Podemos, un matrimonio de conveniencia que les ha salido rana; Ciudadanos es castigado con el voto útil y por los votantes naranjas que no entendieron su pacto con los socialistas, y al PSOE lo convencieron de que Podemos era su mayor enemigo y su electorado les ha pasado el recibo por sus continuos cameos con la derecha moderada de este país.
Ahora hay que formar gobierno, y el PP no puede gobernar solo, un tercio de los escaños no es suficiente y para ello tiene que llegar a acuerdos cambiando su programa y a algunos de sus líderes. Pero eso tampoco parece creíble. Las decisiones que Rajoy ha tomado hasta hoy, sin importarle el interés general, le han dado muy buen resultado y no parece que tenga intención de cambiar, seguirá en la línea de confiar en que los problemas se resuelvan solos y seguir las directrices que marcan desde Europa, que no está pasando por su mejor momento e incluso se cuestiona su futuro.
En cuanto a los pactos posibles de investidura son poco menos que infinitos…