En los últimos días estamos asistiendo a tal cúmulo de despropósitos del gobierno de oper-eta que tenemos, que hemos acabado empachados; por lo que ahora debemos ponernos a di-eta para rebajar peso, como suele hacer, cuando le dejan, el atl-eta Rajoy, emulando a su antecesor en el cargo, quien, en Oropesa, mostraba orgulloso su tabl-eta.
Y es que el señor Fernández Díaz, con su “Ley de Seguridad Ciudadana” (¡menudo eufemismo para evitar decir lo que realmente es: un insultante recorte de libertades!), nos ha hecho la puñ-eta, pues permite a un policía identificarte por la calle con estilo chul-eta y, si tienes la osadía de oponerte, soltarte una gall-eta. Desconozco qué s-eta se comió el ministro cuando cocinó esta ley en su cazol-eta.
De la misma manera que ignoro cómo el juez de los titiriteros interpr-eta esa norma de pander-eta, como lo es este país que, con una sociedad, en algunos casos, analfab-eta, consiente que el teatro entre en prisión mientras el gran po-eta Jiménez-Losantos amenaza de muerte a unos políticos sin que eso ni un ápice le comprom-eta; es como el resto de la caverna mediática -13tv, Intereconomía, La Gac-eta, La Razón, Abc- una marion-eta en manos de un partido que reinterpr-eta las leyes a su antojo como suele hacer la ínclita Dolores de Cospedal, triatl-eta del eufemismo en diferido. Sin embargo, nada dice este partido de Rita y su j-eta quien, como el resto del PP en Valencia, sólo tenía una m-eta: exprimir a la vaca la t-eta, mientras había ciudadanos que salían a pedir a la calle con una pequeña vacinilla o mac-eta.
Por lo que vemos esta derecha, casposa y obsol-eta sigue anclada en el siglo XIX y sólo entiende la política aplicando, primero la rabi-eta y después la escop-eta, para que, a su arbitrio, el pueblo se som-eta. Y al que dijere o hiciere gracia o cuchufl-eta, se le envíe a la policía secr-eta y se le “enchirone” a toque de bombo y corn-eta.
¿Les ha gustado esta pequeña introducción? Pues a mí no me ha hecho ninguna graci-eta: cuando un pederasta confeso está en la calle y unos actores de teatro, por hacer su trabajo, en la cárcel, tenemos un problema.
Cuando criticar al rey o la casa real se considera delito de terrorismo y, por el contrario, se identifica a una persona por llevar una pancarta satírica en el contexto del carnaval, tenemos un problema.
Cuando un pseudoperiodista amenaza de muerte a unos políticos, mientras el ministro del interior relaciona a PSOE y Podemos con Eta y ni el pseudoperiodista ni el ministro asumen ninguna responsabilidad, tenemos un problema. De la misma manera que, cuando uno de los presentadores de la gala de los Goya dice “Buenas noches, titiriteros”, recibe amenazas de muerte por ello y el gobierno calla, tenemos un problema.
Si, además, el principal presentador de dicho evento, haciendo gala de gran profesionalidad y fino sentido del humor, recibe por respuesta insultos y desprecios a través de las redes sociales, tenemos un problema. Cuando, en fin, a pesar de los “casos aislados” de corrupción del PP, en Valencia y en toda España, éste sigue ganando elecciones a las que se presenta, significa que hay muchos millones de españoles que están justificando con su voto dicha corrupción y, por lo tanto, tenemos un problema.
Y ese problema no es otro que una derecha que ha usado, porque así lo ha creído, España a su antojo; que ha pensado que este suelo patrio era y es su cortijo y que nunca ha trabajado verdaderamente por y para la ciudadanía a la que ha utilizado como una marion-eta.
P.D.: Como podrá comprobar el avezado lector, este artículo está escrito con cierta premura y una inmensa hinchazón de narices; ¡sí, ha acertado! Es un texto producto de una patal-eta.
Moska