Empieza a resultar alarmante la deriva que está adquiriendo determinada parte de la sociedad, políticos, periodistas o intelectuales, para referirse al rival ideológico, pues, para hacer notar su desaprobación con respecto a esta o aquella personalidad de la vida pública española no se recurre a las promesas incumplidas o a los deméritos propios; se recurre a la descalificación personal como único argumento válido para hacer ver a tus seguidores que estás en posesión de la única verdad posible e irrefutable y que puedan comprobar tu supuesta superioridad moral e intelectual, amén de la cultural e ideológica.
Es recurrente en demasía apelar a los más bajos instintos, sobre todo si eres simpatizante o votas a Podemos o sus confluencias; en menor medida, si lo haces con IU o con el Psoe. Lo cual empieza a resultar tremendamente cansino. Escuchar a Jiménez-Losantos amenazar de muerte a la cúpula de Podemos es impropio de un buen periodista; pero él no lo es; de la misma manera que un político que se llame a sí mismo demócrata no debe enviar a fregar suelos a la alcaldesa de la segunda ciudad de España porque, en tal caso, no es demócrata.
El último episodio -y creo que el peor- ha sido el protagonizado por el Sr. de Azúa, cuya obra y trayectoria conozco medianamente y, aunque en las antípodas ideológicas, siempre lo he tenido por una persona sensata, culta e inteligente. Pero (permítanme la expresión), se me han caído los palos del sombrajo después de escuchar y leer su salida de tono a propósito de Ada Colau.
Sr. de Azúa, no tener estudios superiores no significa ser ignorante. Debería saberlo, pero se lo recordaré: se puede aprender mucho de forma autodidacta. Por lo que incapacitar a una persona para un determinado cargo público por no tener titulación universitaria me parece inoportuno y clasista. En ese sentido debería haber hecho honor a la letra de su sillón en la RAE y haberse callado; muchos se lo habríamos agradecido; pero no, ha hecho honor, desgraciadamente, al título de uno de sus libros más conocidos:” Historia de un idiota contado por él mismo”. Lamentable. Y es que teniendo en cuenta sus conocimientos y su prolífica vida intelectual (ensayista, poeta, novelista, amén de sus trabajos sobre arte y estética), sorprende sobremanera su exabrupto.
Por desgracia conozco el modus operandi de la derecha de este país (incluido C´s, del que Ud. es fundador). Cuando un equipo de gobierno de una ciudad, provincia, comunidad o país está trabajando por y para la ciudadanía y la hace más o menos bien, la derecha más casposa sólo sabe criticar para evitar el auge del partido o coalición que gobierna; y, dado que no puede atacar ni argumentar en contra de las políticas llevadas a cabo con un mínimo de sentido común (que debería ser el más común de los sentidos), sólo se le ocurre insultar y descalificar para paliar en lo posible el desgaste propio. Pues esto es lo que Ud. ha hecho, por cierto, menospreciando al colectivo de pescaderas de cualquier mercado cuando es una profesión tan digna como otra cualquiera.
Dignidad, por otra parte, de la que Ud. carece pues de lo contrario ya habría dimitido de su cargo en la RAE donde deberían reevaluar la definición de machismo e incluir en ella su nombre y apellidos como ejemplo palmario de algo a desterrar de nuestra sociedad. Sr. de Azúa, menospreciar y minusvalorar al contrario es un burdo error que espero le pase factura. Así nos libraremos de otro machista pedante.
Moska