Después de leer el informe médico, supe que D. José Chafado recuperó la conciencia tras un lavado de estómago. Esto fue lo que le salvó.
Hoy he pasado a visitarlo. Me ha explicado que la ingesta de barbitúricos y alcohol se produjo minutos después de escuchar la susodicha frase que comenzó a martillear en su cabeza, al ver la facilidad con la que algunos detraen cantidades destinadas al bien común para el beneficio propio. Una pequeña mordida para lo que parece acostumbran, casualmente la misma cantidad que su familia adeudaba al banco y que tras perder su empleo y no poder hacer frente a las cuotas mensuales, los dejó sin la vivienda que venían pagando desde hacia dieciocho años. Esos dos millons de peles, después de haber pagado más de nueve al banco, les llevaron hasta la casa de sus padres donde actualmente viven.
Comenta José (ahora quiere que le llamen así, el Pepe de tantos años le duele en el alma, le recuerda al partido que tantos años ha “gobernado” en estas tierras) que esa doble “p”, parece privarles de entender lo que significa para el prójimo, del que tanto hablan en sus misas dominicales, palabras que la contienen como: paro, persona, dependencia, privaciones… en definitiva, esa total falta de empatía que les hace vivir solo para ellos, en un mundo PParalelo de PPrivilegiados que no han puesto nunca los pies en el suelo.
José habla de una peste que está llenando de bubones nuestros días. Él y los suyos acabaron en la calle por no tener dinero para hacer frente a esa hipoteca de la cual restaban por pagar doce mil euros, otros (investigados), por tener posibles para hacer efectivas las fianzas también están en la calle. Si la justicia es la misma y los investigados acaban siendo culpables, no deberían pisarla hasta cumplir la pena de privación de libertad y, además, haber devuelto todo lo que se llevaron.
Una pequeña mordida para esos que dicen que debemos apretarnos el cinturón, toda una vida para gente como José que, a veces, acude in extremis al banco de alimentos, avergonzado, no quiere caridad, no sabe ni quiere robar, solo desea un trabajo con el que ganarse la vida. La casta de los investigados parece no tener vergüenza alguna al quedarse con aquello que no les pertenece. Si pasan de investigados a más, se demuestra que siendo la mayoría tan devotos han atentado contra el séptimo mandamiento, y al final llegan a la cárcel, ya tendrán más techo que aquel que le dejaron a la familia de José. ¿No saber cocinar será el motivo que les hizo perpetrar esas mordidas para tarde o temprano tener hecha la comida a diario en la prisión?
Abramos los ojos: no dejemos que cualquiera administre nuestras “pelas” y menos aún nuestra razón, no seamos peleles y pensemos ¿quién o quiénes son los que realmente han querido vivir siempre por encima de sus posibilidades?
José se despide diciendo que por muchos logros que alcance la investigación, como escribió Albert Camus en una de sus obras maestras, hay que permanecer siempre alerta, pues por desgracia “el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás”.
Escrito por Manuel Romeu