…, día de la segunda vuelta de la investidura de Pedro Sánchez, por tanto, tómense estas palabrillas con distancia oportuna. Cuando salga la revista a mediados de este mes, quizás, ¡ojalá!, no tengan sentido.
En la primera sesión, se recrearon las sensaciones de actividad en las Asambleas de Distrito en la Universidad, olores a razonamiento forzado… de” llevarse la asamblea”, de hacerse notar como líder, etc. Pero también el vacío a la salida una vez comentada, por supuesto entre los fieles, de estar en posesión de la verdad y el disgusto de que la vida seguía en otra onda ajena e indiferente a lo allí planteado.
En la primera sesión aprecié dos lógicas:
Una el “pensamiento de grupo”, característico de los grupos cohesionados en torno a un líder, donde éste marca, a veces de forma paternalista y otras despótica, la línea a seguir. En ese contexto, se trata de ejemplarizar la diferencia del grupo con el resto, los signos externos, los comportamientos oportunamente teatralizados ayudan.
Pero sobre todo la ideología entendida y simplificada en términos de eslóganes, permite la ortodoxia del grupo. Son grupos donde lo externo es visto como una amenaza y por tanto son poco dados a las negociaciones y el cambio. Tiene otro riesgo el desprecio a los matices y la alta capacidad de producir errores en las decisiones (1).
En la otra lógica, el objetivo se pone al servicio que excede al propio grupo, el líder tiene sentido si es capaz de lograr el consenso en base a resultados que proyecte y amplifique “la fuerza” del grupo. Su liderazgo dentro de su organización no es carismático y está acostumbrado a lograr acuerdos entre puntos de vista e intereses diferentes e incluso contradictorios.
Sin renunciar a la independencia propia de la acción de gobierno, las grandes decisiones son sometidas a la evaluación de la militancia, aunque esto no es suficiente garantía para ello hay que templar el peso del aparato del partido. Las decisiones se matizan y el acuerdo de lograrse significa la síntesis de los intereses que participan.
El entendimiento entre estas lógicas es difícil. En el caso del PP, su auto marginación, incomprensible, más allá de no dañar la imagen de Mariano Rajoy, lo incapacita como líder en el caso de que lo hubiera sido; la crisis de descomposición del partido por los casos de corrupción, por el desgaste de la etapa de gobierno con amplios recortes sociales, hace imposible y patético el deseo de repetir gobierno.
En cuanto a la posibilidad de repetir resultados electorales, el desgaste de los “populares” puede ser considerable. En el proceso constituyente de un nuevo partido se sabe dónde se empieza, pero no donde se acaba, y los partidos cuasi militares en cuanto a disciplina, cuando se descomponen suelen hacerlo de forma explosiva. ¿Hay alguien con suficiente peso político para liderar ese proceso?, si piensan en Mariano Rajoy, ¡qué Santa Lucia les conserve la vista!
En el caso de Podemos las causas de su inmovilismo son más complejas, una puede ser la lógica en términos de “toma de poder” o todo o nada, o en todo caso un paso intermedio para denunciar a los “mencheviques”, así se puede entender la famosa rueda de prensa donde copaban el “aparato de Estado” en lógica leninista.
Se trataría de ser la vanguardia y la dirección del Movimiento del 15 M, y aquí pueden confundirse, el carácter de este movimiento no fue revolucionario, fue espontaneo y producido por la falta de salida de una generación estafada y por la degradación de las clases medias. Pero dista mucho de ser un movimiento ideológico revolucionario, y de facto su adherencia no va mucho más lejos de la denuncia de casta, del bipartidismo, y el deseo de desarrollo sostenible y políticas de bienestar. Y no es poco con la que está cayendo en Europa.
Podemos no es homogéneo, la diferencia entre el núcleo duro y personas como las alcaldesas de Madrid y Barcelona, el juez Villarejo y de algunos socios, vaticina problemas en el seno del movimiento.
La falta de aparato de partido, les deja las manos libres para “interpretar los deseos de la base” y en ese sentido los “intermediarios” auténticos barones hacen difícil conocer las diversas pulsiones de la “no organización”. El anecdotario de los que intentaron sumarse a las asambleas así lo confirman.
Cuando Anguita dice que siguen sus consejos tampoco es tranquilizador, eso quiere decir que se puede influir en la política sin necesidad de dar la cara electoral, ¿estaremos en una segunda versión de la pinza, solamente que esta ahora ejercería la presión sobre una cierta derecha renovada y el PSOE? Tampoco el mango derecho de la tenaza está para muchos trotes.
La existencia de esas lógicas contrapuestas alienta el pesimismo, ¡ojalá sea solo eso!
Por cierto, la indignación es un sentimiento que se puede volver contra el bipartidismo obstruccionista PPP.
- Janis Irvin, de la Universidad de Yale, por la década de los ochenta lo describió y analizó cómo no tener en cuenta este factor llevó a Kennedy a cometer el fiasco de la invasión de Cuba en la bahía de Cochinos