Ojalá

Agazapado, él observa a su mujer cuando ella no se da cuenta. Y entonces piensa: cómo puede ser; cómo puede ser que teniendo tan pocos músculos seas más fuerte; cómo puedes resistir el dolor si yo no puedo; cómo puedes ser tan generosa, tan bella, cómo puedes callar, cómo vives día a día con alguien como yo. Podrías estar con alguien mejor, con quien tú quisieras.

En ese momento se gira y le descubre. Y él le grita. Grita creyendo que la barrera acústica va a evitar que ella oiga sus pensamientos mezquinos. Y le da un golpe. Piensa que el dolor va a hacerla más pequeña, va a conseguir que las miserias de su propia alma no se noten tanto, cree que el dolor va a anclarla a él para siempre. Porque en su mente limitada está convencido de que el dolor es un pegamento que la sujetará a su pecho. Porque, de otro modo, ¿cómo se quedaría a su lado? Y le da otro golpe.

Lo que no sabe es que cada grito va tejiendo una cortina que la separa de su esfera de influencia maléfica; cada golpe descascarilla la pared bajo la que él ha querido enterrar su debilidad. Golpe a golpe, grito a grito, la pared cae y ella le ve. Le ve de verdad.

Sería mucho mejor atreverse de una vez por todas a decir: estoy inseguro, muéstrame lo que te gusta de mí, enséñame a crecer, en realidad no soy tan fuerte como parezco, ayúdame. Sólo soy un hombre. Quiero merecer que me ames, quiero saber darte el amor que mereces.

Pero no. Él levanta la mano y la razón se vuelve piedra. Y levanta la voz y el argumento es un veneno que se enreda en su garganta. Y la mata. Y con ella se va lo poco que le quedaba de humano.

Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta; ojala pase algo que te borre de pronto.

Qué razón tenía Silvio.

La susurradora grita: crece o muere para siempre.

Ojalá no tuviera que susurrar a tantos.viñeta_G-Alonso_Inconformista45

Escrito por: Sin disculpa (Valencia)

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