Democracia, Rita, democracia

Que los griegos lo inventaron casi todo es un hecho incontestable que nadie pone en duda, habida cuenta del inmenso legado que nos han dejado. De la ciencia a la cosmología, de la medicina o la matemática a la filosofía, fueron los precursores en importantes estudios sobre esas y otras materias. También en política (politeia o teoría de la polis), con la que trataban asuntos propios de la ciudad o del Estado; y ¿cómo trataban dichos asuntos? Con un sistema que dieron en llamar “Democracia”. Del griego “demos” (pueblo) y “kratos” (poder o gobierno); esto es, gobierno del pueblo. Forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes.

En la actualidad, la democracia es una forma de gobierno que no sólo nos permite elegir a, y delegar en, nuestros representantes, si no que nos ayuda a mantener una convivencia pacífica; y, aunque no es un sistema perfecto, nos ha dotado de unos derechos y obligaciones que todos los ciudadanos debemos cumplir para poder entendernos y respetarnos. Pues bien, uno de esos griegos, que fue, posiblemente uno de los que más se preocupó por todo lo que le rodeaba, y al que tanto le debemos, nos va a ayudar a entender qué es eso de democracia. En su “Política” (Ed. Gredos), Aristóteles citaba nueve normas de obligado cumplimiento para que los griegos se desarrollaran como verdaderos ciudadanos, casi todas ellas aplicables actualmente, y que el lector me permitirá que transcriba aquí fielmente:

  • Elegir todas las magistraturas entre todos.

  • Que todos manden sobre cada uno y cada uno, por turno, sobre todos.

  • Que los cargos públicos se designen por sorteo, si no todos, al menos los que no requieran experiencia y conocimientos técnicos.

  • Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público o sólo en casos excepcionales.

  • Que la misma persona ocupe pocos cargos públicos, con excepción de los relacionados con la guerra.

  • Que todos los cargos públicos sean de corta duración o, al menos, aquellos en los que sea posible.

  • Que todos los ciudadanos elegidos entre todos, administren justicia. Y que lo hagan sobre todas las materias o sobre la mayoría y, en cualquier caso, sobre la más importantes y primordiales: la rendición de cuentas, la Constitución y los contratos privados.

  • Que la asamblea del pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas, o sobre las más importantes; ningún cargo público tendrá soberanía sobre nada o, en todo caso, sobre asuntos de escasa importancia.

  • Que ningún cargo público sea vitalicio y, si queda todavía alguno, procedente de costumbres antiguas, debe despojársele de su poder y hacer que sea sorteable en lugar de electivo.

“Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público…”; “que todos los cargos públicos sean de corta duración…”; “que todos los ciudadanos…administren justicia. Y que lo hagan en las materias más importantes: rendición de cuentas, Constitución y contratos privados…”; “que el pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas y ningún cargo público la tenga sobre nada…”; “que ningún cargo público sea vitalicio…”.

¿A qué nos suenan los fragmentos que acabo de reseñar? Los políticos actuales no debieran impedir la limitación de los mandatos, pero lo hacen. De la misma manera que sí deberían consultar con el pueblo, al que dicen representar, para aquellas cuestiones verdaderamente de Estado, pues para ello se creó una fórmula llamada referéndum, pero no lo hacen. Y, por supuesto, si dichos representantes se equivocan en sus quehaceres o, directamente hacen lo que no deben, es necesario que den explicaciones y dimitan de sus cargos, pues habrán violentado la voluntad del pueblo. Y es que en este país pocos asumen su responsabilidad y, aún menos, dimiten.

En este sentido, los hechos acaecidos en Valencia durante los últimos días de enero y los primeros de febrero, son el más claro ejemplo de lo que no deben hacer nuestros representantes políticos. Aquí incluyo a todos los partidos políticos en general, pero hago especial hincapié en el PP, pues me afecta directamente como valenciano.

Y es que si Aristóteles levantara la cabeza se daría de bruces al ver cómo dicho partido, no sólo no cumple las normas, si no que ha engañado y estafado al pueblo al que representaba: los caDemocraciargos públicos eran elegidos para sí mismos sin contar con los ciudadanos; han ejercido más de un cargo en algún momento de sus mandatos; se han perpetuado en sus poltronas nada menos que durante un cuarto de siglo; los ciudadanos, en ningún momento, hemos podido decidir nada sobre ningún tema, pues, como en el Despotismo Ilustrado era “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”; en fin, pareciera que han tenido, como así ha sido, patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, cual terrateniente novecentista y teniendo Valencia como su particular cortijo.

Ahora ha sido descubiertos y, atendiendo a las normas aristotélicas, que sean los ciudadanos los que administren justicia para que aquellos rindan cuentas y paguen en el caso de que se les declare culpables.

Escrito por Moska

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